Superioridad moral · Política · Sin filtros

Fascista es siempre el otro.

Si todo es fascismo, nada lo es. Y cuando llegue el de verdad, la palabra ya no servirá para avisar.

Qué es el fascismo: un megáfono rojo del que salen etiquetas grises

Cuando yo era adolescente, los neonazis eran claramente identificables. Sabías quiénes eran, qué pensaban y de qué eran capaces. Y "facha" era lo que hoy reconocemos en Torrente: el casposo de barra de bar, nostálgico de Franco, racista y machista.

Quién me iba a decir a mí que, con los años, me llamarían las dos cosas: facha, por criticar al poder, y feminazi, por ser feminista. Hoy, si discrepas o criticas al poder, del color que sea, puedes ser nazi antes de terminar la frase.

Dos escenas:

Puerta del Sol, septiembre de 2026. Acampada por la vivienda. A quien llega a grabar sin ser de la cuerda se le despide al grito de "fuera fascistas de nuestros barrios".

Universidad Complutense, marzo de 2020. Frente Obrero, un partido marxista-leninista enfrentado a Podemos, interrumpe un acto de Pablo Iglesias al grito de "fuera vende obreros de la universidad". Parte del público les responde: "Fuera fascistas de la Universidad".

Si la misma palabra sirve para echar de una plaza a cualquiera que no sea de la cuerda, sean youtubers, reporteros o cadenas de televisión, y a unos jóvenes que se declaran comunistas, la pregunta es obligada: ¿qué es el fascismo?

Si todo es fascismo, nada es fascismo.

La definición

Qué es el fascismo.

Nace en Italia. En 1919, Benito Mussolini funda los Fasci di combattimento, y en 1922 llega al poder tras la Marcha sobre Roma. El nombre viene del "fascio", el símbolo de autoridad de la antigua Roma: un manojo de varas atadas alrededor de un hacha. Una vara sola se rompe con facilidad; atadas, no. La idea es la unidad por la fuerza: todos juntos, todos iguales, y el hacha para quien se salga.

El fascio romano, origen de la palabra fascismo: varas atadas con correas rojas alrededor de un hacha y, al lado, una vara suelta rota
El fascio: varas atadas alrededor de un hacha. Sola, una vara se rompe.
1919
Mussolini funda los Fasci di combattimento
1922
Marcha sobre Roma: el fascismo llega al poder
1945
Cae con la derrota en la Segunda Guerra Mundial

El historiador Robert Paxton, en Anatomía del fascismo (2004), explica que el fascismo no es una sola idea, sino varias cosas que van juntas. Dicho en sencillo:

"Nuestro país está hundido y nos han humillado." Parte de la sensación de que todo va a peor y de que alguien tiene la culpa.

"Tenemos que ser uno, fuertes y puros." Todos iguales, todos a una, y fuera lo que "contamina": el diferente, el extranjero, el que piensa distinto.

"El partido es la patria." Un movimiento que arrastra a las masas, con militantes que lo viven como una fe y un líder al que se sigue sin preguntar.

"Las libertades estorban." Elecciones, prensa libre, jueces independientes: todo lo que frena al líder sobra.

"La violencia limpia." Pegar, encarcelar o eliminar al "enemigo" se vive como algo necesario, incluso bueno, y sin límites legales ni morales.

Una sola de estas cosas no hace a nadie fascista. Las cinco juntas, sí.

Fascista y nazi no son sinónimos. El fascismo pone en el centro al Estado y a la nación. El nazismo añade algo más: la raza. Divide a la humanidad en superiores e inferiores, y de esa idea salió el Holocausto. Todo nazi es fascista, pero no todo fascista es nazi. Por eso llamar "nazi" a alguien no es subir un grado el insulto: es acusarle de la peor idea que ha producido el siglo XX.

Los historiadores insisten en no usar la palabra a la ligera. Julián Casanova recuerda que lo que define al fascismo es la violencia organizada: fuerza paramilitar, terror, propaganda y culto al líder. Emilio Gentile, en Quién es fascista (2019), advierte de que el "todo es fascismo" es peligroso. Y Paul Preston llega a decir que "Franco no era fascista. Era algo peor".

Hoy

¿Existe todavía?

Sí. Y no hace falta adivinarlo, porque se presentan como tales:

En España, Falange Española de las JONS, heredera del fascismo español de los años 30, y Democracia Nacional, de corte neofascista.

En Grecia, Amanecer Dorado, declarado organización criminal por la justicia en 2020.

En Italia, CasaPound. Y Fratelli d'Italia, el partido de Giorgia Meloni, procede del MSI, fundado por exfascistas en 1946, y conserva la llama en su logo.

¿Y Vox? La mayoría de los politólogos lo clasifica como derecha radical populista, no como fascista. Tiene rasgos que recuerdan al repertorio: la "anti-España", la inmigración presentada como amenaza. Pero no tiene milicias ni propone abolir las elecciones. Tener rasgos no es serlo. Si lo fuera, casi nadie se libraría, como vamos a ver.

¿Podría presentarse a elecciones un partido fascista en España? Sí, y se presenta: Falange es legal. Los historiadores la consideran el partido fascista español por excelencia, aunque ella siempre lo haya negado. Hasta Falange dice que fascista es el otro. Nuestro sistema persigue los actos, no las ideas. Un partido solo se ilegaliza si justifica la violencia, ataca los derechos fundamentales o apoya el terrorismo.

Lo que todos reconocemos

El fascismo en cuatro gestos.

Umberto Eco describió en El fascismo eterno (1995) catorce rasgos del fascismo. No hacen falta todos para reconocer su olor. Hay cuatro que cualquiera identifica. La pregunta incómoda es quién los practica hoy.

1No dejar hablar al que disiente

Eco lo resumía así: para el fascismo, el desacuerdo es traición.

Complutense, 2010: Pablo Iglesias e Íñigo Errejón participan en el boicot a una conferencia de Rosa Díez, entonces líder de UPyD, al grito de "fuera fascistas de la Universidad". En 2020, al propio Iglesias lo boicotean en el mismo auditorio, y parte del público responde a los que le interrumpen con… el mismo grito. Diez años después, la etiqueta había cambiado de diana sin cambiar una coma.

Barcelona, 2022: la Casa del Libro anula la presentación de un libro crítico con la ley trans tras los enfrentamientos de manifestantes con los Mossos. Badalona, 2023: se cancela la de unas feministas acusadas de "ideas transfóbicas".

Desde el otro lado: en Valdemorillo, en 2023, la nueva concejalía de Cultura, de Vox, cancela una obra basada en el Orlando de Virginia Woolf.

2Decidir quién entra y quién informa

La acampada de la Puerta del Sol reclamaba más espacio público y menos privado. Y lo hizo ocupando el espacio público y decidiendo quién podía estar en él. No fue un hecho aislado:

28 de septiembre: un grupo de manifestantes expulsa a un equipo de EDATV al grito de "No pasarán". Ese mismo día, varios youtubers y creadores de contenido salen entre gritos de "fuera fascista". Alguno, según las imágenes, llevaba un espray de pimienta. Pero que alguien sea un provocador no te da derecho a decidir quién informa en una plaza pública.

El periodista Fernando Díaz Villanueva cuenta que los accesos tenían controles, que no le dejaron entrar con cámara y que dentro se impedía hacer fotos.

6 de octubre: Rebeca Crespo, reportera de Horizonte (Cuatro), intenta conectar en directo. Le tapan la cámara con un paraguas, hay empujones y la acusan de difundir bulos. Su resumen: "No nos han dejado hacer nuestro trabajo".

Primeros de octubre: en un directo de Malas Lenguas (TVE) desde Sol se cuenta que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha rechazado el desalojo. No era exactamente así: el tribunal solo había rechazado la medida cautelarísima, el desalojo urgente, y no había entrado en el fondo. La abogada Jimena Zabala lo corrige en voz alta desde fuera de plano: "Eso es mentira, decid la verdad". Según su relato, un activista la agarra del brazo y el reportero la acusa a ella de agresión. Su pregunta: "Yo no puedo hablar en un directo, pero ¿vosotros sí podéis mentir en un directo?"

Parla, octubre de 2026: según el vídeo publicado por el propio medio, una responsable local de Podemos y su pareja reciben a un equipo de Okdiario con "nazi de mierda, fascista, vete de aquí", "tú no sabes quién soy" y "tu cara la va a ver todo el mundo".

No es un hecho aislado. Es un patrón.

3El lenguaje de guerra

Asamblea de Madrid, 8 de octubre de 2026. Manuela Bergerot, portavoz de Más Madrid, a Isabel Díaz Ayuso tras la muerte de Maricarmen: "En las calles de Madrid no va a haber paz". El PP la denuncia por amenazas. Ella responde: "Yo no estaba amenazando, lo único que estoy diciendo es lo que hay en las calles". Y añade que no se arrepiente.

Desde el otro lado: la "anti-España", o el mensaje de Vox sobre una periodista peruana: "Los que propagan odio y violencia… también se van. Todos".

Una cosa es lo que alguien quiso decir. Otra, lo que dice una portavoz parlamentaria desde la tribuna, cuando la calle ya está caliente.

4La violencia por una causa

Tras el boicot violento a un acto en la Universidad de Navarra, en octubre de 2025, en el que fue agredido un periodista, una tertuliana de TVE lo resumió así: "Esto no es violencia, es responder a su violencia". Del otro lado, las piedras contra un mitin de Vox en Vallecas en 2021 tuvieron su respuesta en las noches de disturbios de Ferraz en 2023.

Gritar "fascista" no te vacuna contra parecerte a uno.

Por qué funciona

Pedro y el lobo.

La etiqueta funciona porque ahorra el argumento. Es la falacia de toda la vida: atacar a la persona, no a lo que dice.

El filósofo Leo Strauss la bautizó en 1953 como "reductio ad Hitlerum": si Hitler pensaba algo, eso basta para descartarlo.

En 1990, Mike Godwin formuló su famosa ley: cuanto más se alarga una discusión en internet, más probable es que alguien acabe comparando al otro con Hitler o los nazis.

Las feministas conocemos bien el mecanismo. "Feminazi", popularizado en los años noventa por el locutor estadounidense Rush Limbaugh, sirvió para ridiculizar ante la opinión pública lo que eran demandas de un colectivo que luchaba por sus derechos. Es exactamente el mismo truco, en sentido contrario.

Y aquí está el peligro. Si cualquiera que discrepa es nazi, la palabra se gasta. Como en el cuento de Pedro y el lobo, cuando llegue el de verdad, nadie nos creerá. O peor: no sabremos reconocerlo.

Si todos somos nazis, cuando llegue el de verdad no lo veremos venir.

Hannah Arendt

La banalidad de la etiqueta.

En 1963, Hannah Arendt publicó Eichmann en Jerusalén, su crónica del juicio a uno de los organizadores del Holocausto. Esperaba encontrar a un monstruo y encontró a un hombre "terriblemente normal": un burócrata incapaz de pensar por sí mismo, que hablaba a base de frases hechas. Lo llamó la banalidad del mal.

Su idea no era que el mal sea poca cosa, sino que lo cometen personas corrientes que dejan de pensar. Y eso es lo que hace una etiqueta: es una frase hecha que te ahorra pensar en lo que el otro dice.

Hay además otra banalización, más grosera. Llamar nazi a quien te lleva la contraria es una ofensa a los seis millones de judíos asesinados en el Holocausto, y a todas las víctimas de lo que de verdad fue el nazismo.

La prueba del algodón

Ocho años y la ley mordaza sigue.

Las palabras son gratis. Los hechos, no. La Ley Orgánica 4/2015 de Protección de la Seguridad Ciudadana, conocida como ley mordaza, la aprobó el Gobierno de Rajoy, y derogarla fue una de las promesas estrella de la izquierda.

Junio 2018

Pedro Sánchez llega al Gobierno.

2023

La reforma decae por las pelotas de goma y las devoluciones en caliente.

Octubre 2024

Se retoma el trámite en el Congreso.

Octubre 2026

Vuelve a decaer con las Cortes disueltas. Podemos exigía la palabra "prohibición" para las pelotas de goma; el PNV no aceptaba los cambios sobre desobediencia a los agentes; Interior, según The Objective, nunca mostró entusiasmo. El acuerdo cubría casi el 90 % del texto.

Ocho años de Gobierno "progresista" y la ley sigue en vigor. Gritar "fascista" no cuesta nada. Derogar una ley que recorta libertades, sí.

¿Quién decide qué lucha es justa?

¿Quién reparte los carnés del derecho a pensar y a opinar?

¿A cuánta gente has llamado fascista este año? ¿Cuántos lo eran?

¿Sabrías explicar qué es el fascismo sin buscarlo en Google?

¿Sabrías reconocer a uno de verdad?

Para terminar

Llamar a las cosas por su nombre.

El antifascismo de verdad no es un grito. Es defender las libertades de todos, también las de quien te parece insoportable: que pueda hablar, que pueda informar, que pueda equivocarse.

En cuanto decides quién merece esas libertades y quién no, has empezado a parecerte a aquello contra lo que dices luchar.

Llamarlo todo fascismo no te hace antifascista. Te deja sin palabras cuando llegue el de verdad.

— Nohemí Hervada

Nohemí Hervada
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