Qué piensan de verdad los políticos de las madres

Qué piensan de verdad los políticos de las madres

Las campañas electorales se están convirtiendo en una especie de suero de la verdad de nuestra clase política.
LAs madres llevamos años reclamando tener voz  en política, que se escuchen nuestras reivindicaciones de primera mano y que se tengan en cuenta. Voto ya tenemos, pero cuando no hay ninguna opción que te represente, al final tu voto no vale tanto como debería.
LAs pasadas elecciones generales muchas mujeres nos hemos sentido huérfanas. Se ha votado más con el miedo que con la esperanza. Muchas decidimos votar en oposición más que votar a favor, como dijo muy acertada como siempre mi amiga Irene García: «votamos en defensa propia».

Independientemente de vuestra ideología, si sois madres de ese grupo invisible para los medios que, como yo, decidisteis que maternar también es un derecho que queríais ejercer sin renunciar o delegar en terceros,  habréis sentido la indefensión de saber que fuera cual fuera vuestro voto, ninguno iba a apoyaros en esa decisión.

Llevamos años reclamando un permiso de maternidad de mínimo 6 meses. Reclamación que responde primero al derecho del bebé y,  evidentemente, también al de la madre, que, no olvidemos, es la que gesta, pare y amamanta por mucho que a la PPINA no le guste. Resulta que no era posible, no había fondos, hasta que aparecieron de vete a saber donde para incrementar la baja del padre.

¿Estamos en contra de que se aumente la baja del padre?

Por supuesto que no, pero no es justo ni moral ni biológica ni fisiológicamente ampliar un derecho cuando los otros 2 protagonistas que van delante, aun no tienen garantizados los mínimos.

-Porque el bebé tiene derecho a ser nutrido por su madre sin restricción de tiempo al menos hasta que este sea capaz de tomar otros alimentos  y ser cuidado por extraños sin interferir en su relación  de apego seguro con su cuidador principal: su madre.

-Porque la persona que ha gestado y parido necesita un tiempo   de adaptación física, emocional y social  muy superior a las 16 semanas. Creer que este periodo es «repartible con el padre» es ningunear el propio proceso biológico y mental del proceso de la gestación y el parto.

-Porque no siempre hay «padre» y esa es una realidad que se obvia demasiado a menudo. LA mayoría de las familias monoparentales de nuestro país, son monomarentales, pero hasta en el lenguaje tergiversamos la realidad.

-Porque «cuidar a l@s hij@s» no es una especie de servicio civil obligatorio, como oímos a algunos padres durante su permiso de paternidad. EL cuidado es, a ojos de la mayoría de la clase política, una especie de impuesto a pagar que no nos gusta y buscamos fórmulas para evadir o repartir y tocar a menos. No se trata de cambiar pañales  señores y señoras políticos, a ver cuándo lo van a entender.

-Porque si al final lo hacen, tampoco merecen medallas como si fueran héroes. Ser un padrazo es directamente proporcional a ser una mala madre y hacer campaña con la responsabilidad de los progenitores con el cuidado  de sus hij@s es moralmente deleznable.

-EL cuidado es la base de la reproducción y supervivencia de los mamíferos, especialmente de los humanos cuyo tiempo de desarrollo especialmente largo. Los primeros años de vida del bebé son un periodo especialmente sensible que requieren algo más que ingerir cualquier alimento que permita no morir de inanición, estar limpio y a resguardo.

-Nuestros bebés tienen derecho al cuidado óptimo y este es el que provee su madre cuando esta está dispuesta a hacerlo sin sentir que pierde derechos, poder adquisitivo o calidad de vida.

-Anunciar como medida permisos iguales e intransferibles para este primer periodo sensible del bebé es no entender nada de nada.

-Prometer guarderías de 0 a 3 años es reírse de las necesidades de los bebés y sus madres.

-Ensalzar a mujeres que a la semana de parir ya están «emprendiendo por el mundo» es un insulto a  las madres. Refleja una supina ignorancia de lo que supone el hecho maternal, de las necesidades del binomio madre-bebé, de las profundas repercusiones que todo lo que se hace o no se hace en este periodo de tiempo.

 

-Es un insulto especialmente a esas mujeres con empleos precarios a los que no quieren «volver» pero tienen que hacerlo porque su subsistencia depende de ello.   A Isabel Díaz Ayuso el derecho de tener 16 semanas tras el parto le parece que es de «víctimas de izquierda». Me gustaría verla a ella siendo camarera de pisos en un hotel, volviendo a hacer 20 habitaciones y 5 salidas más los pasillos de las zonas comunes a la semana de parir.  Cargando fardos de ropa sucia y empujando carros llenos de toallas y sábanas más los productos de limpieza.  Retorciendo cientos de veces la fregona que limpie los suelos que pisan esas que van al hotel a descansar, mientras su útero se retuerce también con los entuertos propios del posparto y sus pechos se hinchan por estar 10 horas sin amamantar a un bebé que vete a saber con quién estará. A ver lo que le duraba  a Isabel Díaz Ayuso su ideología de derechas de «menospreciar los derechos de las trabajadoras» en esas circunstancias.

-Es un insulto a esas mujeres que sufren depresiones post parto, la mayoría de veces  no diagnosticadas, porque ya se sabe que las mujeres somos tan emocionales que nuestros síntomas graves se confunden con  nuestro día día. Todo el mundo sabe que la depresión pos parto se cura dejando al bebé y volviendo al curro, claro que sí.

-Es un insulto a las emprendedoras que luchamos cada día por levantar negocios que nos permitan vivir y hacer eso que la sociedad nos prometió falsamente: conciliar. Que muchas hayamos tenido que buscar fórmulas que nos permitan emprender porque no teníamos otra alternativa válida no es excusa para imponerlo  a las demás.  Algunas somos privilegiadas porque nuestro emprendimiento pudimos sacarlo adelante con un bebé a la teta, pero ESO ES UN PRIVILEGIO que no todas tienen señora Isabel Díaz Ayuso.  Al parecer usted solo conoce emprendedoras PREMIUM, que pueden permitirse emprender por el mundo a la semana de dar a luz. No creo que hable de la peluquera del barrio, esa que trabaja 10 horas diarias de pie o de la que trabaja en una tahona y se levanta las 3 de la mañana a hacer pan, aparte de la jornada de venta al público, o de la que monta un restaurante y prácticamente vive a allí para sacarlo adelante.   Esas emprendedoras, aunque quisieran, que ya le digo yo que por mucho que les guste su trabajo no quieren volver a la semana de parir,  no pueden emprender con sus bebés de 7 días.

EN definitiva, que cada vez que ustedes hablan de mujeres dan vergüenza, cada vez que hablan de política referida a las familias dan asco. Mucho asco.

Borja Sémper, candidato del PP a la alcaldía de Donostia:

Así que no hablen por mí ni por la mayoría de las madres que conozco. Madres que cada día, intentan satisfacer las necesidades de los suyos, casi siempre a costa de ellas mismas, de su poder adquisitivo, de su calidad de vida. Y créanme, ese espíritu de «sacrificio» no es para alabarlo. De hecho nos repatea que en  mayo aparezcan campañas de marketing reforzando ese estereotipo con si fuera una virtud a mantener. No queremos que nos alaben estar siempre a disposición de todos sin que se nos tenga en cuenta ni se nos escuche,

Queremos RESPETO, queremos poder ejercer nuestros DERECHOS, todos, queremos IGUALDAD en lo que somos iguales y EQUIDAD para contemplar nuestras diferencias en justicia.
A ver si se enteran ustedes de una vez.

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El chico alto, rubio y guapo que vivía bajo el puente

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Parecía un personaje de cualquier serie de vikingos. Podría haber sido modelo. Rubio, alto, con una barba que a a pesar del evidente descuido no ocultaba lo atractivo que había debajo. Envuelto en ropa sucia, no de esa suciedad honorable que tienen los héroes, sino con la suciedad que invisibilizamos.
En medio de un grupo cada vez más grande de gente, de niños, niñas y jóvenes con sus familias, de alguna que otra exhibición de cochazos con la excusa del deporte infantil. Envueltos por una música que, muy mal escogida, como a propósito para hacer juego, como todo, por contraste ese día, no paraba de recordarnos que vivimos en plena era del culto, no ya al cuerpo, sino a la ostentación.

En medio de todo ese ir y venir de gente por un barranco polvoriento, como en un western,  él parecía un fantasma. No por terrorífico, sino por Invisible.

Caminaba con la mirada baja y perdida como quien se ha acostumbrado a no ser visto a pesar de su altura y a pesar de desentonar  con la imagen grupal. La primera vez que le vi pasar frente a mí intenté mirarle a los ojos y no encontré su mirada. Pasó rápido como quien sabe que molesta con su sola presencia.

Le seguí con la mirada hasta que paró en su destino, una especie de silla vieja y un montón de lo que, para nosotros, sería basura, que parecía ser su lugar. Porque llamarlo “casa” me parece un vegonzoso eufemismo. Un rincón inhóspito con la única bondad de tener un techo. El puente.

Sentí angustia y pensé en todas las veces que en mi vida había oído la expresión “vivir bajo un puente”. Una frase que siendo niña y adolescente igual se usaba como metáfora de aquellos que tienen un desafortunado destino ( merecido según sea de moralizante el discurso)  o como amenaza  ( horriblemente literal par la mente de los niños y jóvenes) si no aprovechábamos nuestras oportunidades.

“Vivir bajo un puente”

Me pareció escuchar la voz de mi padre pronunciando esas palabras que, en su caso, eran totalmente absurdas por carecer de autoridad moral para dar cualquier lección de vida a sus hijos. En cualquier caso la imagen del puente como único refugio se hizo realidad viendo a ese joven allí.

Yo estaba allí, con mis hijos, agradeciendo ser de ese grupo de personas que nos hemos creído que somos clase media porque los fines de semana vamos en nuestro coche a que nuestros hijos e hijas compitan con otros niñas y niñas por un minuto de gloria y una medalla de latón cuya insignia es tan cutre que se despega antes de llegar a casa.
Pero ahí estamos, riendo, animando, aplaudiendo, a veces incluso siendo unos totales impresentables cuando animamos a nuestros hijos e hijas a machacar al resto.

Y en ese contexto, el joven vikingo cuyo hogar es el puente, ese al que ni miramos, nos valida automáticamente en la cúspide de la pirámide. Porque nosotros tenemos una casa y un trabajo. ¡Nosotros no vivimos bajo un puente! ¡Nosotros demostramos que no somos unos fracasados!

Porque en este mundo nuestro o, más bien, en este aquí y ahora de este mundo nuestro el éxito es ese: no vivir bajo un puente. Aunque nuestra hipoteca nos obligue a dedicar nuestra vida a quien quiera que sea nuestro amo, quitándonos el tiempo de lo que es de verdad vivir, Aunque nuestro cochazo sea solo una forma de disimular con el valor de lo exterior lo pobres que somos por dentro. Aunque nuestras creencias más profundas sean más asquerosas que la ropa sucia que evitamos mirar. Da igual, porque nosotros no acabamos bajo un puente.

No pude evitar preguntarme qué, por qué, cómo… Quería saber cómo había acabado un chico joven, alto y guapo ( y no, esto no es una frivolidad, a los guapos les va mejor en la vida y si no lo creen piensen en la imagen habitual de los sin techo …) bajo aquel puente.
Quería acercarme y hablar con él, decirle :
-“Hola, no eres invisible, te veo. ¿Cómo estás? ¿Necesitas algo?”

Entonces pensé en qué derecho tengo yo a irrumpir en la vida de alguien solo porque yo creo que está en una posición desfavorecida. Me escuché a mí misma hablando de estererotipos, de paternalismo, de capacitismo, de la cara oculta del voluntariado que demasiadas veces usa el sujeto que recibe la ayuda como excusa para alimentar el propio ego.

Pensé si cabría la posibilidad de que ese joven alto, guapo y rubio estuviera exactamente donde quisiera estar. ¿Es eso posible? ¿De verdad alguien podría escoger aislarse, invisibilizarse, desdibujarse?
No tengo la respuesta. La historia de ese joven solo la sabe él. Y quizás pequé por defecto.

Pasó delante de mí un par de veces más con unas bebidas en las manos. Cada vez la misma búsqueda infructuosa de sus ojos. Cada vez su paso ligero, decidido y casi flotante sin reparar en lo que le rodeaba.
Me pregunté si nosotros nos habríamos vuelto también invisibles a sus ojos. Si éramos como una especie de cuerpos que vibraban en una frecuencia inaudible para él, del mismo modo que él para el resto de los que estábamos allí.

Mi hija y otras niñas de su edad jugaban cerca de la zona donde él estaba. Otros niños y niños pasaban cerca con sus bicis o correteando y me resultó curioso que durante el rato que yo observaba ninguno de ellos se acercase a él. Quise recordarme a mí misma siendo niña y acercándome a hablar con todo lo que me parecía interesante o sencillamente diferente. Recuerdo la primera vez que vi un negro y un “enano”. Recuerdo mi reacción exagerada y cómo mi madre avergonzada me cogía de la mano para alejarme y decirme que a la gente no se la señalaba. Y allí ninguno de los niños y niñas vio nada interesante ni diferente.Quizás es que se ha vuelto todo común, incluso la miseria. No lo sé.

Sé que estuve mal mucho rato. Posiblemente una mezcla entre tristeza, compasión y vergüenza. Quizás mi propia reacción en sí misma sea la prueba de mi propio clasismo.
No sé si había una buena y una mala reacción. Como suelo decir en mis cursos, casi siempre importa más la motivación que la acción. Y la reacción que la acción. Podría haber reaccionado de otro modo. Podría haber “hecho” algo más que observar y pensar. El caso es que no hice nada.

No hice nada salvo hablar con mi hijo de ello. Le hablé del chico que vivía bajo el puente y de lo invisible que se vuelven a veces las personas. Y me dijo que él sí lo había visto y lo había mirado. Que se preguntó por qué estaría allí.
Y en mi soberbia comodidad de mujer de clase media, con un coche de gama media e hipoteca, que lleva a sus hijos a unas competiciones con las que está profundamente en desacuerdo sentí el hipócrita alivio de pensar que algo estaba haciendo bien.

Pero en el fondo, cuando toca rendir cuentas  a una misma sin máscaras, llevo varios días pensando en si el chico rubio, alto y guapo que vive bajo el puente estará bien. Si él preferiría estar en otro lugar. Pensé en que esa podría ser mi historia cuando, con 19 años, me fui de mi casa sin trabajo y con muy poco dinero en el bolsillo.
Quizás la única diferencia que hizo que yo no acabara viviendo bajo un puente, como tantas veces vaticinaba mi padre, fue que yo tuve suerte. No el tipo de suerte capacitista que tanto oigo y tanto asco me da. Tuve suerte porque siempre tuve personas con quien contar.

Hoy, que sigo recibiendo tanto de tanta gente que quiero y me quiere, el chico alto, rubio y guapo que vive bajo el puente me obliga a ser aún más agradecida.
¡Gracias a las personas de mi vida!

PD. Y no, no era alcohol.

Por si muero

Por si muero

Vivo en una isla lo que supone viajar bastante en avión.

Tengo una costumbre, algo macabra para algun@s, que es despedirme con la frase «por si se cae el avión que sepas que….»

La mayoría de la gente encuentra de mal gusto mencionar a la muerte o la posibilidad de tener un accidente mortal. Si me paro a pensarlo es normal, no queremos pensar que nos pueda pasar, precisamente porque sabemos que nos puede pasar.

Morirse es facilísimo. De hecho dice el refrán que «para morirse solo hay que estar vivo», por eso todos los vivos intentamos no pensarlo demasiado para no amargarnos la existencia. Lo cierto es que yo pienso bastante en la muerte porque la muerte me ha visitado de cerca y se ha convertido en una especie de enemigo íntimo.

La muerte me ha dado lecciones de vida, de esas que te hacen replantearte muchas cosas.

Se me murió mi segundo bebé y perdí de golpe mi inocencia. Aprendí a ver la cara B de la parte más bonita de la vida.

Se murió mi madre de repente y me di cuenta que los «mañana hablamos» a veces no son posibles. Que se nos quedan pendientes conversaciones porque vivimos creyendo que somos, si no inmortales, sí longevos, pero no siempre es así.

La muerte no siempre avisa. Vivir es estar permanentemente en riesgo de morir y no somos conscientes. Y está bien que sea así. Pero no tanto.

Ser consciente de que te puedes morir es un gran aliciente para vivir, aunque parezca contradictorio. Es un filtro perfecto para saber qué es lo esencial y qué es superfluo, qué es prioritario, y qué no lo es. Es un examen implacable para saber qué cosas gestionas desde el amor o desde el miedo. Te enfrenta a tu ego como nada más. Con esa dosis brutal de verdad que solo dan los duelos, porque en ellos estás sola con tu dolor, y en el dolor no hay máscaras que sirvan.

Cuando me siento el en avión, los últimos mensajes que mando antes de poner el «modo avión» me dicen quiénes son las personas de mi vida. Es un poco macabro sí, pero por unos segundos me imagino que muero estrellada y que mis últimas palabras fueron «Te Quiero».

Lástima que a veces tengamos que pensar en la muerte para decirlas. Ojalá la vida fuera igual de motivadora para vencer vergüenzas, orgullo y miedo y quedarnos con lo esencial, lo que realmente importa.

Nohemí Hervada

Post publicado originalmente en Facebook

Si te gustó la película Passengers quizás deberías leer esto

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Hollywood sabe que la mayoría llevamos un romántico dentro deseando salir a celebrar los finales felices. Bueno, lo sabe Hollywood y cualquiera que quiera vendernos algo, por eso estamos inundados de mensajes idealizando la pareja como el súmmum de nuestras aspiraciones.

Y por eso crecemos con nuestro detector de violencia, machismo y toxicidad totalmente desajustado. Algo natural cuando, desde niñas, nuestros modelos son princesas ñoñas cuya única meta en la vida es ser lo suficientemente bellas para que algún príncipe las encuentre atractivas hasta el punto de besarlas incluso muertas o inconscientes. Hecho que, por otra parte, es caldo de cultivo para la cultura de la violación en la que vivimos: ” veo una mujer inconsciente y puedo besarla sin tener que molestarme en saber si ella querría o no”.

En ese marco de cultura que disfraza de amor el acoso, nos vemos viendo películas como “Crepúsculo” y similares, o tarareando canciones donde las mujeres no son sino herramientas para el placer de un machito bronceado y con barbita cuidadamente descuidada que se mueve como concediéndonos el inmenso placer de compartir planeta con las simples mortales que le rodean (véase Maluma o similares, porque parece que los fabrican con moldes).

Y aquí una, que se lleva trabajando unos añitos esto de ver más allá del “chico guapo y valiente conquista chica guapa para hacerla feliz ( o “hacerla mujer” que diría mi ídolo de infancia Miguel Gallardo)” va por la vida con el radar anti relaciones tóxicas tan a punto que rara vez disfruta de una canción, novela o película taquillera.

Tras este preámbulo necesario os cuento que vi “Passenger” hace unos días y según iba avanzando la película me iba subiendo más la mala leche.

Si no la has visto, no sigas leyendo porque la voy a spoilear a gusto.

Resulta que un grupo de miles de humanos hacen un viaje interestelar de casi 100 años de duración hacia otro planeta, así que viajan en estado de hibernación para ser despertados al llegar y disfrutar de una vida al más puro estilo Tierra Prometida.

Durante el viaje un meteorito choca contra la nave y destroza una de las cápsulas, lo que hace que uno de los pasajeros despierte antes de tiempo. La trama de la historia es que tiene que escoger entre seguir el viaje despierto, SOLO, sabiendo que morirá de viejo antes de que el viaje acabe o decidir despertar a alguien más para compartir su “destino”.

Por supuesto, el pobre chaval ( y guapo, porque a los guapos les perdonamos todo más fácilmente, ya sabéis, el efecto halo. Y si no que se lo digan al Sr. Grey… a quien le quitas el dinero y la guapura y estaría detenido por acoso en el segundo capítulo), pues como te iba contando, nuestro apuesto protagonista intenta por todos sus medios ser buen chico y no cargar a los demás con su mierda de suerte. Todo esto puntúa, claro. No vayamos a pensar que es un egoísta sin más. Él lo intenta.

Intenta arreglar su cápsula y al comprobar que no es posible, intenta aprender a vivir solo en una nave sin más compañía que un barman androide ( que como diría Angel Sanchidrián es el que le da calidad a la película).

La no soledad no va de estar acompañado de un colega, sino de tener la novia que tú escojas aunque ella no quiera.

Por supuesto, aparece la chica. Porque la no soledad no va de estar acompañado de un colega, sino de tener novia. El caso es que la ve, le gusta y se pone a averiguar más sobre ella. Tras ver sus videos de presentación para el proyecto este de repoblación cósmica, se obsesiona con ella.

¡Ay no, perdón, se enamora! que es la forma de explicar que alguien vea tu cara y tu cuerpo, te oiga hablar a una cámara y crea que eres la persona de su vida hasta tal punto que pase por encima de tus deseos y derechos para que te conviertas en la herramienta para cumplir los suyos.

Estaba yo viendo cómo se desenvolvía la película y no podía dejar de pensar en la gestación subrogada. Porque el mensaje ese de : “quiero ser madre/padre y como no puedo por (llámalo X) tengo derecho a buscar la forma de serlo por todos los medios a mi alcance, sea saltarme las leyes, sea utilizando a los demás, sea pisoteando sus derechos”. Porque todo el mundo sabe que los deseos de algunos están por encima de los derechos de otros ¿no?

Pero como Hollywood hace muy bien su trabajo de moldear la conciencia colectiva, al final resulta que el guapito despierta a la chica y, por supuesto, no es sincero. Porque empezar una relación con la única persona a la que vas a ver durante el resto de tu vida, la única con la que tienes posibilidades de algo, diciéndole que la has condenado a cadena perpetua en una nave espacial, privándole de su futuro, porque consideras que tus deseos están por encima de sus derechos no es una buena táctica de seducción. Así que le cuentas una milonga sabiendo que muy mal se te tiene que dar para no acabar enrollándote con ella ( no hay competencia chaval y eres guapo y estás cachas).

La moralina vomitiva de la película llega tras el lógico desenlace, cuando la chavala se entera de la verdad ( bendito androide sin conciencia) y se cabrea muchísimo, con todo el derecho del mundo. Le dice que se vaya a la mierda… ah no, que en la mierda ya están… él por accidente y ella por la voluntad de él, bueno, pues le dice que viva su mierda sin ella.

Pero ninguna película que se precie acabaría castigando al guapo y dejando a la guapa cabreada y sola. Porque en el fondo todos sabemos que mejor estar acompañadas de un guapo egoísta e infantil que estar solas con nuestra razón y dignidad. Así que al final el amor triunfa.

Viven su vida solos en su nave espacial, se fabrican un huertecito cual Adán y Eva y mueren en la nave dejando un mensaje de amor eterno: “El fin justifica los medios”

Y en esta exaltación de síndrome de Estocolmo hecha película, soltamos la lagrimita pensando en que hemos visto otra película con final feliz.

¿ O no?

Por qué las mujeres son mejores líderes que los hombres

Por qué las mujeres son mejores líderes que los hombres

Por Andrés Gananci

¿Por qué las mujeres son mejores líderes que los hombres?

Este debate sobre quiénes son mejores,  los hombres y las mujeres, se ha llevado desde tiempos inmemorables.

Las mujeres siempre han tenido mejores habilidades gerenciales y están dotadas de ciertas habilidades específicas útiles para el liderazgo. Desafortunadamente las mujeres han sido siempre  menospreciadas y la sociedad no cree que sean mejores como líderes. Es una realidad que no obtienen la igualdad en muchas plataformas sociales.

Aunque las mujeres hacen la misma cantidad de trabajo con la misma cantidad de compromiso, no les pagan igual que  a los hombres (brecha salarial).

Las mujeres son subestimadas en los campos de gestión aunque hay ciertos indicadores que demuestran que las mujeres son mejores líderes que los hombres. Sigue leyendo este artículo para conocer más:

Son mejores en la administración

Las mujeres han estado a cargo del hogar desde tiempos pasados. Saben cómo gastar y ahorrar dinero incluso cuando este es escaso. En los últimos años  con su incorporación al mundo empresarial se ha comprobado que las mujeres son mejores gerentes pues saben cómo manejar de manera eficiente los recursos, cómo asignarlos y cómo mantener un equilibrio.

La mayoría de las mujeres optan por el «enfoque de la lista de cosas por hacer», lo que las convierte en profesionales de planificación y programación. La mayoría de los hombres optan por el enfoque de «como vamos yendo vamos viendo» que, a menudo, no funciona a su favor.

Las mujeres poseen muchos rasgos que, a ojos de sus compañeros de trabajo y subordinados, las califican como mejores gerentes.  Son mucho más consideradas con las personas que trabajan para ellas y  tienen la motivación de crecer junto con los demás en una organización.

Motivan a los demás

Motivar a los demás es una cualidad que no todos poseen pero las mujeres, en general, son motivadoras. Las mujeres tienen muy desarrollada la intuición que, a menudo, sale a la luz cuando se necesita.

Ellas saben muy bien lo que te motiva y lo que desencadena tus miedos así que  pueden generar fácilmente ideas para alentarte y motivarte.

Algo a lo que cada vez se le da más importancia: las emociones. Las mujeres lidian mejor con ellas que los hombres que no están tan acostumbrados a manifestarlas. Las mujeres pueden hacerse cargo fácilmente de situaciones en las que los empleados están desanimados. Ellas energizan, llenan de confianza y motivan a ver la luz al final del túnel.

Un estudio también revela que las personas que trabajan con mujeres están más comprometidas que las personas que trabajan con hombres.

Son buenas para colaborar con las personas

Las mujeres se sienten cómodas trabajando en sistemas colaborativos. Se les da bien fomentar la unión en sus equipos.

Están acostumbradas a desempeñar muchos roles a la vez porque llevan toda la historia haicéndolo. Compaginar el trabajo  en casa y fuera, hijos, mayores, compras, gestión de recursos, etc. LAs familias funcionan como pequeñas organizaciones y ellas tienen práctica en buscar el bienestar de todos.

Los hombres priorizan sus características alfa-masculinas para dirigir y suelen tener un estilo de liderazgo diferente, más jerárquico  y menos grupal lo cual es un impedimento para el buen avance de una empresa.

A las mujeres les gusta trabajar en equipo, compartir sus opiniones e ideas y encontrar una solución para el problema que beneficiará a todos los miembros del equipo.

Saben buscar el éxito en contra de las probabilidades

Sí, algunas personas dirían lo contrario, pero las mujeres saben  cómo alcanzar sus objetivos contra viento y marea. ¿Sabes por qué?

Porque siempre han enfrentado algún tipo de discriminación,  restricciones  y limitaciones.  Que muchas mujeres estén lográndolo no significa que no sigan teniendo estos problemas. LAs que lo consiguen son un ejemplo de tesón y fortaleza.

Los hombres nunca se darán cuenta de lo que es ser subestimado desde su infancia.Todas las niñas y mujeres se han enfrentado a esto en algún momento.  Eso les da a muchas un impulso  extra para demostrar que las personas que ponen una barrera en su camino están equivocadas, que ellas pueden alcanzar el éxito en cualquier camino en el que estén trabajando.

Su ética empresarial es más fuerte

Las mujeres tienen una ética comercial más fuerte cuando se las compara con la de los hombres.

Los hombres suelen considerar que la ética empresarial es aplicable solo a las empresas, las  mujeres la consideran más allá de los negocios y fuera del ego. Las mujeres consideran el derecho de los demás en su  búsqueda de la equidad. .

Dado que el comportamiento ético es altamente valorado en cualquier organización, las mujeres tienen una mayor posibilidad de ser líderes. Las mujeres también son más responsables de lo que hacen y   bastante transparentes.

Están cargadas de paciencia

Las mujeres, definitivamente, tienen mucha más paciencia que los hombres. No  apresuran  las cosas sin pensarlo bien. Saben que las decisiones no deben tomarse a toda prisa. Se toman un tiempo para respirar  y profundizar más antes de sacar conclusiones precipitadas cuando se trata de decisiones comerciales.

Sabemos también que las mujeres manejan el estrés de manera más eficiente que los hombres. El estrés puede desdibujar tu capacidad de toma de decisiones a veces y llevarte a tomar decisiones que arruinen  tus posibilidades de ascenso.

Poseen mejores resultados de comunicación

Con frecuencia escuchamos  chistes burlándose de  cuánto  hablan las mujeres. Es un cliché instalado en nuestra sociedad pero es eso, un cliché, las mujeres no hablan solo de banalidades o por hablar.

Las mujeres hablan con sentido la mayoría de las veces.Tienen una habilidad única para pensar racionalmente sobre todo.Tienden a analizar  las cosas en profundidad y suelen encontrar soluciones efectivas. Pueden comunicarse  tácticamente con las personas  en sus tratos comerciales sin ningún problema.

Sus habilidades innatas les  ayudan a aplicar sus ideas en el mundo corporativo de manera eficaz. Una mejor comunicación, necesaria para dirigir una empresa,  facilita el flujo de información de una manera eficiente.

Mientras que los hombres prefieren la acción sobre las palabras, las mujeres prefieren hablar durante una discusión y luego continuar con el trabajo.Tienen una gran capacidad de escucha y esa es la razón por la que se relacionan mejor con los empleados y los clientes, entienden  sus preocupaciones.

La comunicación desempeña un papel clave en nutrir y mantener una relación sólida, ya sea en una empresa o a nivel personal.

Por mucho que una parte de la  sociedad  siga creyendo que los hombres son mejores líderes, cada vez más personas están cambiando su perspectiva de género.

Las mujeres todavía tienen un largo camino por recorrer pero cada vez más mujeres demuestran con su trabajo sus excelentes cualidades y potencial para ser excelentes líderes.

¡Tú también puedes!

Andrés Gananci es un emprendedor y aventurero apasionado de la vida que fundó su primer negocio online con tan sólo 17 años.
12 años después, sigue viajando por el mundo mientras trabaja desde casa»

Puedes contactar con él en:

https://www.facebook.com/gananci
gananciblog@gmail.com

 

Los políticos y la conciliación: No se han enterado de nada señorías.

Los políticos y la conciliación: No se han enterado de nada señorías.

En un momento en el que las únicas voces relacionadas con los derechos de las madres que oímos son las de colectivos que piden guarderías de 0 a 3 años e igualdad de permisos de maternidad y paternidad, me parece fundamental seguir hablando de otros modelos de conciliación que sí se ajustan a las necesidades de todos.
Para colectivos que piden que los permisos de maternidad y paternidad sean iguales, se les olvida que las mujeres gestamos, parimos y amamantamos y esa función es exclusiva de nuestro género.

Antes que alargar la baja de paternidad los colectivos de madres llevamos años pidiendo que se amplíe la baja maternal al mínimo de 6 meses porque es un DERECHO DEL BEBÉ ser cuidado por la persona que para él mejor cumple la función de maternar, incluyendo amamantar.

Un bebé se alimenta exclusivamente de leche al menos hasta los primeros 6 meses, algunos hasta el año o más, así que pretender que renuncie a ese derecho para cumplir el objetivo político de cualquier otro colectivo es, no solo inconveniente desde el punto de vista de la salud y el desarrollo del bebé, sino que refleja un profundo desinterés en el bienestar y las necesidades de los niños.

La biología no es políticamente correcta y las mujeres tenemos derecho a maternar si lo deseamos todo el tiempo que nuestros hijos nos necesiten en exclusiva. Ya lo escribí hace años, que la igualdad en derechos ha de reconocer las diferencias y buscar la equidad. Para el bebé, mamá no es igual que papá, y una Ley que también vela por los más pequeños debería reconocer esa hecho fundamental de cómo somos los humanos en nuestra primera etapa. Y sobre todo entender que no satisfacer esas necesidades no tiene coste 0.

Si hay recursos para que la baja la coja también el padre, cuando hay padre, perfecto. Otra historia será para qué se cojan los padres esa baja, que ejemplos ya tenemos. Pero ampliar la del padre, cuando la de la madre es insuficiente es una solución bastante miope.


Para quienes, como el presidente Sánchez, opinan que el talento de las mujeres no puede perderse por ser madres, le recuerdo que esa decisión debería ser libre. Porque para la mayoría lo que no puede perderse es la oportunidad de criar a un hijo si se desea. Y la mayoría lo desea y no puede hacerlo porque luego nos penalizan al reincorporarnos al mercado laboral. Así que menos guarderías para criar bebés de 0 a 3 años y más enfocarse en políticas que permitan que nuestros hijos sean cuidados por las personas que desean hacerlo, sus madres, y no las instituciones. Inviertan en transformar la maternidad en algo valioso, reconocido, remunerado y que no se nos penalice a la vuelta.

Nuestro talento no se pierde por ser madres, lo estamos invirtiendo en nuestro mayor activo: l@s ciudadan@s del futuro, nuestr@s hij@s.

Ofrezcan otras vías de conciliación que no pasen por dejar a nuestros bebés y nosotras irnos a producir para vete a saber quién.
La mayoría de las mujeres que conozco no están locas por separarse de sus bebés de 16 semanas para reincorporarse a su empresa. Lo hacen porque no les han dado otra alternativa si no quieren perder independencia económica.

Prefiero que mis «talentos» estén enfocados en la dirección que yo elija, que en mi caso y en el de millones de madres, será criar y disfrutar de mis hijos, antes que abandonarles en manos de funcionari@s, que vete a saber cómo son y qué opinan de los niños, que siendo utilizados para mantener un sistema que sigue sin valorarnos en lo que realmente somos.

Trabajen ustedes para eliminar YA la brecha salarial, inviertan en educación para erradicar el machismo y la violencia de género, asegúrense que las madres no pierden poder adquisitivo ni social cuando crían a sus futuros contribuyentes, penalicen a las empresas DE VERDAD que siguen preguntando a las mujeres si van a tener hijos en sus entrevistas de trabajo, den ustedes ejemplo desde la clase política demostrando que los hijos, los suyos, les importan porque son lo más valioso que tenemos y que pueden perderse unas elecciones por haber parido y no pasa nada. De ustedes depende que de verdad «no pase nada» cuando una mujer vuelve tras ausentarse por haber estado pariendo y criando.

Porque mientras sus soluciones sigan siendo que las mujeres RENUNCIEMOS  a la posibilidad de criar hijos y amamantarlos el tiempo que queramos, mientras sus políticas de conciliación sean guarderías de 0 a 3 años,  acogidas tempranas y recogidas tardías en los centros escolares y campamentos de verano para que los niños estén con quien sea menos con sus padres… es que no han entendido ustedes nada.

Y la verdad es que da penita ver que da igual al ideología de los partidos de nuestro país, porque ninguno ha entendido qué necesitamos las madres y sobre todo, qué necesitan nuestros hijos.


Luego nos quejaremos de violencia, de fracaso escolar, de brecha intergeneracional… Cuando lo que ya sabe cualquiera que se ha molestado en averiguar cuáles son los cimientos de una sociedad sana es que invertir en autoestima es crucial. Y mal van nuestros hijos de autoestima si desde que nacen se dan cuenta que para sus padres, lo primero, es su trabajo.
Así no señor Sánchez, asi no #malasmadres, así no.

Liderazgo Femenino 3.0: Los límites los pones tú

Liderazgo Femenino 3.0: Los límites los pones tú

Descripción

Un taller cargado de contenido y emociones que pretende destacar la importancia del liderazgo femenino dentro de las empresas y fuera de ellas.

Ponentes

Nohemí Hervada. Asesora en maternidad y directora de dos proyectos pioneros a nivel mundial: Asesoras Continuum y la Escuela de Porteo Mimos y Teta (+ info.)

Rudy Bormans. Coach internacional, gerente y fundador de la empresa Rudy Bormans Coaching. (+ info.)

 

Lugar

Hotel Parque – (Ver mapa)

Fecha y horario

6 de Noviembre del 2018.
De 10:00 a 14:00 horas

Precio

General: 90,95€ por persona. (Impuestos incluídos)

Contenido

  • LIDERAZGO 3.0: PROTAGONISTAS DEL CAMBIO DE PARADIGMA
  • LAS 3 PREGUNTAS CLAVE EN TU EMPRENDIMIENTO: QUÉ, PARA QUÉ, CÓMO
  • EL GÉNERO IMPORTA
  • “EN FEMENINO”: ¿HANDICAP O  VENTAJA?
  • EL PODER Y TÚ
  • CÓMO AUMENTAR TU RANGO DE PODER
  • AL FINAL DE TODO, LA ACTITUD LO ES TODO
  • BARRERAS, LINDES Y LÍMITES
  • CULTIVA EL HÁBITO DE NEGOCIAR
  • LENGUAJE NO VERBAL PARA EL ÉXITO
  • Estilos de Liderazgo
  • Liderazgo 3.0
  • PEAR

Inscrípciones

 

EL DESEO ES NUESTRO

EL DESEO ES NUESTRO

Conocí a Irene García Perulero hace ya unos cuantos años gracias a que ambas escribíamos en Blogs sobre Maternidad.
Fuimos 2 de las coautoras de Una Nueva Maternidad, el primer libro de esa temática escrito por madres.
Desde que aquel proyecto nos unió, hemos ido creciendo como madres, como mujeres y sobre todo, como amigas y compañeras.
Han sido años tumultuosos para ambas en muchos sentidos. Hemos vivido duelos, miedos, pérdidas, decepciones… pero también alegrías, risas, retos, superaciones y encuentros.
Nuestra amistad se basa en eso que seguro tú también sientes que te une a tus amigas de verdad: el respeto, la admiración, la camaradería, la lealtad, el apoyo, la presencia aun en la distancia.
Llevábamos años queriendo hacer algo juntas y por unas cosas u otras siempre lo íbamos postergando.
Hasta que este año decidimos que era el momento.
Ambas hemos estado los últimos años trabajando con mujeres, cada una desde nuestros respectivos programas de formación y desarrollo personal y profesional.
Seguro que conocéis Ni Putas ni PrincesasNi Héroes ni Villanosde Irene  o mis formaciones  de Asesoras ContinuumEscuela de Porteo Mimos y Teta  o mi último proyecto Empowerment Training.

Ahora te presentamos este proyecto juntas uniendo la experiencia combinada de tantos años hablando de mujeres, con mujeres y para mujeres.

#EDEN

#EDEN son las siglas de un programa de transformación en el que estaremos aproximadamente 7meses: EL DESEO ES NUESTRO

Lo hemos preparado con el entusiasmo de quienes saben que no sólo va a ser interesante y divertido (algo asegurado cuando Irene y yo nos juntamos) , sino motivante y provechoso.

Estamos muy emocionadas porque nuestro primer objetivo lo conseguiremos solo difundiendo el nombre y la imagen del programa:

 

Queremos que el deseo femenino sea un tema de conversación  y que seamos nosotras las protagonistas de nuestro propio placer.

PROGRAMA DE TRANSFORMACIÓN Y EMPODERAMIENTO SEXUAL PARA MUJERES

No lo tenemos fácil en un mundo a la medida masculina, en el que, aún se empeñan en vendernos el «consentimiento» como la panacea para evitar las agresiones sexuales.
No sé tú, pero a mi «consentir» me suena a todo menos a algo placentero para mí.
El mundo, el sistema, las leyes, los jueces, los medios, no lo entienden, porque el foco ha sido siempre el placer masculino, la medida de lo satisfactorio.
A nosotras nos han educado para complacer, que no es precisamente sentir placer con el otro, como parecería etimológicamente, sino darle al otro lo que él quiere.
Esta forma de educación y de opresión nos ha mantenido enajenadas de nuestro propio cuerpo, de nuestra sexualidad. O culpables si te decidías a vivirla.
Por esto y por muchas cosas más #EDEN va a ser un programa que va a marcar un antes y un después en tu vida, en la de todas.

¡UNETE A NOSOTRAS!

Empezamos el 19 de septiembre un viaje de unos 7meses a lo largo de nuestra sexualidad.
Te invito a visitar la página del programa y descubrir el contenido.

No hay inversión más rentable que la que hacemos en nosotras mismas. Somos nuestro principal activo, sea de nuestra vida personal, familiar, social y/o laboral.
Todo lo que hacemos está influido por la percepción de nosotras mismas y, créeme, esta está muy lejos de ser la mejor posible.

Es tiempo de trabajar conceptos como la autoestima, la visibilización, la capacidad y el derecho de las mujeres a ocupar el espacio que merecemos, el que es nuestro en justicia.

Si quieres optar a este Programa a un precio reducido, suscríbete a nuestro boletín y recibirás un enlace especial de promoción con más del 25% de descuento sobre el precio real. Y alguna que otra sorpresa más.

¡TE ESPERAMOS!

 

 

LA MANADA: LA ÚLTIMA LECCIÓN

LA MANADA: LA ÚLTIMA LECCIÓN

Llevo llorando desde anoche… bueno no, llevo llorando desde que tengo uso de razón, por fuera o por dentro.
Imagino que, como todas, crecí sabiendo que el mundo es un sitio peligroso para las niñas y las mujeres.
Nunca me explicaron abiertamente que tenía que cuidarme de los hombres, pero siendo muy pequeña, MUY PEQUEÑA, un varón de mi familia, algo mayor que yo me dijo:
“Déjame que te vea cómo es tu cosita y yo luego te enseño la mía”
No sólo se la enseñé, recuerdo que me estuvo tocando. Recuerdo en qué parte de la casa estaba yo, donde me tumbé. No recuerdo cuánto duró. Sólo sé que cuando decidió parar, él no me enseñó “la suya”. Nunca se lo conté a nadie. No era muy consciente de por qué, pero aquello me avergonzaba.

PRIMERA LECCIÓN: no hay justicia ni equidad para las mujeres.
SEGUNDA LECCIÓN : cuando un hombre usa tu cuerpo, la vergüenza la sientes tú

Recuerdo muy vagamente años después haber oído susurrar a las mujeres de mi familia sobre una violación en el entorno. Era demasiado pequeña para entender de qué hablaban y ese tema nunca se trató, salvo por algún comentario posterior de “igual se lo buscó ella”,así que nunca supe qué pasó ni cómo.

TERCERA LECCIÓN: TODAS SOMOS VIOLABLES
CUARTA LECCIÓN: NO TE VA A CREER NI TU FAMILIA
QUINTA LECCIÓN: al hilo de la segunda lección que aprendí, que LA VERGÜENZA ES MAYOR CUANTO MAYOR SEA EL ABUSO

Con unos 8 o 9 años de camino al colegio se me acercó un hombre y empezó a darme conversación. Quizás esas lecciones que aprendí sin que nadie me las enseñara fueron las que me hicieron desconfiar. Le mentí sobre mi nombre, sobre mi edad, sobre dónde vivía y sobre a qué colegio iba.
Una niña caminando por una calle desierta ya sabía que era una víctima potencial y ese hombre aparentemente simpático que quería regalarme una bici un peligro.
Caminé en dirección a otro colegio y en el tumulto de niños entrando le perdí. Me escabullí y fui a mi colegio sintiendo mucho miedo. Mirando para atrás todo el rato. A la salida temía verle esperándome en la puerta. Una niña de esa edad asumiendo la responsabilidad de zafarse de un hombre que vete a saber qué quería.
Tuve suerte. Nunca más le vi. Muchas veces he pensado en qué podría haber pasado de no haber sido una niña “espabilada” y “desconfiada”. Aprendí que mentir a veces te salva… del miedo o la vida.

SEXTA LECCIÓN: DESCONFIAR PUEDE SALVARTE LA VIDA

Una vez con unos 13 años, aprovechando que dormía con una amiga, salimos de noche e hicimos autostop junto a otra chica que encontramos por la calle y que iba sola. Tan pronto ya tenía claro que la sororidad era eso, recoger a las chicas solas por la calle. Que juntas teníamos alguna oportunidad. ( aún no había ocurrido el caso de las niñas de Alcáser, que también eran 3, hicieron autostop y las torturaron y asesinaron). En esa época de más inocencia en cuanto al nivel de violencia que podemos sufrir las mujeres, antes de hacer autostop yo les dije a las otras 2 que esperaran y cogí una piedra grande que llevaba todo el rato sujeta con mi mano en el bolsillo derecho.
Ya sabía que no me podía fiar.
Siempre ha sido una guerra. Nosotras lo sabemos. Todas. Por eso todas tenemos un lema femenino “ Avisa cuando llegues”, porque todas sabemos desde que somos muy pequeñas que podemos no llegar. Que podemos ser raptadas, asaltadas, abusadas, violadas, torturadas y/o asesinadas.
Eso es ser mujer. Sabernos siempre objetivo de unos ojos desconocidos o no.
Hoy escribí en Facebook que llevo llorando desde ayer, cuando lo cierto es que llevamos llorando toda la vida.
Lo de ayer solo es otro abuso más, otro asalto más, otro motivo más de miedo, de rabia, de ira.

Mi vida de adulta ha sido viendo campañas para convencernos de que denunciemos, que no callemos. Que venzamos el miedo a la vergüenza, a las represalias, a reconducir la vida después de un hecho traumático sabiéndonos centro de las miradas y sospechas de los demás.
Nos dijeron que la respuesta es denunciar: ERA MENTIRA
SÉPTIMA LECCIÓN: DENUNCIAR NO TE ASEGURA JUSTICIA
Cuando las mujeres empezamos a denunciar las violaciones entonces aprendimos otra lección: NO NOS VAN A CREER.

OCTAVA LECCIÓN: LAS MUJERES SOMOS SIEMPRE SOSPECHOSAS DE MENTIR
Cuando empezamos a poder hablar ante jueces de los abusos y violaciones a las que nos someten, sufrimos otro tipo de abuso y violación:

NUNCA NOS RESISTIMOS LO SUFICIENTE.
NOVENA LECCIÓN; DE UN MODO U OTRO LA CULPA ES NUESTRA.

Es una guerra que no han querido declarar abiertamente para que no nos armáramos, para no responder luchando.
Nos pidieron confiar en las fuerzas de seguridad y en la justicia: ERA MENTIRA

Porque no nos va a defender un sistema creado y mantenido por el mismo sistema que nos ataca y nos agrede.
Un sistema patriarcal hecho por y para los hombres. Con un machismo estructural que hace que hablar de justicia y equidad para las mujeres sea una utopía. COn una pirámide de violencia de género en la que la violación y el asesinato es sólo la punta, sostenido sobre una base de machismo que afecta a todas las personas, en todos los ámbitos.
HAy que cambiar el sistema, educar con perspectiva de género a nuestros hijos y reeducar a cada miembro de esa estructura para que identifique su machismo y lo erradique.

Prueba de ello, el movimiento #MeToo #YoTambién en el que prácticamente todas las mujeres del planeta reconocieron (reconocimos) haber sufrido alguna vez abuso sexual.

HAy que lograr el cambio real haciendo que sean ellos, los hombres, los que empiecen a hacer ese ejercicio de conciencia de reconocer todas las formas en que abusaron de alguna (s) mujer(es). Si millones de mujeres hemos sido abusadas y agredidas, lo hemos sido por otros tantos millones de hombres. Es hora de que den un paso al frente y asuman ellos, no nosotras, la vergüenza de los abusos y violaciones.

Es hora de que se identifique y se nombre que vivimos en una cultura de la violación que hace que se jaleen abiertamente y sin represalias, eslóganes que no son sino apología de la violencia de género.
Es hora de que no se hable de “consentimiento” como se hace, sino como lo que debe ser. Porque ya no es que #NOESNO si no de que “ si no es SÍ también es NO “.

Y voy más allá, el sexo no ha de ser una práctica concebida como de deseo del hombre que la mujer consiente. Las mujeres tenemos deseo sexual, nuestro, propio, que no pasa obligatoriamente por satisfacer el deseo masculino.

Cuando un juez en una grabación donde 5 hombres intimidan a una joven de 18 años en un portal, la desnudan, la penetran oral, vaginal y analmente, eyaculando dentro sin preservativo, la graban y la abandonan solo ve un “ambiente de jolgorio y regocijo” es evidente que no solo es incapaz de ver lo que es violencia, es que necesita con urgencia educación sexual y de género.
Es hora de que todo hombre que ve porno que incluye agresiones, violaciones y sometimiento de la mujer, que fantasea con violaciones , individuales o en grupo, y más si son jueces aprendan a distinguir sus deseos violentos y agresores de la realidad.

Es curioso que uno de los violadores de La Manada alegara que “ella disfrutó más que yo”. ME resulta curioso que si era una relación sexual consentida en ningún momento le practicaran sexo oral a ella. Que no significaría que no fuera una violación igualmente, pero que muestra que en el imaginario colectivo masculino, se asocia el placer sexual a dar placer al macho.

Cualquier hombre que crea que las mujeres sentimos placer sólo por darles placer a ellos necesitan revisar de forma urgente su conocimiento sobre la sexualidad femenina.

Esta sentencia no hace sino visibilizar lo que la mayoría de las mujeres ya sabemos, que no nos respetan, que somos objetos de consumo, de su consumo. Que la única forma de tener cierta credibilidad es cuando elegimos entre nuestra “honra” o nuestra vida.

 

NAgore  y Diana se resistieron y fueron asesinadas, C. no se resistió, fue violada y no se la considera violada porque está viva.

No nos engañemos, esta no es la disyuntiva, escoger entre resistirnos o vivir. Esa misma disyuntiva es en sí misma una trampa porque nos coloca siempre como víctimas. La única alternativa posible es el de ser libres, que no nos agredan, que nadie se crea con el derecho de poder hacernos nada.

YA está bien de arrojarnos a nosotras esa responsabilidad de que no nos hagan nada. ES responsabilidad de los hombres aprender de una maldita vez que no pueden tocarnos.
Si no lo hacéis por las buenas igual va a ser hora de que lo hagáis por las malas.

 

 

De momento no nos olvidemos ninguna de quiénes son estos 5 miembros de una gran manada.

DECIMA LECCIÓN: ESTAMOS EN GUERRA Y ELLOS NO NOS VAN A PROTEGER NI DEFENDER NI HACER JUSTICIA

¿Qué hago con mi herida primal?

¿Qué hago con mi herida primal?

«Ya sé que no fui maternada como espera serlo todo bebé mamífero… ¿qué hago con esa información? ¿Culpo a mi madre? ¿Culpo a mi abuela por no haber maternado e iniciar un linaje de heridas primales? ¿Culpo  a la sociedad que no proveyó el medio adecuado para que maternar fuera la norma y no la excepción? ¿Culpo a una vida anterior? ¿Culpo a mi propio inconsciente  por buscar esta experiencia para aprender algo? «

En mis años escuchando a mujeres relatar sus vivencias relacionadas con la maternidad  ( como madre y/o como hija) es habitual llegar en algún momento al origen. Es necesario para entender nuestras propias creencias y acciones comprender de dónde vienen. En ese sentido es hasta recomendable hacer este ejercicio de mirar atrás con cierta  objetividad.

Muchas terapias y disciplinas de autoconocimiento  y desarrollo  animan a esta búsqueda,  de distinta forma pero con un mismo objetivo: tener más conciencia de los hechos para poder analizarlos más desde fuera y no tanto desde dentro.

Cuando eres protagonista de tu propia historia no tienes la objetividad necesaria para ver el cuadro completo. Es por eso que la mayoría hacemos esta búsqueda  acompañadas de alguien que nos guía de algún modo para llegar más allá de lo evidente ( por habitual) a nuestros propios ojos. Psicólogos, terapeutas, coaches, asesoras… cada uno desde su campo de acción nos planteará preguntas para buscar más realidad y menos discurso .

LA cuestión que se plantea después de iniciado este viaje hacia el centro de una misma es:  «¿y ahora qué?». Muchas de las consultas que recibo, tanto de madres, como de alumnas, están relacionadas ya no con el «qué saben» sino con el » qué hacemos con lo que sabemos».

Creo que es importante saber por qué somos como somos. Saber cuánto de lo que creemos que nos define es realmente nuestro y cuánto es adjudicado y aceptado, sobre todo si buscamos cambiar cosas. Si no me gusta cómo me enfrento  ( o no) a un asunto, para mí es importante no sólo querer cambiar la forma de actuar, sino saber de dónde viene, el mecanismo que lo activa a veces incluso por encima de mi propia voluntad.  Porque cuando trabajas solo en la forma, el trabajo es mayor. Tendemos a repetir los patrones que conocemos y si el trabajo es sólo moldear la forma de responder sin cambiar lo que nos hace responder así, la efectividad no es la misma.
Pero ese no es el motivo principal por el que creo que este viaje es necesario. Para mí lo más importante es cambiar el patrón innato de la culpa por el, a veces totalmente ajeno a nosotras, de la responsabilidad.
He escuchado a cientos de mujeres sentirse culpables por prácticamente todo lo relacionado con su vida, en concreto, con su maternidad.

  • Si no se quedan embarazadas aunque quieran, es por su culpa
  • Si se quedan embarazadas sin quererlo, es por su culpa
  • Si no pudieron parir, es por su culpa
  • Si les hicieron cesárea, es por su culpa
  • Si no amamantaron, es por su culpa
  • Si amamantaron y no lo disfrutaron, es por su culpa
  • Si no tienen un proceso de destete feliz, es por su culpa
  • Si no consiguen criar sin gritos, es por su culpa
  • Si  sus hijos son «malcriados», es por su culpa
  • Si no comen, no duermen, no van a la guardería sin llorar, no sacan un 10 en matemáticas, no gestionan bien la frustración o no tienen pasión por algo definido….. también es por su culpa.

Las mujeres, en particular las madres, somos expertas en sentir culpa y en hacérsela sentir a otras ( en un intento de aliviar la propia). Ahí es donde cobra sentido la propuesta de cambiar el filtro de la culpa por el de la  responsabilidad. Este  simple y ,a la vez difícil, ejercicio hace que muchas mujeres se den cuenta de que casi todo eso por lo que sienten culpa no es su responsabilidad.  Es muy difícil exigirnos responder de un modo que no hemos vivenciado y que solo conocemos a nivel intelectual. Nuestro cerebro está preparado para ahorrar recursos y cuando hay un modo de respuesta habitual que ya tiene toda una autopista neurológica creada, no suele animarse de motu propio a explorar nuevas alternativas.  Esto explica por qué aun sabiendo, por ejemplo, lo nefasto de gritarle a nuestros hijos, gritamos mucho más de lo que desearíamos. En situaciones de estrés, cansancio y frustración, la respuesta más habitual es la automática… o sea, la integrada de forma vivencial.

Con esto no quiero decir que  la herida primal, la falta de maternaje, haber nacido en  un parto violentado o de un embarazo no deseado sea un comodín para librarse de toda la responsabilidad. Eso sería pasar de la culpa a la irresponsabilidad y la realidad es que como adultos, somos responsables de nuestras acciones, por muy difíciles que hayan sido nuestras circunstancias previas.
Es como decir que absolvemos a alguien que ha cometido un asesinato solo porque tenía atenuantes.

La meta no es librarnos de la culpa para echársela a los demás, la meta es aprender a modificar los patrones que no nos gustan, liberarnos de la presión a la que nos sometemos por no ser perfectas y cambiar culpa por responsabilidad.

Para muchas mujeres comprender hasta qué punto les influyó su propia vivencia en su capacidad para parir, amamantar o sencillamente poner límites a una relación tóxica , se convierte en una especie de oportunidad de ser benévolas consigo mismas,  de no incrementar su culpa y de ayudarles a trabajar con responsabilidad en el camino, ahora sí, elegido por ellas.

Así que no se trata necesariamente de enfrentarnos a nuestra madre y echarle en cara todo lo que no hizo bien.  Es una decisión personal tener ese tipo de conversación evaluando muchos factores particulares, como el qué quieres conseguir y cuáles pueden ser los posibles resultados.

No tiene por qué ser el motivo de abanderar todas las guerras que se nos ocurran relacionadas con estos temas, cuando la única guerra que realmente es importante es la que tenemos con nosotras mismas. A veces las batallas que externalizamos son para desviar nuestra  atención sobre las propias.

Tampoco se trata, como ya he dicho, de tener la excusa perfecta para no aportar al mundo algo mejor que lo que recibimos. Porque creo que la clave de las preguntas que planteé al inicio del post  es esta:

«Se trata de un ejercicio de madurez. De integrar lo vivido siendo capaces de hacer nuestros duelos, de forma sana, para romper el círculo vicioso de dar lo mismo que recibimos.
Es nuestra responsabilidad romper el círculo vicioso de violencia y desamparo, criar con más amor y responsabilidad. Criar hijos que se sientan más maternados, amados y respetados. Transformar esta sociedad en un hábitat menos hostil para las personas, para los hijos y para las madres.»

Yo me pasé años juzgando severamente mi propia crianza sin entender lo que significaba en mi vida.  Llegó mi edad adulta, sufrí una depresión y en ese momento de tocar fondo, cuando solo veía dentro de mí todo lo negro y oscuro,  decidí vaciar mi carga de forma violenta, sin pensar en nadie más que en mi necesidad de salir de esa oscuridad.  Alivié mi carga de la única forma que conocía… arrojándosela a la persona que consideraba la culpable. Cuando empecé a  darme cuenta de las implicaciones de la forma de nacer y ser criado me di cuenta que necesitaba más información para dibujar mi propia historia, que no era solo mi historia, porque estaba entretejida con las de todas las personas de mi familia. Pero era tarde.

Si pudiera me gustaría no como hice una vez, lanzar palabras, acusaciones, reproches… sino hacer preguntas. Me gustaría tanto saber …  no tanto de hechos, esos los viví. Te preguntaría  sobre  sentimientos, sobre emociones, sobre  miedos,  sobre soledad… y te abrazaría porque todo lo bueno que soy hoy salió de todo lo que viví. De algún modo que yo no supe ver hasta hace bien poco construiste en mi  (o no derribaste al menos) una persona resiliente, con la autoestima necesaria para encararse con cualquier autoridad  que considerara injusta cuando todos a su alrededor,  con vidas mucho más «perfectas» , callaban. Me inculcaste el amor por las palabras para ser capaz ahora, de nombrar y escribir lo que en su día no te dije lo suficiente. Hay tanto de ti ahora en mí que a veces me asusta. Ojalá creyera que me puedes ver y esto te llega, seria mucho más fácil gestionar esta tristeza y esta desolación de sentirse huérfana.

 

Lo quise todo y eso no es gratis

Lo quise todo y eso no es gratis

Ayer se publicó una entrevista que me hizo La periodista Gema Lendoiro sobre Emprendedoras en un periódico de tirada nacional.
Podéis leerla aquí.
El día antes debido a una polémica surgida en las redes sobre lactancia y feminismo recupero un artículo mío «La lactancia es sexual» y escribo otro más actualizado » El goce de ser madre que tanto molesta a algunas».

No es que me quiera poner de ejemplo de nada, pero creo que es importante visibilizar que hay mujeres que, como yo, lo quieren todo.
Que no nos sentimos identificadas con las que aborrecen de todo lo relacionado con la maternidad y el cuidado ni con las que consideran que eso les llena por completo su necesidad de realización.

Algunas lo quisimos todo, lo queremos todo.

Quisimos ser madres, lo elegimos, lo disfrutamos. Sí, a pesar de todo lo malo que supone criar en un mundo que no tolera a los niños ni sus necesidades. Sufrimos por ser madres, pero no tanto por lo que algunas con púlpito mediático cuentan de que los bebé son una especie de vórtice hacia el infierno que te atrapa y no te deja salir, sino porque se nos penaliza constantemente precisamente por serlo.

No es nuevo, las mujeres sabemos mucho de ser discriminadas, de no ser escuchadas, de que nuestros deseos no sean válidos, de que todos nos digan qué hacer, qué decir y/o qué pensar. Ser madre sólo nos coloca al final de esa cola. Y como dice el refrán, el tuerto  es el rey en el país de los ciegos: En este mundo machista, las mujeres somos todas tuertas y las madres lo somos de los dos ojos.

A mí, como a muchas otras, la maternidad me supuso  una revolución. Para algunas igual no es una revolución tan importante como otras que nos dieron el derecho al voto, al divorcio o a abrir una cuenta en el banco. Pero al final, todas son revoluciones para recuperar algo que se nos había negado.
Pensar que se empodera la que consigue llegar a donde quería a pesar de ser mujer en un mundo de modelo y medida masculina,  pero que no puede empoderarse otra decidiendo ser madre COMO ELLA DESEA y consiguiéndolo a pesar de tener todo un sistema en contra, para mi es paternalista, machista, misógino e inmoral.

Algunas hemos demostrado que la dicotomía de elegir entre familia y trabajo no es la única vía. Muchas demostramos cada día que se puede criar con presencia, con tiempo, con cuerpo, con teta y abrazos… y además levantar una carrera y/o una empresa. Somos una especie de mujeres nueva, quizás la primera que ha decidido que escoger entre solo eso 2 opciones no nos interesa, que lo queremos TODO. No somos nuestras abuelas y no somos nuestras madres o hermanas mayores.
Somos una generación de mujeres enseñándole al mundo que nuestra lucha por conseguir los derechos que nos pertenecen se puede lograr sin pisotear los de nuestros hijos. Una generación de mujeres que le dicen a sus parejas: «la teta sólo puedo darla yo, pero tú puedes hacer todo lo demás». Mujeres que demuestran que no todos los trabajos son aptos para que haya bebés cerca, pero que la mayoría de las veces lo que ocurre es que esa opción ni se plantea.

Cada vez más mujeres «hacen un Gemma» demostrando al resto, a todas y a todos, que es posible, que se puede.

Como dije antes, lo quisimos todo. Yo lo quise todo. Demostré que una «simple mamá» puede levantar un negocio y montar un emprendimiento y facturar 6 cifras en un año. Con hijos, sin «marido», sin «abuela que cría a sus nietos».

La cara B

Hasta aquí la parte buena de la historia. Porque hay otra. Como digo en el título del post, todo esto no es gratis.

Cuando imparto formación intento ser equilibrada entre enseñar a mis alumnas la idea de que pueden conseguir vivir con un modelo de trabajo diferente al establecido, con el hecho de que no es fácil, que no cae del cielo. Que cuesta lo mismo que cualquier otro negocio, con el handicap de que nosotras vamos a otra velocidad porque llevamos más carga.

Todo el mundo tiene días de 24 horas, nadie tiene un «bonus». Pero algunas tenemos  un «malus».

  • Te has reservado 4 horas esa tarde para terminar algo que tienes que entregar en plazo… y tu hijo empieza a vomitar.
  • Tienes un viaje de trabajo agendado hace meses y a última hora te fallan los planes par tus hijos. Toca decidir entre anularlo todo o gastarte un pastón en 2 billetes de avión más y cambiar la logística yendo con ellos a trabajar.
  • En época de más trabajo, hay un campeonato deportivo al que llevas a tu hija lo que te supone estar fuera de casa 13 horas o un viaje que te va fatal en ese memento del año.
  • Te tomas unas vacaciones en un hotel con todo incluido y mini club para que tus hijos disfruten y tú puedas acabar un proyecto urgente y tu hija  decide que lo que quiere es que mamá le enseñe a nadar y tu hijo mayor que le enseñes  a jugar  a las cartas y al billar…

Cuando levantas un negocio siendo madre, lo que sabes es que tu tiempo no es tuyo, que tu agenda tiene que tener márgenes más anchos, porque cuentas con más imprevistos. Lo que le pasa a cualquiera con empleados a su cargo, pero la diferencia es que ser madre no se puede ( no quieres ) delegar.

Nuestra propia evaluación

Para mi el final del año es una época  de revisión de mi trabajo. Cierro un ciclo, abro otro. El fin de año fiscal, además, es un momento de analizar  si se han alcanzado los objetivos. Es el momento también de establecer los del año próximo. Y a veces cuesta empezar elneuvo ciclo con el ánimo necesario… porque  llegamos agotadas.

Ayer leía a una amiga hablar de lo exhaustas que llegamos al final del día, de vivir siempre con la sensación de que lo hacemos todo a medias, de que no damos la talla. Cuando nos evaluamos es fácil que aparezcan en amarillo fluorescente nuestros fallos, lo que dejamos de hacer, lo que no estuvo a la altura, los fracasos. Algunas hacemos del mínimo viable nuestra bandera y cuando has sido una persona aspirante a la excelencia eso supone una gran frustración.

Foto de mi primera gira internacional de trabajo con mis hijos

Pero lo cierto es que nuestro mínimo viable es en realidad una matrícula cum laude. Porque supone un sobre esfuerzo. Porque quizás no vamos a tener tantos ceros como otras en la cuenta de resultados, quizás no vamos a brillar en ese nuevo curso todo lo que habríamos deseado, quizás hemos fallado en las expectativas que nosotras y los demás tenían sobre nuestro trabajo… pero al final del día, al final del año habrá merecido la pena.
Porque algunas no hemos tenido que volver llorando a un trabajo mientras nuestro bebé lloraba en brazos extraños. No hemos estado pendiente del teléfono para que otra persona nos diga si ya le bajó la fiebre. No hemos visto la primera actuación de nuestros hijos en un video de WhatsApp. Hemos estado ahí. Hemos sido sus brazos, su teta, su mirada. Hemos acompañado su camino, su primer aprendizaje, sus caídas. Han encontrado nuestra mirada cada vez que la buscaban. Hemos secado sus lágrimas con nuestros besos. Hemos infundido seguridad  y confianza ante los pasos inseguros. Hemos criado.

Al final de esta etapa que pasará… algunos, algunas, presentarán informes de resultados y premios. Nosotras también. Ellos los colgarán en sus despachos, nosotras en el alma y lo que es mejor, en el alma de nuestros hijos.

Nada es gratis.

Lo quise todo y no ha sido gratis. A veces lo pago con angustia, con cansancio, con frustración.  A veces me pregunto si vale la pena. Si no sería más fácil volver al «9 a 5» con un sueldo seguro a fin de mes. A veces tengo ganas de dejarlo todo y desaparecer…
Entonces me obligo a cambiar esa evaluación  de fracasos y decepciones por la otra: La de mis éxitos de vida.

Porque mi vida no es elegir entre  mi familia o mi trabajo. Mi vida es todo lo que hago, todo lo que soy, todo lo que hago y todo lo que elijo dejar de hacer.
Y mi vida, como todas las vidas, no es gratis. La diferencia es que el precio que pago por la mía es el que he escogido yo.

Imagen destacada The Bucca (Cornish Culture)

¿Cuánto te cuesta lo gratis?

¿Cuánto te cuesta lo gratis?

De mi padre recuerdo una frase que tardé años en comprender:
-“Nadie da duros a 4 pesetas”

O lo que es lo mismo: “nadie regala nada”, o como me gusta decir a mi:
“nada es gratis”.

Por mucho que la publicidad y el marketing usen el  término  “gratis” para atraernos  a su marca, sus productos y/o sus servicios, lo cierto es que no hay nada gratis:  Si no lo pagas con dinero, lo pagas con otra cosa.
Si
eres tú el que ofrece el trabajo o producto sin recibir en contrapartida un dinero que compense la transacción es porque recibes otro tipo de pago que te interesa: promoción, reconocimiento, publicidad, buena imagen, etc.

Y si eres consumidor, ¿sabes cuánto te cuesta lo gratis?

  • ¿Quien no ha ido a ikea y se ha llevado el lápiz?
  • ¿Quién no ha repetido en las degustaciones de productos de los hipermercados?
  • ¿Quién no ha comprado una revista porque  el regalo que traía era un chollo?

¿Realmente crees que las empresas no incluyen en sus presupuestos y, por consiguiente, en sus precios finales  de venta al público  el gasto que les ocasionan todos esos regalos?

El reclamo de ofrecer algo sin coste no es nuevo y tarde o temprano todas las marcas lo utilizan de un modo u otro. Pero lo utilizan no porque tengan espíritu de ONGs y quieran regalar dinero, sino porque saben que es una inversión rentable.

Las marcas normalmente piden algo a cambio de su regalo:

  • Regístrate en nuestra web
  • Obtén nuestra tarjeta de cliente
  • Rellena este formulario
  • Compra cierta cantidad de artículos o gasta una cantidad X de dinero para llevarte el regalo
  • Hazte nuestro cliente
  • Domicilia tu nómina
  • Invita a amigos a que se unan a nosotros
  • Etc.

 

Algo tan valioso como tu dinero

Todos estos procedimientos está diseñados bien para que hagas un gasto en su marca en lugar de en otra del sector, con lo cual el pago que tú les das a cambio del regalo es gastarte tu dinero con su marca en lugar de con la comeptencia, bien  dando algo que hoy en día es mucho más valioso que el mismo dinero: información.

Cada vez que usas una tarjeta de cliente de una marca, que te registras en una web, que accedes a una promoción en un red social, etc… estás facilitándole a la empresa no sólo tus datos como cliente o futuro cliente, sino ayudándoles en su estudio de mercado sobre intereses, gustos, hábitos, consumo, etc. O sea que, en realidad, todos pagamos caro lo que nos ofrecen como gratis.

No quiero decir con esto que esta práctica sea siempre deshonesta, más bien lo que intento es que seamos más conscientes como consumidores y no nos dejemos engañar por un cebo, por muy atractivo que sea, que en realidad lo que tiene detrás es un anzuelo.

Aprendamos a escoger qué productos y servicios queremos consumir y en qué empresas, con un cirterio más consciente que el mero hecho de que junto a  la hamburguesa le regalen a los niños un muñequito de plástico en serie que, a su vez, es publicidad  para otra marca.
Y sobre todo aprendamos a ser respetuosos con los trabajadores, marcas y empresas que piden un precio justo por su trabajo.

Quizás su regalo sea precisamente ese: no pedirte más que lo justo en una transacción comercial.

PD: Artículo original de Nohemí Hervada escrito para La voz del muro

¿Cuál es tu mayor impedimento para hacer la formación que quieres?

¿Cuál es tu mayor impedimento para hacer la formación que quieres?

Date unos minutos para parar y responderte a esa pregunta.

Por experiencia propia sé que a veces lo que percibimos como un problema insalvable no lo es. O no tanto como pensábamos a priori.

La distancia

Hace años para mí el mayor impedimento era la distancia. Viviendo en una isla todo me quedaba a  un mínimo de 3 horas de avión y un gran gasto sólo en transporte y logística.

Por eso fui pionera en crear programas de formación on line especializados para mujeres, en su mayoría madres.

Mi problema: mi oportunidad de negocio

Sí, convertí mi problema en una oportunidad de negocio.

Sí, decidí no usar mi impedimento como excusa y decidí contribuir a resolver  el problema a las que estaban como yo.
A día de hoy tengo el honor de haber formado a las primeras asesoras de porteo de varios países, a las primeras en sus ciudades, a las primeras en sus comunidades. Tengo la satisfacción de haber contribuido a que mujeres que creían que la distancia era su impedimento para formarse con quien soñaban, lo hicieran sin moverse del salón de su casa, sin separarse de sus hijos, sin tener que pedir días libres en sus trabajos.

El tiempo

Si ese es tu problema, si no puedes incorporar los horarios de las formaciones  en tu agenda, lo que necesitas no es esperar a que tu agenda se libere, sino encontrar un curso que se adapte a ti y no al revés.

En mi búsqueda de facilitar el acceso a mis formaciones desde el principio ofrecí la posibilidad de ver las clases grabadas si no se podía estar en directo. Y desde hace ya un año, los cursos de la Escuela de Porteo ya no los oferto por promociones semestrales, sino que cada persona decide cuándo empieza. Esta fórmula ha resultado ser un éxito porque es muy difícil cuadrar agendas cuando tienes alumnas de 3 continentes con diferentes horarios y diferentes calendarios de trabajo y vacaciones.

En la era de la comunicación, el tiempo ya no es un impedimento. No lo utilices como excusa.

El dinero

Si en tu caso el problema es la inversión económica que se requiere te animo a que no esperes a poder hacer ese que sueñas y empieces haciendo «algo».
Para montar en bici lo importante es subirse y empezar a pedalear. Da igual lo larga que sea una carrera, si no te subes y empiezas no la ganas, ni siquiera la terminas. Todos empiezan en el mismo punto, quienes hacen 10 kilómetros, y quienes hacen 300km. Todos empezaron con un pequeño movimiento.

Si tu sueño es formarte

pero el curso que quieres te supone una gran inversión  que ahora mismo no puedes realizar, te planteo 2 posibilidades:

  1. Empieza YA a ahorrar cada mes una cantidad, por  mínima que sea, para pasados unos meses poder hacerlo.
    No esperes a tenerlo todo así de manera milagrosa para hacerlo o nunca llegará ese día.
    Tengo clientas que me han planteado la posibilidad de empezar apagar el curso  a plazos meses antes de empezar  para sentirse con la obligación de cumplir con su objetivo.
    Si necesitas ayuda con el compromiso personal, esta puede ser una fórmula, aunque cada una ha de encontrar la que mejor le funcione y con la que más codo
  2. Empieza por hacer un curso básico la opción oyente , o contratando sesiones sueltas más asequibles pero más condensadas y productivas  y luego ve incrementando la inversión y la formación a medida que empieces a rentabilizar tu inversión.

 

Muchas clientas han obtenido con estas soluciones, a priori menos atractivas,  el impulso necesario para cambiar su mentalidad y empezar a  verse como profesional y generar su propia facturación.

Sería una pena ni siquiera participar en la carrera solo porque no nos vemos preparadas para ganarla. Recuerda que ningún campeón empezó ganando. Para ganar el Tour hay que dar muchas pealadas siendo uno más del pelotón. El que se queda en el sofá por no ser «uno más», acaba siendo uno menos.

Los hombres tienen muy interiorizado ese discurso y no se ponen zancadillas a sí mismos antes de empezar. Ese, entre muchísimos otros, es uno de los motivos por los que suelen ganar.

El ejemplo que damos

Nosotras,  las mujeres, sobre todo las madres, somos expertas en conseguir cumplir los sueños de los demás, pero nos dejamos a nosotras para el final, o para nunca.
No ese el modelo que quiero para mis hijos, ¿ y tú?

Si yo me hubiera «conformado con mi suerte»y esperado que me trajeran mi curso ideal a casa, en el momento en que tenía ese dinero de sobra… no estaría planeando  #LoPrimeroEsSoñarlo 3.


Al final, fíjate qué son para mi las distancias físicas ahora… planeando ir a Colombia con mi trabajo, tras haber estado en Chile, en Argentina y en Uruguay…
Así que  no uses los impedimentos como excusas y ya sabes… si yo pude, tú puedes.

Foto de portada de Rebeca López para el equipo de Formación de Asesoras Continuum

 

Juana Rivas, su ex, tu hermano, mi padre…

Juana Rivas, su ex, tu hermano, mi padre…

La maldad no tiene género, como no  lo tiene la envidia, la mezquindad o la idiotez.
Hay personas de todo tipo en todos los géneros, eso sobra aclararlo,  pero una cosa es lo que hacen las personas a título individual y otra lo que está sistematizado, normalizado e institucionalizado. Eso es lo que pasa con el machismo y la violencia de género.

¿Odio a los hombres?

Cuando critico el machismo no estoy criticando a cada hombre del planeta  a nivel individual y a cada mujer que apoya el status quo por acción o por omisión.  Por supuesto que hay hombres trabajando por el feminismo y mujeres intentando  vivir y educar en igualdad y respeto. Critico al sistema.   

Un sistema que ES machista, como machista son todos los estamentos que lo conforman.  Una cultura machista que produce personas machistas, sean conscientes de serlo o no.  No hay más que exponer una actitud machista para comprobar las reacciones que se generan. Es asombroso  lo violento que resulta para algunas personas  llamar la atención a hechos machistas, aunque estén contrastados y probados.

El machismo es nuestra lengua materna

Si  mi madre y mi padre son españoles, si me crío en España, si convivo con españoles  y voy a un colegio que imparte clases en español, con compañeros españoles… ¿cuál será mi lengua materna?

¿Alguien duda que sea el español?

Pues hemos sido criados en una cultura machista, por padres machistas, con madres que contribuían a criar hijos machistas e hijas  perpetuadoras de su rol dentro del machismo, ¿somos tan  simples como para creer que somos otra cosa que machistas / apoyadoras del machismo?

Si piensas otra cosa igual eres de los que cree que vas a ser bilingüe por ir una hora a la semana a una academia de inglés.

El caso de Juana Rivas

En estas semanas el caso de Juana Rivas no ha hecho sino exponer la realidad que nos rodea.  Ha constatado que la violencia de género se trata con un desconocimiento que raya lo inmoral, primero  por parte de la justicia y las instituciones públicas, después  por los medios de comunicación y finalmente por los ciudadanos. Por todos, por personas como tú y como yo.

Juana ha sido juzgada por activa y por pasiva cuando el maltratador con condena en firme es su ex pareja. A él, con condena por maltrato, se le presupone que es un buen padre, a ella, se le presupone que es mala, arpía, buscona, interesada, secuestradora y mala madre.

Luego hacemos campañas para denunciar el maltrato, pero lo cierto es que llegar a tener el valor de denunciar y la suerte de conseguir  probarlo para obtener una sentencia condenatoria sigue sin garantizarnos la confianza de la sociedad hacia la denunciante. Como dice Miguel Lorente, el mito de la mala mujer, de la mujer perversa, de la pérfida hija  de Eva subyace en la mente y el imaginario colectivo.

Yo no conozco a Juana Rivas, no sé qué tipo de persona es, no sé cuál es su nivel de honradez ni de ética personal. No sé si de conocerla en persona me inspiraría mayor o  menor confianza. Tampoco conozco a su ex pareja, así que para mí ambos son personas con una catadura moral que desconozco.  Se podría deducir que ante la falta de conocimiento  íntimo y verdadero de esta historia, la presunción de inocencia debe aplicar a ambos, pero hay diferencias que inclinan la balanza. Sé que él  ha sido condenado por un delito de lesiones en el ámbito doméstico, lo cual no es un detalle nimio. Imagino que en una sociedad machista, como es  la nuestra,  ningún juez condena a un señor a prisión sólo por  la palabra de su pareja, como afirman muchos, que habrá recopilado información, pruebas y testimonios suficientes para  dictaminar esa sentencia.  Solo con eso  el  sentido de la justicia debería  inclinar  la balanza hacia un lado, en este caso el de Juana.

De todos modos no quiero personalizar este tema en Juana y su ex, porque los casos particulares son eso, particulares. Para mí clama al cielo que en un mundo en el que casi cada semana una mujer es asesinada por su pareja o ex pareja, en el que cada año hay menores asesinados por sus padres para maltratar de forma cruel, vengativa y cobarde a su pareja quitándole de por vida a sus hijos, en el que cada día hay mujeres violadas, violentadas, asesinadas, acosadas… un mundo en el que la violencia tiene una mayoría abrumadoramente aplastante de género masculino, en este mundo, repito, clama al cielo que aún salgamos a defender a hombres condenados y a criticar y juzgar a sus víctimas.

Se nos olvida lo difícil que sigue siendo obtener condenas en esos casos y aun con ellas en la mano, concedemos el beneficio de la duda al culpable y no a la víctima.
Seguimos viendo enarbolar la bandera de las consabidas denuncias falsas, cuando no llegan ni al 1% (0.018%) y cuando además se condena más a hombres por denuncias falsas que a mujeres.

Yo conozco un caso…

Cuando escucho a alguien contar que conoce de primera mano un caso en el que “ella”  ha denunciado falsamente al hombre, que no le deja ver a sus hijos, que le ha dejado en la calle y toda esa retahíla que conocemos… hago un ejercicio de empatía y entiendo la rabia y la frustración de vivir una injusticia en primera persona.

No digo que no sea penoso vivir esa situación, pero la realidad es que tú que cuentas ese caso real de abuso de una mujer hacia un hombre, lo que no ves dentro de tu vivencia particular es que hay 999 casos en los que es al revés. Y pretender defender a tu hermano, tu hijo, tu cuñado, tu hermano, tu padre o tu amigo, acusando de mentirosas  a las 999 mujeres que están siendo tan violentadas como él, al que pretendes defender, no solo no es lógico, ES INMORAL.

 

La mal entendida lealtad

Todos los maltratadores tienen familia, lo sé muy bien. He vivido oyendo a mujeres de mi familia defender a “sus hombres” culpando a las mujeres de todo lo que pasaba. Cuando tenía 13 años dejé de alucinar con esa realidad familiar que me rodeaba y empecé a no callar. Pero mi opinión, que no era mi opinión, sino la realidad de mi vida, no interesaba  a quienes preferían creer en «el bueno y la mala». Daba igual que con 13 años tuviera discernimiento para ver la realidad y no el holograma deseado por todos ellos. Acabé siendo «la mala y la violenta» yo también. Y hasta hoy.

Con 13 años ya sabía que la lucha no es entre hombres y mujeres, sino entre personas justas y personas con un falso sentido de la lealtad y la justicia. La lucha es contra todo un sistema con un montón de herramientas a su favor.  La lucha es contra nuestro propio ombligo cuando nos damos cuenta de que de un modo u otro, en mayor o en menor grado nosotras también contribuímos al machismo.
Ese machismo que nos hace tener familias, que creemos matriarcales  por estar compuesta de muchas mujeres, y no son sino mujeres unidas para defender a los hombres del clan. Que nos hace criticar a toda hembra que se acerca a nuestros chicos y  a juzgar que no están a la altura. Que nos hace mirar para otro lado cuando estalla la violencia. Que nos hace anteponer el “honor familiar» al bienestar de los menores que sufren la violencia hacia su madre, que es violencia contra ellos.

Vengo de una familia de más mujeres que hombres y sé bien de lo que hablo. Trabajo con mujeres, me escriben muchas mujeres. Conozco muchos casos particulares reales para contrarrestar los casos puntuales que me cuentan. Así que o empezamos a ser honrados y a reconocer el verdadero  problema o no acabaremos con esta lacra.

El «buen padre»

La historia de Juana aún no ha acabado. De momento sabemos que ese “buen padre privado de sus derechos” se ha llevado a sus hijos, que los ha separado de su madre. Recordemos que el menor tiene 3 años. Que no les deja hablar con ella ni por teléfono. Que no se ha presentado a la citación de un juez. Que ha amenazado en plan mafioso con demandas millonarias por haber declarado que es un condenado por maltrato ( como si no fuera cierto). Que tiene un sentido del honor un tanto peculiar, ya que le molesta que le llamen maltratador, pero no le molesta actuar como tal.

Y a pesar de todo sigue teniendo un coro de hooligans del machismo apoyándole, aplaudiéndole, vitoreando sus actuaciones. El chantaje de quien encuentra en el dinero, la posibilidad de control al que no quiere renunciar. De quien cree que ser buen padre es tener a sus hijos conviviendo en la misma casa donde grita, tira del pelo y maltrata a su madre, pero no necesita pagar pensión alimenticia sólo porque la madre “tiene novio”.
Padres que mezclan los conceptos de “derechos”, “responsabilidad” y “deseos”.

En  la historia de Juana quizás tú  no tienes claro quién es el culpable ( a pesar de todo), pero  lo cierto es que las víctimas sin lugar a dudas son los hijos y, de momento, están pagando ellos la penitencia de tener un padre así.

El machismo que nos rodea

Tenemos que cambiar este sistema en el que las víctimas de violencia de género, las mujeres y los menores, están indefensos porque la burocracia es tan absurda que no tramita una denuncia de hace meses,  o no traduce un documento ( que no hablamos de arameo antiguo, sino de italiano), que no tiene perspectiva de género en sus actuaciones y ante la imputación a Juana por secuestro no tiene en cuenta que huía de una situación de violencia de género. Estas cosas pasan y nos pasan.

A mí este tema me ha servido para darme cuenta de lo enquistada de nuestra cultura machista que va más allá de que los hombres “no ayuden en casa” o de que las mujeres “cobremos menos”. Es la cultura que nos hace ver  el cuadro general con el prisma de lo particular, que en vez de mirar la norma se centra en la anécdota, que prefiere pensar que esas cosas solo le pasan a las que se lo merecen. Es la cultura de los hombres acostumbrados a un mundo que les privilegia  y que en vez de aceptar que ya tiene que acabar y que hay que aprender a vivir en igualdad y respeto, reaccionan con más violencia. Una especie de “Lo que el viento se llevó” donde toda una sociedad viviendo de forma cómoda a costa del trabajo esclavo, no acepta renunciar a sus privilegios  y reacciona con una guerra.

La esclavitud estuvo tan enraizada en la cultura que aún hoy, en nuestro mal llamado primer mundo, donde hay leyes que garantizan la igualdad y la no discriminación por cuestiones raciales, perdura el racismo. Han cambiado las leyes, pero mucha gente sigue aferrándose a sus creencias totalmente erróneas  e injustas, disfrazándolas con términos como  supremacía racial y otros eufemismos. Es racismo y es asqueroso. Y existe y es real y se cobra vidas cada día.

Del mismo modo, el machismo reacciona con virulencia cuando se le muestra la evidencia de sus prácticas y ataca  con más fuerza si cabe. Con todas sus armas, la violencia directa, la indirecta, la institucional, la familiar, la social, la cultural…
Ataca cuando acusa a las víctimas, cuando las responsabiliza de lo que les pasa, cuano las ningunea, cuando no las cree, cuando las silencia, cuando las ridiculiza, cuando las juzga a ellas. Y ataca cuando, aun con razón, usa un caso de injusticia hacia un hombre por parte de una mujer, para dar combustible al machismo igualándolo con la violencia de género.

Claro que hay negros que han asesinado blancos. Pero eso no obvia el racismo. Claro que habrá mujeres que denuncian falsamente  (como hombres, que por cierto son más) pero del mismo modo, eso no obvia el machismo imperante ni la violencia de género que se cobra en nuestro país, no lo olvides,muchas más víctimas que el terrorismo ese que tanto tememos.