La causa de esta temporada

La causa de esta temporada

Vivienda · Activismo · Sin filtros

LA CAUSA de esta temporada.

La vivienda es un problema real. Por eso mismo conviene preguntarse quién habla en su nombre, qué pide de verdad y por qué unos casos llegan a Moncloa y otros no.

La causa de esta temporada: el Sindicato de Inquilinas y la vivienda convertida en bandera política

En la primera parte conté cómo una causa se defiende a muerte mientras da votos y se abandona en silencio cuando empieza a dar problemas. Y terminé con un aviso: ahora toca la vivienda, y con ella, el Sindicato de Inquilinas.

El problema es real. Alquileres más altos que el propio sueldo, zulos alquilados como vivienda, gente en la calle, pisos patera… Nadie con dos ojos lo niega. Pero precisamente porque es grave, no debería convertirse en la bandera de nadie.

Y en las últimas semanas LA CAUSA ha tenido una cara, un nombre y una organización detrás: Maricarmen y el Sindicato de Inquilinas.

El caso que lo cambió todo

Maricarmen, 87 años

Maricarmen Abascal fue desahuciada el 23 de septiembre de su piso del barrio de Retiro, en Madrid, donde vivía desde 1956. Ingresó en el Gregorio Marañón ese mismo día. Murió el 7 de octubre, horas antes de firmar el acuerdo que le permitía volver a su casa.

Su historia merece respeto. Y precisamente por respeto hay que contar también lo que pasó a su alrededor:

23 SEP

Desahucio. El Sindicato de Inquilinas lo acompaña y lo difunde.

26 SEP

Manifestación de Sol al Congreso y acampada en la Puerta del Sol. Desde el hospital, Maricarmen graba un vídeo, difundido por el sindicato, pidiendo a Sánchez un decreto con su nombre.

27 SEP

Sánchez le contesta desde un mitin del PSOE en Getafe: «Maricarmen, tengo un mensaje para ti». El Gobierno trabaja «contrarreloj».

29 SEP

El Consejo de Ministros aprueba el «decreto Maricarmen», partido en dos.

2 OCT

El Congreso tumba los dos decretos. El sindicato lanza octavillas desde la tribuna.

7 OCT

Muere Maricarmen. El mismo día, CCOO y UGT anuncian la huelga general del 11 de noviembre, sumándose a la convocatoria impulsada por el Sindicato de Inquilinas.

En dos semanas, un desahucio en Madrid movió al presidente del Gobierno, al Consejo de Ministros, al Congreso y a los dos grandes sindicatos. Nada parecido había pasado antes. Y aquí empiezan las preguntas.

La otra mitad de la historia

Mientras tanto, en L'Hospitalet

Dos semanas antes del desahucio de Maricarmen, en L'Hospitalet de Llobregat (Barcelona), pasó esto:

  • Olga Matute, 54 años, dos hijas, una de ellas menor. Vivía de alquiler social en un piso que el Banco Sabadell vendió en 2020 a Promontoria Coliseum, sociedad vinculada al fondo Cerberus. Ese sí es un fondo de inversión de manual.
  • La noche antes de su desahucio la atendieron por crisis graves de ansiedad y dijo que se quitaría la vida. Su abogado aportó informes médicos y pidió suspenderlo. El juzgado lo ejecutó igual, el 15 de abril de 2026.
  • El 7 de septiembre, Olga se suicidó.
  • El 30 de septiembre, un hombre de 60 años de la misma ciudad apareció muerto en el local donde vivía, poco antes de su desahucio. Según la policía, dejó una nota relacionándolo con él.

Si estás pasando por un momento difícil: en España, el teléfono 024 atiende de forma gratuita, todos los días y a cualquier hora.

Dos muertes en menos de un mes, en la misma ciudad. Y, sin embargo:

  • No hubo «mensaje para Olga» desde ningún mitin.
  • No hubo «decreto Olga».
  • Sánchez señaló a Ayuso y a Almeida por el caso de Maricarmen. No he encontrado ningún señalamiento comparable a Salvador Illa por el de Olga.
  • La Generalitat ni siquiera contestó a Maldita cuando preguntó por el caso.

Un desahucio en Madrid fue un escándalo nacional. Dos muertes en L'Hospitalet, una noticia local.

Los datos

¿Dónde se desahucia más?

Si el problema fuera lo que decide qué caso llega a Moncloa, el foco tendría que haber estado en Cataluña. Los datos son del Consejo General del Poder Judicial (2025):

6.814
Desahucios en Cataluña en 2025, la comunidad con más de España
2.267
Desahucios en la Comunidad de Madrid, la cuarta
3×
Cataluña casi triplica a Madrid, también solo en alquiler (5.025 frente a 1.931)
  • Por población, también. Cataluña tiene el 16,5 % de la población y concentró el 27,4 % de los desahucios por alquiler.
  • Con la ley de vivienda aplicada. Cataluña es la comunidad que antes y más a fondo aplicó el tope de precios de la ley estatal, desde 2024.
  • Con un Gobierno amigo. La Generalitat la preside el PSC, que también gobierna L'Hospitalet. Madrid la gobierna el PP.
  • Y bajando menos. Los desahucios por alquiler cayeron un 18,7 % en Madrid y solo un 7,7 % en Cataluña.

Para ser justa: el Sindicato de Inquilinas es de Madrid y actúa en Madrid. A Olga la acompañaron otros colectivos catalanes. La pregunta buena no es por qué el sindicato de Madrid se movió en Madrid. Es otra:

¿Por qué el Gobierno eligió Madrid, donde puede culpar a Ayuso, y no L'Hospitalet, donde tendría que mirarse al espejo?

¿Sindicato de quién?

Un nombre que vende

Empecemos por el nombre. Para el Derecho español, un sindicato es una asociación de trabajadores para defender sus intereses laborales (Constitución, arts. 7 y 28; Ley Orgánica de Libertad Sindical). Un inquilino no es empleado de su casero.

  • Legalmente, es una asociación. «Sindicato» es una marca, heredada de los tenant unions anglosajones. Y es una marca eficaz: suena a clase trabajadora, a fuerza colectiva, a legitimidad.
  • Por eso, para convocar una huelga general, necesita a los sindicatos de verdad. La del 11 de noviembre la firman CCOO, UGT, CGT y otros. El Sindicato de Inquilinas tenía unas 4.000 afiliadas a finales de 2024, según su propia web.

Sobre el dinero, lo que dicen ellos mismos:

  • «No recibimos subvenciones». Se financian con cuotas, donaciones y charlas o talleres pagados.
  • Tienen personal contratado.
  • No publican cuentas. Ni ingresos, ni gastos, ni cuánto cuesta la cuota. Su página de transparencia explica de dónde sale el dinero, pero no cuánto.

No tengo pruebas de que reciban dinero público, y no voy a insinuar lo contrario. Pero una organización que exige transparencia a fondos y caseros podría empezar por publicar sus cuentas.

El giro

De «cae el Gobierno» a «apoyad al Gobierno»

La acampada de Sol nació con un lema: «O cae el rentismo o cae el Gobierno». Una portavoz llegó a decir que, si no salía el decreto, el Gobierno debía plantearse su continuidad.

  • El martes, el sindicato rechazaba que el Gobierno partiera el decreto en dos.
  • El miércoles, pedía a todos los partidos, Podemos incluido, que apoyaran los dos decretos del Gobierno.
  • Y la diana cambió: las caceroladas y la acampada pasaron a apuntar al PP.
  • El decreto que pidieron apoyar incluía bonificaciones fiscales para los caseros, una exigencia de Junts. En su web, el sindicato dice que no se puede seguir «regalando dinero a los rentistas».

Puede que fuera pragmatismo: los decretos recogían buena parte de lo que pedían. Pero cuando una organización que se presenta como independiente acaba haciendo campaña por los decretos de un Gobierno, la pregunta de quién habla por quién es legítima.

Las caras

Quién habla por el sindicato

  • Carolina Vilariño, portavoz, es abogada de Provivienda. Esta entidad ha recibido 6,63 millones del Gobierno de Canarias y un préstamo de 5,65 millones de Cofides para comprar viviendas.
  • Javier Gil, fundador, es investigador del CSIC y ha participado en informes para el Ministerio de Derechos Sociales y Consumo de Pablo Bustinduy (Sumar).

Que quede claro: trabajar en una ONG o en un organismo público no es ningún delito, y muchas personas lo hacen con honradez. La pregunta no es moral, es de independencia: cuando quien te paga, o quien te encarga informes, es parte del conflicto que denuncias, ¿hasta dónde puedes criticarlo?

Y luego está Fernando de los Santos, otra de las caras de la acampada de Sol. Profesor de Filosofía del Derecho y vicedecano en la Autónoma, se presenta como un inquilino que sufre el problema «en sus propias carnes». Según The Objective:

  • En el Registro de la Propiedad, es heredero del piso de su madre en El Viso (Madrid), valorado en unos 1,3 millones.
  • En el Registro Mercantil, figura desde 2010 como apoderado de la constructora que fundó su padre.

Tener dinero o heredar una casa no tiene nada de malo. Lo llamativo es otra cosa: el día que la herede, si sigue viviendo de alquiler, esa casa será justo lo que su sindicato señala. Una vivienda que no es su residencia, que tendrá que alquilar o dejar vacía.

Rentista o vivienda vacía: las dos cosas que piden recuperar.

Lo que piden

¿Quién es el buitre?

Más allá del caso de Maricarmen, esto es lo que el Sindicato de Inquilinas de Madrid exige en su web:

  • Bajada inmediata de los alquileres al 50 %.
  • Expropiación de las viviendas de fondos, de la SAREB y de grandes tenedores, y recuperación de las viviendas vacías.
  • Contratos indefinidos, sin subidas anuales.
  • Fin de todos los desahucios.
  • «El fin de la compra de vivienda si no es para residir en ella».

Que con esa última demanda no podrías comprar ni la casa del pueblo ni un piso para tus hijos, y que la Constitución solo permite expropiar pagando, ya lo conté en No todos los derechos son iguales. Aquí solo hago una cuenta: ¿cuánto costaría lo que piden?

630K
Viviendas de grandes tenedores privados (más de 10 pisos), según el Catastro
3,8M
Viviendas vacías en España, según el censo del INE (2021)
7.000M€
Todo el Plan Estatal de Vivienda 2026-2030, para cinco años
  • Grandes tenedores: en España hay algo más de un millón de viviendas en manos de propietarios con más de 10, y unas 630.000 son de empresas, fondos y otros privados. A 100.000-200.000 € por vivienda, expropiarlas costaría entre 63.000 y 126.000 millones.
  • Viviendas vacías: casi la mitad están en pueblos de menos de 10.000 habitantes, así que serían más baratas. Aun así, a 50.000 € de media, más de 190.000 millones. Y luego, ¿quién va a vivir en ellas? En las 52 capitales de provincia solo hay unas 600.000 vacías. El resto está en pueblos y costas. ¿Quién puede vivir en un pueblo si tiene el trabajo en una ciudad a cientos o miles de kilómetros? Expropiar casas donde no está el trabajo no resuelve el problema de quien busca piso donde sí está.
  • En total, como mínimo, más de 250.000 millones. Más de 35 veces todo el Plan Estatal de Vivienda para cinco años.
  • Y la SAREB ya es del Estado. Desde 2022, el Estado tiene la mayoría a través del FROB. Exigir expropiarla es pedirle al Estado que se expropie a sí mismo.
  • La bajada del 50 % no la pagaría el Estado. La pagarían los caseros, y el 92 % de las viviendas en alquiler es de particulares, según el Banco de España.

Nota: es un cálculo propio y solo orientativo. Los precios medios son supuestos, los datos del Catastro y del INE son de años distintos y alguna vivienda puede estar en los dos grupos. Pero aunque me equivocara a la mitad, la conclusión no cambia: no hay dinero.

Exigir sin decir quién paga no es una propuesta. Es un eslogan.

Y el propio caso de Maricarmen enseña lo difícil que es encajar la realidad en el eslogan:

  • A Urbagestión se la presentó como «fondo buitre». Sus dueños, dos hermanos, sostienen que solo tienen ese piso y que la empresa ganó 2.990 euros el año pasado.
  • Los tribunales les dieron la razón, hasta el Supremo. El contrato se firmó en 1956 a nombre de su padre y pasó a su madre. Cuando esta murió en 2005, Maricarmen se subrogó, pero la ley solo permitía hacerlo por dos años. La Audiencia Provincial de Madrid declaró el contrato extinguido en 2022, y el Tribunal Supremo inadmitió su recurso en diciembre de 2023 por carecer «manifiestamente de fundamento». La sentencia es firme.
  • Y denuncian amenazas desde el día del desahucio. En enero presentaron una querella contra el sindicato por coacciones y revelación de secretos, y le reclaman 10.000 euros por llamarlos «fondo buitre» en un vídeo.
  • Mientras tanto, el sindicato intentó comprar el piso. Según un correo publicado por The Objective, el 17 de octubre de 2025 la abogada de Maricarmen propuso a Urbagestión venderlo al Sindicato de Inquilinas y a cooperativas de vivienda de su entorno, y preguntó a qué precio «podría ser viable». Urbagestión dijo que no estaba en venta y lo comunicó al juzgado.
  • La ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, en la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros del 29 de septiembre: «En puridad tal vez no fuera un fondo, pero es una pyme buitre, muy carroñera». Para entonces, la empresa ya había pactado con el Ayuntamiento que Maricarmen volviera a su casa.

Lo del piso merece una pausa. Probablemente la intención era que Maricarmen siguiera en su casa, y hay que decirlo. Pero su web exige «el fin de la compra de vivienda si no es para residir en ella». Y el sindicato estudió comprar un piso para no vivir en él.

Nota: lo de las cuentas es la versión de Urbagestión en una entrevista a OKDiario, y no he podido contrastarlo. Las resoluciones judiciales sí están publicadas: Audiencia Provincial de Madrid, Sentencia 324/2022, y auto del Tribunal Supremo de 13 de diciembre de 2023. Que es una empresa modesta con ese único piso lo publica también El Español. Lo incluyo porque, si es cierto, el «fondo buitre» de esta historia es una empresa familiar con un piso.

Llamar buitre a cualquiera que tenga un piso no protege a los inquilinos. Solo simplifica el enemigo.

La coherencia

Buitres son los de otros

El PSOE ha puesto la vivienda en el centro de su campaña para las elecciones del 29-N. El 2 de octubre, en el Pleno del Congreso, durante el debate de los decretos, Montse Mínguez, portavoz de la Ejecutiva Federal del PSOE y secretaria general del Grupo Parlamentario Socialista, lo planteó así desde la tribuna:

«Vamos a ser claros, caretas fuera. Es normal que a ustedes no les gusten, pero díganlo. Díganlo, porque aquí de lo que se trata es de fondos buitres o de familias».

Once días después, el 13 de octubre, el periodista Javier Chicote publicó en Artículo 14 que Sergi Velez, pareja de Mínguez:

  • Dirige un grupo inmobiliario en Lleida con, al menos, 30 pisos en alquiler.
  • Ha llevado a inquilinos a los tribunales por impago, con hasta tres desahucios en marcha a la vez.

Ese mismo día, en Espejo Público (Antena 3), Susanna Griso le preguntó por ello. Le recordó la ofensiva de su partido contra los fondos buitre y los rentistas, y que ella misma tiene tres viviendas en propiedad. Estas fueron sus respuestas:

  • Sobre el negocio: es «una empresa familiar que se dedica al alquiler y cumple con la legalidad».
  • Sobre su pareja: «como gran tenedor paga sus impuestos […] y cumple la ley de vivienda».
  • Sobre su partido: «Nosotros defendemos a los propietarios, a las empresas de alquileres».
  • Sobre los desahucios: «Si hay un inquilino que no paga, se le desahucia; si hay un inquilino que es una familia vulnerable y […] no tiene una alternativa habitacional, se protege».
  • Sobre quién es el buitre: el «dinero extranjero que compra edificios enteros para expulsar a la gente de su casa y convertir los barrios en pisos turísticos».
  • Sobre la información: un «ataque personal». Amenazó con desconectarse y deslizó que todo el mundo sabe quién financia a Alberto Chicote. Alberto es el cocinero; el periodista se llama Javier.
  • Y cuando Griso le habló de coherencia: «Coherencia total».

Para ser justa: alquilar pisos y pedir a un juez que eche a quien no paga es legal. Nada de lo publicado apunta a una ilegalidad, y un cargo público no responde por los negocios de su pareja. El problema no es el negocio. Es el doble rasero. Pongamos las frases juntas:

  • 29 de septiembre, la ministra de Vivienda: una pyme con un piso es «muy carroñera».
  • 2 de octubre, Mínguez en el Congreso: o fondos buitre o familias.
  • 13 de octubre, Mínguez en Antena 3: un gran tenedor con 30 pisos es una familia. El buitre es el dinero extranjero.

Una pyme con un piso, carroñera. Un holding con treinta, empresa familiar.

Doble rasero con los fondos buitre: la sombra de una casa pequeña es un buitre y la de un bloque de treinta pisos es un corazón

Cuando desahucia el casero de otro, es un buitre. Cuando desahucia mi pareja, es que la ley funciona.

Y eso es lo más revelador de una causa de temporada: hay que abanderarla aunque te obligue a condenar en público lo que haces en casa. La coherencia se sacrifica antes que el titular.

Para terminar

Una causa no elige a sus muertos

La vivienda es el gran problema de este país, y quien lo niegue no ha buscado piso en los últimos cinco años. Precisamente por eso no puede ser la causa de temporada de nadie.

Una causa de verdad no escoge el caso según quién gobierna donde ha pasado. No pide transparencia a los demás sin publicar sus cuentas. No pasa del «o cae el Gobierno» al «apoyad al Gobierno» en 24 horas. No llama buitre a la familia que compra un piso para sus hijos. Y no llama buitre al casero ajeno mientras en casa dice que, si un inquilino no paga, se le desahucia.

Maricarmen tuvo un mensaje del presidente. Olga, no. Las dos merecían lo mismo.

Una causa de verdad no elige a sus muertos. Una temporada, sí.

— Nohemí Hervada

Fuentes Euronews · Manifestación por Maricarmen · Infobae · Acampada y Urbagestión · Euronews · «Maricarmen, tengo un mensaje para ti» · La Jornada · Muerte de Maricarmen y huelga del 11-N · Newtral · Caso Olga · El Salto · El juez del desahucio de Olga · Maldita · Caso Olga · Telecinco · Segundo caso en L'Hospitalet · ESdiario · Ayuso sí, Illa no · Forbes · Datos del CGPJ 2025 · El Correo de Pozuelo · Cataluña y Madrid por población · BOE · Ley Orgánica de Libertad Sindical · Sindicato de Inquilinas · Transparencia · Sindicato de Inquilinas · Qué queremos (consultada el 15-10-2026) · Valencia Plaza · INE, viviendas vacías · Tinsa · Vivienda vacía en las capitales · elDiario.es · Grandes tenedores según el Catastro · Congreso · La SAREB, bajo control del Estado · Público · Banco de España: 92 % del alquiler en manos de particulares · LegalToday · Plan Estatal de Vivienda 2026-2030 · Artículo 14 · Huelga general y afiliación · El Español · El giro del sindicato · Euronews · Apoyo a los decretos · The Objective · Los portavoces del sindicato · The Objective · Fernando de los Santos · The Objective · El intento de compra del piso de Maricarmen · EFE / Orain · Carolina Vilariño · El Español · La «pyme buitre» de la ministra · Law&Trends · Qué dijeron los tribunales (Audiencia y Supremo) · El Español · El Supremo y la subrogación · OKDiario · Entrevista a Urbagestión · Artículo 14 · La pareja de Montse Mínguez · PSOE Congreso · Intervención de Montse Mínguez (02/10/26) · Antena 3 · Montse Mínguez en Espejo Público · El Debate · Mínguez reconoce el «gran tenedor» · El Independiente · La vivienda en la campaña del PSOE · BOE · Constitución, art. 33

Causas de temporada

Causas de temporada

Activismo · Ley trans · Sin filtros

CAUSAS de temporada.

Hay causas, como la ley trans, que se defienden a muerte mientras dan votos y titulares. Y que se abandonan en silencio cuando empiezan a dar problemas que nadie quiere explicar. Entonces llega la temporada siguiente.

Causas de temporada: la ley trans y el activismo que cambia de causa cuando deja de dar titulares

Hay gente que se mete en una causa porque no puede no hacerlo. Pone horas, pone dinero de su bolsillo y se gana enemigos. Eso es activismo.

Y hay gente que ha convertido la causa en su carrera: una nómina, una subvención que renovar cada año o un cargo público que depende de que esa causa siga dando votos y titulares. Eso es otra cosa.

El mecanismo

Se defiende mientras rinde, se cambia cuando cuesta

No hablo de quien trabaja por una causa. Hay abogadas, psicólogas y educadoras sociales sin las que mucha gente estaría sola, y ese trabajo merece un sueldo. Hablo de quien usa la causa como medio de vida o como escalera hacia un sillón. Para esa gente, el objetivo ya no es resolver el problema. Es la atención mediática que da. Y eso tiene dos consecuencias:

  • Mientras la causa rinde, se defiende a muerte. Quien avisa de un problema no es una compañera con dudas: es una enemiga. Se la etiqueta, se la aparta y, si hace falta, se la denuncia.
  • Cuando la causa empieza a costar, se cambia. Como quien cambia de ropa por temporada. Sin explicar nada, sin rectificar nada.

La ley trans es el ejemplo más claro que hemos vivido en España en los últimos años.

2020-2023

LA CAUSA, en mayúsculas

Mientras Podemos estuvo en el Gobierno, la causa trans y no binaria fue la bandera. Había otras cosas en la agenda (la ley de vivienda de 2023 la negociaron ellos), pero ninguna tenía ese altavoz:

El colectivo más oprimido, a todas horas, en todas partes.

El Ministerio de Igualdad pasó de 181 millones en 2019 a 573 millones en 2023, una «cifra histórica», en palabras del propio Ministerio. El 46 % fue a violencia de género y el 41 % a igualdad de oportunidades. Lo revelador no es el reparto del presupuesto. Es dónde pusieron el altavoz.

573M€
Presupuesto de Igualdad en 2023, el mayor de su historia
10,7M€
Publicidad prevista para «sociedades diversas y no discriminación» (2022)
7M€
Publicidad prevista contra la violencia machista ese mismo año
  • Más campaña para diversidad que contra la violencia machista, en un ministerio que se presentaba como feminista.
  • Mientras tanto, las pulseras antimaltrato. El contrato de 2023, unos 35 millones, lo firmó Ángela Rodríguez «Pam», la número dos de Montero. Los fallos en el cambio de proveedor se relacionaron con sobreseimientos y absoluciones de maltratadores, e Igualdad acabó pidiendo perdón en 2025.
Las que avisaron

Se rieron del aviso

Las feministas que llevaban décadas en esto avisaron por activa y por pasiva. Una ley que no sabía definir el sujeto político «mujer». Sin ningún mecanismo contra el fraude. Con efectos previsibles en cárceles, deporte, cuotas y estadísticas.

  • Pidieron reunirse con la ministra. No las recibió. En octubre de 2020, la Alianza Contra el Borrado de las Mujeres denunció que Montero llevaba meses negándose a recibir a los colectivos críticos y que solo se reunía con grupos afines.
  • Se rieron del aviso. En enero de 2023, en un acto de Podemos, Pam se burló entre risas de «los violadores a la calle», presentándolo como la secuela de otro aviso que también le parecía ridículo: que la gente iría al registro a cambiarse de sexo todas las mañanas. Se rió a la vez de los dos avisos.
  • Preguntar ya era tránsfobo. En marzo de 2023 le preguntaron si la ley podía usarse con fines delictivos. Respondió que pensar eso era una mirada «profundamente tránsfoba».
  • Y luego lo reconoció. Pam admitió que, si alguien cambia de sexo en el registro y después agrede a una mujer, no se aplicaría la ley de violencia de género. Exactamente el agujero que habían señalado.
  • Para la ministra, todo era transfobia. En el Congreso, respondiendo a las feministas del PSOE, Montero dijo que eran «conscientes de la transfobia en el debate público». En mayo de 2023, cuando un grupo de jóvenes feministas interrumpió su mitin, respondió con un «fuera transfobia».

Avisar tenía un precio, incluso dentro del Gobierno. Que se lo pregunten a Carmen Calvo, vicepresidenta primera y feminista del PSOE:

  • Julio de 2021: tras meses de choque con Montero por la ley trans, sale del Gobierno en la remodelación, días después de que el Consejo de Ministros aprobara el anteproyecto.
  • Abril de 2022: más de cien asociaciones trans piden al PSOE que la aparte de la presidencia de la Comisión de Igualdad del Congreso.
  • Diciembre de 2022: se abstiene en la votación de la ley («de acuerdo con que exista una ley, pero no esta») y su partido le impone la multa máxima de su reglamento. En febrero de 2023 vuelve a abstenerse.
  • Y el mensaje interno: un nuevo cargo del PSOE presumió de haber apartado de la primera línea a «ciertas voces que han hecho mucho daño» con posiciones contrarias a la ley.

Si eso le pasaba a la número dos del Gobierno, imagina lo que esperaba a una psicóloga o a una abogada sin cargo.

La pregunta

¿En qué otra ley basta con decirlo?

Piensa en cualquier derecho, ventaja o mecanismo para compensar una discriminación. Todos exigen demostrar que te corresponde:

  • Discapacidad: valoración de un equipo, informes y un certificado con porcentaje. Aunque te falten las piernas y sea evidente.
  • Víctima de violencia de género: necesitas un título que lo acredite, como una orden de protección o un informe de los servicios especializados.
  • Familia numerosa: un título oficial, con el libro de familia, que hay que renovar.
  • Incapacidad laboral o una beca: tribunal médico, informes o declaración de ingresos. Todo se revisa para evitar la trampa.

Solo uno no

Cambio de sexo registral desde 2023: una declaración y ratificarla tres meses después. Sin informes, sin pruebas, sin requisitos.

La buena fe que la ley no presupone nunca, aquí se dio por hecha. Y plantear la posibilidad de trampa te convertía en sospechosa.

La ley incluye una salvaguarda: el cambio no borra la responsabilidad por violencia de género cometida antes de hacerlo. Pero no hace falta borrar nada para salir ganando. Basta con cambiar de módulo.

  • Para un violador o un asesino, una cárcel de mujeres es mejor destino. Es un entorno mucho menos violento que un módulo de hombres.
  • Y es meter al lobo en el redil. Las presas no pueden irse, ni cambiar de celda, ni elegir con quién se duchan. Son las únicas mujeres que no pueden huir.
  • No es una hipótesis. En Reino Unido, Karen White, con un historial de violaciones, fue enviada en 2017 a la cárcel de mujeres de New Hall y agredió sexualmente a dos reclusas. Fue condenada a cadena perpetua y el Ministerio de Justicia pidió perdón.
  • Los datos oficiales británicos: entre 2010 y 2019, 7 de las 124 agresiones sexuales en cárceles de mujeres las cometieron presos trans. Eran en torno al 1 % de la población reclusa femenina y cometieron el 5,6 % de las agresiones.
  • Reino Unido rectificó. Hoy, quien conserva genitales masculinos o está condenado por delitos sexuales no va al módulo general de mujeres salvo casos excepcionales. Según el Gobierno británico, desde que endureció los controles no ha habido agresiones sexuales de mujeres trans en cárceles de mujeres. Los controles funcionan. Justo lo que aquí se llamó transfobia.
  • Canadá, con datos de su propio servicio de prisiones: de las personas trans presas con delitos sexuales, el 85 % son hombres de nacimiento, y casi todas cometieron esos delitos antes de identificarse como trans. Más de la mitad agredieron solo a mujeres, y casi la mitad, a menores. Allí cada traslado se evalúa caso por caso, y la mayoría de las mujeres trans presas sigue en cárceles de hombres.
  • En Cataluña, en cambio, Justicia explica que la norma es ubicar a cada interno en el módulo del sexo con el que se identifica.
  • Y en España, Interior ni siquiera sabe cuántos presos han cambiado su sexo registral desde 2023.
Un lobo entre ovejas dentro de una celda: los riesgos de la autodeterminación en las cárceles de mujeres
Lo que «nunca iba a pasar»

Pues está pasando

No estamos diciendo que toda persona trans sea sospechosa. Pero una ley no se mide por cómo la usan los que actúan de buena fe. Se mide por lo que permite a los que no.

Jonathan de Jesús Robaina mató y violó a su prima Vanessa Santana, de 21 años, en Betancuria (Fuerteventura).

2018

La noche del 4 de junio entra en casa de Vanessa con una llave robada y la mata a martillazos mientras dormía.

2021

Desde prisión, a través de su abogado, pide que le llamen Lorena. Días antes se había aprobado la ley canaria de identidad de género.

Juicio

Los forenses concluyen que sabía lo que hacía y no aprecian criterios de disforia de género.

Supremo

Le condena a 38 años y rechaza su argumento de que, al sentirse mujer, no pudo violar a Vanessa.

2023

Desde la prisión mixta de Las Palmas II, donde tiene celda individual, pide el traslado a una cárcel de mujeres. Cuando las feministas preguntan por su caso en el Portal de Transparencia, Interior se niega a responder. Y cuando se pide solo el número de presos trasladados a módulos de mujeres, el Consejo de Transparencia avala a Interior: protección de datos. Ni siquiera una cifra sin nombres. Se protege con todo cuidado la intimidad del hombre condenado por violar y matar a una mujer. La seguridad de las presas que podrían compartir con él celda, ducha o enfermería no parece merecer la misma protección.

  • El celador de Olot asesinó a 11 ancianos, la mayoría mujeres de entre 80 y 96 años, y cumple 127 años de condena. En 2026 se publicó que se ha inscrito como mujer y que, desde principios de año, está en el módulo de mujeres de la cárcel de Figueres, con una treintena de reclusas, la mayoría jóvenes.
  • En la cárcel de Asturias, en marzo de 2023, recién aprobada la ley, dos presos pidieron el cambio registral y otros cuatro anunciaron que lo harían, para poder pedir el traslado a un módulo femenino.
  • El cabo Roberto, en Ceuta (2024), se hizo viral posando en minifalda de camuflaje tras cambiar su sexo registral. Hasta la FELGTBI+ lo calificó de «fraude de ley».
  • De hombre a mujer: en los primeros meses de la ley, el 61,5 % de los cambios registrales fue en ese sentido.

Y ya hay personas transexuales diciéndolo. María José Hernández, expresidenta de Transexualia, lo dijo así: «No todo es transfobia. La mujer tiene derecho a defender su espacio». Las propias personas transexuales son las primeras perjudicadas cuando cualquiera puede meter la cuchara en su puchero por ley.

El silencio

Ya no la promueven: la usan como arma

Desde que los casos empezaron a ser noticia, no he encontrado ni una declaración de Montero ni de Belarra sobre el celador de Olot. La causa que lo era todo ya no se defiende. Solo aparece cuando sirve para atacar.

En septiembre de 2025, en Todo es mentira (Cuatro), Ione Belarra debatía con la abogada penalista Paula Fraga sobre Israel. El debate no iba de esto. Pero Belarra conocía la postura de Fraga y le soltó la pregunta trampa: «¿Una mujer trans es una mujer?».

  • Fraga respondió que no.
  • Belarra pidió a Risto Mejide que no volviera a invitarla: no debía dar espacio a «personas tránsfobas con un discurso de odio».
  • Fraga no se achicó: «No es transfobia, es realidad biológica. Vale, pues denúnciame».

No era un debate. Era una trampa.

Una mujer a la que tapan la boca mientras la amenazan con un mazo judicial, un sello institucional, el dinero y las redes sociales

A una abogada penalista no la asustas con una denuncia. A una psicóloga o a una activista sin recursos, sí. Y el proceso ya es el castigo, aunque al final se archive:

  • Carola López Moya, psicóloga sevillana, fue denunciada en 2021 por dos asociaciones por unos tuits críticos con la identidad de género. La Junta de Andalucía le abrió un expediente sancionador por promover terapias de conversión, el primero de España. Se enfrentaba a multas de 60.000 a 120.000 euros y a la inhabilitación. Se archivó en 2022: no había infracción. Gobernaba el PP. El arma funciona gobierne quien gobierne.
  • Aquí, en Canarias, el Cabildo de Gran Canaria canceló en octubre de 2022 el III Congreso Estatal Mujeres y Deporte. El motivo: una mesa titulada «La defensa de las categorías deportivas femeninas», con la abogada deportiva Irene Aguiar. Las áreas implicadas, Deportes e Igualdad, estaban en manos del PSOE y de Podemos. Dinero público para cancelar un debate sobre mujeres deportistas.
  • El congreso se trasladó a Tenerife, y allí Podemos y Diversas LGTBI pidieron vetarlo. Los colectivos amenazaron con abandonar la Mesa Insular de Diversidad y pidieron medidas cautelares amparándose en la ley trans canaria. Entre las ponentes «tránsfobas» había una mujer trans, jugadora de fútbol sala. El Cabildo aguantó y el congreso se celebró en marzo de 2023.

Por qué cuesta tanto escuchar un aviso cuando viene «del otro bando» lo conté en Huérfana de bandos.

Cambio de temporada

Ahora toca la vivienda

La causa trans ya no da titulares favorables: da problemas que nadie quiere explicar. Así que ha llegado la nueva temporada. Ahora la causa es la vivienda. Es un problema real y grave, como lo son la discriminación y la violencia. Pero cuando se convierte en la causa a la que hay que suscribirse para tener votos y focos, conviene preguntarse quién habla por ella, quién la financia y por qué se eligen unos casos y no otros.

No es la primera vez. El Sáhara fue bandera de la izquierda durante décadas. En marzo de 2022, el Gobierno de Sánchez cambió de posición y respaldó el plan de autonomía de Marruecos. Podemos lo criticó, pero siguió en el Gobierno.

De eso va la segunda parte.

Para terminar

¿Causa o temporada?

No todo activismo con nómina es sospechoso. Pero cuando una causa se defiende a muerte mientras rinde y se abandona en silencio cuando cuesta, deja de ser el fin y pasa a ser el medio. Y quien la usaba busca la siguiente.

Las feministas que avisaron no tenían campañas de 10 millones ni cargos que cuidar. Avisaron, las llamaron tránsfobas y las cancelaron. Y lo que dijeron que pasaría está pasando. Las que avisaron no cobraban por avisar.

Una causa de verdad no cambia con la temporada. La nómina, sí.

— Nohemí Hervada

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No todos los derechos son iguales

No todos los derechos son iguales

Derechos · Constitución · Sin filtros

No todos los derechos son iguales.

La vivienda y la huelga no están a la misma altura. Y no lo digo yo: lo dice nuestra Constitución.

No todos los derechos son iguales: un podio de tres alturas con una casa en el escalón más bajo, una llave en el medio y una pancarta en el más alto, y una figura roja que lo mira con un interrogante

«Es un derecho.» Esa frase se ha convertido en un escudo. Si votas «no» a un decreto de vivienda, estás contra el derecho a la vivienda. Si criticas una huelga, estás contra el derecho a la huelga. Fin de la conversación.

Pero la Constitución no trata todos los derechos igual. Los ordena por niveles de protección. Y entender esos niveles es la mejor vacuna contra el relato.

Los tres pisos

La Constitución tiene categorías

El Título I de la Constitución recoge los derechos en tres bloques. No pesan lo mismo:

Derechos fundamentales (arts. 14 a 29). La vida, la libertad de expresión, la educación… y la huelga. Se regulan por ley orgánica (mayoría absoluta del Congreso), no se pueden tocar por decreto ley, se pueden defender ante el Tribunal Constitucional con un recurso de amparo y, para cambiarlos, hace falta la reforma más difícil de la Constitución.

Derechos y deberes de los ciudadanos (arts. 30 a 38). Por ejemplo, la propiedad o el trabajo. Se regulan por ley ordinaria y no tienen amparo.

Principios rectores (arts. 39 a 52). Aquí está la vivienda. No son derechos que puedas reclamar directamente ante un juez: son mandatos a los poderes públicos, y solo se pueden alegar en los términos de las leyes que los desarrollen (art. 53.3).

La huelga está en el piso de arriba. La vivienda, en el de abajo.

¿Y la propiedad?

¿Quién es un buitre?

La propiedad está un piso por encima de la vivienda, aunque tampoco es fundamental. La Constitución permite limitarla por su función social (art. 33.2), manda impedir la especulación (art. 47) e incluso permite expropiar. Pero con una condición: «mediante la correspondiente indemnización» (art. 33.3). Es decir, pagando.

Ahora mira lo que pide el Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid en su web:

«La expropiación de las viviendas en manos de fondos buitre», de la SAREB y de los grandes tenedores.

«La recuperación de viviendas vacías».

«El fin de la compra de vivienda si no es para residir en ella».

Lee despacio la última. Si solo se puede comprar una casa para vivir en ella, quedan fuera:

La casa del pueblo o la de vacaciones.

El piso que compras para tus hijos.

El piso que alquilas para completar tu pensión.

¿Eres un buitre por tener una casa para tus hijos? Según esa lógica, tu compra estaría prohibida igual que la de un fondo.

Y si nadie puede comprar para alquilar, ¿quién alquila? Según el Banco de España, el 92 % de las viviendas en alquiler es de particulares. Solo el 8 % es de empresas. Y el parque público no llega al 2,5 % del total.

¿Y quiénes son esos caseros? Según el Observatorio del Alquiler, la edad media es de 59 años, y uno de cada tres usa la renta para complementar su pensión.

El Sindicato no dice cómo se pagarían esas expropiaciones. Otros sí lo han dicho:

Sin pagar. Desde la izquierda anticapitalista se defiende «la expropiación sin indemnización» de los pisos vacíos de bancos, fondos y grandes propietarios. Y ya en 2019, una candidata de Podemos a la Asamblea de Madrid propuso expropiar hasta 200.000 viviendas de fondos y bancos «sin pagar indemnización». Eso, sencillamente, no cabe en la Constitución.

Pagando. En septiembre de 2026, Podemos llevó al Congreso expropiar el uso de 650.000 viviendas de grandes propietarios. Comprarlas costaría, a 100.000-200.000 euros por piso, entre 65.000 y 130.000 millones. El Plan Estatal de Vivienda 2026-2030 tiene 7.000 millones para cinco años.

Limitar la propiedad es constitucional. Vaciarla, no. Quien pone la vivienda por encima de la propiedad sin decir quién paga ni quién alquila no está defendiendo la Constitución. Está defendiendo un eslogan.

Vivienda

Un derecho que no es fundamental

El artículo 47 dice: «Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias…».

Fíjate en el verbo: promoverán. La Constitución no te da una casa. Obliga a los poderes públicos a crear las condiciones. Y no dice cómo: eso se decide votando leyes.

La competencia es autonómica. La vivienda la gestionan las comunidades autónomas (art. 148.1.3ª). La primera ley estatal, la Ley 12/2023, llegó 45 años después de la Constitución, y el Constitucional anuló varios de sus artículos en 2024 (STC 79/2024).

Choca con otros derechos. Con la propiedad (art. 33), que está un piso más arriba.

Convertirla en fundamental no es fácil. Haría falta la reforma del artículo 168: dos tercios de cada cámara, disolver las Cortes, que las nuevas lo vuelvan a aprobar por dos tercios y un referéndum.

Por eso, quien vota «no» a un decreto de vivienda no vota contra un derecho. Vota contra una forma concreta de desarrollarlo. Y eso, en un principio rector, es exactamente lo que la Constitución espera del Parlamento: que discuta el cómo.

El caso que lo encendió todo, el desahucio de una mujer de 87 años, lo conté en Elecciones en caliente: el desahucio era legal, lo avaló el Supremo, y la ley que lo permitía la aprobó un Gobierno socialista.

Huelga

Un derecho fundamental con una ley de 1977

El artículo 28.2 dice: «Se reconoce el derecho a la huelga de los trabajadores para la defensa de sus intereses». Es un derecho fundamental, de los de arriba. Y aun así:

Nunca ha tenido su ley orgánica. Se sigue regulando por el Real Decreto-ley 17/1977, anterior a la Constitución. El intento de ley de 1992-1993 decayó al disolverse las Cortes.

No necesita autorización. Solo un preaviso de 5 días (10 en servicios públicos). Los servicios mínimos los fija la autoridad gubernativa.

La huelga política es ilegal. El artículo 11 del decreto de 1977 declara ilegal la huelga que «se inicie o sostenga por motivos políticos o con cualquiera otra finalidad ajena al interés profesional de los trabajadores afectados».

Pero hay matiz. El Tribunal Constitucional (STC 11/1981) admitió las huelgas que reclaman a los poderes públicos medidas de política económica y social que afectan a los trabajadores. Son las llamadas huelgas sociopolíticas, y son legales.

La paradoja: el derecho fundamental se regula con una norma preconstitucional. El que no es fundamental es el que todos llaman «derecho».

11-N

Una huelga general contra la oposición

Ahora, los hechos. En una semana:

2 oct

El Congreso tumba los dos decretos de vivienda.

5 oct

Sánchez anuncia elecciones para el 29 de noviembre. CCOO y UGT acuerdan una huelga general.

6 oct

El BOE disuelve las Cortes. El Consejo de Ministros vuelve a aprobar los decretos, ahora para la Diputación Permanente. Y Montero habla.

8 oct

Bolaños «hace suyas» las palabras de Montero.

16 oct

La Diputación Permanente vota los decretos.

11 nov

Huelga general, la primera de CCOO y UGT desde 2012.

13 nov

Empieza la campaña electoral.

El 6 de octubre, desde la sede del PSOE andaluz, María Jesús Montero, exvicepresidenta primera y exministra de Hacienda, hoy secretaria general del PSOE-A y vicesecretaria general del partido, lo explicó así:

«Habitualmente, para que los ciudadanos lo sepan, las huelgas generales se convocan contra los gobiernos. En este caso, la huelga general se convoca contra la oposición».

Ella misma lo llamó «una situación inédita […] que no hemos visto nunca». Y dio el motivo: «a raíz de que la oposición a este gobierno ha derribado el decreto de vivienda», para dar «una respuesta […] de rechazo, de enfado, de negativa» a lo que «protagonizó la derecha […] en el Congreso de los Diputados».

Es decir: el objetivo declarado no es un empresario ni un Gobierno. Es una votación del Parlamento y los partidos que la ganaron.

Lo dice alguien que hasta hace seis meses era el Gobierno: dejó Hacienda en marzo para ser candidata en Andalucía. Sabe mejor que nadie contra quién se convocan las huelgas generales. Y sabe que esta, por primera vez, no va contra ellos.

Hasta ahí, un partido haciendo campaña. Lo llamativo vino dos días después, cuando habló el Gobierno. Al ministro de Justicia, Félix Bolaños, le preguntaron si estaba de acuerdo. Su primera respuesta fue otra: el Gobierno comparte «esas dos reivindicaciones», salarios y vivienda, aunque los sindicatos dirán que lo hecho «está bien, pero que es insuficiente».

El periodista insistió: «Usted no llega tan lejos como la señora Montero». Y Bolaños:

«Para que no haya duda, hago mías las palabras de la señora Montero de antemano».

En una sola respuesta, la huelga pasó de ser por la vivienda a ser contra la oposición. Y esta vez no lo dice un partido: lo dice un ministro.

Las versiones

¿Contra quién es la huelga?

Depende de a quién preguntes:

Montero: contra la oposición, por tumbar el decreto.

Bolaños: por salarios y vivienda… y luego, contra la oposición.

UGT: «contra todas las administraciones».

CCOO: por los salarios. Unai Sordo: «Si tiene que ver con los salarios, no sé dónde ve la ilegalidad».

Y Sordo tiene razón en una cosa: la convocatoria habla de subir salarios, reducir la jornada, desbloquear los convenios y frenar la especulación con la vivienda. Con esos motivos sobre el papel, la huelga es probablemente legal.

Cuatro respuestas para una sola huelga. Cuando nadie se pone de acuerdo en el motivo, el motivo suele ser otro.

El calendario

Una huelga se hace contra quien puede ceder

Contra el empresario que paga tu nómina. Contra el Gobierno que decide. Ahora, haz el ejercicio con esta:

Si va contra la oposición por tumbar los decretos, ¿por qué es el 11 de noviembre, casi un mes después de que la Diputación Permanente vote esos mismos decretos el 16 de octubre?

Con las Cortes disueltas, ¿quién puede ceder el 11 de noviembre?

¿Por qué justo dos días antes de la campaña? Según publica la prensa, la fecha se eligió para evitar un conflicto ante la Junta Electoral Central.

Cuando ya no queda ninguna votación que ganar, solo queda un destinatario: el votante.

Eso tiene un nombre. El Diccionario panhispánico del español jurídico de la RAE lo define: huelga política, la que «se inicia o sostiene por motivos políticos».

¿Ilegal? Eso lo decidiría un juez, a partir de los motivos que figuren en la convocatoria, no de lo que diga un ministro. ¿Neutral? Ni de lejos.

Nota: la ley electoral (LOREG, art. 50) prohíbe a los poderes públicos, desde la convocatoria, organizar o financiar actos que hagan propaganda de sus logros. Unas declaraciones en un coloquio no encajan necesariamente en esa prohibición. Lo que sí rompen es la neutralidad institucional que se espera de un Gobierno en periodo electoral.

Para terminar

Derechos, no armas

Se puede defender el derecho a la vivienda y criticar unos decretos. Se puede defender el derecho a la huelga y criticar una huelga concreta. No es una contradicción: es pensar.

Lo que no se puede es usar los derechos como munición:

Llamar «ataque a un derecho» a una votación parlamentaria sobre un principio rector.

Convertir un derecho fundamental de los trabajadores en un acto de precampaña que el Gobierno aplaude y apunta contra quien no gobierna.

Cuando los derechos se usan como armas, los primeros que pierden son quienes de verdad los necesitan: los que no pueden pagar un alquiler y los que pierden un día de sueldo por hacer huelga.

Un derecho no es un eslogan. Y una huelga no es un mitin.

— Nohemí Hervada

En vídeo

Te lo explico en 10 minutos

Señalar para no escuchar

Señalar para no escuchar

Superioridad moral · Comunicación · Sin filtros

Señalar para no escuchar.

Cuatro trampas de la superioridad moral. Para reconocerlas cuando te las aplican. Y, sobre todo, cuando las aplicas tú.

Trampas de la superioridad moral: muchas manos señalan a una figura que habla

En Huérfana de bandos conté lo que me ha costado, a lo largo de los años, negarme a comprar el marco completo. Aquel era un post personal. Este es práctico: las trampas de la superioridad moral y cómo se ponen en marcha en una conversación.

Llevo años enseñando a negociar, y hay una regla que no falla: cuando una conversación deja de ir de ideas y empieza a ir de quién es el bueno, se acabó la negociación. Ya nadie escucha. Solo se señala.

Y para señalar hay trampas que se repiten. En todos los bandos.

Cuando no puedes rebatir una idea, siempre puedes descalificar a quien la dice.

Trampa 1

La etiqueta que cierra la conversación.

El psiquiatra Robert J. Lifton acuñó en 1961 una expresión precisa: el cliché que termina el pensamiento. Palabras que no sirven para explicar, sino para dejar de pensar. Las usamos todos:

Desde un lado: facha, nazi, racista, tránsfoba, negacionista.

Desde el otro: rojo, perroflauta, feminazi, progre.

Me incluyo. Yo uso a menudo la palabra buenismo, y me vigilo: sirve para describir una actitud, no para despachar a una persona. En el momento en que la uso para no escuchar, me he convertido en lo que critico.

Cómo reconocerla

Quita la etiqueta de la frase. Si no queda ningún argumento, no lo había.

Qué responder

"¿Qué he dicho exactamente que sea eso?" Devuelve la conversación al hecho concreto.

Trampa 2

La víctima como autoridad.

Primero, el matiz, porque es imprescindible: las discriminaciones existen, y escuchar a quien las sufre es necesario. El problema no es denunciar. El problema es cuando ser víctima, o hablar en su nombre, se convierte en el argumento que cierra el debate: "si no lo has vivido, no puedes opinar".

Nietzsche lo describió en 1887 como resentimiento: convertir la debilidad en virtud y al fuerte, por definición, en malo.

Un estudio de 2021 (Ok, Qian, Strejcek y Aquino) encontró que señalarse como víctima virtuosa se asocia más a rasgos de narcisismo, maquiavelismo y psicopatía, y que funciona para obtener recursos de los demás. Ojo: no dice que las víctimas manipulen; dice que el rol de víctima también se puede usar como herramienta.

El psicólogo Nick Haslam (2016) lo llamó "concept creep": conceptos como trauma, acoso, violencia o prejuicio se van ensanchando hasta abarcar cosas cada vez más leves. Hasta que discrepar se vive como una agresión.

Tampoco es de un solo bando. "Ya no se puede decir nada" y "nos persiguen por decir la verdad" también son victimismo como argumento, solo que desde el otro lado.

Qué responder

Separar el dolor del argumento. El dolor se respeta. El argumento se discute.

Trampa 3

La clase como moral.

Aquí hay dos prejuicios espejo, y cada bando tiene el suyo:

"El rico es malo por definición", desde un lado.

"El pobre se lo ha buscado", desde el otro.

1El rico es malo por definición

En 2012, un estudio de Paul Piff en la revista PNAS concluyó que la clase alta se comporta de forma menos ética. Fue un titular mundial. Lo que tuvo mucha menos difusión:

De las tres réplicas registradas, ninguna lo confirma por completo: una da resultados mixtos (Balakrishnan y otros, 2017) y dos no lo replican (Jung y otros, 2023; Boyce y otros, 2023).

Un estudio con una gran muestra de población en los Países Bajos (Trautmann y otros, 2013) concluyó que la relación entre clase y ética es "un mosaico complejo", no una regla.

Un dato frágil convertido en dogma. Y en lenguaje: "buitres", "rentistas", "los de los yates".

2El pobre se lo ha buscado

El espejo. El psicólogo Melvin Lerner lo llamó la creencia en un mundo justo: necesitamos pensar que cada uno tiene lo que merece, y eso nos lleva a culpar a quien está peor. En lenguaje: "paguitas", "mantenidos". La filósofa Adela Cortina le puso nombre al rechazo al pobre: aporofobia, palabra del año para la Fundéu en 2017.

1 + 2Lo que tienen en común

Debajo de los dos está la mentalidad de suma cero: creer que si alguien gana, otro pierde. Davidai y Ongis (2019) encontraron que cada ideología la aplica en un terreno distinto: unos, a la riqueza; otros, a los inmigrantes.

Qué responder

Hablar de conductas, no de categorías. "Este casero hizo esto" se puede discutir. "Los caseros son buitres", no.

Trampa 4

El fin justifica los medios.

"Al fascismo se le combate, no se le ignora", decía Laura Borràs, entonces portavoz de JxCat en el Congreso, en "La hora de La 1" (TVE), durante la moción de censura de Vox de octubre de 2020. La frase suele venir acompañada de la paradoja de la tolerancia de Karl Popper (1945): una sociedad tolerante no puede tolerar a los intolerantes. Lo que casi nunca se cita es el resto. Popper escribió que, mientras se pueda contrarrestar con argumentos racionales y con la opinión pública, reprimir sería imprudente. La excepción era para quien rechaza el diálogo y responde con la fuerza, no una licencia para agredir a quien opina distinto.

El psicólogo Albert Bandura describió cómo hacemos daño sin sentirnos mal, lo que llamó desconexión moral. Algunos de sus mecanismos:

Justificación moral: la causa lo justifica.

Lenguaje eufemístico: no es acoso, es "jarabe democrático"; no es violencia, es "autodefensa".

Comparación ventajosa: "lo de los otros es peor".

Deshumanización: ya no son personas, son "ratas", "escoria", "buitres".

Ejemplos, de los dos lados:

Vallecas, abril de 2021: lanzamiento de botellas y adoquines contra un mitin de Vox. Catorce heridos leves según el primer balance.

Universidad de Navarra, octubre de 2025: encapuchados boicotean un acto de Vito Quiles y un periodista de El Español es agredido. Al día siguiente, en "Malas lenguas" (TVE), la periodista Laura Arroyo: "Esto no es violencia, es responder a su violencia y me parece muy bien que en Navarra se haga"; "nos han dado una excelente lección de antifascismo".

Y la respuesta, desde el otro lado: la cuenta de Vox publica sobre ella "Los que propagan odio y violencia… también se van. Todos", leído como una amenaza de deportación, y Arroyo, peruana, recibe una campaña de acoso racista. Una barbaridad contestada con otra.

Ferraz, noviembre de 2023: noches de disturbios ante la sede del PSOE en las protestas contra la amnistía, en nombre de la defensa de España.

Los escraches: Pablo Iglesias los llamó "jarabe democrático" cuando se hacían a dirigentes del PP. Cuando los sufrió él, en 2020, dijo que había que "evitar situaciones de crispación" y que nunca había dicho "de ir a la casa de nadie".

La violencia que justificas hoy es la que te aplicarán mañana con tus mismos argumentos.

Qué responder

El test de simetría: "¿Lo aceptarías si lo hiciera el otro bando?"

El test

Cuatro preguntas antes de señalar.

Sirven para detectar las trampas en los demás. Pero funcionan mejor aplicadas a una misma:

Si quito la etiqueta, ¿queda algún argumento?

¿Estamos discutiendo lo que se dice o quién lo dice?

¿Hablo de una conducta concreta o de un colectivo entero?

¿Lo aceptaría si lo hiciera el otro bando?

Para terminar

Discutir sin enemigos.

En negociación hay un principio clásico, de Fisher y Ury en "Obtenga el sí" (1981): separar a las personas del problema. Ser duro con el problema y respetuoso con la persona.

Un ejemplo sencillo: tu vecino tiene la música a tope a las dos de la madrugada. Puedes subir y decirle "eres un egoísta", y él se defenderá y la música seguirá. O puedes decirle "mañana madrugo y así no puedo dormir; ¿cómo lo arreglamos?". No has cedido en nada, pero él ya no tiene que defender su dignidad, solo su volumen.

"Eres un facha" o "eres un perroflauta" es el "eres un egoísta" del vecino. "Esa medida tiene este problema" es el "no puedo dormir". De lo primero solo se puede discutir. De lo segundo, se puede hablar.

La superioridad moral hace exactamente lo contrario: es blanda con el problema, porque no lo discute, y dura con la persona, porque la señala. Por eso no resuelve nada. Solo gana discusiones, y pierde la confianza.

Señalar es fácil. Escuchar, no tanto. Por eso sobran dedos y faltan oídos.

— Nohemí Hervada

Fuentes Piff y otros, PNAS (2012) · FLoRA, réplicas de Piff · Trautmann y otros (2013) · Ok y otros (2021), en PsyPost · Última Hora (Vallecas, 2021) · El Independiente (Iglesias, 2020) · RTVE (Borràs, 2020) · El Debate (Arroyo, 2-11-2025) · El Independiente (2-11-2025) · El Plural (acoso a Arroyo) · Lifton, Thought Reform and the Psychology of Totalism (1961) · Nietzsche, La genealogía de la moral (1887) · Haslam, "Concept Creep" (2016) · Lerner, The Belief in a Just World (1980) · Cortina, Aporofobia (2017) · Davidai y Ongis, Science Advances (2019) · Popper, La sociedad abierta y sus enemigos (1945) · Bandura (1999) · Fisher y Ury, Obtenga el sí (1981)

Superioridad moral

Superioridad moral

Superioridad moral · Autocrítica · Sin filtros

Huérfana de bandos.

Me he ido bajando de religiones, tribus y causas que sentía mías. No por cambiar de valores, sino por negarme a comprar el pack completo.

Superioridad moral: una tabla sola en un mar gris frente a balsas llenas de gente agrupada

Desde que publiqué El Cluedo obsceno me llegan críticas de los dos lados. A unos les sobra lo que digo de la izquierda. A otros, lo que digo de la derecha. Cada uno ha leído la mitad del texto y está convencido de que la otra mitad sobraba. Las dos críticas comparten algo: superioridad moral.

No me sorprende. Me duele, pero no me sorprende. Porque no es la primera vez.

Escribo esto desde un sitio que duele: el de haber visto, en distintas épocas y en ámbitos muy distintos, cuánto nos cuesta la autocrítica. Y lo fácil que nos resulta blindar lo que pensamos ante cualquier crítica o cualquier dato que nos chirría.

Ese blindaje es la superioridad moral: creer que nuestras posiciones son moralmente mejores y que eso nos da derecho a juzgar, a no escuchar o a callar al otro.

Lo peor que hacemos, casi nunca lo hacemos sintiéndonos malos.

Lo que aprendí vendiendo

La confianza vende.

En mis programas de ventas repito una idea hasta el cansancio: lo que vende no es el hecho en sí, el dato del producto. Lo que vende es la confianza.

Con las ideas pasa exactamente lo mismo. Puedes ganar una discusión gritando más, escondiendo el dato que no te conviene o haciendo callar al de enfrente. Lo que no ganas es confianza. Y sin confianza, lo que has ganado no vale nada.

Si para vender mi historia tengo que ocultar datos, cancelar al otro o gritar más, prefiero bajarme de ahí.

Y me he bajado de unos cuantos sitios.

Mi mar de orfandades

Comprar el marco completo.

Las personas somos incoherentes. Nos pasan cosas, cambiamos de opinión, nos contradecimos. Eso es humano y lo acepto, en los demás y en mí.

Lo que nunca he podido aceptar es tener que comprar el marco completo: el paquete entero, sin derecho a preguntar por la letra pequeña. Y eso es lo que me ha ido alejando de grupos, ideologías y corrientes que, en su momento, sentí como casa.

Primera bajada

La fe y la práctica.

Desde los cinco o seis años hasta los 41 formé parte de una religión que llevaba por bandera unos principios. En la práctica, eran otros. No voy a entrar hoy en detalles. Lo que sí puedo contar es lo que aprendí: que el problema rara vez está en los principios, sino en la distancia entre lo que se predica y lo que se hace, y en la prohibición de señalarla.

Hay una parábola que lo resume. La del fariseo que rezaba en el templo dando gracias a Dios "porque no soy como los demás" (Lucas 18). Dos mil años después, seguimos rezando lo mismo, con otras palabras.

El psiquiatra Robert J. Lifton estudió en 1961 cómo funcionan los grupos que lo controlan todo. Algunos de los rasgos que describió:

Exigencia de pureza: el mundo se divide entre puros e impuros, y la culpa no se acaba nunca.

Lenguaje cargado: etiquetas que, en lugar de abrir el pensamiento, lo cierran.

La doctrina por encima de la persona: si tu experiencia contradice la doctrina, la que se equivoca eres tú.

Quien está fuera no merece ser escuchado.

Cuando sales, empiezas a ver esos rasgos en sitios que no tienen nada de religioso.

Segunda bajada

Lactancia y crianza: la culpa en los dos lados.

Durante años trabajé como asesora de maternidad y lactancia. Y vi cómo se formaban bandos: teta o biberón, colecho o cuna, crianza "respetuosa" o el resto. Cada bando tenía su verdad. Y la culpa, siempre, caía sobre las madres. Sobre las de los dos lados.

Estuve dentro de esa guerra que todo el mundo se empeñaba en alimentar: la que dividía a las madres que daban teta y a las que no.

A las que no amamantaban, se las culpaba por no hacerlo.

A las que sí, se las llamaba "retrógradas", "de derechas", "vacas" o casi abusadoras de niños por no destetar. Y no, no exagero: en ese debate en redes participé yo.

De hecho, en esa época, buena parte del feminismo estaba tan en contra de la lactancia que yo me negué durante años a asumir esa etiqueta. Luego decidí "aceptar pulpo".

Para hacerte una idea del tono de aquellos años:

2010. El suplemento Magazine de El Mundo publica "Madre o vaca", un reportaje que comparaba a las madres lactantes con vacas. Hubo protestas y tetadas ante sus sedes, como contaba Bebés y más.

2017. Patricia Merino responde en Tribuna Feminista a otra polémica en redes sobre maternidad y lamenta la agresividad de los dos lados.

2018. Pikara entrevista a Beatriz Gimeno, autora de "La lactancia materna. Política e identidad", uno de los libros más críticos con la lactancia desde el feminismo.

Atendí a decenas de madres y padres que lloraban mientras aplicaban el método de "Duérmete, niño", de Eduard Estivill, convencidos de que era por el bien de su bebé.

Y vi a quienes, en nombre de la crianza "respetuosa", juzgaban a esas mismas madres, no te digo a las otras. Porque no es lo mismo "respetar" a tus hijos que respetar al prójimo. Además, si tu crianza es la respetuosa, ¿qué es la de las demás?

Si llora el bebé y llora la familia al aplicar el método, el único que se beneficia es quien vende el libro.

El mecanismo es el mismo en los dos bandos: "por su bien". Generaciones enteras crecieron con "la letra con sangre entra", y en España el derecho de los padres a "corregir" a sus hijos no desapareció del Código Civil hasta 2007. El psicólogo Albert Bandura lo llamó desconexión moral: la forma en que hacemos daño sin sentirnos mal. El primero de sus mecanismos es la justificación moral. Si la causa es buena, todo vale.

Tercera bajada

El garbanzo negro del porteo.

En el mundo del porteo, el discurso generalizado era que portear nunca hacía daño al cuerpo de la madre y no tenía contraindicaciones. Yo compré ese discurso durante años. Hasta que sufrí un aborto y me empecé a replantear muchas cosas. Entre otras, si algo de lo que yo consideraba inocuo no lo era tanto. Así que empecé a investigar, preguntando a profesionales para tener más información, más "datos" y no solo el relato.

Como resultado cambió mi forma de abordar mi trabajo hasta el punto de enseñar que, a veces, a una mujer hay que decirle "ahora, o de momento, mejor no portear".

Por eso creé el concepto de porteo no hiperpresivo: para enseñar a minimizar el impacto de cargar peso en el cuerpo del adulto. Porque siempre hay impacto, y en algunos casos, pocos, sí está contraindicado. A mis ojos, visibilizarlo era lo veraz y lo ético.

Nunca entendí por qué negar las excepciones era válido.

Defender algo no exige absolutizarlo. Al contrario: reconocer sus límites es lo que lo hace creíble. Otra vez, la confianza.

Cuarta bajada

El feminismo que sí era mío.

Este es el que más me duele.

Te contaba que durante años me negué a llamarme feminista. Pasado un tiempo, acepté pulpo. Entendí que había que sumar: el clima político y social amenazaba con un retroceso en los derechos de las mujeres, y entre quedarme al margen o sumar, escogí sumar.

Ya no estaba en mi etapa más maternal. Empecé a identificarme públicamente como feminista y me involucré como he hecho con todo lo que me ha importado en la vida: con la acción, no solo con el intelecto.

Por eso hablo de un feminismo del que sí me sentía parte, en el que he hecho activismo durante años. No del institucional, ni del que ha abrazado la teoría queer.

En 2025, el periodista Juan Soto Ivars publicó "Esto no existe. Las denuncias falsas en violencia de género" (Debate). Se puede discrepar de su libro. Para eso, primero hay que leerlo.

Pero la historia no empieza con él. Antes, las canceladas fuimos nosotras, o quienes decían cosas parecidas a las nuestras:

16 mayo 2022

Barcelona. Manifestantes LGTBI intentan entrar en la Casa del Libro para impedir la presentación de "Nadie nace en un cuerpo equivocado", de José Errasti y Marino Pérez Álvarez. Hay enfrentamientos con los Mossos y la librería anula el acto.

Febrero 2023

Badalona. Se suspende la presentación de "La coeducación secuestrada", de las feministas Silvia Carrasco y Marina Pibernat, tras la presión de colectivos LGTB y varios partidos que hablaban de "ideas transfóbicas".

15 sept. 2025

Todo es mentira (Cuatro). Ione Belarra pregunta a la abogada feminista Paula Fraga si una mujer trans es una mujer. Fraga responde que no. Belarra lo califica de transfobia y delito de odio, y le pide a Risto Mejide que no le dé espacio. Respuesta de Mejide: "Nosotros no vamos a cancelar a nadie en este programa".

18 nov. 2025

Más Espejo Público (Antena 3). Llega el libro de Soto Ivars. Una de las invitadas: "no me pregunte si me he leído el libro porque no me lo he leído y además no me lo voy a leer, pero sí que me he leído todos los datos".

1 dic. 2025

El mismo programa. Zuriñe Ojeda (Feministas al Congreso) y Mari Cruz Garrido (Docentes Feministas por la Coeducación) se posicionan en contra del boicot: las feministas lo han sufrido en carne propia. Pero mantienen que el libro niega la violencia machista o da alas a quienes la niegan.

4 dic. 2025

Sevilla. Colectivos feministas piden por carta que se anule la presentación del libro en una biblioteca pública.

Ese último matiz es el que más me interesa. Porque el libro empieza diciendo expresamente lo contrario: que la violencia machista existe, y que con las denuncias falsas pierden precisamente las mujeres que sí son víctimas, porque en la cola se cuelan otras que no lo son. Se puede estar en contra del boicot y, aun así, rebatir algo que el libro no dice.

¿Y los datos? Lo único que sabemos con certeza es cuántas denuncias falsas llegan a perseguirse y acaban en condena. Y son pocas:

79
Condenas por denuncia falsa entre 2009 y 2016 (Fiscalía)
0,0075%
Sobre 1.055.912 denuncias en ese periodo
¿?
Las denuncias falsas que nunca se persiguen

Ese dato mide las falsedades probadas y perseguidas, no las que existen. Que no haya denuncia por denuncia falsa no significa que no existan. La cifra real no se conoce. Y eso, precisamente, es lo que debería poder investigarse y discutirse sin que te llamen negacionista.

Lo digo claro:

Si para luchar contra la violencia machista hay que negar que haya gente que pueda utilizar las denuncias de forma espuria, o aceptar que cada mujer del planeta es un ser de luz, conmigo que no cuenten.

Y como feminista, nunca voy a aceptar que luchemos por nuestro derecho a la libertad de expresión y nos convirtamos en canceladoras cuando alguien, desde otro posicionamiento, intenta explicarse.

Quinta bajada

La política, ya lo sabes.

De la política ya hablé en Apolítica, decía yo. Nunca he sido de partido. Y cuanto más escribo, más claro tengo que no voy a serlo: en la trinchera, el que no dispara a los de enfrente es sospechoso para los suyos.

Así que aquí estoy: cada vez más huérfana de todo.

Por qué nos cuesta tanto

Superioridad moral: nadie es el villano.

La psicología lleva años explicando de dónde sale la superioridad moral y por qué blindamos nuestras ideas:

Nos creemos mejores que la media. En un estudio con 270 personas, Tappin y McKay (2017) comprobaron que casi todos nos vemos por encima de los demás, y que el autoengaño más irracional es el moral: más que el de la inteligencia o la simpatía.

Preferimos no saber. Evitamos la información que amenaza lo que creemos, aunque sea gratis y útil (Golman, Hagmann y Loewenstein, 2017).

Lo moral no se negocia. Cuando vivimos una postura como cuestión moral, el que discrepa deja de estar equivocado y pasa a ser malo (Linda Skitka).

La indignación se premia. Cada palabra moral y emocional en un tuit aumenta su difusión un 20 %, sobre todo dentro del propio grupo (Brady y otros, 2017, más de 560.000 tuits).

Y luego está el famoso experimento de la cárcel de Stanford (Zimbardo, 1971), el que nos contaron como prueba de que el entorno nos convierte en monstruos. Hoy sabemos que a los "guardias" se les orientó para ser duros y que el experimento no se pudo reproducir. La lectura actual (Haslam y Reicher) es más incómoda: hacemos daño cuando nos identificamos con una causa que creemos justa y alguien nos dice que eso es lo correcto.

Nadie es el villano de su propia historia.

Pertenecer sin perder el criterio

La tribu une y ciega.

Jonathan Haidt lo resume en una frase: la moral une y ciega. Nos da tribu, y a cambio nos pide que no miremos lo que la tribu no quiere ver.

La necesidad de sentirse parte de algo mayor es profundamente humana. Yo también la tengo. Pero intento que nunca sea a costa de perder mi espíritu crítico.

Y esto no va de un bando. En Badalona cancelaron a unas feministas; en Valdemorillo, en 2023, un ayuntamiento con Vox retiró una obra basada en el Orlando de Virginia Woolf. La superioridad moral no tiene carné. Y la empatía tampoco es superioridad moral; la que sí la roza es la empatía selectiva.

¿Cuándo fue la última vez que cambiaste de opinión?

¿Te has negado a leer algo que ya criticabas?

¿Sabrías explicar la postura contraria de forma que quien la defiende la firmara?

¿Qué dato de tu propio bando te chirría y prefieres no mirar?

Para terminar

La tabla de siempre.

Cada una de estas bajadas ha sido un pequeño duelo. Dejas atrás gente, rituales, certezas y la comodidad de tener siempre a alguien que piensa como tú.

Lo que me ha mantenido a flote no es una ideología. Son unas pocas costumbres, el mejor antídoto que conozco contra la superioridad moral. También contra la mía:

Preguntarme "¿y si me equivoco?" antes de dar algo por cerrado.

Formular la mejor versión del argumento contrario antes de criticarlo.

Separar a la persona de la idea.

Desconfiar de las palabras que cierran preguntas en lugar de abrirlas.

John Stuart Mill lo escribió en 1859: quien solo conoce su lado del argumento, sabe poco de él.

En el mar de orfandades, siempre tuve una tabla: cuestionármelo todo. Incluso a mí misma.

— Nohemí Hervada

Fuentes Tappin y McKay (2017) · Golman, Hagmann y Loewenstein (2017) · Brady y otros, PNAS (2017) · Le Texier, American Psychologist (2019) · El Periódico (Barcelona, 2022) · betevé (2022) · The Objective (Badalona, 2023) · Cuatro (15-9-2025) · Más Espejo Público (18-11-2025) · El Mundo Magazine (2010) · Bebés y más (2010) · Tribuna Feminista (2017) · Pikara Magazine (2018) · Memoria de la Fiscalía General del Estado (2016) · Lifton, Thought Reform and the Psychology of Totalism (1961) · Bandura (1999) · Haidt, La mente de los justos (2012) · Mill, Sobre la libertad (1859)

Fascista es siempre el otro

Fascista es siempre el otro

Superioridad moral · Política · Sin filtros

Fascista es siempre el otro.

Si todo es fascismo, nada lo es. Y cuando llegue el de verdad, la palabra ya no servirá para avisar.

Qué es el fascismo: un megáfono rojo del que salen etiquetas grises

Cuando yo era adolescente, los neonazis eran claramente identificables. Sabías quiénes eran, qué pensaban y de qué eran capaces. Y "facha" era lo que hoy reconocemos en Torrente: el casposo de barra de bar, nostálgico de Franco, racista y machista.

Quién me iba a decir a mí que, con los años, me llamarían las dos cosas: facha, por criticar al poder, y feminazi, por ser feminista. Hoy, si discrepas o criticas al poder, del color que sea, puedes ser nazi antes de terminar la frase.

Dos escenas:

Puerta del Sol, septiembre de 2026. Acampada por la vivienda. A quien llega a grabar sin ser de la cuerda se le despide al grito de "fuera fascistas de nuestros barrios".

Universidad Complutense, marzo de 2020. Frente Obrero, un partido marxista-leninista enfrentado a Podemos, interrumpe un acto de Pablo Iglesias al grito de "fuera vende obreros de la universidad". Parte del público les responde: "Fuera fascistas de la Universidad".

Si la misma palabra sirve para echar de una plaza a cualquiera que no sea de la cuerda, sean youtubers, reporteros o cadenas de televisión, y a unos jóvenes que se declaran comunistas, la pregunta es obligada: ¿qué es el fascismo?

Si todo es fascismo, nada es fascismo.

La definición

Qué es el fascismo.

Nace en Italia. En 1919, Benito Mussolini funda los Fasci di combattimento, y en 1922 llega al poder tras la Marcha sobre Roma. El nombre viene del "fascio", el símbolo de autoridad de la antigua Roma: un manojo de varas atadas alrededor de un hacha. Una vara sola se rompe con facilidad; atadas, no. La idea es la unidad por la fuerza: todos juntos, todos iguales, y el hacha para quien se salga.

El fascio romano, origen de la palabra fascismo: varas atadas con correas rojas alrededor de un hacha y, al lado, una vara suelta rota
El fascio: varas atadas alrededor de un hacha. Sola, una vara se rompe.
1919
Mussolini funda los Fasci di combattimento
1922
Marcha sobre Roma: el fascismo llega al poder
1945
Cae con la derrota en la Segunda Guerra Mundial

El historiador Robert Paxton, en Anatomía del fascismo (2004), explica que el fascismo no es una sola idea, sino varias cosas que van juntas. Dicho en sencillo:

"Nuestro país está hundido y nos han humillado." Parte de la sensación de que todo va a peor y de que alguien tiene la culpa.

"Tenemos que ser uno, fuertes y puros." Todos iguales, todos a una, y fuera lo que "contamina": el diferente, el extranjero, el que piensa distinto.

"El partido es la patria." Un movimiento que arrastra a las masas, con militantes que lo viven como una fe y un líder al que se sigue sin preguntar.

"Las libertades estorban." Elecciones, prensa libre, jueces independientes: todo lo que frena al líder sobra.

"La violencia limpia." Pegar, encarcelar o eliminar al "enemigo" se vive como algo necesario, incluso bueno, y sin límites legales ni morales.

Una sola de estas cosas no hace a nadie fascista. Las cinco juntas, sí.

Fascista y nazi no son sinónimos. El fascismo pone en el centro al Estado y a la nación. El nazismo añade algo más: la raza. Divide a la humanidad en superiores e inferiores, y de esa idea salió el Holocausto. Todo nazi es fascista, pero no todo fascista es nazi. Por eso llamar "nazi" a alguien no es subir un grado el insulto: es acusarle de la peor idea que ha producido el siglo XX.

Los historiadores insisten en no usar la palabra a la ligera. Julián Casanova recuerda que lo que define al fascismo es la violencia organizada: fuerza paramilitar, terror, propaganda y culto al líder. Emilio Gentile, en Quién es fascista (2019), advierte de que el "todo es fascismo" es peligroso. Y Paul Preston llega a decir que "Franco no era fascista. Era algo peor".

Hoy

¿Existe todavía?

Sí. Y no hace falta adivinarlo, porque se presentan como tales:

En España, Falange Española de las JONS, heredera del fascismo español de los años 30, y Democracia Nacional, de corte neofascista.

En Grecia, Amanecer Dorado, declarado organización criminal por la justicia en 2020.

En Italia, CasaPound. Y Fratelli d'Italia, el partido de Giorgia Meloni, procede del MSI, fundado por exfascistas en 1946, y conserva la llama en su logo.

¿Y Vox? La mayoría de los politólogos lo clasifica como derecha radical populista, no como fascista. Tiene rasgos que recuerdan al repertorio: la "anti-España", la inmigración presentada como amenaza. Pero no tiene milicias ni propone abolir las elecciones. Tener rasgos no es serlo. Si lo fuera, casi nadie se libraría, como vamos a ver.

¿Podría presentarse a elecciones un partido fascista en España? Sí, y se presenta: Falange es legal. Los historiadores la consideran el partido fascista español por excelencia, aunque ella siempre lo haya negado. Hasta Falange dice que fascista es el otro. Nuestro sistema persigue los actos, no las ideas. Un partido solo se ilegaliza si justifica la violencia, ataca los derechos fundamentales o apoya el terrorismo.

Lo que todos reconocemos

El fascismo en cuatro gestos.

Umberto Eco describió en El fascismo eterno (1995) catorce rasgos del fascismo. No hacen falta todos para reconocer su olor. Hay cuatro que cualquiera identifica. La pregunta incómoda es quién los practica hoy.

1No dejar hablar al que disiente

Eco lo resumía así: para el fascismo, el desacuerdo es traición.

Complutense, 2010: Pablo Iglesias e Íñigo Errejón participan en el boicot a una conferencia de Rosa Díez, entonces líder de UPyD, al grito de "fuera fascistas de la Universidad". En 2020, al propio Iglesias lo boicotean en el mismo auditorio, y parte del público responde a los que le interrumpen con… el mismo grito. Diez años después, la etiqueta había cambiado de diana sin cambiar una coma.

Barcelona, 2022: la Casa del Libro anula la presentación de un libro crítico con la ley trans tras los enfrentamientos de manifestantes con los Mossos. Badalona, 2023: se cancela la de unas feministas acusadas de "ideas transfóbicas".

Desde el otro lado: en Valdemorillo, en 2023, la nueva concejalía de Cultura, de Vox, cancela una obra basada en el Orlando de Virginia Woolf.

2Decidir quién entra y quién informa

La acampada de la Puerta del Sol reclamaba más espacio público y menos privado. Y lo hizo ocupando el espacio público y decidiendo quién podía estar en él. No fue un hecho aislado:

28 de septiembre: un grupo de manifestantes expulsa a un equipo de EDATV al grito de "No pasarán". Ese mismo día, varios youtubers y creadores de contenido salen entre gritos de "fuera fascista". Alguno, según las imágenes, llevaba un espray de pimienta. Pero que alguien sea un provocador no te da derecho a decidir quién informa en una plaza pública.

El periodista Fernando Díaz Villanueva cuenta que los accesos tenían controles, que no le dejaron entrar con cámara y que dentro se impedía hacer fotos.

6 de octubre: Rebeca Crespo, reportera de Horizonte (Cuatro), intenta conectar en directo. Le tapan la cámara con un paraguas, hay empujones y la acusan de difundir bulos. Su resumen: "No nos han dejado hacer nuestro trabajo".

Primeros de octubre: en un directo de Malas Lenguas (TVE) desde Sol se cuenta que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha rechazado el desalojo. No era exactamente así: el tribunal solo había rechazado la medida cautelarísima, el desalojo urgente, y no había entrado en el fondo. La abogada Jimena Zabala lo corrige en voz alta desde fuera de plano: "Eso es mentira, decid la verdad". Según su relato, un activista la agarra del brazo y el reportero la acusa a ella de agresión. Su pregunta: "Yo no puedo hablar en un directo, pero ¿vosotros sí podéis mentir en un directo?"

Parla, octubre de 2026: según el vídeo publicado por el propio medio, una responsable local de Podemos y su pareja reciben a un equipo de Okdiario con "nazi de mierda, fascista, vete de aquí", "tú no sabes quién soy" y "tu cara la va a ver todo el mundo".

No es un hecho aislado. Es un patrón.

3El lenguaje de guerra

Asamblea de Madrid, 8 de octubre de 2026. Manuela Bergerot, portavoz de Más Madrid, a Isabel Díaz Ayuso tras la muerte de Maricarmen: "En las calles de Madrid no va a haber paz". El PP la denuncia por amenazas. Ella responde: "Yo no estaba amenazando, lo único que estoy diciendo es lo que hay en las calles". Y añade que no se arrepiente.

Desde el otro lado: la "anti-España", o el mensaje de Vox sobre una periodista peruana: "Los que propagan odio y violencia… también se van. Todos".

Una cosa es lo que alguien quiso decir. Otra, lo que dice una portavoz parlamentaria desde la tribuna, cuando la calle ya está caliente.

4La violencia por una causa

Tras el boicot violento a un acto en la Universidad de Navarra, en octubre de 2025, en el que fue agredido un periodista, una tertuliana de TVE lo resumió así: "Esto no es violencia, es responder a su violencia". Del otro lado, las piedras contra un mitin de Vox en Vallecas en 2021 tuvieron su respuesta en las noches de disturbios de Ferraz en 2023.

Gritar "fascista" no te vacuna contra parecerte a uno.

Por qué funciona

Pedro y el lobo.

La etiqueta funciona porque ahorra el argumento. Es la falacia de toda la vida: atacar a la persona, no a lo que dice.

El filósofo Leo Strauss la bautizó en 1953 como "reductio ad Hitlerum": si Hitler pensaba algo, eso basta para descartarlo.

En 1990, Mike Godwin formuló su famosa ley: cuanto más se alarga una discusión en internet, más probable es que alguien acabe comparando al otro con Hitler o los nazis.

Las feministas conocemos bien el mecanismo. "Feminazi", popularizado en los años noventa por el locutor estadounidense Rush Limbaugh, sirvió para ridiculizar ante la opinión pública lo que eran demandas de un colectivo que luchaba por sus derechos. Es exactamente el mismo truco, en sentido contrario.

Y aquí está el peligro. Si cualquiera que discrepa es nazi, la palabra se gasta. Como en el cuento de Pedro y el lobo, cuando llegue el de verdad, nadie nos creerá. O peor: no sabremos reconocerlo.

Si todos somos nazis, cuando llegue el de verdad no lo veremos venir.

Hannah Arendt

La banalidad de la etiqueta.

En 1963, Hannah Arendt publicó Eichmann en Jerusalén, su crónica del juicio a uno de los organizadores del Holocausto. Esperaba encontrar a un monstruo y encontró a un hombre "terriblemente normal": un burócrata incapaz de pensar por sí mismo, que hablaba a base de frases hechas. Lo llamó la banalidad del mal.

Su idea no era que el mal sea poca cosa, sino que lo cometen personas corrientes que dejan de pensar. Y eso es lo que hace una etiqueta: es una frase hecha que te ahorra pensar en lo que el otro dice.

Hay además otra banalización, más grosera. Llamar nazi a quien te lleva la contraria es una ofensa a los seis millones de judíos asesinados en el Holocausto, y a todas las víctimas de lo que de verdad fue el nazismo.

La prueba del algodón

Ocho años y la ley mordaza sigue.

Las palabras son gratis. Los hechos, no. La Ley Orgánica 4/2015 de Protección de la Seguridad Ciudadana, conocida como ley mordaza, la aprobó el Gobierno de Rajoy, y derogarla fue una de las promesas estrella de la izquierda.

Junio 2018

Pedro Sánchez llega al Gobierno.

2023

La reforma decae por las pelotas de goma y las devoluciones en caliente.

Octubre 2024

Se retoma el trámite en el Congreso.

Octubre 2026

Vuelve a decaer con las Cortes disueltas. Podemos exigía la palabra "prohibición" para las pelotas de goma; el PNV no aceptaba los cambios sobre desobediencia a los agentes; Interior, según The Objective, nunca mostró entusiasmo. El acuerdo cubría casi el 90 % del texto.

Ocho años de Gobierno "progresista" y la ley sigue en vigor. Gritar "fascista" no cuesta nada. Derogar una ley que recorta libertades, sí.

¿Quién decide qué lucha es justa?

¿Quién reparte los carnés del derecho a pensar y a opinar?

¿A cuánta gente has llamado fascista este año? ¿Cuántos lo eran?

¿Sabrías explicar qué es el fascismo sin buscarlo en Google?

¿Sabrías reconocer a uno de verdad?

Para terminar

Llamar a las cosas por su nombre.

El antifascismo de verdad no es un grito. Es defender las libertades de todos, también las de quien te parece insoportable: que pueda hablar, que pueda informar, que pueda equivocarse.

En cuanto decides quién merece esas libertades y quién no, has empezado a parecerte a aquello contra lo que dices luchar.

Llamarlo todo fascismo no te hace antifascista. Te deja sin palabras cuando llegue el de verdad.

— Nohemí Hervada

El Cluedo obsceno

El Cluedo obsceno

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El Cluedo obsceno.

"¿Quién mató a Maricarmen?" es la pregunta que todos se apresuran a responder. Y la que nadie debería estar haciendo.

Muerte de Maricarmen: un tablero de Cluedo con fichas grises y una sola casilla vacía marcada en rojo

Hasta hace dos semanas, casi nadie en España sabía quién era. Hoy su nombre está en los decretos, en las pancartas de la Puerta del Sol, en los plenos y en las tertulias. La muerte de Maricarmen se ha convertido en el tema del que todo el mundo habla.

Y en el mismo momento en que murió, empezó la partida. No para entender qué falló. Para decidir a quién se le carga.

Si hay algo peor que instrumentalizar una historia, es instrumentalizar una muerte.

La víctima

Maricarmen, 87 años

71
Años viviendo en el mismo piso del Retiro
23·9
Día del desahucio
14
Días después, muere en el hospital Gregorio Marañón

Fue desahuciada el 23 de septiembre y no volvió a salir del hospital. Murió el 7 de octubre.

Mientras vivía, se convirtió en símbolo: la acampada de Sol, las portadas y hasta un decreto con su nombre.

Al día siguiente de su muerte, unas 20.000 personas marcharon desde Sol hasta su casa, según la Delegación del Gobierno.

De qué murió exactamente, no hay una causa oficial publicada. Durante su ingreso se habló de un cuadro de agotamiento severo.

Ya escribí sobre su caso en la foto y los datos. Hoy no voy a hablar de la ley. Voy a hablar de lo que hicieron con ella.

Su voz

La voz que nadie escuchó entera

La víspera del desahucio, en una entrevista en RTVE, le preguntaron a quién responsabilizaba de lo que le estaba pasando. Respondió sin pestañear. Y no dio un nombre. Dio cuatro:

Pedro Sánchez, porque no se entera de la cantidad de desahucios que hay.

Isabel Díaz Ayuso, a quien, dijo, el cargo "le viene un poco grande".

José Luis Martínez-Almeida, que según ella solo se dedica a "cargarse Madrid".

Y Urbagestión, la empresa propietaria: "unos inhumanos".

¿Qué vídeo corrió por las redes? Uno en el que solo decía "a Pedro Sánchez". Lo demás, recortado. Lo verificó Maldita.es.

El mismo día de su muerte, Vox lo volvió a publicar: 11 segundos de vídeo y un texto que decía "la responsabilidad de Pedro Sánchez, como dijo Maricarmen". Más de 2 millones de visualizaciones. Ayuso, Almeida y Urbagestión no aparecían.

Y el otro lado hizo lo mismo en dirección contraria: se quedó con "Urbagestión, unos inhumanos" y con su petición de un decreto, y se olvidó de los demás nombres.

Cada bando se quedó con el trozo de su voz que le servía. Nadie la escuchó entera.

El tablero

La política como juego de mesa

En el Cluedo hay una víctima, un tablero y seis sospechosos. Gana quien acusa primero y acierta.

Eso es lo que hemos visto estos días. No una conversación sobre qué falló, quién pudo hacer algo y no lo hizo, o qué ley hay que cambiar. Una carrera por señalar al culpable antes que el otro.

Todos sabían quién la había matado antes de saber de qué había muerto.

Los sospechosos

"Ellos la mataron"

Fíjate en que nadie se salva. La acusación sale de todas partes:

El Sindicato de Inquilinas: "La especulación y el rentismo matan cada día". Maricarmen "no ha muerto, la han matado".

Irene Montero (Podemos): "No es una muerte, es un asesinato".

Rita Maestre (Más Madrid): "Malditos buitres y quienes les apoyan". Y en el pleno, a PP y Vox: "Todos ustedes son responsables de la angustia de una anciana".

Vox, en X: "Han matado a Maricarmen". Acusa al Gobierno de haber utilizado "sin ningún escrúpulo" su sufrimiento… en un mensaje que utiliza su sufrimiento.

Hermann Tertsch, eurodiputado de Vox: "Procede una autopsia de Maricarmen". La relacionó con una supuesta trama del Gobierno contra la jueza Biedma y con sus acusaciones a Sánchez "como máximo culpable", y habló de una "súbita muerte". La de una mujer de 87 años que llevaba dos semanas hospitalizada.

Vito Quiles escribió que la izquierda era "capaz de haberla asesinado" para culpar a la derecha.

Y si el asesino es algo sin cara, como "la especulación" o "el rentismo", el sospechoso puede ser cualquiera que no piense como tú.

El tablero no tiene límites. El columnista Chapu Apaolaza, que entrevistó al casero, cuenta en ABC que le llaman asesino por redes y por WhatsApp. Su columna lleva un título que resume la partida: "Yo maté a Maricarmen".

Pero ojo, porque esa entrevista también tuvo su papel: sirvió para que el casero la describiera como alguien que había abusado durante décadas de los propietarios. Unos la convirtieron en mártir. Otros, en aprovechada. Ninguno la dejó ser solo una persona.

El arma n.º 1

El vídeo recortado

El 28 de septiembre, en Horizonte (Cuatro), entrevistaron al propietario de Urbagestión, que acababa de anunciar un principio de acuerdo para que Maricarmen volviera a su casa. Beatriz Talegón preguntó si el decreto se seguiría llamando Maricarmen. Carmen Porter respondió: "Hasta luego, Maricarmen".

Puedes pensar que fue un chiste de mal gusto. Es una opinión legítima. Pero se dijo con ella viva, y hablando del decreto.

Cuando murió, el fragmento volvió a circular como si se hubieran reído de una mujer muerta. Y entre quienes lo compartieron estaba un ministro del Gobierno: Óscar Puente.

El mismo ministro que, según contó el presidente de la asociación de víctimas de Adamuz, respondió a quienes le pedían la dimisión que él no había soldado el raíl. Un accidente con 46 muertos, una investigación judicial abierta y ninguna responsabilidad política asumida. Pero tiempo para difundir un corte sacado de contexto, sí.

En un programa con tantos colaboradores también ha habido voces de distinto tono: uno de ellos llegó a insinuar que Maricarmen había sido elegida "en un cásting" por Moncloa. Pero la opinión de un tertuliano no es la voz del programa, igual que un corte de diez segundos no es lo que se dijo. Juzgar a todos por una frase sacada de contexto es, precisamente, el juego que estoy criticando.

El arma n.º 2

El minuto de silencio

El 8 de octubre, la izquierda pidió minutos de silencio en varios parlamentos. La derecha los rechazó en casi todos:

Asamblea de Madrid: PP y Vox no lo respaldaron. El PP explicó que no iba a contribuir a "su utilización política".

Ayuntamiento de Madrid: sin homenaje oficial. Más Madrid y PSOE hicieron el suyo. Almeida, el PP y Vox se quedaron sentados.

Senado: la Presidencia lo rechazó por no haber precedentes. Cortes de Aragón: PP y Vox, en contra.

Corts Valencianes: se aprobó, con el voto de Vox incluido. Pero la mayoría de sus diputados se ausentaron durante el homenaje.

Hasta ahí, se puede discutir. Lo obsceno vino después. En el mismo pleno, Almeida se dirigió a la izquierda: "Cuarenta segundos ha durado el minuto de silencio que ustedes han hecho por Mari Carmen".

No lo secundan. Pero lo cronometran.

Y como arma arrojadiza, recordó a Olga, otra mujer desahuciada que murió en L'Hospitalet, y por la que nadie guardó un minuto de silencio. Tiene razón en que nadie lo hizo. Lo que no se entiende es que usara su muerte para ganar un turno de palabra.

Nota: si estás pasando por un momento difícil, puedes llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida. Es gratuita, confidencial y funciona las 24 horas.

El arma n.º 3

El nombre

El "decreto Maricarmen" no lo bautizó el BOE. Fue el Sindicato de Inquilinas quien presentó a los grupos parlamentarios su propio "real decreto Maricarmen". Luego lo adoptaron medios y políticos.

Ponerle nombre de persona a una ley es muy eficaz. Convierte una votación en un juicio moral: quien vota en contra ya no discrepa de una medida. Vota "contra Maricarmen". Lo conté en el que vota no también es diputado.

Y cuando la persona muere, el nombre se convierte en otra cosa: una lápida que cada uno usa como atril.

¿Quién gestionó su caso cuando todavía había tiempo?

¿Por qué la norma que acabó con su contrato lleva tres décadas en vigor, con gobiernos de los dos colores?

¿Cuántas Maricarmen hay hoy, sin cámara, sin nombre y sin decreto?

Para terminar

Señorita Escarlata, en la cocina, con el candelabro

Esto es lo que se ha convertido la política: un tablero en el que importa más derrotar al rival que legislar, gobernar o gestionar lo de todos. Problemas que se magnifican cuando conviene y se ningunean cuando no.

Y mientras algunos seguimos trabajando, sabiendo que buena parte de lo que generamos se va en impuestos que gestiona esta gente, ellos siguen con su partida.

Lanzan los dados. Mueven la ficha. Acusan.

En el Cluedo, al final siempre hay un culpable. En esta partida, la única que no juega es la víctima.

— Nohemí Hervada

Trampas legales, no legítimas

Trampas legales, no legítimas

Actualidad · Política · Sin filtros

Trampas legales, no legítimas.

El Congreso tumbó los decretos de vivienda. Cuatro días después, con las Cortes disueltas, el Gobierno los vuelve a aprobar para colarlos por la Diputación Permanente. Que algo sea legal no lo hace legítimo.

Trampas legales, no legítimas: una gran puerta gris cerrada y, al lado, una pequeña puerta roja abierta

El 2 de octubre, el Congreso rechazó los dos decretos de vivienda: 178 votos contra 172 y 184 contra 166. Lo conté en El que vota no también es diputado.

El 5 de octubre, Sánchez convocó elecciones para el 29 de noviembre y disolvió las Cortes.

El 6 de octubre, el Consejo de Ministros volvió a aprobar los dos decretos para que los convalide la Diputación Permanente. Con algunos retoques, sí: el veto a los fondos se alarga hasta 2030, se añade una deducción para inquilinos y un plan de préstamos. Pero son, como reconoce la propia prensa, «ajustes técnicos» que no tocan la arquitectura de las normas.

El ministro Félix Bolaños lo defiende así: la Diputación Permanente está para «las decisiones relevantes», y los reparos de la oposición son «bastante absurdos».

Cuatro días. Eso es lo que ha durado el «no» del Congreso.

La Constitución

¿Qué es la Diputación Permanente?

La regula el artículo 78 de la Constitución. Es un órgano reducido de cada Cámara que funciona cuando el Parlamento no está reunido o ha sido disuelto:

Tiene un mínimo de 21 miembros, que representan a los grupos «en proporción a su importancia numérica» (art. 78.1).

Si las Cámaras están disueltas, asume sus facultades en casos tasados: convalidar decretos ley (art. 86) y los estados de alarma, excepción y sitio (art. 116). Y debe «velar por los poderes de las Cámaras» (art. 78.2).

Cuando se constituye el nuevo Congreso, tiene que darle cuenta de lo que ha decidido (art. 78.4).

Su razón de ser es sencilla: que el país no se quede sin respuesta ante lo urgente mientras no hay Parlamento. No está para conseguir lo que el Pleno acaba de negar. Está para proteger la voluntad de las Cámaras, no para esquivarla.

Las cuentas

Donde sí salen los números

La Diputación Permanente del Congreso tiene 68 miembros más la presidenta: PP 27, PSOE 24 más Armengol, Sumar 6, Vox 6, y ERC, Junts, PNV, Bildu y el Grupo Mixto, uno cada uno.

35
Gobierno, socios y PNV
34
PP, Vox y Junts
1
Voto de diferencia: el del PNV

El PNV ya ha anunciado que votará sí al primer decreto (desahucios y fondos) y no al segundo, al que llama «un parche». Así que el primero saldrá adelante por un voto, en un órgano donde Junts pesa 1 de 69, cuando en el Pleno pesaba 7 de 350.

Si no te votan en el Pleno, busca otra mesa.

La mujer del César

Legal no es legítimo

«La mujer del César no solo ha de ser honrada, sino parecerlo». Que algo no esté expresamente prohibido no lo convierte en legítimo. Y mucho menos en ético.

Los juristas están divididos, y eso ya dice mucho:

Gema Rosado (Universidad Carlos III): «Jurídicamente, no se vulnera la literalidad de la Constitución». Pero sin cambios reales, «sería un intento de cambiar fraudulentamente la voluntad» del Congreso.

Ana Valero (Universidad de Castilla-La Mancha): un «uso indebido» y «oportunista» de la Diputación Permanente.

Joaquín Urías, exletrado del Tribunal Constitucional: si es «el mismo decreto», sería inconstitucional.

El juez Miguel Guerrero: «Reaprobar el texto días después, reservando la convalidación a un órgano que sustituye a las Cortes porque ahí sí da la aritmética de votos es, evidentemente, un fraude de ley».

Para ser justas: Miguel Presno (Universidad de Oviedo) cree que llamarlo «fraude constitucional» no es un juicio jurídico.

Lo resumió el juez Luis Sanz mejor que nadie:

«No es gobernar sin el Parlamento. Sería gobernar contra el Parlamento».

En la vida real

Pedírselo a la abuela

Es algo habitual en cualquier familia: papá dice que no, así que el niño espera a que se vaya de viaje y se lo pide a la abuela. Nos hace hasta gracia. Es un niño.

Nadie esperaría que un Gobierno usara ese truco para gobernar un país. De hecho, ni en nuestra comunidad de vecinos lo aceptaríamos: el presidente pierde la votación de la derrama en la junta, espera a agosto y la aprueba en la comisión de tres vecinos que él mismo eligió. «Es legal, los estatutos lo permiten». Claro. Y al día siguiente nadie le volvería a votar.

Que algo sea habitual entre niños para salirse con la suya no lo hace aceptable en los adultos que gobiernan.

Cuando lo hace un Gobierno, lo que se vacía de sentido es la democracia: respetar la voluntad de la mayoría, también cuando no te da la razón.

El precedente

Si se repite, es un patrón

El Gobierno se defiende: ya se hizo antes. Y es verdad. Lo hizo él mismo:

Enero 2019

El Congreso deroga el decreto de alquiler con 243 votos en contra. Es la primera derrota de Sánchez con un decreto.

Marzo 2019

Con las Cortes disueltas, el Gobierno aprueba otro decreto de alquiler, renegociado con Podemos.

Abril 2019

La Diputación Permanente lo convalida por 33 votos contra 31. Decide, otra vez, el PNV.

Enero 2020

El Tribunal Constitucional anula dos artículos de ese decreto por no justificar la urgencia.

Y aun así hay diferencias: en 2019 pasaron dos meses y el texto se renegoció. En 2026 han sido cuatro días y «ajustes técnicos».

Que haya un precedente no lo valida. Al contrario: demuestra un patrón. Cuando las normas de la democracia no le dan la razón, busca otra puerta.

Por encima de la legitimidad

El patrón y su patrón

Porque no es la primera vez. Es una forma de gobernar:

Pactar con quien juró que nunca pactaría. «Con Bildu no vamos a pactar. Si quiere, lo digo cinco veces o veinte» (2015). «Ni yo ni el 95 % de los españoles dormiría tranquilo con Podemos en el Gobierno» (2019). La amnistía «no entra dentro de la Constitución» (2022-2023). Y después, una investidura con Podemos y Bildu, y con el apoyo de partidos de ideología nada afín, como Junts (a cambio de la amnistía) o el PNV.

Gobernar sin presupuestos. Presentarlos es la primera obligación del Gobierno (art. 134 de la Constitución). Para los de 2026 se prometieron, sucesivamente: el plazo constitucional de octubre de 2025, el «primer trimestre», «antes de que acabe el mes» de marzo y «durante este año». En junio, Sánchez renunció. El plazo de los de 2027 venció el 30 de septiembre sin proyecto. Ni un solo presupuesto en toda la legislatura.

Incumplir la promesa de los desahucios. En 2015 dijo que con un Gobierno socialista no habría más desahucios en España (vídeo). Desde 2018 ha habido 272.417. Curioso que la prisa le entre ahora.

«¿La Fiscalía de quién depende?» «Del Gobierno», le respondieron en RNE en noviembre de 2019. «Pues ya está». Rectificó al día siguiente, pero la frase retrata cómo se entiende una institución que debe servir a la justicia, no al Gobierno. Su fiscal general fue condenado en 2025 por revelación de datos reservados.

Las «cloacas». La Audiencia Nacional investiga una presunta trama, el caso Leire Díez, para entorpecer causas judiciales que afectaban al PSOE. Anticorrupción estudia pedir la imputación del PSOE como partido.

La cúpula de la Guardia Civil imputada. En julio de 2026, el juez Pedraz imputó a la directora general, Mercedes González, y al DAO, Manuel Llamas, por prevaricación y obstrucción a la justicia. Marlaska la mantiene en el cargo.

El «lawfare» como coartada. El término entró en el acuerdo PSOE-Junts de noviembre de 2023. En abril de 2026, tres ministros cargaron contra el juez Peinado y el Consejo General del Poder Judicial pidió «respeto» por unanimidad. En junio, el ministro Óscar López llegó a decir que «hay jueces que prevarican». Y en septiembre, Óscar Puente atacó a la presidenta del Supremo, Isabel Perelló, elegida por el sector progresista.

La ley de nietos, estirada por instrucción. Una instrucción de 2022 creó una «presunción general de exilio» que la ley no decía. El Supremo suspendió en septiembre, de forma cautelar, el efecto electoral de esas altas en el censo: unas 300.000 personas.

Contra los fondos buitre… salvo cuando gestionan lo público. En 2023, Sánchez prometió que la Ley de Vivienda «prohibirá que se venda a fondos buitre». Una semana antes de votar los decretos, su ministra de Vivienda preguntaba: «¿Con la gente que sufre o con los buitres que les desahucian?». Mientras tanto, la Sareb, que es pública, adjudicaba a Aliseda, filial de Blackstone, un contrato de 52,45 millones para gestionar sus viviendas, incluidos los desahucios, y preparar las que pasarán a la nueva empresa pública de vivienda.

Ceuta. En 2021 entraron entre 8.000 y 10.000 personas. En julio de 2026, entre 50.000 y 80.000 según la fuente. Sánchez habló de «una violación y un ataque a la integridad territorial de España», pero elogió la «cooperación» de Marruecos y al día siguiente se fue de vacaciones a La Mareta. El mando único llegó 26 días después. Y cuando le preguntaron por los menores que seguían en la calle, respondió: «Eso a Vivas, pregúntele».

Los jueces

La misma toga, otro acusado

La expresión «fachas con toga» la popularizó Podemos tras la ley del «solo sí es sí» de Irene Montero. Esa ley supuso, según el Consejo General del Poder Judicial, 1.127 rebajas de condena y 115 excarcelaciones de agresores sexuales. Se les había advertido. En vez de asumir el error, culparon a los jueces que aplicaban la ley.

Desde entonces, esa idea repetida le ha venido muy bien a un Gobierno con varios casos de corrupción investigados, incluido el expresidente Zapatero. Y sin embargo:

Fue un tribunal con un juez progresista, José Ricardo de Prada, el que en 2018 condenó al PP por la Gürtel. Esa sentencia llevó a Sánchez a la Moncloa.

Entonces era justicia. Hoy, cuando los jueces investigan a su entorno, es «lawfare». Los mismos jueces, la misma toga. Lo único que cambia es a quién investigan. Y mientras tanto, se mina la confianza de todo un país en su justicia.

La prisa

No es urgencia, es soberbia

Con elecciones ya convocadas, dentro de siete semanas habrá un Parlamento nuevo que podrá aprobar lo que quiera, con legitimidad plena. ¿A qué viene la prisa?

No es por la vivienda: como vimos en Legislar a golpe de decreto, estos decretos no aumentan la oferta, que es el problema de fondo. Y el Banco de España advierte de que este tipo de controles traen pérdidas de bienestar a medio y largo plazo.

Es por el relato: llegar a la campaña con un «yo sí lo aprobé», aunque haya que buscar la única mesa donde salen las cuentas.

Salirse con la suya, aunque el Congreso haya dicho que no.

Para terminar

Lo que uno se prohíbe

La democracia no es solo lo que la ley permite. Es también lo que uno se prohíbe a sí mismo por respeto a los demás. Perder una votación y aceptarlo. Esperar al nuevo Parlamento. No buscar a la abuela cuando papá ha dicho que no.

Cuando un Gobierno convierte cada resquicio en una puerta, el problema ya no es un decreto. Es la idea de que las normas son para los demás.

Una trampa legal sigue siendo una trampa. Y si se repite, es un patrón.

— Nohemí Hervada

¿Que viene el Coco?

¿Que viene el Coco?

Política · Pensamiento crítico · Sin filtros

¿Que viene el Coco?

Si no votas a los de siempre, viene la ultraderecha. Llevo años oyéndolo. Y a mí ese miedo ya me caducó.

Que viene el Coco: una gran sombra gris de monstruo y, delante, una pequeña figura roja con los brazos cruzados

La mayoría de la gente con la que puedo compartir ideología (algo así como la socialdemocracia: yo nunca me he considerado de derechas, ni de lejos, aunque comparta algunas ideas mal llamadas conservadoras y esté a favor de que el Estado intervenga poco) tiene un argumento estrella. Si no votas a los de ahora, viene la ultraderecha.

Es un argumento que no me canso de oír, en todas sus versiones:

«Los otros son peores».

«Hay que evitar que gobiernen los otros».

«Vox es lo peor para los derechos».

«El lado correcto de la historia», «evitar el mal mayor», «levantar un muro a la ultraderecha».

Eslóganes. Solo eso.

La pregunta

¿Qué duele más: el contrario o los tuyos?

¿Qué es peor: que te gobierne alguien con quien no compartes políticas ni forma de mirar la economía o la sociedad, o que te gobiernen «los tuyos» mintiéndote descaradamente?

¿Que cambien las políticas de su propia ideología disfrazándolas de tu cuerda a base de relato?

¿Que gobierne un partido con un programa que no votaste… o que los que tú votaste hagan justo aquello que prometieron, hasta la saciedad, no hacer?

¿Duele menos la traición de los tuyos que las decisiones del contrario?

No lo sé. Pero a mí me jode más que me traten de idiota.

Porque cuando tienes enfrente a alguien que hace cosas que no te gustan, alguien que no es de tu cuerda, te rebelas y exiges cambios. Pero cuando quienes lo hacen son de los tuyos, lo que provocan es disonancia cognitiva. Y la disonancia se resuelve casi siempre igual: justificando lo injustificable.

Como manifestarse contra el Gobierno siendo vicepresidenta de ese Gobierno. Yolanda Díaz, el 27 de septiembre, en la fiesta del PCE, apoyando la acampada de Sol contra los decretos de vivienda que su propio Gobierno no lograba sacar adelante:

«La derecha que se retrate votando y nosotros movilizándonos».

Obediencia

De la polarización a los soldados

Ya no es solo la polarización de la sociedad. Es la transformación de una sociedad en soldados acríticos y obedientes.

Y yo creía que, como sociedad, habíamos dejado claro en los juicios de Núremberg que la obediencia no puede estar por encima de la humanidad. Lo dice el Principio IV que la ONU formuló en 1950:

«El hecho de que una persona haya actuado en cumplimiento de una orden de su Gobierno o de un superior jerárquico no la exime de responsabilidad conforme al derecho internacional, si efectivamente ha tenido la posibilidad moral de opción». Principios de Núremberg, Comisión de Derecho Internacional de la ONU (1950).

Por mucho que sean los tuyos.

La superioridad moral

Los buenos por definición

El «que viene el Coco» funciona porque se apoya en una idea muy arraigada: la izquierda son los buenos. ¿De dónde sale?

1789

En la Asamblea francesa, los contrarios al veto del rey se sientan a la izquierda. Desde entonces, la izquierda se identifica con el «progreso».

Años 30

Gramsci teoriza la hegemonía cultural: ganar el sentido común antes que el poder.

1975-1982

En España, el antifranquismo da a la izquierda una legitimidad que, como escribió ABC, «valía para perdonar cualquier cosa». De los GAL a Filesa.

Lo reconoce hasta un autor de izquierdas, Ignacio Sánchez-Cuenca, en La superioridad moral de la izquierda (2018): «tener razón es muy difícil de gestionar». Y Andrés Trapiello lo resumió así: «La izquierda se considera moral y culturalmente superior a la derecha porque cree que la cultura es cosa de izquierdas».

La psicología también lo ha estudiado. Según Jonathan Haidt y sus colegas (2012), cuando se pide a la gente que adivine los valores morales del bando contrario, los progresistas son los que más se equivocan. Y un estudio con población española (2025) encontró que incluso las personas de derechas ven más morales las causas de izquierda.

Pero la historia no respalda esa superioridad. Las ideologías de extrema izquierda han sido tan culpables como las de extrema derecha de millones de muertes:

6-20M
Muertes bajo Stalin, según el historiador
15-55M
Muertes del Gran Salto Adelante de Mao
25%
De la población de Camboya, asesinada por los Jemeres Rojos

El nazismo exterminó a 6 millones de judíos y a millones de personas más. Ningún extremo tiene autoridad moral para dar lecciones.

¿Socialdemocracia?

Lo que se ha hecho en su nombre

Lo que más me molesta no es que la izquierda se crea superior. Es que se lo crea mientras gobierna en contra de los principios que dice defender. Algunos ejemplos de lo que la socialdemocracia clásica defendería y aquí no se ha hecho:

Vivienda pública. La vivienda social es el 1,2-2,5 % del parque en España. En Dinamarca, el 21 %.

Impuestos justos. El IRPF no se ajusta a la inflación: pagas más aunque tu sueldo real baje. En 2025, 2.300 millones extra, según la propia Hacienda.

Igualdad ante la ley. Amnistía a cambio de votos. El propio Tribunal Constitucional, aunque la avaló, anuló dos artículos por vulnerar la igualdad.

Solidaridad entre territorios. Perdón de 83.252 millones de deuda autonómica y «financiación singular» para Cataluña. Emiliano García-Page, del PSOE, la llamó «el mayor daño a la ideología del PSOE de su historia».

Instituciones neutrales. El CIS de Tezanos, exmiembro de la dirección del PSOE, sobreestimó a la izquierda en 41 de 42 elecciones. RTVE se cambió por decreto ley para nombrar a su consejo por mayoría simple, y Bruselas habla de «injerencia política».

Cuentas públicas. Ni un solo presupuesto en toda la legislatura.

Familias. La Ley de Familias, bloqueada en el Congreso desde 2024.

El rumbo

Ni Venezuela ni Dinamarca

Seamos justas con los datos: los tres grandes índices de calidad democrática (The Economist, V-Dem y Freedom House) siguen considerando a España una democracia plena. Venezuela es una autocracia. No somos Venezuela.

Pero la socialdemocracia que muchos votaban miraba a Dinamarca. Y allí, la socialdemócrata Mette Frederiksen gobierna con superávit (4,5 % del PIB), deuda por debajo del 30 % y una política migratoria tan estricta que en inmigración se ha alineado con Meloni frente a Sánchez.

Aquí: déficit, 2.389 millones de partidas del plan de fondos europeos reasignados a pagar pensiones y ni un solo presupuesto aprobado en toda la legislatura.

Nota: el Tribunal de Cuentas detectó en la Cuenta General del Estado de 2024 modificaciones presupuestarias por 2.389 millones que recortaron créditos del Plan de Recuperación para financiar clases pasivas y complementos a mínimos de pensiones. Cuestionó su justificación, pero no concluyó que hubiera un uso ilegal. Su presidenta y la Comisión Europea niegan que se usaran fondos europeos para pagar pensiones.

Mientras tanto, Bruselas le saca a España tarjeta amarilla por la corrupción, los ataques a los jueces, el bloqueo del CGPJ y la injerencia en RTVE.

No somos Venezuela. Pero cada año nos parecemos menos a Dinamarca.

Mi voto

Feminismo no vota traidores

En las municipales de 2023 fui a votar con una camiseta que decía: «mujer: hembra humana adulta». Ese era mi mensaje, aunque ninguna papeleta lo recogiera.

Camiseta negra con la definición mujer: hembra humana adulta, con la que fui a votar en 2023
Mi publicación en Instagram en mayo de 2023: con esta camiseta fui a votar.

Más de 100 colectivos feministas pidieron entonces no votar a PSOE, Podemos ni Sumar, con el lema #FeminismoNoVotaTraidores, por la ley del «solo sí es sí», la ley trans y la abolición de la prostitución que nunca llegó.

En las generales de julio, el feminismo que yo defiendo ni siquiera estaba en las papeletas. El Partido Feminista de España, de Lidia Falcón, uno de los partidos emblemáticos de la izquierda de nuestro país, había sido expulsado de Izquierda Unida en febrero de 2020: su Asamblea Político y Social lo aprobó con el 85 % de los votos. Oficialmente, por «mantener posiciones contrarias a las aprobadas en los órganos de IU». En la práctica, por ser crítico con la ley trans.

Es decir: la izquierda traicionó a uno de los partidos feministas más antiguos de España, fundado en 1977. A su presidenta, una mujer que fue detenida hasta siete veces y torturada durante el franquismo por defender la libertad, se la acabó tachando de «terf» (trans-exclusionary radical feminist, «feminista radical trans-excluyente», un término que se usa como insulto) y de «facha», e incluso fue denunciada por delito de odio. La Fiscalía archivó la denuncia: no era odio, era libertad de expresión.

Torturada por el franquismo. Expulsada por la izquierda.

Así que escribí en mi papeleta: «Feminismo no vota traidores».

Hace años que me desengañé de quienes, diciendo que estaban «de mi lado», gobernaron en mi contra. Lo conté en Demasiado feminista. Así que no: lo de «que viene el Coco» a mí hace muchos años que me caducó.

Prefiero luchar y criticar, como lo he hecho desde que empecé a hacer política, a quienes a priori están alejados ideológicamente de mí. Me preocupa más que me gobierne gente que quiere cargarse la separación de poderes o que intenta que el cuarto poder sea su altavoz político para las masas.

Para terminar

Huérfana de partido, no de valores

No sé qué voy a votar este 29N. Pero tengo meridianamente claro a quién no voy a votar.

Evidentemente, no votaré a quienes no comparten mi ideología. Pero menos aún a quienes pretenden utilizarme disfrazándose de lo que tengo claro que no son.

Si eres de los muchos decepcionados con tu partido, quizá la solución no es votar con la nariz tapada, sino buscar alternativas.

Votar con la nariz tapada: una figura roja con una pinza en la nariz mete la papeleta en una urna de la que sale mal olor

Igual toca votar en blanco, masivamente, para que de una vez llegue el mensaje a una clase política más interesada en el escaño que en nuestro bienestar.

Sé que el voto en blanco no deja escaños vacíos: cuenta como voto válido y solo complica la entrada a los partidos pequeños. Pero existe hasta un partido para eso: Escaños en Blanco. Nació en 2011 con una única propuesta: si obtiene escaños, los deja vacíos y renuncia a las subvenciones. Un asiento vacío en el Congreso es el mensaje más claro que se le puede mandar a quien solo quiere ocuparlo.

Prefiero criticar a quien está lejos de mí que vivir con la vergüenza de apoyar a quien me mea encima y me pide que diga qué bonita es la lluvia.

Si nada cambia… nada cambia.

— Nohemí Hervada

Elecciones en caliente

Elecciones en caliente

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Elecciones en caliente.

Sánchez convoca elecciones para el 29 de noviembre. No es casualidad que sea ahora: se legisló a golpe de lágrima y ahora se quiere que votemos igual.

Elecciones en caliente: un foco rojo ilumina una pequeña tienda de campaña mientras una pila de expedientes grises queda en la sombra

Este lunes, 5 de octubre, Pedro Sánchez anunció en una declaración institucional, sin preguntas, que convoca elecciones generales para el domingo 29 de noviembre. Tres días después de que el Congreso tumbara sus dos decretos de vivienda (178 votos contra 172 y 184 contra 166).

Sus palabras: «hay insatisfacción», «hemos cometido errores», «para hacer más necesitamos renovar y ampliar el apoyo de la gente».

Llevo tres posts hablando de esto: de cómo se señaló a quien votó no, de legislar a golpe de decreto y de qué es la política. Hoy toca unir los puntos.

La farsa no es convocar elecciones. La farsa es el momento y el marco.

El punto de partida

Un Gobierno que no ganó las elecciones

137
Escaños del PP en el 23J (2023): primera fuerza
121
Escaños del PSOE
179
Votos de la investidura, sumando a 7 partidos más

Sánchez fue investido en noviembre de 2023 con los votos de Sumar, ERC, Junts, Bildu, PNV, BNG y Coalición Canaria. Es legal, así funciona el parlamentarismo. Pero tuvo un precio, y lo pagó con partidos con los que había prometido no pactar, incluidos partidos de derechas como Junts, PNV o CC:

Junts: ley de amnistía para los condenados del procés.

ERC: condonación de 15.000 millones de deuda y el traspaso de Rodalies.

PNV: traspasos, entre ellos la gestión de la Seguridad Social.

Coalición Canaria: inversiones y 100 millones para La Palma.

Lo que decía antes:

2015

«Con Bildu no vamos a pactar. Si quiere, lo digo cinco veces o veinte».

2019

«Ni yo ni el 95 % de los españoles dormiría tranquilo con Podemos en el Gobierno».

2022-2023

La amnistía «no entra dentro de la Constitución».

¿Y Bildu? No hay pruebas de un pago. Pero hay datos:

En 2021, la competencia de prisiones pasó al Gobierno vasco.

En marzo de 2023 se acabó la dispersión: todos los presos de ETA, en cárceles vascas o navarras.

Hoy, 73 de los 112 presos de ETA están en tercer grado o en régimen flexible (datos de Sare, la red de apoyo a los presos).

Las grabaciones de Koldo García apuntan a contactos de Santos Cerdán con Bildu en Navarra que nadie ha explicado.

Nota: la relación entre el apoyo de Bildu y la política penitenciaria es una sospecha política, no un hecho probado. El Gobierno siempre lo ha negado. Ahí quedan los datos.

Sin mayoría

Ni un solo presupuesto

La investidura le dio el cargo. No le dio una mayoría para gobernar. La prueba: en toda la legislatura no ha aprobado ni un solo presupuesto. Seguimos con los de 2023, prorrogados en 2024, 2025 y 2026. El plazo para presentar los de 2027 venció el 30 de septiembre sin que los presentara.

¿Cómo se gobierna sin presupuestos y sin mayoría? Por decreto.

196
Decretos ley de Sánchez desde 2018
129
Los de Felipe González, en 14 años
10
Decretos tumbados por el Congreso en esta legislatura
El relato

El caso Maricarmen y el decreto exprés

María del Carmen Abascal, 87 años, vivía en un piso de renta antigua del Retiro (Madrid), con un contrato de 1956. La desahuciaron el 23 de septiembre. Las imágenes, sacándola en camilla, dieron la vuelta a España.

Ese mismo día, desde Nueva York, Sánchez dijo: «Si hubiéramos convalidado el decreto ley, no se habría producido este desahucio».

Lo que no se contó tanto:

El edificio no lo compró un fondo buitre, sino Urbagestión, una microempresa de 7 empleados que se define como «una sencilla pyme».

El desahucio era legal y lo avaló el Supremo en marzo de 2026: según la ley de alquileres de 1994 (aprobada por un Gobierno socialista), la subrogación del contrato se extinguió en 2007.

La propia Maricarmen dijo en RTVE, horas antes, que Sánchez «no se entera o no quiere enterarse» de los desahucios que hay cada día.

Y con la emoción a flor de piel, el Gobierno aprobó dos decretos a toda prisa. Al presentarlos, la propia ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, reconoció: «Tengo un cacao». El Congreso los tumbó.

«No va a haber más desahucios en España cuando haya un Gobierno socialista. Ese va a ser mi compromiso». Pedro Sánchez, 2015.

Lo dijo más de una vez. Míralo en vídeo.

272.417
Desahucios desde junio de 2018 (CGPJ)
+74%
Precio de compra de vivienda (2018-2026)
+23%
Salarios en el mismo periodo

El alquiler ha subido un 45 % en esos ocho años y la inflación, un 27 %. Tres años después de la Ley de Vivienda de 2023, el alquiler ha subido un 30,7 % y la oferta ha caído un 69 % en Barcelona. Y en 2019 el propio Sánchez rechazaba las medidas de Podemos sobre alquiler por «intervencionismo».

¿Quién es un buitre?

Depende de lo cerca que estés del Gobierno

El relato es sencillo: quien vota sí está con el derecho a la vivienda; quien vota no, con los fondos buitre. Pero los datos dicen otra cosa:

Más del 90 % del alquiler en España es de personas físicas. Las empresas tienen el 8 % (Banco de España).

Muchas de esas personas alquilan un segundo piso para completar ingresos escasos, asegurarse la jubilación o guardarlo para sus hijos. Y se les llama buitres.

Mientras tanto, en el partido que reparte el calificativo:

23 de los 121 diputados del PSOE tienen 3 o más inmuebles, y 17 declaran ingresos por alquiler.

La diputada Mercè Perea tiene 13 inmuebles y cobra 18.041 € al año de alquileres.

El ministro Félix Bolaños, 11.797 €. Pedro Sánchez, 12.845 €.

Y la escena de la semana: El Gran Wyoming, que ha reconocido tener 19 pisos («he ganado mucho dinero y lo invierto en lo que quiero»), entrevistando en El Intermedio a la portavoz del Sindicato de Inquilinas sobre lo mal que está especular con la vivienda.

Ser buitre no depende de cuántas casas tengas, sino de lo cerca que estés del partido.

La indignación

Es real, pero no es la que te cuentan

Es cierto que la sociedad está indignada. Pero no hablo de la pretendida secuela del 15M acampada en la Puerta del Sol. Hablo de un hartazgo general que viene de lejos.

En noviembre de 2023, cuando se creó el Ministerio de Vivienda, la vivienda era el 12.º problema de los españoles para el CIS. Desde diciembre de 2024 es el primero, y llegó a su récord en febrero de 2026: 42,8 %. No es un problema que este Gobierno heredara. Es un problema que ha empeorado con él, también por medidas que espantan al pequeño propietario: alargar los desahucios de inquilinos que no pagan (la deuda media del moroso subió a 8.489 € en 2025) o el riesgo de cometer coacciones si le cortas los suministros, aunque los sigas pagando tú.

Pero no es solo la vivienda:

Poder adquisitivo: la inflación de septiembre es del 4,9 %, la más alta desde 2023. La cesta de la compra cuesta un 40 % más que en 2021. La gasolina, a 1,83 €/L. Y los salarios reales siguen un 2 % por debajo de 2021 (OCDE).

Sanidad: 853.740 pacientes esperando una operación, un récord, con 122 días de espera media. Solo el 21,8 % consigue cita con su médico de familia en 24-48 horas.

Educación: PISA 2025 da los peores resultados de la serie: lectura 451 (−23 puntos) y matemáticas 457 (−16).

Seguridad: el total de delitos se mantiene, pero suben los violentos: homicidios +7,7 % en 2025; delitos sexuales +4 % y riñas +10 % en el primer semestre de 2026.

Servicios públicos

«A la cabeza del mundo»

En noviembre de 2025, el ministro de Transportes, Óscar Puente, anunciaba trenes a 350 km/h para «mantener a la alta velocidad española a la cabeza del mundo».

Dos meses después, el 18 de enero de 2026, un Iryo descarriló en Adamuz (Córdoba) y chocó con un Alvia: 46 muertos y 292 heridos, el peor accidente ferroviario desde 2013. Lo que se sabe:

Un carril se rompió 40 cm por una soldadura defectuosa.

El sistema que debía alertar de la rotura estaba mal ajustado, y los inspectores no tenían la experiencia exigida (informe de la Guardia Civil).

El sindicato de maquinistas había avisado en agosto de 2025 del desgaste de la vía.

Adif dedica el 84 % de su presupuesto a obra nueva y solo el 16 % a mantenimiento.

Según el ministro, la vía estaba «supuestamente en perfecto estado». Dos días después, en Gelida, un tren de Cercanías chocó con un muro caído sobre la vía: un maquinista en prácticas muerto. Y en agosto, el mejor mes del año, solo el 52,9 % de los trenes de Rodalies llegó a su hora.

Un ministerio cuyo anterior titular cumple 24 años de cárcel.

Las víctimas

Los que se quedan sin foto

La Palma: cinco años después del volcán, cientos de familias siguen en módulos y caravanas. No se ha terminado ninguna vivienda pública y faltan 250 millones por repartir.

DANA: 233 muertos. Nueve meses después, el Estado había pagado solo el 15 % de sus ayudas directas.

Ceuta: en julio, decenas de miles de inmigrantes entraron en 48 horas, con los centros de menores al 1.600 %. El presidente de la ciudad dijo que el Gobierno «no entendía la dimensión».

Incendios: 2025 fue el peor año desde 2006, y 2026 ya roza las 300.000 hectáreas, el triple de la media.

Por qué ahora

El foco y la sombra

Si estas elecciones se hubieran convocado hace un mes, la campaña habría girado en torno a esto:

José Luis Ábalos, exministro de Transportes: condenado por el Supremo a 24 años y 3 meses de prisión. Koldo García, a casi 20.

Santos Cerdán, ex número tres del PSOE: estuvo en prisión provisional y sigue investigado.

El fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz: condenado por revelación de datos reservados.

El hermano del presidente: condenado en primera instancia a 9 años de inhabilitación.

La mujer del presidente: enviada a juicio con jurado por tráfico de influencias y malversación.

El PSOE: la Audiencia Nacional investiga sus pagos en metálico, y Anticorrupción estudia pedir su imputación como partido en el caso de las «cloacas» de Leire Díez.

Hoy todo eso se apaga bajo el foco de luz intensa que ilumina a un grupo de enfadados acampados en la Puerta del Sol, gritando consignas con poca verdad y mucha demagogia.

Trabajan más los spin doctors que los ministros. Se emplean más recursos en crear y difundir el relato que en hacer política.

Y así, del mismo modo que se legisla en caliente, a golpe de lágrima, se quiere que votemos en caliente. Aprovechando una ola de indignación por un problema real, la falta de oferta de vivienda, sobre todo en las zonas tensionadas, como si estas elecciones fueran un referéndum: o le votas a él, o estás con los que votaron no a los decretos. Es el viejo «que viene la ultraderecha», y por qué a mí ya no me funciona lo cuento en ¿Que viene el Coco?

Para terminar

No es un referéndum. Es un balance.

No es un 15M. Es una clase media que paga más por todo, espera más para todo y recibe menos de todo. Y a esa indignación no se la apaga con un decreto en caliente ni con una campaña de siete semanas.

El 29 de noviembre no se vota si estás a favor o en contra del derecho a la vivienda. Se vota la gestión de ocho años.

Antes de votar, enfría la cabeza. Y mira los datos, no la foto.

— Nohemí Hervada

Decretos de vivienda: legislar a golpe de decreto

Decretos de vivienda: legislar a golpe de decreto

Vivienda · Decretos · Sin filtros

Legislar a golpe de decreto.

Ayer hablé de las formas: las amenazas a quien votaba no. Hoy toca el fondo: qué se votó, cómo se hizo y qué dicen los datos.

Decretos de vivienda: una pila de decretos sobre una casa pequeña con la puerta en rojo

En la primera parte conté cómo se trató en el Congreso a quienes votaron en contra de los decretos ley de vivienda. Pero quedarse ahí sería hacer lo mismo que critico: hablar del ruido y no del contenido.

Así que hoy la pregunta es otra: ¿eran buenos esos decretos? Y, sobre todo, ¿es así como se debe legislar sobre el problema que más preocupa a los españoles?

Lo que se votó

Qué decían los decretos

Eran dos reales decretos ley, aprobados en el Consejo de Ministros el 29 de septiembre:

  • El primero (RDL 26/2026) prorrogaba los contratos de alquiler, limitaba las subidas anuales al 2 %, suspendía desahucios de personas vulnerables hasta 2030 e incluía medidas contra los fondos de inversión.
  • El segundo (RDL 27/2026) establecía la prórroga automática de los contratos: el propietario tendría que justificar por qué no renueva y, en algunos casos, indemnizar al inquilino.

Proteger a quien está a punto de perder su casa es un objetivo que casi nadie discute. El debate no es el qué, sino el cómo. Y el cómo empieza por la herramienta elegida.

La herramienta

La excepción convertida en costumbre

La Constitución reserva el decreto ley para casos de "extraordinaria y urgente necesidad" (artículo 86). Es una vía rápida: el Gobierno aprueba la norma, entra en vigor al día siguiente y el Congreso solo puede convalidarla o tumbarla, sin cambiar una coma.

196
Decretos ley de Pedro Sánchez desde junio de 2018
107
Los que firmó Mariano Rajoy en casi siete años
53/37
Decretos ley frente a leyes ordinarias en esta legislatura
  • Felipe González firmó 129 en catorce años. Aznar, 127. Zapatero, 108.
  • En esta legislatura (desde noviembre de 2023) se han aprobado 37 leyes por la vía ordinaria, con presentación, debate y enmiendas: 9 orgánicas y 28 ordinarias, según el registro del Senado. En el mismo periodo, el Gobierno ha aprobado 53 decretos ley. Más decretos que leyes.
  • Y la tendencia va a más: en el último curso político (2025-2026) salieron adelante 10 leyes y 21 decretos ley convalidados. Por cada ley debatida, dos decretos.
  • De esos 53 decretos, el Congreso ha tumbado 10, 8 de ellos solo en 2026.
  • Cuando un Gobierno no tiene mayoría para aprobar leyes, el decreto se convierte en atajo: se aprueba primero y se negocia después, o no se negocia.
  • Y cuando se gobierna así, el Parlamento deja de ser el lugar donde se construyen las leyes y pasa a ser el lugar donde se aceptan o se rechazan en bloque.

Un decreto ley no se debate. Se acepta o se tumba. Y por eso exige más rigor, no menos.

Lo que está en juego

Tres poderes, no uno

Esto no es un tecnicismo jurídico. Va al corazón de lo que hace que una democracia lo sea. Montesquieu lo resumió hace casi tres siglos: para que nadie abuse del poder, el poder tiene que frenar al poder. Por eso se reparte en tres:

  • El legislativo (las Cortes) hace las leyes. Es donde están representados todos los ciudadanos, también los que no votaron al Gobierno (artículo 66 de la Constitución).
  • El ejecutivo (el Gobierno) gobierna y aplica esas leyes (artículo 97).
  • El judicial (jueces y tribunales) resuelve los conflictos aplicando la ley. Y la Constitución le reserva en exclusiva "juzgar y hacer ejecutar lo juzgado" (artículo 117.3).

Cada uno tiene su terreno. Y cada uno vigila a los otros dos. El equilibrio se rompe en cuanto uno de ellos empieza a ocupar el terreno de los demás.

Primer paso: el Gobierno legisla. Cuando el decreto ley deja de ser la excepción y se convierte en la forma normal de gobernar, el ejecutivo hace el trabajo del legislativo. El Parlamento ya no construye las leyes: solo puede decir sí o no a lo que le llega cerrado. Y cuando dice no, como el viernes, a sus diputados se les señala con nombre y apellidos.

Segundo paso: se esquiva al juez. Un desahucio no es una decisión del propietario. Es el final de un proceso judicial, con sus plazos, sus garantías y su derecho a defensa, que termina en una sentencia. La Constitución dice que es "obligado cumplir las sentencias firmes" (artículo 118). Cuando, como pasó con el caso de Maricarmen o como se pide en estos decretos, se pretende dejar sin efecto la ejecución de una sentencia por decisión política, el mensaje es muy claro: lo que diga un juez vale hasta que al Gobierno le conviene que no valga.

Proteger a una persona vulnerable es una obligación de los poderes públicos. Pero la forma de hacerlo en un Estado de derecho es que el Estado le dé una alternativa: una vivienda social, una ayuda, un realojo. No es suspender la sentencia y trasladar el coste a un particular que hizo exactamente lo que la ley le permitía: acudir a un juez.

  • Si el Gobierno hace las leyes, sobra el Parlamento.
  • Si el Gobierno decide qué sentencias se cumplen, sobran los jueces.
  • Y si sobran los dos, lo que queda se sigue llamando democracia, pero ya no funciona como tal.

La separación de poderes no es un trámite. Es lo único que te protege cuando el que gobierna no es de los tuyos.

La prisa

Cuatro días para ocho años

29 sep

El Consejo de Ministros aprueba los dos decretos. En la rueda de prensa, la ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, busca entre sus papeles para explicar qué se ha aprobado: "Tengo un cacao". Y añade: "Tengo que revisar la última versión, que no la tengo aquí".

29 sep - 1 oct

Negociación a contrarreloj con los socios. El texto incluye una disposición que deja a salvo la normativa propia de Cataluña, leída como un guiño a Junts.

1 oct, medianoche

Junts anuncia que votará no.

2 oct

PSOE y Sumar piden votar a viva voz. Los dos decretos caen: 172 a 178 y 166 a 184.

Los decretos se presentaron como una respuesta urgente. Pero la vivienda no se ha convertido en un problema esta semana. El propio Gobierno lleva ocho años en el poder, y en ese tiempo:

  • Se han producido 272.417 desahucios (datos del Consejo General del Poder Judicial desde junio de 2018). Unos 191.000 por impago del alquiler.
  • Se aprobó una Ley de Vivienda en 2023, con topes al alquiler en zonas tensionadas. Tres años después, el Gobierno necesitaba dos decretos de urgencia.
  • La vivienda social ha pasado del 2,5 % al 3,4 % del total, según la propia ministra. La media de la Unión Europea está muy lejos: harían falta 1,2 millones de viviendas sociales más para alcanzarla.

Ocho años para el problema. Cuatro días para la solución.

La hemeroteca

Lo que decía el PSOE

Hay algo que llama la atención en estos decretos: algunas de sus medidas son justo las que el PSOE rechazaba hace poco.

  • En febrero de 2021, el entonces ministro con las competencias de vivienda, José Luis Ábalos, rechazaba intervenir los precios del alquiler: "El PSOE prefiere promover que no imponer".
  • Y defendía que la vivienda "es un derecho, pero también es un bien de mercado" que genera actividad económica y necesita seguridad jurídica.
  • Cinco años después, el mismo partido firma la prórroga automática de los contratos y un tope del 2 % a las subidas.

Cambiar de opinión es legítimo. Lo que no es legítimo es no explicar por qué, y menos aún llamar "rentista" o "vendido a los buitres" a quien hoy defiende lo que tú defendías ayer.

Los expertos

Lo que nadie quiso escuchar

No hace falta ir a los economistas de un partido. Las advertencias venían de instituciones sin bandera:

  • El Banco de España (Informe Anual, junio de 2026): los controles de precios son "especialmente eficaces a corto plazo", pero sus beneficios se compensan con "pérdidas de bienestar a medio y largo plazo". Y avisa de un efecto concreto: en 2024, los contratos nuevos ya entraban un 16,5 % más caros que la media de los existentes. Cuando se congela lo que ya está alquilado, lo paga el siguiente inquilino.
  • José García Montalvo, catedrático de Economía: la prórroga automática "genera una situación de inseguridad jurídica" que perjudica a la oferta que hace falta.
  • Arantxa Goenaga, abogada especialista en derecho inmobiliario: el decreto "traslada al propietario una función que corresponde al Estado".

Nota: también hay expertos que defienden las regulaciones de precios, sobre todo como medida temporal mientras se construye vivienda. El problema no es que haya debate. Es que un decreto ley no deja espacio para tenerlo.

Lo que ya se ha probado

Mirar fuera de casa

Ninguna de estas medidas es nueva. Se han aplicado en otros sitios, y los resultados están ahí para quien quiera mirarlos:

  • Cataluña (2024-2026). Los topes en zonas tensionadas han frenado los precios: según el Incasòl, en Barcelona el alquiler ha bajado un 3,3 % desde 2024. Pero, según un estudio de Fedea, los anuncios de alquiler cayeron un 22 % en Barcelona, frente al 7 % fuera de Cataluña. Los pisos que se alquilan son más pequeños, y cada anuncio recibe 462 contactos, 4,5 veces más que en Madrid. Más barato, sí. Para quien lo consigue.
  • Berlín (2020-2021). Congeló los alquileres por ley. El Tribunal Constitucional alemán la anuló, y los precios repuntaron nada más caer.
  • Viena. El modelo que todos citan. Funciona, pero no por topar precios: lleva un siglo construyendo vivienda pública, y hoy cerca de la mitad de la población vive en vivienda subvencionada. Eso no se hace con un decreto en cuatro días.
  • Un estudio de 16 países durante más de un siglo (Kholodilin y Kohl, 2023) concluye que la regulación más restrictiva del alquiler se asocia con menos inversión y menos vivienda construida.

Los países que mejoran el acceso a la vivienda no son los que más prohíben. Son los que más construyen.

Los primeros días

Lo que pasó en 72 horas

Entre el 28 y el 30 de septiembre, según el Observatorio del Alquiler, desaparecieron de los portales 4.290 viviendas más de lo esperado por la tendencia previa. Las mayores caídas, en el País Vasco, Cataluña y Canarias. El propio Observatorio lo calificó de "inusual por su intensidad y rapidez".

Nota: el Observatorio advierte de que sus datos "no permiten aún atribuir la totalidad de esta reducción" a los decretos. Idealista dice no tener constancia, por ahora, de una caída así, y Maldita.es no ha podido verificarlo. Por eso el dato que importa no es el de tres días, sino el de Cataluña tras dos años de topes: un 22 % menos de oferta.

El extremo

Cuando la medida se lleva al límite

El debate en España no se queda en los topes. El 26 de septiembre, Irene Montero e Ione Belarra (Podemos) pidieron expropiar 650.000 viviendas de fondos para destinarlas a alquiler social. Montero insistió el 3 de octubre: que se haga por decreto, antes de convocar elecciones.

No hace falta imaginar adónde llevan estas ideas cuando se aplican hasta el final. Hay países que lo hicieron, y estos son sus datos:

  • Argentina (2020-2023). La Ley de Alquileres del Gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner alargó los contratos a tres años y fijó las subidas por índice. La oferta se hundió. Tras su derogación en diciembre de 2023, la oferta creció en torno a un 150 %, según el Colegio de Corredores Inmobiliarios, y el precio de los pisos anunciados en Buenos Aires bajó un 32 % en términos reales. Matiz: lo que pagan quienes ya tenían contrato subió, según el INDEC. Bajó lo nuevo, no todo.
  • Venezuela (2011). La ley de alquileres de Chávez congeló precios, blindó a los inquilinos y vino acompañada de expropiaciones. Quince años después, en julio de 2026, el presidente del Parlamento chavista, Jorge Rodríguez, reconoció que la ley es "muy regresiva" y que unas 200.000 viviendas siguen vacías porque sus dueños tienen miedo a alquilar. No lo dice la oposición. Lo dice el régimen.
  • Cuba (1960). La Ley de Reforma Urbana confiscó las viviendas (cada familia podía conservar una) y prohibió vender y alquilar. Resultado oficial: un déficit de 883.050 viviendas (el 22,5 % del parque, 2017) y un 59 % de casas en estado regular o malo. No se volvió a permitir comprar y vender hasta 2011.

¿Significa esto que un tope al alquiler lleva inevitablemente a Cuba? No. Alemania, Países Bajos o Austria regulan sus alquileres y no expropian. Y la pobreza de Cuba o Venezuela tiene muchas más causas que su política de vivienda.

Pero todos estos casos enseñan lo mismo: cuando el propietario deja de confiar, el piso no pasa al inquilino. Desaparece del mercado.

Puedes obligar a alguien a no subir el alquiler. No puedes obligarle a alquilar.

La factura

¿A costa de quién?

El relato de estos días ha sido sencillo: inquilinos frente a fondos buitre. Pero los datos dibujan otro mapa:

  • Según el Banco de España, en torno al 92 % de las viviendas en alquiler pertenece a particulares. Los grandes tenedores rondan el 8 %.
  • El propio Ministerio de Consumo (con datos fiscales, 2023) matiza que el 61 % del alquiler está en manos de propietarios con más de una vivienda y de empresas. Pero el 39 % es de personas que alquilan un solo piso.
  • Es decir: el decreto no recaía solo en un fondo de Nueva York. Recaía también en la jubilada que alquila el piso de su madre o en la familia que lo compró como complemento de una pensión que no le llega.

Y aquí está, para mí, el fondo del problema. Se legisla para proteger a un grupo trasladando el coste a otro, en vez de asumirlo el Estado con vivienda pública. Se le pide a quien ya paga impuestos, IBI, comunidad y derramas que haga además de servicio social, sin compensación.

El resultado es previsible: quien puede, retira su piso del mercado. Hay menos oferta, los precios de los contratos nuevos suben y el problema que se quería resolver se agrava para el siguiente que busca casa. Un sistema que exprime a quien lo sostiene acaba volviéndose contra sí mismo.

  • Si la vivienda es la gran urgencia del país, ¿por qué se legisla con prisas y no con un pacto de Estado?
  • ¿Por qué se ignoran los avisos del Banco de España y la experiencia de Cataluña o de Berlín?
  • ¿Es justo que el coste de una política social lo paguen particulares y no el Estado?
  • ¿Y quién protege al inquilino que mañana no encuentre ningún piso que alquilar?
Para terminar

Lo urgente y lo importante

Nadie discute que hay personas que lo están pasando muy mal para pagar un techo. Precisamente por eso, merecen leyes pensadas, no improvisadas.

  • Leyes que se debatan y se puedan mejorar, no decretos que se aceptan o se tumban en bloque.
  • Leyes que escuchen a los expertos, también a los que incomodan.
  • Leyes que miren qué ha funcionado fuera antes de repetir lo que ha fallado.
  • Y leyes que no resuelvan el problema de unos creando el de otros.

La semana que viene publico un artículo sobre por qué tanta gente dice "no me interesa la política". Después de estos dos días, ya te imaginas por dónde va.

Gobernar a golpe de decreto es fácil. Lo difícil es que funcione.

— Nohemí Hervada

Qué es la política

Qué es la política

Política · Sesgos · Sin filtros

Apolítica, decía yo.

Durante años presumí de que no me interesaba la política. Hasta que una amiga me desmontó el discurso con una sola frase y entendí qué es la política de verdad.

Qué es la política: un hemiciclo de puntos grises partido en dos y un punto rojo fuera

Lo he dicho muchas veces. "A mí no me interesa la política." "Yo soy apolítica." Lo decía con cierto orgullo, como quien se mantiene limpia en medio del barro.

Hasta que un día una amiga me miró y me dijo:

"Tú eres la persona más política que conozco."

Me quedé callada. Y tenía razón.

  • No estaba afiliada a ningún partido. No era militante ni partidista.
  • Pero llevaba años hablando, divulgando y peleando a mi manera por lo público. Desde donde podía hacer algo o influir en alguien.

Ese día entendí que había confundido dos cosas. Y que no era la única. Así que vamos al principio: qué es la política y por qué casi todos la confundimos con otra cosa.

La palabra

Qué significa política

El diccionario de la RAE da varias acepciones. Dos importan aquí:

  • "Actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos." Es la que todos tenemos en la cabeza: gobiernos, partidos, escaños.
  • "Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos." Es la que hemos olvidado. Y es la tuya.

La palabra viene del griego polis, la ciudad. De ahí politikós: lo que tiene que ver con los ciudadanos y con lo común. Pasó al latín como politicus y en castellano ya aparece en el siglo XIII, con Alfonso X. Nebrija, en 1495, definía "político" como "cosa de ciudad".

  • Aristóteles escribió que el ser humano es un "animal político": no podemos vivir solos, vivimos en comunidad, y esa comunidad hay que organizarla.
  • Pericles, según el historiador Tucídides, lo dijo más claro hace 2.400 años: a quien no se ocupa de los asuntos públicos no lo consideramos un hombre tranquilo, sino un inútil.

Nota: circula mucho que en Grecia "idiota" era quien no se interesaba por la política. No es exacto. Idiōtēs significaba "particular", "persona privada" o "lego". El sentido despectivo llegó después.

La política no es un oficio. Es una condición.

Explicar, pedir, aportar, exigir, quejarse, contribuir. Todo lo que haces y afecta a la vida en sociedad es política. Aunque no lleves carné.

El malentendido

Política, partidismo y activismo

Hoy, cuando alguien dice "política", casi nadie piensa en lo común. Piensa en partidos, tertulias y broncas en el Congreso. Hemos fundido en una sola palabra tres cosas distintas:

  • Política: ocuparse de lo que nos afecta a todos. Gestionar lo público.
  • Partidismo: poner unas siglas por encima de lo común. Defender a "los míos" hagan lo que hagan.
  • Activismo: luchar por una causa concreta. La ecología, los animales, la igualdad.

El politólogo Mariano Torcal lo llama "megaidentidad partidista": el partido ya no es una opción de voto, es una identidad. Decide qué consumes, qué medios lees y con quién te tomas un café.

Y la militancia sectaria es, paradójicamente, más partidista que política. Porque cuando lo importante es que gane tu equipo, el bien común pasa a segundo plano.

El activismo cautivo

Causas de todos, con dueño

El activismo, en principio, debería estar por encima de los colores. Que no se contamine el agua, que no se maltrate a un perro o que una mujer cobre lo mismo que un hombre no es de izquierdas ni de derechas.

Pero el patrón se repite:

  • El activismo se acerca a los partidos para que se oigan sus demandas.
  • Los partidos le regalan los oídos, adoptan la causa y la incorporan a su agenda.
  • Y poco a poco mueven la reivindicación hacia sus intereses. La causa deja de ser de todos y pasa a ser "de los nuestros".

El feminismo es el ejemplo más claro.

  • La autodeterminación de género, lo que muchos llaman ideología de género, entró en las agendas de partidos de distinto color. En Madrid la aprobó el PP de Cifuentes en 2016. En Canarias, la ley trans de 2021 salió por unanimidad: PP incluido. A nivel nacional, en 2023, el PP votó en contra. Misma ley, distinto voto según dónde y cuándo.
  • Eso demuestra que no hay directrices ideológicas claras. O que, cuando interesa, se las saltan.
  • El resultado fue una fractura dentro del propio feminismo. Carmen Calvo, exvicepresidenta socialista, se abstuvo en la votación y su partido la multó por romper la disciplina de voto.
  • Ese año, el 8M llegó con manifestaciones separadas. El feminismo que reivindicaba los derechos de las mujeres por razón de sexo quedó apartado del relato oficial.

No es solo el feminismo. La Ley de Bienestar Animal de 2023 salió adelante excluyendo a los perros de caza por una enmienda del PSOE, contra el criterio de las asociaciones animalistas. La causa se ajustó al mapa electoral.

Quien paga, manda

Hay un segundo mecanismo, más silencioso: el dinero.

  • Muchas asociaciones se financian, en buena parte, con subvenciones públicas.
  • Ejemplo: en 2022, el Ministerio de Igualdad repartió 1,6 millones de euros entre asociaciones feministas.
  • Y no es cosa de un solo color: las fundaciones de PP y PSOE, como FAES o la Fundación Pablo Iglesias, llevan años recibiendo dinero público.

Cuando tu supervivencia depende de la subvención, morder la mano que te da de comer sale caro. Así se crean redes clientelares en las que el activismo acaba al servicio del amo.

Hay excepciones que demuestran que se puede hacer de otra manera. Médicos Sin Fronteras España se financia en más de un 99 % con fondos privados, sobre todo cuotas de socios. Y en 2016 renunció al dinero de la UE y de sus gobiernos para poder criticarlos. Esa independencia no se regala: se paga con socios.

Un activismo que vive del poder difícilmente va a vigilar al poder.

Los datos

¿Nos interesa o no?

90%
De los españoles desconfía de los partidos (Eurobarómetro 2023)
3,5%
Está afiliado a un partido político (CIS, 2024)
54,5%
Dice que le interesa mucho o bastante la política (CIS, 2024)

Este último dato hay que mirarlo con lupa. Por dos motivos:

  • Viene del CIS. Su presidente, José Félix Tezanos, fue secretario de Estudios y Programas del PSOE hasta su nombramiento en 2018. Desde entonces, el CIS ha sobrestimado al bloque de izquierda en 41 de las 42 elecciones celebradas, según un análisis de El País. Con ese historial, cualquier cifra del CIS pide contraste.
  • No cuadra con la serie histórica. En 2010, la Encuesta Social Europea situaba a España en la cola de Europa: solo el 28 % se declaraba muy o bastante interesado por la política, frente al 58 % de Alemania. En 2012, con la crisis y el 15M, el interés subió hasta cerca del 35 %.

¿Ha crecido el interés en esta década? Probablemente sí: crisis, 15M, nuevos partidos, pandemia. Pero pasar del 35 % a más de la mitad es un salto que conviene contrastar con encuestas independientes antes de darlo por bueno.

Nota: las cifras de 2010 y 2012 y la de 2024 proceden de encuestas distintas, con preguntas y escalas que no son idénticas. No son comparables al milímetro, pero sí marcan la tendencia.

Y aun así, el dato más revelador no es cuánto nos interesa la política. Es esto: nos interesa más lo público que los partidos. Lo que hay en España no es desinterés. Es desafección.

  • Cuando el CIS pregunta por qué la gente no participa, las respuestas son falta de interés, falta de tiempo y no sentirse preparado.
  • Pero dos de cada tres de los que no participaron lo habrían hecho si hubieran conocido la iniciativa.

Ganas hay. Lo que falta es confianza.

Y aquí está la pregunta que dejo para la segunda parte. Si lo público sí nos importa, ¿qué han hecho los partidos con nuestro desencanto?

Spoiler: no ha sido intentar recuperarnos. Ha sido enfadarnos.

Para terminar

Política, sin carné

Desentenderse de la política no te deja fuera de ella. Solo te deja sin voz, mientras otros deciden por ti.

Max Weber definió el Estado como quien tiene el monopolio del uso legítimo de la fuerza. Es decir: el Estado decide, obliga y sanciona. Y puede usar ese poder para protegerte o contra ti.

Preocuparte de cómo se usa ese poder no es partidismo. Es política.

No me interesaba la política. Hasta que entendí que la política decide sobre mi vida, mi bienestar, mi presente y mi futuro. Que me importe eso no me hace partidista. Me hace ciudadana.

— Nohemí Hervada

Polarización política en España

Polarización política en España

Política · Crispación · Sin filtros

Un enemigo en vez de un proyecto.

La polarización política en España no nace en la calle. La fabrican quienes prefieren tenerte enfadado antes que convencido.

Polarización política en España: dos bloques de puntos grises enfrentados y un punto rojo en medio

En la primera parte contaba cómo pasé de decir "soy apolítica" a entender que la política es ocuparse de lo común, no llevar un carné.

Y los datos decían algo importante: en España no hay desinterés por lo público. Hay desafección. El 90 % desconfía de los partidos.

Hoy toca la otra cara: qué ha hecho la clase política con ese desencanto. Y sobre todo, por qué hablamos tanto de polarización política en España cuando, como verás, la mayoría no vivimos en una trinchera.

La función olvidada

Gestionar lo público o perpetuarse

La función de un político es sencilla de enunciar: gestionar lo público y mejorar el bienestar de la población. No es mantenerse en el poder a toda costa. No es usarlo en beneficio propio.

El problema está estudiado desde hace más de un siglo, y por autores de todos los colores:

Max Weber (1919) distinguía entre quien vive para la política y quien vive de la política. El segundo necesita, ante todo, seguir en el cargo.

Robert Michels (1911), sociólogo que había militado en el socialismo alemán, formuló la "ley de hierro de la oligarquía": toda organización, por democrática que nazca, acaba sirviendo a quienes la dirigen.

James Buchanan, premio Nobel y referente liberal, lo resumió así: los políticos no son ángeles. Responden a sus propios incentivos, como todos. Y el primero es ser reelegidos.

La ciudadanía lo percibe. En el barómetro del CIS de septiembre, "el Gobierno y partidos o políticos concretos" es el primer problema del país para el 15,4 % de los encuestados. Los políticos ya no se perciben como quienes resuelven los problemas, sino como uno de ellos.

La estrategia

Dibujar un enemigo

Y aquí viene lo grave. Si a una población desencantada ya no la movilizan los proyectos, ¿qué la saca de casa para votar?

La respuesta que han encontrado los partidos es tan vieja como eficaz: darle un enemigo.

Carl Schmitt, jurista conservador, definió la política como la distinción entre amigo y enemigo.

Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, teóricos de la izquierda, propusieron construir un "ellos" para crear un "nosotros". Fue la base intelectual del primer Podemos.

El politólogo Steven Webster lo midió en Estados Unidos: la ira moviliza más que la adhesión. Cada vez más gente no vota a favor de alguien. Vota contra alguien.

En España lo hemos visto en todos los colores:

"La casta", de Podemos.

El "muro" frente a la derecha, de Pedro Sánchez en su investidura de 2023. Hoy se repite como "si no nos votas, viene la ultraderecha": lo desmonto en ¿Que viene el Coco?

La "anti-España", de Vox.

"Que te vote Txapote", nacido en el entorno de Vox y amplificado por políticos de PP y Vox.

Y el último capítulo: "quien vote no a los decretos de vivienda está con los fondos buitre", con votación a viva voz para que cada diputado se retratara. Lo conté en El que vota no también es diputado.

Y hay un atajo todavía más barato que el eslogan: la etiqueta. Hoy, quien no está de acuerdo con el Gobierno es "facha". Cuando no, directamente "nazi".

Ceuta, la ciudad de las cuatro culturas, donde cristianos, musulmanes, judíos e hindúes llevan décadas conviviendo. Cuando sus vecinos salieron a la calle a pedir seguridad, tuvieron que empezar defendiéndose: "No somos racistas". Y un dato que desmonta la etiqueta: cuando en agosto desembarcaron en la ciudad un grupo neonazi y el eurodiputado Alvise Pérez, fueron los propios ceutíes quienes los echaron al grito de "Ceuta sí, nazis no".

Irene Montero, en enero de 2026: "Ojalá podamos barrer de fachas y racistas este país con gente migrante". Podemos dijo después que era ironía.

La otra trinchera tiene su propio diccionario: "traidor", "felón", "comunista" para cualquiera que no piense igual.

Si todo el que discrepa es facha, la palabra deja de significar nada. Y los fascistas de verdad lo agradecen.

Movilizar con ira es más barato que convencer con argumentos.

Pero hay un dato que desmonta la idea de que somos un país dividido en dos trincheras. Según el CIS, al 75 % no le incomoda nada tener vecinos que voten a otro partido. Y al 64 % no le importaría que su hijo se casara con alguien de otro partido.

En cambio, uno de cada tres españoles dice sentir "asco" hacia Sánchez o hacia Abascal.

No nos odiamos entre vecinos. Nos han enseñado a odiar a los líderes del otro.

La crispación viene más de arriba que de abajo. Es una estrategia, no un clima.

La memoria

De la Transición a la trinchera

No hace tanto, este país hizo algo muy difícil. Saliendo de una guerra civil y de casi cuarenta años de dictadura, gente que se había enfrentado se sentó a pactar.

No fue un cuento de hadas. Fue algo más valioso: la única forma posible de redactar una Constitución y caminar hacia la democracia. Un pacto, con renuncias por todas partes.

1978

Siete ponentes de UCD, AP, PSOE, PCE y la minoría catalana redactan la Constitución. Del franquismo reformista al comunismo, en la misma mesa. En el referéndum, cerca del 88 % vota sí.

1981

El 23-F demuestra que había quien añoraba el régimen anterior. Pero el golpe fracasó, y días después más de un millón de personas salieron a la calle en Madrid por la democracia. La sociedad dejó claro que no quería volver atrás.

2026

De aquellos siete "padres de la Constitución", cinco han muerto. Siguen vivos Miguel Herrero de Miñón y Miquel Roca.

Hubo violencia en esos años, claro. Pero conviene llamar a cada cosa por su nombre:

ETA nació contra el franquismo, pero siguió matando en democracia, y la mayoría de sus víctimas fueron civiles. Eso no era política. Era terrorismo.

Los GAL tampoco eran política. Eran guerra sucia y terrorismo de Estado.

Con aquella generación ya casi desaparecida, ha llegado otra que hace justo lo contrario: reabrir heridas que la mayoría de sus votantes no vivió. Leyes de memoria por un lado, leyes de "concordia" por el otro, y la Guerra Civil convertida de nuevo en munición electoral.

Es más fácil reavivar un odio que diseñar un proyecto.

Es más fácil fanatizar a una base que gestionar con cabeza.

Es más fácil buscar un culpable que tener visión de Estado.

¿Cuándo fue la última vez que votaste a favor de un proyecto y no en contra de alguien?

¿Sabrías decir tres propuestas concretas del partido al que votas?

¿Las causas que defiendes siguen siendo tuyas, o ya tienen dueño?

Para terminar

Ni trinchera ni silencio

La crispación no es un clima que cae del cielo. Es una estrategia. Y como toda estrategia, solo funciona si picas.

No hace falta afiliarse a nada para dejar de picar. Basta con hacer política sin carné:

Infórmate en fuentes de distinto color. Si todas te dan la razón, no te estás informando.

Exige gestión, no gestos. Resultados medibles, no eslóganes. Los datos de estos ocho años, en Elecciones en caliente.

Desconfía de quien te ofrece un enemigo en lugar de un proyecto.

Defiende tus causas sin entregarlas a unas siglas.

Nos quieren enfadados porque enfadados no pensamos. Y quien no piensa, vota lo que le digan.

— Nohemí Hervada

El que vota NO también es diputado

El que vota NO también es diputado

Congreso · Vivienda · Sin filtros

El que vota no también es diputado.

Lo que pasó en el Congreso con los decretos de vivienda no fue un debate. Fue un señalamiento. Y eso dice más de nuestra política que el resultado de la votación.

Decretos de vivienda en el Congreso: un hemiciclo y un solo escaño señalado en rojo

"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo."

Nota: la frase se atribuye casi siempre a Voltaire, pero no es suya. La escribió su biógrafa, Evelyn Beatrice Hall, en 1906 (The Friends of Voltaire), para resumir lo que él pensaba. Un detalle muy apropiado para un artículo sobre relatos.

Hoy esa frase suena casi a ciencia ficción. Y si no, mira lo que pasó en el Congreso.

El viernes 2 de octubre, el Congreso tumbó los dos decretos de vivienda del Gobierno. Hasta aquí, democracia normal: el Gobierno propone, el Parlamento decide.

Lo que no fue normal fue todo lo demás:

  • Diputados y ministros que, en lugar de defender por qué votar sí, se dedicaron a amenazar a quien votara no.
  • Una votación a viva voz pedida para que cada "no" se oyera con nombre y apellidos.
  • Y un final de sesión con gritos, octavillas y reproches a "los otros".

No voy a hablar hoy de si los decretos eran buenos o malos. Voy a hablar de algo que me preocupa más: de cuándo empezamos a tratar al que discrepa como a un enemigo.

Los hechos

Qué se votó y cómo acabó

172/178
Primer decreto (prórroga de contratos, tope del 2 % y freno a desahucios). Sí / No
166/184
Segundo decreto (prórroga automática de los alquileres). Sí / No
0
Abstenciones. Nadie se quedó en medio
  • Votaron "no" a los dos: PP, Vox, Junts y UPN.
  • El PNV apoyó el primero y rechazó el segundo, por falta de negociación y por el riesgo de reducir la oferta de alquiler.
  • Votaron "sí": PSOE, Sumar, ERC, Bildu, Podemos, BNG y Compromís.
La escenografía

"Quedaos con sus caras"

A las 8:48 de la mañana, horas antes del pleno, PSOE y Sumar registraron una petición: que la votación fuera pública y por llamamiento. Es decir, que cada diputado se levantara y dijera su voto en voz alta.

Es legal. El Reglamento del Congreso lo permite si lo piden dos grupos. Pero conviene saber una cosa: el voto electrónico normal ya es individual y público. Al día siguiente puedes consultar qué votó cada diputado, con nombre y apellidos.

Así que el llamamiento no aportaba ni un dato nuevo. Solo aportaba escenario. Y la diputada de Sumar Tesh Sidi se encargó de explicarlo mejor que nadie: publicó la petición en redes con un mensaje de cinco palabras.

Tuit de Tesh Sidi con la solicitud de votación por llamamiento de los decretos de vivienda
"¡Quedaros con sus caras!". Tuit de Tesh Sidi (Sumar) con la solicitud de votación por llamamiento firmada por Patxi López y Verónica Martínez Barbero.

No era transparencia. Era una diana.

Las palabras

Argumentos, pocos. Amenazas, muchas.

Esto es lo que se escuchó en el Congreso para pedir el sí. Fíjate en que casi ninguna frase explica qué hacía el decreto. Todas apuntan a quien vota en contra:

  • Pedro Sánchez: "La culpa no la tendrá la troika, ni la prima de riesgo, ni los bancos. La tendrán aquellos que voten no." Y también: "La Historia les juzgará antes de lo que creen y con más contundencia de la que imaginan".
  • Pablo Bustinduy (ministro, Sumar), ante los periodistas antes del pleno: "Quien vote que no a estos decretos de vivienda hoy, quien vote que no le estará poniendo su nombre y apellido a cada desahucio que suceda, a cada contrato que se acabe, a cada euro de más que le roben a las familias trabajadoras en España. El brazo político del rentismo hoy va a demostrar de qué lado está y a quién defiende" (vídeo). Y ya en la tribuna: "Pueden gritar muy alto 'España' o 'Catalunya', pero van a votar contra su pueblo".
  • Alberto Ibáñez (Compromís): "Votar no a este decreto es empujar a que cientos de personas pierdan sus vidas". Y preguntó a los diputados si querían "firmar también los suicidios". Ya en el patio, a la portavoz del PP, Ester Muñoz: "¡Lo vais a pagar!"
  • Gerardo Pisarello (Sumar): "Malditas sean las derechas rentistas rendidas a los buitres que con su voto permitirán que nuestras abuelas, nuestras vecinas, queden en la calle o pierdan la vida". Y remató: "Quien hoy perpetre esta infamia con su voto no va a quedar impune".
  • Gabriel Rufián (ERC): "Salgan a la calle a descojonarse de esto si son tan valientes, pero sin escolta".
  • Águeda Micó (Compromís): "PP, Vox y Junts venderían hasta a su madre por una caricia de los poderosos".
  • Isabel Rodríguez (ministra de Vivienda): "Los próximos desahucios serán responsabilidad de esta Cámara".

Al acabar la votación, la diputada de Podemos Martina Velarde se fue a gritos hacia la bancada de Vox. Ella misma lo explicó después en redes: les gritó que "no tenían vergüenza" porque, según ella, se habían reído durante la sesión. Desde la tribuna de invitados se gritó "sinvergüenzas" y la presidenta de la Cámara tuvo que desalojarlos. Y horas después, el PSOE de Asturias publicó en redes los nombres y apellidos de los diputados de PP y Vox que habían votado no.

Cuando no puedes convencer, intimidas. Cuando no puedes argumentar, señalas.

Para ser justos

La demagogia no tiene color

Sería fácil convertir este artículo en un "los malos son los de un lado". Pero no sería verdad. El análisis de los datos que se dieron en el debate deja exageraciones en todas las bancadas:

  • Vox dijo que España era el país con más inflación de la OCDE. Falso: en agosto estábamos en el 4,4 %, por debajo de Rumanía, Lituania o Chipre. Y habló de "cinco millones de personas" llegadas en cinco años, cuando la población creció en unos 2,1 millones.
  • PP y Junts atribuyeron al decreto la retirada de 4.290 pisos del alquiler, cuando el propio estudio advierte de que todavía no se puede atribuir.
  • Junts respondió con su propio relato: "No nos da miedo el chantaje". El PP, con el suyo: "Han tratado de arreglar en cuatro días lo que han destrozado en ocho años".

La retórica y la demagogia son tan viejas como los parlamentos. La diferencia está en el grado. Una cosa es exagerar un dato. Otra muy distinta es decirle a un diputado que tendrá muertos en la conciencia por votar lo que considera.

Lo que dice la Constitución

Discrepar no es traicionar

Hay dos artículos de la Constitución que más de uno debería releer:

  • Artículo 67.2: los diputados "no estarán ligados por mandato imperativo". Nadie, ni su partido ni la calle, puede obligarles a votar algo.
  • Artículo 79.3: el voto de los parlamentarios es "personal e indelegable".

Es decir: votar "no" es tan legítimo como votar "sí". Para eso existe un Parlamento. Si el voto contrario fuera ilegítimo, no haría falta votar.

Detrás de cada amenaza hay una idea peligrosa: que quien piensa distinto no puede tener razones, solo intereses. Que si votas "no" es porque eres "rentista", "vendido a los buitres" o "indolente al sufrimiento". Nunca porque creas, con datos, que esa ley va a empeorar el problema.

Y datos para dudar había. El Banco de España advertía en junio de que los controles de precios son eficaces a corto plazo, pero que sus beneficios se compensan con "pérdidas de bienestar a medio y largo plazo". Se puede discrepar del Banco de España. Lo que no se puede es fingir que quien le hace caso es un villano.

Opinar diferente no es estar equivocado. Creer que sí, es soberbia.

La responsabilidad

¿Quién pone nombre a los desahucios?

Hablemos entonces de responsabilidad, ya que fue la palabra del día.

272.417
Desahucios en España desde junio de 2018 (CGPJ)
196
Decretos ley de Sánchez. Rajoy firmó 107 en siete años
10
Decretos ley derogados en esta legislatura
  • Más de 272.000 familias han sido desahuciadas desde que gobierna el actual Ejecutivo. Ese dato no es de la oposición: es del Consejo General del Poder Judicial. ¿También llevan el nombre de alguien?
  • El decreto ley está pensado para casos de "extraordinaria y urgente necesidad" (artículo 86). Se ha convertido en la forma habitual de gobernar: 196 desde 2018, más que González, Aznar, Zapatero o Rajoy.
  • Y se hizo con tanta prisa que, en la rueda de prensa del Consejo de Ministros, la propia ministra de Vivienda buscaba entre sus papeles para explicarlo: "Tengo un cacao", "tengo que revisar la última versión, que no la tengo aquí".
  • Para intentar ganar el voto de Junts, el decreto incluía además una disposición que dejaba a salvo la normativa propia de Cataluña. No excluía a Cataluña, pero sí le daba un trato que no tenían otras comunidades.

Hay un nombre que se usó estos días y que merece todo el respeto: Olga. Tenía 54 años y vivía desde hacía más de veinte en el mismo piso de L'Hospitalet de Llobregat. Fue desahuciada en abril. Murió en septiembre. Su casa había acabado en manos de una sociedad vinculada a un fondo de inversión, y los servicios sociales del ayuntamiento y de la Generalitat conocían su caso desde 2020.

Su historia no se puede usar como arma arrojadiza contra quien vota "no". Ocurrió antes de este decreto, en un territorio con su propia ley de vivienda y con las tasas de desahucio más altas de España (83,9 por cada 100.000 habitantes, frente a 31,9 en Madrid). Si la muerte de Olga señala a alguien, señala a todas las administraciones que la conocían y no llegaron a tiempo.

Si estás pasando por un momento difícil, no estás solo ni sola: llama al 024, la línea de atención a la conducta suicida. Es gratuita, confidencial y funciona las 24 horas.

Y hay otro detalle que ilustra hasta qué punto se ha perdido la noción de responsabilidad política. El ministro que pedía poner nombre y apellidos a cada desahucio es hijo de Ángeles Amador, ministra de Sanidad entre 1993 y 1996. Ese Gobierno aprobó la Ley de Arrendamientos Urbanos de 1994, la que fijó el final de los contratos de renta antigua. La misma ley que hoy explica desahucios como el de Maricarmen.

No lo cuento para culpar a un hijo de lo que hizo su madre. Lo cuento porque demuestra algo que ningún diputado dijo en la tribuna: la crisis de la vivienda es el resultado de décadas de decisiones de todos los gobiernos. Nadie puede señalar a los demás sin señalarse también.

  • Si votar no te convierte en responsable de cada desahucio, ¿quién es responsable de los 272.000 de los últimos ocho años?
  • ¿Por qué se pide votar a viva voz justo cuando se sabe que se va a perder?
  • ¿Desde cuándo representa a toda la sociedad quien más ruido hace en la calle?
  • ¿Qué pasará con el siguiente diputado que dude, si sabe que su "no" acabará en un tuit con su cara?

Lo vimos con el caso de Maricarmen: se visibiliza la parte del relato que hace ruido, la que toma la calle y acampa en Sol. Es legítimo protestar. Pero una protesta no es la voz de todo un país, y un Parlamento no puede votar con miedo a la plaza.

Para terminar

La política no es esto

Lo que vimos el viernes tiene un nombre: la estrategia del enemigo. Es más barato movilizar con rabia que convencer con argumentos. Y funciona, porque nos obliga a elegir bando antes de pensar.

Pero si hoy aplaudes que se señale al que vota "no", prepárate para cuando el señalado seas tú. Porque las reglas que aceptas contra tu adversario son las mismas que se usarán contra ti.

Mañana, en la segunda parte, entro en el fondo: qué decían los decretos, qué advertían los expertos y qué ha pasado donde ya se han probado medidas así.

Y la semana que viene publico un artículo sobre por qué tanta gente dice "no me interesa la política". Spoiler: no es desinterés. Es esto.

Un Parlamento donde solo se puede votar sí no es un Parlamento. Es un aplausómetro.

— Nohemí Hervada

Ceuta no tiene foto

Ceuta no tiene foto

Ceuta · Sesgos · Sin filtros

Una cara conmueve. 80.000, no.

Por qué una historia con nombre propio moviliza a un país y una ciudad entera lleva dos meses sin foto.

Crisis de Ceuta: una multitud de puntos grises y uno solo en rojo

En las mismas semanas, dos historias han competido por nuestra atención.

  • Una tiene nombre, cara y silla de ruedas: Maricarmen. En pocos días hubo concentraciones, portadas, declaraciones y una respuesta política.
  • La otra tiene código postal: Ceuta. Una ciudad de unos 83.000 habitantes que lleva dos meses viviendo una crisis que la mayoría de España sigue de reojo.

No voy a volver sobre quién tenía más o menos razón en el caso de Maricarmen (ya lo analicé con datos aquí). Hoy la pregunta es otra: ¿por qué una historia mueve a un país y la otra no?

Los hechos

Qué está pasando en Ceuta

72.000
Personas que cruzaron la frontera el 30-31 de julio
+60%
Delincuencia desde agosto respecto al año anterior (TSJA)
37
Agresiones sexuales investigadas desde julio. 14 a menores
  • De esas 72.000 personas, unas 53.000 volvieron a Marruecos en cuestión de horas. Miles se quedaron.
  • El presidente del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía confirma que la delincuencia ha subido un 60 %. El juzgado de violencia sobre la mujer ha tenido que duplicar su personal.
  • Unas 3.000 personas viven en asentamientos irregulares en la playa del Trampolín. El 11 de septiembre ardieron 42 chabolas, vehículos y contenedores.
  • La fiscal superior lo resume en tres palabras: "difícil, compleja, insoportable".
La respuesta

Mucho decreto, poca solución

Sería injusto decir que no se ha hecho nada. Se ha aprobado un plan de 309 millones, se ha declarado por primera vez en la historia una "situación de interés para la seguridad nacional" y se ha creado un mando único.

Pero también es un hecho que:

  • Las alertas previas del CNI están siendo investigadas por la Audiencia Nacional.
  • Han dimitido el jefe de gabinete de la Delegación del Gobierno y el propio delegado.
  • El Congreso ha reprobado al ministro del Interior.
  • Y dos meses después, la vida diaria de los ceutíes no ha vuelto a la normalidad.

Llegar tarde también es una forma de no hacer nada.

La psicología

Por qué la multitud no nos conmueve

Que una sola persona nos movilice más que 80.000 no es casualidad. Tiene nombre y está estudiado:

  • El efecto de la víctima identificable. Los investigadores Small, Loewenstein y Slovic demostraron que la gente dona más dinero a una niña con nombre y foto que a una estadística de millones de personas en la misma situación.
  • El adormecimiento psíquico. Paul Slovic lo llama psychic numbing: a partir de cierto número, las cifras dejan de sentirse. Uno es una tragedia; mil son un dato.
  • El desvanecimiento de la compasión. Cuantas más víctimas hay, menos compasión sentimos por cada una. No sumamos empatía: la diluimos.
  • La distancia. La inmensa mayoría de los españoles no vivimos junto a una frontera que se puede cruzar a pie. No notamos de un día para otro la inseguridad en nuestra calle, en la puerta del colegio o en el camino al trabajo. Lo que no vivimos, no lo sentimos.
  • El relato. La historia de Maricarmen tenía protagonista, antagonista y final abierto. Una crisis de 80.000 personas no tiene protagonista. Y sin protagonista, no hay historia que contar.
Lo que nadie quiere ver

Las víctimas sin foto

Hay un grupo que sufre esta crisis más que nadie y del que casi nadie habla.

  • Desde el 30 de julio se investigan 37 agresiones sexuales en Ceuta. 14 de las víctimas son menores. La mayoría son mujeres y niñas inmigrantes.
  • El 1 de septiembre, un joven fue detenido por agredir sexualmente a tres niñas de 10 y 11 años en un albergue temporal.
  • El 27 de septiembre, en la playa del Trampolín, una menor de 17 años tuvo que ser reanimada por la policía. Al día siguiente no se presentó a declarar. Sigue sin ser localizada. Los dos detenidos quedaron en libertad.

¿Por qué muchas no denuncian? Porque lo tienen todo en contra:

  • Miedo a ser devueltas.
  • Están solas, sin familia y viviendo en centros o asentamientos.
  • Dependen del mismo entorno en el que se produce la agresión.
  • El idioma, el desconocimiento del sistema y el estigma que cargan las víctimas de violencia sexual.
  • ¿Dónde están las concentraciones, los lemas y los minutos de silencio que sí vimos en otros casos?
  • ¿Por qué quienes se movilizaron, con razón, contra otras violencias sexuales hoy apenas levantan la voz?
  • ¿Importa menos una víctima cuando es pobre, extranjera y no tiene quién la nombre?

Si la violencia sexual nos importa, nos importa siempre. No solo cuando encaja en el relato.

La trampa

La emoción como mapa político

La compasión selectiva no es inocente. Marca la agenda.

  • Se legisla donde hay foto. Donde hay una cara, hay decreto. Donde hay 80.000, hay silencio.
  • Los problemas estructurales, como las fronteras, los recursos policiales o la protección de menores, se quedan sin relato y, por tanto, sin solución.
  • Y quienes los sufren aprenden algo peligroso: que para ser escuchado no basta con tener un problema. Hay que tener una buena historia.
Para terminar

Mirar fuera del encuadre

No se trata de empatizar menos con Maricarmen. Se trata de empatizar también con quien no tiene cámara.

  • Con los ceutíes que llevan dos meses sin tranquilidad en su propia ciudad.
  • Con las niñas agredidas que nunca van a salir en un telediario.
  • Con todo lo que no tiene nombre propio y, por eso, no nos duele.

La próxima vez que una historia te conmueva, hazte una pregunta: ¿a quién no estoy viendo?

Una cara nos mueve. Pero un país no se gobierna con caras. Se gobierna con datos. Y en Ceuta, los datos llevan dos meses gritando.

Fuentes Infobae · La crisis de Ceuta cumple dos meses · Infobae · TSJA: +60 % de delincuencia · Euronews · El Debate · El Faro de Ceuta · El Español · Small, Loewenstein y Slovic (2007), Sympathy and callousness · Slovic (2007), "If I look at the mass I will never act"

Caso Maricarmen, la foto y los datos

Caso Maricarmen, la foto y los datos

Vivienda · Sesgos · Sin filtros

La foto y los datos.

Lo que el caso Maricarmen dice de nosotros, y de cómo estamos legislando.

Caso Maricarmen: una cámara encuadra a una anciana en silla de ruedas mientras, fuera del plano, el propietario espera con las llaves

Hay imágenes que ganan un debate antes de que empiece. Una mujer de 87 años en silla de ruedas, sacada de un piso en el que ha vivido 70 años. No hace falta nada más: la foto ya ha dictado sentencia.

Pero una foto no es un argumento. Y cuando legislamos con fotos, lo que sale son malas leyes.

Así que hoy te propongo algo incómodo: dejar la foto a un lado y mirar los datos.

Antes de nada

Por qué la fragilidad nos parece bondad

Conviene entender qué nos pasa por dentro cuando vemos una imagen así.

  • Tipificación moral. La psicología social (Gray y Wegner) ha demostrado que dividimos a las personas en agentes (quienes actúan) y pacientes (quienes reciben la acción). Cuanto más frágil vemos a alguien, más lo colocamos en la casilla de víctima y menos capaces somos de imaginar que sus decisiones tengan consecuencias para otros.
  • "Entrañable pero incompetente". El estereotipo de la persona mayor combina mucha calidez con poca capacidad (Fiske). Y confundimos calidez con razón.
  • Confundimos no poder con no querer. Si alguien no puede hacer daño físico, suponemos que no puede perjudicar a nadie. Pero ocupar durante años algo que no te pertenece, pagando una fracción de su valor, también perjudica a alguien, aunque ese alguien no salga en la foto.

Ser compasivos con la fragilidad de una persona es humano. Serlo también con todas sus decisiones es otra cosa.

Los hechos

Lo que dicen los datos

500€
Alquiler mensual que pagaba (renta antigua)
1.700–3.500€
Precio de pisos similares en la zona
19 años
Con el contrato legalmente extinguido (2007-2026)
1956

El padre de Maricarmen firma un contrato de renta antigua por un piso de unos 92 m² en Retiro, una de las mejores zonas de Madrid. La legislación de la época imponía la prórroga forzosa: indefinido de hecho y con rentas prácticamente congeladas.

1960

Muere el padre y la madre se subroga.

1985

El Decreto Boyer acaba con la prórroga forzosa para los contratos nuevos.

1994

La Ley de Arrendamientos Urbanos, aprobada con un Gobierno socialista, limita las rentas antiguas: una segunda subrogación solo dura dos años, salvo que el heredero tenga una discapacidad igual o superior al 65 %.

2005

Muere la madre. Maricarmen se subroga y su contrato queda con fecha de caducidad legal: 2007.

2018-2020

La propiedad cambia de manos. Los nuevos propietarios le ofrecen comprar el piso por 240.000-250.000 €, una fracción de su valor de mercado, o firmar un contrato nuevo a 1.650 €/mes. Rechaza ambas opciones.

2022-2023

La Audiencia Provincial y después el Tribunal Supremo dan la razón al propietario: el contrato terminó en 2007. Su discapacidad reconocida es del 50 %, por debajo del umbral que fija la ley.

2025-2026

La Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid le ofrecen plaza en varias residencias. Un donante anónimo se ofrece a pagar la diferencia del alquiler. Todo se rechaza. El argumento es siempre el mismo: quiere quedarse en "su casa".

El relato

"Su casa"

Esa expresión lo ha condicionado todo.

La repiten ella, los medios, los políticos y quien comparte la noticia. Y a fuerza de repetirla, se ha convertido en una verdad emocional que sustituye a la verdad jurídica.

Pero no era su casa. Era la casa de otra persona, en la que vivía de alquiler con un contrato que la ley extinguió hace casi dos décadas.

Y hay algo que el relato no cuenta: durante décadas, el propietario original sufrió una especie de expropiación de hecho. Tenía un piso que no podía recuperar, con una renta congelada que no cubría su valor y con la obligación de conservar el inmueble.

Durante todo ese tiempo, el propietario también existía. Solo que nunca tuvo foto.

La pregunta incómoda

La vulnerabilidad como argumento

Nadie discute que a los 87 años, con movilidad reducida, salir del lugar donde has vivido toda la vida es duro. Pero duro no es lo mismo que injusto.

Y cuando una situación se presenta como "vulnerabilidad extrema", conviene preguntarse:

  • ¿Vulnerable frente a quién? ¿Frente a quién paga 1.500 € de alquiler con un sueldo menor que su pensión?
  • ¿Vulnerable con cuatro alternativas encima de la mesa, incluida la compra del piso muy por debajo de su valor?
  • ¿Qué ocurre con las listas de espera de residencias públicas cuando un caso mediático recibe varias ofertas en pocos meses? ¿Quién se queda detrás?

La vulnerabilidad es un criterio para priorizar recursos escasos. Si la usamos como argumento emocional, deja de servir para lo que existe.

El uso político

Lo que este caso no es

El caso ha servido para reactivar propuestas de moratoria de desahucios y de "protección permanente". Pero conviene tener claro qué dice realmente:

  • No es un fondo de inversión que echa a una inquilina que paga el precio de mercado.
  • Es la aplicación de una ley de 1994, votada hace más de treinta años, que dio a los herederos de las rentas antiguas un periodo de transición. En este caso, ese periodo se alargó de facto casi veinte años más por la vía judicial.

Y el mensaje de fondo que queda es preocupante: ser propietario y cumplir es sospechoso; acogerse al paraguas de la vulnerabilidad, aunque haya alternativas, se aplaude.

Epílogo

Cuando una sociedad legisla con la foto

Una sociedad que legisla a partir de la imagen más emotiva, y no de los datos, paga un precio. No de golpe, sino poco a poco:

  • Menos vivienda en alquiler. Cada vez que la ley protege a quien no paga o paga por debajo de mercado a costa de un particular, ese particular retira su vivienda del mercado. Es exactamente lo que ocurrió con la renta antigua: décadas de pisos deteriorados y propietarios que prefirieron cerrar antes que alquilar.
  • Alquileres más caros. Los propietarios que siguen alquilando incluyen el riesgo en el precio: más fianzas, más avales, más requisitos. Y quien lo sufre no es la persona de la foto, sino el joven de 28 años con contrato temporal, al que nadie va a entrevistar.
  • Recursos públicos mal asignados. Si la visibilidad mediática decide quién recibe una plaza o una vivienda, los verdaderamente vulnerables, los que no tienen cámara, quedan detrás.
  • Menos seguridad jurídica. Si una sentencia firme del Tribunal Supremo se presenta como una "afrenta", el mensaje es que cumplir la ley es opcional según el relato que se consiga construir.
  • Ciudadanos que razonan con emociones. Nos acostumbramos a quedarnos con la foto y no con la película. Y quien controla la foto controla la ley.
  • Perversión de los incentivos. Si ser presentado como víctima da más resultados que cumplir, la sociedad empieza a producir víctimas en lugar de soluciones.

El problema de la vivienda en España es real, grave y medible: faltan viviendas, sobra burocracia y falta seguridad para quien construye y alquila. Ninguna de esas tres cosas se arregla con una moratoria inspirada en una fotografía.

Legislar exige mirar lo que no sale en el encuadre. Porque la foto dura un día y las leyes, décadas.

Qué es el buenismo y por qué caemos en él tan fácilmente

Qué es el buenismo y por qué caemos en él tan fácilmente

Buenismo · Sesgos · Sin filtros

Buenismo: la bondad como excusa.

Cuando la bondad se convierte en excusa para no dar argumentos. Y quien cumple, paga la factura.

Buenismo: una careta sonriente delante de una cara seria, sin expresión
Una historia personal

La casa de mis padres

Cuando yo era niña, mis padres compraron una casa en una urbanización familiar, algo alejada del centro, con su colegio y sus pocas tiendas. Como tantas familias de trabajadores en los años ochenta, se hipotecaron para tener algo propio. Pagaron, cumplieron, año tras año.

Página del proyecto original de Parque Ansaldo, viviendas sociales en San Juan de Alicante
Parque Ansaldo, viviendas sociales en San Juan de Alicante. Proyecto de 1978, construido entre 1979 y 1982.

Al cabo de un tiempo, la región sufrió una catástrofe natural, una riada muy grave. Y ahí empieza lo que quiero contar. La versión oficial fue: «estas viviendas se ceden a los damnificados de la riada». Sonaba bien. Sonaba justo. Nadie podía oponerse a ayudar a quien lo había perdido todo.

Pero eso no fue exactamente lo que pasó. La mayoría de esas viviendas no fueron para los afectados por la inundación. Fueron para otras familias, algunas ya señaladas por conflictos y tráfico de drogas, y más tarde, para familias que venían de vivir en chabolas.

  • Nadie las acompañó.
  • No hubo ningún plan, ninguna integración, ninguna gestión real.
  • Solo la entrega de las llaves, y ya está.

¿Qué pasó después? El barrio se fue degradando. En pocos años se convirtió en una zona controlada por clanes, un punto de venta de droga donde ni la policía entraba con normalidad. Las familias que habían pagado su hipoteca, que habían hecho todo lo que se les pidió, empezaron a irse, una a una, porque ya no se podía vivir allí.

Con el tiempo, aquello se convirtió en un símbolo de lo que no debía repetirse. Se llamaba Parque Ansaldo, en San Juan de Alicante, y en 2004 lo derribaron entero. No quedó nada.

Mis padres nunca fueron indemnizados por perder su propiedad.

Ni un euro de lo que pagaron durante años les fue devuelto. Hicieron todo lo que se les pidió: pagar, cumplir, esperar. Perdieron la casa, perdieron el barrio, y nunca hubo una indemnización, ni una disculpa, ni nadie que respondiera por lo que pasó. El coste de una decisión que no tomaron ellos lo pagaron ellos solos.

No cuento esto por rencor, ni para señalar a nadie en concreto. Lo cuento porque el patrón se repite. Y no hace cuarenta años: está pasando ahora mismo. Veamos tres situaciones, dos de ellas con casos muy recientes, y comprobemos que el mecanismo es exactamente el mismo.

Situación 1

Cuando la ley protege al agresor

Balanza de la justicia sobre una mesa de madera

Esta primera situación no es una noticia concreta, sino algo más incómodo todavía: una dinámica que se repite, con distintos protagonistas, en el acoso escolar entre menores.

En España, y en la mayoría de los países de nuestro entorno, la ley obliga a proteger de forma casi absoluta el llamado Interés Superior del Menor, tanto de la víctima como del agresor.

  • La Ley Orgánica 5/2000, reguladora de la responsabilidad penal de los menores, fija la edad de responsabilidad penal en los 14 años. Por debajo de esa edad, un menor que agrede o acosa gravemente a otro no puede ser juzgado penalmente, y su caso se deriva a servicios sociales o al propio centro escolar, con medidas que las familias afectadas suelen considerar insuficientes.
  • Además, revelar el nombre, la imagen o cualquier dato que identifique a un menor implicado en un delito está prohibido por ley, precisamente para no estigmatizarlo de por vida y darle una oportunidad real de reeducación.

El problema no es el principio en sí. El problema es cómo se traduce en la práctica:

  • El traslado forzado de la víctima. Ante un caso grave, el centro no expulsa al agresor porque chocaría con su derecho a la escolarización, y termina siendo la víctima quien cambia de colegio, con la sensación de ser ella la castigada.
  • La inimputabilidad por debajo de los 14 años, que deja fuera la vía penal incluso en agresiones graves.
  • El vacío en el ciberacoso. Cuando se difunde contenido humillante de la víctima, la protección de la identidad del menor infractor durante la investigación hace que retirar ese contenido sea lento, mientras la humillación sigue circulando cada día.

El resultado son dos efectos muy concretos:

  • La víctima siente que denunciar no sirve de nada, porque la burocracia, las disculpas privadas o el silencio institucional alargan su sufrimiento en vez de resolverlo.
  • El entorno recibe el mensaje de que la violencia no tiene consecuencias visibles, lo que desanima a denunciar la próxima vez.

Aquí el mecanismo cambia de forma respecto a los otros casos. No es una noticia que cuenta solo una parte: es una ley, bienintencionada, diseñada para proteger a un menor de un daño futuro, que en la práctica deja a otro menor, el que ya sufrió el daño, sin una respuesta visible.

Es buenismo convertido en norma, no solo en relato.

Situación 2

Ceuta y la palabra que cada uno elige

La segunda situación es la de Ceuta, una ciudad de apenas 19 km² y unos 84.000 habitantes. El 30 y 31 de julio de 2026 entró en la ciudad, en cuestión de días, un número de personas cercano a la población total de la ciudad, convocadas a través de un grupo de Facebook con más de 160.000 miembros. El CNI había alertado un día antes de que se estaba organizando la entrada, pero según los informes desclasificados por el Gobierno, nunca llegó a anticipar una llegada masiva de miles de personas en tan poco tiempo.

37
Procedimientos por agresión sexual entre el 30 de julio y el 14 de septiembre
14 / 39
Víctimas menores de edad
14 / 9
Violaciones en 2026 (hasta septiembre) frente a todo 2025

Según el último dato oficial publicado, del Consejo General del Poder Judicial, entre el 30 de julio y el 14 de septiembre los juzgados de Ceuta abrieron 37 procedimientos por agresión sexual, 10 de ellos con penetración. Hay 39 víctimas, 14 de ellas menores. De esos procedimientos, 28 siguen abiertos.

  • En lo que va de 2026 se contabilizan al menos 57 agresiones sexuales. En todo 2025 hubo 52, y ya era el máximo histórico de la ciudad.
  • De ellas, 14 son violaciones, frente a 9 en todo 2025, 5 en 2024 y 8 en 2023, según datos del CGPJ y del Ministerio del Interior.

Fijaos en cómo lo llama cada uno: unos hablan de «entrada masiva», otros de «invasión».

  • Ninguna de las dos palabras es un dato. Las dos son una elección.
  • Esa elección depende de la ideología de quien habla, no de los hechos: se usa el término que más apela a la emoción, en un sentido o en el otro, en lugar de describir el hecho de forma objetiva y racional.
  • Por eso doy los números, y que cada uno decida qué palabra le parece más honesta.

El relato que se cuenta depende de quién lo cuenta: unos ponen el foco solo en las cifras de agresiones, otros solo en la respuesta institucional, como la ampliación de los centros de acogida de 1.000 a 6.000 plazas o los 114,7 millones de euros de ayuda de la Comisión Europea. Pocas veces se cuentan las dos cosas juntas. Y ahí está, otra vez, la información incompleta.

Situación 3

El desahucio de Maricarmen, setenta años después

Manos de una mujer mayor

La tercera situación es la de Maricarmen, una mujer de 87 años desahuciada el 23 de septiembre de 2026 de un piso de unos 90 m² en el barrio de Retiro, en Madrid, donde había vivido 71 años.

1956

Su padre firma el contrato bajo la Ley de Arrendamientos Urbanos de aquel momento, que garantizaba la prórroga forzosa.

1964

El texto refundido de la LAU recoge esa prórroga y las subrogaciones familiares.

1985

El Decreto Boyer elimina la prórroga forzosa, pero solo para los contratos nuevos. El suyo, al ser anterior, sigue protegido.

1994

Una reforma de la LAU limita la segunda subrogación a solo dos años de vigencia, salvo que el subrogado tenga una discapacidad igual o superior al 65 %.

2005

Muere la madre de Maricarmen y ella se subroga en el contrato, con una discapacidad reconocida del 50 %.

2007

Por esa ley de 1994, el contrato se extingue legalmente.

2018

El edificio se vende y pasa a manos de Urbagestión.

2026

En marzo, el Tribunal Supremo resuelve el caso. El desahucio se ejecuta el 23 de septiembre.

Durante todo ese tiempo, y hasta el final, Maricarmen nunca dejó de pagar. Pero hay que contar bien qué pagaba:

  • Se habló mucho de que pagaba 500 euros al mes. No es exacto.
  • Su renta era de unos 200 euros al mes, 204 según algunas informaciones.
  • El resto, entre 220 y 250 euros, eran gastos de comunidad, agua y calefacción.
  • En total, unos 450 euros al mes por un piso de 90 m² en Retiro, en una zona donde un piso así se alquila hoy por más de 2.500.

Nota: el desglose entre renta y gastos lo ha dado la empresa propietaria, Urbagestión, y lo han recogido varios medios. Es su versión, pero nadie la ha desmentido con documentos.

Y aquí está el dato que más me interesa: entre 2007 y 2026 pasaron diecinueve años. Setenta años después de que su padre firmara aquel contrato.

El medio que cuenta esta noticia carga el relato contra una ley aprobada por el PSOE en 1994. Pero se le puede hacer la misma crítica que a las otras situaciones: rara vez se cuenta también que esa ley existía, entre otras razones, para que los propietarios pudieran recuperar en algún momento una vivienda alquilada durante décadas muy por debajo del precio de mercado. El mismo mecanismo de contar solo una parte del relato no lo usa un solo lado: lo usa cualquiera, según le convenga.

Y hay una segunda vuelta de tuerca. Desde 1994 hasta hoy, PSOE y PP se han alternado en el Gobierno durante más de treinta años, y esta regla concreta, la que ha dejado a Maricarmen sin protección, sigue exactamente igual.

Es protestar contra un problema que uno mismo ha mantenido, mientras se lo atribuye a «los otros».

Quien hoy usa este caso para señalar a un partido pertenece, muchas veces, a corrientes políticas que también han gobernado con margen de sobra para cambiarla si de verdad la consideraban injusta, y no lo han hecho. Sean quienes sean esos «otros» en la cabeza de quien escucha.

El patrón común

Cinco claves que se repiten

Si os fijáis, en las cuatro situaciones, la de mis padres y estas tres, se repite exactamente el mismo patrón. Y merece la pena quedarse con estos cinco puntos, porque son la clave de todo lo que viene después.

  • No se da la información completa: se cuenta una parte, la que sostiene el relato, y se omite la otra.
  • Se construye un relato que sostiene una idea concreta, no que describe el hecho: no es información neutra, es una narrativa con una dirección marcada de antemano.
  • Se humaniza a una parte apelando a la empatía, y se deshumaniza o se presupone lo peor de la otra. Y esa otra parte suele ser, además, la que ya ha recibido el daño, el acoso, la agresión o la pérdida.
  • Se evita el debate y se repiten consignas: en cuanto alguien pregunta o matiza, no se le responde con argumentos, se le responde con una etiqueta.
  • Se dramatiza para apelar a lo emocional, no a lo racional: cuanto más fuerte es la emoción que provoca, menos espacio queda para pensar.
La definición

Qué es realmente el buenismo

Todo esto tiene un nombre: buenismo. La Real Academia Española lo define así:

«La actitud de quien, ante un conflicto, rebaja su gravedad, cede con benevolencia o actúa con excesiva tolerancia».

Conviene dejar claro un matiz, porque si no, esto se puede malinterpretar: el problema no es tener empatía. El problema es la empatía selectiva, la que se dirige solo hacia una parte del conflicto y nunca hacia la otra, aunque la otra sea quien ya estaba sufriendo el daño.

Eso ya no es empatía. Es una estrategia que usa el lenguaje de la bondad para no tener que dar argumentos.

La psicología

Por qué caemos tan fácilmente

Y aquí llega la pregunta importante: ¿por qué caemos en esto una y otra vez, si en el fondo es tan fácil de identificar cuando se explica así?

  • Porque sentir cuesta menos que razonar. Una historia con nombre y cara mueve mucho más que un dato o una cifra, aunque el dato sea más importante.
  • Porque necesitamos vernos como buenas personas. Alinearnos con el relato compasivo nos da una recompensa social inmediata, aunque sea superficial, aunque no hayamos entendido el problema real.
  • Porque cuestionar el relato da miedo. Tememos que, si preguntamos o matizamos, se nos coloque automáticamente del lado «malo» de la historia, aunque lo que estemos cuestionando sea el relato, no el sufrimiento de nadie.
  • Porque repetir la consigna nos da pertenencia a un grupo. Argumentar en contra, aunque sea con matices razonables, nos saca de él. Y eso, para la mayoría de las personas, pesa más que tener razón.
Dos personas cerrando un acuerdo con un apretón de manos
Para cerrar

Quien cumple, paga la factura

Mientras tanto, quien cumple, quien paga, quien hace todo lo que se le pide, sigue siendo quien se queda pagando la factura:

  • Tu hijo o tu hija, si es a quien acosan.
  • Los ciudadanos de Ceuta.
  • El propietario de una vivienda comprada y pagada legal y religiosamente, que ve cómo su derecho a su propiedad se cuestiona, se pisotea o se anula.

Esto, además, tiene mucho que ver con algo de lo que escribiré próximamente: qué pasa cuando alguien busca un consenso a toda costa. Porque muchas veces, buscar consenso no es convencer con argumentos. Es presionar hasta que el otro cede.

¿Te ha pasado algo parecido a lo que cuento aquí? Cuéntamelo en Instagram. Te leo.

El buenismo no es tener demasiado corazón. Es usar el corazón de la audiencia para no tener que dar argumentos.

— Nohemí Hervada

Para seguir pensando

Te recomiendo este vídeo

Si te has quedado con ganas de más sobre el caso de Maricarmen, Juan Ramón Rallo lo analiza en «Maricarmen y la gran hipocresía de la que nadie habla». Merece la pena verlo entero.

Nuevo programa #27días para negociar y para no negociar. El buenismo también se cuela en tus negociaciones: cedes para quedar bien y pagas tú la factura. Aprende qué negociar, qué no y cómo sostenerlo con argumentos. Un vídeo al día, durante 27 días. Ver el programa →

Ni amo, ni marido, ni dios, ni partido

Ni amo, ni marido, ni dios, ni partido

Libertad · Poder · Sin filtros

Ni amo, ni marido, ni dios, ni partido.

¿Eres libre? ¿Qué es la libertad? ¿A qué estás dispuesto a renunciar por la libertad?

Ni amo, ni marido, ni dios, ni partido: una cadena negra rota por un eslabón rojo

Hay debates que no por repetidos dejan de tener vigencia. Como humanos buscamos respuestas a grandes preguntas que nos ayuden a comprender el mundo en que vivimos, a comprendernos, a calmar la incertidumbre propia de nuestra existencia. Que no es sino el miedo a desaparecer, a la inexistencia.

Por eso estas preguntas nos afectan tanto y son los ejes alrededor de los cuales gira la filosofía y/o la religión: ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Por qué estamos aquí?

Y una de las grandes cuestiones a las que se enfrenta la humanidad desde que empieza a entender que la vida no es solo nacer, crecer, reproducirse y morir, es cuáles son los valores supremos que rigen nuestra convivencia, como seres sociales que somos, y cuál es la jerarquía que antepone unos a otros. Porque todos queremos la libertad, pero también queremos seguridad y paz y armonía. Y puede que crecer, madurar y cuestionarse las cosas sea darse cuenta de que a veces no se puede tener todo. O no en el mismo orden, ni rango ni magnitud.

La contradicción

Libre, pero…

  • Por supuesto que quiero ser libre, pero necesito comer y tener un techo.
  • Por supuesto que quiero ser libre, pero necesito sentirme segura y con la certeza de que no me atacarán por ser lo que soy, cómo soy o cómo pienso.
  • Por supuesto que quiero ser libre, pero necesito no tener sobre mi cabeza la espada de Damocles de un sistema basado en la mayoría que no distingue las motivaciones de esa mayoría y cuyo resultado sea la tiranía "legal" de idiotas, corruptos, incompetentes o delincuentes, solo porque son más.

Vivir en sociedad implica aceptar que otros tomarán las decisiones que rijan gran parte de las parcelas de tu vida. No hay otro modo de hacerlo cuando hablamos de sociedades de cientos de miles o millones de personas. Pero ¿qué pasa cuando esa norma de convivencia pensada para protegernos se convierte en otra cosa?

  • ¿Qué pasa cuando quien debe trabajar para tu bienestar en realidad solo busca el suyo a tu costa?
  • ¿Qué pasa cuando empiezas a darte cuenta de que solo eres uno de los granos de arena que sirven de base para los cimientos de un sistema que no tiene en cuenta tus necesidades, tus deseos y tu derecho a ser y a pensar por ti mismo?
  • ¿Qué pasa cuando la información solo fluye de arriba hacia abajo y no de abajo hacia arriba?

¿Qué pasa cuando por fin te das cuenta de que la mayoría de los sistemas a los que perteneces solo buscan una cosa: tu sumisión?

El concepto

Sumisión: lo que aceptamos sin pensar

Sumisión significa literalmente "poner por debajo", que es algo que ya habíamos aceptado de base. Todos entendemos que las sociedades, sobre todo cuando crecen, no pueden ser siempre horizontales, en todo:

  • De niña estás sometida, o sea, por debajo, de tus padres.
  • Casarte, hasta no hace tanto en nuestra sociedad y a día de hoy en gran parte del planeta, significa que la mujer está por debajo, sometida, al marido.
  • Profesar un credo es reconocer que estamos por debajo de un ser responsable de nuestra existencia y, en la mayoría de esos credos, por debajo de sus "representantes".
  • Militar en un partido es, ante todo, aceptar —someterse a— una ideología. (Que se lo digan a los miembros que se atreven a disentir de sus propias formaciones o cuando el partido deja clara lo de la "disciplina de voto".)
  • Trabajar, tal como lo entendemos en nuestro presente, es usar nuestra fuerza de trabajo para cumplir las órdenes o servir a los proyectos de otros, los "amos".

¿Es todo eso malo per se? Habrá quien piense que son leyes "naturales" y en algún sentido sea verdad. Evidentemente las crías de humanos tardan muchos años en ser autónomas, por lo que necesitan estar bajo el cuidado y responsabilidad de los padres. Es un modelo biológico que no entiende de culturas, ni de ideologías, ni de políticas. Esa sumisión garantiza la supervivencia.

Pero ¿pasa igual en el resto de relaciones?

  • ¿Por qué durante milenios se asumió que las hembras de nuestra especie nunca llegaban a estar emancipadas, pasando de la tutela del padre a la del marido?
  • ¿Por qué en el nombre de la existencia de un dios o de una causa primera, algunos humanos elaboraron sistemas de creencias que les otorgaban a ellos ese poder delegado de la divinidad para someter al resto de personas, igual de mortales que ellos?
  • ¿Por qué las personas que deciden dedicarse a gestionar lo público, es decir, lo de todos, elaboran y/o siguen teorías políticas que en el papel suenan perfectas pero en la práctica no son sino modelos que evidencian, durante siglos, la imposibilidad de poner coto a quienes ven en sus estructuras una forma de culto más o menos laico, al líder o al partido?
  • ¿Por qué para la gran mayoría el trabajo no solo no dignifica ni es la puerta a esa supuesta escalera hacia el éxito económico, sino un tipo de esclavitud moderna que no alcanza para lo básico?
Mi caso

Ni amo, ni marido, ni dios, ni partido

A estas alturas de mi vida me he desengañado de tantas cosas que mi espíritu crítico ha pasado de ser una herramienta intelectual para observar y juzgar la coherencia y conveniencia de los sistemas que me rodean, a ser una actitud profundamente pesimista.

  • Me independicé muy pronto de mi hogar familiar.
  • Me divorcié.
  • Apostaté.
  • Hace ya años que trabajo por cuenta propia (que no significa no tener amo, sino que mi amo, ahora mismo, es el estado).
  • Nunca dejé un partido político porque nunca fui parte de uno, aunque estuve a punto.

De ahí lo de, ni amo, ni marido, ni dios ni partido.

Ni amo, ni marido, ni dios, ni partido - Nohemí Hervada

¿Significa eso que soy más libre que quien sí tiene uno o varios de esos sistemas en su vida?

Ojalá.

Solo significa que soy más consciente de que da igual el sistema: todos buscan lo mismo, a veces con distintos métodos, otras veces con métodos calcados.

En todos esos sistemas más o menos estructurales de la vida, he sentido que fallaron. No por la inocencia de exigirles perfección —todos entendemos lo que significa no estar siempre al cien por cien—, sino por descubrir que la meta en todas esas estructuras estaba muy lejos de mi bienestar.

He sido activista por causas buenas, nobles, que aportaban beneficios claros no solo a las personas sino a todo el conjunto de la sociedad, y me he ido dando de baja de todas. Etiquetas que empezaron definiéndome y defendí, y acabé sintiendo ajenas en el mejor de los casos y repulsivas en muchos otros.

¿Cambió mi forma de pensar sobre esas causas?

¡NO!

Lo que cambió es ver cómo el sistema fagocita todo lo bueno que intenta el ser humano para transformarlo en herramienta al servicio del poder. Caballos de Troya en forma de entrismo, cuando no directamente una adulteración del origen y traición a las ideas que las originaron.

La clave

El poder: el virus letal

Al final esa es para mí la clave: el poder.

Quizás "el poder" sea la herramienta más letal del universo. Un virus que intentamos inocular en pequeñas dosis necesarias, a modo de vacuna, para conseguir materializar proyectos, pero que acaba, como esos hongos zombis que infectan a las hormigas, controlando sus cuerpos para que sirvan a su propósito, matándolas una vez conseguido.

Hongo parásito controlando a una hormiga, metáfora del poder
El hongo toma el control del cuerpo antes de matarlo. El poder funciona igual.

Necesitamos otorgar poder a otros para que hagan cosas. Confiamos en que ese poder se usará en nuestro beneficio, en el común, pero acabamos viendo cómo esa herramienta que nosotros creamos y otorgamos voluntaria y "democráticamente" se convierte en el arma contra nosotros y nuestra libertad.

Y como ha sucedido tantas veces a lo largo de la historia, no siempre reaccionamos a tiempo. Quizás la hormiga infectada no es consciente, cuando está a tiempo, de esa infección. Quizás cuando es consciente, ya es tarde.

No necesito trasladarte la metáfora o el ejemplo del virus zombi a casos reales de la Historia. Imagino que a estas alturas ya se te están ocurriendo ejemplos: grandes revoluciones enarbolando la bandera de la libertad que acabaron en masacre.

Puede que hoy, en mi país, no haya guillotina en las plazas. Eso no significa que no haya un poder ejerciendo tiranía de otros modos.

Imagino a las hormigas luchando contra otras especies de hormigas, o depredadores más grandes que ellas. Protegiéndose y contraatacando. Y al final, las acaba matando una espora, algo apenas visible.

¿Te suena?

Hoy

La guillotina de hoy

Vivimos bajo leyes que nos obligan a negar la realidad material que nuestros sentidos, pulidos para garantizar nuestra supervivencia, nos muestran de forma evidente.

Para los trabajos públicos se buscaba a las personas más preparadas, con capacidad de análisis y argumentación. Hoy triunfa el que puede decir una cosa y la contraria sin flaquear.

Ilustración distópica sobre vigilancia y control del discurso
El Gran Hermano ya no necesita imponerse. Le basta con que consintamos.

La guillotina de hoy es la mera acusación de delito de odio, que en la mayoría de los casos no es sino expresar tu opinión o tu vivencia. No te cortarán la cabeza literalmente: hemos perfeccionado ese arte maquiavélico y ahora podemos matar al individuo poco a poco:

  • Señalamiento público.
  • Despidos.
  • Cancelación.
  • Denuncias que acaban en causas penales.

Ni Orwell llegó a atisbar todo lo que "el partido" podía hacerle al individuo.

La factura

El precio de ser libre

Alguien me dijo una vez que yo era la persona más política que conocía. Entendiendo por "política" alguien capaz de luchar por lo que creía, expresarlo en público y afrontar las consecuencias.

Podría decirse que se me percibía como alguien libre para hablar, escribir y actuar.

Lo que no te cuentan es el precio a pagar.

Por eso la mayoría de la gente no habla, no escribe y no actúa. Porque la manada te protege de ser el blanco de quienes ven en la disensión al mayor enemigo a batir.

Yo misma me he bajado de la tarima muchas veces. Por pura supervivencia mental, emocional y económica. Porque, como te decía al principio, cuando ser libre implica no comer, te comes tu libertad y tu dignidad con papas y agachas la cabeza. Al menos un poco.

Para terminar

Cuando ya no queda nada que temer

Al menos hasta comer, recuperarme, y recordar lo que canta Vetusta Morla en una de sus mejores canciones, «Golpe Maestro»:

¡YA VUELVE LA SED! Y con ella mi confianza en que la tiranía —cualquiera de ellas— depende de nuestro miedo.

Y cuando te lo quitan todo, ya no tienes miedo a perder nada más.

— Nohemí Hervada

Lo más bonito de la creación… ¡manda huevos!

Lo más bonito de la creación… ¡manda huevos!

8M · Feminismo · Sin filtros

Lo más bonito de la creación… ¡manda huevos!

¿Cuántas tarjetitas vamos a recibir el 8 de marzo felicitándonos el día?

  • ¿Sabes qué día es el 8M?
  • ¿Sabes que no es una fiesta?
  • ¿Sabes la diferencia entre celebrar y conmemorar?

¿Sabes que mandarnos tarjetas y mensajes con textos del tipo:

  • «Feliz día de la Mujer»
  • «Feliz día para una mujer preciosa»
  • «Felicidades por ser lo más bonito de la creación»

y similares, es un insulto a las mujeres y nuestra historia?

Sueño con un futuro en el que, al menos ese día, se nos respete, se nos valore y se conmemore lo que de verdad significa esa fecha.

Cada vez que recibo ese día felicitaciones por WhatsApp, por Messenger, por privado en cualquier red social me pregunto si mandaríamos tarjetas de felicitación a las enfermas de cáncer de mama en su día, o a las personas con enfermedades raras y similares.

Los días dedicados a causas no son siempre festivos. Se escogen para:

  • Visibilizar situaciones desfavorecidas.
  • Concienciar a la población de causas que merecen nuestra atención.
  • Conmemorar sucesos que no queremos que pasen al olvido.
La historia

Origen del 8M

Durante años se ha contado que un 8 de marzo del siglo XIX cientos de trabajadoras textiles de Nueva York murieron en una protesta o un incendio. No hay ningún registro histórico de ese suceso: los historiadores lo consideran un mito. La historia real es menos novelesca, pero igual de política:

  • En 1908 miles de trabajadoras se manifestaron en Nueva York por mejores salarios, menos horas y derecho al voto. (La cifra de 15.000 que suele citarse no está bien documentada, y el lema «Pan y Rosas» es posterior: se popularizó en la huelga textil de Lawrence, Massachusetts, en 1912.)
  • El primer Día Nacional de la Mujer se celebró el 28 de febrero de 1909 en EE. UU. El Partido Socialista de América designó este día en honor a la huelga de trabajadoras de la confección de 1908 en Nueva York.
  • En 1910 la Internacional Socialista, en Copenhague, invitó a cien mujeres de diferentes países para celebrar un día de la mujer: fue la propuesta de Clara Zetkin para luchar por el sufragio universal femenino y los derechos de las trabajadoras. El primero se celebró el 19 de marzo de 1911 en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza.
  • La fecha del 8 de marzo se fijó a raíz de la huelga de las trabajadoras de Petrogrado el 8 de marzo de 1917 (23 de febrero en el calendario ruso), que pedían «pan y paz» y que desencadenó la Revolución de Febrero.
  • En 1975 la Asamblea General de la ONU empezó a conmemorar oficialmente el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer, y en 1977 pidió a todos los países que lo reconocieran.
El color

¿Por qué el morado?

El 25 de marzo de 1911 se produjo un incendio en la fábrica textil Triangle Shirtwaist Company de Nueva York. Murieron 146 personas, 123 de ellas mujeres y niñas, la mayoría de entre 14 y 23 años; la mayor tenía 43. Muchas murieron porque las puertas estaban cerradas con llave para que no salieran antes de hora. Sus trabajadoras habían participado año y medio antes en la gran huelga de 1909-1910, el «levantamiento de las 20.000».

Suele contarse que el humo del incendio era morado por los tintes de las telas. Es una leyenda sin base documental. El morado procede en realidad de los colores del movimiento sufragista británico (morado, blanco y verde, adoptados en 1908), donde el morado simbolizaba la dignidad. El feminismo lo heredó de ellas.

La trampa

El caballo de Troya de los feminismos

No creo que sea necesario explicar por qué ponerse el color morado a modo de «adorno» con cualquier justificación es un insulto a aquellas mujeres y a todas las que llevan/llevamos luchando desde entonces por derechos aún no conseguidos.

  • Ver a políticos y políticas ponerse una camiseta morada o poner este color en sus carteles cuando siguen sin hacer políticas efectivas contra la brecha salarial, por ejemplo, nos enfada mucho.
  • Ver al capitalismo y sus grandes corporaciones vestirse de morado ese día, como intentando blanquear o «enmoradar» sus prácticas habituales discriminatorias del resto del año es un insulto para quienes cada día, de cada año, luchamos por hacer política y construcción social y educativa feminista.

Ver en las manifestaciones ese día a grupos «supuestamente feministas» defendiendo slogans neoliberales abiertamente contrarios a los derechos de las mujeres es obsceno.

Ahora entenderás que ver el 8M lleno de flores, bombones, ositos, lazos, cajas rosas, todo muy «mono», como si fuera la fiesta azucarada de una quinceañera, no es que no nos guste, es que nos cabrea, MUCHO.

Para terminar

Ya sabes la respuesta

Así que si el miércoles me vas a decir, a mí o a cualquier otra mujer, aquello de: «felicidades», «preciosa» o «lo más bonito de la creación», ya sabes la respuesta que vas a recibir…

PD: Feminismo solo hay uno. Con una agenda y un sujeto político propio: la mujer.

#Denada

Llámale José o Carlos y aciertas

Llámale José o Carlos y aciertas

Liderazgo · Igualdad · Sin filtros

Llámale José o Carlos y aciertas.

Hay días que la vida se me hace «bola».

Por eso hace mucho decidí no ver noticias en la TV, de ese modo en vez de pasarme media hora bombardeada de cosas que me entristecen, enervan o enojan, dejo que sea cualquier algoritmo el que me las filtre y, al menos, las cosas que me entristecen, enervan o enojan son solo las de temas que me preocupan algo más.

Como mi trabajo está enfocado en un alto porcentaje en la situación de las mujeres y la infancia, pues me llegan cositas como esa que veis en la imagen.

Noticia: hay más CEOs llamados José o Carlos que mujeres
Fuente: Hipertextual

Y depende como me pille el día, me río o me entristezco o me dan ganas de salir a quemar contenedores. Y no, no es apología de la violencia, por si a esta generación woke hay que explicarle lo que son recursos literarios… Que, como decía mi amiga Irene, las mujeres somos tan buenas que vamos a una manifestación porque nos están asesinando y recogemos los papeles del suelo… pero ese es otro tema (coméntame si te interesa para otro artículo 😉).

El caso es que me pregunto cómo reciben esta noticia los propios hombres. Así que si es tu caso, si eres uno de esos «ejemplares raros» que lees a mujeres y no te sientes ofendido cuando contamos lo que nos pasa ni te aventuras a excusarte antes de que acabemos nuestras frases, te pregunto:

  • ¿Qué sientes al leer esa noticia?
  • ¿No te da por pensar por qué somos tan pocas las que estamos en los pisos de arriba del todo si somos más?
  • Teniendo en cuenta que hay más mujeres con títulos universitarios, que está demostrado que curramos más, que somos más propensas a acabar lo que los demás no hacen… ¿En serio nunca te has preguntado qué pasa?
  • ¿Alguna vez te has visto cuestionando a las mujeres que tenías por encima de ti en tu jerarquía empresarial o corporativa?
  • ¿No has comentado que «a saber cómo ha llegado ahí»?

Y te pregunto:

  • ¿Has cuestionado igual a tus jefes hombres?
  • ¿Te preguntas alguna vez con quién han tenido ellos que «juntarse» —por usar un eufemismo— para llegar donde están?
Mi experiencia

Mi estadística personal

En mi vida he tenido mayoría de jefes hombres (¡qué raro!) y algunos eran rematadamente incompetentes.

  • El del sarcasmo. Te hablaría de uno que, con mis 18 añitos, me hablaba con un sarcasmo y una superioridad que me asustaba y asqueaba a partes iguales. Que nunca me dio una directriz de cómo hacer mi trabajo pero si no lo hacía bien me ridiculizaba delante de los clientes.
  • El del inglés inventado. Te contaría de aquel que se inventaba el inglés que hablaba y en vez de reconocer que no era capaz de entender cuando le hablaban nos pasaba las llamadas (a las chicas) diciendo que estaba ocupado. Este, además de programar reuniones fuera de horario para oírse a sí mismo hablar, se la pasaba comentando que «trabajar con mujeres era muy complicado». (Creo que la realidad era que para él lo complicado era trabajar).
  • Paquito, con su carguito. Te nombraría a uno al que le tuve que escribir fonéticamente cómo se decían las frases más comunes que usábamos en el trabajo en inglés, que acabó siendo mi jefe (¡qué raro!), al que le cubría yo las bajas en festivos, al que le hacía trabajo administrativo, comercial y de RRPP que no me correspondía, y fue el máximo responsable de mi baja por mobbing (y ahí sigue Paquito, con su carguito).
  • El experto en liderazgo. Y puedo contarte el caso de otro que me «fichó» para llevar el liderazgo femenino y empoderamiento en su portafolio de servicios pero pretendía que le dijera que sí a prácticas antiéticas profesionalmente y que le regalara parte de mi trabajo. Por supuesto al decirle «no» (de primero de empoderamiento) me llevé de premio un ghosting de manual y un «cese» por correo electrónico un domingo noche que fui a mirar tras la notificación de «has sido eliminada de este grupo de WhatsApp». Muy divertido sobre todo teniendo en cuenta que se dedica a enseñar liderazgo y gestión de equipos. ¡Una fantasía total!

Si esto lo hubieran hecho mujeres, imaginad los comentarios.

La verdadera igualdad no es sólo que seamos la mitad en todo, sino que podamos serlo incluso siendo tan incompetentes y/o malos jefes como todos estos señores de los que te he hablado.

Para terminar

José o Carlos

De momento lo único bueno de esta historia es que si tienes mala memoria y no recuerdas el nombre de algún CEO o director, ya sabes, llámale José o Carlos y aciertas casi seguro.

Y ahora la pregunta es… ¿Qué vas a hacer con este post? ¿Lo compartirás o es «too much truth»?

El amor de las pequeñas cosas

El amor de las pequeñas cosas

Relaciones · Amor · Sin filtros

El amor de las pequeñas cosas.

¿Has pensado en cómo percibimos el amor? ¿Con grandes cosas o con pequeñas cosas?

El amor de las pequeñas cosas: un gran corazón vacío y una pequeña nota con un corazón rojo

Eso de «daría mi vida por ti», que tanto hemos leído y oído y que ha contribuido a esa concepción del amor romántico como algo heroico, no suele pasar nunca.

La mayoría no necesitaremos que nadie dé su vida por nosotras. Lo que sí necesitamos es saber que quieren vivir la vida con nosotras.

Nos han vendido que es más fácil morir por amor que vivir con amor. Y por eso la vida va como va.

Las pequeñas cosas

Una nota de 15 segundos

Una pequeña nota inesperada, que cuesta 15 segundos escribir y dice mucho más de lo que pone en ella.

  • Esas notas que consiguen un cosquilleo las primeras veces.
  • Un suspiro o una sonrisa, aunque ya no sean novedad.
El amor de las pequeñas cosas

Saberse querida es bueno para el alma.

Hacer saber a quienes queremos eso mismo, que les queremos, debería ser parte de nuestra rutina, como saludar al llegar a un lugar:

  • A una misma.
  • A nuestros hijos e hijas.
  • A la pareja, si la hay.
  • A las amigas.
Para terminar

¿Cómo va ese saldo?

Te animo a que midas la calidad de tus relaciones pensando en los «te quiero» que das y que recibes.

No hace falta morir por nadie. Basta con decírselo hoy.

— Nohemí Hervada

¿Qué dice de ti tu cama?

¿Qué dice de ti tu cama?

Autocuidado · Prioridades · Sin filtros

¿Qué dice de ti tu cama?

Un tercio de la vida se nos va durmiendo. Y aun así, nos parece caro invertir en una buena cama. Esto dice mucho de cómo nos priorizamos.

Qué dice de ti tu cama: una cama dibujada en gris con una almohada roja

Igual, cuando lees esta pregunta, piensas en si eres de las que hace la cama por la mañana o de las que la deja sin hacer la mayor parte del día.

Hay dos teorías opuestas sobre algo tan aparentemente poco relevante:

La del ejército: recuerdo la famosa conferencia de un almirante estadounidense, William McRaven, que decía que hacerse la cama cada mañana es el primer éxito del día: empezar cumpliendo con tus obligaciones.

La de la higiene: después se habló de estudios que recomiendan dejarla deshecha un rato para que se airee mientras ventilas la habitación.

Yo, si te sirve de algo, solo "hago la cama" cuando cambio las sábanas. Lo mejor que me regalaron cuando me casé fue un edredón nórdico que no hay que estirar ni remeter. Y personalmente prefiero la teoría de ventilar a la de que el éxito depende de lo metódica que seas.

Pero no iban por ahí los tiros de mi pregunta.

Una decisión

Invertir en mí

Duermo bastante regular. Pero hace poco decidí comprarme una cama buena de verdad, de esas de hotel de cinco estrellas. En vez de gastarme "lo justo" en un colchón normalito y seguir con mi canapé de hace no sé cuántos años, que ya no estaba bien, decidí por fin invertir en una cama buena para mí.

Una noche, desvelada, me di cuenta de que me sigo despertando muchas veces, pero ya no noto molestias en el cuerpo como antes. Y me alegré de haber invertido en ese colchón que, por el precio, parecía de lujo.

Dándole vueltas a que era un colchón "caro", pensé en algo evidente: un tercio de la vida se nos va durmiendo. Igual sí importa cómo lo hacemos.

Pensar qué importancia le damos al sueño, a cómo y dónde dormimos, no es tan trivial.

Precio y valor

Lo que pagamos por un coche

Casi todos los adultos que conozco tienen coche, o más de uno. Mira esta noticia:

Noticia sobre el gasto medio en el coche

Y si a eso le sumamos todo lo que implica tener un coche, la cifra sube hasta esto:

Coste total anual de tener un coche

Visto así, te das cuenta de cómo hemos normalizado ese gasto en una herramienta que, a no ser que seas taxista, usas solo unas horas al día.

En la cama pasarás casi un tercio de tu vida.

Y aun así nos parece mucho pagar por un colchón lo que pagamos por un solo mes de coche.

No es solo el tiempo que pasas en ella: la cama influye directamente en tu salud y tu bienestar.

Viéndolo así, ¿de verdad te parece caro invertir 700 o 1.000 € en una buena cama?

Piensa en alguna vez que hayas dormido en un apartamento o un hotel con una cama de todo menos cómoda. Y en alguna otra en la que parecía que flotabas. No por casualidad, la cama es una de las cosas que más cuidan los buenos hoteles.

Nota: cuando no hay para comer, esto puede sonar a frivolidad, y lo sé. Pero para mí la cama es un buen ejemplo de cómo a veces miramos el precio y no el valor de las cosas.

La última de la lista

Siempre había algo antes

Estoy muy satisfecha de esa compra que llevaba postergando mucho tiempo. Siempre había algo antes: un gasto extra más importante, una compra que parecía más necesaria o la necesidad de otra persona de la familia antes que la mía.

Pero recordé una época de mi vida en la que trabajaba mucho físicamente. Cada noche, al llegar a la cama, decía en voz alta:

"Gracias, Dios mío, por tener una cama."

No le damos importancia al descanso hasta que estamos agotadas, igual que no valoramos la salud hasta que nos falta.

Por eso, no solo en mi vida personal sino también en mi trabajo, voy a incorporar esta pregunta: "¿Cómo es tu cama?". Como indicador de autoestima, de prioridades, e incluso de placer.

El colecho

Un dormitorio de verdad

Cuando nació mi hijo, su padre me dijo un día: "Esto que hacemos con Iker se llama colecho".

Antes de saber que tenía nombre, nos habíamos dado cuenta de que, para dormir algo más, lo mejor era que estuviera en nuestra cama. Cuando la cama de matrimonio se nos quedó pequeña, le adosamos otra. Nuestro dormitorio era literalmente eso, un DORMITORIO, la habitación para dormir: ni armario ni más muebles, solo camas para que durmiéramos todos cómodos.

Así que dónde y cómo duermes puede decir muchas cosas de ti. Y quizá también puedas cambiar cosas de ti cambiando tu cama o tu forma de dormir. Pero de eso te hablo otro día.

Para terminar

Mi ritual de autocuidado

Entre mi colchón nuevo, mi manta eléctrica, mi edredón nórdico con funda blanca de algodón y mi manta de peso para soltar la tensión muscular, mi cama cierra el ciclo de autocuidado que, siempre que puedo, empieza con mi clase de yoga.

Estoy satisfecha de haber cumplido uno de mis propósitos de bienestar físico y mental.

¿Y tú? ¿Qué dice de ti tu cama? Cuéntamelo: te escucho.

— Nohemí Hervada

Demasiado feministas

Demasiado feministas

Feminismo · Empresa · Sin filtros

Demasiado feminista para el mundo profesional.

¿Qué sentirías si oyeras este comentario sobre ti y tu trabajo? Bienvenida a mi vida.

Demasiado feminista para el mundo profesional: una fila de hombres grises con corbata y una mujer en rojo

Hace años, un señor (por ser generosa en mis términos) me dijo que, con el tipo de fotos y comentarios que publicaba en mis redes, nunca me iban a tomar en serio en el mundo de la empresa.

Por aquel entonces yo me dedicaba al ámbito maternal, y mis fotos amamantando dieron la vuelta al mundo cuando Facebook las censuró y peleamos hasta conseguir que cambiara su política.

Nohemí Hervada, demasiado feminista para el mundo profesional

Es curioso que un tipo narcisista, tirando a psicópata, que presumía de premios de emprendedores y de estar en consejos de dirección de empresas, afeara mi «estilo» en redes. Sobre todo si recuerdo las fotos que él me mandaba a mí: mujeres desnudas y atadas.

Al parecer, mis tetas daban mala imagen si era para defender mi derecho a amamantar. Las de las mujeres con las que él se excitaba sí eran dignas de compartirse.

Al final, este ser asqueroso no es más que el reflejo de la moral hipócrita que aún hoy existe en el mundo, incluido el mundo profesional y de la empresa.

La tónica

El éxito en masculino

Porque esa ha sido la tónica. Recuerdo mi primer trabajo, de secretaria en un bufete de abogados de mucho prestigio. Mis jefes idolatraban a Mario Conde. Todos vestidos y peinados como él: parecían clones. Daba igual lo que escondiera esa fachada de hombre de éxito.

Hasta robar es glamuroso si lo haces con un traje caro y mucha gomina. Y si eres hombre, claro.

Si eres hombre:

Puedes permitirte soltar tacos diciendo que eres lo más.

Puedes mirar a la gente a la cara y ser todo lo directo que quieras: no serás agresivo, serás potente.

Puedes defender a muerte tus colores y tus ídolos aunque sean deleznables, porque representan el éxito en masculino.

Si eres mujer, no vayas a creer que puedes hacer lo mismo. A ti te toca ir por los carriles que ellos te marcan, o descarrilarás tu carrera profesional. Y encima habrá sido culpa tuya.

La pregunta

«Demasiado feminista»

¿Se puede ser «demasiado» feminista?

¿Se puede una pasar de exigir que se cumplan los derechos?

¿Se puede ser demasiado pro derechos humanos?

¿Se puede ser demasiado equitativa?

Al parecer, sí.

Cuándo lo somos

Somos demasiado feministas cuando…

…no aceptamos esta igualdad de postureo, este feminismo de Zara y esta moda de aprovechar el talento femenino para decorar de forma barata el viejo y rancio despacho machista. Como pegar papel pintado en una pared con moho.

…no pedimos permiso para hablar. Cuando nos interrumpen y, en vez de achantarnos, levantamos la voz o le recriminamos al machote de turno su mala educación. Somos tan demasiado feministas que las maleducadas somos nosotras.

…nos lanzan un piropo y, en vez de avergonzarnos, sonrojarnos, incomodarnos (o sentirnos halagadas), lo devolvemos de un revés a su terreno: «tu opinión me importa la misma mierda que tú».

…osamos hablar en términos y condiciones hasta ahora reservados a los hombres.

…denunciamos vuestro machismo en voz alta, cuando decidimos que la vergüenza la lleve quien la merece.

…hacemos un ejercicio de sororidad y decidimos creer primero el testimonio de la mujer. ¿Te jode? Es lo que habéis hecho vosotros siempre: vuestra sola palabra bastaba para arruinar la reputación y la vida de las mujeres, con la complicidad de vuestra jauría fraternal.

…detectamos eso que llamáis «micromachismos» en un intento por blanquear vuestras violencias. Porque sí, majete: todo es machismo. Solo que hasta ahora nadie te lo afeaba.

…te decimos que te quites de ahí, que es nuestro sitio. ¿No te has parado a pensar en todos los espacios que ocupáis y que, aunque solo fuera por cuota, deberían ser nuestros? ¿En todo lo que históricamente nos debéis a las mujeres? ¿Las herencias no cobradas? ¿El trabajo no remunerado? ¿Los cuidados gratuitos y sin descanso?

…en vez de preocuparnos por vuestro ego, nos preocupamos por nuestro amor propio.

Así que sí, somos demasiado feministas cuando te demostramos que tu burla, tus chistes, tus comentarios, tus fantasías, tus discursitos, tus piropos, tus miradas, tus «halagos», tu paternalismo y tu condescendencia son basura machista.

Para terminar

Lo que somos y lo que eres

Yo tengo claro qué somos: feministas. Demasiado poco, diría yo.

La cuestión es si tú tienes claro lo que eres tú.

Actualización 2026

La etiqueta también se gasta

Desde que escribí este post ha llovido mucho. Vimos cómo el feminismo era fagocitado por la corriente woke y las políticas de identidad.

Primero tuvimos que matizar: «soy feminista radical» (radfem), para dejar claro que no apoyábamos los llamados feminismos identitarios ni las demandas de otros colectivos que van contra los derechos de las mujeres.

Hoy muchas preferimos no usar ni la etiqueta. No siempre es posible ir explicando todo lo que nos separa de lo que hoy se entiende por feminismo.

Lo que no ha cambiado es lo que defiendo. Ha cambiado la palabra, no la causa.

— Nohemí Hervada

El chico que vivía bajo el puente

El chico que vivía bajo el puente

Sociedad · Clasismo · Sin filtros

El chico alto, rubio y guapo que vivía bajo el puente.

Parecía sacado de una serie de vikingos. Y era invisible. Una tarde de competición infantil, un puente y la pregunta incómoda de qué nos separa de él.

El chico que vivía bajo el puente: un puente de siete arcos y, bajo uno de ellos, una silla vieja y una figura en rojo discontinuo, casi invisible

Parecía un personaje de cualquier serie de vikingos. Podría haber sido modelo. Rubio, alto, con una barba que, a pesar del evidente descuido, no ocultaba lo atractivo que había debajo. Envuelto en ropa sucia: no esa suciedad honorable que tienen los héroes, sino la suciedad que invisibilizamos.

Alrededor, un grupo cada vez más grande de gente: niños, niñas y jóvenes con sus familias, y alguna que otra exhibición de cochazos con la excusa del deporte infantil. Todo envuelto en una música muy mal escogida que, como si fuera a propósito, no paraba de recordarnos que vivimos en plena era del culto, no ya al cuerpo, sino a la ostentación.

En medio de ese ir y venir de gente por un barranco polvoriento, como en un western, él parecía un fantasma. No por terrorífico, sino por invisible.

El fantasma

Como quien sabe que molesta

Caminaba con la mirada baja y perdida, como quien se ha acostumbrado a no ser visto a pesar de su altura y de desentonar con la imagen del grupo. La primera vez que pasó frente a mí intenté mirarle a los ojos y no encontré su mirada. Pasó rápido, como quien sabe que molesta con su sola presencia.

Le seguí con la mirada hasta que se paró en su destino: una especie de silla vieja y un montón de lo que, para nosotros, sería basura. Llamarlo «casa» me parece un vergonzoso eufemismo. Un rincón inhóspito con la única bondad de tener techo. El puente.

La amenaza

«Vivir bajo un puente»

Sentí angustia y pensé en todas las veces que había oído esa expresión. De niña y de adolescente se usaba:

Como metáfora del desafortunado destino de algunos (merecido, según lo moralizante que fuera el discurso).

O como amenaza, horriblemente literal para la mente de un niño, si no aprovechábamos nuestras oportunidades.

Me pareció escuchar la voz de mi padre pronunciando esas palabras que, en su caso, eran totalmente absurdas: carecía de autoridad moral para dar a sus hijos cualquier lección de vida. En cualquier caso, la imagen del puente como único refugio se hizo realidad viendo a aquel joven.

Nosotros

La clase media que nos hemos creído

Yo estaba allí con mis hijos, agradeciendo ser de ese grupo de personas que nos hemos creído que somos clase media porque los fines de semana vamos en nuestro coche a que nuestros hijos compitan con otros niños y niñas por un minuto de gloria y una medalla de latón tan cutre que la insignia se despega antes de llegar a casa.

Pero ahí estamos: riendo, animando, aplaudiendo. A veces, incluso, siendo unos impresentables cuando animamos a nuestros hijos a machacar al resto.

Y en ese contexto, el joven vikingo cuyo hogar es el puente, ese al que ni miramos, nos coloca automáticamente en la cúspide de la pirámide. Porque nosotros tenemos casa y trabajo. ¡Nosotros no vivimos bajo un puente! ¡Nosotros demostramos que no somos unos fracasados!

Porque en este aquí y ahora de nuestro mundo, el éxito es eso: no vivir bajo un puente.

Aunque nuestra hipoteca nos obligue a dedicar la vida a quien quiera que sea nuestro amo y nos quite el tiempo de vivir de verdad.

Aunque nuestro cochazo sea solo una forma de disimular con lo exterior lo pobres que somos por dentro.

Aunque nuestras creencias más profundas sean más asquerosas que la ropa sucia que evitamos mirar.

Da igual. Nosotros no acabamos bajo un puente.

Las preguntas

¿Con qué derecho me acerco?

No pude evitar preguntarme qué, por qué, cómo. Quería saber cómo había acabado bajo aquel puente un chico joven, alto y guapo. (Y no, esto no es una frivolidad: a los guapos les va mejor en la vida, y si no lo creen, piensen en la imagen habitual de las personas sin hogar.)

Quería acercarme y decirle:

«Hola, no eres invisible, te veo. ¿Cómo estás? ¿Necesitas algo?»

Entonces pensé con qué derecho irrumpo yo en la vida de alguien solo porque creo que está en una posición desfavorecida. Me escuché a mí misma hablando de estereotipos, de paternalismo, de capacitismo, de la cara oculta del voluntariado que demasiadas veces usa a quien recibe la ayuda como excusa para alimentar el propio ego.

¿Cabría la posibilidad de que estuviera exactamente donde quería estar?

¿De verdad alguien podría escoger aislarse, invisibilizarse, desdibujarse?

No tengo la respuesta. La historia de ese joven solo la sabe él. Y quizá pequé por defecto.

Pasó delante de mí un par de veces más, con unas bebidas en las manos. Cada vez, la misma búsqueda infructuosa de sus ojos. Cada vez, su paso ligero, decidido, casi flotante, sin reparar en lo que le rodeaba.

Me pregunté si nosotros también nos habríamos vuelto invisibles para él. Si éramos una especie de cuerpos que vibraban en una frecuencia inaudible para él, igual que él para el resto de los que estábamos allí.

Los niños

Hasta la miseria se ha vuelto común

Mi hija y otras niñas de su edad jugaban cerca de donde estaba él. Otros niños y niñas pasaban cerca en bici o correteando, y me llamó la atención que, durante el rato que estuve observando, ninguno se acercó a él.

Me acordé de mí misma de niña, acercándome a hablar con todo lo que me parecía interesante o simplemente diferente. Recuerdo la primera vez que vi a «un negro» y a «un enano», como se decía entonces. Recuerdo mi reacción exagerada y cómo mi madre, avergonzada, me cogía de la mano para alejarme y decirme que a la gente no se la señalaba.

Y allí ninguno de aquellos niños vio nada interesante ni diferente. Quizá es que todo se ha vuelto común, incluso la miseria. No lo sé.

Mi reacción

No hice nada

Sé que estuve mal mucho rato. Posiblemente una mezcla de tristeza, compasión y vergüenza. Quizá mi propia reacción sea la prueba de mi propio clasismo.

No sé si había una reacción buena y una mala. Como suelo decir en mis cursos, casi siempre importa más la motivación que la acción, y la reacción que la acción. Podría haber reaccionado de otro modo. Podría haber «hecho» algo más que observar y pensar.

El caso es que no hice nada.

Nada, salvo hablar con mi hijo. Le hablé del chico que vivía bajo el puente y de lo invisibles que se vuelven a veces las personas. Y me dijo que él sí lo había visto y lo había mirado. Que se preguntó por qué estaría allí.

Y en mi soberbia comodidad de mujer de clase media, con coche de gama media e hipoteca, que lleva a sus hijos a unas competiciones con las que está profundamente en desacuerdo, sentí el hipócrita alivio de pensar que algo estaba haciendo bien.

Actualización 2026 · Los datos: según la última encuesta del INE (2022), en España hay 28.552 personas sin hogar atendidas en centros asistenciales. Pero esa cifra solo cuenta a quienes acuden a recursos oficiales: la entidad HOGAR SÍ estima que la cifra real ronda las 37.000, y que un 10 % de la población adulta ha dormido al menos una noche en la calle por dificultades económicas. Fuente: HOGAR SÍ.

Para terminar

Cuando toca rendir cuentas sin máscaras

Pero en el fondo, cuando toca rendir cuentas a una misma, llevo varios días pensando si el chico alto, rubio y guapo que vive bajo el puente estará bien. Si preferiría estar en otro lugar.

Pensé que esa podría haber sido mi historia cuando, con 19 años, me fui de casa sin trabajo y con muy poco dinero en el bolsillo.

Quizá la única diferencia que hizo que yo no acabara viviendo bajo un puente, como tantas veces vaticinaba mi padre, fue que tuve suerte. No ese tipo de «suerte meritocrática» que tanto oigo y tanto asco me da. Tuve suerte porque siempre tuve personas con quien contar.

Hoy, que sigo recibiendo tanto de tanta gente que quiero y me quiere, el chico alto, rubio y guapo que vive bajo el puente me obliga a ser aún más agradecida.

¡Gracias a las personas de mi vida!

P. D.: Y no, no era alcohol.

— Nohemí Hervada

Por si muero

Por si muero

Vida · Duelo · Sin filtros

Por si muero.

Tengo una costumbre algo macabra: antes de subir a un avión me despido con «por si se cae el avión, que sepas que…». Y no pienso dejarla.

Por si muero: un móvil con un mensaje rojo con un corazón y un avión despegando

Vivo en una isla, lo que supone viajar bastante en avión. Y tengo una costumbre, algo macabra para algunas personas: despedirme con la frase «por si se cae el avión, que sepas que…».

A la mayoría de la gente le parece de mal gusto mencionar la muerte o la posibilidad de un accidente mortal. Si me paro a pensarlo, es normal: no queremos pensar que nos pueda pasar, precisamente porque sabemos que nos puede pasar.

Morirse es facilísimo. Como dice el refrán: «para morirse solo hay que estar vivo».

Por eso todos los vivos intentamos no pensarlo demasiado, para no amargarnos la existencia. Lo cierto es que yo pienso bastante en la muerte, porque me ha visitado de cerca y se ha convertido en una especie de enemiga íntima.

Lecciones

Lo que me enseñó la muerte

La muerte me ha dado lecciones de vida, de esas que te hacen replantearte muchas cosas:

Se me murió mi segundo bebé y perdí de golpe la inocencia. Aprendí a ver la cara B de la parte más bonita de la vida. Lo conté en Sí duele, mucho. Pero no vas a morir.

Se murió mi madre de repente y me di cuenta de que los «mañana hablamos» a veces no son posibles. Que se nos quedan conversaciones pendientes porque vivimos creyendo que somos, si no inmortales, sí longevos. Y no siempre es así.

La muerte no siempre avisa. Vivir es estar permanentemente en riesgo de morir, y no somos conscientes.

Y está bien que sea así. Pero no tanto.

El filtro

Saber que puedes morir es un aliciente para vivir

Aunque parezca contradictorio, ser consciente de que te puedes morir es un gran aliciente para vivir. Es:

Un filtro perfecto para saber qué es esencial y qué es superfluo, qué es prioritario y qué no.

Un examen implacable para saber qué gestionas desde el amor y qué desde el miedo.

Un espejo que te enfrenta a tu ego como nada más.

Con esa dosis brutal de verdad que solo dan los duelos, porque en ellos estás sola con tu dolor. Y en el dolor no hay máscaras que sirvan.

Modo avión

Mis últimas palabras: «te quiero»

Cuando me siento en el avión, los últimos mensajes que mando antes de poner el modo avión me dicen quiénes son las personas de mi vida.

Es un poco macabro, sí. Pero por unos segundos me imagino que muero estrellada y que mis últimas palabras fueron «te quiero».

Por si se cae el avión, que sepas que te quiero.9:55 ✓✓

Mi último mensaje antes del modo avión

Cuando publiqué esto en Facebook, tuvo más de 200 reacciones y se compartió 150 veces. Quizá no soy la única que piensa en esto antes de despegar.

Para terminar

No esperes al modo avión

Lástima que a veces tengamos que pensar en la muerte para decirlas.

Ojalá la vida nos motivara igual a vencer la vergüenza, el orgullo y el miedo, y a quedarnos con lo que de verdad importa.

— Nohemí Hervada

Golpea, llora y sigue golpeando

«La mente a veces olvida, el cuerpo no»

Ayer tuve un día raro, de esos que te notas sin energía. Por la mañana, encima de la bici  en clase de spinning me sentía con poca fuerza y sólo quería llorar. Lo achaqué  al cansancio. Me fui a la cama pronto pero no podía dormir. Sólo quería llorar.
Hoy me levanté con esa sensación de pesar 150 kilos, como si el mundo te pesara en los hombros … y entonces me dí cuenta.
Hoy es día 22 del 2.
Hoy hace 11 años que nacía mi hijo.
Hoy hace 6 años que moría mi madre.

Hoy me pesaba el cuerpo para recordarme que a veces, lo que pesa es el alma.  Y hoy sí me permití llorar. Llorar de pena, de rabia, de cansancio, de tristeza.

Hacer deporte para mi está siendo un aprendizaje sobre la vida, sobre mí misma, sobre mi cuerpo, sobre mis capacidades, sobre mis miedos, sobre mis motivaciones, sobre mis límites.
Estoy aprendiendo a mirar de frente a mis «no puedo» sin excusas.
Estoy aprendiendo que el cuerpo conecta a veces mediante el dolor con emociones guardadas, igual que pasa con el placer.
Si alguna vez has llorado tras un orgasmo, entenderás lo que quiero decirte.
Cuando sientes algo tan fuerte que parece que los espasmos no afectan sólo tus músculos sino a todo tu ser. Cuando tus emociones te recorren por todas las fibras de tu ser buscando salir en forma de gritos o de llantos.
Yo hoy, mientras sufría aguantando «un poco más» haciendo ejercicio, sentí  mi dolor saliendo por mis puños.
Y mientras seguía el ritmo de esta canción golpeando con mis puños, lloraba y seguía golpeando.

Eso es para mi los duelos, golpear, llorar y seguir golpeando. Hasta que no puedas más, hasta que no queden lágrimas o no queden fuerzas…

Luego, a la ducha, agotada, a llorar con algo menos  de rabia y con mucha más tristeza, diluyendo mis lágrimas con el agua caliente que me alivia y me calma, como lo habría hecho tu abrazo.

Me siento a trabajar y escribo esto… porque aún queda llanto por salir, rabia que gestionar y tristeza que recolocar. Porque ahora, tras unos cuantos años me siento más huérfana que antes. Porque ahora, tras tanto, ya sólo queda el amor que a veces no nos supimos demostrar.
Busco la letra de esa canción, que parecía haber sido compuesta para mí hoy. Para llorarte y enfadarme con la vida otra vez. Y descubro lo que ya sé… que a estas alturas de mi vida, la música es mi única religión. Y que lo que nos parece aleatorio y paradójico, no es sino parte del entramado del que somos parte: la vida y la muerte.


Sigma ft. Labrinth – Higher

«And what is love
If you’re still searching for something?
And what is love
If it’s building up to nothing?
We’ll never see how far we’ve come
But we keep looking at the sun
So what is love
If we’re still searching for something?

Get higher, higher, higher
We keep looking up
Higher, higher, higher
But we’re still not high enough
Higher, higher, higher
We keep looking up
Higher, higher, higher
But we’re still not high enough

Take my heart back from your hands
And my pride back from your sheets
I’ll believe while I still can
Taking back the best of me
If this ain’t enough, no, no, no
Then I guess I’ve had enough, had enough, had enough, had enough

PD: Querido hijo… siento no ser de esas madres que preparan fiestas de cumpleaños a sus  hijos. Ojalá te compense ser hijo de esta madre, a  veces, tan rara.

Fuente de la Imagen 

Qué es ser una mujer valiente

Qué es ser una mujer valiente

Cuando me divorcié escuché muchas veces la frase: «¡Qué valiente eres!»
Me di cuenta entonces que para muchas personas el valor radicaba en ser capaz de tomar una decisión tan trascendental como esa. Con el tiempo cada vez más mujeres me contaban que envidiaban poder tomar esa decisión, pero que no se veían capaces de afrontar las consecuencias de «romper una familia» y seguir la vida solas, sobre todo con hijos de por medio. Para algunas, lo que yo hice les parecía heroico y sin embargo  para mí era incomprensible que tantas personas prefirieran seguir con vidas insatisfactorias, en relaciones «muertas», sólo por el miedo a lo desconocido que pudiera llegar si dieran el paso de cambiar su forma de vivir.

Este hecho me demostró lo que ya sabía: que los miedos son personales y las capacidades de enfrentarnos a ellos también. A mí me daba mucho más miedo imaginarme viviendo atrapada en una vida ficticia, viendo cómo degeneraba una relación que merecía recordarse como la mejor de mi vida, que todo lo desconocido que pudiera llegar por decidir acabar y recomenzar.

[Tweet «Los miedos son personales y las capacidades de enfrentarnos a ellos también.»]

La falsa seguridad

Es cierto que el ser humano encuentra seguridad en las rutinas. Que entre dos la vida es más fácil, sobre todo económicamente hablando. Que nos hipotecamos, literal y metafóricamente hablando, convirtiendo así la relación en un contrato con una claúsula de rescisión más abusiva que la del peor banco.

Entiendo que el miedo a hacer daño al otro, a los hijos, a la familia, al entorno, sobrevuela constantemente sobre nuestras cabezas recordándonos si merece la pena. Lo sé, lo he vivido.
Y lo cierto es que nadie tiene la respuesta a esa incógnita. Nadie, salvo uno mismo, sabe si merece la pena el salto, la ruptura, el caos de desmoronar tu vida para volverla a levantar desde cero, o desde menos cero en algunos casos.
Lo único claro es que vivir, o mejor dicho, dejar de vivir por miedo a las consecuencias no deseadas, también nos priva de la oportunidad de intentar ser feliz. Al menos más feliz de lo que viven dentro de un muro soñando en cómo sería vivir fuera de él.
No estoy animando con esto a que nos divorciemos en masa, cualquiera que ha pasado por un proceso así sabe que nunca es fácil, que hay mucho dolor, mucha tristeza, frustración, culpa, sensación de fracaso, de deslealtad, de vergüenza incluso.

Pero la alternativa es peor. Porque todas esas emociones al final no son «negativas» como nos enseñan, son parte de la vida.

  • Es sano sentir sensación de fracaso cuando has puesto tanto de tu parte en un proyecto que no culmina, Lo contrario sería un insulto a esa relación y a esos años compartidos.
  • Es normal sentir culpa por influir en la vida de otro(s) sin su consentimiento, lo contrario sería una irresponsabilidad o una falta total de empatía.
  • Es normal sentir tristeza al ver tristes a personas importantes de tu vida, lo contrario sería no haberles amado nunca.
  • Es normal plantearse y replantearse si merece la pena aguantar esa ola destructiva que está arrasando la vida de tu familia, lo contrario sería no tener madurez para afrontar las consecuencias de los actos propios.

Pero todo eso tan duro de vivir encuentra al final su razón de ser. Al final, después de enfadarnos, de llorar, de renegar, de odiar incluso, de los reproches y los desprecios, cuando todos aprendemos a recolocarlos en nuestros nuevos lugares, más desconocidos posiblemente, pero más ciertos… Al final nos encontramos de pie donde elegimos estar.
No siempre será como pensamos que sería, no habrá sido siempre fácil ni cómodo el camino. Quizás sufrimos más en el cambio que habiendo permanecido inmóviles. Seguramente habremos experimentado la Soledad en mayúsculas. Puede que aún duela mirar algunas de las secuelas de nuestra decisión en  nosotros o en los demás. Pero tras todo eso y a pesar de ello, toca reconocernos en la persona que somos de verdad.

Una dosis de realidad

libro La Maternidad Sin Tabúes, de Nohemí Hervada

Libro «La Maternidad Sin Tabúes», de Nohemí Hervada

Idealizamos el amor y los compromisos e idealizamos también librarnos de ellos. Vivir en carne propia todo este proceso puede ser la oportunidad de aprender a distinguir el amor de la necesidad  o del miedo a estar solas. Puede que tengamos que experimentar cuánta fuerza se necesita para no vender nuestra alma por un abrazo.
Puede que descubramos que hay muchas más mujeres valientes de las que creemos. Con luchas mucho más difíciles y mucho menos reconocidas. Heroicidades silenciosas y solitarias. Gestas aparentemente nimias que pasan desapercibidas entre tanta batalla cotidiana.
La vida me ha permitido conocer a este tipo de mujeres valientes de verdad. Las que se enfrentan a situaciones que no están cien por cien en su mano cambiar y a pesar de ello, luchan y no se rinden.

piedrasHace falta mucha fuerza cuando la vida te pone de  frente  un Goliat y tú aún estás intentando encontrar las piedras para tu honda. Hay que ser muy valiente para librar todas las batallas que libramos todas y además, luchar contra un enemigo oculto dentro de ti, esperando devorarte.

Hay que ser de verdad valiente para vencer al desánimo, al dolor e impedir que te consuma  la justa rabia de sufrir algo tan cruel como injusto.

Yo conozco a mujeres de este tipo y cada día me pregunto de dónde sacan su fuerza.
Imagino que, al final, como todas las personas valientes, sea cual sea la lucha a la que se enfrentan, vencen al miedo con la única arma posible.

Un arma que adopta diferentes formas según se va necesitando: coraje, esperanza, determinación, optimismo.
Distintas formas que el AMOR adopta para cumplir su objetivo: vencer.

#NoEstásSola
#NoEstamosSolas

 

PD: Dedicado a Elo y a todas las mujeres valientes que han luchado y siguen luchando contra el cáncer

Blogueros mansplainers que no saben ver un plagio

Blogueros mansplainers que no saben ver un plagio

Que te eliminen de los créditos de tu obra, cabrea
Que veas que otro firma tu obra, cabrea aún más
Que te plagien y modifiquen tu obra, te sulfura
Pero que haya impresentables, que pretenden decir que se dedican a escribir, que niegan un plagio evidente… os podéis imaginar cómo te deja el cuerpo.

O no, porque, en el fondo, todo este tipo de actitudes: robar, copiar, modificar una obra, firmar algo que no es tuyo, ningunear al autor deliberadamente, compartir una obra a sabiendas que es una adulteración de un original… o sencillamente enrocarse en «no querer ver lo evidente» sólo demuestra la catadura moral y profesional de algunas personas.

Una web que hace años era referencia en el mundo de la crianza, hoy convertida en mercenaria de las marcas que contratan publicidad, no sólo publica un refrito poco currado  incluyendo una carta viral plagiada, sino que,  al contactar con los responsables de contenido de la web, su respuesta es:

«por la presente le informo de que, al no encontrar relación directa entre los textos a bote pronto, su email ha sido enviado a nuestro departamento legal para estudio.» 

Aún estoy esperando la respuesta a mi «segundo requerimiento amistoso» en el que solicito «El cese de la vulneración de mis derechos de propiedad intelectual mediante la  reproducción/comunicación pública (derecho de explotación) de contenidos ajenos sin autorización, cese que conlleva la retirada inmediata de los contenidos mencionados»
Y mientras tanto observo entre atónita y estupefacta que el editor en cuestión niega la mayor diciendo que sólo hay parecidos razonables hablando de genéricos…

En mi anterior post Mansplaining y Manswriting ya detallaba las connotaciones de  este tipo de actuaciones y la impunidad vergonzosa y la soberbia de quienes se empeñan en seguir negando lo evidente.

Tengo claro que para debatir con algunas personas  de forma no abusiva, hay que hacerlo en un mínimo de condiciones de igualdad y dado que la comprensión lectora de algunas personas queda patente por su reacción ante la demanda lícita de cese de vulneración de mis derechos, he decidido publicar una «comparativa» de ambos textos a modo de juego de encontrar el parecido razonable.

He obviado las frases que pueden ser de contenido general y,  aún así, veréis que hay bastante contendido literalmente  igual. En el mundo irreal de los que no ven lo evidente, no sé qué explicación cósmica encontrarán a ese hecho.

Pero reitero que lo peor  ya no es el plagio de un texto en sí

  • Lo peor es alabar el hecho de que un hombre, pareja y padre, haya pasado años maltratando emocionalmente a su mujer, haciéndola sentir una mantenida y que, en 2 días, «vea la luz» y sea capaz de empatizar con lo que siente su mujer.
  • Lo peor es que nos hagan creer que una mujer intelectualmente inteligente actúe de ese modo con un patán de pareja.
  • Y lo peor es que haya tantísimas mujeres alabando esa «falsa carta» que no es más que machismo y misoginia encubierto. El mismo machismo y misoginia que lleva a quien publica contenido que no es suyo, a no reconocer la autoría  legal del mismo a quien la acredita y a, además, chulearse diciendo que «a mí me gusta más esta ( el plagio)» .

 

Juzguen ustedes mismos:

carta viral plagio

carta viral plagio 2

En  ESTE ENLACE podéis descargar la comparativa  en formato PDF para mejor lectura.

Me encantaría saber quién plagió en primera instancia mi texto, del que ya circulan versiones en inglés y catalán. Del texto en castellano hay una versión algo más diluída… pero sigue compartiéndose cientos de miles de veces, cada día.

  • Voy a imaginar, aludiendo a mi texto, que un día todos, y sobre todo TODAS, sabremos discernir a los verdaderos profesionales de los vulgares mercenarios recopilatorios.
  • Voy a imaginar que un día se respetarán los derechos de propiedad intelectual y dejaremos de encontrarnos personas que «voluntariosamente» eliminan la firma de las obras, para conseguir llenar, vete a saber  qué vacío de autoestima propia.
  • Voy a imaginar que un día este tipo de webs tan «posicionadas» en buscadores, será vista como lo que son en realidad: escaparates de las marcas de los productos que cualquiera en conciencia se negaría a promocionar.
  • Voy a imaginar que algún día la gente mediocre se dedicará a vivir su vida sin violentar los demás ni su trabajo
  • Y voy a imaginar que vamos a llegar  muy pronto a los 1000 ejemplares vendidos de mi libro La Maternidad sin Tabúes, porque si algo demuestra toda esta historia, es que escribo muy bien. Tanto, que mis palabras y mis ideas, lo reconozcan o no, aparecen publicadas en textos que firma gente que me detesta. Al final, eso debe escocer un pelín XD.

La maternidad sin tabues

PD: En este enlace podéis oír mi participación en La Alpispa de Canarias Radio hablando de este tema. Los primeros 20 minutos del programa

Las renuncias de las madres

Las renuncias de las madres

Maternidad · Sin filtros

Las renuncias de las madres.

Cualquier madre que conozcas lo es a costa de renunciar.

Las renuncias de las madres: Nohemí Hervada mirando al mar al atardecer
Imagina que eres una profesional altamente cualificada.
Imagina que tienes un trabajo que te apasiona.
Imagina que ganas mucho dinero que te permite tener el nivel de vida que soñabas.
Imagina que sientes que eres respetada y valorada.
Imagina que tienes independencia económica que repercute en que tus relaciones con el resto de adultos sean sanas y libres.

¿Lo imaginas?

Primera parte

Ahora imagina que te conviertes en madre

Imagina que tus expectativas son disfrutar de esas 16 semanas de baja y luego seguir con tu flamante carrera, porque puedes permitirte pagar a la mejor persona del mundo para que cuide a tu bebé mientras tú no estás.
Imagina que llega ese momento y sientes una mezcla entre alivio y tristeza. Alivio porque la maternidad te resulta más agotadora que tu trabajo de 10 horas entre tiburones empresariales y económicos, y tristeza porque en el fondo no quieres dejar a tu bebé con nadie.
Imagina que estás en tu despacho y sientes que eso no es lo que quieres hacer.
Imagina que decides renunciar a tu trabajo, a tu estatus, a tu independencia, por ejercer de madre del modo que tú libremente escoges.
Imagina que pasan los días y las semanas y los meses, quizás los años, y te sientes feliz de hacerte presente en la crianza de tus hijos, feliz de saber que estás invirtiendo en algo que nadie más puede darles, feliz porque tu cabeza, acostumbrada a analizarlo todo fría y objetivamente, te dice que tú eres indispensable para tus hijos en esta etapa de su desarrollo.
Imagina que a pesar de eso, otra parte de ti se siente cansada, exhausta, molesta y susceptible, porque tu parte emocional no se contenta con saber "los beneficios de criar a los hijos".
Imagina que llevas años sin dormir seguido, sin mantener una conversación adulta sin interrupciones de "teta", "pis", "cógeme", "no quiero", "quiero"…
Imagina que ahora tu economía no depende de ti, sino de tu pareja, o de tus padres, o de un sistema público.
Imagina que te das cuenta de que a tu alrededor nadie valora lo que haces, que se da por sentado que es tu obligación y punto.
Imagina que te gustaría que el padre de tus hijos se implicara en su crianza y lo que recibes al hablar del tema es un: "yo me paso el día trabajando para que tú puedas quedarte en casa a jugar a las muñecas".
Imagina que te critican por antifeminista, por "floja", por "señorona", por "hippie", por fundamentalista… Te critican por una cosa y por la contraria, porque al parecer decidir ejercer de madre no está bien visto en ningún sector de los que antes frecuentabas: ni en los negocios, ni en la política, ni en la sociedad, ni en tu familia…

¿Lo imaginas?

Segunda parte

Ahora imagina una propuesta

Imagina que en ese caos emocional, físico, anímico y social, recibes una propuesta de trabajo.
Imagina que un headhunter ha visto tu perfil profesional y te ofrece un trabajo mucho mejor que el anterior que dejaste.
Imagina que al oír la cifra de lo que vas a cobrar no puedes evitar pensar que llevas meses vistiendo ropa comprada en grandes almacenes, comprando marcas blancas en el súper, y que lo más parecido a cenar fuera es ir a un restaurante de comida rápida con los niños.
Imagina que sueñas con esa posibilidad de recuperar tu vida, tu autonomía, tu libertad, tu independencia, tu estatus, tu reconocimiento, tu "voz", que se ha diluido entre los llantos y demandas de los pequeños.
Imagina que lo piensas y decides que todavía no es el momento, que tus hijos son pequeños aún.

¿Puedes imaginar los sentimientos encontrados?

¿Puedes imaginar el sentimiento de culpa que esto genera?

La culpa

Culpables de todo

Culpa por desear decir que sí a esa oferta.

Culpa por sentirse triste al decir que no.

Culpa porque este suceso te revuelve y te enfada y te frustra, y lo has pagado pegando cuatro gritos a tus hijos, lo que te hace creer que eres un fracaso de madre o un fraude a la crianza que quieres.

Culpa porque, al fin y al cabo, es lo único que hemos aprendido como mujeres: a sentirnos culpables de todo, por todo y por todos.

Llevamos la carga más pesada de la sociedad, la que nadie reconoce, ni valora, ni remunera.

En época de campañas electorales nos frustra ver cómo nadie está interesado en nuestra situación. Hartas de ver que la única opción que se nos plantea es tener guarderías desde el nacimiento, o que el padre coja la mitad del permiso de maternidad.

Las madres estamos constantemente renunciando: TODAS.

Unas renuncian a su vida y otras a sus hijos.

Algunas intentan compaginarlo todo y renuncian a tener tiempo para ellas, o a tener tiempo de intimidad con su pareja, o con sus amigas, o a invertir en su salud haciendo deporte… qué sé yo.

Lo cierto es que cualquier madre que conozcas lo es a costa de renunciar.

Para terminar

La próxima vez que te encuentres con una madre

Por favor, no la critiques.

No le digas lo que tiene que hacer o cómo.

No la ignores solo porque sabes que no va a poder ir a tu fiesta nocturna: invítala igual.

No caigas en obviedades y frases hechas.

Sencillamente, dile:

"Eres muy valiente, lo estás haciendo muy bien y te admiro".

P. D.: Dedicado a A. y a todas las preciosas madres que han decidido vivir intensamente este largo, precioso y a veces duro y solitario viaje que es el de criar hijos. He aprendido tanto de ti, de vosotras, que solo puedo deciros GRACIAS.

— Nohemí Hervada

Las renuncias de las madres · © 2015 Nohemí Hervada Palou · Registrado en Safe Creative. Si te gustó, compártelo desde su enlace original. Di #NOalPLAGIO.
Sígueme en X: @Do_Re_Mi_33.
Este artículo está incluido en mi libro La maternidad sin tabúes.
Léelo en inglés: What mothers give up · En italiano: Le rinuncie delle mamme

Sigue leyendo Vender el alma por un abrazo. La niña que fuimos, el abrazo que no tuvimos y por qué, aun así, elegimos dar el que nos faltó. Leer el artículo →

También te puede gustar: Ser madre: perder libertad, ganar otras muchas cosas.

El poder de las palabras

El poder de las palabras

¿Te has parado a pensar en el poder de las palabras?

¿Son una mera herramienta de transmisión de información?

¿O verdaderamente tienen  poder propio?

 

Estas palabras las conozco desde hace mucho, desde mi infancia:

 

“Existe el que habla irreflexivamente como con las estocadas de una espada, pero la lengua de los sabios es una curación.” (Salomón-Proverbios 12:18.)

Y uno siempre pensaba que era algo figurativo, que el mensaje tras las palabras hirientes era lo que hacía daño,  y que por el contrario, cuando alguien sabio nos hablaba podía reconfortarnos «el alma» y curarnos en cierto sentido figurado.

Pero resulta que Salomón sin duda era sabio porque ahora la ciencia nos dice que las palabras en sí mismas tienen poder, para dañar o para sanar. Que influyen en nuestras emociones más profundas, en los patrones de nuestro cerebro, a nivel neurobiológico, que influirán en nuestras respuestas futuras a situaciones determinadas.
En el coaching  y en la PNL nos enseñan a cuidar nuestro lenguaje pues puede ser limitante o todo lo contrario.

Oír  ( de nosotros mismos o de otros) la expresión: «no puedes»  puede ser una profecía. Pero del mismo modo, podemos  invertir el proceso y verbalizar lo que queremos conseguir: » puedo…».

Trabajar ese aspecto con uno misma es cuestión de decisión, de empezar y cambiar actitudes.

Críticas

Pero  ¿ y cuando estamos rodeados de personas negativas? ¿qué pasa cuando es nuestro entorno más cercano el que se empeña en ponernos trabas y minarnos la moral?

 

Resolvamos  no escuchar.

Dejarles  que sus palabras lleguen a nuestros oídos es darles ventaja.

Educa a tu entorno y diles con amabilidad pero con firmeza que no te gusta que te hablen así y que no vas a permitir comentarios negativos .
Cambia el rumbo de la conversación preguntando por cualquier otra cosa no relacionada, a ser posible agradable para ambas partes.
Recuerda que las únicas armas que poseen realmente contra ti son palabras, si no las pronuncian no existen.

Y no olvides empezar a practicar el hablar en positivo.

*En el taller Empodérate comparto contigo herramientas para estos y otros casos .

empoderate

 

Titulitis o profesionalidad

Titulitis o profesionalidad

La RAE  define así el verbo empoderar.

(Del ingl. empower).

1. tr. Hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido. U. t. c. prnl.

Suelo empezar mi taller Empodérate preguntando  a los participantes si se consideran desfavorecidos.

Es muy interesante observar las respuestas.

No voy a desgranar mi trabajo en el taller, pero os diré que en general tenemos poca conciencia de la realidad que vivimos y de la cantidad de veces que cedemos nuestra autoridad propia a terceros.

Autoridad

Toda nuestra existencia vivimos sometidos a autoridades externas que nos juzgan, opina, deciden, nos etiquetan… Nos enseñan la obediencia como único medio válido de crecer, y el cuestionamiento como algo intrínsiamente negativo.

Ya he escrito mucho en el blog Mimos y Teta sobre el tema de la autoridad que delegamos, sobre todo referido a nuestros hijos. Y no es extraño. ¿Cómo vamos a decidir con autoridad sobre otros si no decidimos con autoridad sobre nosotros mismos?

Ayer conocí por una noticia a Luz Rello y su historia:

Pincha en la imagen para leer la noticia completa

Esta joven investigadora ha recibido el premio al mejor investigador joven de Europa. Lo interesante de su historia es que ha llegado ahí tras un largo historial de suspensos. Ella misma cuenta:

He estado muchos años de mi vida suspendiendo muchísimo,

sentada en una mesa especial para niños fracasados.

Pensé en todas esas veces que juzgamos a otros con unos baremos determinados, que no son otra cosa que clichés o etiquetas que nos dan cierta seguridad porque delegan en terceros la capacidad de análisis.

Entiendo que en ciertas profesiones haya un criterio que garantice que quien practica cierta profesión o actividad cumpla unos requisitos mínimos de conocimiento, experiencia, capacidad, seguridad, legalidad, etc… pero en muchos otros campos, entre los que me muevo, cuando no hay una formación reglada, es curioso ver cómo seguimos queriendo un papel, un «título» decimos que diga que otro avale el trabajo de esa persona.

Parece cuanto menos curioso que en vez de preguntar y analizar el CV propio de una persona, nos fiemos más de una etiqueta o un trozo de papel, que en la mayoría de los casos lo único que garantiza es la asistencia y/o pago  de unos contenidos que alguien pensó que son los necesarios para desempeñar esa función.  A veces hasta desconocemos a la persona o entidad que ofrece ese título, y lo que ha exigido para otorgarlo, lo cual es el colmo de la paradoja.

Y no digo que no sea necesaria la formación para cualquier desempeño… digo que creo que algunas personas necesitan esa formación ordenada y escogida desde fuera, por terceros, y otros prefieren ir a su propio ritmo, según sus intereses, capacidades y aptitudes. Básicamente es el fundamento de la mayoría de los que optamos por el Homeschooling.

La cuestión que me hace reflexionar es la necesidad de etiquetado, cuando precisamente lo increíble del ser humano es la capacidad de inventar formas nuevas de enfrentarse a realidades cambiantes.

Profesiones que un día garantizaron éxito hoy son obsoletas. ¿Alguien fabrica hoy vídeos VHS?  ¿y Beta?… Y muchas profesiones de hoy en día hace sólo una década ni existían.

En mi vida personal los últimos años he vivido  lo que se siente al ser juzgada por no tener un «papelito» … en su momento intentaba explicar cómo lo veía yo,  recuerdo discusiones largas, con amigas intentando hacerles entender lo que yo veía tan claro…

«¿Cómo va alguien en un fin de semana a avalar más lo que soy que mi trabajo de años?

¿Y alguien que llegue desde 0 a ese curso, tras dos días va a saber lo mismo que yo tras  años diarios de práctica propia y enseñanza a otros?

 Porque si nos fiamos de papeles nos van a dar el mismo…»

Yo me negué a entrar en ese juego, por convicción propia, porque confiaba en que algún día tuviéramos el sentido común y juicio necesario para darnos cuenta de qué es lo que hace que alguien esté preparado para desempeñar un rol cualquiera… Y sigo confiando en que somos nosotros mismos los que tenemos que ser sinceros y autoevaluarnos…
Uno sabe cuando es bueno en algo y cuando no. Y si no lo sabe no va a aprender delegando ese autoanálisis en terceros.

Honestidad

La honestidad es un rasgo para mi inseparable de la profesionalidad.

Hoy que yo misma trabajo ofreciendo formación intento transmitir esa idea: yo puedo ofrecer información, formación, recursos, soporte, medios, herramientas, evaluación… pero eso solo garantiza que te adelanto una parte del trabajo. Te resumo lo que yo he tardado muchos años en aprender.
Pero eso es todo lo que Yo hago. El resto: captar, escuchar, asimilar, interiorizar, desarrollar, mejorar… eso es algo individual. NADIE puede hacerlo por ti.

No dejes que nadie te diga que no puedes si tú crees que puedes.

Pero tampoco te creas a quien te diga que eres lo que tú misma sabes que no eres. 

A Luz la calificaron de tonta y no lo era.  Pero en ese momento tampoco era el genio en que se convirtió después, cuando supo exactamente desde dónde partía y encontró la forma en la que ella podía aprender y desarrollar su máximo potencial.

El empoderamiento nunca es desde fuera, no lo olvides.

Siempre del centro hacia fuera

Siempre del centro hacia fuera

empoderate

Nohemí Hervada
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