Si te gustó la película Passengers quizás deberías leer esto

Si te gustó la película Passengers quizás deberías leer esto

Hollywood sabe que la mayoría llevamos un romántico dentro deseando salir a celebrar los finales felices. Bueno, lo sabe Hollywood y cualquiera que quiera vendernos algo, por eso estamos inundados de mensajes idealizando la pareja como el súmmum de nuestras aspiraciones.

Y por eso crecemos con nuestro detector de violencia, machismo y toxicidad totalmente desajustado. Algo natural cuando, desde niñas, nuestros modelos son princesas ñoñas cuya única meta en la vida es ser lo suficientemente bellas para que algún príncipe las encuentre atractivas hasta el punto de besarlas incluso muertas o inconscientes. Hecho que, por otra parte, es caldo de cultivo para la cultura de la violación en la que vivimos: ” veo una mujer inconsciente y puedo besarla sin tener que molestarme en saber si ella querría o no”.

En ese marco de cultura que disfraza de amor el acoso, nos vemos viendo películas como “Crepúsculo” y similares, o tarareando canciones donde las mujeres no son sino herramientas para el placer de un machito bronceado y con barbita cuidadamente descuidada que se mueve como concediéndonos el inmenso placer de compartir planeta con las simples mortales que le rodean (véase Maluma o similares, porque parece que los fabrican con moldes).

Y aquí una, que se lleva trabajando unos añitos esto de ver más allá del “chico guapo y valiente conquista chica guapa para hacerla feliz ( o “hacerla mujer” que diría mi ídolo de infancia Miguel Gallardo)” va por la vida con el radar anti relaciones tóxicas tan a punto que rara vez disfruta de una canción, novela o película taquillera.

Tras este preámbulo necesario os cuento que vi “Passenger” hace unos días y según iba avanzando la película me iba subiendo más la mala leche.

Si no la has visto, no sigas leyendo porque la voy a spoilear a gusto.

Resulta que un grupo de miles de humanos hacen un viaje interestelar de casi 100 años de duración hacia otro planeta, así que viajan en estado de hibernación para ser despertados al llegar y disfrutar de una vida al más puro estilo Tierra Prometida.

Durante el viaje un meteorito choca contra la nave y destroza una de las cápsulas, lo que hace que uno de los pasajeros despierte antes de tiempo. La trama de la historia es que tiene que escoger entre seguir el viaje despierto, SOLO, sabiendo que morirá de viejo antes de que el viaje acabe o decidir despertar a alguien más para compartir su “destino”.

Por supuesto, el pobre chaval ( y guapo, porque a los guapos les perdonamos todo más fácilmente, ya sabéis, el efecto halo. Y si no que se lo digan al Sr. Grey… a quien le quitas el dinero y la guapura y estaría detenido por acoso en el segundo capítulo), pues como te iba contando, nuestro apuesto protagonista intenta por todos sus medios ser buen chico y no cargar a los demás con su mierda de suerte. Todo esto puntúa, claro. No vayamos a pensar que es un egoísta sin más. Él lo intenta.

Intenta arreglar su cápsula y al comprobar que no es posible, intenta aprender a vivir solo en una nave sin más compañía que un barman androide ( que como diría Angel Sanchidrián es el que le da calidad a la película).

La no soledad no va de estar acompañado de un colega, sino de tener la novia que tú escojas aunque ella no quiera.

Por supuesto, aparece la chica. Porque la no soledad no va de estar acompañado de un colega, sino de tener novia. El caso es que la ve, le gusta y se pone a averiguar más sobre ella. Tras ver sus videos de presentación para el proyecto este de repoblación cósmica, se obsesiona con ella.

¡Ay no, perdón, se enamora! que es la forma de explicar que alguien vea tu cara y tu cuerpo, te oiga hablar a una cámara y crea que eres la persona de su vida hasta tal punto que pase por encima de tus deseos y derechos para que te conviertas en la herramienta para cumplir los suyos.

Estaba yo viendo cómo se desenvolvía la película y no podía dejar de pensar en la gestación subrogada. Porque el mensaje ese de : “quiero ser madre/padre y como no puedo por (llámalo X) tengo derecho a buscar la forma de serlo por todos los medios a mi alcance, sea saltarme las leyes, sea utilizando a los demás, sea pisoteando sus derechos”. Porque todo el mundo sabe que los deseos de algunos están por encima de los derechos de otros ¿no?

Pero como Hollywood hace muy bien su trabajo de moldear la conciencia colectiva, al final resulta que el guapito despierta a la chica y, por supuesto, no es sincero. Porque empezar una relación con la única persona a la que vas a ver durante el resto de tu vida, la única con la que tienes posibilidades de algo, diciéndole que la has condenado a cadena perpetua en una nave espacial, privándole de su futuro, porque consideras que tus deseos están por encima de sus derechos no es una buena táctica de seducción. Así que le cuentas una milonga sabiendo que muy mal se te tiene que dar para no acabar enrollándote con ella ( no hay competencia chaval y eres guapo y estás cachas).

La moralina vomitiva de la película llega tras el lógico desenlace, cuando la chavala se entera de la verdad ( bendito androide sin conciencia) y se cabrea muchísimo, con todo el derecho del mundo. Le dice que se vaya a la mierda… ah no, que en la mierda ya están… él por accidente y ella por la voluntad de él, bueno, pues le dice que viva su mierda sin ella.

Pero ninguna película que se precie acabaría castigando al guapo y dejando a la guapa cabreada y sola. Porque en el fondo todos sabemos que mejor estar acompañadas de un guapo egoísta e infantil que estar solas con nuestra razón y dignidad. Así que al final el amor triunfa.

Viven su vida solos en su nave espacial, se fabrican un huertecito cual Adán y Eva y mueren en la nave dejando un mensaje de amor eterno: “El fin justifica los medios”

Y en esta exaltación de síndrome de Estocolmo hecha película, soltamos la lagrimita pensando en que hemos visto otra película con final feliz.

¿ O no?

Por qué las mujeres son mejores líderes que los hombres

Por qué las mujeres son mejores líderes que los hombres

Por Andrés Gananci

¿Por qué las mujeres son mejores líderes que los hombres?

Este debate sobre quiénes son mejores,  los hombres y las mujeres, se ha llevado desde tiempos inmemorables.

Las mujeres siempre han tenido mejores habilidades gerenciales y están dotadas de ciertas habilidades específicas útiles para el liderazgo. Desafortunadamente las mujeres han sido siempre  menospreciadas y la sociedad no cree que sean mejores como líderes. Es una realidad que no obtienen la igualdad en muchas plataformas sociales.

Aunque las mujeres hacen la misma cantidad de trabajo con la misma cantidad de compromiso, no les pagan igual que  a los hombres (brecha salarial).

Las mujeres son subestimadas en los campos de gestión aunque hay ciertos indicadores que demuestran que las mujeres son mejores líderes que los hombres. Sigue leyendo este artículo para conocer más:

Son mejores en la administración

Las mujeres han estado a cargo del hogar desde tiempos pasados. Saben cómo gastar y ahorrar dinero incluso cuando este es escaso. En los últimos años  con su incorporación al mundo empresarial se ha comprobado que las mujeres son mejores gerentes pues saben cómo manejar de manera eficiente los recursos, cómo asignarlos y cómo mantener un equilibrio.

La mayoría de las mujeres optan por el “enfoque de la lista de cosas por hacer”, lo que las convierte en profesionales de planificación y programación. La mayoría de los hombres optan por el enfoque de “como vamos yendo vamos viendo” que, a menudo, no funciona a su favor.

Las mujeres poseen muchos rasgos que, a ojos de sus compañeros de trabajo y subordinados, las califican como mejores gerentes.  Son mucho más consideradas con las personas que trabajan para ellas y  tienen la motivación de crecer junto con los demás en una organización.

Motivan a los demás

Motivar a los demás es una cualidad que no todos poseen pero las mujeres, en general, son motivadoras. Las mujeres tienen muy desarrollada la intuición que, a menudo, sale a la luz cuando se necesita.

Ellas saben muy bien lo que te motiva y lo que desencadena tus miedos así que  pueden generar fácilmente ideas para alentarte y motivarte.

Algo a lo que cada vez se le da más importancia: las emociones. Las mujeres lidian mejor con ellas que los hombres que no están tan acostumbrados a manifestarlas. Las mujeres pueden hacerse cargo fácilmente de situaciones en las que los empleados están desanimados. Ellas energizan, llenan de confianza y motivan a ver la luz al final del túnel.

Un estudio también revela que las personas que trabajan con mujeres están más comprometidas que las personas que trabajan con hombres.

Son buenas para colaborar con las personas

Las mujeres se sienten cómodas trabajando en sistemas colaborativos. Se les da bien fomentar la unión en sus equipos.

Están acostumbradas a desempeñar muchos roles a la vez porque llevan toda la historia haicéndolo. Compaginar el trabajo  en casa y fuera, hijos, mayores, compras, gestión de recursos, etc. LAs familias funcionan como pequeñas organizaciones y ellas tienen práctica en buscar el bienestar de todos.

Los hombres priorizan sus características alfa-masculinas para dirigir y suelen tener un estilo de liderazgo diferente, más jerárquico  y menos grupal lo cual es un impedimento para el buen avance de una empresa.

A las mujeres les gusta trabajar en equipo, compartir sus opiniones e ideas y encontrar una solución para el problema que beneficiará a todos los miembros del equipo.

Saben buscar el éxito en contra de las probabilidades

Sí, algunas personas dirían lo contrario, pero las mujeres saben  cómo alcanzar sus objetivos contra viento y marea. ¿Sabes por qué?

Porque siempre han enfrentado algún tipo de discriminación,  restricciones  y limitaciones.  Que muchas mujeres estén lográndolo no significa que no sigan teniendo estos problemas. LAs que lo consiguen son un ejemplo de tesón y fortaleza.

Los hombres nunca se darán cuenta de lo que es ser subestimado desde su infancia.Todas las niñas y mujeres se han enfrentado a esto en algún momento.  Eso les da a muchas un impulso  extra para demostrar que las personas que ponen una barrera en su camino están equivocadas, que ellas pueden alcanzar el éxito en cualquier camino en el que estén trabajando.

Su ética empresarial es más fuerte

Las mujeres tienen una ética comercial más fuerte cuando se las compara con la de los hombres.

Los hombres suelen considerar que la ética empresarial es aplicable solo a las empresas, las  mujeres la consideran más allá de los negocios y fuera del ego. Las mujeres consideran el derecho de los demás en su  búsqueda de la equidad. .

Dado que el comportamiento ético es altamente valorado en cualquier organización, las mujeres tienen una mayor posibilidad de ser líderes. Las mujeres también son más responsables de lo que hacen y   bastante transparentes.

Están cargadas de paciencia

Las mujeres, definitivamente, tienen mucha más paciencia que los hombres. No  apresuran  las cosas sin pensarlo bien. Saben que las decisiones no deben tomarse a toda prisa. Se toman un tiempo para respirar  y profundizar más antes de sacar conclusiones precipitadas cuando se trata de decisiones comerciales.

Sabemos también que las mujeres manejan el estrés de manera más eficiente que los hombres. El estrés puede desdibujar tu capacidad de toma de decisiones a veces y llevarte a tomar decisiones que arruinen  tus posibilidades de ascenso.

Poseen mejores resultados de comunicación

Con frecuencia escuchamos  chistes burlándose de  cuánto  hablan las mujeres. Es un cliché instalado en nuestra sociedad pero es eso, un cliché, las mujeres no hablan solo de banalidades o por hablar.

Las mujeres hablan con sentido la mayoría de las veces.Tienen una habilidad única para pensar racionalmente sobre todo.Tienden a analizar  las cosas en profundidad y suelen encontrar soluciones efectivas. Pueden comunicarse  tácticamente con las personas  en sus tratos comerciales sin ningún problema.

Sus habilidades innatas les  ayudan a aplicar sus ideas en el mundo corporativo de manera eficaz. Una mejor comunicación, necesaria para dirigir una empresa,  facilita el flujo de información de una manera eficiente.

Mientras que los hombres prefieren la acción sobre las palabras, las mujeres prefieren hablar durante una discusión y luego continuar con el trabajo.Tienen una gran capacidad de escucha y esa es la razón por la que se relacionan mejor con los empleados y los clientes, entienden  sus preocupaciones.

La comunicación desempeña un papel clave en nutrir y mantener una relación sólida, ya sea en una empresa o a nivel personal.

Por mucho que una parte de la  sociedad  siga creyendo que los hombres son mejores líderes, cada vez más personas están cambiando su perspectiva de género.

Las mujeres todavía tienen un largo camino por recorrer pero cada vez más mujeres demuestran con su trabajo sus excelentes cualidades y potencial para ser excelentes líderes.

¡Tú también puedes!

Andrés Gananci es un emprendedor y aventurero apasionado de la vida que fundó su primer negocio online con tan sólo 17 años.
12 años después, sigue viajando por el mundo mientras trabaja desde casa”

Puedes contactar con él en:

https://www.facebook.com/gananci
gananciblog@gmail.com

 

Los políticos y la conciliación: No se han enterado de nada señorías.

Los políticos y la conciliación: No se han enterado de nada señorías.

En un momento en el que las únicas voces relacionadas con los derechos de las madres que oímos son las de colectivos que piden guarderías de 0 a 3 años e igualdad de permisos de maternidad y paternidad, me parece fundamental seguir hablando de otros modelos de conciliación que sí se ajustan a las necesidades de todos.
Para colectivos que piden que los permisos de maternidad y paternidad sean iguales, se les olvida que las mujeres gestamos, parimos y amamantamos y esa función es exclusiva de nuestro género.

Antes que alargar la baja de paternidad los colectivos de madres llevamos años pidiendo que se amplíe la baja maternal al mínimo de 6 meses porque es un DERECHO DEL BEBÉ ser cuidado por la persona que para él mejor cumple la función de maternar, incluyendo amamantar.

Un bebé se alimenta exclusivamente de leche al menos hasta los primeros 6 meses, algunos hasta el año o más, así que pretender que renuncie a ese derecho para cumplir el objetivo político de cualquier otro colectivo es, no solo inconveniente desde el punto de vista de la salud y el desarrollo del bebé, sino que refleja un profundo desinterés en el bienestar y las necesidades de los niños.

La biología no es políticamente correcta y las mujeres tenemos derecho a maternar si lo deseamos todo el tiempo que nuestros hijos nos necesiten en exclusiva. Ya lo escribí hace años, que la igualdad en derechos ha de reconocer las diferencias y buscar la equidad. Para el bebé, mamá no es igual que papá, y una Ley que también vela por los más pequeños debería reconocer esa hecho fundamental de cómo somos los humanos en nuestra primera etapa. Y sobre todo entender que no satisfacer esas necesidades no tiene coste 0.

Si hay recursos para que la baja la coja también el padre, cuando hay padre, perfecto. Otra historia será para qué se cojan los padres esa baja, que ejemplos ya tenemos. Pero ampliar la del padre, cuando la de la madre es insuficiente es una solución bastante miope.


Para quienes, como el presidente Sánchez, opinan que el talento de las mujeres no puede perderse por ser madres, le recuerdo que esa decisión debería ser libre. Porque para la mayoría lo que no puede perderse es la oportunidad de criar a un hijo si se desea. Y la mayoría lo desea y no puede hacerlo porque luego nos penalizan al reincorporarnos al mercado laboral. Así que menos guarderías para criar bebés de 0 a 3 años y más enfocarse en políticas que permitan que nuestros hijos sean cuidados por las personas que desean hacerlo, sus madres, y no las instituciones. Inviertan en transformar la maternidad en algo valioso, reconocido, remunerado y que no se nos penalice a la vuelta.

Nuestro talento no se pierde por ser madres, lo estamos invirtiendo en nuestro mayor activo: l@s ciudadan@s del futuro, nuestr@s hij@s.

Ofrezcan otras vías de conciliación que no pasen por dejar a nuestros bebés y nosotras irnos a producir para vete a saber quién.
La mayoría de las mujeres que conozco no están locas por separarse de sus bebés de 16 semanas para reincorporarse a su empresa. Lo hacen porque no les han dado otra alternativa si no quieren perder independencia económica.

Prefiero que mis “talentos” estén enfocados en la dirección que yo elija, que en mi caso y en el de millones de madres, será criar y disfrutar de mis hijos, antes que abandonarles en manos de funcionari@s, que vete a saber cómo son y qué opinan de los niños, que siendo utilizados para mantener un sistema que sigue sin valorarnos en lo que realmente somos.

Trabajen ustedes para eliminar YA la brecha salarial, inviertan en educación para erradicar el machismo y la violencia de género, asegúrense que las madres no pierden poder adquisitivo ni social cuando crían a sus futuros contribuyentes, penalicen a las empresas DE VERDAD que siguen preguntando a las mujeres si van a tener hijos en sus entrevistas de trabajo, den ustedes ejemplo desde la clase política demostrando que los hijos, los suyos, les importan porque son lo más valioso que tenemos y que pueden perderse unas elecciones por haber parido y no pasa nada. De ustedes depende que de verdad “no pase nada” cuando una mujer vuelve tras ausentarse por haber estado pariendo y criando.

Porque mientras sus soluciones sigan siendo que las mujeres RENUNCIEMOS  a la posibilidad de criar hijos y amamantarlos el tiempo que queramos, mientras sus políticas de conciliación sean guarderías de 0 a 3 años,  acogidas tempranas y recogidas tardías en los centros escolares y campamentos de verano para que los niños estén con quien sea menos con sus padres… es que no han entendido ustedes nada.

Y la verdad es que da penita ver que da igual al ideología de los partidos de nuestro país, porque ninguno ha entendido qué necesitamos las madres y sobre todo, qué necesitan nuestros hijos.


Luego nos quejaremos de violencia, de fracaso escolar, de brecha intergeneracional… Cuando lo que ya sabe cualquiera que se ha molestado en averiguar cuáles son los cimientos de una sociedad sana es que invertir en autoestima es crucial. Y mal van nuestros hijos de autoestima si desde que nacen se dan cuenta que para sus padres, lo primero, es su trabajo.
Así no señor Sánchez, asi no #malasmadres, así no.

Liderazgo Femenino 3.0: Los límites los pones tú

Liderazgo Femenino 3.0: Los límites los pones tú

Descripción

Un taller cargado de contenido y emociones que pretende destacar la importancia del liderazgo femenino dentro de las empresas y fuera de ellas.

Ponentes

Nohemí Hervada. Asesora en maternidad y directora de dos proyectos pioneros a nivel mundial: Asesoras Continuum y la Escuela de Porteo Mimos y Teta (+ info.)

Rudy Bormans. Coach internacional, gerente y fundador de la empresa Rudy Bormans Coaching. (+ info.)

 

Lugar

Hotel Parque – (Ver mapa)

Fecha y horario

6 de Noviembre del 2018.
De 10:00 a 14:00 horas

Precio

General: 90,95€ por persona. (Impuestos incluídos)

Contenido

  • LIDERAZGO 3.0: PROTAGONISTAS DEL CAMBIO DE PARADIGMA
  • LAS 3 PREGUNTAS CLAVE EN TU EMPRENDIMIENTO: QUÉ, PARA QUÉ, CÓMO
  • EL GÉNERO IMPORTA
  • “EN FEMENINO”: ¿HANDICAP O  VENTAJA?
  • EL PODER Y TÚ
  • CÓMO AUMENTAR TU RANGO DE PODER
  • AL FINAL DE TODO, LA ACTITUD LO ES TODO
  • BARRERAS, LINDES Y LÍMITES
  • CULTIVA EL HÁBITO DE NEGOCIAR
  • LENGUAJE NO VERBAL PARA EL ÉXITO
  • Estilos de Liderazgo
  • Liderazgo 3.0
  • PEAR

Inscrípciones

 

EL DESEO ES NUESTRO

EL DESEO ES NUESTRO

Conocí a Irene García Perulero hace ya unos cuantos años gracias a que ambas escribíamos en Blogs sobre Maternidad.
Fuimos 2 de las coautoras de Una Nueva Maternidad, el primer libro de esa temática escrito por madres.
Desde que aquel proyecto nos unió, hemos ido creciendo como madres, como mujeres y sobre todo, como amigas y compañeras.
Han sido años tumultuosos para ambas en muchos sentidos. Hemos vivido duelos, miedos, pérdidas, decepciones… pero también alegrías, risas, retos, superaciones y encuentros.
Nuestra amistad se basa en eso que seguro tú también sientes que te une a tus amigas de verdad: el respeto, la admiración, la camaradería, la lealtad, el apoyo, la presencia aun en la distancia.
Llevábamos años queriendo hacer algo juntas y por unas cosas u otras siempre lo íbamos postergando.
Hasta que este año decidimos que era el momento.
Ambas hemos estado los últimos años trabajando con mujeres, cada una desde nuestros respectivos programas de formación y desarrollo personal y profesional.
Seguro que conocéis Ni Putas ni PrincesasNi Héroes ni Villanosde Irene  o mis formaciones  de Asesoras ContinuumEscuela de Porteo Mimos y Teta  o mi último proyecto Empowerment Training.

Ahora te presentamos este proyecto juntas uniendo la experiencia combinada de tantos años hablando de mujeres, con mujeres y para mujeres.

#EDEN

#EDEN son las siglas de un programa de transformación en el que estaremos aproximadamente 7meses: EL DESEO ES NUESTRO

Lo hemos preparado con el entusiasmo de quienes saben que no sólo va a ser interesante y divertido (algo asegurado cuando Irene y yo nos juntamos) , sino motivante y provechoso.

Estamos muy emocionadas porque nuestro primer objetivo lo conseguiremos solo difundiendo el nombre y la imagen del programa:

 

Queremos que el deseo femenino sea un tema de conversación  y que seamos nosotras las protagonistas de nuestro propio placer.

PROGRAMA DE TRANSFORMACIÓN Y EMPODERAMIENTO SEXUAL PARA MUJERES

No lo tenemos fácil en un mundo a la medida masculina, en el que, aún se empeñan en vendernos el “consentimiento” como la panacea para evitar las agresiones sexuales.
No sé tú, pero a mi “consentir” me suena a todo menos a algo placentero para mí.
El mundo, el sistema, las leyes, los jueces, los medios, no lo entienden, porque el foco ha sido siempre el placer masculino, la medida de lo satisfactorio.
A nosotras nos han educado para complacer, que no es precisamente sentir placer con el otro, como parecería etimológicamente, sino darle al otro lo que él quiere.
Esta forma de educación y de opresión nos ha mantenido enajenadas de nuestro propio cuerpo, de nuestra sexualidad. O culpables si te decidías a vivirla.
Por esto y por muchas cosas más #EDEN va a ser un programa que va a marcar un antes y un después en tu vida, en la de todas.

¡UNETE A NOSOTRAS!

Empezamos el 19 de septiembre un viaje de unos 7meses a lo largo de nuestra sexualidad.
Te invito a visitar la página del programa y descubrir el contenido.

No hay inversión más rentable que la que hacemos en nosotras mismas. Somos nuestro principal activo, sea de nuestra vida personal, familiar, social y/o laboral.
Todo lo que hacemos está influido por la percepción de nosotras mismas y, créeme, esta está muy lejos de ser la mejor posible.

Es tiempo de trabajar conceptos como la autoestima, la visibilización, la capacidad y el derecho de las mujeres a ocupar el espacio que merecemos, el que es nuestro en justicia.

Si quieres optar a este Programa a un precio reducido, suscríbete a nuestro boletín y recibirás un enlace especial de promoción con más del 25% de descuento sobre el precio real. Y alguna que otra sorpresa más.

¡TE ESPERAMOS!

 

 

LA MANADA: LA ÚLTIMA LECCIÓN

LA MANADA: LA ÚLTIMA LECCIÓN

Llevo llorando desde anoche… bueno no, llevo llorando desde que tengo uso de razón, por fuera o por dentro.
Imagino que, como todas, crecí sabiendo que el mundo es un sitio peligroso para las niñas y las mujeres.
Nunca me explicaron abiertamente que tenía que cuidarme de los hombres, pero siendo muy pequeña, MUY PEQUEÑA, un varón de mi familia, algo mayor que yo me dijo:
“Déjame que te vea cómo es tu cosita y yo luego te enseño la mía”
No sólo se la enseñé, recuerdo que me estuvo tocando. Recuerdo en qué parte de la casa estaba yo, donde me tumbé. No recuerdo cuánto duró. Sólo sé que cuando decidió parar, él no me enseñó “la suya”. Nunca se lo conté a nadie. No era muy consciente de por qué, pero aquello me avergonzaba.

PRIMERA LECCIÓN: no hay justicia ni equidad para las mujeres.
SEGUNDA LECCIÓN : cuando un hombre usa tu cuerpo, la vergüenza la sientes tú

Recuerdo muy vagamente años después haber oído susurrar a las mujeres de mi familia sobre una violación en el entorno. Era demasiado pequeña para entender de qué hablaban y ese tema nunca se trató, salvo por algún comentario posterior de “igual se lo buscó ella”,así que nunca supe qué pasó ni cómo.

TERCERA LECCIÓN: TODAS SOMOS VIOLABLES
CUARTA LECCIÓN: NO TE VA A CREER NI TU FAMILIA
QUINTA LECCIÓN: al hilo de la segunda lección que aprendí, que LA VERGÜENZA ES MAYOR CUANTO MAYOR SEA EL ABUSO

Con unos 8 o 9 años de camino al colegio se me acercó un hombre y empezó a darme conversación. Quizás esas lecciones que aprendí sin que nadie me las enseñara fueron las que me hicieron desconfiar. Le mentí sobre mi nombre, sobre mi edad, sobre dónde vivía y sobre a qué colegio iba.
Una niña caminando por una calle desierta ya sabía que era una víctima potencial y ese hombre aparentemente simpático que quería regalarme una bici un peligro.
Caminé en dirección a otro colegio y en el tumulto de niños entrando le perdí. Me escabullí y fui a mi colegio sintiendo mucho miedo. Mirando para atrás todo el rato. A la salida temía verle esperándome en la puerta. Una niña de esa edad asumiendo la responsabilidad de zafarse de un hombre que vete a saber qué quería.
Tuve suerte. Nunca más le vi. Muchas veces he pensado en qué podría haber pasado de no haber sido una niña “espabilada” y “desconfiada”. Aprendí que mentir a veces te salva… del miedo o la vida.

SEXTA LECCIÓN: DESCONFIAR PUEDE SALVARTE LA VIDA

Una vez con unos 13 años, aprovechando que dormía con una amiga, salimos de noche e hicimos autostop junto a otra chica que encontramos por la calle y que iba sola. Tan pronto ya tenía claro que la sororidad era eso, recoger a las chicas solas por la calle. Que juntas teníamos alguna oportunidad. ( aún no había ocurrido el caso de las niñas de Alcáser, que también eran 3, hicieron autostop y las torturaron y asesinaron). En esa época de más inocencia en cuanto al nivel de violencia que podemos sufrir las mujeres, antes de hacer autostop yo les dije a las otras 2 que esperaran y cogí una piedra grande que llevaba todo el rato sujeta con mi mano en el bolsillo derecho.
Ya sabía que no me podía fiar.
Siempre ha sido una guerra. Nosotras lo sabemos. Todas. Por eso todas tenemos un lema femenino “ Avisa cuando llegues”, porque todas sabemos desde que somos muy pequeñas que podemos no llegar. Que podemos ser raptadas, asaltadas, abusadas, violadas, torturadas y/o asesinadas.
Eso es ser mujer. Sabernos siempre objetivo de unos ojos desconocidos o no.
Hoy escribí en Facebook que llevo llorando desde ayer, cuando lo cierto es que llevamos llorando toda la vida.
Lo de ayer solo es otro abuso más, otro asalto más, otro motivo más de miedo, de rabia, de ira.

Mi vida de adulta ha sido viendo campañas para convencernos de que denunciemos, que no callemos. Que venzamos el miedo a la vergüenza, a las represalias, a reconducir la vida después de un hecho traumático sabiéndonos centro de las miradas y sospechas de los demás.
Nos dijeron que la respuesta es denunciar: ERA MENTIRA
SÉPTIMA LECCIÓN: DENUNCIAR NO TE ASEGURA JUSTICIA
Cuando las mujeres empezamos a denunciar las violaciones entonces aprendimos otra lección: NO NOS VAN A CREER.

OCTAVA LECCIÓN: LAS MUJERES SOMOS SIEMPRE SOSPECHOSAS DE MENTIR
Cuando empezamos a poder hablar ante jueces de los abusos y violaciones a las que nos someten, sufrimos otro tipo de abuso y violación:

NUNCA NOS RESISTIMOS LO SUFICIENTE.
NOVENA LECCIÓN; DE UN MODO U OTRO LA CULPA ES NUESTRA.

Es una guerra que no han querido declarar abiertamente para que no nos armáramos, para no responder luchando.
Nos pidieron confiar en las fuerzas de seguridad y en la justicia: ERA MENTIRA

Porque no nos va a defender un sistema creado y mantenido por el mismo sistema que nos ataca y nos agrede.
Un sistema patriarcal hecho por y para los hombres. Con un machismo estructural que hace que hablar de justicia y equidad para las mujeres sea una utopía. COn una pirámide de violencia de género en la que la violación y el asesinato es sólo la punta, sostenido sobre una base de machismo que afecta a todas las personas, en todos los ámbitos.
HAy que cambiar el sistema, educar con perspectiva de género a nuestros hijos y reeducar a cada miembro de esa estructura para que identifique su machismo y lo erradique.

Prueba de ello, el movimiento #MeToo #YoTambién en el que prácticamente todas las mujeres del planeta reconocieron (reconocimos) haber sufrido alguna vez abuso sexual.

HAy que lograr el cambio real haciendo que sean ellos, los hombres, los que empiecen a hacer ese ejercicio de conciencia de reconocer todas las formas en que abusaron de alguna (s) mujer(es). Si millones de mujeres hemos sido abusadas y agredidas, lo hemos sido por otros tantos millones de hombres. Es hora de que den un paso al frente y asuman ellos, no nosotras, la vergüenza de los abusos y violaciones.

Es hora de que se identifique y se nombre que vivimos en una cultura de la violación que hace que se jaleen abiertamente y sin represalias, eslóganes que no son sino apología de la violencia de género.
Es hora de que no se hable de “consentimiento” como se hace, sino como lo que debe ser. Porque ya no es que #NOESNO si no de que “ si no es SÍ también es NO “.

Y voy más allá, el sexo no ha de ser una práctica concebida como de deseo del hombre que la mujer consiente. Las mujeres tenemos deseo sexual, nuestro, propio, que no pasa obligatoriamente por satisfacer el deseo masculino.

Cuando un juez en una grabación donde 5 hombres intimidan a una joven de 18 años en un portal, la desnudan, la penetran oral, vaginal y analmente, eyaculando dentro sin preservativo, la graban y la abandonan solo ve un “ambiente de jolgorio y regocijo” es evidente que no solo es incapaz de ver lo que es violencia, es que necesita con urgencia educación sexual y de género.
Es hora de que todo hombre que ve porno que incluye agresiones, violaciones y sometimiento de la mujer, que fantasea con violaciones , individuales o en grupo, y más si son jueces aprendan a distinguir sus deseos violentos y agresores de la realidad.

Es curioso que uno de los violadores de La Manada alegara que “ella disfrutó más que yo”. ME resulta curioso que si era una relación sexual consentida en ningún momento le practicaran sexo oral a ella. Que no significaría que no fuera una violación igualmente, pero que muestra que en el imaginario colectivo masculino, se asocia el placer sexual a dar placer al macho.

Cualquier hombre que crea que las mujeres sentimos placer sólo por darles placer a ellos necesitan revisar de forma urgente su conocimiento sobre la sexualidad femenina.

Esta sentencia no hace sino visibilizar lo que la mayoría de las mujeres ya sabemos, que no nos respetan, que somos objetos de consumo, de su consumo. Que la única forma de tener cierta credibilidad es cuando elegimos entre nuestra “honra” o nuestra vida.

 

NAgore  y Diana se resistieron y fueron asesinadas, C. no se resistió, fue violada y no se la considera violada porque está viva.

No nos engañemos, esta no es la disyuntiva, escoger entre resistirnos o vivir. Esa misma disyuntiva es en sí misma una trampa porque nos coloca siempre como víctimas. La única alternativa posible es el de ser libres, que no nos agredan, que nadie se crea con el derecho de poder hacernos nada.

YA está bien de arrojarnos a nosotras esa responsabilidad de que no nos hagan nada. ES responsabilidad de los hombres aprender de una maldita vez que no pueden tocarnos.
Si no lo hacéis por las buenas igual va a ser hora de que lo hagáis por las malas.

 

 

De momento no nos olvidemos ninguna de quiénes son estos 5 miembros de una gran manada.

DECIMA LECCIÓN: ESTAMOS EN GUERRA Y ELLOS NO NOS VAN A PROTEGER NI DEFENDER NI HACER JUSTICIA

¿Qué hago con mi herida primal?

¿Qué hago con mi herida primal?

“Ya sé que no fui maternada como espera serlo todo bebé mamífero… ¿qué hago con esa información? ¿Culpo a mi madre? ¿Culpo a mi abuela por no haber maternado e iniciar un linaje de heridas primales? ¿Culpo  a la sociedad que no proveyó el medio adecuado para que maternar fuera la norma y no la excepción? ¿Culpo a una vida anterior? ¿Culpo a mi propio inconsciente  por buscar esta experiencia para aprender algo? “

En mis años escuchando a mujeres relatar sus vivencias relacionadas con la maternidad  ( como madre y/o como hija) es habitual llegar en algún momento al origen. Es necesario para entender nuestras propias creencias y acciones comprender de dónde vienen. En ese sentido es hasta recomendable hacer este ejercicio de mirar atrás con cierta  objetividad.

Muchas terapias y disciplinas de autoconocimiento  y desarrollo  animan a esta búsqueda,  de distinta forma pero con un mismo objetivo: tener más conciencia de los hechos para poder analizarlos más desde fuera y no tanto desde dentro.

Cuando eres protagonista de tu propia historia no tienes la objetividad necesaria para ver el cuadro completo. Es por eso que la mayoría hacemos esta búsqueda  acompañadas de alguien que nos guía de algún modo para llegar más allá de lo evidente ( por habitual) a nuestros propios ojos. Psicólogos, terapeutas, coaches, asesoras… cada uno desde su campo de acción nos planteará preguntas para buscar más realidad y menos discurso .

LA cuestión que se plantea después de iniciado este viaje hacia el centro de una misma es:  “¿y ahora qué?”. Muchas de las consultas que recibo, tanto de madres, como de alumnas, están relacionadas ya no con el “qué saben” sino con el ” qué hacemos con lo que sabemos”.

Creo que es importante saber por qué somos como somos. Saber cuánto de lo que creemos que nos define es realmente nuestro y cuánto es adjudicado y aceptado, sobre todo si buscamos cambiar cosas. Si no me gusta cómo me enfrento  ( o no) a un asunto, para mí es importante no sólo querer cambiar la forma de actuar, sino saber de dónde viene, el mecanismo que lo activa a veces incluso por encima de mi propia voluntad.  Porque cuando trabajas solo en la forma, el trabajo es mayor. Tendemos a repetir los patrones que conocemos y si el trabajo es sólo moldear la forma de responder sin cambiar lo que nos hace responder así, la efectividad no es la misma.
Pero ese no es el motivo principal por el que creo que este viaje es necesario. Para mí lo más importante es cambiar el patrón innato de la culpa por el, a veces totalmente ajeno a nosotras, de la responsabilidad.
He escuchado a cientos de mujeres sentirse culpables por prácticamente todo lo relacionado con su vida, en concreto, con su maternidad.

  • Si no se quedan embarazadas aunque quieran, es por su culpa
  • Si se quedan embarazadas sin quererlo, es por su culpa
  • Si no pudieron parir, es por su culpa
  • Si les hicieron cesárea, es por su culpa
  • Si no amamantaron, es por su culpa
  • Si amamantaron y no lo disfrutaron, es por su culpa
  • Si no tienen un proceso de destete feliz, es por su culpa
  • Si no consiguen criar sin gritos, es por su culpa
  • Si  sus hijos son “malcriados”, es por su culpa
  • Si no comen, no duermen, no van a la guardería sin llorar, no sacan un 10 en matemáticas, no gestionan bien la frustración o no tienen pasión por algo definido….. también es por su culpa.

Las mujeres, en particular las madres, somos expertas en sentir culpa y en hacérsela sentir a otras ( en un intento de aliviar la propia). Ahí es donde cobra sentido la propuesta de cambiar el filtro de la culpa por el de la  responsabilidad. Este  simple y ,a la vez difícil, ejercicio hace que muchas mujeres se den cuenta de que casi todo eso por lo que sienten culpa no es su responsabilidad.  Es muy difícil exigirnos responder de un modo que no hemos vivenciado y que solo conocemos a nivel intelectual. Nuestro cerebro está preparado para ahorrar recursos y cuando hay un modo de respuesta habitual que ya tiene toda una autopista neurológica creada, no suele animarse de motu propio a explorar nuevas alternativas.  Esto explica por qué aun sabiendo, por ejemplo, lo nefasto de gritarle a nuestros hijos, gritamos mucho más de lo que desearíamos. En situaciones de estrés, cansancio y frustración, la respuesta más habitual es la automática… o sea, la integrada de forma vivencial.

Con esto no quiero decir que  la herida primal, la falta de maternaje, haber nacido en  un parto violentado o de un embarazo no deseado sea un comodín para librarse de toda la responsabilidad. Eso sería pasar de la culpa a la irresponsabilidad y la realidad es que como adultos, somos responsables de nuestras acciones, por muy difíciles que hayan sido nuestras circunstancias previas.
Es como decir que absolvemos a alguien que ha cometido un asesinato solo porque tenía atenuantes.

La meta no es librarnos de la culpa para echársela a los demás, la meta es aprender a modificar los patrones que no nos gustan, liberarnos de la presión a la que nos sometemos por no ser perfectas y cambiar culpa por responsabilidad.

Para muchas mujeres comprender hasta qué punto les influyó su propia vivencia en su capacidad para parir, amamantar o sencillamente poner límites a una relación tóxica , se convierte en una especie de oportunidad de ser benévolas consigo mismas,  de no incrementar su culpa y de ayudarles a trabajar con responsabilidad en el camino, ahora sí, elegido por ellas.

Así que no se trata necesariamente de enfrentarnos a nuestra madre y echarle en cara todo lo que no hizo bien.  Es una decisión personal tener ese tipo de conversación evaluando muchos factores particulares, como el qué quieres conseguir y cuáles pueden ser los posibles resultados.

No tiene por qué ser el motivo de abanderar todas las guerras que se nos ocurran relacionadas con estos temas, cuando la única guerra que realmente es importante es la que tenemos con nosotras mismas. A veces las batallas que externalizamos son para desviar nuestra  atención sobre las propias.

Tampoco se trata, como ya he dicho, de tener la excusa perfecta para no aportar al mundo algo mejor que lo que recibimos. Porque creo que la clave de las preguntas que planteé al inicio del post  es esta:

“Se trata de un ejercicio de madurez. De integrar lo vivido siendo capaces de hacer nuestros duelos, de forma sana, para romper el círculo vicioso de dar lo mismo que recibimos.
Es nuestra responsabilidad romper el círculo vicioso de violencia y desamparo, criar con más amor y responsabilidad. Criar hijos que se sientan más maternados, amados y respetados. Transformar esta sociedad en un hábitat menos hostil para las personas, para los hijos y para las madres.”

Yo me pasé años juzgando severamente mi propia crianza sin entender lo que significaba en mi vida.  Llegó mi edad adulta, sufrí una depresión y en ese momento de tocar fondo, cuando solo veía dentro de mí todo lo negro y oscuro,  decidí vaciar mi carga de forma violenta, sin pensar en nadie más que en mi necesidad de salir de esa oscuridad.  Alivié mi carga de la única forma que conocía… arrojándosela a la persona que consideraba la culpable. Cuando empecé a  darme cuenta de las implicaciones de la forma de nacer y ser criado me di cuenta que necesitaba más información para dibujar mi propia historia, que no era solo mi historia, porque estaba entretejida con las de todas las personas de mi familia. Pero era tarde.

Si pudiera me gustaría no como hice una vez, lanzar palabras, acusaciones, reproches… sino hacer preguntas. Me gustaría tanto saber …  no tanto de hechos, esos los viví. Te preguntaría  sobre  sentimientos, sobre emociones, sobre  miedos,  sobre soledad… y te abrazaría porque todo lo bueno que soy hoy salió de todo lo que viví. De algún modo que yo no supe ver hasta hace bien poco construiste en mi  (o no derribaste al menos) una persona resiliente, con la autoestima necesaria para encararse con cualquier autoridad  que considerara injusta cuando todos a su alrededor,  con vidas mucho más “perfectas” , callaban. Me inculcaste el amor por las palabras para ser capaz ahora, de nombrar y escribir lo que en su día no te dije lo suficiente. Hay tanto de ti ahora en mí que a veces me asusta. Ojalá creyera que me puedes ver y esto te llega, seria mucho más fácil gestionar esta tristeza y esta desolación de sentirse huérfana.

 

Lo quise todo y eso no es gratis

Lo quise todo y eso no es gratis

Ayer se publicó una entrevista que me hizo La periodista Gema Lendoiro sobre Emprendedoras en un periódico de tirada nacional.
Podéis leerla aquí.
El día antes debido a una polémica surgida en las redes sobre lactancia y feminismo recupero un artículo mío “La lactancia es sexual” y escribo otro más actualizado ” El goce de ser madre que tanto molesta a algunas”.

No es que me quiera poner de ejemplo de nada, pero creo que es importante visibilizar que hay mujeres que, como yo, lo quieren todo.
Que no nos sentimos identificadas con las que aborrecen de todo lo relacionado con la maternidad y el cuidado ni con las que consideran que eso les llena por completo su necesidad de realización.

Algunas lo quisimos todo, lo queremos todo.

Quisimos ser madres, lo elegimos, lo disfrutamos. Sí, a pesar de todo lo malo que supone criar en un mundo que no tolera a los niños ni sus necesidades. Sufrimos por ser madres, pero no tanto por lo que algunas con púlpito mediático cuentan de que los bebé son una especie de vórtice hacia el infierno que te atrapa y no te deja salir, sino porque se nos penaliza constantemente precisamente por serlo.

No es nuevo, las mujeres sabemos mucho de ser discriminadas, de no ser escuchadas, de que nuestros deseos no sean válidos, de que todos nos digan qué hacer, qué decir y/o qué pensar. Ser madre sólo nos coloca al final de esa cola. Y como dice el refrán, el tuerto  es el rey en el país de los ciegos: En este mundo machista, las mujeres somos todas tuertas y las madres lo somos de los dos ojos.

A mí, como a muchas otras, la maternidad me supuso  una revolución. Para algunas igual no es una revolución tan importante como otras que nos dieron el derecho al voto, al divorcio o a abrir una cuenta en el banco. Pero al final, todas son revoluciones para recuperar algo que se nos había negado.
Pensar que se empodera la que consigue llegar a donde quería a pesar de ser mujer en un mundo de modelo y medida masculina,  pero que no puede empoderarse otra decidiendo ser madre COMO ELLA DESEA y consiguiéndolo a pesar de tener todo un sistema en contra, para mi es paternalista, machista, misógino e inmoral.

Algunas hemos demostrado que la dicotomía de elegir entre familia y trabajo no es la única vía. Muchas demostramos cada día que se puede criar con presencia, con tiempo, con cuerpo, con teta y abrazos… y además levantar una carrera y/o una empresa. Somos una especie de mujeres nueva, quizás la primera que ha decidido que escoger entre solo eso 2 opciones no nos interesa, que lo queremos TODO. No somos nuestras abuelas y no somos nuestras madres o hermanas mayores.
Somos una generación de mujeres enseñándole al mundo que nuestra lucha por conseguir los derechos que nos pertenecen se puede lograr sin pisotear los de nuestros hijos. Una generación de mujeres que le dicen a sus parejas: “la teta sólo puedo darla yo, pero tú puedes hacer todo lo demás”. Mujeres que demuestran que no todos los trabajos son aptos para que haya bebés cerca, pero que la mayoría de las veces lo que ocurre es que esa opción ni se plantea.

Cada vez más mujeres “hacen un Gemma” demostrando al resto, a todas y a todos, que es posible, que se puede.

Como dije antes, lo quisimos todo. Yo lo quise todo. Demostré que una “simple mamá” puede levantar un negocio y montar un emprendimiento y facturar 6 cifras en un año. Con hijos, sin “marido”, sin “abuela que cría a sus nietos”.

La cara B

Hasta aquí la parte buena de la historia. Porque hay otra. Como digo en el título del post, todo esto no es gratis.

Cuando imparto formación intento ser equilibrada entre enseñar a mis alumnas la idea de que pueden conseguir vivir con un modelo de trabajo diferente al establecido, con el hecho de que no es fácil, que no cae del cielo. Que cuesta lo mismo que cualquier otro negocio, con el handicap de que nosotras vamos a otra velocidad porque llevamos más carga.

Todo el mundo tiene días de 24 horas, nadie tiene un “bonus”. Pero algunas tenemos  un “malus”.

  • Te has reservado 4 horas esa tarde para terminar algo que tienes que entregar en plazo… y tu hijo empieza a vomitar.
  • Tienes un viaje de trabajo agendado hace meses y a última hora te fallan los planes par tus hijos. Toca decidir entre anularlo todo o gastarte un pastón en 2 billetes de avión más y cambiar la logística yendo con ellos a trabajar.
  • En época de más trabajo, hay un campeonato deportivo al que llevas a tu hija lo que te supone estar fuera de casa 13 horas o un viaje que te va fatal en ese memento del año.
  • Te tomas unas vacaciones en un hotel con todo incluido y mini club para que tus hijos disfruten y tú puedas acabar un proyecto urgente y tu hija  decide que lo que quiere es que mamá le enseñe a nadar y tu hijo mayor que le enseñes  a jugar  a las cartas y al billar…

Cuando levantas un negocio siendo madre, lo que sabes es que tu tiempo no es tuyo, que tu agenda tiene que tener márgenes más anchos, porque cuentas con más imprevistos. Lo que le pasa a cualquiera con empleados a su cargo, pero la diferencia es que ser madre no se puede ( no quieres ) delegar.

Nuestra propia evaluación

Para mi el final del año es una época  de revisión de mi trabajo. Cierro un ciclo, abro otro. El fin de año fiscal, además, es un momento de analizar  si se han alcanzado los objetivos. Es el momento también de establecer los del año próximo. Y a veces cuesta empezar elneuvo ciclo con el ánimo necesario… porque  llegamos agotadas.

Ayer leía a una amiga hablar de lo exhaustas que llegamos al final del día, de vivir siempre con la sensación de que lo hacemos todo a medias, de que no damos la talla. Cuando nos evaluamos es fácil que aparezcan en amarillo fluorescente nuestros fallos, lo que dejamos de hacer, lo que no estuvo a la altura, los fracasos. Algunas hacemos del mínimo viable nuestra bandera y cuando has sido una persona aspirante a la excelencia eso supone una gran frustración.

Foto de mi primera gira internacional de trabajo con mis hijos

Pero lo cierto es que nuestro mínimo viable es en realidad una matrícula cum laude. Porque supone un sobre esfuerzo. Porque quizás no vamos a tener tantos ceros como otras en la cuenta de resultados, quizás no vamos a brillar en ese nuevo curso todo lo que habríamos deseado, quizás hemos fallado en las expectativas que nosotras y los demás tenían sobre nuestro trabajo… pero al final del día, al final del año habrá merecido la pena.
Porque algunas no hemos tenido que volver llorando a un trabajo mientras nuestro bebé lloraba en brazos extraños. No hemos estado pendiente del teléfono para que otra persona nos diga si ya le bajó la fiebre. No hemos visto la primera actuación de nuestros hijos en un video de WhatsApp. Hemos estado ahí. Hemos sido sus brazos, su teta, su mirada. Hemos acompañado su camino, su primer aprendizaje, sus caídas. Han encontrado nuestra mirada cada vez que la buscaban. Hemos secado sus lágrimas con nuestros besos. Hemos infundido seguridad  y confianza ante los pasos inseguros. Hemos criado.

Al final de esta etapa que pasará… algunos, algunas, presentarán informes de resultados y premios. Nosotras también. Ellos los colgarán en sus despachos, nosotras en el alma y lo que es mejor, en el alma de nuestros hijos.

Nada es gratis.

Lo quise todo y no ha sido gratis. A veces lo pago con angustia, con cansancio, con frustración.  A veces me pregunto si vale la pena. Si no sería más fácil volver al “9 a 5” con un sueldo seguro a fin de mes. A veces tengo ganas de dejarlo todo y desaparecer…
Entonces me obligo a cambiar esa evaluación  de fracasos y decepciones por la otra: La de mis éxitos de vida.

Porque mi vida no es elegir entre  mi familia o mi trabajo. Mi vida es todo lo que hago, todo lo que soy, todo lo que hago y todo lo que elijo dejar de hacer.
Y mi vida, como todas las vidas, no es gratis. La diferencia es que el precio que pago por la mía es el que he escogido yo.

Imagen destacada The Bucca (Cornish Culture)

¿Cuánto te cuesta lo gratis?

¿Cuánto te cuesta lo gratis?

De mi padre recuerdo una frase que tardé años en comprender:
-“Nadie da duros a 4 pesetas”

O lo que es lo mismo: “nadie regala nada”, o como me gusta decir a mi:
“nada es gratis”.

Por mucho que la publicidad y el marketing usen el  término  “gratis” para atraernos  a su marca, sus productos y/o sus servicios, lo cierto es que no hay nada gratis:  Si no lo pagas con dinero, lo pagas con otra cosa.
Si
eres tú el que ofrece el trabajo o producto sin recibir en contrapartida un dinero que compense la transacción es porque recibes otro tipo de pago que te interesa: promoción, reconocimiento, publicidad, buena imagen, etc.

Y si eres consumidor, ¿sabes cuánto te cuesta lo gratis?

  • ¿Quien no ha ido a ikea y se ha llevado el lápiz?
  • ¿Quién no ha repetido en las degustaciones de productos de los hipermercados?
  • ¿Quién no ha comprado una revista porque  el regalo que traía era un chollo?

¿Realmente crees que las empresas no incluyen en sus presupuestos y, por consiguiente, en sus precios finales  de venta al público  el gasto que les ocasionan todos esos regalos?

El reclamo de ofrecer algo sin coste no es nuevo y tarde o temprano todas las marcas lo utilizan de un modo u otro. Pero lo utilizan no porque tengan espíritu de ONGs y quieran regalar dinero, sino porque saben que es una inversión rentable.

Las marcas normalmente piden algo a cambio de su regalo:

  • Regístrate en nuestra web
  • Obtén nuestra tarjeta de cliente
  • Rellena este formulario
  • Compra cierta cantidad de artículos o gasta una cantidad X de dinero para llevarte el regalo
  • Hazte nuestro cliente
  • Domicilia tu nómina
  • Invita a amigos a que se unan a nosotros
  • Etc.

 

Algo tan valioso como tu dinero

Todos estos procedimientos está diseñados bien para que hagas un gasto en su marca en lugar de en otra del sector, con lo cual el pago que tú les das a cambio del regalo es gastarte tu dinero con su marca en lugar de con la comeptencia, bien  dando algo que hoy en día es mucho más valioso que el mismo dinero: información.

Cada vez que usas una tarjeta de cliente de una marca, que te registras en una web, que accedes a una promoción en un red social, etc… estás facilitándole a la empresa no sólo tus datos como cliente o futuro cliente, sino ayudándoles en su estudio de mercado sobre intereses, gustos, hábitos, consumo, etc. O sea que, en realidad, todos pagamos caro lo que nos ofrecen como gratis.

No quiero decir con esto que esta práctica sea siempre deshonesta, más bien lo que intento es que seamos más conscientes como consumidores y no nos dejemos engañar por un cebo, por muy atractivo que sea, que en realidad lo que tiene detrás es un anzuelo.

Aprendamos a escoger qué productos y servicios queremos consumir y en qué empresas, con un cirterio más consciente que el mero hecho de que junto a  la hamburguesa le regalen a los niños un muñequito de plástico en serie que, a su vez, es publicidad  para otra marca.
Y sobre todo aprendamos a ser respetuosos con los trabajadores, marcas y empresas que piden un precio justo por su trabajo.

Quizás su regalo sea precisamente ese: no pedirte más que lo justo en una transacción comercial.

PD: Artículo original de Nohemí Hervada escrito para La voz del muro