Apolítica, decía yo.
Durante años presumí de que no me interesaba la política. Hasta que una amiga me desmontó el discurso con una sola frase y entendí qué es la política de verdad.
Lo he dicho muchas veces. "A mí no me interesa la política." "Yo soy apolítica." Lo decía con cierto orgullo, como quien se mantiene limpia en medio del barro.
Hasta que un día una amiga me miró y me dijo:
"Tú eres la persona más política que conozco."
Me quedé callada. Y tenía razón.
- No estaba afiliada a ningún partido. No era militante ni partidista.
- Pero llevaba años hablando, divulgando y peleando a mi manera por lo público. Desde donde podía hacer algo o influir en alguien.
Ese día entendí que había confundido dos cosas. Y que no era la única. Así que vamos al principio: qué es la política y por qué casi todos la confundimos con otra cosa.
La palabraQué significa política
El diccionario de la RAE da varias acepciones. Dos importan aquí:
- "Actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos." Es la que todos tenemos en la cabeza: gobiernos, partidos, escaños.
- "Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos." Es la que hemos olvidado. Y es la tuya.
La palabra viene del griego polis, la ciudad. De ahí politikós: lo que tiene que ver con los ciudadanos y con lo común. Pasó al latín como politicus y en castellano ya aparece en el siglo XIII, con Alfonso X. Nebrija, en 1495, definía "político" como "cosa de ciudad".
- Aristóteles escribió que el ser humano es un "animal político": no podemos vivir solos, vivimos en comunidad, y esa comunidad hay que organizarla.
- Pericles, según el historiador Tucídides, lo dijo más claro hace 2.400 años: a quien no se ocupa de los asuntos públicos no lo consideramos un hombre tranquilo, sino un inútil.
Nota: circula mucho que en Grecia "idiota" era quien no se interesaba por la política. No es exacto. Idiōtēs significaba "particular", "persona privada" o "lego". El sentido despectivo llegó después.
La política no es un oficio. Es una condición.
Explicar, pedir, aportar, exigir, quejarse, contribuir. Todo lo que haces y afecta a la vida en sociedad es política. Aunque no lleves carné.
El malentendidoPolítica, partidismo y activismo
Hoy, cuando alguien dice "política", casi nadie piensa en lo común. Piensa en partidos, tertulias y broncas en el Congreso. Hemos fundido en una sola palabra tres cosas distintas:
- Política: ocuparse de lo que nos afecta a todos. Gestionar lo público.
- Partidismo: poner unas siglas por encima de lo común. Defender a "los míos" hagan lo que hagan.
- Activismo: luchar por una causa concreta. La ecología, los animales, la igualdad.
El politólogo Mariano Torcal lo llama "megaidentidad partidista": el partido ya no es una opción de voto, es una identidad. Decide qué consumes, qué medios lees y con quién te tomas un café.
Y la militancia sectaria es, paradójicamente, más partidista que política. Porque cuando lo importante es que gane tu equipo, el bien común pasa a segundo plano.
El activismo cautivoCausas de todos, con dueño
El activismo, en principio, debería estar por encima de los colores. Que no se contamine el agua, que no se maltrate a un perro o que una mujer cobre lo mismo que un hombre no es de izquierdas ni de derechas.
Pero el patrón se repite:
- El activismo se acerca a los partidos para que se oigan sus demandas.
- Los partidos le regalan los oídos, adoptan la causa y la incorporan a su agenda.
- Y poco a poco mueven la reivindicación hacia sus intereses. La causa deja de ser de todos y pasa a ser "de los nuestros".
El feminismo es el ejemplo más claro.
- La autodeterminación de género, lo que muchos llaman ideología de género, entró en las agendas de partidos de distinto color. En Madrid la aprobó el PP de Cifuentes en 2016. En Canarias, la ley trans de 2021 salió por unanimidad: PP incluido. A nivel nacional, en 2023, el PP votó en contra. Misma ley, distinto voto según dónde y cuándo.
- Eso demuestra que no hay directrices ideológicas claras. O que, cuando interesa, se las saltan.
- El resultado fue una fractura dentro del propio feminismo. Carmen Calvo, exvicepresidenta socialista, se abstuvo en la votación y su partido la multó por romper la disciplina de voto.
- Ese año, el 8M llegó con manifestaciones separadas. El feminismo que reivindicaba los derechos de las mujeres por razón de sexo quedó apartado del relato oficial.
No es solo el feminismo. La Ley de Bienestar Animal de 2023 salió adelante excluyendo a los perros de caza por una enmienda del PSOE, contra el criterio de las asociaciones animalistas. La causa se ajustó al mapa electoral.
Quien paga, manda
Hay un segundo mecanismo, más silencioso: el dinero.
- Muchas asociaciones se financian, en buena parte, con subvenciones públicas.
- Ejemplo: en 2022, el Ministerio de Igualdad repartió 1,6 millones de euros entre asociaciones feministas.
- Y no es cosa de un solo color: las fundaciones de PP y PSOE, como FAES o la Fundación Pablo Iglesias, llevan años recibiendo dinero público.
Cuando tu supervivencia depende de la subvención, morder la mano que te da de comer sale caro. Así se crean redes clientelares en las que el activismo acaba al servicio del amo.
Hay excepciones que demuestran que se puede hacer de otra manera. Médicos Sin Fronteras España se financia en más de un 99 % con fondos privados, sobre todo cuotas de socios. Y en 2016 renunció al dinero de la UE y de sus gobiernos para poder criticarlos. Esa independencia no se regala: se paga con socios.
Un activismo que vive del poder difícilmente va a vigilar al poder.
Los datos¿Nos interesa o no?
Este último dato hay que mirarlo con lupa. Por dos motivos:
- Viene del CIS. Su presidente, José Félix Tezanos, fue secretario de Estudios y Programas del PSOE hasta su nombramiento en 2018. Desde entonces, el CIS ha sobrestimado al bloque de izquierda en 41 de las 42 elecciones celebradas, según un análisis de El País. Con ese historial, cualquier cifra del CIS pide contraste.
- No cuadra con la serie histórica. En 2010, la Encuesta Social Europea situaba a España en la cola de Europa: solo el 28 % se declaraba muy o bastante interesado por la política, frente al 58 % de Alemania. En 2012, con la crisis y el 15M, el interés subió hasta cerca del 35 %.
¿Ha crecido el interés en esta década? Probablemente sí: crisis, 15M, nuevos partidos, pandemia. Pero pasar del 35 % a más de la mitad es un salto que conviene contrastar con encuestas independientes antes de darlo por bueno.
Nota: las cifras de 2010 y 2012 y la de 2024 proceden de encuestas distintas, con preguntas y escalas que no son idénticas. No son comparables al milímetro, pero sí marcan la tendencia.
Y aun así, el dato más revelador no es cuánto nos interesa la política. Es esto: nos interesa más lo público que los partidos. Lo que hay en España no es desinterés. Es desafección.
- Cuando el CIS pregunta por qué la gente no participa, las respuestas son falta de interés, falta de tiempo y no sentirse preparado.
- Pero dos de cada tres de los que no participaron lo habrían hecho si hubieran conocido la iniciativa.
Ganas hay. Lo que falta es confianza.
Y aquí está la pregunta que dejo para la segunda parte. Si lo público sí nos importa, ¿qué han hecho los partidos con nuestro desencanto?
Spoiler: no ha sido intentar recuperarnos. Ha sido enfadarnos.
Política, sin carné
Desentenderse de la política no te deja fuera de ella. Solo te deja sin voz, mientras otros deciden por ti.
Max Weber definió el Estado como quien tiene el monopolio del uso legítimo de la fuerza. Es decir: el Estado decide, obliga y sanciona. Y puede usar ese poder para protegerte o contra ti.
Preocuparte de cómo se usa ese poder no es partidismo. Es política.
No me interesaba la política. Hasta que entendí que la política decide sobre mi vida, mi bienestar, mi presente y mi futuro. Que me importe eso no me hace partidista. Me hace ciudadana.
— Nohemí Hervada
