Las profesionales también lloran

Las profesionales también lloran

¿Has llorado alguna vez en una reunión profesional?

¿Por nervios, rabia o frustración?

¿Has sentido que eso le restaba fuerza a tu posición?

 

 

Empezaré diciéndote que es habitual tanto lo primero como lo segundo.
Y no, llorar no necesariamente implica perder fuerza en una reunión o negociación.
Déjame explicarte por qué tenemos esa percepción y por qué es errónea. 
 
Nuestra cultura ha colocado el llanto en una caja con estas  etiquetas y adjetivos: débil, sentimental, triste, pusilánime, vergonzoso y,  por supuesto, femenino.
Lo cierto es que el que llanto es una acción fisiológica con múltiples funciones. Desde algo tan practico como limpiar el ojo cuando nos entra algo o se irrita, hasta la demostración externa de  emociones tan dispares como la tristeza, el dolor, la alegría y el placer.
Lloramos por cosas muy diferentes, con intensidades diferentes e implicaciones diferentes.
Las personas desarrollamos habilidades sociales que nos ayudan a «leer» qué significado tiene en cada caso.
Así  distinguimos cuándo alguien llora de dolor y cuándo de emoción y actuamos en consonancia.

Nadie le dice «lo siento» a quien llora de alegría en la boda de su hij@. Ni decimos «me alegro por ti» a la viuda que llora en un funeral.

No minimices el gran poder social que encierra el hecho de «leer estos comportamientos» porque hay gente con incapacidad ( y/o discapacidad)  para hacerlo y esto mismo les genera muchos problemas.

En general, como te digo, la mayoría interpretamos bien el llano en estos ámbitos.
Pero ¿qué pasa cuando en un ámbito más profesional, sin películas, anuncios, música ni bodas o entierros, interpretamos mal el llanto propio o el ajeno?

.

 

Hoy te voy a hablar de esos casos en los que trabajando con mujeres temas de liderazgo y negociación me relatan conversaciones y situaciones en las que acabaron llorando, delante de un cliente, un socio, colaborador, proveedor o incluso de un empleado.

 

¿Te ha pasado?
A mi sí.

 

En mi vida profesional he  llorado en reuniones, he llorado en medio de una discusión, he llorado  escuchando al hablar yo y al escuchar a otras personas.
Y no, eso no debe necesariamente a debilidad.

He llorado de angustia, de impotencia, de rabia y de frustración, del mismo modo que a veces en una clase, he llorado de emoción,  al tocar un tema sensible. He llorado al descubrir la pasividad de la gente y cómo eso afecta a mis derechos o los de los míos. He llorado de angustia ante la mezquindad o la maldad, he llorado para descargar estrés o reequilibrar mi estado emocional y he llorado para descargar la agresividad y no darle rienda suelta que es lo que me ha apetecido de primeras.

Ninguno de esos motivos le ha restado peso a mis argumentos ni credibilidad a mi persona ni a mi desempeño profesional, al menos no a mis ojos.

Sé que hay quien percibe el llanto de las mujeres en esos ambientes como un paso atrás, una derrota o sumisión y esa reacción es una muestra más del desconocimiento de la psique humana.
No voy a negarte que en una negociación la imagen que proyectamos es importante. Trabajar nuestro rango de poder y autoridad es fundamental para nuestro éxito profesional porque éste no se basa solo en lo buenas que seamos en nuestro trabajo sino en cómo de buenas somos percibidas. En ese sentido trabajar la seguridad, la confianza, el aplomo y la gestión emocional es imprescindible para que nuestras competencias brillen.
Si eres alguien que llora en cada reunión, que llora en cada discusión, que llora en cada negociación, mi consejo entonces es que  analices primero los porqués de esa reacción.
Generalmente  cuando una profesional formada reacciona  de este modo de forma habitual no tiene que ver con su formación o preparación, lo que llamamos las hard skills, sino con algún tema de actitud, las soft kills: autoestima, seguridad, confianza, miedo, etc. Por eso las profesionales no tenemos que trabajar solola inteligencia empresarial sino también  la  inteligencia emocional.
A veces ese desborde o esa «incapacidad» para integrar algunas emociones puede venir por cosas como el generalizado miedo a hablar en público, el  miedo a la exposición o al rechazo, una percepción poco realista  de las competencias propias ( el llamado síndrome de la impostora) o incluso alguna situación médica o personal como una depresión o un duelo.

 

 

Si esa reacción ocurre de forma puntual ten en cuenta lo siguiente:

 

  • Es perfectamente normal.
  • No cambia quién eres.
  • No reduce tu valor profesional.
  • Es un mecanismo de liberación de estrés.
  • No «luches» contra él, tu cuerpo recupera el equilibrio mediante el llanto del mismo modo que subir la temperatura ayuda a luchar contra una infección.
  • No estás ofendiendo a nadie.
  • No te disculpes por llorar. NUNCA.
  • Recuérdate a ti misma que todas las personas lloran.
  • Llorar no reduce tu rango de poder a no ser que tú creas que lo reduce.
  • Las mujeres hemos conseguido la mayoría de nuestros derechos entre lágrimas, sudor y sangre, no sonriendo.

Sé que no es fácil decirnos mensajes positivos y mucho menos en situaciones que percibimos de debilidad por eso:

  • Aprovecha cada oportunidad para reforzar tu poder, tu autoridad y tu autoestima.

  • Aprende técnicas de negociación que te aporten seguridad.

  • Rodétate de mujeres referentes en tu sector y en otros y esfuérzate por conocerlas en el plano personal si es posible.

  • Comprueba a título personal que  el concepto de «fuerza» y «fortaleza» puede alcanzar otras dimensiones que van más allá de «ser fría, distante e impasible».

  • Aprende de tus errores sin culparte por ellos.

  • Recuerda que mostrarse vulnerable no es señal de debilidad sino de honestidad y humildad.

  • Celebra tus triunfos.

 

Y sobre todo:

«NO DEJES QUE NADIE TE HAGA SENTIR MENOS DE LO QUE ERES»

Si quieres trabajar en tu motivación, implementación, visibilidad, imagen, comunicación y actitud…

Empieza por mi programa de más éxito: #27DÍAS  y #27GLITTERDAYS y si quieres ir más allá, te espero en mi training de LIDERAZGO FEMENINO y EMPODERAMIENTO

 

Educar solo hacia abajo

Educar solo hacia abajo

Hace un tiempo oí a Manu Sánchez decir:
«El humor siempre hacia dentro o hacia arriba, nunca hacia abajo».
Hoy, una querida amiga me ha dicho:
«Lo que agota es educar hacia arriba y no hacia abajo».

PEDAGOGAS FULL TIME

Hacer pedagogía es un trabajo.
Cuando esa pedagogía va en contra de la corriente dominante no es solo un trabajo, es un desafío. Desafío por la tarea en sí, por el marco hostil y porque los receptores no solo no agradecen el trabajo sino que en más ocasiones de las que piensas se vuelven contra ti.
 
Esto hace que la mayoría de las veces las mujeres callemos. Porque nos sale más barato, porque no compensa arriesgar nuestra paz mental o nuestra salud, porque sencillamente nos agota explicar lo mismo vez tras vez.
Pero a algunas nos cuesta callarnos. Por temperamento, por objetivo vital, por necesidad… Algunas seguimos repartiendo pedagogía allá por donde vamos porque la alternativa es esperar a que el cambio se produzca solo. Y sabemos que eso no va a pasar.
Los sistemas están estructurados para mantener los privilegios de unos sobre los otros.
El patriarcado es algo más que una palabra de moda. Es una estructura de poder que tiene a las mujeres debajo de los hombres.
Da igual cuántas mujeres conozcas que viven «bien», que ganan dinero y tienen buenos trabajos. Ser mujer nos coloca en posiciones de discriminación lo veamos o no.

PATERNALISMO

Ilustración de @Perezfecto

Hace unos días reposteaba  una viñeta  de @Perezfecto en la que una mujer le dice a un hombre (presumiblemente su pareja):

«Contigo no se puede dialogar, solo sabes dar soluciones».
Comenté sobre la realidad de esas palabras, de personas que cuando conversan solo saben arreglar los problemas del otro.
Aunque no es un regla fija, lo cierto es que es un perfil que se da mayoritariamente en los hombres hacia las mujeres.
Todas las mujeres que comentaron esa publicación en mis diferentes redes comentaban haberse sentido así a menudo. Sólo un hombre comentó lo cierto de esas palabras. Otro entró a «disculpar» que esa forma de hacer las cosas es «ayudar», «compañerismo lo llamó él.
Cuando yo le dije que lo que él llama «compañerismo» es «paternalismo», no estuvo de acuerdo.
Porque el paternalismo, como el machismo, no se detecta desde dentro.
Hay que preguntarle al otro ( en este caso a la otra) si se siente infantilizada cuando buscando escucha o desahogo y comprensión se reciben consejos y juicios.
El paternalismo se llama así por algo. Se construye sobre la idea de que hay un perfil que tiene autoridad y es responsable sobre el otro. En la antigua Roma era el Pater Familia, hoy en día es cualquiera cuando se relaciona con una mujer ( si es madre, más).

ARMAS DE MUJER

Las mujeres estamos cansadas de tener que explicar a los hombres de nuestro entorno que no les queremos como salvadores ( clara referencia a todos los cuentos de hadas en las que nos liberan de peligros) ni como solucionadores.
Las mujeres llevamos toda la historia humana solucionando nuestros problemas, como buenamente podemos,  con la mierda de pocas herramientas que este sistema nos deja.
Hemos sobrevivido a desprecios, insultos, violaciones, quemas de brujas, eliminación de derechos, robos, apropiaciones culturales e intelectuales, corrientes de pensamiento misóginas.
La Historia de la Humanidad es la historia de la misoginia.
Y hemos sobrevivido. Casi siempre contando con el apoyo de nuestras iguales.
Por eso las mujeres hemos hecho círculos siempre. Sea alrededor del fuego, mientras se molía el grano o lavaba la ropa en el río.   En los pocos espacios en los que se nos permitía ser libres( de expresión al menos,) entre otras mujeres, las mujeres hablaban, se desahogaban, se reconocían, se apoyaban y se sostenían. 
Porque la raíz del término empatía es  “empátheia que significa “emocionado”. La empatía es «la intención de comprender los sentimientos y emociones, intentando experimentar de forma objetiva y racional lo que siente otro individuo». Y sin duda quien mejor empatiza con tus emociones es quien las ha vivido. Por eso muchas mujeres hablamos un lenguaje común, el verbal y el no verbal. Por eso para una mujer, por muy desconocida que sea, le resulta fácil «leer» las emociones de otra y saber o sospechar qué necesita.  Ella , seguramente, habrá experimentado algo similar en algún otro momento o proceso.
Cuando alguien intenta darnos la solución lo que sentimos no es agradecimiento. Las primeras veces lo aceptamos porque es la reacción habitual del grupo de arriba y nosotras sabemos que «nuestro sitio a sus ojos es el grupo de abajo». Poco a poco, si hay confianza o hartazgo, expresamos que así no, que eso no es lo que necesitamos.
Ahora depende del otro escuchar y no solo oír, responder a lo que pedimos y no a lo que él quiera dar.
Es comprensible que el piloto automático salte,  ya que  a los varones se les educa para hacer cosas, conseguir cosas, y reparar cosas,  y les siga impulsando a vernos como un terreno en el que actuar, un reto que afrontar o algo que arreglar.
Pero no lo somos.

CONFÍO EN TI HASTA PARA DEJAR QUE TE EQUIVOQUES

Cuando trabajaba con familias de niños pequeños frecuentemente tocaba hablar de la autonomía del bebé/niñ@ y de su desarrollo psicoafectivo y motor. Cuando un bebé empieza la etapa del gateo y el movimiento autónomo, es normal sentir miedo y preocupación por su seguridad.
¿En qué casa no entran los parques cuna, los suelos de goma eva y las puertas para cerrar acceso a escaleras?
El desafío es que los padres y madres comprendamos que los bebés tienen una altísima capacidad de adaptarse al entorno en el que crecen. Los bebés exploran y ,cuando no son coartados, van aprendiendo sus límites físicos y entrenando sus capacidades.  Por supuesto intentaremos que sea un entorno seguro, pero no permitirle el movimiento, la exploración, el descubrimiento, por miedo a una caída es hacerle menos apto, no más.
Cuando un bebé que empieza a levantarse y caminar se siente inseguro, volverá al suelo y lo volverá a intentar otra vez. Si para evitarle esas caídas les llevamos de la. mano o en volandas, evitaremos la caída, sí, pero también el aprendizaje asociado. Al final el amor también se demuestra con la confianza. Confianza en que sus caídas, sus errores, son parte del aprendizaje.
Las mujeres no somos bebés en desarrollo. Somos como colectivo más fuerte de lo que nosotras mismas imaginamos. Hemos sobrevivido al odio visceral del poder durante siglos. Seguimos sobreviviendo, incluso destacando, en un sistema hecho a la medida del hombre ( y me refiero al hombre varón, no al hombre como representante de la especie humana). Nuestra cultura, nuestra medicina, nuestro sistema económico, la explotación de los recursos, la crianza,  todos los sistemas son androcéntricos y aquí seguimos. A pesar del desgaste que eso nos provoca.
Así que en casa, al menos, queremos paz, queremos respeto, queremos libertad.
Queremos seguir educando a las futuras generaciones, pero hacia abajo.
No nos pidáis seguir educando hacia arriba. Sois mayorcitos: aprended solos.
Si queréis, hasta que desarrolléis toda la empatía que necesitamos,  podéis aprenderos esta frase:
¿Qué puedo hacer por ti para que estés mejor?
DISC: DESGASTE Y RECARGA

DISC: DESGASTE Y RECARGA

DESGASTE Y RECARGA

En estos últimos meses con DISC estoy manejando mucho una palabra que me resulta muy familiar viniendo del ámbito maternal, concretamente habiendo hecho asesorías personalizadas con cientos de madres en pleno postparto inmediato y puerperio: «desgaste».

Desgaste es algo que las mujeres conocemos bien, por desgracia.
Aparte el desgaste de vivir que tiene todo ser vivo, las mujeres y madres, tenemos el «bonus» de la carga mental que no siempre se ve ni se cuantifica pero que genera mucho desgaste.
Esa carga de la que no te liberas en el día libre, ni en vacaciones, a veces ni siquiera cuando vas a dormir. UN desgaste silencioso y poco reconocido.

ANÁLISIS CONDUCTUAL DISC

DISC es una herramienta de análisis, deteción, desarrolllo y adecuación del talento. Nos sirve para detectar cómo trabajarías mejor y cómo estás haciendo. Por así decirlo nos ubica en tu punto ideal y la distancia a la que estás ahora o a la que quieres estar. A mayor distancia entre ellos, más desgaste.

¿Significa eso que te limita tu actividad o tu desarrollo hacia cierta área en la que ahora no destacas?


No.
Lo que te dice es que te costará más esfuerzo que hacer aquello para lo que tienes talento natural.


¿Por qué considero interesante esta información?

 

Porque a veces nos planteamos una estrategia sin analizar si es para nosotras.  Vemos a alguien hacer algo que le funciona y sencillamente queremos copiarlo. Y eso es normal y está bien, pero quizás esa persona a la que le funciona tiene un talento que tú no has desarrollado, o tú tienes un talento precisamente «opuesto» al que requiere la estrategia en cuestión y si no eres consciente de ello y de lo que supone, lo que vas a cosechar es frustración y desgaste.

 

¿Significa eso que estas condenada a hacer siempre lo mismo?

No.
Ninguna herramienta de análisis del comportamiento es una profecía, a no ser que tú creas que lo es, ya sabes, la profecía autocumplida. Por eso para mí lo importante al recibir un informe DISC es contratar la sesión de análisis, para explicarte precisamente que lo que ves, todo lo que ves, puede ser modificable.

 

CÓMO TE AYUDA DISC

El quid de la cuestión es cómo implementar modificaciones para dirigirme hacia un lugar en el que ahora mismo no estoy.

Te pongo un ejemplo:

Si eres una persona analítica, concienzuda y preocupada por la calidad, te va a costar mucho actuar de forma rápida y reactiva cuando la situación lo requiere.

¿Es malo entonces ser analítica y concienzuda?

Imagina a quien diseña los frenos de tu coche. ¿Quieres que sea una persona analítica y concienzuda o alguien improvisado y apurado por los tiempos de lanzamiento?

Nada es malo.

Cada factor de comportamiento tiene un motor que le impulsa y una preocupación principal. Cada uno tiene sus prioridades  y sus ritmos.  Todos son necesarios y contribuyen a que una empresa o emprendimiento llegue a buen puerto. Todos tienen talento.

El problema es que esas diferencias de prioridades y ritmos causan conflictos que no siempre vemos como lo que son, conflictos por diferencias en el modo de ver la situación, no conflictos personales porque uno tenga la razón y el otro no.

Siguiendo con el ejemplo anterior, la persona analítica, dada la situación actual ( personal o global) necesita modificar su estrategia y actuar de forma menos analítica y más proactiva. ¿Puede hacerlo?

Por supuesto.
Pero le va a costar, porque va a tener que dejar de tirar con el motor con el que está acostumbrada. Tendrá que aumentar su capacidad de asumir riesgos y no demorar la acción en la búsqueda del producto perfecto.

Al final se trata de una herramienta de autoconocimiento interesante para planear estrategias con inteligencia.
No sirve de nada seguir un plan que le ha funcionado a otra persona si su motor y el tuyo son diferentes. Y no solo eso y ahí es donde voy con el concepto de recarga.

 

 

LA IMPORTANCIA DE LOS MOTORES DE RECARGA

DISC mide el desgaste porque analiza la «distancia» entre el punto en el que estás y el punto hacia el cual quieres ir, lo que no mide es la capacidad de recarga de cada cual.

Hay emprendedoras que tienen una situación personal más favorable que otras y eso también cuenta a la hora de implementar estrategias, desarrollar cambios y obtener resultados.

Si eres una madre con hijos pequeños ( puede que bebés incluso), con una pareja que no te apoya en tu decisión de emprender y/o te boicotea tus planes soltando pullitas como «para qué te complicas» o » por qué te gastas dinero en eso«, si estás muy apurada económicamente  y no tienes un colchón financiero que te permita invertir sin sentir que estás quitándole los recursos a la familia, si tienes poca o nula formación  en ese ámbito profesional, si te falta experiencia práctica para hablar sobre tu servicio con autoridad, si el mundo digital se te hace algo complicadísimo y no conoces ninguna de las herramientas con las que tienes que trabajar….. Y no hablemos si tienes problemas de salud o cuidas además apersonas dependientes.

Por cada faceta de tu vida personal y circunstancias que demanden de ti energía, sumas un punto más de desgaste  y uno menos de recarga.

Ahora piensa en que no tienes hijos a tu cargo, ni una pareja que moleste, sino alguien que contribuye a aliviarte carga y a apoyarte en tus decisiones y proyectos. Dispones de dinero para  afrontar este proceso de cambio con cierta tranquilidad. Tu tiempo es todo tuyo y además tu bagaje profesional es potente. Conoces las herramientas digitales, aunque fuera de usarlas por entretenimiento.

Tú, en esas circunstancias, tienes muchos motores de recarga. Tú puedes permitirte más desgaste para cambiar tu estrategia profesional  en un plazo razonable.

Ahora quizá entiendes por qué hay personas que parece que todo les funciona y otras a las que no les funciona nada.  Cierto es que muchas veces es porque unas trabajan mucho y otras no, pero no siempre es eso, o no sólo eso. No todo es cuestión de echar horas.  Hace falta una estrategia personalizada.

QUÉ ES EL MENTORING

El mentoring que yo entiendo no es solo el de : «te ayudo a llegar donde yo estoy». Inlcluye también el «de la forma más adecuada a tu perfil».

En mentoring no vendemos plantillas estratégicas universales porque cada persona es diferente, con talentos diferentes y circunstancias diferentes. Ni siquiera vendemos nuestra propia estrategia porque nuestras clientas no son nosotras.

Trabajar más de una década, como te decía al comienzo del post, asesorando a  madres me dio la capacidad que no tenía de aprender a escuchar y a mirar desde otro lugar que no fuera mi propio yo.

Es en ese ámbito en  el que fui capaz de comprender que lo que me servía  a mí no le servía forzosamente a las demás, porque ellas no eran yo.

Aprendí a descubrir otras formas de mirar y de escuchar, aprendí a proponer teniendo como centro a la persona que me pedía ayuda y no a mí misma.  

Aprendí a no convertirme en el centro de este trabajo y a tener claro mi objetivo profesional.

Ahora en mentoring, aunque en un ámbito diferente, implemento mucho de ese aprendizaje de primero recabar y luego aportar.  De analizar no sólo el desgaste sino la capacidad y velocidad de recarga de mis clientas.

 

Por eso llevo meses trabajando todos mis servicios de mentoring con DISC.

Porque empezamos con mucha información valiosa y concreta de partida lo que nos permite ahorrar tiempo y empezar a hablar de presente y futuro.

100% de clientas satisfechas, obteniendo resultados, acercándose a los cambios que querían son mi carta de recomendación.

¿ Y tú? ¿Sabes qué te desgasta y con qué recargas?

Pincha en la imagen para leer los testimonios

Qué piensan de verdad los políticos de las madres

Qué piensan de verdad los políticos de las madres

Las campañas electorales se están convirtiendo en una especie de suero de la verdad de nuestra clase política.
LAs madres llevamos años reclamando tener voz  en política, que se escuchen nuestras reivindicaciones de primera mano y que se tengan en cuenta. Voto ya tenemos, pero cuando no hay ninguna opción que te represente, al final tu voto no vale tanto como debería.
LAs pasadas elecciones generales muchas mujeres nos hemos sentido huérfanas. Se ha votado más con el miedo que con la esperanza. Muchas decidimos votar en oposición más que votar a favor, como dijo muy acertada como siempre mi amiga Irene García: «votamos en defensa propia».

Independientemente de vuestra ideología, si sois madres de ese grupo invisible para los medios que, como yo, decidisteis que maternar también es un derecho que queríais ejercer sin renunciar o delegar en terceros,  habréis sentido la indefensión de saber que fuera cual fuera vuestro voto, ninguno iba a apoyaros en esa decisión.

Llevamos años reclamando un permiso de maternidad de mínimo 6 meses. Reclamación que responde primero al derecho del bebé y,  evidentemente, también al de la madre, que, no olvidemos, es la que gesta, pare y amamanta por mucho que a la PPINA no le guste. Resulta que no era posible, no había fondos, hasta que aparecieron de vete a saber donde para incrementar la baja del padre.

¿Estamos en contra de que se aumente la baja del padre?

Por supuesto que no, pero no es justo ni moral ni biológica ni fisiológicamente ampliar un derecho cuando los otros 2 protagonistas que van delante, aun no tienen garantizados los mínimos.

-Porque el bebé tiene derecho a ser nutrido por su madre sin restricción de tiempo al menos hasta que este sea capaz de tomar otros alimentos  y ser cuidado por extraños sin interferir en su relación  de apego seguro con su cuidador principal: su madre.

-Porque la persona que ha gestado y parido necesita un tiempo   de adaptación física, emocional y social  muy superior a las 16 semanas. Creer que este periodo es «repartible con el padre» es ningunear el propio proceso biológico y mental del proceso de la gestación y el parto.

-Porque no siempre hay «padre» y esa es una realidad que se obvia demasiado a menudo. LA mayoría de las familias monoparentales de nuestro país, son monomarentales, pero hasta en el lenguaje tergiversamos la realidad.

-Porque «cuidar a l@s hij@s» no es una especie de servicio civil obligatorio, como oímos a algunos padres durante su permiso de paternidad. EL cuidado es, a ojos de la mayoría de la clase política, una especie de impuesto a pagar que no nos gusta y buscamos fórmulas para evadir o repartir y tocar a menos. No se trata de cambiar pañales  señores y señoras políticos, a ver cuándo lo van a entender.

-Porque si al final lo hacen, tampoco merecen medallas como si fueran héroes. Ser un padrazo es directamente proporcional a ser una mala madre y hacer campaña con la responsabilidad de los progenitores con el cuidado  de sus hij@s es moralmente deleznable.

-EL cuidado es la base de la reproducción y supervivencia de los mamíferos, especialmente de los humanos cuyo tiempo de desarrollo especialmente largo. Los primeros años de vida del bebé son un periodo especialmente sensible que requieren algo más que ingerir cualquier alimento que permita no morir de inanición, estar limpio y a resguardo.

-Nuestros bebés tienen derecho al cuidado óptimo y este es el que provee su madre cuando esta está dispuesta a hacerlo sin sentir que pierde derechos, poder adquisitivo o calidad de vida.

-Anunciar como medida permisos iguales e intransferibles para este primer periodo sensible del bebé es no entender nada de nada.

-Prometer guarderías de 0 a 3 años es reírse de las necesidades de los bebés y sus madres.

-Ensalzar a mujeres que a la semana de parir ya están «emprendiendo por el mundo» es un insulto a  las madres. Refleja una supina ignorancia de lo que supone el hecho maternal, de las necesidades del binomio madre-bebé, de las profundas repercusiones que todo lo que se hace o no se hace en este periodo de tiempo.

 

-Es un insulto especialmente a esas mujeres con empleos precarios a los que no quieren «volver» pero tienen que hacerlo porque su subsistencia depende de ello.   A Isabel Díaz Ayuso el derecho de tener 16 semanas tras el parto le parece que es de «víctimas de izquierda». Me gustaría verla a ella siendo camarera de pisos en un hotel, volviendo a hacer 20 habitaciones y 5 salidas más los pasillos de las zonas comunes a la semana de parir.  Cargando fardos de ropa sucia y empujando carros llenos de toallas y sábanas más los productos de limpieza.  Retorciendo cientos de veces la fregona que limpie los suelos que pisan esas que van al hotel a descansar, mientras su útero se retuerce también con los entuertos propios del posparto y sus pechos se hinchan por estar 10 horas sin amamantar a un bebé que vete a saber con quién estará. A ver lo que le duraba  a Isabel Díaz Ayuso su ideología de derechas de «menospreciar los derechos de las trabajadoras» en esas circunstancias.

-Es un insulto a esas mujeres que sufren depresiones post parto, la mayoría de veces  no diagnosticadas, porque ya se sabe que las mujeres somos tan emocionales que nuestros síntomas graves se confunden con  nuestro día día. Todo el mundo sabe que la depresión pos parto se cura dejando al bebé y volviendo al curro, claro que sí.

-Es un insulto a las emprendedoras que luchamos cada día por levantar negocios que nos permitan vivir y hacer eso que la sociedad nos prometió falsamente: conciliar. Que muchas hayamos tenido que buscar fórmulas que nos permitan emprender porque no teníamos otra alternativa válida no es excusa para imponerlo  a las demás.  Algunas somos privilegiadas porque nuestro emprendimiento pudimos sacarlo adelante con un bebé a la teta, pero ESO ES UN PRIVILEGIO que no todas tienen señora Isabel Díaz Ayuso.  Al parecer usted solo conoce emprendedoras PREMIUM, que pueden permitirse emprender por el mundo a la semana de dar a luz. No creo que hable de la peluquera del barrio, esa que trabaja 10 horas diarias de pie o de la que trabaja en una tahona y se levanta las 3 de la mañana a hacer pan, aparte de la jornada de venta al público, o de la que monta un restaurante y prácticamente vive a allí para sacarlo adelante.   Esas emprendedoras, aunque quisieran, que ya le digo yo que por mucho que les guste su trabajo no quieren volver a la semana de parir,  no pueden emprender con sus bebés de 7 días.

EN definitiva, que cada vez que ustedes hablan de mujeres dan vergüenza, cada vez que hablan de política referida a las familias dan asco. Mucho asco.

Borja Sémper, candidato del PP a la alcaldía de Donostia:

Así que no hablen por mí ni por la mayoría de las madres que conozco. Madres que cada día, intentan satisfacer las necesidades de los suyos, casi siempre a costa de ellas mismas, de su poder adquisitivo, de su calidad de vida. Y créanme, ese espíritu de «sacrificio» no es para alabarlo. De hecho nos repatea que en  mayo aparezcan campañas de marketing reforzando ese estereotipo con si fuera una virtud a mantener. No queremos que nos alaben estar siempre a disposición de todos sin que se nos tenga en cuenta ni se nos escuche,

Queremos RESPETO, queremos poder ejercer nuestros DERECHOS, todos, queremos IGUALDAD en lo que somos iguales y EQUIDAD para contemplar nuestras diferencias en justicia.
A ver si se enteran ustedes de una vez.

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Parecía un personaje de cualquier serie de vikingos. Podría haber sido modelo. Rubio, alto, con una barba que a a pesar del evidente descuido no ocultaba lo atractivo que había debajo. Envuelto en ropa sucia, no de esa suciedad honorable que tienen los héroes, sino con la suciedad que invisibilizamos.
En medio de un grupo cada vez más grande de gente, de niños, niñas y jóvenes con sus familias, de alguna que otra exhibición de cochazos con la excusa del deporte infantil. Envueltos por una música que, muy mal escogida, como a propósito para hacer juego, como todo, por contraste ese día, no paraba de recordarnos que vivimos en plena era del culto, no ya al cuerpo, sino a la ostentación.

En medio de todo ese ir y venir de gente por un barranco polvoriento, como en un western,  él parecía un fantasma. No por terrorífico, sino por Invisible.

Caminaba con la mirada baja y perdida como quien se ha acostumbrado a no ser visto a pesar de su altura y a pesar de desentonar  con la imagen grupal. La primera vez que le vi pasar frente a mí intenté mirarle a los ojos y no encontré su mirada. Pasó rápido como quien sabe que molesta con su sola presencia.

Le seguí con la mirada hasta que paró en su destino, una especie de silla vieja y un montón de lo que, para nosotros, sería basura, que parecía ser su lugar. Porque llamarlo “casa” me parece un vegonzoso eufemismo. Un rincón inhóspito con la única bondad de tener un techo. El puente.

Sentí angustia y pensé en todas las veces que en mi vida había oído la expresión “vivir bajo un puente”. Una frase que siendo niña y adolescente igual se usaba como metáfora de aquellos que tienen un desafortunado destino ( merecido según sea de moralizante el discurso)  o como amenaza  ( horriblemente literal par la mente de los niños y jóvenes) si no aprovechábamos nuestras oportunidades.

“Vivir bajo un puente”

Me pareció escuchar la voz de mi padre pronunciando esas palabras que, en su caso, eran totalmente absurdas por carecer de autoridad moral para dar cualquier lección de vida a sus hijos. En cualquier caso la imagen del puente como único refugio se hizo realidad viendo a ese joven allí.

Yo estaba allí, con mis hijos, agradeciendo ser de ese grupo de personas que nos hemos creído que somos clase media porque los fines de semana vamos en nuestro coche a que nuestros hijos e hijas compitan con otros niñas y niñas por un minuto de gloria y una medalla de latón cuya insignia es tan cutre que se despega antes de llegar a casa.
Pero ahí estamos, riendo, animando, aplaudiendo, a veces incluso siendo unos totales impresentables cuando animamos a nuestros hijos e hijas a machacar al resto.

Y en ese contexto, el joven vikingo cuyo hogar es el puente, ese al que ni miramos, nos valida automáticamente en la cúspide de la pirámide. Porque nosotros tenemos una casa y un trabajo. ¡Nosotros no vivimos bajo un puente! ¡Nosotros demostramos que no somos unos fracasados!

Porque en este mundo nuestro o, más bien, en este aquí y ahora de este mundo nuestro el éxito es ese: no vivir bajo un puente. Aunque nuestra hipoteca nos obligue a dedicar nuestra vida a quien quiera que sea nuestro amo, quitándonos el tiempo de lo que es de verdad vivir, Aunque nuestro cochazo sea solo una forma de disimular con el valor de lo exterior lo pobres que somos por dentro. Aunque nuestras creencias más profundas sean más asquerosas que la ropa sucia que evitamos mirar. Da igual, porque nosotros no acabamos bajo un puente.

No pude evitar preguntarme qué, por qué, cómo… Quería saber cómo había acabado un chico joven, alto y guapo ( y no, esto no es una frivolidad, a los guapos les va mejor en la vida y si no lo creen piensen en la imagen habitual de los sin techo …) bajo aquel puente.
Quería acercarme y hablar con él, decirle :
-“Hola, no eres invisible, te veo. ¿Cómo estás? ¿Necesitas algo?”

Entonces pensé en qué derecho tengo yo a irrumpir en la vida de alguien solo porque yo creo que está en una posición desfavorecida. Me escuché a mí misma hablando de estererotipos, de paternalismo, de capacitismo, de la cara oculta del voluntariado que demasiadas veces usa el sujeto que recibe la ayuda como excusa para alimentar el propio ego.

Pensé si cabría la posibilidad de que ese joven alto, guapo y rubio estuviera exactamente donde quisiera estar. ¿Es eso posible? ¿De verdad alguien podría escoger aislarse, invisibilizarse, desdibujarse?
No tengo la respuesta. La historia de ese joven solo la sabe él. Y quizás pequé por defecto.

Pasó delante de mí un par de veces más con unas bebidas en las manos. Cada vez la misma búsqueda infructuosa de sus ojos. Cada vez su paso ligero, decidido y casi flotante sin reparar en lo que le rodeaba.
Me pregunté si nosotros nos habríamos vuelto también invisibles a sus ojos. Si éramos como una especie de cuerpos que vibraban en una frecuencia inaudible para él, del mismo modo que él para el resto de los que estábamos allí.

Mi hija y otras niñas de su edad jugaban cerca de la zona donde él estaba. Otros niños y niños pasaban cerca con sus bicis o correteando y me resultó curioso que durante el rato que yo observaba ninguno de ellos se acercase a él. Quise recordarme a mí misma siendo niña y acercándome a hablar con todo lo que me parecía interesante o sencillamente diferente. Recuerdo la primera vez que vi un negro y un “enano”. Recuerdo mi reacción exagerada y cómo mi madre avergonzada me cogía de la mano para alejarme y decirme que a la gente no se la señalaba. Y allí ninguno de los niños y niñas vio nada interesante ni diferente.Quizás es que se ha vuelto todo común, incluso la miseria. No lo sé.

Sé que estuve mal mucho rato. Posiblemente una mezcla entre tristeza, compasión y vergüenza. Quizás mi propia reacción en sí misma sea la prueba de mi propio clasismo.
No sé si había una buena y una mala reacción. Como suelo decir en mis cursos, casi siempre importa más la motivación que la acción. Y la reacción que la acción. Podría haber reaccionado de otro modo. Podría haber “hecho” algo más que observar y pensar. El caso es que no hice nada.

No hice nada salvo hablar con mi hijo de ello. Le hablé del chico que vivía bajo el puente y de lo invisible que se vuelven a veces las personas. Y me dijo que él sí lo había visto y lo había mirado. Que se preguntó por qué estaría allí.
Y en mi soberbia comodidad de mujer de clase media, con un coche de gama media e hipoteca, que lleva a sus hijos a unas competiciones con las que está profundamente en desacuerdo sentí el hipócrita alivio de pensar que algo estaba haciendo bien.

Pero en el fondo, cuando toca rendir cuentas  a una misma sin máscaras, llevo varios días pensando en si el chico rubio, alto y guapo que vive bajo el puente estará bien. Si él preferiría estar en otro lugar. Pensé en que esa podría ser mi historia cuando, con 19 años, me fui de mi casa sin trabajo y con muy poco dinero en el bolsillo.
Quizás la única diferencia que hizo que yo no acabara viviendo bajo un puente, como tantas veces vaticinaba mi padre, fue que yo tuve suerte. No el tipo de suerte capacitista que tanto oigo y tanto asco me da. Tuve suerte porque siempre tuve personas con quien contar.

Hoy, que sigo recibiendo tanto de tanta gente que quiero y me quiere, el chico alto, rubio y guapo que vive bajo el puente me obliga a ser aún más agradecida.
¡Gracias a las personas de mi vida!

PD. Y no, no era alcohol.

 

Por si muero

Por si muero

Vivo en una isla lo que supone viajar bastante en avión.

Tengo una costumbre, algo macabra para algun@s, que es despedirme con la frase «por si se cae el avión que sepas que….»

La mayoría de la gente encuentra de mal gusto mencionar a la muerte o la posibilidad de tener un accidente mortal. Si me paro a pensarlo es normal, no queremos pensar que nos pueda pasar, precisamente porque sabemos que nos puede pasar.

Morirse es facilísimo. De hecho dice el refrán que «para morirse solo hay que estar vivo», por eso todos los vivos intentamos no pensarlo demasiado para no amargarnos la existencia. Lo cierto es que yo pienso bastante en la muerte porque la muerte me ha visitado de cerca y se ha convertido en una especie de enemigo íntimo.

La muerte me ha dado lecciones de vida, de esas que te hacen replantearte muchas cosas.

Se me murió mi segundo bebé y perdí de golpe mi inocencia. Aprendí a ver la cara B de la parte más bonita de la vida.

Se murió mi madre de repente y me di cuenta que los «mañana hablamos» a veces no son posibles. Que se nos quedan pendientes conversaciones porque vivimos creyendo que somos, si no inmortales, sí longevos, pero no siempre es así.

La muerte no siempre avisa. Vivir es estar permanentemente en riesgo de morir y no somos conscientes. Y está bien que sea así. Pero no tanto.

Ser consciente de que te puedes morir es un gran aliciente para vivir, aunque parezca contradictorio. Es un filtro perfecto para saber qué es lo esencial y qué es superfluo, qué es prioritario, y qué no lo es. Es un examen implacable para saber qué cosas gestionas desde el amor o desde el miedo. Te enfrenta a tu ego como nada más. Con esa dosis brutal de verdad que solo dan los duelos, porque en ellos estás sola con tu dolor, y en el dolor no hay máscaras que sirvan.

Cuando me siento el en avión, los últimos mensajes que mando antes de poner el «modo avión» me dicen quiénes son las personas de mi vida. Es un poco macabro sí, pero por unos segundos me imagino que muero estrellada y que mis últimas palabras fueron «Te Quiero».

Lástima que a veces tengamos que pensar en la muerte para decirlas. Ojalá la vida fuera igual de motivadora para vencer vergüenzas, orgullo y miedo y quedarnos con lo esencial, lo que realmente importa.

Nohemí Hervada

Post publicado originalmente en Facebook

Si te gustó la película Passengers quizás deberías leer esto

Si te gustó la película Passengers quizás deberías leer esto

Hollywood sabe que la mayoría llevamos un romántico dentro deseando salir a celebrar los finales felices. Bueno, lo sabe Hollywood y cualquiera que quiera vendernos algo, por eso estamos inundados de mensajes idealizando la pareja como el súmmum de nuestras aspiraciones.

Y por eso crecemos con nuestro detector de violencia, machismo y toxicidad totalmente desajustado. Algo natural cuando, desde niñas, nuestros modelos son princesas ñoñas cuya única meta en la vida es ser lo suficientemente bellas para que algún príncipe las encuentre atractivas hasta el punto de besarlas incluso muertas o inconscientes. Hecho que, por otra parte, es caldo de cultivo para la cultura de la violación en la que vivimos: ” veo una mujer inconsciente y puedo besarla sin tener que molestarme en saber si ella querría o no”.

En ese marco de cultura que disfraza de amor el acoso, nos vemos viendo películas como “Crepúsculo” y similares, o tarareando canciones donde las mujeres no son sino herramientas para el placer de un machito bronceado y con barbita cuidadamente descuidada que se mueve como concediéndonos el inmenso placer de compartir planeta con las simples mortales que le rodean (véase Maluma o similares, porque parece que los fabrican con moldes).

Y aquí una, que se lleva trabajando unos añitos esto de ver más allá del “chico guapo y valiente conquista chica guapa para hacerla feliz ( o “hacerla mujer” que diría mi ídolo de infancia Miguel Gallardo)” va por la vida con el radar anti relaciones tóxicas tan a punto que rara vez disfruta de una canción, novela o película taquillera.

Tras este preámbulo necesario os cuento que vi “Passenger” hace unos días y según iba avanzando la película me iba subiendo más la mala leche.

Si no la has visto, no sigas leyendo porque la voy a spoilear a gusto.

Resulta que un grupo de miles de humanos hacen un viaje interestelar de casi 100 años de duración hacia otro planeta, así que viajan en estado de hibernación para ser despertados al llegar y disfrutar de una vida al más puro estilo Tierra Prometida.

Durante el viaje un meteorito choca contra la nave y destroza una de las cápsulas, lo que hace que uno de los pasajeros despierte antes de tiempo. La trama de la historia es que tiene que escoger entre seguir el viaje despierto, SOLO, sabiendo que morirá de viejo antes de que el viaje acabe o decidir despertar a alguien más para compartir su “destino”.

Por supuesto, el pobre chaval ( y guapo, porque a los guapos les perdonamos todo más fácilmente, ya sabéis, el efecto halo. Y si no que se lo digan al Sr. Grey… a quien le quitas el dinero y la guapura y estaría detenido por acoso en el segundo capítulo), pues como te iba contando, nuestro apuesto protagonista intenta por todos sus medios ser buen chico y no cargar a los demás con su mierda de suerte. Todo esto puntúa, claro. No vayamos a pensar que es un egoísta sin más. Él lo intenta.

Intenta arreglar su cápsula y al comprobar que no es posible, intenta aprender a vivir solo en una nave sin más compañía que un barman androide ( que como diría Angel Sanchidrián es el que le da calidad a la película).

La no soledad no va de estar acompañado de un colega, sino de tener la novia que tú escojas aunque ella no quiera.

Por supuesto, aparece la chica. Porque la no soledad no va de estar acompañado de un colega, sino de tener novia. El caso es que la ve, le gusta y se pone a averiguar más sobre ella. Tras ver sus videos de presentación para el proyecto este de repoblación cósmica, se obsesiona con ella.

¡Ay no, perdón, se enamora! que es la forma de explicar que alguien vea tu cara y tu cuerpo, te oiga hablar a una cámara y crea que eres la persona de su vida hasta tal punto que pase por encima de tus deseos y derechos para que te conviertas en la herramienta para cumplir los suyos.

Estaba yo viendo cómo se desenvolvía la película y no podía dejar de pensar en la gestación subrogada. Porque el mensaje ese de : “quiero ser madre/padre y como no puedo por (llámalo X) tengo derecho a buscar la forma de serlo por todos los medios a mi alcance, sea saltarme las leyes, sea utilizando a los demás, sea pisoteando sus derechos”. Porque todo el mundo sabe que los deseos de algunos están por encima de los derechos de otros ¿no?

Pero como Hollywood hace muy bien su trabajo de moldear la conciencia colectiva, al final resulta que el guapito despierta a la chica y, por supuesto, no es sincero. Porque empezar una relación con la única persona a la que vas a ver durante el resto de tu vida, la única con la que tienes posibilidades de algo, diciéndole que la has condenado a cadena perpetua en una nave espacial, privándole de su futuro, porque consideras que tus deseos están por encima de sus derechos no es una buena táctica de seducción. Así que le cuentas una milonga sabiendo que muy mal se te tiene que dar para no acabar enrollándote con ella ( no hay competencia chaval y eres guapo y estás cachas).

La moralina vomitiva de la película llega tras el lógico desenlace, cuando la chavala se entera de la verdad ( bendito androide sin conciencia) y se cabrea muchísimo, con todo el derecho del mundo. Le dice que se vaya a la mierda… ah no, que en la mierda ya están… él por accidente y ella por la voluntad de él, bueno, pues le dice que viva su mierda sin ella.

Pero ninguna película que se precie acabaría castigando al guapo y dejando a la guapa cabreada y sola. Porque en el fondo todos sabemos que mejor estar acompañadas de un guapo egoísta e infantil que estar solas con nuestra razón y dignidad. Así que al final el amor triunfa.

Viven su vida solos en su nave espacial, se fabrican un huertecito cual Adán y Eva y mueren en la nave dejando un mensaje de amor eterno: “El fin justifica los medios”

Y en esta exaltación de síndrome de Estocolmo hecha película, soltamos la lagrimita pensando en que hemos visto otra película con final feliz.

¿ O no?

Por qué las mujeres son mejores líderes que los hombres

Por qué las mujeres son mejores líderes que los hombres

Por Andrés Gananci

¿Por qué las mujeres son mejores líderes que los hombres?

Este debate sobre quiénes son mejores,  los hombres y las mujeres, se ha llevado desde tiempos inmemorables.

Las mujeres siempre han tenido mejores habilidades gerenciales y están dotadas de ciertas habilidades específicas útiles para el liderazgo. Desafortunadamente las mujeres han sido siempre  menospreciadas y la sociedad no cree que sean mejores como líderes. Es una realidad que no obtienen la igualdad en muchas plataformas sociales.

Aunque las mujeres hacen la misma cantidad de trabajo con la misma cantidad de compromiso, no les pagan igual que  a los hombres (brecha salarial).

Las mujeres son subestimadas en los campos de gestión aunque hay ciertos indicadores que demuestran que las mujeres son mejores líderes que los hombres. Sigue leyendo este artículo para conocer más:

Son mejores en la administración

Las mujeres han estado a cargo del hogar desde tiempos pasados. Saben cómo gastar y ahorrar dinero incluso cuando este es escaso. En los últimos años  con su incorporación al mundo empresarial se ha comprobado que las mujeres son mejores gerentes pues saben cómo manejar de manera eficiente los recursos, cómo asignarlos y cómo mantener un equilibrio.

La mayoría de las mujeres optan por el «enfoque de la lista de cosas por hacer», lo que las convierte en profesionales de planificación y programación. La mayoría de los hombres optan por el enfoque de «como vamos yendo vamos viendo» que, a menudo, no funciona a su favor.

Las mujeres poseen muchos rasgos que, a ojos de sus compañeros de trabajo y subordinados, las califican como mejores gerentes.  Son mucho más consideradas con las personas que trabajan para ellas y  tienen la motivación de crecer junto con los demás en una organización.

Motivan a los demás

Motivar a los demás es una cualidad que no todos poseen pero las mujeres, en general, son motivadoras. Las mujeres tienen muy desarrollada la intuición que, a menudo, sale a la luz cuando se necesita.

Ellas saben muy bien lo que te motiva y lo que desencadena tus miedos así que  pueden generar fácilmente ideas para alentarte y motivarte.

Algo a lo que cada vez se le da más importancia: las emociones. Las mujeres lidian mejor con ellas que los hombres que no están tan acostumbrados a manifestarlas. Las mujeres pueden hacerse cargo fácilmente de situaciones en las que los empleados están desanimados. Ellas energizan, llenan de confianza y motivan a ver la luz al final del túnel.

Un estudio también revela que las personas que trabajan con mujeres están más comprometidas que las personas que trabajan con hombres.

Son buenas para colaborar con las personas

Las mujeres se sienten cómodas trabajando en sistemas colaborativos. Se les da bien fomentar la unión en sus equipos.

Están acostumbradas a desempeñar muchos roles a la vez porque llevan toda la historia haicéndolo. Compaginar el trabajo  en casa y fuera, hijos, mayores, compras, gestión de recursos, etc. LAs familias funcionan como pequeñas organizaciones y ellas tienen práctica en buscar el bienestar de todos.

Los hombres priorizan sus características alfa-masculinas para dirigir y suelen tener un estilo de liderazgo diferente, más jerárquico  y menos grupal lo cual es un impedimento para el buen avance de una empresa.

A las mujeres les gusta trabajar en equipo, compartir sus opiniones e ideas y encontrar una solución para el problema que beneficiará a todos los miembros del equipo.

Saben buscar el éxito en contra de las probabilidades

Sí, algunas personas dirían lo contrario, pero las mujeres saben  cómo alcanzar sus objetivos contra viento y marea. ¿Sabes por qué?

Porque siempre han enfrentado algún tipo de discriminación,  restricciones  y limitaciones.  Que muchas mujeres estén lográndolo no significa que no sigan teniendo estos problemas. LAs que lo consiguen son un ejemplo de tesón y fortaleza.

Los hombres nunca se darán cuenta de lo que es ser subestimado desde su infancia.Todas las niñas y mujeres se han enfrentado a esto en algún momento.  Eso les da a muchas un impulso  extra para demostrar que las personas que ponen una barrera en su camino están equivocadas, que ellas pueden alcanzar el éxito en cualquier camino en el que estén trabajando.

Su ética empresarial es más fuerte

Las mujeres tienen una ética comercial más fuerte cuando se las compara con la de los hombres.

Los hombres suelen considerar que la ética empresarial es aplicable solo a las empresas, las  mujeres la consideran más allá de los negocios y fuera del ego. Las mujeres consideran el derecho de los demás en su  búsqueda de la equidad. .

Dado que el comportamiento ético es altamente valorado en cualquier organización, las mujeres tienen una mayor posibilidad de ser líderes. Las mujeres también son más responsables de lo que hacen y   bastante transparentes.

Están cargadas de paciencia

Las mujeres, definitivamente, tienen mucha más paciencia que los hombres. No  apresuran  las cosas sin pensarlo bien. Saben que las decisiones no deben tomarse a toda prisa. Se toman un tiempo para respirar  y profundizar más antes de sacar conclusiones precipitadas cuando se trata de decisiones comerciales.

Sabemos también que las mujeres manejan el estrés de manera más eficiente que los hombres. El estrés puede desdibujar tu capacidad de toma de decisiones a veces y llevarte a tomar decisiones que arruinen  tus posibilidades de ascenso.

Poseen mejores resultados de comunicación

Con frecuencia escuchamos  chistes burlándose de  cuánto  hablan las mujeres. Es un cliché instalado en nuestra sociedad pero es eso, un cliché, las mujeres no hablan solo de banalidades o por hablar.

Las mujeres hablan con sentido la mayoría de las veces.Tienen una habilidad única para pensar racionalmente sobre todo.Tienden a analizar  las cosas en profundidad y suelen encontrar soluciones efectivas. Pueden comunicarse  tácticamente con las personas  en sus tratos comerciales sin ningún problema.

Sus habilidades innatas les  ayudan a aplicar sus ideas en el mundo corporativo de manera eficaz. Una mejor comunicación, necesaria para dirigir una empresa,  facilita el flujo de información de una manera eficiente.

Mientras que los hombres prefieren la acción sobre las palabras, las mujeres prefieren hablar durante una discusión y luego continuar con el trabajo.Tienen una gran capacidad de escucha y esa es la razón por la que se relacionan mejor con los empleados y los clientes, entienden  sus preocupaciones.

La comunicación desempeña un papel clave en nutrir y mantener una relación sólida, ya sea en una empresa o a nivel personal.

Por mucho que una parte de la  sociedad  siga creyendo que los hombres son mejores líderes, cada vez más personas están cambiando su perspectiva de género.

Las mujeres todavía tienen un largo camino por recorrer pero cada vez más mujeres demuestran con su trabajo sus excelentes cualidades y potencial para ser excelentes líderes.

¡Tú también puedes!

Andrés Gananci es un emprendedor y aventurero apasionado de la vida que fundó su primer negocio online con tan sólo 17 años.
12 años después, sigue viajando por el mundo mientras trabaja desde casa»

Puedes contactar con él en:

https://www.facebook.com/gananci
gananciblog@gmail.com

 

Los políticos y la conciliación: No se han enterado de nada señorías.

Los políticos y la conciliación: No se han enterado de nada señorías.

En un momento en el que las únicas voces relacionadas con los derechos de las madres que oímos son las de colectivos que piden guarderías de 0 a 3 años e igualdad de permisos de maternidad y paternidad, me parece fundamental seguir hablando de otros modelos de conciliación que sí se ajustan a las necesidades de todos.
Para colectivos que piden que los permisos de maternidad y paternidad sean iguales, se les olvida que las mujeres gestamos, parimos y amamantamos y esa función es exclusiva de nuestro género.

Antes que alargar la baja de paternidad los colectivos de madres llevamos años pidiendo que se amplíe la baja maternal al mínimo de 6 meses porque es un DERECHO DEL BEBÉ ser cuidado por la persona que para él mejor cumple la función de maternar, incluyendo amamantar.

Un bebé se alimenta exclusivamente de leche al menos hasta los primeros 6 meses, algunos hasta el año o más, así que pretender que renuncie a ese derecho para cumplir el objetivo político de cualquier otro colectivo es, no solo inconveniente desde el punto de vista de la salud y el desarrollo del bebé, sino que refleja un profundo desinterés en el bienestar y las necesidades de los niños.

La biología no es políticamente correcta y las mujeres tenemos derecho a maternar si lo deseamos todo el tiempo que nuestros hijos nos necesiten en exclusiva. Ya lo escribí hace años, que la igualdad en derechos ha de reconocer las diferencias y buscar la equidad. Para el bebé, mamá no es igual que papá, y una Ley que también vela por los más pequeños debería reconocer esa hecho fundamental de cómo somos los humanos en nuestra primera etapa. Y sobre todo entender que no satisfacer esas necesidades no tiene coste 0.

Si hay recursos para que la baja la coja también el padre, cuando hay padre, perfecto. Otra historia será para qué se cojan los padres esa baja, que ejemplos ya tenemos. Pero ampliar la del padre, cuando la de la madre es insuficiente es una solución bastante miope.


Para quienes, como el presidente Sánchez, opinan que el talento de las mujeres no puede perderse por ser madres, le recuerdo que esa decisión debería ser libre. Porque para la mayoría lo que no puede perderse es la oportunidad de criar a un hijo si se desea. Y la mayoría lo desea y no puede hacerlo porque luego nos penalizan al reincorporarnos al mercado laboral. Así que menos guarderías para criar bebés de 0 a 3 años y más enfocarse en políticas que permitan que nuestros hijos sean cuidados por las personas que desean hacerlo, sus madres, y no las instituciones. Inviertan en transformar la maternidad en algo valioso, reconocido, remunerado y que no se nos penalice a la vuelta.

Nuestro talento no se pierde por ser madres, lo estamos invirtiendo en nuestro mayor activo: l@s ciudadan@s del futuro, nuestr@s hij@s.

Ofrezcan otras vías de conciliación que no pasen por dejar a nuestros bebés y nosotras irnos a producir para vete a saber quién.
La mayoría de las mujeres que conozco no están locas por separarse de sus bebés de 16 semanas para reincorporarse a su empresa. Lo hacen porque no les han dado otra alternativa si no quieren perder independencia económica.

Prefiero que mis «talentos» estén enfocados en la dirección que yo elija, que en mi caso y en el de millones de madres, será criar y disfrutar de mis hijos, antes que abandonarles en manos de funcionari@s, que vete a saber cómo son y qué opinan de los niños, que siendo utilizados para mantener un sistema que sigue sin valorarnos en lo que realmente somos.

Trabajen ustedes para eliminar YA la brecha salarial, inviertan en educación para erradicar el machismo y la violencia de género, asegúrense que las madres no pierden poder adquisitivo ni social cuando crían a sus futuros contribuyentes, penalicen a las empresas DE VERDAD que siguen preguntando a las mujeres si van a tener hijos en sus entrevistas de trabajo, den ustedes ejemplo desde la clase política demostrando que los hijos, los suyos, les importan porque son lo más valioso que tenemos y que pueden perderse unas elecciones por haber parido y no pasa nada. De ustedes depende que de verdad «no pase nada» cuando una mujer vuelve tras ausentarse por haber estado pariendo y criando.

Porque mientras sus soluciones sigan siendo que las mujeres RENUNCIEMOS  a la posibilidad de criar hijos y amamantarlos el tiempo que queramos, mientras sus políticas de conciliación sean guarderías de 0 a 3 años,  acogidas tempranas y recogidas tardías en los centros escolares y campamentos de verano para que los niños estén con quien sea menos con sus padres… es que no han entendido ustedes nada.

Y la verdad es que da penita ver que da igual al ideología de los partidos de nuestro país, porque ninguno ha entendido qué necesitamos las madres y sobre todo, qué necesitan nuestros hijos.


Luego nos quejaremos de violencia, de fracaso escolar, de brecha intergeneracional… Cuando lo que ya sabe cualquiera que se ha molestado en averiguar cuáles son los cimientos de una sociedad sana es que invertir en autoestima es crucial. Y mal van nuestros hijos de autoestima si desde que nacen se dan cuenta que para sus padres, lo primero, es su trabajo.
Así no señor Sánchez, asi no #malasmadres, así no.