Si te gustó la película Passengers quizás deberías leer esto

Si te gustó la película Passengers quizás deberías leer esto

Hollywood sabe que la mayoría llevamos un romántico dentro deseando salir a celebrar los finales felices. Bueno, lo sabe Hollywood y cualquiera que quiera vendernos algo, por eso estamos inundados de mensajes idealizando la pareja como el súmmum de nuestras aspiraciones.

Y por eso crecemos con nuestro detector de violencia, machismo y toxicidad totalmente desajustado. Algo natural cuando, desde niñas, nuestros modelos son princesas ñoñas cuya única meta en la vida es ser lo suficientemente bellas para que algún príncipe las encuentre atractivas hasta el punto de besarlas incluso muertas o inconscientes. Hecho que, por otra parte, es caldo de cultivo para la cultura de la violación en la que vivimos: ” veo una mujer inconsciente y puedo besarla sin tener que molestarme en saber si ella querría o no”.

En ese marco de cultura que disfraza de amor el acoso, nos vemos viendo películas como “Crepúsculo” y similares, o tarareando canciones donde las mujeres no son sino herramientas para el placer de un machito bronceado y con barbita cuidadamente descuidada que se mueve como concediéndonos el inmenso placer de compartir planeta con las simples mortales que le rodean (véase Maluma o similares, porque parece que los fabrican con moldes).

Y aquí una, que se lleva trabajando unos añitos esto de ver más allá del “chico guapo y valiente conquista chica guapa para hacerla feliz ( o “hacerla mujer” que diría mi ídolo de infancia Miguel Gallardo)” va por la vida con el radar anti relaciones tóxicas tan a punto que rara vez disfruta de una canción, novela o película taquillera.

Tras este preámbulo necesario os cuento que vi “Passenger” hace unos días y según iba avanzando la película me iba subiendo más la mala leche.

Si no la has visto, no sigas leyendo porque la voy a spoilear a gusto.

Resulta que un grupo de miles de humanos hacen un viaje interestelar de casi 100 años de duración hacia otro planeta, así que viajan en estado de hibernación para ser despertados al llegar y disfrutar de una vida al más puro estilo Tierra Prometida.

Durante el viaje un meteorito choca contra la nave y destroza una de las cápsulas, lo que hace que uno de los pasajeros despierte antes de tiempo. La trama de la historia es que tiene que escoger entre seguir el viaje despierto, SOLO, sabiendo que morirá de viejo antes de que el viaje acabe o decidir despertar a alguien más para compartir su “destino”.

Por supuesto, el pobre chaval ( y guapo, porque a los guapos les perdonamos todo más fácilmente, ya sabéis, el efecto halo. Y si no que se lo digan al Sr. Grey… a quien le quitas el dinero y la guapura y estaría detenido por acoso en el segundo capítulo), pues como te iba contando, nuestro apuesto protagonista intenta por todos sus medios ser buen chico y no cargar a los demás con su mierda de suerte. Todo esto puntúa, claro. No vayamos a pensar que es un egoísta sin más. Él lo intenta.

Intenta arreglar su cápsula y al comprobar que no es posible, intenta aprender a vivir solo en una nave sin más compañía que un barman androide ( que como diría Angel Sanchidrián es el que le da calidad a la película).

La no soledad no va de estar acompañado de un colega, sino de tener la novia que tú escojas aunque ella no quiera.

Por supuesto, aparece la chica. Porque la no soledad no va de estar acompañado de un colega, sino de tener novia. El caso es que la ve, le gusta y se pone a averiguar más sobre ella. Tras ver sus videos de presentación para el proyecto este de repoblación cósmica, se obsesiona con ella.

¡Ay no, perdón, se enamora! que es la forma de explicar que alguien vea tu cara y tu cuerpo, te oiga hablar a una cámara y crea que eres la persona de su vida hasta tal punto que pase por encima de tus deseos y derechos para que te conviertas en la herramienta para cumplir los suyos.

Estaba yo viendo cómo se desenvolvía la película y no podía dejar de pensar en la gestación subrogada. Porque el mensaje ese de : “quiero ser madre/padre y como no puedo por (llámalo X) tengo derecho a buscar la forma de serlo por todos los medios a mi alcance, sea saltarme las leyes, sea utilizando a los demás, sea pisoteando sus derechos”. Porque todo el mundo sabe que los deseos de algunos están por encima de los derechos de otros ¿no?

Pero como Hollywood hace muy bien su trabajo de moldear la conciencia colectiva, al final resulta que el guapito despierta a la chica y, por supuesto, no es sincero. Porque empezar una relación con la única persona a la que vas a ver durante el resto de tu vida, la única con la que tienes posibilidades de algo, diciéndole que la has condenado a cadena perpetua en una nave espacial, privándole de su futuro, porque consideras que tus deseos están por encima de sus derechos no es una buena táctica de seducción. Así que le cuentas una milonga sabiendo que muy mal se te tiene que dar para no acabar enrollándote con ella ( no hay competencia chaval y eres guapo y estás cachas).

La moralina vomitiva de la película llega tras el lógico desenlace, cuando la chavala se entera de la verdad ( bendito androide sin conciencia) y se cabrea muchísimo, con todo el derecho del mundo. Le dice que se vaya a la mierda… ah no, que en la mierda ya están… él por accidente y ella por la voluntad de él, bueno, pues le dice que viva su mierda sin ella.

Pero ninguna película que se precie acabaría castigando al guapo y dejando a la guapa cabreada y sola. Porque en el fondo todos sabemos que mejor estar acompañadas de un guapo egoísta e infantil que estar solas con nuestra razón y dignidad. Así que al final el amor triunfa.

Viven su vida solos en su nave espacial, se fabrican un huertecito cual Adán y Eva y mueren en la nave dejando un mensaje de amor eterno: “El fin justifica los medios”

Y en esta exaltación de síndrome de Estocolmo hecha película, soltamos la lagrimita pensando en que hemos visto otra película con final feliz.

¿ O no?

Por qué las mujeres son mejores líderes que los hombres

Por qué las mujeres son mejores líderes que los hombres

Por Andrés Gananci

¿Por qué las mujeres son mejores líderes que los hombres?

Este debate sobre quiénes son mejores,  los hombres y las mujeres, se ha llevado desde tiempos inmemorables.

Las mujeres siempre han tenido mejores habilidades gerenciales y están dotadas de ciertas habilidades específicas útiles para el liderazgo. Desafortunadamente las mujeres han sido siempre  menospreciadas y la sociedad no cree que sean mejores como líderes. Es una realidad que no obtienen la igualdad en muchas plataformas sociales.

Aunque las mujeres hacen la misma cantidad de trabajo con la misma cantidad de compromiso, no les pagan igual que  a los hombres (brecha salarial).

Las mujeres son subestimadas en los campos de gestión aunque hay ciertos indicadores que demuestran que las mujeres son mejores líderes que los hombres. Sigue leyendo este artículo para conocer más:

Son mejores en la administración

Las mujeres han estado a cargo del hogar desde tiempos pasados. Saben cómo gastar y ahorrar dinero incluso cuando este es escaso. En los últimos años  con su incorporación al mundo empresarial se ha comprobado que las mujeres son mejores gerentes pues saben cómo manejar de manera eficiente los recursos, cómo asignarlos y cómo mantener un equilibrio.

La mayoría de las mujeres optan por el “enfoque de la lista de cosas por hacer”, lo que las convierte en profesionales de planificación y programación. La mayoría de los hombres optan por el enfoque de “como vamos yendo vamos viendo” que, a menudo, no funciona a su favor.

Las mujeres poseen muchos rasgos que, a ojos de sus compañeros de trabajo y subordinados, las califican como mejores gerentes.  Son mucho más consideradas con las personas que trabajan para ellas y  tienen la motivación de crecer junto con los demás en una organización.

Motivan a los demás

Motivar a los demás es una cualidad que no todos poseen pero las mujeres, en general, son motivadoras. Las mujeres tienen muy desarrollada la intuición que, a menudo, sale a la luz cuando se necesita.

Ellas saben muy bien lo que te motiva y lo que desencadena tus miedos así que  pueden generar fácilmente ideas para alentarte y motivarte.

Algo a lo que cada vez se le da más importancia: las emociones. Las mujeres lidian mejor con ellas que los hombres que no están tan acostumbrados a manifestarlas. Las mujeres pueden hacerse cargo fácilmente de situaciones en las que los empleados están desanimados. Ellas energizan, llenan de confianza y motivan a ver la luz al final del túnel.

Un estudio también revela que las personas que trabajan con mujeres están más comprometidas que las personas que trabajan con hombres.

Son buenas para colaborar con las personas

Las mujeres se sienten cómodas trabajando en sistemas colaborativos. Se les da bien fomentar la unión en sus equipos.

Están acostumbradas a desempeñar muchos roles a la vez porque llevan toda la historia haicéndolo. Compaginar el trabajo  en casa y fuera, hijos, mayores, compras, gestión de recursos, etc. LAs familias funcionan como pequeñas organizaciones y ellas tienen práctica en buscar el bienestar de todos.

Los hombres priorizan sus características alfa-masculinas para dirigir y suelen tener un estilo de liderazgo diferente, más jerárquico  y menos grupal lo cual es un impedimento para el buen avance de una empresa.

A las mujeres les gusta trabajar en equipo, compartir sus opiniones e ideas y encontrar una solución para el problema que beneficiará a todos los miembros del equipo.

Saben buscar el éxito en contra de las probabilidades

Sí, algunas personas dirían lo contrario, pero las mujeres saben  cómo alcanzar sus objetivos contra viento y marea. ¿Sabes por qué?

Porque siempre han enfrentado algún tipo de discriminación,  restricciones  y limitaciones.  Que muchas mujeres estén lográndolo no significa que no sigan teniendo estos problemas. LAs que lo consiguen son un ejemplo de tesón y fortaleza.

Los hombres nunca se darán cuenta de lo que es ser subestimado desde su infancia.Todas las niñas y mujeres se han enfrentado a esto en algún momento.  Eso les da a muchas un impulso  extra para demostrar que las personas que ponen una barrera en su camino están equivocadas, que ellas pueden alcanzar el éxito en cualquier camino en el que estén trabajando.

Su ética empresarial es más fuerte

Las mujeres tienen una ética comercial más fuerte cuando se las compara con la de los hombres.

Los hombres suelen considerar que la ética empresarial es aplicable solo a las empresas, las  mujeres la consideran más allá de los negocios y fuera del ego. Las mujeres consideran el derecho de los demás en su  búsqueda de la equidad. .

Dado que el comportamiento ético es altamente valorado en cualquier organización, las mujeres tienen una mayor posibilidad de ser líderes. Las mujeres también son más responsables de lo que hacen y   bastante transparentes.

Están cargadas de paciencia

Las mujeres, definitivamente, tienen mucha más paciencia que los hombres. No  apresuran  las cosas sin pensarlo bien. Saben que las decisiones no deben tomarse a toda prisa. Se toman un tiempo para respirar  y profundizar más antes de sacar conclusiones precipitadas cuando se trata de decisiones comerciales.

Sabemos también que las mujeres manejan el estrés de manera más eficiente que los hombres. El estrés puede desdibujar tu capacidad de toma de decisiones a veces y llevarte a tomar decisiones que arruinen  tus posibilidades de ascenso.

Poseen mejores resultados de comunicación

Con frecuencia escuchamos  chistes burlándose de  cuánto  hablan las mujeres. Es un cliché instalado en nuestra sociedad pero es eso, un cliché, las mujeres no hablan solo de banalidades o por hablar.

Las mujeres hablan con sentido la mayoría de las veces.Tienen una habilidad única para pensar racionalmente sobre todo.Tienden a analizar  las cosas en profundidad y suelen encontrar soluciones efectivas. Pueden comunicarse  tácticamente con las personas  en sus tratos comerciales sin ningún problema.

Sus habilidades innatas les  ayudan a aplicar sus ideas en el mundo corporativo de manera eficaz. Una mejor comunicación, necesaria para dirigir una empresa,  facilita el flujo de información de una manera eficiente.

Mientras que los hombres prefieren la acción sobre las palabras, las mujeres prefieren hablar durante una discusión y luego continuar con el trabajo.Tienen una gran capacidad de escucha y esa es la razón por la que se relacionan mejor con los empleados y los clientes, entienden  sus preocupaciones.

La comunicación desempeña un papel clave en nutrir y mantener una relación sólida, ya sea en una empresa o a nivel personal.

Por mucho que una parte de la  sociedad  siga creyendo que los hombres son mejores líderes, cada vez más personas están cambiando su perspectiva de género.

Las mujeres todavía tienen un largo camino por recorrer pero cada vez más mujeres demuestran con su trabajo sus excelentes cualidades y potencial para ser excelentes líderes.

¡Tú también puedes!

Andrés Gananci es un emprendedor y aventurero apasionado de la vida que fundó su primer negocio online con tan sólo 17 años.
12 años después, sigue viajando por el mundo mientras trabaja desde casa”

Puedes contactar con él en:

https://www.facebook.com/gananci
gananciblog@gmail.com

 

Los políticos y la conciliación: No se han enterado de nada señorías.

Los políticos y la conciliación: No se han enterado de nada señorías.

En un momento en el que las únicas voces relacionadas con los derechos de las madres que oímos son las de colectivos que piden guarderías de 0 a 3 años e igualdad de permisos de maternidad y paternidad, me parece fundamental seguir hablando de otros modelos de conciliación que sí se ajustan a las necesidades de todos.
Para colectivos que piden que los permisos de maternidad y paternidad sean iguales, se les olvida que las mujeres gestamos, parimos y amamantamos y esa función es exclusiva de nuestro género.

Antes que alargar la baja de paternidad los colectivos de madres llevamos años pidiendo que se amplíe la baja maternal al mínimo de 6 meses porque es un DERECHO DEL BEBÉ ser cuidado por la persona que para él mejor cumple la función de maternar, incluyendo amamantar.

Un bebé se alimenta exclusivamente de leche al menos hasta los primeros 6 meses, algunos hasta el año o más, así que pretender que renuncie a ese derecho para cumplir el objetivo político de cualquier otro colectivo es, no solo inconveniente desde el punto de vista de la salud y el desarrollo del bebé, sino que refleja un profundo desinterés en el bienestar y las necesidades de los niños.

La biología no es políticamente correcta y las mujeres tenemos derecho a maternar si lo deseamos todo el tiempo que nuestros hijos nos necesiten en exclusiva. Ya lo escribí hace años, que la igualdad en derechos ha de reconocer las diferencias y buscar la equidad. Para el bebé, mamá no es igual que papá, y una Ley que también vela por los más pequeños debería reconocer esa hecho fundamental de cómo somos los humanos en nuestra primera etapa. Y sobre todo entender que no satisfacer esas necesidades no tiene coste 0.

Si hay recursos para que la baja la coja también el padre, cuando hay padre, perfecto. Otra historia será para qué se cojan los padres esa baja, que ejemplos ya tenemos. Pero ampliar la del padre, cuando la de la madre es insuficiente es una solución bastante miope.


Para quienes, como el presidente Sánchez, opinan que el talento de las mujeres no puede perderse por ser madres, le recuerdo que esa decisión debería ser libre. Porque para la mayoría lo que no puede perderse es la oportunidad de criar a un hijo si se desea. Y la mayoría lo desea y no puede hacerlo porque luego nos penalizan al reincorporarnos al mercado laboral. Así que menos guarderías para criar bebés de 0 a 3 años y más enfocarse en políticas que permitan que nuestros hijos sean cuidados por las personas que desean hacerlo, sus madres, y no las instituciones. Inviertan en transformar la maternidad en algo valioso, reconocido, remunerado y que no se nos penalice a la vuelta.

Nuestro talento no se pierde por ser madres, lo estamos invirtiendo en nuestro mayor activo: l@s ciudadan@s del futuro, nuestr@s hij@s.

Ofrezcan otras vías de conciliación que no pasen por dejar a nuestros bebés y nosotras irnos a producir para vete a saber quién.
La mayoría de las mujeres que conozco no están locas por separarse de sus bebés de 16 semanas para reincorporarse a su empresa. Lo hacen porque no les han dado otra alternativa si no quieren perder independencia económica.

Prefiero que mis “talentos” estén enfocados en la dirección que yo elija, que en mi caso y en el de millones de madres, será criar y disfrutar de mis hijos, antes que abandonarles en manos de funcionari@s, que vete a saber cómo son y qué opinan de los niños, que siendo utilizados para mantener un sistema que sigue sin valorarnos en lo que realmente somos.

Trabajen ustedes para eliminar YA la brecha salarial, inviertan en educación para erradicar el machismo y la violencia de género, asegúrense que las madres no pierden poder adquisitivo ni social cuando crían a sus futuros contribuyentes, penalicen a las empresas DE VERDAD que siguen preguntando a las mujeres si van a tener hijos en sus entrevistas de trabajo, den ustedes ejemplo desde la clase política demostrando que los hijos, los suyos, les importan porque son lo más valioso que tenemos y que pueden perderse unas elecciones por haber parido y no pasa nada. De ustedes depende que de verdad “no pase nada” cuando una mujer vuelve tras ausentarse por haber estado pariendo y criando.

Porque mientras sus soluciones sigan siendo que las mujeres RENUNCIEMOS  a la posibilidad de criar hijos y amamantarlos el tiempo que queramos, mientras sus políticas de conciliación sean guarderías de 0 a 3 años,  acogidas tempranas y recogidas tardías en los centros escolares y campamentos de verano para que los niños estén con quien sea menos con sus padres… es que no han entendido ustedes nada.

Y la verdad es que da penita ver que da igual al ideología de los partidos de nuestro país, porque ninguno ha entendido qué necesitamos las madres y sobre todo, qué necesitan nuestros hijos.


Luego nos quejaremos de violencia, de fracaso escolar, de brecha intergeneracional… Cuando lo que ya sabe cualquiera que se ha molestado en averiguar cuáles son los cimientos de una sociedad sana es que invertir en autoestima es crucial. Y mal van nuestros hijos de autoestima si desde que nacen se dan cuenta que para sus padres, lo primero, es su trabajo.
Así no señor Sánchez, asi no #malasmadres, así no.

EL DESEO ES NUESTRO

EL DESEO ES NUESTRO

Conocí a Irene García Perulero hace ya unos cuantos años gracias a que ambas escribíamos en Blogs sobre Maternidad.
Fuimos 2 de las coautoras de Una Nueva Maternidad, el primer libro de esa temática escrito por madres.
Desde que aquel proyecto nos unió, hemos ido creciendo como madres, como mujeres y sobre todo, como amigas y compañeras.
Han sido años tumultuosos para ambas en muchos sentidos. Hemos vivido duelos, miedos, pérdidas, decepciones… pero también alegrías, risas, retos, superaciones y encuentros.
Nuestra amistad se basa en eso que seguro tú también sientes que te une a tus amigas de verdad: el respeto, la admiración, la camaradería, la lealtad, el apoyo, la presencia aun en la distancia.
Llevábamos años queriendo hacer algo juntas y por unas cosas u otras siempre lo íbamos postergando.
Hasta que este año decidimos que era el momento.
Ambas hemos estado los últimos años trabajando con mujeres, cada una desde nuestros respectivos programas de formación y desarrollo personal y profesional.
Seguro que conocéis Ni Putas ni PrincesasNi Héroes ni Villanosde Irene  o mis formaciones  de Asesoras ContinuumEscuela de Porteo Mimos y Teta  o mi último proyecto Empowerment Training.

Ahora te presentamos este proyecto juntas uniendo la experiencia combinada de tantos años hablando de mujeres, con mujeres y para mujeres.

#EDEN

#EDEN son las siglas de un programa de transformación en el que estaremos aproximadamente 7meses: EL DESEO ES NUESTRO

Lo hemos preparado con el entusiasmo de quienes saben que no sólo va a ser interesante y divertido (algo asegurado cuando Irene y yo nos juntamos) , sino motivante y provechoso.

Estamos muy emocionadas porque nuestro primer objetivo lo conseguiremos solo difundiendo el nombre y la imagen del programa:

 

Queremos que el deseo femenino sea un tema de conversación  y que seamos nosotras las protagonistas de nuestro propio placer.

PROGRAMA DE TRANSFORMACIÓN Y EMPODERAMIENTO SEXUAL PARA MUJERES

No lo tenemos fácil en un mundo a la medida masculina, en el que, aún se empeñan en vendernos el “consentimiento” como la panacea para evitar las agresiones sexuales.
No sé tú, pero a mi “consentir” me suena a todo menos a algo placentero para mí.
El mundo, el sistema, las leyes, los jueces, los medios, no lo entienden, porque el foco ha sido siempre el placer masculino, la medida de lo satisfactorio.
A nosotras nos han educado para complacer, que no es precisamente sentir placer con el otro, como parecería etimológicamente, sino darle al otro lo que él quiere.
Esta forma de educación y de opresión nos ha mantenido enajenadas de nuestro propio cuerpo, de nuestra sexualidad. O culpables si te decidías a vivirla.
Por esto y por muchas cosas más #EDEN va a ser un programa que va a marcar un antes y un después en tu vida, en la de todas.

¡UNETE A NOSOTRAS!

Empezamos el 19 de septiembre un viaje de unos 7meses a lo largo de nuestra sexualidad.
Te invito a visitar la página del programa y descubrir el contenido.

No hay inversión más rentable que la que hacemos en nosotras mismas. Somos nuestro principal activo, sea de nuestra vida personal, familiar, social y/o laboral.
Todo lo que hacemos está influido por la percepción de nosotras mismas y, créeme, esta está muy lejos de ser la mejor posible.

Es tiempo de trabajar conceptos como la autoestima, la visibilización, la capacidad y el derecho de las mujeres a ocupar el espacio que merecemos, el que es nuestro en justicia.

Si quieres optar a este Programa a un precio reducido, suscríbete a nuestro boletín y recibirás un enlace especial de promoción con más del 25% de descuento sobre el precio real. Y alguna que otra sorpresa más.

¡TE ESPERAMOS!

 

 

¿Qué hago con mi herida primal?

¿Qué hago con mi herida primal?

“Ya sé que no fui maternada como espera serlo todo bebé mamífero… ¿qué hago con esa información? ¿Culpo a mi madre? ¿Culpo a mi abuela por no haber maternado e iniciar un linaje de heridas primales? ¿Culpo  a la sociedad que no proveyó el medio adecuado para que maternar fuera la norma y no la excepción? ¿Culpo a una vida anterior? ¿Culpo a mi propio inconsciente  por buscar esta experiencia para aprender algo? “

En mis años escuchando a mujeres relatar sus vivencias relacionadas con la maternidad  ( como madre y/o como hija) es habitual llegar en algún momento al origen. Es necesario para entender nuestras propias creencias y acciones comprender de dónde vienen. En ese sentido es hasta recomendable hacer este ejercicio de mirar atrás con cierta  objetividad.

Muchas terapias y disciplinas de autoconocimiento  y desarrollo  animan a esta búsqueda,  de distinta forma pero con un mismo objetivo: tener más conciencia de los hechos para poder analizarlos más desde fuera y no tanto desde dentro.

Cuando eres protagonista de tu propia historia no tienes la objetividad necesaria para ver el cuadro completo. Es por eso que la mayoría hacemos esta búsqueda  acompañadas de alguien que nos guía de algún modo para llegar más allá de lo evidente ( por habitual) a nuestros propios ojos. Psicólogos, terapeutas, coaches, asesoras… cada uno desde su campo de acción nos planteará preguntas para buscar más realidad y menos discurso .

LA cuestión que se plantea después de iniciado este viaje hacia el centro de una misma es:  “¿y ahora qué?”. Muchas de las consultas que recibo, tanto de madres, como de alumnas, están relacionadas ya no con el “qué saben” sino con el ” qué hacemos con lo que sabemos”.

Creo que es importante saber por qué somos como somos. Saber cuánto de lo que creemos que nos define es realmente nuestro y cuánto es adjudicado y aceptado, sobre todo si buscamos cambiar cosas. Si no me gusta cómo me enfrento  ( o no) a un asunto, para mí es importante no sólo querer cambiar la forma de actuar, sino saber de dónde viene, el mecanismo que lo activa a veces incluso por encima de mi propia voluntad.  Porque cuando trabajas solo en la forma, el trabajo es mayor. Tendemos a repetir los patrones que conocemos y si el trabajo es sólo moldear la forma de responder sin cambiar lo que nos hace responder así, la efectividad no es la misma.
Pero ese no es el motivo principal por el que creo que este viaje es necesario. Para mí lo más importante es cambiar el patrón innato de la culpa por el, a veces totalmente ajeno a nosotras, de la responsabilidad.
He escuchado a cientos de mujeres sentirse culpables por prácticamente todo lo relacionado con su vida, en concreto, con su maternidad.

  • Si no se quedan embarazadas aunque quieran, es por su culpa
  • Si se quedan embarazadas sin quererlo, es por su culpa
  • Si no pudieron parir, es por su culpa
  • Si les hicieron cesárea, es por su culpa
  • Si no amamantaron, es por su culpa
  • Si amamantaron y no lo disfrutaron, es por su culpa
  • Si no tienen un proceso de destete feliz, es por su culpa
  • Si no consiguen criar sin gritos, es por su culpa
  • Si  sus hijos son “malcriados”, es por su culpa
  • Si no comen, no duermen, no van a la guardería sin llorar, no sacan un 10 en matemáticas, no gestionan bien la frustración o no tienen pasión por algo definido….. también es por su culpa.

Las mujeres, en particular las madres, somos expertas en sentir culpa y en hacérsela sentir a otras ( en un intento de aliviar la propia). Ahí es donde cobra sentido la propuesta de cambiar el filtro de la culpa por el de la  responsabilidad. Este  simple y ,a la vez difícil, ejercicio hace que muchas mujeres se den cuenta de que casi todo eso por lo que sienten culpa no es su responsabilidad.  Es muy difícil exigirnos responder de un modo que no hemos vivenciado y que solo conocemos a nivel intelectual. Nuestro cerebro está preparado para ahorrar recursos y cuando hay un modo de respuesta habitual que ya tiene toda una autopista neurológica creada, no suele animarse de motu propio a explorar nuevas alternativas.  Esto explica por qué aun sabiendo, por ejemplo, lo nefasto de gritarle a nuestros hijos, gritamos mucho más de lo que desearíamos. En situaciones de estrés, cansancio y frustración, la respuesta más habitual es la automática… o sea, la integrada de forma vivencial.

Con esto no quiero decir que  la herida primal, la falta de maternaje, haber nacido en  un parto violentado o de un embarazo no deseado sea un comodín para librarse de toda la responsabilidad. Eso sería pasar de la culpa a la irresponsabilidad y la realidad es que como adultos, somos responsables de nuestras acciones, por muy difíciles que hayan sido nuestras circunstancias previas.
Es como decir que absolvemos a alguien que ha cometido un asesinato solo porque tenía atenuantes.

La meta no es librarnos de la culpa para echársela a los demás, la meta es aprender a modificar los patrones que no nos gustan, liberarnos de la presión a la que nos sometemos por no ser perfectas y cambiar culpa por responsabilidad.

Para muchas mujeres comprender hasta qué punto les influyó su propia vivencia en su capacidad para parir, amamantar o sencillamente poner límites a una relación tóxica , se convierte en una especie de oportunidad de ser benévolas consigo mismas,  de no incrementar su culpa y de ayudarles a trabajar con responsabilidad en el camino, ahora sí, elegido por ellas.

Así que no se trata necesariamente de enfrentarnos a nuestra madre y echarle en cara todo lo que no hizo bien.  Es una decisión personal tener ese tipo de conversación evaluando muchos factores particulares, como el qué quieres conseguir y cuáles pueden ser los posibles resultados.

No tiene por qué ser el motivo de abanderar todas las guerras que se nos ocurran relacionadas con estos temas, cuando la única guerra que realmente es importante es la que tenemos con nosotras mismas. A veces las batallas que externalizamos son para desviar nuestra  atención sobre las propias.

Tampoco se trata, como ya he dicho, de tener la excusa perfecta para no aportar al mundo algo mejor que lo que recibimos. Porque creo que la clave de las preguntas que planteé al inicio del post  es esta:

“Se trata de un ejercicio de madurez. De integrar lo vivido siendo capaces de hacer nuestros duelos, de forma sana, para romper el círculo vicioso de dar lo mismo que recibimos.
Es nuestra responsabilidad romper el círculo vicioso de violencia y desamparo, criar con más amor y responsabilidad. Criar hijos que se sientan más maternados, amados y respetados. Transformar esta sociedad en un hábitat menos hostil para las personas, para los hijos y para las madres.”

Yo me pasé años juzgando severamente mi propia crianza sin entender lo que significaba en mi vida.  Llegó mi edad adulta, sufrí una depresión y en ese momento de tocar fondo, cuando solo veía dentro de mí todo lo negro y oscuro,  decidí vaciar mi carga de forma violenta, sin pensar en nadie más que en mi necesidad de salir de esa oscuridad.  Alivié mi carga de la única forma que conocía… arrojándosela a la persona que consideraba la culpable. Cuando empecé a  darme cuenta de las implicaciones de la forma de nacer y ser criado me di cuenta que necesitaba más información para dibujar mi propia historia, que no era solo mi historia, porque estaba entretejida con las de todas las personas de mi familia. Pero era tarde.

Si pudiera me gustaría no como hice una vez, lanzar palabras, acusaciones, reproches… sino hacer preguntas. Me gustaría tanto saber …  no tanto de hechos, esos los viví. Te preguntaría  sobre  sentimientos, sobre emociones, sobre  miedos,  sobre soledad… y te abrazaría porque todo lo bueno que soy hoy salió de todo lo que viví. De algún modo que yo no supe ver hasta hace bien poco construiste en mi  (o no derribaste al menos) una persona resiliente, con la autoestima necesaria para encararse con cualquier autoridad  que considerara injusta cuando todos a su alrededor,  con vidas mucho más “perfectas” , callaban. Me inculcaste el amor por las palabras para ser capaz ahora, de nombrar y escribir lo que en su día no te dije lo suficiente. Hay tanto de ti ahora en mí que a veces me asusta. Ojalá creyera que me puedes ver y esto te llega, seria mucho más fácil gestionar esta tristeza y esta desolación de sentirse huérfana.

 

¿Cuánto te cuesta lo gratis?

¿Cuánto te cuesta lo gratis?

De mi padre recuerdo una frase que tardé años en comprender:
-“Nadie da duros a 4 pesetas”

O lo que es lo mismo: “nadie regala nada”, o como me gusta decir a mi:
“nada es gratis”.

Por mucho que la publicidad y el marketing usen el  término  “gratis” para atraernos  a su marca, sus productos y/o sus servicios, lo cierto es que no hay nada gratis:  Si no lo pagas con dinero, lo pagas con otra cosa.
Si
eres tú el que ofrece el trabajo o producto sin recibir en contrapartida un dinero que compense la transacción es porque recibes otro tipo de pago que te interesa: promoción, reconocimiento, publicidad, buena imagen, etc.

Y si eres consumidor, ¿sabes cuánto te cuesta lo gratis?

  • ¿Quien no ha ido a ikea y se ha llevado el lápiz?
  • ¿Quién no ha repetido en las degustaciones de productos de los hipermercados?
  • ¿Quién no ha comprado una revista porque  el regalo que traía era un chollo?

¿Realmente crees que las empresas no incluyen en sus presupuestos y, por consiguiente, en sus precios finales  de venta al público  el gasto que les ocasionan todos esos regalos?

El reclamo de ofrecer algo sin coste no es nuevo y tarde o temprano todas las marcas lo utilizan de un modo u otro. Pero lo utilizan no porque tengan espíritu de ONGs y quieran regalar dinero, sino porque saben que es una inversión rentable.

Las marcas normalmente piden algo a cambio de su regalo:

  • Regístrate en nuestra web
  • Obtén nuestra tarjeta de cliente
  • Rellena este formulario
  • Compra cierta cantidad de artículos o gasta una cantidad X de dinero para llevarte el regalo
  • Hazte nuestro cliente
  • Domicilia tu nómina
  • Invita a amigos a que se unan a nosotros
  • Etc.

 

Algo tan valioso como tu dinero

Todos estos procedimientos está diseñados bien para que hagas un gasto en su marca en lugar de en otra del sector, con lo cual el pago que tú les das a cambio del regalo es gastarte tu dinero con su marca en lugar de con la comeptencia, bien  dando algo que hoy en día es mucho más valioso que el mismo dinero: información.

Cada vez que usas una tarjeta de cliente de una marca, que te registras en una web, que accedes a una promoción en un red social, etc… estás facilitándole a la empresa no sólo tus datos como cliente o futuro cliente, sino ayudándoles en su estudio de mercado sobre intereses, gustos, hábitos, consumo, etc. O sea que, en realidad, todos pagamos caro lo que nos ofrecen como gratis.

No quiero decir con esto que esta práctica sea siempre deshonesta, más bien lo que intento es que seamos más conscientes como consumidores y no nos dejemos engañar por un cebo, por muy atractivo que sea, que en realidad lo que tiene detrás es un anzuelo.

Aprendamos a escoger qué productos y servicios queremos consumir y en qué empresas, con un cirterio más consciente que el mero hecho de que junto a  la hamburguesa le regalen a los niños un muñequito de plástico en serie que, a su vez, es publicidad  para otra marca.
Y sobre todo aprendamos a ser respetuosos con los trabajadores, marcas y empresas que piden un precio justo por su trabajo.

Quizás su regalo sea precisamente ese: no pedirte más que lo justo en una transacción comercial.

PD: Artículo original de Nohemí Hervada escrito para La voz del muro

Juana Rivas, su ex, tu hermano, mi padre…

Juana Rivas, su ex, tu hermano, mi padre…

La maldad no tiene género, como no  lo tiene la envidia, la mezquindad o la idiotez.
Hay personas de todo tipo en todos los géneros, eso sobra aclararlo,  pero una cosa es lo que hacen las personas a título individual y otra lo que está sistematizado, normalizado e institucionalizado. Eso es lo que pasa con el machismo y la violencia de género.

¿Odio a los hombres?

Cuando critico el machismo no estoy criticando a cada hombre del planeta  a nivel individual y a cada mujer que apoya el status quo por acción o por omisión.  Por supuesto que hay hombres trabajando por el feminismo y mujeres intentando  vivir y educar en igualdad y respeto. Critico al sistema.   

Un sistema que ES machista, como machista son todos los estamentos que lo conforman.  Una cultura machista que produce personas machistas, sean conscientes de serlo o no.  No hay más que exponer una actitud machista para comprobar las reacciones que se generan. Es asombroso  lo violento que resulta para algunas personas  llamar la atención a hechos machistas, aunque estén contrastados y probados.

El machismo es nuestra lengua materna

Si  mi madre y mi padre son españoles, si me crío en España, si convivo con españoles  y voy a un colegio que imparte clases en español, con compañeros españoles… ¿cuál será mi lengua materna?

¿Alguien duda que sea el español?

Pues hemos sido criados en una cultura machista, por padres machistas, con madres que contribuían a criar hijos machistas e hijas  perpetuadoras de su rol dentro del machismo, ¿somos tan  simples como para creer que somos otra cosa que machistas / apoyadoras del machismo?

Si piensas otra cosa igual eres de los que cree que vas a ser bilingüe por ir una hora a la semana a una academia de inglés.

El caso de Juana Rivas

En estas semanas el caso de Juana Rivas no ha hecho sino exponer la realidad que nos rodea.  Ha constatado que la violencia de género se trata con un desconocimiento que raya lo inmoral, primero  por parte de la justicia y las instituciones públicas, después  por los medios de comunicación y finalmente por los ciudadanos. Por todos, por personas como tú y como yo.

Juana ha sido juzgada por activa y por pasiva cuando el maltratador con condena en firme es su ex pareja. A él, con condena por maltrato, se le presupone que es un buen padre, a ella, se le presupone que es mala, arpía, buscona, interesada, secuestradora y mala madre.

Luego hacemos campañas para denunciar el maltrato, pero lo cierto es que llegar a tener el valor de denunciar y la suerte de conseguir  probarlo para obtener una sentencia condenatoria sigue sin garantizarnos la confianza de la sociedad hacia la denunciante. Como dice Miguel Lorente, el mito de la mala mujer, de la mujer perversa, de la pérfida hija  de Eva subyace en la mente y el imaginario colectivo.

Yo no conozco a Juana Rivas, no sé qué tipo de persona es, no sé cuál es su nivel de honradez ni de ética personal. No sé si de conocerla en persona me inspiraría mayor o  menor confianza. Tampoco conozco a su ex pareja, así que para mí ambos son personas con una catadura moral que desconozco.  Se podría deducir que ante la falta de conocimiento  íntimo y verdadero de esta historia, la presunción de inocencia debe aplicar a ambos, pero hay diferencias que inclinan la balanza. Sé que él  ha sido condenado por un delito de lesiones en el ámbito doméstico, lo cual no es un detalle nimio. Imagino que en una sociedad machista, como es  la nuestra,  ningún juez condena a un señor a prisión sólo por  la palabra de su pareja, como afirman muchos, que habrá recopilado información, pruebas y testimonios suficientes para  dictaminar esa sentencia.  Solo con eso  el  sentido de la justicia debería  inclinar  la balanza hacia un lado, en este caso el de Juana.

De todos modos no quiero personalizar este tema en Juana y su ex, porque los casos particulares son eso, particulares. Para mí clama al cielo que en un mundo en el que casi cada semana una mujer es asesinada por su pareja o ex pareja, en el que cada año hay menores asesinados por sus padres para maltratar de forma cruel, vengativa y cobarde a su pareja quitándole de por vida a sus hijos, en el que cada día hay mujeres violadas, violentadas, asesinadas, acosadas… un mundo en el que la violencia tiene una mayoría abrumadoramente aplastante de género masculino, en este mundo, repito, clama al cielo que aún salgamos a defender a hombres condenados y a criticar y juzgar a sus víctimas.

Se nos olvida lo difícil que sigue siendo obtener condenas en esos casos y aun con ellas en la mano, concedemos el beneficio de la duda al culpable y no a la víctima.
Seguimos viendo enarbolar la bandera de las consabidas denuncias falsas, cuando no llegan ni al 1% (0.018%) y cuando además se condena más a hombres por denuncias falsas que a mujeres.

Yo conozco un caso…

Cuando escucho a alguien contar que conoce de primera mano un caso en el que “ella”  ha denunciado falsamente al hombre, que no le deja ver a sus hijos, que le ha dejado en la calle y toda esa retahíla que conocemos… hago un ejercicio de empatía y entiendo la rabia y la frustración de vivir una injusticia en primera persona.

No digo que no sea penoso vivir esa situación, pero la realidad es que tú que cuentas ese caso real de abuso de una mujer hacia un hombre, lo que no ves dentro de tu vivencia particular es que hay 999 casos en los que es al revés. Y pretender defender a tu hermano, tu hijo, tu cuñado, tu hermano, tu padre o tu amigo, acusando de mentirosas  a las 999 mujeres que están siendo tan violentadas como él, al que pretendes defender, no solo no es lógico, ES INMORAL.

 

La mal entendida lealtad

Todos los maltratadores tienen familia, lo sé muy bien. He vivido oyendo a mujeres de mi familia defender a “sus hombres” culpando a las mujeres de todo lo que pasaba. Cuando tenía 13 años dejé de alucinar con esa realidad familiar que me rodeaba y empecé a no callar. Pero mi opinión, que no era mi opinión, sino la realidad de mi vida, no interesaba  a quienes preferían creer en “el bueno y la mala”. Daba igual que con 13 años tuviera discernimiento para ver la realidad y no el holograma deseado por todos ellos. Acabé siendo “la mala y la violenta” yo también. Y hasta hoy.

Con 13 años ya sabía que la lucha no es entre hombres y mujeres, sino entre personas justas y personas con un falso sentido de la lealtad y la justicia. La lucha es contra todo un sistema con un montón de herramientas a su favor.  La lucha es contra nuestro propio ombligo cuando nos damos cuenta de que de un modo u otro, en mayor o en menor grado nosotras también contribuímos al machismo.
Ese machismo que nos hace tener familias, que creemos matriarcales  por estar compuesta de muchas mujeres, y no son sino mujeres unidas para defender a los hombres del clan. Que nos hace criticar a toda hembra que se acerca a nuestros chicos y  a juzgar que no están a la altura. Que nos hace mirar para otro lado cuando estalla la violencia. Que nos hace anteponer el “honor familiar” al bienestar de los menores que sufren la violencia hacia su madre, que es violencia contra ellos.

Vengo de una familia de más mujeres que hombres y sé bien de lo que hablo. Trabajo con mujeres, me escriben muchas mujeres. Conozco muchos casos particulares reales para contrarrestar los casos puntuales que me cuentan. Así que o empezamos a ser honrados y a reconocer el verdadero  problema o no acabaremos con esta lacra.

El “buen padre”

La historia de Juana aún no ha acabado. De momento sabemos que ese “buen padre privado de sus derechos” se ha llevado a sus hijos, que los ha separado de su madre. Recordemos que el menor tiene 3 años. Que no les deja hablar con ella ni por teléfono. Que no se ha presentado a la citación de un juez. Que ha amenazado en plan mafioso con demandas millonarias por haber declarado que es un condenado por maltrato ( como si no fuera cierto). Que tiene un sentido del honor un tanto peculiar, ya que le molesta que le llamen maltratador, pero no le molesta actuar como tal.

Y a pesar de todo sigue teniendo un coro de hooligans del machismo apoyándole, aplaudiéndole, vitoreando sus actuaciones. El chantaje de quien encuentra en el dinero, la posibilidad de control al que no quiere renunciar. De quien cree que ser buen padre es tener a sus hijos conviviendo en la misma casa donde grita, tira del pelo y maltrata a su madre, pero no necesita pagar pensión alimenticia sólo porque la madre “tiene novio”.
Padres que mezclan los conceptos de “derechos”, “responsabilidad” y “deseos”.

En  la historia de Juana quizás tú  no tienes claro quién es el culpable ( a pesar de todo), pero  lo cierto es que las víctimas sin lugar a dudas son los hijos y, de momento, están pagando ellos la penitencia de tener un padre así.

El machismo que nos rodea

Tenemos que cambiar este sistema en el que las víctimas de violencia de género, las mujeres y los menores, están indefensos porque la burocracia es tan absurda que no tramita una denuncia de hace meses,  o no traduce un documento ( que no hablamos de arameo antiguo, sino de italiano), que no tiene perspectiva de género en sus actuaciones y ante la imputación a Juana por secuestro no tiene en cuenta que huía de una situación de violencia de género. Estas cosas pasan y nos pasan.

A mí este tema me ha servido para darme cuenta de lo enquistada de nuestra cultura machista que va más allá de que los hombres “no ayuden en casa” o de que las mujeres “cobremos menos”. Es la cultura que nos hace ver  el cuadro general con el prisma de lo particular, que en vez de mirar la norma se centra en la anécdota, que prefiere pensar que esas cosas solo le pasan a las que se lo merecen. Es la cultura de los hombres acostumbrados a un mundo que les privilegia  y que en vez de aceptar que ya tiene que acabar y que hay que aprender a vivir en igualdad y respeto, reaccionan con más violencia. Una especie de “Lo que el viento se llevó” donde toda una sociedad viviendo de forma cómoda a costa del trabajo esclavo, no acepta renunciar a sus privilegios  y reacciona con una guerra.

La esclavitud estuvo tan enraizada en la cultura que aún hoy, en nuestro mal llamado primer mundo, donde hay leyes que garantizan la igualdad y la no discriminación por cuestiones raciales, perdura el racismo. Han cambiado las leyes, pero mucha gente sigue aferrándose a sus creencias totalmente erróneas  e injustas, disfrazándolas con términos como  supremacía racial y otros eufemismos. Es racismo y es asqueroso. Y existe y es real y se cobra vidas cada día.

Del mismo modo, el machismo reacciona con virulencia cuando se le muestra la evidencia de sus prácticas y ataca  con más fuerza si cabe. Con todas sus armas, la violencia directa, la indirecta, la institucional, la familiar, la social, la cultural…
Ataca cuando acusa a las víctimas, cuando las responsabiliza de lo que les pasa, cuano las ningunea, cuando no las cree, cuando las silencia, cuando las ridiculiza, cuando las juzga a ellas. Y ataca cuando, aun con razón, usa un caso de injusticia hacia un hombre por parte de una mujer, para dar combustible al machismo igualándolo con la violencia de género.

Claro que hay negros que han asesinado blancos. Pero eso no obvia el racismo. Claro que habrá mujeres que denuncian falsamente  (como hombres, que por cierto son más) pero del mismo modo, eso no obvia el machismo imperante ni la violencia de género que se cobra en nuestro país, no lo olvides,muchas más víctimas que el terrorismo ese que tanto tememos.

Golpea, llora y sigue golpeando

Golpea, llora y sigue golpeando

“La mente a veces olvida, el cuerpo no”

Ayer tuve un día raro, de esos que te notas sin energía. Por la mañana, encima de la bici  en clase de spinning me sentía con poca fuerza y sólo quería llorar. Lo achaqué  al cansancio. Me fui a la cama pronto pero no podía dormir. Sólo quería llorar.
Hoy me levanté con esa sensación de pesar 150 kilos, como si el mundo te pesara en los hombros … y entonces me dí cuenta.
Hoy es día 22 del 2.
Hoy hace 11 años que nacía mi hijo.
Hoy hace 6 años que moría mi madre.

Hoy me pesaba el cuerpo para recordarme que a veces, lo que pesa es el alma.  Y hoy sí me permití llorar. Llorar de pena, de rabia, de cansancio, de tristeza.

Hacer deporte para mi está siendo un aprendizaje sobre la vida, sobre mí misma, sobre mi cuerpo, sobre mis capacidades, sobre mis miedos, sobre mis motivaciones, sobre mis límites.
Estoy aprendiendo a mirar de frente a mis “no puedo” sin excusas.
Estoy aprendiendo que el cuerpo conecta a veces mediante el dolor con emociones guardadas, igual que pasa con el placer.
Si alguna vez has llorado tras un orgasmo, entenderás lo que quiero decirte.
Cuando sientes algo tan fuerte que parece que los espasmos no afectan sólo tus músculos sino a todo tu ser. Cuando tus emociones te recorren por todas las fibras de tu ser buscando salir en forma de gritos o de llantos.
Yo hoy, mientras sufría aguantando “un poco más” haciendo ejercicio, sentí  mi dolor saliendo por mis puños.
Y mientras seguía el ritmo de esta canción golpeando con mis puños, lloraba y seguía golpeando.

Eso es para mi los duelos, golpear, llorar y seguir golpeando. Hasta que no puedas más, hasta que no queden lágrimas o no queden fuerzas…

Luego, a la ducha, agotada, a llorar con algo menos  de rabia y con mucha más tristeza, diluyendo mis lágrimas con el agua caliente que me alivia y me calma, como lo habría hecho tu abrazo.

Me siento a trabajar y escribo esto… porque aún queda llanto por salir, rabia que gestionar y tristeza que recolocar. Porque ahora, tras unos cuantos años me siento más huérfana que antes. Porque ahora, tras tanto, ya sólo queda el amor que a veces no nos supimos demostrar.
Busco la letra de esa canción, que parecía haber sido compuesta para mí hoy. Para llorarte y enfadarme con la vida otra vez. Y descubro lo que ya sé… que a estas alturas de mi vida, la música es mi única religión. Y que lo que nos parece aleatorio y paradójico, no es sino parte del entramado del que somos parte: la vida y la muerte.


Sigma ft. Labrinth – Higher

“And what is love
If you’re still searching for something?
And what is love
If it’s building up to nothing?
We’ll never see how far we’ve come
But we keep looking at the sun
So what is love
If we’re still searching for something?

Get higher, higher, higher
We keep looking up
Higher, higher, higher
But we’re still not high enough
Higher, higher, higher
We keep looking up
Higher, higher, higher
But we’re still not high enough

Take my heart back from your hands
And my pride back from your sheets
I’ll believe while I still can
Taking back the best of me
If this ain’t enough, no, no, no
Then I guess I’ve had enough, had enough, had enough, had enough

PD: Querido hijo… siento no ser de esas madres que preparan fiestas de cumpleaños a sus  hijos. Ojalá te compense ser hijo de esta madre, a  veces, tan rara.

Fuente de la Imagen 

Las hermanas que eliges

Las hermanas que eliges

He escuchado tu nota de voz y aún llorando he decidido escribirte este post.
Imagino que un poco por exhibicionismo y un mucho porque mereces que todo el mundo sepa cómo eres y que te quiero.

Siempre he sido el tipo de persona “idealista”, con altos valores sobre conceptos como la amistad. Quizás porque el otro gran concepto afectivo que nos sostiene, que es la familia, en mi caso no lo fue tanto.
Para mí tener amigos, amigas, ha sido muchas veces una tabla de salvación. De la tristeza, de la desesperanza, de la frustración, de la depresión…
Por eso una de las cosas que más me afectan es la traición de esas personas a las que les confías tu intimidad, tus secretos, tus flaquezas, tus miserias incluso y que un día ves cómo las usan contra ti.

La gente confunde a veces ser una persona muy sociable con tener cientos de amigos, o creen que el hecho de que hables abiertamente de tus emociones, sentimientos y vivencias te hace no ser una persona confiable para guardar los secretos de los demás… o los tuyos propios. Como si toda tu vida fuera siempre un escaparate, algo frívolo y poco profundo. Cuando lo cierto es que precisamente por eso, precisamente por ser tan visible, necesitamos tanto tener refugios, lugares protegidos de las siempre presentes opiniones y juicios de quienes creen conocerte.
La gente cree que la actitud  que has decidido adoptar ante la vida es tu actitud cada minuto del día o que es innata y no te cuesta, a menudo, un esfuerzo enorme. Como si decidir ser valiente no fuera difícil, como si la seguridad que llevas años trabajándote no fuera en realidad un fuerte  vulnerable recibiendo ataques constantes, como si no tuvieras que estar continuamente revisando  y reforzando tus puntos débiles. Yo tengo claro cuáles son los míos. Y sé muy bien qué cosas me refuerzan y cuáles me debilitan.

Tú eres una de esas inyecciones para mi.

Mis amigas han sido siempre mi anclaje para no perderme, mi toma de tierra para no olvidarme de quién soy ni de dónde vengo, mi sofá con manta en un día triste y lluvioso, mi diario íntimo, el espejo en el que a veces te da vergüenza mirarte.
Hay muchas definiciones de amistad y seguro que todas son ciertas. Yo en estos últimos años he comprendido  aún mejor qué  es  tener una amiga que eliges como una hermana. Aquella que te quiere independientemente de dónde estés, de qué hagas o con quien. Alguien que nunca va a atribuirte malos motivos, que ante la duda siempre pensará lo mejor de ti. Alguien a quien puedes confesarle tus propias incongruencias y sabrá cuándo decirte la palabra justa y, sobre todo, sabrá cuándo callar.
El amor de verdad es incondicional, dicen. Yo siempre estuve en contra de esa frase porque no entiendo el amor sin respeto, y para mí esa era una condición innegociable. Mis amigas de verdad saben que, a veces, hasta eso se negocia. No está ni bien ni mal. Es lo que somos, como somos, como decidimos vivir.
A veces escogemos ser felices a tener razón, escogemos perdonar lo imperdonable porque pueden más nuestras ganas de  confiar en el otro que nuestro propio orgullo. A veces, lo cierto, es que hacemos sólo lo que podemos hacer.

  • Mis amigas de verdad no son perfectas, ni lo pretenden. No necesitan sermonearme cuando les cuento que  he vuelto a tropezar en la misma piedra. Pero siempre me ayudan a levantarme.
  • Mis amigas de verdad sólo preguntan: ¿ahora toca odiar o querer? Y odian y quieren conmigo.
  • Mis amigas de verdad no tienen que justificarme sus palabras porque nunca me hablan desde la superioridad de sentirse mejores ni moral ni intelectual ni social ni económica ni profesionalmente.
  • Mis amigas de verdad saben quién soy.
  • Mis amigas de verdad saben que siempre, a pesar de todo y de todos, a pesar incluso de nosotras mismas, siempre estoy.

 

Ojalá yo sea el mismo tipo de amiga para ellas, para ti.
Gracias por ser una de mis personas.
Gracias por regalarme ser un poco parte de tu vida.
Gracias por reservarme mi hueco aunque pase el tiempo, la distancia, otras amistades y más  amores y desamores,
aunque pase la vida y la vida nos pase.

Gracias.

Las brujas de hoy

Las brujas de hoy

brujaTengo perfil de bruja.
Sí. De la bruja mala de los cuentos. Tengo una cara angulosa, una nariz larga y puntiaguda y encima tengo dos verrugas en la cara. 
Durante años nunca me hacía fotos de perfil. Bueno, la verdad es que nunca me gustó hacerme fotos, pero las pocas que admitía, siempre eran de frente.
Esta mañana, mientras desayunaba en la cama con mis hijos, me pregunta el mayor que por qué todas las brujas tienen verrugas.
Y aproveché para contarle qué eran las brujas y por qué la literatura ha mantenido ese estereotipo negativo de la mujer.

Les he explicado que antes llamaban brujas a aquellas mujeres que sabían leer, que sabían utlizar plantas como remedios, a las que ejercían de parteras o chamanas. O sencillamente a las que decidían vivir libres sin casarse, a las que cuestionaban la autoridad (patriarcal, por supuesto) establecida. Las que tenían religión propia, las que adoraban dioses, catalogados como falsos, pero que eran mucho más reales que los “oficiales”. ¿Acaso no es más dios para el ser humano el Sol, la Tierra o la Lluvia que la estatua de madera de un moribundo o de un cuerpo sentado inerte viendo la vida pasar?

Brujas temidas, odiadas y perseguidas por pensar, por tener cirterio propio y por no someterse al poder violento y abusivo. Brujas envidiadas por quienes deseando esa libertad física y de pensamiento no se atrevían a dar el paso y salirse de los sistemas establecidos. Brujas perseguidas y quemadas o apedreadas o marcadas y avergonzadas.

Ostracismo, castigo, prisión, muerte… Esas han sido las armas de una sociedad que intentaba erradicar las muestras de inteligencia  e independencia.

  • Quizás las brujas fueron las primeras conscientes de lo que es la inteligencia emocional.
  • Quizás ellas sabían que el conocimiento intelectual acumulado en las bibliotecas de quienes tenían el poder (político o religioso) no servía para mucho.
  • Quizás eran ellas las que de verdad sabían los secretos de la vida y la muerte, de lo que es realmente importante.
  • Quizás ellas mientras morían quemadas en hogueras y gritaban maldiciendo a sus verdugos en el fondo sabían que eran más libres con su muerte que toda esa masa borrega que observaba y disfrutaba con el espectáculo de ver cómo se extinguía la única posibilidad de libertad real que habrían conocido en su vida.

Hoy las brujas no sólo son aquéllas que profesan una religión oculta.  Las brujas de hoy no necesitan vestir de negro, tener verrugas en la cara o en el cuerpo, señal de su relación con el demonio. Las brujas de hoy sabemos que da igual tener un perfil aguileño o una cara angelical porque lo que nos define es nuestro poder.

  • Hoy no necesitamos hacer conjuros alrededor de un caldero.
  • Hoy conjuramos con las palabras. Escribiendo en lugares como este, agitando desde las redes, en nuestros círculos de mujeres.
  • Hoy seguimos sin callarnos ante quienes creen que su género, su rol o su situación les  otroga un poder que no tienen sobre nosotras.
  • Hoy nos reímos de forma burlesca a veces ante la estupidez de aquellos que creen que saben más que nosotras sólo porque algún día, otro como ellos les dijo unas frases que estos aprendieron de memoria.
  • Hoy seguimos aguantando la mirada a quienes creen que pueden intimidarnos.
  • Hoy nos reímos de la soberbia estupidez de esos seres mediocres que por  pertenecer a la clase privilegiada creen que son superiories a nosotras.
  • Hoy provocamos, a veces para conseguir que otros despierten y a veces por el placer de demostrar que podemos, que no nos intimidan, que no les tenemos miedo.
  • Hoy sabemos que hay quien desearía quemarnos en la hoguera y reaccionamos quemándoles a ellos sus pobres argumentos.
  • Hoy somos más conscientes de nuestro poder y sabemos que eso despierta más la furia de los herederos de aquellos personajes oscuros que acababan con nosotras. Pero no podrán.Porque hoy somos muchas, porque hoy todas nuestras hijas serán brujas como nosotras, y nuestros hijos serán hombres que las admiren y respeten.
  • Hoy las brujas ya no envidiamos a las Blancanieves, ni a las Cenicientas, ni a las Bellas Durmientes.

Porque tener un cutis blanco, ser cándidamente perfecta y tener una belleza ideal no enmascara el hecho de que en realidad eres una ñoña que sólo es feliz sirviendo a los demás mientras es totalmente inconsciente de su propia ignorancia ante la vida o siendo explotada sin rebelarse  mientras espera que venga un hombre que ni siquera recuerda su cara, a rescatarla o viviendo en un bello  palacio una vida lujosa, totalmente  anestesiada en cuerpo y alma.
No, queridas princesitas de imagen perfecta, no os envidiamos, ni a vosotras, ni a vuestros príncipes machirulos. Porque las brujas de hoy, con las piedras que nuestros enemigos nos lanzan, construímos nuestros propios castillos.

Las brujas de hoy sabemos que el poder es nuestro y lo ejercemos. Cuando tenemos un problema no esperamos, pasivas, caballeros andantes que nos salven. Somos, de hecho nosotras, las que les salvamos, quizás no de morir quemados, pero sí de vivir una vida triste y mediocre, consumiéndose en el fuego de perseguir un ideal de felicidad que no existe .

[Tweet “las brujas de hoy, con las piedras que nuestros enemigos nos lanzan, construímos  castillos”]

Somos brujas, somos mujeres, somos diosas… y cuando el humo que queme todo lo demás  se extinga, nuestro fuego seguirá ardiendo.

empoderate