Me he ido bajando de religiones, tribus y causas que sentía mías. No por cambiar de valores, sino por negarme a comprar el pack completo.
Desde que publiqué El Cluedo obsceno me llegan críticas de los dos lados. A unos les sobra lo que digo de la izquierda. A otros, lo que digo de la derecha. Cada uno ha leído la mitad del texto y está convencido de que la otra mitad sobraba. Las dos críticas comparten algo: superioridad moral.
No me sorprende. Me duele, pero no me sorprende. Porque no es la primera vez.
Escribo esto desde un sitio que duele: el de haber visto, en distintas épocas y en ámbitos muy distintos, cuánto nos cuesta la autocrítica. Y lo fácil que nos resulta blindar lo que pensamos ante cualquier crítica o cualquier dato que nos chirría.
Ese blindaje es la superioridad moral: creer que nuestras posiciones son moralmente mejores y que eso nos da derecho a juzgar, a no escuchar o a callar al otro.
Lo peor que hacemos, casi nunca lo hacemos sintiéndonos malos.
Lo que aprendí vendiendo
La confianza vende.
En mis programas de ventas repito una idea hasta el cansancio: lo que vende no es el hecho en sí, el dato del producto. Lo que vende es la confianza.
Con las ideas pasa exactamente lo mismo. Puedes ganar una discusión gritando más, escondiendo el dato que no te conviene o haciendo callar al de enfrente. Lo que no ganas es confianza. Y sin confianza, lo que has ganado no vale nada.
Si para vender mi historia tengo que ocultar datos, cancelar al otro o gritar más, prefiero bajarme de ahí.
Y me he bajado de unos cuantos sitios.
Mi mar de orfandades
Comprar el marco completo.
Las personas somos incoherentes. Nos pasan cosas, cambiamos de opinión, nos contradecimos. Eso es humano y lo acepto, en los demás y en mí.
Lo que nunca he podido aceptar es tener que comprar el marco completo: el paquete entero, sin derecho a preguntar por la letra pequeña. Y eso es lo que me ha ido alejando de grupos, ideologías y corrientes que, en su momento, sentí como casa.
Primera bajada
La fe y la práctica.
Desde los cinco o seis años hasta los 41 formé parte de una religión que llevaba por bandera unos principios. En la práctica, eran otros. No voy a entrar hoy en detalles. Lo que sí puedo contar es lo que aprendí: que el problema rara vez está en los principios, sino en la distancia entre lo que se predica y lo que se hace, y en la prohibición de señalarla.
Hay una parábola que lo resume. La del fariseo que rezaba en el templo dando gracias a Dios "porque no soy como los demás" (Lucas 18). Dos mil años después, seguimos rezando lo mismo, con otras palabras.
El psiquiatra Robert J. Lifton estudió en 1961 cómo funcionan los grupos que lo controlan todo. Algunos de los rasgos que describió:
Exigencia de pureza: el mundo se divide entre puros e impuros, y la culpa no se acaba nunca.
Lenguaje cargado: etiquetas que, en lugar de abrir el pensamiento, lo cierran.
La doctrina por encima de la persona: si tu experiencia contradice la doctrina, la que se equivoca eres tú.
Quien está fuera no merece ser escuchado.
Cuando sales, empiezas a ver esos rasgos en sitios que no tienen nada de religioso.
Segunda bajada
Lactancia y crianza: la culpa en los dos lados.
Durante años trabajé como asesora de maternidad y lactancia. Y vi cómo se formaban bandos: teta o biberón, colecho o cuna, crianza "respetuosa" o el resto. Cada bando tenía su verdad. Y la culpa, siempre, caía sobre las madres. Sobre las de los dos lados.
Estuve dentro de esa guerra que todo el mundo se empeñaba en alimentar: la que dividía a las madres que daban teta y a las que no.
A las que no amamantaban, se las culpaba por no hacerlo.
A las que sí, se las llamaba "retrógradas", "de derechas", "vacas" o casi abusadoras de niños por no destetar. Y no, no exagero: en ese debate en redes participé yo.
De hecho, en esa época, buena parte del feminismo estaba tan en contra de la lactancia que yo me negué durante años a asumir esa etiqueta. Luego decidí "aceptar pulpo".
Para hacerte una idea del tono de aquellos años:
2010. El suplemento Magazine de El Mundo publica "Madre o vaca", un reportaje que comparaba a las madres lactantes con vacas. Hubo protestas y tetadas ante sus sedes, como contaba Bebés y más.
2018.Pikara entrevista a Beatriz Gimeno, autora de "La lactancia materna. Política e identidad", uno de los libros más críticos con la lactancia desde el feminismo.
Atendí a decenas de madres y padres que lloraban mientras aplicaban el método de "Duérmete, niño", de Eduard Estivill, convencidos de que era por el bien de su bebé.
Y vi a quienes, en nombre de la crianza "respetuosa", juzgaban a esas mismas madres, no te digo a las otras. Porque no es lo mismo "respetar" a tus hijos que respetar al prójimo. Además, si tu crianza es la respetuosa, ¿qué es la de las demás?
Si llora el bebé y llora la familia al aplicar el método, el único que se beneficia es quien vende el libro.
El mecanismo es el mismo en los dos bandos: "por su bien". Generaciones enteras crecieron con "la letra con sangre entra", y en España el derecho de los padres a "corregir" a sus hijos no desapareció del Código Civil hasta 2007. El psicólogo Albert Bandura lo llamó desconexión moral: la forma en que hacemos daño sin sentirnos mal. El primero de sus mecanismos es la justificación moral. Si la causa es buena, todo vale.
Tercera bajada
El garbanzo negro del porteo.
En el mundo del porteo, el discurso generalizado era que portear nunca hacía daño al cuerpo de la madre y no tenía contraindicaciones. Yo compré ese discurso durante años. Hasta que sufrí un aborto y me empecé a replantear muchas cosas. Entre otras, si algo de lo que yo consideraba inocuo no lo era tanto. Así que empecé a investigar, preguntando a profesionales para tener más información, más "datos" y no solo el relato.
Como resultado cambió mi forma de abordar mi trabajo hasta el punto de enseñar que, a veces, a una mujer hay que decirle "ahora, o de momento, mejor no portear".
Por eso creé el concepto de porteo no hiperpresivo: para enseñar a minimizar el impacto de cargar peso en el cuerpo del adulto. Porque siempre hay impacto, y en algunos casos, pocos, sí está contraindicado. A mis ojos, visibilizarlo era lo veraz y lo ético.
Nunca entendí por qué negar las excepciones era válido.
Defender algo no exige absolutizarlo. Al contrario: reconocer sus límites es lo que lo hace creíble. Otra vez, la confianza.
Cuarta bajada
El feminismo que sí era mío.
Este es el que más me duele.
Te contaba que durante años me negué a llamarme feminista. Pasado un tiempo, acepté pulpo. Entendí que había que sumar: el clima político y social amenazaba con un retroceso en los derechos de las mujeres, y entre quedarme al margen o sumar, escogí sumar.
Ya no estaba en mi etapa más maternal. Empecé a identificarme públicamente como feminista y me involucré como he hecho con todo lo que me ha importado en la vida: con la acción, no solo con el intelecto.
Por eso hablo de un feminismo del que sí me sentía parte, en el que he hecho activismo durante años. No del institucional, ni del que ha abrazado la teoría queer.
En 2025, el periodista Juan Soto Ivars publicó "Esto no existe. Las denuncias falsas en violencia de género" (Debate). Se puede discrepar de su libro. Para eso, primero hay que leerlo.
Pero la historia no empieza con él. Antes, las canceladas fuimos nosotras, o quienes decían cosas parecidas a las nuestras:
16 mayo 2022
Barcelona. Manifestantes LGTBI intentan entrar en la Casa del Libro para impedir la presentación de "Nadie nace en un cuerpo equivocado", de José Errasti y Marino Pérez Álvarez. Hay enfrentamientos con los Mossos y la librería anula el acto.
Febrero 2023
Badalona. Se suspende la presentación de "La coeducación secuestrada", de las feministas Silvia Carrasco y Marina Pibernat, tras la presión de colectivos LGTB y varios partidos que hablaban de "ideas transfóbicas".
15 sept. 2025
Todo es mentira (Cuatro). Ione Belarra pregunta a la abogada feminista Paula Fraga si una mujer trans es una mujer. Fraga responde que no. Belarra lo califica de transfobia y delito de odio, y le pide a Risto Mejide que no le dé espacio. Respuesta de Mejide: "Nosotros no vamos a cancelar a nadie en este programa".
18 nov. 2025
Más Espejo Público (Antena 3). Llega el libro de Soto Ivars. Una de las invitadas: "no me pregunte si me he leído el libro porque no me lo he leído y además no me lo voy a leer, pero sí que me he leído todos los datos".
1 dic. 2025
El mismo programa. Zuriñe Ojeda (Feministas al Congreso) y Mari Cruz Garrido (Docentes Feministas por la Coeducación) se posicionan en contra del boicot: las feministas lo han sufrido en carne propia. Pero mantienen que el libro niega la violencia machista o da alas a quienes la niegan.
4 dic. 2025
Sevilla. Colectivos feministas piden por carta que se anule la presentación del libro en una biblioteca pública.
Ese último matiz es el que más me interesa. Porque el libro empieza diciendo expresamente lo contrario: que la violencia machista existe, y que con las denuncias falsas pierden precisamente las mujeres que sí son víctimas, porque en la cola se cuelan otras que no lo son. Se puede estar en contra del boicot y, aun así, rebatir algo que el libro no dice.
¿Y los datos? Lo único que sabemos con certeza es cuántas denuncias falsas llegan a perseguirse y acaban en condena. Y son pocas:
79
Condenas por denuncia falsa entre 2009 y 2016 (Fiscalía)
0,0075%
Sobre 1.055.912 denuncias en ese periodo
¿?
Las denuncias falsas que nunca se persiguen
Ese dato mide las falsedades probadas y perseguidas, no las que existen. Que no haya denuncia por denuncia falsa no significa que no existan. La cifra real no se conoce. Y eso, precisamente, es lo que debería poder investigarse y discutirse sin que te llamen negacionista.
Lo digo claro:
Si para luchar contra la violencia machista hay que negar que haya gente que pueda utilizar las denuncias de forma espuria, o aceptar que cada mujer del planeta es un ser de luz, conmigo que no cuenten.
Y como feminista, nunca voy a aceptar que luchemos por nuestro derecho a la libertad de expresión y nos convirtamos en canceladoras cuando alguien, desde otro posicionamiento, intenta explicarse.
Quinta bajada
La política, ya lo sabes.
De la política ya hablé en Apolítica, decía yo. Nunca he sido de partido. Y cuanto más escribo, más claro tengo que no voy a serlo: en la trinchera, el que no dispara a los de enfrente es sospechoso para los suyos.
Así que aquí estoy: cada vez más huérfana de todo.
Por qué nos cuesta tanto
Superioridad moral: nadie es el villano.
La psicología lleva años explicando de dónde sale la superioridad moral y por qué blindamos nuestras ideas:
Nos creemos mejores que la media. En un estudio con 270 personas, Tappin y McKay (2017) comprobaron que casi todos nos vemos por encima de los demás, y que el autoengaño más irracional es el moral: más que el de la inteligencia o la simpatía.
Preferimos no saber. Evitamos la información que amenaza lo que creemos, aunque sea gratis y útil (Golman, Hagmann y Loewenstein, 2017).
Lo moral no se negocia. Cuando vivimos una postura como cuestión moral, el que discrepa deja de estar equivocado y pasa a ser malo (Linda Skitka).
La indignación se premia. Cada palabra moral y emocional en un tuit aumenta su difusión un 20 %, sobre todo dentro del propio grupo (Brady y otros, 2017, más de 560.000 tuits).
Y luego está el famoso experimento de la cárcel de Stanford (Zimbardo, 1971), el que nos contaron como prueba de que el entorno nos convierte en monstruos. Hoy sabemos que a los "guardias" se les orientó para ser duros y que el experimento no se pudo reproducir. La lectura actual (Haslam y Reicher) es más incómoda: hacemos daño cuando nos identificamos con una causa que creemos justa y alguien nos dice que eso es lo correcto.
Nadie es el villano de su propia historia.
Pertenecer sin perder el criterio
La tribu une y ciega.
Jonathan Haidt lo resume en una frase: la moral une y ciega. Nos da tribu, y a cambio nos pide que no miremos lo que la tribu no quiere ver.
La necesidad de sentirse parte de algo mayor es profundamente humana. Yo también la tengo. Pero intento que nunca sea a costa de perder mi espíritu crítico.
Y esto no va de un bando. En Badalona cancelaron a unas feministas; en Valdemorillo, en 2023, un ayuntamiento con Vox retiró una obra basada en el Orlando de Virginia Woolf. La superioridad moral no tiene carné. Y la empatía tampoco es superioridad moral; la que sí la roza es la empatía selectiva.
¿Cuándo fue la última vez que cambiaste de opinión?
¿Te has negado a leer algo que ya criticabas?
¿Sabrías explicar la postura contraria de forma que quien la defiende la firmara?
¿Qué dato de tu propio bando te chirría y prefieres no mirar?
Para terminar
La tabla de siempre.
Cada una de estas bajadas ha sido un pequeño duelo. Dejas atrás gente, rituales, certezas y la comodidad de tener siempre a alguien que piensa como tú.
Lo que me ha mantenido a flote no es una ideología. Son unas pocas costumbres, el mejor antídoto que conozco contra la superioridad moral. También contra la mía:
Preguntarme "¿y si me equivoco?" antes de dar algo por cerrado.
Formular la mejor versión del argumento contrario antes de criticarlo.
Separar a la persona de la idea.
Desconfiar de las palabras que cierran preguntas en lugar de abrirlas.
John Stuart Mill lo escribió en 1859: quien solo conoce su lado del argumento, sabe poco de él.
En el mar de orfandades, siempre tuve una tabla: cuestionármelo todo. Incluso a mí misma.
¿Eres libre? ¿Qué es la libertad? ¿A qué estás dispuesto a renunciar por la libertad?
Hay debates que no por repetidos dejan de tener vigencia. Como humanos buscamos respuestas a grandes preguntas que nos ayuden a comprender el mundo en que vivimos, a comprendernos, a calmar la incertidumbre propia de nuestra existencia. Que no es sino el miedo a desaparecer, a la inexistencia.
Por eso estas preguntas nos afectan tanto y son los ejes alrededor de los cuales gira la filosofía y/o la religión: ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Por qué estamos aquí?
Y una de las grandes cuestiones a las que se enfrenta la humanidad desde que empieza a entender que la vida no es solo nacer, crecer, reproducirse y morir, es cuáles son los valores supremos que rigen nuestra convivencia, como seres sociales que somos, y cuál es la jerarquía que antepone unos a otros. Porque todos queremos la libertad, pero también queremos seguridad y paz y armonía. Y puede que crecer, madurar y cuestionarse las cosas sea darse cuenta de que a veces no se puede tener todo. O no en el mismo orden, ni rango ni magnitud.
La contradicción
Libre, pero…
Por supuesto que quiero ser libre, pero necesito comer y tener un techo.
Por supuesto que quiero ser libre, pero necesito sentirme segura y con la certeza de que no me atacarán por ser lo que soy, cómo soy o cómo pienso.
Por supuesto que quiero ser libre, pero necesito no tener sobre mi cabeza la espada de Damocles de un sistema basado en la mayoría que no distingue las motivaciones de esa mayoría y cuyo resultado sea la tiranía "legal" de idiotas, corruptos, incompetentes o delincuentes, solo porque son más.
Vivir en sociedad implica aceptar que otros tomarán las decisiones que rijan gran parte de las parcelas de tu vida. No hay otro modo de hacerlo cuando hablamos de sociedades de cientos de miles o millones de personas. Pero ¿qué pasa cuando esa norma de convivencia pensada para protegernos se convierte en otra cosa?
¿Qué pasa cuando quien debe trabajar para tu bienestar en realidad solo busca el suyo a tu costa?
¿Qué pasa cuando empiezas a darte cuenta de que solo eres uno de los granos de arena que sirven de base para los cimientos de un sistema que no tiene en cuenta tus necesidades, tus deseos y tu derecho a ser y a pensar por ti mismo?
¿Qué pasa cuando la información solo fluye de arriba hacia abajo y no de abajo hacia arriba?
¿Qué pasa cuando por fin te das cuenta de que la mayoría de los sistemas a los que perteneces solo buscan una cosa: tu sumisión?
El concepto
Sumisión: lo que aceptamos sin pensar
Sumisión significa literalmente "poner por debajo", que es algo que ya habíamos aceptado de base. Todos entendemos que las sociedades, sobre todo cuando crecen, no pueden ser siempre horizontales, en todo:
De niña estás sometida, o sea, por debajo, de tus padres.
Casarte, hasta no hace tanto en nuestra sociedad y a día de hoy en gran parte del planeta, significa que la mujer está por debajo, sometida, al marido.
Profesar un credo es reconocer que estamos por debajo de un ser responsable de nuestra existencia y, en la mayoría de esos credos, por debajo de sus "representantes".
Militar en un partido es, ante todo, aceptar —someterse a— una ideología. (Que se lo digan a los miembros que se atreven a disentir de sus propias formaciones o cuando el partido deja clara lo de la "disciplina de voto".)
Trabajar, tal como lo entendemos en nuestro presente, es usar nuestra fuerza de trabajo para cumplir las órdenes o servir a los proyectos de otros, los "amos".
¿Es todo eso malo per se? Habrá quien piense que son leyes "naturales" y en algún sentido sea verdad. Evidentemente las crías de humanos tardan muchos años en ser autónomas, por lo que necesitan estar bajo el cuidado y responsabilidad de los padres. Es un modelo biológico que no entiende de culturas, ni de ideologías, ni de políticas. Esa sumisión garantiza la supervivencia.
Pero ¿pasa igual en el resto de relaciones?
¿Por qué durante milenios se asumió que las hembras de nuestra especie nunca llegaban a estar emancipadas, pasando de la tutela del padre a la del marido?
¿Por qué en el nombre de la existencia de un dios o de una causa primera, algunos humanos elaboraron sistemas de creencias que les otorgaban a ellos ese poder delegado de la divinidad para someter al resto de personas, igual de mortales que ellos?
¿Por qué las personas que deciden dedicarse a gestionar lo público, es decir, lo de todos, elaboran y/o siguen teorías políticas que en el papel suenan perfectas pero en la práctica no son sino modelos que evidencian, durante siglos, la imposibilidad de poner coto a quienes ven en sus estructuras una forma de culto más o menos laico, al líder o al partido?
¿Por qué para la gran mayoría el trabajo no solo no dignifica ni es la puerta a esa supuesta escalera hacia el éxito económico, sino un tipo de esclavitud moderna que no alcanza para lo básico?
Mi caso
Ni amo, ni marido, ni dios, ni partido
A estas alturas de mi vida me he desengañado de tantas cosas que mi espíritu crítico ha pasado de ser una herramienta intelectual para observar y juzgar la coherencia y conveniencia de los sistemas que me rodean, a ser una actitud profundamente pesimista.
Me independicé muy pronto de mi hogar familiar.
Me divorcié.
Apostaté.
Hace ya años que trabajo por cuenta propia (que no significa no tener amo, sino que mi amo, ahora mismo, es el estado).
Nunca dejé un partido político porque nunca fui parte de uno, aunque estuve a punto.
De ahí lo de, ni amo, ni marido, ni dios ni partido.
¿Significa eso que soy más libre que quien sí tiene uno o varios de esos sistemas en su vida?
Ojalá.
Solo significa que soy más consciente de que da igual el sistema: todos buscan lo mismo, a veces con distintos métodos, otras veces con métodos calcados.
En todos esos sistemas más o menos estructurales de la vida, he sentido que fallaron. No por la inocencia de exigirles perfección —todos entendemos lo que significa no estar siempre al cien por cien—, sino por descubrir que la meta en todas esas estructuras estaba muy lejos de mi bienestar.
He sido activista por causas buenas, nobles, que aportaban beneficios claros no solo a las personas sino a todo el conjunto de la sociedad, y me he ido dando de baja de todas. Etiquetas que empezaron definiéndome y defendí, y acabé sintiendo ajenas en el mejor de los casos y repulsivas en muchos otros.
¿Cambió mi forma de pensar sobre esas causas?
¡NO!
Lo que cambió es ver cómo el sistema fagocita todo lo bueno que intenta el ser humano para transformarlo en herramienta al servicio del poder. Caballos de Troya en forma de entrismo, cuando no directamente una adulteración del origen y traición a las ideas que las originaron.
La clave
El poder: el virus letal
Al final esa es para mí la clave: el poder.
Quizás "el poder" sea la herramienta más letal del universo. Un virus que intentamos inocular en pequeñas dosis necesarias, a modo de vacuna, para conseguir materializar proyectos, pero que acaba, como esos hongos zombis que infectan a las hormigas, controlando sus cuerpos para que sirvan a su propósito, matándolas una vez conseguido.
El hongo toma el control del cuerpo antes de matarlo. El poder funciona igual.
Necesitamos otorgar poder a otros para que hagan cosas. Confiamos en que ese poder se usará en nuestro beneficio, en el común, pero acabamos viendo cómo esa herramienta que nosotros creamos y otorgamos voluntaria y "democráticamente" se convierte en el arma contra nosotros y nuestra libertad.
Y como ha sucedido tantas veces a lo largo de la historia, no siempre reaccionamos a tiempo. Quizás la hormiga infectada no es consciente, cuando está a tiempo, de esa infección. Quizás cuando es consciente, ya es tarde.
No necesito trasladarte la metáfora o el ejemplo del virus zombi a casos reales de la Historia. Imagino que a estas alturas ya se te están ocurriendo ejemplos: grandes revoluciones enarbolando la bandera de la libertad que acabaron en masacre.
Puede que hoy, en mi país, no haya guillotina en las plazas. Eso no significa que no haya un poder ejerciendo tiranía de otros modos.
Imagino a las hormigas luchando contra otras especies de hormigas, o depredadores más grandes que ellas. Protegiéndose y contraatacando. Y al final, las acaba matando una espora, algo apenas visible.
¿Te suena?
Hoy
La guillotina de hoy
Vivimos bajo leyes que nos obligan a negar la realidad material que nuestros sentidos, pulidos para garantizar nuestra supervivencia, nos muestran de forma evidente.
Para los trabajos públicos se buscaba a las personas más preparadas, con capacidad de análisis y argumentación. Hoy triunfa el que puede decir una cosa y la contraria sin flaquear.
El Gran Hermano ya no necesita imponerse. Le basta con que consintamos.
La guillotina de hoy es la mera acusación de delito de odio, que en la mayoría de los casos no es sino expresar tu opinión o tu vivencia. No te cortarán la cabeza literalmente: hemos perfeccionado ese arte maquiavélico y ahora podemos matar al individuo poco a poco:
Señalamiento público.
Despidos.
Cancelación.
Denuncias que acaban en causas penales.
Ni Orwell llegó a atisbar todo lo que "el partido" podía hacerle al individuo.
La factura
El precio de ser libre
Alguien me dijo una vez que yo era la persona más política que conocía. Entendiendo por "política" alguien capaz de luchar por lo que creía, expresarlo en público y afrontar las consecuencias.
Podría decirse que se me percibía como alguien libre para hablar, escribir y actuar.
Lo que no te cuentan es el precio a pagar.
Por eso la mayoría de la gente no habla, no escribe y no actúa. Porque la manada te protege de ser el blanco de quienes ven en la disensión al mayor enemigo a batir.
Yo misma me he bajado de la tarima muchas veces. Por pura supervivencia mental, emocional y económica. Porque, como te decía al principio, cuando ser libre implica no comer, te comes tu libertad y tu dignidad con papas y agachas la cabeza. Al menos un poco.
Para terminar
Cuando ya no queda nada que temer
Al menos hasta comer, recuperarme, y recordar lo que canta Vetusta Morla en una de sus mejores canciones, «Golpe Maestro»:
¡YA VUELVE LA SED! Y con ella mi confianza en que la tiranía —cualquiera de ellas— depende de nuestro miedo.
Y cuando te lo quitan todo, ya no tienes miedo a perder nada más.
¿Cuántas tarjetitas vamos a recibir el 8 de marzo felicitándonos el día?
¿Sabes qué día es el 8M?
¿Sabes que no es una fiesta?
¿Sabes la diferencia entre celebrar y conmemorar?
¿Sabes que mandarnos tarjetas y mensajes con textos del tipo:
«Feliz día de la Mujer»
«Feliz día para una mujer preciosa»
«Felicidades por ser lo más bonito de la creación»
y similares, es un insulto a las mujeres y nuestra historia?
Sueño con un futuro en el que, al menos ese día, se nos respete, se nos valore y se conmemore lo que de verdad significa esa fecha.
Cada vez que recibo ese día felicitaciones por WhatsApp, por Messenger, por privado en cualquier red social me pregunto si mandaríamos tarjetas de felicitación a las enfermas de cáncer de mama en su día, o a las personas con enfermedades raras y similares.
Los días dedicados a causas no son siempre festivos. Se escogen para:
Visibilizar situaciones desfavorecidas.
Concienciar a la población de causas que merecen nuestra atención.
Conmemorar sucesos que no queremos que pasen al olvido.
La historia
Origen del 8M
Durante años se ha contado que un 8 de marzo del siglo XIX cientos de trabajadoras textiles de Nueva York murieron en una protesta o un incendio. No hay ningún registro histórico de ese suceso: los historiadores lo consideran un mito. La historia real es menos novelesca, pero igual de política:
En 1908 miles de trabajadoras se manifestaron en Nueva York por mejores salarios, menos horas y derecho al voto. (La cifra de 15.000 que suele citarse no está bien documentada, y el lema «Pan y Rosas» es posterior: se popularizó en la huelga textil de Lawrence, Massachusetts, en 1912.)
El primer Día Nacional de la Mujer se celebró el 28 de febrero de 1909 en EE. UU. El Partido Socialista de América designó este día en honor a la huelga de trabajadoras de la confección de 1908 en Nueva York.
En 1910 la Internacional Socialista, en Copenhague, invitó a cien mujeres de diferentes países para celebrar un día de la mujer: fue la propuesta de Clara Zetkin para luchar por el sufragio universal femenino y los derechos de las trabajadoras. El primero se celebró el 19 de marzo de 1911 en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza.
La fecha del 8 de marzo se fijó a raíz de la huelga de las trabajadoras de Petrogrado el 8 de marzo de 1917 (23 de febrero en el calendario ruso), que pedían «pan y paz» y que desencadenó la Revolución de Febrero.
En 1975 la Asamblea General de la ONU empezó a conmemorar oficialmente el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer, y en 1977 pidió a todos los países que lo reconocieran.
El color
¿Por qué el morado?
El 25 de marzo de 1911 se produjo un incendio en la fábrica textil Triangle Shirtwaist Company de Nueva York. Murieron 146 personas, 123 de ellas mujeres y niñas, la mayoría de entre 14 y 23 años; la mayor tenía 43. Muchas murieron porque las puertas estaban cerradas con llave para que no salieran antes de hora. Sus trabajadoras habían participado año y medio antes en la gran huelga de 1909-1910, el «levantamiento de las 20.000».
Suele contarse que el humo del incendio era morado por los tintes de las telas. Es una leyenda sin base documental. El morado procede en realidad de los colores del movimiento sufragista británico (morado, blanco y verde, adoptados en 1908), donde el morado simbolizaba la dignidad. El feminismo lo heredó de ellas.
La trampa
El caballo de Troya de los feminismos
No creo que sea necesario explicar por qué ponerse el color morado a modo de «adorno» con cualquier justificación es un insulto a aquellas mujeres y a todas las que llevan/llevamos luchando desde entonces por derechos aún no conseguidos.
Ver a políticos y políticas ponerse una camiseta morada o poner este color en sus carteles cuando siguen sin hacer políticas efectivas contra la brecha salarial, por ejemplo, nos enfada mucho.
Ver al capitalismo y sus grandes corporaciones vestirse de morado ese día, como intentando blanquear o «enmoradar» sus prácticas habituales discriminatorias del resto del año es un insulto para quienes cada día, de cada año, luchamos por hacer política y construcción social y educativa feminista.
Ver en las manifestaciones ese día a grupos «supuestamente feministas» defendiendo slogans neoliberales abiertamente contrarios a los derechos de las mujeres es obsceno.
Ahora entenderás que ver el 8M lleno de flores, bombones, ositos, lazos, cajas rosas, todo muy «mono», como si fuera la fiesta azucarada de una quinceañera, no es que no nos guste, es que nos cabrea, MUCHO.
Para terminar
Ya sabes la respuesta
Así que si el miércoles me vas a decir, a mí o a cualquier otra mujer, aquello de: «felicidades», «preciosa» o «lo más bonito de la creación», ya sabes la respuesta que vas a recibir…
PD: Feminismo solo hay uno. Con una agenda y un sujeto político propio: la mujer.
Por eso hace mucho decidí no ver noticias en la TV, de ese modo en vez de pasarme media hora bombardeada de cosas que me entristecen, enervan o enojan, dejo que sea cualquier algoritmo el que me las filtre y, al menos, las cosas que me entristecen, enervan o enojan son solo las de temas que me preocupan algo más.
Como mi trabajo está enfocado en un alto porcentaje en la situación de las mujeres y la infancia, pues me llegan cositas como esa que veis en la imagen.
Y depende como me pille el día, me río o me entristezco o me dan ganas de salir a quemar contenedores. Y no, no es apología de la violencia, por si a esta generación woke hay que explicarle lo que son recursos literarios… Que, como decía mi amiga Irene, las mujeres somos tan buenas que vamos a una manifestación porque nos están asesinando y recogemos los papeles del suelo… pero ese es otro tema (coméntame si te interesa para otro artículo 😉).
El caso es que me pregunto cómo reciben esta noticia los propios hombres. Así que si es tu caso, si eres uno de esos «ejemplares raros» que lees a mujeres y no te sientes ofendido cuando contamos lo que nos pasa ni te aventuras a excusarte antes de que acabemos nuestras frases, te pregunto:
¿Qué sientes al leer esa noticia?
¿No te da por pensar por qué somos tan pocas las que estamos en los pisos de arriba del todo si somos más?
Teniendo en cuenta que hay más mujeres con títulos universitarios, que está demostrado que curramos más, que somos más propensas a acabar lo que los demás no hacen… ¿En serio nunca te has preguntado qué pasa?
¿Alguna vez te has visto cuestionando a las mujeres que tenías por encima de ti en tu jerarquía empresarial o corporativa?
¿No has comentado que «a saber cómo ha llegado ahí»?
Y te pregunto:
¿Has cuestionado igual a tus jefes hombres?
¿Te preguntas alguna vez con quién han tenido ellos que «juntarse» —por usar un eufemismo— para llegar donde están?
Mi experiencia
Mi estadística personal
En mi vida he tenido mayoría de jefes hombres (¡qué raro!) y algunos eran rematadamente incompetentes.
El del sarcasmo. Te hablaría de uno que, con mis 18 añitos, me hablaba con un sarcasmo y una superioridad que me asustaba y asqueaba a partes iguales. Que nunca me dio una directriz de cómo hacer mi trabajo pero si no lo hacía bien me ridiculizaba delante de los clientes.
El del inglés inventado. Te contaría de aquel que se inventaba el inglés que hablaba y en vez de reconocer que no era capaz de entender cuando le hablaban nos pasaba las llamadas (a las chicas) diciendo que estaba ocupado. Este, además de programar reuniones fuera de horario para oírse a sí mismo hablar, se la pasaba comentando que «trabajar con mujeres era muy complicado». (Creo que la realidad era que para él lo complicado era trabajar).
Paquito, con su carguito. Te nombraría a uno al que le tuve que escribir fonéticamente cómo se decían las frases más comunes que usábamos en el trabajo en inglés, que acabó siendo mi jefe (¡qué raro!), al que le cubría yo las bajas en festivos, al que le hacía trabajo administrativo, comercial y de RRPP que no me correspondía, y fue el máximo responsable de mi baja por mobbing (y ahí sigue Paquito, con su carguito).
El experto en liderazgo. Y puedo contarte el caso de otro que me «fichó» para llevar el liderazgo femenino y empoderamiento en su portafolio de servicios pero pretendía que le dijera que sí a prácticas antiéticas profesionalmente y que le regalara parte de mi trabajo. Por supuesto al decirle «no» (de primero de empoderamiento) me llevé de premio un ghosting de manual y un «cese» por correo electrónico un domingo noche que fui a mirar tras la notificación de «has sido eliminada de este grupo de WhatsApp». Muy divertido sobre todo teniendo en cuenta que se dedica a enseñar liderazgo y gestión de equipos. ¡Una fantasía total!
Si esto lo hubieran hecho mujeres, imaginad los comentarios.
La verdadera igualdad no es sólo que seamos la mitad en todo, sino que podamos serlo incluso siendo tan incompetentes y/o malos jefes como todos estos señores de los que te he hablado.
Para terminar
José o Carlos
De momento lo único bueno de esta historia es que si tienes mala memoria y no recuerdas el nombre de algún CEO o director, ya sabes, llámale José o Carlos y aciertas casi seguro.
Y ahora la pregunta es… ¿Qué vas a hacer con este post? ¿Lo compartirás o es «too much truth»?
¿Qué sentirías si oyeras este comentario sobre ti y tu trabajo? Bienvenida a mi vida.
Hace años, un señor (por ser generosa en mis términos) me dijo que, con el tipo de fotos y comentarios que publicaba en mis redes, nunca me iban a tomar en serio en el mundo de la empresa.
Por aquel entonces yo me dedicaba al ámbito maternal, y mis fotos amamantando dieron la vuelta al mundo cuando Facebook las censuró y peleamos hasta conseguir que cambiara su política.
Es curioso que un tipo narcisista, tirando a psicópata, que presumía de premios de emprendedores y de estar en consejos de dirección de empresas, afeara mi «estilo» en redes. Sobre todo si recuerdo las fotos que él me mandaba a mí: mujeres desnudas y atadas.
Al parecer, mis tetas daban mala imagen si era para defender mi derecho a amamantar. Las de las mujeres con las que él se excitaba sí eran dignas de compartirse.
Al final, este ser asqueroso no es más que el reflejo de la moral hipócrita que aún hoy existe en el mundo, incluido el mundo profesional y de la empresa.
La tónica
El éxito en masculino
Porque esa ha sido la tónica. Recuerdo mi primer trabajo, de secretaria en un bufete de abogados de mucho prestigio. Mis jefes idolatraban a Mario Conde. Todos vestidos y peinados como él: parecían clones. Daba igual lo que escondiera esa fachada de hombre de éxito.
Hasta robar es glamuroso si lo haces con un traje caro y mucha gomina. Y si eres hombre, claro.
Si eres hombre:
Puedes permitirte soltar tacos diciendo que eres lo más.
Puedes mirar a la gente a la cara y ser todo lo directo que quieras: no serás agresivo, serás potente.
Puedes defender a muerte tus colores y tus ídolos aunque sean deleznables, porque representan el éxito en masculino.
Si eres mujer, no vayas a creer que puedes hacer lo mismo. A ti te toca ir por los carriles que ellos te marcan, o descarrilarás tu carrera profesional. Y encima habrá sido culpa tuya.
La pregunta
«Demasiado feminista»
¿Se puede ser «demasiado» feminista?
¿Se puede una pasar de exigir que se cumplan los derechos?
¿Se puede ser demasiado pro derechos humanos?
¿Se puede ser demasiado equitativa?
Al parecer, sí.
Cuándo lo somos
Somos demasiado feministas cuando…
…no aceptamos esta igualdad de postureo, este feminismo de Zara y esta moda de aprovechar el talento femenino para decorar de forma barata el viejo y rancio despacho machista. Como pegar papel pintado en una pared con moho.
…no pedimos permiso para hablar. Cuando nos interrumpen y, en vez de achantarnos, levantamos la voz o le recriminamos al machote de turno su mala educación. Somos tan demasiado feministas que las maleducadas somos nosotras.
…nos lanzan un piropo y, en vez de avergonzarnos, sonrojarnos, incomodarnos (o sentirnos halagadas), lo devolvemos de un revés a su terreno: «tu opinión me importa la misma mierda que tú».
…osamos hablar en términos y condiciones hasta ahora reservados a los hombres.
…denunciamos vuestro machismo en voz alta, cuando decidimos que la vergüenza la lleve quien la merece.
…hacemos un ejercicio de sororidad y decidimos creer primero el testimonio de la mujer. ¿Te jode? Es lo que habéis hecho vosotros siempre: vuestra sola palabra bastaba para arruinar la reputación y la vida de las mujeres, con la complicidad de vuestra jauría fraternal.
…detectamos eso que llamáis «micromachismos» en un intento por blanquear vuestras violencias. Porque sí, majete: todo es machismo. Solo que hasta ahora nadie te lo afeaba.
…te decimos que te quites de ahí, que es nuestro sitio. ¿No te has parado a pensar en todos los espacios que ocupáis y que, aunque solo fuera por cuota, deberían ser nuestros? ¿En todo lo que históricamente nos debéis a las mujeres? ¿Las herencias no cobradas? ¿El trabajo no remunerado? ¿Los cuidados gratuitos y sin descanso?
…en vez de preocuparnos por vuestro ego, nos preocupamos por nuestro amor propio.
Así que sí, somos demasiado feministas cuando te demostramos que tu burla, tus chistes, tus comentarios, tus fantasías, tus discursitos, tus piropos, tus miradas, tus «halagos», tu paternalismo y tu condescendencia son basura machista.
Para terminar
Lo que somos y lo que eres
Yo tengo claro qué somos: feministas. Demasiado poco, diría yo.
La cuestión es si tú tienes claro lo que eres tú.
Actualización 2026
La etiqueta también se gasta
Desde que escribí este post ha llovido mucho. Vimos cómo el feminismo era fagocitado por la corriente woke y las políticas de identidad.
Primero tuvimos que matizar: «soy feminista radical» (radfem), para dejar claro que no apoyábamos los llamados feminismos identitarios ni las demandas de otros colectivos que van contra los derechos de las mujeres.
Hoy muchas preferimos no usar ni la etiqueta. No siempre es posible ir explicando todo lo que nos separa de lo que hoy se entiende por feminismo.
Lo que no ha cambiado es lo que defiendo. Ha cambiado la palabra, no la causa.
«El humor, siempre hacia dentro o hacia arriba, nunca hacia abajo». Hoy una querida amiga me ha dado la versión que faltaba: «Lo que agota es educar hacia arriba y no hacia abajo».
Pedagogas a tiempo completo
Hacer pedagogía es un trabajo
Hacer pedagogía es un trabajo. Cuando esa pedagogía va contra la corriente dominante, no es solo un trabajo: es un desafío.
Por la tarea en sí.
Por el marco hostil.
Porque quienes la reciben no solo no la agradecen: más veces de las que piensas, se vuelven contra ti.
Por eso la mayoría de las veces las mujeres callamos. Porque nos sale más barato, porque no compensa arriesgar nuestra paz mental o nuestra salud, porque sencillamente nos agota explicar lo mismo una y otra vez.
Pero a algunas nos cuesta callar. Por temperamento, por objetivo vital, por necesidad. Algunas seguimos repartiendo pedagogía allá por donde vamos, porque la alternativa es esperar a que el cambio llegue solo. Y sabemos que eso no va a pasar.
Los sistemas están estructurados para mantener los privilegios de unos sobre otros. El patriarcado es algo más que una palabra de moda: es una estructura de poder que coloca a las mujeres debajo de los hombres.
Da igual cuántas mujeres conozcas que viven «bien». Ser mujer nos coloca en posiciones de discriminación, lo veamos o no.
Paternalismo
«Solo sabes dar soluciones»
Hace unos días compartí una viñeta de @Perezfecto en la que una mujer le dice a un hombre, presumiblemente su pareja:
«Contigo no se puede dialogar, solo sabes dar soluciones».
Comenté lo real de esas palabras: hay personas que, cuando conversan, solo saben arreglar los problemas del otro. No es una regla fija, pero es un perfil que se da sobre todo en hombres hacia mujeres.
Todas las mujeres que comentaron en mis redes dijeron haberse sentido así a menudo.
Solo un hombre reconoció lo cierto de esas palabras.
Otro entró a «disculpar» esa forma de actuar: según él, era «ayudar», «compañerismo».
Cuando le dije que lo que él llamaba compañerismo es paternalismo, no estuvo de acuerdo.
Porque el paternalismo, como el machismo, no se detecta desde dentro.
Hay que preguntarle a la otra si se siente infantilizada cuando, buscando escucha, desahogo y comprensión, recibe consejos y juicios.
El paternalismo se llama así por algo. Se construye sobre la idea de que hay alguien con autoridad que es responsable del otro. En la antigua Roma era el pater familias. Hoy es cualquiera cuando se relaciona con una mujer (y si es madre, más).
Armas de mujer
No queremos salvadores
Las mujeres estamos cansadas de explicar a los hombres de nuestro entorno que no los queremos ni como salvadores (sí, como en todos los cuentos de hadas en los que nos rescatan del peligro) ni como solucionadores.
Llevamos toda la historia humana resolviendo nuestros problemas como buenamente podemos, con la mierda de pocas herramientas que este sistema nos deja. Hemos sobrevivido a:
Desprecios, insultos y violaciones.
Quemas de brujas.
Eliminación de derechos.
Robos y apropiaciones culturales e intelectuales.
Corrientes de pensamiento misógino.
La historia de la humanidad es la historia de la misoginia. Y hemos sobrevivido, casi siempre con el apoyo de nuestras iguales.
Por eso las mujeres siempre hemos hecho círculos: alrededor del fuego, mientras se molía el grano o se lavaba la ropa en el río. En los pocos espacios donde se nos permitía ser libres (de expresión, al menos), entre otras mujeres, hablábamos, nos desahogábamos, nos reconocíamos, nos apoyábamos y nos sosteníamos.
La palabra empatía viene del griego empátheia, de pathos: lo que se siente, lo que se padece. La RAE la define como la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos. Y sin duda quien mejor empatiza con tus emociones es quien las ha vivido.
Por eso muchas mujeres hablamos un lenguaje común, verbal y no verbal. Por eso a una mujer, por muy desconocida que sea, le resulta fácil «leer» las emociones de otra y saber o sospechar qué necesita: seguramente ha vivido algo parecido.
Cuando alguien intenta darnos la solución, lo que sentimos no es agradecimiento. Las primeras veces lo aceptamos, porque es la reacción habitual del grupo de arriba y sabemos que, a sus ojos, nuestro sitio es el grupo de abajo. Poco a poco, si hay confianza o hartazgo, decimos que así no, que eso no es lo que necesitamos.
Entonces le toca al otro escuchar y no solo oír: responder a lo que pedimos y no a lo que él quiere dar.
Es comprensible que salte el piloto automático. A los varones se les educa para hacer, conseguir y reparar cosas, y eso les sigue empujando a vernos como un terreno en el que actuar, un reto que afrontar o algo que arreglar.
Pero no lo somos.
Confianza
Confío en ti hasta para dejar que te equivoques
Cuando trabajaba con familias de niños pequeños, hablábamos a menudo de la autonomía del bebé y de su desarrollo psicoafectivo y motor. Cuando un bebé empieza a gatear y a moverse solo, es normal sentir miedo por su seguridad. ¿En qué casa no entran los parques cuna, los suelos de goma eva y las barreras para las escaleras?
El desafío es entender que los bebés tienen una enorme capacidad de adaptarse al entorno en el que crecen. Cuando no se les coarta, exploran, aprenden sus límites físicos y entrenan sus capacidades.
Por supuesto, intentaremos que el entorno sea seguro.
Pero impedirle moverse, explorar y descubrir por miedo a una caída le hace menos apto, no más.
Si para evitarle caídas le llevamos de la mano o en volandas, evitamos la caída, sí, pero también el aprendizaje.
El amor también se demuestra con la confianza: confianza en que sus caídas y sus errores son parte del aprendizaje.
Las mujeres no somos bebés en desarrollo. Como colectivo somos más fuertes de lo que nosotras mismas imaginamos. Hemos sobrevivido durante siglos al odio visceral del poder. Seguimos sobreviviendo, e incluso destacando, en un sistema hecho a la medida del hombre (y me refiero al varón, no al hombre como especie).
Nuestra cultura, nuestra medicina, nuestro sistema económico, la explotación de los recursos, la crianza: todos los sistemas son androcéntricos. Y aquí seguimos, a pesar del desgaste que eso nos provoca.
Para terminar
Sois mayorcitos: aprended solos
Así que en casa, al menos, queremos paz, respeto y libertad. Queremos seguir educando a las futuras generaciones, pero hacia abajo. No nos pidáis que sigamos educando hacia arriba.
Y si queréis, hasta que desarrolléis toda la empatía que necesitamos, podéis aprenderos estas dos preguntas:
¿Qué puedo hacer por ti para que estés mejor? ¿Qué buscas?
Las campañas electorales se están convirtiendo en una especie de suero de la verdad de nuestra clase política. Y cuando hablan de madres, se les ve todo.
Las madres llevamos años reclamando tener voz en política: que se escuchen nuestras reivindicaciones de primera mano y que se tengan en cuenta. Voto ya tenemos. Pero cuando no hay ninguna opción que te represente, tu voto no vale tanto como debería.
En las pasadas elecciones generales muchas mujeres nos sentimos huérfanas. Se votó más con el miedo que con la esperanza. Muchas decidimos votar en contra más que a favor. Como dijo, muy acertada como siempre, mi amiga Irene García:
«Votamos en defensa propia».
Independientemente de vuestra ideología, si sois madres de ese grupo invisible para los medios que, como yo, decidisteis que maternar también es un derecho que queríais ejercer sin renunciar a él ni delegarlo en terceros, habréis sentido la indefensión de saber que, votarais lo que votarais, ningún partido iba a apoyaros en esa decisión.
Lo que pedimos
Seis meses como mínimo
Llevamos años reclamando un permiso de maternidad de, como mínimo, 6 meses. Una reclamación que responde primero al derecho del bebé y, evidentemente, también al de la madre, que, no lo olvidemos, es la que gesta, pare y amamanta, por mucho que a la PPiiNA (Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles) no le guste.
Resulta que no era posible, que no había fondos. Hasta que aparecieron, de vete a saber dónde, para ampliar el permiso del padre.
¿Estamos en contra de que se amplíe el permiso del padre?
Por supuesto que no. Pero no es justo, ni moral, ni biológica, ni fisiológicamente, ampliar un derecho cuando los otros dos protagonistas, que van delante, aún no tienen garantizados los mínimos.
Actualización 2026: desde que escribí esto, los permisos se igualaron y ampliaron. Con el Real Decreto-ley 9/2025, cada progenitor tiene 19 semanas (17 por nacimiento más 2 para cuidado), iguales e intransferibles, con 6 semanas obligatorias tras el parto; las familias monoparentales tienen 32. Para la madre, sigue siendo bastante menos de seis meses. Fuente: La Moncloa.
Por qué
Primero el bebé y su madre
Porque el bebé tiene derecho a ser nutrido por su madre sin restricción de tiempo, al menos hasta que sea capaz de tomar otros alimentos y de ser cuidado por extraños sin que se resienta su apego seguro con su cuidadora principal: su madre.
Porque quien ha gestado y parido necesita un tiempo de adaptación física, emocional y social muy superior a 16 semanas. Creer que ese periodo es «repartible con el padre» es ningunear el propio proceso biológico y mental de la gestación y el parto.
Porque no siempre hay «padre», y esa realidad se obvia demasiado a menudo. La mayoría de las familias monoparentales de nuestro país son monomarentales: según el INE, el 81,4 % en 2020. Pero hasta en el lenguaje tergiversamos la realidad.
Porque cuidar a los hijos no es una especie de servicio civil obligatorio, como hemos oído a algunos padres durante su permiso de paternidad. Para la mayoría de la clase política, el cuidado es una especie de impuesto que no nos gusta pagar y que intentamos evadir o repartir para tocar a menos. No se trata de cambiar pañales, señores y señoras políticos. A ver cuándo lo entienden.
Porque si al final lo hacen, tampoco merecen medallas como si fueran héroes. Ser un padrazo es directamente proporcional a ser una mala madre, y hacer campaña con la responsabilidad de los progenitores en el cuidado de sus hijos es moralmente deleznable.
Porque el cuidado es la base de la reproducción y la supervivencia de los mamíferos, especialmente de los humanos, cuyo desarrollo es especialmente largo. Los primeros años de vida son un periodo muy sensible que requiere algo más que comer lo suficiente para no morir de hambre, estar limpio y a resguardo.
Porque nuestros bebés tienen derecho al cuidado óptimo, y ese es el que provee su madre cuando está dispuesta a darlo sin sentir que pierde derechos, poder adquisitivo o calidad de vida.
Por eso:
Anunciar como medida permisos iguales e intransferibles para este primer periodo sensible del bebé es no entender nada de nada.
Prometer guarderías de 0 a 3 años es reírse de las necesidades de los bebés y de sus madres.
Ensalzar a mujeres que a la semana de parir ya están «emprendiendo por el mundo» es un insulto a las madres. Refleja una ignorancia supina de lo que supone el hecho maternal, de las necesidades del binomio madre-bebé y de las profundas repercusiones de todo lo que se hace o se deja de hacer en ese periodo.
El ejemplo
Emprender a la semana de parir
En plena campaña, Isabel Díaz Ayuso, entonces candidata del PP a la Comunidad de Madrid, puso como ejemplo a una mujer que acababa de dar a luz y ya se había puesto a trabajar. Así lo recogía un tuit de entonces:
«Díaz Ayuso pone de ejemplo y defiende a una mujer que acaba de dar a luz y ya se ha puesto a trabajar. Es decir, que renuncia a sus derechos. Pero atentos a lo que dice de las "mujeres de la izquierda"…» — @Sayo_cab75, 14 de mayo de 2019
Es un insulto, sobre todo:
A las mujeres con empleos precarios, a los que no quieren «volver» pero tienen que hacerlo porque su subsistencia depende de ello.
A las mujeres que sufren depresión posparto, la mayoría de las veces sin diagnosticar, porque ya se sabe que las mujeres somos tan emocionales que nuestros síntomas graves se confunden con nuestro día a día. Todo el mundo sabe que la depresión posparto se cura dejando al bebé y volviendo al curro, claro que sí.
A las emprendedoras que luchamos cada día por levantar negocios que nos permitan vivir y hacer eso que la sociedad nos prometió en falso: conciliar.
A Isabel Díaz Ayuso el derecho a tener 16 semanas tras el parto le parece cosa de «víctimas de izquierda». Me gustaría verla siendo camarera de pisos en un hotel, volviendo a hacer 20 habitaciones y 5 salidas, más los pasillos de las zonas comunes, a la semana de parir.
Cargando fardos de ropa sucia y empujando carros llenos de toallas, sábanas y productos de limpieza. Retorciendo cientos de veces la fregona que limpia los suelos que pisan quienes van al hotel a descansar, mientras su útero se retuerce con los entuertos del posparto y sus pechos se hinchan por pasar 10 horas sin amamantar a un bebé que vete a saber con quién estará.
A ver lo que le duraba esa ideología de «menospreciar los derechos de las trabajadoras» en esas circunstancias.
Que muchas hayamos tenido que buscar fórmulas para emprender porque no teníamos otra alternativa válida no es excusa para imponérselo a las demás. Algunas somos privilegiadas porque pudimos sacar adelante nuestro emprendimiento con un bebé a la teta. Pero ESO ES UN PRIVILEGIO que no todas tienen, señora Díaz Ayuso.
Al parecer, usted solo conoce emprendedoras premium, que pueden permitirse emprender por el mundo a la semana de dar a luz. No creo que hable de:
La peluquera del barrio, que trabaja 10 horas diarias de pie.
La que trabaja en una tahona y se levanta a las 3 de la mañana a hacer pan, además de la jornada de venta al público.
La que monta un restaurante y prácticamente vive allí para sacarlo adelante.
Esas emprendedoras, aunque quisieran (y ya le digo yo que, por mucho que les guste su trabajo, no quieren volver a la semana de parir), no pueden emprender con sus bebés de 7 días.
En definitiva: cada vez que ustedes hablan de mujeres, dan vergüenza. Cada vez que hablan de política referida a las familias, dan asco. Mucho asco.
La conciliación según ellos
«La generosidad de mi pareja»
Borja Sémper, entonces candidato del PP a la alcaldía de Donostia, respondía así en una entrevista a la pregunta «¿Qué hace para conciliar con la familia?»:
«Aprovecharme de la generosidad de mi pareja».
Al menos fue sincero: la conciliación de muchos se llama «mi pareja». O «mi madre».
Actualización 2026
Siete años después, igual
Escribí este post en la campaña de 2019. Siete años después, la Ley de Familias sigue en un cajón. El Gobierno la llevó al Congreso en 2023, la volvió a enviar en marzo de 2024 y desde entonces acumula decenas de prórrogas del plazo de enmiendas, sin fecha de debate.
En septiembre de 2026, el Congreso votó una proposición no de ley de Podemos que pedía aprobarla de forma inmediata. El resultado:
177
Votos en contra: PP, Vox, PNV y Junts
147
Abstenciones: el PSOE, el partido del Gobierno que la impulsó
19
Votos a favor
Unos la tumban. Otros, los que la redactaron, se abstienen. Ninguno la saca del cajón.
Y aunque la ley se aprobara mañana, no da a las madres lo que llevamos años pidiendo: tiempo para criar. El permiso por nacimiento ya es de 19 semanas por progenitor, iguales e intransferibles. Para la madre que acaba de parir y amamanta, siguen siendo poco más de cuatro meses. No seis.
Cambian los nombres en las listas. No cambia quién se queda fuera.
Para terminar
No hablen por nosotras
Así que no hablen por mí ni por la mayoría de las madres que conozco. Madres que cada día intentan satisfacer las necesidades de los suyos, casi siempre a costa de ellas mismas, de su poder adquisitivo y de su calidad de vida.
Y créanme: ese espíritu de «sacrificio» no es para alabarlo. De hecho, nos repatea que en mayo aparezcan campañas de marketing que refuerzan ese estereotipo como si fuera una virtud que mantener. No queremos que nos alaben por estar siempre a disposición de todos sin que se nos tenga en cuenta ni se nos escuche.
Queremos RESPETO.
Queremos poder ejercer nuestros DERECHOS, todos.
Queremos IGUALDAD en lo que somos iguales y EQUIDAD para contemplar nuestras diferencias con justicia.
Hollywood sabe que llevamos un romántico dentro deseando celebrar finales felices. Y lo usa para vendernos como amor lo que, visto de cerca, es un secuestro.
Hollywood sabe que la mayoría llevamos un romántico dentro deseando salir a celebrar los finales felices. Bueno, lo sabe Hollywood y cualquiera que quiera vendernos algo. Por eso estamos inundados de mensajes que idealizan la pareja como el súmmum de nuestras aspiraciones.
Y por eso crecemos con el detector de violencia, machismo y toxicidad totalmente desajustado. Normal, cuando desde niñas nuestros modelos son princesas ñoñas cuya única meta en la vida es ser lo bastante bellas para que algún príncipe las encuentre atractivas, hasta el punto de besarlas incluso muertas o inconscientes.
«Veo a una mujer inconsciente y puedo besarla sin molestarme en saber si ella querría o no». Caldo de cultivo de la cultura de la violación.
El marco
Acoso disfrazado de amor
En ese marco cultural que disfraza de amor el acoso, acabamos viendo películas como Crepúsculo y similares, o tarareando canciones en las que las mujeres no son más que herramientas para el placer de un machito bronceado, con barbita cuidadosamente descuidada, que se mueve como si nos concediera el inmenso placer de compartir planeta con él (véase Maluma o similares, porque parece que los fabrican en serie).
Y aquí una, que lleva unos añitos trabajando esto de ver más allá del «chico guapo y valiente conquista a chica guapa para hacerla feliz» (o «para hacerla mujer», que diría mi ídolo de infancia, Miguel Gallardo), va por la vida con el radar antirrelaciones tóxicas tan afinado que rara vez disfruta de una canción, una novela o una película taquillera.
Tras este preámbulo necesario, os cuento que vi Passengers hace unos días y, según avanzaba la película, me iba subiendo la mala leche.
Aviso de spoiler: si no la has visto, no sigas leyendo, porque la voy a destripar a gusto.
El argumento
Despierto, solo y con 90 años por delante
Miles de personas (unas 5.000) hacen un viaje interestelar de 120 años hacia otro planeta. Viajan en hibernación, para despertar al llegar y disfrutar de una vida al más puro estilo Tierra Prometida.
Durante el viaje, la nave choca con un meteorito y una de las cápsulas falla: uno de los pasajeros, Jim, despierta 90 años antes de tiempo. El dilema de la historia:
Seguir el viaje despierto, SOLO, sabiendo que morirá de viejo antes de llegar.
O despertar a alguien más para que comparta su «destino».
Por supuesto, el pobre chaval es guapo, porque a los guapos se lo perdonamos todo más fácilmente: ya sabéis, el efecto halo. Que se lo digan al señor Grey: quítale el dinero y la guapura, y estaría detenido por acoso en el segundo capítulo.
Nuestro apuesto protagonista intenta por todos los medios ser buen chico y no cargar a nadie con su mierda de suerte. Todo eso puntúa, claro. No vayamos a pensar que es un egoísta sin más: él lo intenta.
Intenta arreglar su cápsula y, al comprobar que no puede, intenta aprender a vivir solo en la nave, sin más compañía que un barman androide (que, como diría Ángel Sanchidrián, es lo que le da calidad a la película).
La chica
No se obsesiona: «se enamora»
Y, por supuesto, aparece la chica, Aurora.
Porque la no soledad no va de estar acompañado de un colega, sino de tener la novia que tú escojas, aunque ella no quiera.
La ve, le gusta y se pone a averiguar más sobre ella. Tras ver sus vídeos de presentación para el proyecto de repoblación cósmica, se obsesiona con ella.
¡Ay, no, perdón: se enamora! Que es la forma de explicar que alguien ve tu cara y tu cuerpo, te oye hablar a una cámara y cree que eres la persona de su vida, hasta el punto de pasar por encima de tus deseos y tus derechos para que te conviertas en la herramienta que cumpla los suyos.
Deseos y derechos
Mis deseos por encima de tus derechos
Mientras veía cómo avanzaba la película, no podía dejar de pensar en la gestación subrogada. Por ese mensaje de: «quiero ser madre o padre y, como no puedo por X, tengo derecho a conseguirlo por todos los medios a mi alcance»:
Aunque sea saltándome las leyes.
Aunque sea utilizando a los demás.
Aunque sea pisoteando sus derechos.
Porque todo el mundo sabe que los deseos de algunos están por encima de los derechos de otros, ¿no?
La mentira
Condenada a cadena perpetua
Como Hollywood hace muy bien su trabajo de moldear la conciencia colectiva, el guapito despierta a la chica y, por supuesto, no es sincero.
Porque empezar una relación con la única persona a la que vas a ver el resto de tu vida diciéndole que la has condenado a cadena perpetua en una nave espacial, que la has privado de su futuro porque tus deseos están por encima de sus derechos, no es buena táctica de seducción.
Así que le cuentas una milonga, sabiendo que muy mal se te tiene que dar para no acabar liándote con ella (no hay competencia, chaval, y eres guapo y estás cachas).
La moralina vomitiva llega tras el lógico desenlace: la chica se entera de la verdad (bendito androide sin conciencia) y se cabrea muchísimo, con todo el derecho del mundo. Le dice que se vaya a la mierda… Ah, no, que en la mierda ya están: él por accidente y ella por voluntad de él. Bueno, pues le dice que viva su mierda sin ella.
El final
El amor triunfa
Pero ninguna película que se precie acabaría castigando al guapo y dejando a la guapa cabreada y sola. Porque, en el fondo, todos sabemos que es mejor estar acompañadas de un guapo egoísta e infantil que solas con nuestra razón y nuestra dignidad. Así que, al final, el amor triunfa.
Viven su vida solos en su nave, se montan un huertecito cual Adán y Eva y mueren en la nave dejando un mensaje de amor eterno:
«El fin justifica los medios».
Para terminar
Síndrome de Estocolmo con final feliz
Y en esta exaltación del síndrome de Estocolmo hecha película, soltamos la lagrimita pensando que hemos visto otra película con final feliz.
¿Por qué las mujeres son mejores líderes que los hombres?
Este debate sobre quiénes son mejores, los hombres y las mujeres, se ha llevado desde tiempos inmemorables.
Las mujeres siempre han tenido mejores habilidades gerenciales y están dotadas de ciertas habilidades específicas útiles para el liderazgo. Desafortunadamente las mujeres han sido siempre menospreciadas y la sociedad no cree que sean mejores como líderes. Es una realidad que no obtienen la igualdad en muchas plataformas sociales.
Aunque las mujeres hacen la misma cantidad de trabajo con la misma cantidad de compromiso, no les pagan igual que a los hombres (brecha salarial).
Las mujeres son subestimadas en los campos de gestión aunque hay ciertos indicadores que demuestran que las mujeres son mejores líderes que los hombres. Sigue leyendo este artículo para conocer más:
Son mejores en la administración
Las mujeres han estado a cargo del hogar desde tiempos pasados. Saben cómo gastar y ahorrar dinero incluso cuando este es escaso. En los últimos años con su incorporación al mundo empresarial se ha comprobado que las mujeres son mejores gerentes pues saben cómo manejar de manera eficiente los recursos, cómo asignarlos y cómo mantener un equilibrio.
La mayoría de las mujeres optan por el «enfoque de la lista de cosas por hacer», lo que las convierte en profesionales de planificación y programación. La mayoría de los hombres optan por el enfoque de «como vamos yendo vamos viendo» que, a menudo, no funciona a su favor.
Las mujeres poseen muchos rasgos que, a ojos de sus compañeros de trabajo y subordinados, las califican como mejores gerentes. Son mucho más consideradas con las personas que trabajan para ellas y tienen la motivación de crecer junto con los demás en una organización.
Motivan a los demás
Motivar a los demás es una cualidad que no todos poseen pero las mujeres, en general, son motivadoras. Las mujeres tienen muy desarrollada la intuición que, a menudo, sale a la luz cuando se necesita.
Ellas saben muy bien lo que te motiva y lo que desencadena tus miedos así que pueden generar fácilmente ideas para alentarte y motivarte.
Algo a lo que cada vez se le da más importancia: las emociones. Las mujeres lidian mejor con ellas que los hombres que no están tan acostumbrados a manifestarlas. Las mujeres pueden hacerse cargo fácilmente de situaciones en las que los empleados están desanimados. Ellas energizan, llenan de confianza y motivan a ver la luz al final del túnel.
Un estudio también revela que las personas que trabajan con mujeres están más comprometidas que las personas que trabajan con hombres.
Son buenas para colaborar con las personas
Las mujeres se sienten cómodas trabajando en sistemas colaborativos. Se les da bien fomentar la unión en sus equipos.
Están acostumbradas a desempeñar muchos roles a la vez porque llevan toda la historia haicéndolo. Compaginar el trabajo en casa y fuera, hijos, mayores, compras, gestión de recursos, etc. LAs familias funcionan como pequeñas organizaciones y ellas tienen práctica en buscar el bienestar de todos.
Los hombres priorizan sus características alfa-masculinas para dirigir y suelen tener un estilo de liderazgo diferente, más jerárquico y menos grupal lo cual es un impedimento para el buen avance de una empresa.
A las mujeres les gusta trabajar en equipo, compartir sus opiniones e ideas y encontrar una solución para el problema que beneficiará a todos los miembros del equipo.
Saben buscar el éxito en contra de las probabilidades
Sí, algunas personas dirían lo contrario, pero las mujeres saben cómo alcanzar sus objetivos contra viento y marea. ¿Sabes por qué?
Porque siempre han enfrentado algún tipo de discriminación, restricciones y limitaciones. Que muchas mujeres estén lográndolo no significa que no sigan teniendo estos problemas. LAs que lo consiguen son un ejemplo de tesón y fortaleza.
Los hombres nunca se darán cuenta de lo que es ser subestimado desde su infancia.Todas las niñas y mujeres se han enfrentado a esto en algún momento. Eso les da a muchas un impulso extra para demostrar que las personas que ponen una barrera en su camino están equivocadas, que ellas pueden alcanzar el éxito en cualquier camino en el que estén trabajando.
Su ética empresarial es más fuerte
Las mujeres tienen una ética comercial más fuerte cuando se las compara con la de los hombres.
Dado que el comportamiento ético es altamente valorado en cualquier organización, las mujeres tienen una mayor posibilidad de ser líderes. Las mujeres también son más responsables de lo que hacen y bastante transparentes.
Están cargadas de paciencia
Las mujeres, definitivamente, tienen mucha más paciencia que los hombres. No apresuran las cosas sin pensarlo bien. Saben que las decisiones no deben tomarse a toda prisa. Se toman un tiempo para respirar y profundizar más antes de sacar conclusiones precipitadas cuando se trata de decisiones comerciales.
Sabemos también que las mujeres manejan el estrés de manera más eficiente que los hombres. El estrés puede desdibujar tu capacidad de toma de decisiones a veces y llevarte a tomar decisiones que arruinen tus posibilidades de ascenso.
Poseen mejores resultados de comunicación
Con frecuencia escuchamos chistes burlándose de cuánto hablan las mujeres. Es un cliché instalado en nuestra sociedad pero es eso, un cliché, las mujeres no hablan solo de banalidades o por hablar.
Las mujeres hablan con sentido la mayoría de las veces.Tienen una habilidad única para pensar racionalmente sobre todo.Tienden a analizar las cosas en profundidad y suelen encontrar soluciones efectivas. Pueden comunicarse tácticamente con las personas en sus tratos comerciales sin ningún problema.
Sus habilidades innatas les ayudan a aplicar sus ideas en el mundo corporativo de manera eficaz. Una mejor comunicación, necesaria para dirigir una empresa, facilita el flujo de información de una manera eficiente.
Mientras que los hombres prefieren la acción sobre las palabras, las mujeres prefieren hablar durante una discusión y luego continuar con el trabajo.Tienen una gran capacidad de escucha y esa es la razón por la que se relacionan mejor con los empleados y los clientes, entienden sus preocupaciones.
La comunicación desempeña un papel clave en nutrir y mantener una relación sólida, ya sea en una empresa o a nivel personal.
Por mucho que una parte de la sociedad siga creyendo que los hombres son mejores líderes, cada vez más personas están cambiando su perspectiva de género.
Las mujeres todavía tienen un largo camino por recorrer pero cada vez más mujeres demuestran con su trabajo sus excelentes cualidades y potencial para ser excelentes líderes.
¡Tú también puedes!
Andrés Gananci es un emprendedor y aventurero apasionado de la vida que fundó su primer negocio online con tan sólo 17 años.
12 años después, sigue viajando por el mundo mientras trabaja desde casa»
En un momento en el que las únicas voces relacionadas con los derechos de las madres que oímos son las de colectivos que piden guarderías de 0 a 3 años e igualdad de permisos de maternidad y paternidad, me parece fundamental seguir hablando de otros modelos de conciliación que sí se ajustan a las necesidades de todos.
Para colectivos que piden que los permisos de maternidad y paternidad sean iguales, se les olvida que las mujeres gestamos, parimos y amamantamos y esa función es exclusiva de nuestro género.
Antes que alargar la baja de paternidad los colectivos de madres llevamos años pidiendo que se amplíe la baja maternal al mínimo de 6 meses porque es un DERECHO DEL BEBÉ ser cuidado por la persona que para él mejor cumple la función de maternar, incluyendo amamantar.
Un bebé se alimenta exclusivamente de leche al menos hasta los primeros 6 meses, algunos hasta el año o más, así que pretender que renuncie a ese derecho para cumplir el objetivo político de cualquier otro colectivo es, no solo inconveniente desde el punto de vista de la salud y el desarrollo del bebé, sino que refleja un profundo desinterés en el bienestar y las necesidades de los niños.
La biología no es políticamente correcta y las mujeres tenemos derecho a maternar si lo deseamos todo el tiempo que nuestros hijos nos necesiten en exclusiva. Ya lo escribí hace años, que la igualdad en derechos ha de reconocer las diferencias y buscar la equidad. Para el bebé, mamá no es igual que papá, y una Ley que también vela por los más pequeños debería reconocer esa hecho fundamental de cómo somos los humanos en nuestra primera etapa. Y sobre todo entender que no satisfacer esas necesidades no tiene coste 0.
Si hay recursos para que la baja la coja también el padre, cuando hay padre, perfecto. Otra historia será para qué se cojan los padres esa baja, que ejemplos ya tenemos. Pero ampliar la del padre, cuando la de la madre es insuficiente es una solución bastante miope.
Para quienes, como el presidente Sánchez, opinan que el talento de las mujeres no puede perderse por ser madres, le recuerdo que esa decisión debería ser libre. Porque para la mayoría lo que no puede perderse es la oportunidad de criar a un hijo si se desea. Y la mayoría lo desea y no puede hacerlo porque luego nos penalizan al reincorporarnos al mercado laboral. Así que menos guarderías para criar bebés de 0 a 3 años y más enfocarse en políticas que permitan que nuestros hijos sean cuidados por las personas que desean hacerlo, sus madres, y no las instituciones. Inviertan en transformar la maternidad en algo valioso, reconocido, remunerado y que no se nos penalice a la vuelta.
Nuestro talento no se pierde por ser madres, lo estamos invirtiendo en nuestro mayor activo: l@s ciudadan@s del futuro, nuestr@s hij@s.
Ofrezcan otras vías de conciliación que no pasen por dejar a nuestros bebés y nosotras irnos a producir para vete a saber quién.
La mayoría de las mujeres que conozco no están locas por separarse de sus bebés de 16 semanas para reincorporarse a su empresa. Lo hacen porque no les han dado otra alternativa si no quieren perder independencia económica.
Prefiero que mis «talentos» estén enfocados en la dirección que yo elija, que en mi caso y en el de millones de madres, será criar y disfrutar de mis hijos, antes que abandonarles en manos de funcionari@s, que vete a saber cómo son y qué opinan de los niños, que siendo utilizados para mantener un sistema que sigue sin valorarnos en lo que realmente somos.
Trabajen ustedes para eliminar YA la brecha salarial, inviertan en educación para erradicar el machismo y la violencia de género, asegúrense que las madres no pierden poder adquisitivo ni social cuando crían a sus futuros contribuyentes, penalicen a las empresas DE VERDAD que siguen preguntando a las mujeres si van a tener hijos en sus entrevistas de trabajo, den ustedes ejemplo desde la clase política demostrando que los hijos, los suyos, les importan porque son lo más valioso que tenemos y que pueden perderse unas elecciones por haber parido y no pasa nada. De ustedes depende que de verdad «no pase nada» cuando una mujer vuelve tras ausentarse por haber estado pariendo y criando.
Porque mientras sus soluciones sigan siendo que las mujeres RENUNCIEMOS a la posibilidad de criar hijos y amamantarlos el tiempo que queramos, mientras sus políticas de conciliación sean guarderías de 0 a 3 años, acogidas tempranas y recogidas tardías en los centros escolares y campamentos de verano para que los niños estén con quien sea menos con sus padres… es que no han entendido ustedes nada.
Y la verdad es que da penita ver que da igual al ideología de los partidos de nuestro país, porque ninguno ha entendido qué necesitamos las madres y sobre todo, qué necesitan nuestros hijos.
Luego nos quejaremos de violencia, de fracaso escolar, de brecha intergeneracional… Cuando lo que ya sabe cualquiera que se ha molestado en averiguar cuáles son los cimientos de una sociedad sana es que invertir en autoestima es crucial. Y mal van nuestros hijos de autoestima si desde que nacen se dan cuenta que para sus padres, lo primero, es su trabajo.
Así no señor Sánchez, asi no #malasmadres, así no.
Conocí a Irene García Perulero hace ya unos cuantos años gracias a que ambas escribíamos en Blogs sobre Maternidad.
Fuimos 2 de las coautoras de Una Nueva Maternidad, el primer libro de esa temática escrito por madres.
Desde que aquel proyecto nos unió, hemos ido creciendo como madres, como mujeres y sobre todo, como amigas y compañeras.
Han sido años tumultuosos para ambas en muchos sentidos. Hemos vivido duelos, miedos, pérdidas, decepciones… pero también alegrías, risas, retos, superaciones y encuentros.
Nuestra amistad se basa en eso que seguro tú también sientes que te une a tus amigas de verdad: el respeto, la admiración, la camaradería, la lealtad, el apoyo, la presencia aun en la distancia.
Llevábamos años queriendo hacer algo juntas y por unas cosas u otras siempre lo íbamos postergando.
Hasta que este año decidimos que era el momento.
Ambas hemos estado los últimos años trabajando con mujeres, cada una desde nuestros respectivos programas de formación y desarrollo personal y profesional.
Seguro que conocéis Ni Putas ni Princesasy Ni Héroes ni Villanosde Irene o mis formaciones de Asesoras Continuum, Escuela de Porteo Mimos y Teta o mi último proyecto Empowerment Training.
Ahora te presentamos este proyecto juntas uniendo la experiencia combinada de tantos años hablando de mujeres, con mujeres y para mujeres.
#EDEN
#EDEN son las siglas de un programa de transformación en el que estaremos aproximadamente 7meses: EL DESEO ES NUESTRO
Lo hemos preparado con el entusiasmo de quienes saben que no sólo va a ser interesante y divertido (algo asegurado cuando Irene y yo nos juntamos) , sino motivante y provechoso.
Estamos muy emocionadas porque nuestro primer objetivo lo conseguiremos solo difundiendo el nombre y la imagen del programa:
Queremos que el deseo femenino sea un tema de conversación y que seamos nosotras las protagonistas de nuestro propio placer.
PROGRAMA DE TRANSFORMACIÓN Y EMPODERAMIENTO SEXUAL PARA MUJERES
No lo tenemos fácil en un mundo a la medida masculina, en el que, aún se empeñan en vendernos el «consentimiento» como la panacea para evitar las agresiones sexuales.
No sé tú, pero a mi «consentir» me suena a todo menos a algo placentero para mí.
El mundo, el sistema, las leyes, los jueces, los medios, no lo entienden, porque el foco ha sido siempre el placer masculino, la medida de lo satisfactorio.
A nosotras nos han educado para complacer, que no es precisamente sentir placer con el otro, como parecería etimológicamente, sino darle al otro lo que él quiere.
Esta forma de educación y de opresión nos ha mantenido enajenadas de nuestro propio cuerpo, de nuestra sexualidad. O culpables si te decidías a vivirla.
Por esto y por muchas cosas más #EDEN va a ser un programa que va a marcar un antes y un después en tu vida, en la de todas.
¡UNETE A NOSOTRAS!
Empezamos el 19 de septiembre un viaje de unos 7meses a lo largo de nuestra sexualidad.
Te invito a visitar la página del programa y descubrir el contenido.
No hay inversión más rentable que la que hacemos en nosotras mismas. Somos nuestro principal activo, sea de nuestra vida personal, familiar, social y/o laboral.
Todo lo que hacemos está influido por la percepción de nosotras mismas y, créeme, esta está muy lejos de ser la mejor posible.
Es tiempo de trabajar conceptos como la autoestima, la visibilización, la capacidad y el derecho de las mujeres a ocupar el espacio que merecemos, el que es nuestro en justicia.
Si quieres optar a este Programa a un precio reducido, suscríbete a nuestro boletín y recibirás un enlace especial de promoción con más del 25% de descuento sobre el precio real. Y alguna que otra sorpresa más.
Llevo llorando desde anoche… bueno no, llevo llorando desde que tengo uso de razón, por fuera o por dentro.
Imagino que, como todas, crecí sabiendo que el mundo es un sitio peligroso para las niñas y las mujeres.
Nunca me explicaron abiertamente que tenía que cuidarme de los hombres, pero siendo muy pequeña, MUY PEQUEÑA, un varón de mi familia, algo mayor que yo me dijo:
“Déjame que te vea cómo es tu cosita y yo luego te enseño la mía”
No sólo se la enseñé, recuerdo que me estuvo tocando. Recuerdo en qué parte de la casa estaba yo, donde me tumbé. No recuerdo cuánto duró. Sólo sé que cuando decidió parar, él no me enseñó “la suya”. Nunca se lo conté a nadie. No era muy consciente de por qué, pero aquello me avergonzaba.
PRIMERA LECCIÓN: no hay justicia ni equidad para las mujeres. SEGUNDA LECCIÓN : cuando un hombre usa tu cuerpo, la vergüenza la sientes tú
Recuerdo muy vagamente años después haber oído susurrar a las mujeres de mi familia sobre una violación en el entorno. Era demasiado pequeña para entender de qué hablaban y ese tema nunca se trató, salvo por algún comentario posterior de “igual se lo buscó ella”,así que nunca supe qué pasó ni cómo.
TERCERA LECCIÓN: TODAS SOMOS VIOLABLES CUARTA LECCIÓN: NO TE VA A CREER NI TU FAMILIA QUINTA LECCIÓN: al hilo de la segunda lección que aprendí, que LA VERGÜENZA ES MAYOR CUANTO MAYOR SEA EL ABUSO
Con unos 8 o 9 años de camino al colegio se me acercó un hombre y empezó a darme conversación. Quizás esas lecciones que aprendí sin que nadie me las enseñara fueron las que me hicieron desconfiar. Le mentí sobre mi nombre, sobre mi edad, sobre dónde vivía y sobre a qué colegio iba.
Una niña caminando por una calle desierta ya sabía que era una víctima potencial y ese hombre aparentemente simpático que quería regalarme una bici un peligro.
Caminé en dirección a otro colegio y en el tumulto de niños entrando le perdí. Me escabullí y fui a mi colegio sintiendo mucho miedo. Mirando para atrás todo el rato. A la salida temía verle esperándome en la puerta. Una niña de esa edad asumiendo la responsabilidad de zafarse de un hombre que vete a saber qué quería.
Tuve suerte. Nunca más le vi. Muchas veces he pensado en qué podría haber pasado de no haber sido una niña “espabilada” y “desconfiada”. Aprendí que mentir a veces te salva… del miedo o la vida.
SEXTA LECCIÓN: DESCONFIAR PUEDE SALVARTE LA VIDA
Una vez con unos 13 años, aprovechando que dormía con una amiga, salimos de noche e hicimos autostop junto a otra chica que encontramos por la calle y que iba sola. Tan pronto ya tenía claro que la sororidad era eso, recoger a las chicas solas por la calle. Que juntas teníamos alguna oportunidad. ( aún no había ocurrido el caso de las niñas de Alcáser, que también eran 3, hicieron autostop y las torturaron y asesinaron). En esa época de más inocencia en cuanto al nivel de violencia que podemos sufrir las mujeres, antes de hacer autostop yo les dije a las otras 2 que esperaran y cogí una piedra grande que llevaba todo el rato sujeta con mi mano en el bolsillo derecho.
Ya sabía que no me podía fiar.
Siempre ha sido una guerra. Nosotras lo sabemos. Todas. Por eso todas tenemos un lema femenino “ Avisa cuando llegues”, porque todas sabemos desde que somos muy pequeñas que podemos no llegar. Que podemos ser raptadas, asaltadas, abusadas, violadas, torturadas y/o asesinadas.
Eso es ser mujer. Sabernos siempre objetivo de unos ojos desconocidos o no.
Hoy escribí en Facebook que llevo llorando desde ayer, cuando lo cierto es que llevamos llorando toda la vida.
Lo de ayer solo es otro abuso más, otro asalto más, otro motivo más de miedo, de rabia, de ira.
Mi vida de adulta ha sido viendo campañas para convencernos de que denunciemos, que no callemos. Que venzamos el miedo a la vergüenza, a las represalias, a reconducir la vida después de un hecho traumático sabiéndonos centro de las miradas y sospechas de los demás.
Nos dijeron que la respuesta es denunciar: ERA MENTIRA SÉPTIMA LECCIÓN: DENUNCIAR NO TE ASEGURA JUSTICIA
Cuando las mujeres empezamos a denunciar las violaciones entonces aprendimos otra lección: NO NOS VAN A CREER.
OCTAVA LECCIÓN: LAS MUJERES SOMOS SIEMPRE SOSPECHOSAS DE MENTIR
Cuando empezamos a poder hablar ante jueces de los abusos y violaciones a las que nos someten, sufrimos otro tipo de abuso y violación:
NUNCA NOS RESISTIMOS LO SUFICIENTE. NOVENA LECCIÓN; DE UN MODO U OTRO LA CULPA ES NUESTRA.
Es una guerra que no han querido declarar abiertamente para que no nos armáramos, para no responder luchando.
Nos pidieron confiar en las fuerzas de seguridad y en la justicia: ERA MENTIRA
Porque no nos va a defender un sistema creado y mantenido por el mismo sistema que nos ataca y nos agrede.
Un sistema patriarcal hecho por y para los hombres. Con un machismo estructural que hace que hablar de justicia y equidad para las mujeres sea una utopía. COn una pirámide de violencia de género en la que la violación y el asesinato es sólo la punta, sostenido sobre una base de machismo que afecta a todas las personas, en todos los ámbitos.
HAy que cambiar el sistema, educar con perspectiva de género a nuestros hijos y reeducar a cada miembro de esa estructura para que identifique su machismo y lo erradique.
Prueba de ello, el movimiento #MeToo #YoTambién en el que prácticamente todas las mujeres del planeta reconocieron (reconocimos) haber sufrido alguna vez abuso sexual.
HAy que lograr el cambio real haciendo que sean ellos, los hombres, los que empiecen a hacer ese ejercicio de conciencia de reconocer todas las formas en que abusaron de alguna (s) mujer(es). Si millones de mujeres hemos sido abusadas y agredidas, lo hemos sido por otros tantos millones de hombres. Es hora de que den un paso al frente y asuman ellos, no nosotras, la vergüenza de los abusos y violaciones.
Es hora de que se identifique y se nombre que vivimos en una cultura de la violación que hace que se jaleen abiertamente y sin represalias, eslóganes que no son sino apología de la violencia de género.
Es hora de que no se hable de “consentimiento” como se hace, sino como lo que debe ser. Porque ya no es que #NOESNO si no de que “ si no es SÍ también es NO “.
Y voy más allá, el sexo no ha de ser una práctica concebida como de deseo del hombre que la mujer consiente. Las mujeres tenemos deseo sexual, nuestro, propio, que no pasa obligatoriamente por satisfacer el deseo masculino.
Cuando un juez en una grabación donde 5 hombres intimidan a una joven de 18 años en un portal, la desnudan, la penetran oral, vaginal y analmente, eyaculando dentro sin preservativo, la graban y la abandonan solo ve un “ambiente de jolgorio y regocijo” es evidente que no solo es incapaz de ver lo que es violencia, es que necesita con urgencia educación sexual y de género.
Es hora de que todo hombre que ve porno que incluye agresiones, violaciones y sometimiento de la mujer, que fantasea con violaciones , individuales o en grupo, y más si son jueces aprendan a distinguir sus deseos violentos y agresores de la realidad.
Es curioso que uno de los violadores de La Manada alegara que “ella disfrutó más que yo”. ME resulta curioso que si era una relación sexual consentida en ningún momento le practicaran sexo oral a ella. Que no significaría que no fuera una violación igualmente, pero que muestra que en el imaginario colectivo masculino, se asocia el placer sexual a dar placer al macho.
Cualquier hombre que crea que las mujeres sentimos placer sólo por darles placer a ellos necesitan revisar de forma urgente su conocimiento sobre la sexualidad femenina.
Esta sentencia no hace sino visibilizar lo que la mayoría de las mujeres ya sabemos, que no nos respetan, que somos objetos de consumo, de su consumo. Que la única forma de tener cierta credibilidad es cuando elegimos entre nuestra “honra” o nuestra vida.
NAgore y Diana se resistieron y fueron asesinadas, C. no se resistió, fue violada y no se la considera violada porque está viva.
No nos engañemos, esta no es la disyuntiva, escoger entre resistirnos o vivir. Esa misma disyuntiva es en sí misma una trampa porque nos coloca siempre como víctimas. La única alternativa posible es el de ser libres, que no nos agredan, que nadie se crea con el derecho de poder hacernos nada.
YA está bien de arrojarnos a nosotras esa responsabilidad de que no nos hagan nada. ES responsabilidad de los hombres aprender de una maldita vez que no pueden tocarnos.
Si no lo hacéis por las buenas igual va a ser hora de que lo hagáis por las malas.
De momento no nos olvidemos ninguna de quiénes son estos 5 miembros de una gran manada.
DECIMA LECCIÓN: ESTAMOS EN GUERRA Y ELLOS NO NOS VAN A PROTEGER NI DEFENDER NI HACER JUSTICIA
¿Por qué los hombres insultan, humillan, difaman, ningunean, ridiculizan, golpean, acosan, violan y matan a las mujeres?
Se hacen estudios, análisis, ensayos y discursos para responder a esa pregunta. Se dan elaboradas explicaciones, cuando la respuesta es bien sencilla. La respuesta es tan simple como estas dos palabras :
PORQUE PUEDEN
Dice un refrán popular “ querer es poder” y con la violencia de género vemos el máximo exponente. de esa máxima. La clave está en que QUIEREN insultar, humillar, difamar, ningunear, ridiculizar, golpear, acosar, violar y matar y PUEDEN hacerlo con una impunidad más inmoral aún que el hecho en sí.
Ese saberse en una posición de ventaja, jugando a su juego, con sus reglas y sus árbitros, incluso con sus propios seguidores al más puro estilo hooligans, es un caldo de cultivo perfecto para que proliferen cual bacterias putrefactivas, este tipo de hombres. Seres asquerosos, por mucha apariencia de normalidad y buen rollito con el que se disfracen, que no van más allá de su propia voluntad y deseo, que sólo viven para su propia satisfacción, para sus deseos, aunque sus deseos sean totalmente ilícitos e inmorales.
Deseos versus derechos
Vivimos en un mundo que no siempre distingue entre deseos y derechos, la prueba más evidente y actual es la comercialización de los úteros de mujeres para satisfacer el deseo de algunos de tener un bebé a la carta.
Los deseos no son malos en sí mismos. Todos somos libres de desear algo. Lo malo es no entender que no tengo derecho a algo o a hacer o conseguir algo de alguien sólo por desearlo.
Vivir creyendo que uno puede conseguir todo lo que sueña o desea es muy peligroso si no somos conscientes de que existe un límite natural, ético y moral que no podemos sobrepasar.
No deberíamos tener que explicar a estas alturas que cuando nuestros sueños y deseos afectan a otras personas, ya no basta con nuestra voluntad como vara de medir y licitar.
Y es que el respeto es algo que todos deseamos de nuestro lado, pero no siempre devolvemos hacia fuera. El respeto es la verdadera medida, el verdadero límite a mis deseos, la norma no escrita en cada detalle que facilita la convivencia.
Hay quien cree que el amor mueve el mundo, pero es el respeto quien hace que ese movimiento sea fluido y no violento. Sobre todo en un mundo con un punto de vista tan erróneo sobre el amor.
La violación: un crimen de guerra
El amor ha sido la excusa durante milenios para ejercer y sufrir violencia de género. Las mujeres sabemos mucho sobre violencia. Sobre todas las violencias, las directas y las indirectas.
No hemos sido históricamente los soldados en las batallas, no hemos llenado los campos de prisioneros de guerra, pero no ha hecho falta. Nunca hemos estado al margen de las guerras de los hombres, porque nuestros cuerpos, siempre, en toda época, en todo momento, han sido campos de batalla. Nuestra identidad siempre ha sido terreno a conquistar, nuestro poder femenino era un objetivo a someter, nuestros cuerpos terrenos que arrasar.
Los hombres siempre lo han sabido, por eso es práctica habitual en las guerras, luchar fuera del campo de batalla y utilizar las violaciones a las mujeres como arma.
La muerte luchando se considera digna, ser un preso de guerra también. Pero ser violada te convierte en una muestra andante de que el enemigo plantó su bandera en ti. Dejas de ser una persona y pasas a ser una vergüenza eterna, incluso para los tuyos.
Quien cree que todo lo relacionado con la violencia, el acoso, el bullying y las violaciones tiene que ver con el deseo sexual se equivoca. Es una cuestión de poder y sumisión.
Por eso no viola el que tiene ganas de follar, el feo, el marginado, el que no liga con facilidad.
Viola el que no acepta un “no”
el que no es capaz de empatizar
el que no ve a la mujer como una persona, sino como un objeto para satisfacer su propio deseo.
Viola el que cree que a las mujeres nos gusta convertirnos en cuerpos sin voluntad para que él/ ellos hagan lo que quieran con nosotras.
Violan los que tras llenar su mente con fantasías que el porno les ha presentado como creíbles creen que a alguna mujer libre y medianamente sana emocional y psicológicamente hablando, le gusta que uno o varios hombres la fuercen y penetren con violencia por todos lados.
Violan los que se excitan con la violencia y la humillación a solas y fantasean con llevar esas escenas a la práctica.
LA realidad es que hay muchos más violadores potenciales de los que creemos, muchos más de los que acaban cometiendo el hecho. La mayoría de las mujeres estamos rodeadas de violadores potenciales, que quizás no lleguen a consumar sus fantasías, pero sabes que las tienen cuando les oyes reir los chistes del compañero. Cuando muchos de sus comentarios sobre las mujeres reflejan que están totalmente inmersos en la cultura de la violación. Cuando como género en vez de recriminar al que se expresa en esos términos, le jalean, se suman, o se callan.
Querido hombre que estás incómodo al leer esto:
No siento que lo estés, porque ese mismo sentimiento es la prueba de lo que digo. En este tema, quien calla otorga.
El género culpable
Ayer estuve hablando con mi hijo sobre el holocausto y explicándole lo que es la culpa colectiva. El pueblo alemán en su conjunto fue culpable del holocausto. Sí, esas gentes normales que se tenían por buenas personas. Pero callaron.
Hoy, los hombres de este planeta, como género sois culpables.
Culpables porque tenéis que ser vosotros los que paréis esta bola de nieve que nos arrojais y en vez de eso, algunos solo os apartais para que no os toque.
Tenéis que ser vosotros quienes dejéis de una vez ese espíritu de mal llamada lealtad fraternal, más propio de películas de adolescentes universitarios que de adultos, y empecéis a parar los pies a vuestros «colegas».
Es hora de que no permitáis que los malnacidos que presumen de cómo tratan a “su novia”, o a una mujer cualquiera, conocida o desconocida, hablen como hablan, actúen como actúan.
Es hora de que reaccionéis más a la violencia que se nos ejerce día tras día, que a los penaltys que os pitan en contra.
Es hora de que seáis parte del cambio atacando a los violentos, no a las víctimas.
Es hora de dejar de excusaros con lo de “notallmen” (“no somos todos iguales”).
Porque lo cierto es que si no haces nada en contra, eres uno de ellos. Aquí, como en las guerras de soldados que entran en los pueblos a violar a las mujeres, no hay terreno neutral.
¡Locas feminazis exageradas!
Si crees que exagero o que soy una loca feminazi, una loca del coño o similar, mira estas imágenes…
Frases recopiladas en ForoCoches.
Imágenes de muestra de cómo se divierten nuestros jóvenes universitarios.
Futuros abogados e ingenieros en plena ODA A LA CULTURA DE LA VIOLACIÓN Y LA MISOGINIA
No es sentido del humor. Es VIOLENCIA
Más ejemplos de "humor" en camisetas
Tras leer esas frases dime que sigues estando orgulloso de tu género.
Dítelo en el espejo, díselo a tu pareja, díselo a tu madre, a tu hermana, díselo a tu hija.
Y si frente a las mujeres que te importan te avergüenzas de estas frases, pregúntate por qué.
¿Es porque respetas a las mujeres sólo cuando son algo tuyo?
Porque entonces es machismo también.
No nos respetas porque somos personas, sino porque la falta de respeto a algo «tuyo» la consideras una falta de respeto a ti, como hombre.
Las mujeres no merecemos respeto por ser “algo” de un hombre. Merecemos respeto por ser nosotras mismas. Merecemos respeto, punto.
Merecemos que ningún hombre pueda intimidarnos, y si no hacéis nada para que el mundo que compartimos sea un lugar seguro, entonces deberíais estar prepcrados para el día que todas decidamos aplicar lo de “ ni una agresión sin respuesta”.
Preferiría no criar a mi hija y mi hijo en ese mundo, pero ¿sabes?
Prefiero criarlos así, que lamentar una muerte más.
Prefiero tu vergüenza a nuestro dolor.
Prefiero pagar por una agresión como respuesta que llorar a una más, a una menos.
Los días 18, 19 y 20 de noviembre 2016 se celebra en la Villa de Moya (Gran Canaria), SURCA , Foro interdisciplinar por la igualdad de las mujeres del ámbito rural de las Islas Canarias.
Como parte del programa del sábado presentaré en primicia mi nuevo taller «No me cuentes cuentos» enfocado al desarrollo personal de la mujer y prevención de la violencia de género.
Por tecer año consecutivo el Ayuntamiento de la Villa de Moya, concretamente la oficina del Servicio de Prevención y Atención Integral a Mujeres y Menores Víctimas de Violencia de Género, cuentan conmigo para su programa de actividades .
Al final del post tenéis la ficha de inscripción para participar de forma gratuita en los talleres.
Este es el folleto en versión digital con todo el programa de actividades:
«Destacados expertos juristas debatirán sobre la inserción sociolaboral y la discriminación que padecen las mujeres rurales, en el primer Foro interdisciplinar por la igualdad de las mujeres del ámbito rural de las Islas Canarias, SURCA Villa de Moya 2016, que se celebrará en el municipio norteño del 18 al 20 de noviembre. Un evento organizado por el Ayuntamiento de la Villa de Moya, que también incluye jornadas de ponencias y conferencias, mesas redondas, talleres vivenciales, sesiones de intercambio de experiencias y la Muestra Comercial y Artesanal de Mujeres Emprendedoras, con medio centenar de stands y un punto de encuentro en el que mujeres de todas las islas expondrán sus productos y proyectos empresariales ya en desarrollo o previstos de ejecutarse.
De esta forma, el municipio norteño mantiene su compromiso e implicación para lograr la igualdad real y efectiva entre mujeres y hombres de los territorios rurales, y continúa diseñando acciones para combatir la discriminación y dificultades que ellas padecen a la hora de acceder a un empleo o gestionar su propia economía y recursos, lo que a su vez les supone afrontar situaciones de dependencia y exclusión social. Como reflejan los datos del pasado mes de septiembre del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPES), que situaron el desempleo femenino en los municipios rurales de Gran Canaria en el 55%, con 9.979 mujeres sin trabajo cotizante, de las que el 45% tiene entre 25 y 44 años y el 49,3% más de 45 años. Asimismo, los datos de la Asociación Insular de Desarrollo Rural, cifran en el 82% las mujeres que colaboran en las labores agrícolas, si bien el 59% lo hacen sin cotizar y sólo el 9% es titular de los bienes comunes con sus maridos.
“Es una situación que las administraciones públicas debemos afrontar con urgencia y con acciones concretas, más allá de dedicar palabras de ánimo y apoyo a las mujeres”, expresó el alcalde de la Villa de Moya, Poli Suárez, en la presentación del programa de SURCA 2016. En este sentido, Suárez abogó por “ir de la mano de los expertos juristas y las propias mujeres, para ahondar así en las dificultades que padecen, conocer su realidad y adoptar las medidas más eficaces para resolver la inadmisible injusticia que todavía sufren en pleno siglo veintiuno”. Para esta misión, el alcalde moyense se refirió a la alegoría del nombre del evento “que no sólo hace referencia a los surcos tan presentes en nuestros paisajes y que las mujeres aran en la tierra para sembrar las semillas, sino que queremos atravesar, cruzar, romper y, en definitiva, surcar las barreras que generan desigualdad y que impiden la visibilidad y empoderamiento de las mujeres del ámbito rural”.
Por su parte, la consejera de Igualdad del Cabildo de Gran Canaria, María Nebot, se refirió a las características específicas del entorno rural en Canarias y los condicionantes que suponen para las mujeres, tales como “la escasez o falta de infraestructuras, la dificultad de alternativas al transporte, el mayor control social y el fuerte peso aún de creencias discriminatorias, hace que cambiar y romper con las tradiciones y cuestionar los roles de género, se produzca de una manera más lenta”. Nebot también afirmó que “la economía a nivel macro o pequeña escala, no se entendería sin la aportación de las mujeres, una intervención vinculada a asumir la carga de los cuidados y los trabajos domésticos no remunerados, a los que en el medio rural se suma la implicación en las tareas agrícolas y ganaderas generando una triple discriminación”.
El presidente de la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Canarias, Humberto Guadalupe, destacó la importancia de este tipo de iniciativas “para sensibilizar a los actores jurídicos, jueces y juezas, de la discriminación que padecen las mujeres al acceder a un empleo y que la estamos detectando también en los procesos judiciales”. Guadalupe considera también “muy relevantes y necesarios” los contenidos que se abordarán en SURCA 2016 “para divulgar los derechos de las mujeres y concienciarnos de esta realidad que se vive de manera especialmente acuciada en los territorios rurales, donde las mujeres se enfrentan a dificultades añadidas para acceder a la información sobre sus derechos”.
En este sentido, Humberto Guadalupe destacó el proyecto Educando en Justicia Igualitaria, diseñado por la Asociación de Juezas de España para luchar contra la violencia de género desde las escuelas, en conjunción con las familias, personal de educación y jóvenes entre 9 y 18 años. Una iniciativa pionera que se implantará en Lanzarote a partir del 28 de octubre, con 11 centros de enseñanza adscritos y más de mil alumnos, que abordarán las discriminaciones y violencias de género, así como los estereotipos sexistas instalados en la sociedad. “Un programa que acerca a los estudiantes el mundo judicial a través de visitas guiadas a las instalaciones y la preparación y escenificación de un juicio con perspectiva de género, que les aportará una experiencia enriquecedora que les dará la información más certera sobre el funcionamiento de los juzgados y el concepto de justicia”, concluyó el presidente.
En torno a esta problemática de las mujeres rurales girará el programa de SURCA Villa de Moya 2016, que tras la inauguración el viernes, comenzará con la ponencia marco sobre Ética y Eficacia en la Inserción Sociolaboral para Mujeres, a cargo de Raúl Henríq, graduado social y profesor de formación y orientación laboral. Acto seguido será el turno de José Antonio Baeza, licenciado en Filosofía y Derecho, quien departirá sobre Práctica y entrenamiento de la Inteligencia Emocional; Mónica Herreras, jueza de adscripción territorial de la Audiencia Provincial de Las Palmas, en la sección especializada en violencia de género, abordará el Contexto y potencialidades de mujeres que han sido víctimas de violencia de género; Gloria Poyatos, presidenta de la Asociación de Juezas de España y magistrada de la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Canarias, tratará en su ponencia Educando en Justicia Igualitaria; y completará la primera jornada la ponencia del presidente de la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Canarias, Humberto Guadalupe, sobre Discriminación de la mujer en el acceso al empleo.
El sábado se retomará la sesión con la ponencia Comienza la Revolución Emocional y Social de la Mujer, a cargo de Raúl Henríq, profesor y experto en orientación laboral, además de promotor y coordinador de las Escuelas Potenciadoras de Mujeres y del Club de Empleo del Norte de Gran Canaria. Y posteriormente, las propias mujeres participantes en estas Escuelas, explicarán su experiencia y vivencias en la búsqueda de empleo. También se presentará la Federación de Asociaciones de Mujeres del Norte de Gran Canariay se llevarán a cabo los talleres «No me cuentes cuentos», a cargo de Nohemí Hervada, directora de Asesoras Continuum y divulgadora de temas de familia, mujer y desarrollo personal; Mil caras, impartido por la arteterapeuta Rosa Mesa; Teatro sensorial, a cargo de Smaranda Rutzui, licenciada en Teatrología; y Celebrando nuestra fuerza vital: soltando lo que nos impide tomar, por Esther Reyes, psicoterapeuta.
El domingo será el turno de la Muestra Comercial y Artesanal de Mujeres Emprendedoras, de 10 a 15 horas, con medio centenar de stands a lo largo de la calle principal del casco de la Villa de Moya de exposición y venta de productos elaborados por mujeres emprendedoras de Canarias. Paralelamente se llevarán a cabo presentaciones de estos productos en la Plaza Tomás Morales, en una jornada amenizada por actuaciones musicales.
Tengo perfil de bruja. Sí. De la bruja mala de los cuentos. Tengo una cara angulosa, una nariz larga y puntiaguda y encima tengo dos verrugas en la cara. Durante años nunca me hacía fotos de perfil. Bueno, la verdad es que nunca me gustó hacerme fotos, pero las pocas que admitía, siempre eran de frente. Esta mañana, mientras desayunaba en la cama con mis hijos, me pregunta el mayor que por qué todas las brujas tienen verrugas. Y aproveché para contarle qué eran las brujas y por qué la literatura ha mantenido ese estereotipo negativo de la mujer.
Les he explicado que antes llamaban brujas a aquellas mujeres que sabían leer, que sabían utlizar plantas como remedios, a las que ejercían de parteras o chamanas. O sencillamente a las que decidían vivir libres sin casarse, a las que cuestionaban la autoridad (patriarcal, por supuesto) establecida. Las que tenían religión propia, las que adoraban dioses, catalogados como falsos, pero que eran mucho más reales que los «oficiales». ¿Acaso no es más dios para el ser humano el Sol, la Tierra o la Lluvia que la estatua de madera de un moribundo o de un cuerpo sentado inerte viendo la vida pasar?
Brujas temidas, odiadas y perseguidas por pensar, por tener cirterio propio y por no someterse al poder violento y abusivo. Brujas envidiadas por quienes deseando esa libertad física y de pensamiento no se atrevían a dar el paso y salirse de los sistemas establecidos. Brujas perseguidas y quemadas o apedreadas o marcadas y avergonzadas.
Ostracismo, castigo, prisión, muerte… Esas han sido las armas de una sociedad que intentaba erradicar las muestras de inteligencia e independencia.
Quizás las brujas fueron las primeras conscientes de lo que es la inteligencia emocional.
Quizás ellas sabían que el conocimiento intelectual acumulado en las bibliotecas de quienes tenían el poder (político o religioso) no servía para mucho.
Quizás eran ellas las que de verdad sabían los secretos de la vida y la muerte, de lo que es realmente importante.
Quizás ellas mientras morían quemadas en hogueras y gritaban maldiciendo a sus verdugos en el fondo sabían que eran más libres con su muerte que toda esa masa borrega que observaba y disfrutaba con el espectáculo de ver cómo se extinguía la única posibilidad de libertad real que habrían conocido en su vida.
Hoy las brujas no sólo son aquéllas que profesan una religión oculta. Las brujas de hoy no necesitan vestir de negro, tener verrugas en la cara o en el cuerpo, señal de su relación con el demonio. Las brujas de hoy sabemos que da igual tener un perfil aguileño o una cara angelical porque lo que nos define es nuestro poder.
Hoy no necesitamos hacer conjuros alrededor de un caldero.
Hoy conjuramos con las palabras. Escribiendo en lugares como este, agitando desde las redes, en nuestros círculos de mujeres.
Hoy seguimos sin callarnos ante quienes creen que su género, su rol o su situación les otroga un poder que no tienen sobre nosotras.
Hoy nos reímos de forma burlesca a veces ante la estupidez de aquellos que creen que saben más que nosotras sólo porque algún día, otro como ellos les dijo unas frases que estos aprendieron de memoria.
Hoy seguimos aguantando la mirada a quienes creen que pueden intimidarnos.
Hoy nos reímos de la soberbia estupidez de esos seres mediocres que por pertenecer a la clase privilegiada creen que son superiories a nosotras.
Hoy provocamos, a veces para conseguir que otros despierten y a veces por el placer de demostrar que podemos, que no nos intimidan, que no les tenemos miedo.
Hoy sabemos que hay quien desearía quemarnos en la hoguera y reaccionamos quemándoles a ellos sus pobres argumentos.
Hoy somos más conscientes de nuestro poder y sabemos que eso despierta más la furia de los herederos de aquellos personajes oscuros que acababan con nosotras. Pero no podrán.Porque hoy somos muchas, porque hoy todas nuestras hijas serán brujas como nosotras, y nuestros hijos serán hombres que las admiren y respeten.
Hoy las brujas ya no envidiamos a las Blancanieves, ni a las Cenicientas, ni a las Bellas Durmientes.
Porque tener un cutis blanco, ser cándidamente perfecta y tener una belleza ideal no enmascara el hecho de que en realidad eres una ñoña que sólo es feliz sirviendo a los demás mientras es totalmente inconsciente de su propia ignorancia ante la vida o siendo explotada sin rebelarse mientras espera que venga un hombre que ni siquera recuerda su cara, a rescatarla o viviendo en un bello palacio una vida lujosa, totalmente anestesiada en cuerpo y alma. No, queridas princesitas de imagen perfecta, no os envidiamos, ni a vosotras, ni a vuestros príncipes machirulos. Porque las brujas de hoy, con las piedras que nuestros enemigos nos lanzan, construímos nuestros propios castillos.
Las brujas de hoy sabemos que el poder es nuestro y lo ejercemos. Cuando tenemos un problema no esperamos, pasivas, caballeros andantes que nos salven. Somos, de hecho nosotras, las que les salvamos, quizás no de morir quemados, pero sí de vivir una vida triste y mediocre, consumiéndose en el fuego de perseguir un ideal de felicidad que no existe .
[Tweet «las brujas de hoy, con las piedras que nuestros enemigos nos lanzan, construímos castillos»]
Somos brujas, somos mujeres, somos diosas… y cuando el humo que queme todo lo demás se extinga, nuestro fuego seguirá ardiendo.
Hubo un tiempo en el que creía firmemente en la no violencia. A día de hoy, creo de verdad que es el camino.
El problema es cuando en un juego sólo cumples las reglas tú. Cuando la realidad está montada de tal forma que tú siempre, hagas lo que hagas, eres quien pierdes.
Si habláramos de dinero, aún así compensaría un poco, al fin y al cabo, lo material va y viene. Pero si hablamos de la vida… resulta que jugamos a un juego que no elegimos, cuyas reglas establece el contrario a su medida, que nos hacen partir en desventaja, jugar en desventaja y acabar, con casi seguridad, ya no es desventaja, sino con nuestra integridad no íntegra. Un juego que para demasiadas mujeres es mortal.
Y no, no es una película al estilo los Juegos del hambre. Esto es más bien «Los Juegos del Hombre».
Esta sociedad es altamente peligrosa para las mujeres. Cualquier pareja o ex pareja, psicópata o pichacorta con el que hayas compartido (o no) algún momento en tu vida puede decidir asesinarte, acosarte y/ o amargarte la vida hasta tal punto que te suicides tú.
«Una chica italiana se suicidó ayer en su casa colgándose de una bufanda tras sufrir -durante meses- el acoso de todo su país. La chica se hizo famosa porque así lo decidió el chico que la grababa mientras ella le practicaba una felación en la intimidad, y su ex novio, quien subió el vídeo a Internet (según BBC ella se lo mandó a él, según la propia madre de la chica, era él quien la obligaba a grabarse con otros hombres, motivo que hizo que ella dejara a su pareja y volviera a su casa materna). También lo decidieron así los que lo viralizaron sin compasión en Internet. A los insultos que esta chica sufrió en la Red y en la calle, se sumaron futbolistas famosos como Paolo Cannavaro y hasta un grupo de música que se mofó de ella con una canción, además cadenas de TV que bromearon con las escenas. También se hicieron camisetas y memes con la historia. Tanto el vídeo como el nombre y la cara de la chica estaban en poco tiempo por todos sitios.
Antes de suicidarse lo intentó todo: dejó su trabajo, se cambió de ciudad, intentó cambiarse el apellido y se embarcó en una batalla legal para que webs como Yahoo, YouTube, Facebook y Google retiraran el vídeo. Una semana antes de suicidarse, le confirmaron que lo había conseguido, pero que debía pagarles a estas webs un total de 20.000 euros por «compensación» -así lo llaman-, ya que estas empresas consideraron que el vídeo se había hecho con su consentimiento, y daban así por sentado que si te dejas grabar estás de acuerdo con que pueda verte todo el país. El juez les dio la razón en cuanto a que la chica debía compensarles.»
Y a mí lo único que se me ocurre es comentar esto:
Y como ya comenté en mi artículo «Nos violan lo justo», siento un ASCO inmenso y profundo.
Porque en este mundo de reglas masculinas, el sexo sigue siendo terreno masculino.
Si ellos tienen mucho sexo son machotes, nosotras unas guarras.
Si ellos se graban practicando sexo, son muy modernos, nosotras unas guarras y unas idiotas por confiar en ellos Porque claro, lo mas normal del mundo si te grabas con tu pareja es pensar en que es un desgraciado que va a subir ese video a youtube.
Si ellos hacen público un vídeo donde salimos nosotras practicando sexo, a nosotras nos cuesta la vida, y no hablo metafóricamene, pero ellos lo petan por «molones».
Así que sí, con el tema de la violencia de género me bajo del carro del pacifismo, lo siento.
Si uno va a Boston y otro a California, es decir, uno al cementerio y otro a la cárcel,
tengo muy claro a donde quiero que vayan a verme mis hijos
y a donde los amigos y familias del machote a ponerle flores a él.
«No me cuentes cuentos. Cuéntame cantos de muchachas cantarinas
que contentas canturrean luciendo collares de mil cuentas.
.
Cuéntame historias de los libros que aún no escribes,
pero cantas en tu mente al encontrar descanso en tu cantera. .
Libros con cantos dorados.
Libros que encantan hasta al más desencantado.
.
Cuéntame cosas,
cuéntame cifras,
cuéntame encuentros y sueños y anhelos.
.
Cuéntame tu vida entera, cuéntala contra viento y marea.
Pero una cosa te digo:
no me cuentes cuentos.»
.
Estos versos los escribí hace tiempo…
y con ellos os anuncio mi próximo taller-conferencia para mujeres.
En él aúno el desarrollo personal con el desarrollo profesional, porque para mí van unidos.
«La Audiencia de Murcia ha confirmado la absolución de los delitos de abuso sexual y acoso sexual a un jefe de departamento de El Corte Inglés que fue denunciado por dos empleadas por llamar a algunas dependientas «chochitos» o «pilón» o dejarle a una de las querellantes una nota escrita en la que le decía: «Este año si es posible estás más guapa y más buena» – El País.com
Recuerdo la primera vez que oí la palabra «chocho». Debía tener yo unos 6 o 7 años y vi a un hombre preguntarle a una mujer >
–«¿Cómo estás chocho?», mientras con el palo de la escoba que llevaba en la mano le tocaba entre las piernas, en su vulva.
Me sentí realmente violenta con esa escena y eso que a esas alturas de mi vida aún no entendía muy bien las connotaciones de esa acción. Pero ni la frase, ni el tono, ni la acción me parecieron normales. Ya en ese momento la reacción de la mujer me pareció de incomodidad a pesar de su pasividad.
Han pasado casi 40 años y lo único que hemos conseguido es que los «señores» con traje y corbata añadan un diminutivo a la palabra, como suavizándola y que se corten de tocárnoslo ( algunos, claro, otros siguen creyendo que somos terreno público, nosotras y nuestras vulvas).
Que un «señor» , si se me permite el sarcasmo, que tiene empleadas a su cargo, se crea con el derecho a dirigirse a estas, ya no cosificándolas, sino sexualizándolas en grado sumo, llamándolas por el nombre de su órgano genital ( bajo mi punto de vista, uno de los más vulgares además), es totalmente vergonzoso.
Que la empresa responsable de la política interna sólo le sancione con 21 días de suspensión de empleo y sueldo, me parece cuanto menos inmoral, pero que un juez le absuelva, pues la verdad es que no encuentro calificativo que describa lo que siento.
Igual si quien hubiera recibido ese tipo de comentarios hubiese sido una clienta, habría tenido algo más de repercusión por parte de la empresa, famosa por su servicio de atención al cliente. Al parecer no tanto por su servicio al empleado. Ya se sabe que quien paga, manda, y las empleadas deben estar al final de la escala de importancia de nuestro fantástico sistema neoliberal.
Estoy pensando qué pasaría si las mujeres empezáramos a llamar «pollitas» a los hombres. Si empezáramos a calificarlos según el tamaño «aparente» de su paquete, bromeando con frases del tipo: « este año te abulta más el paquete si cabe». Pero teniendo en cuenta que la mayoría lo recibiría como un piropo tendríamos que usar la psicología inversa, o sea, decir:
-«a ver si este año te crece un poquito la pollita, guapetón» Pero claro, nunca sería igual. No es igual.
Porque la solución no pasa por igualar a la baja en catadura moral, sino en que, de una vez, este tipo de engendros disfrazados de personas, incluso de señores, entiendan que #NoSomosChochitos.
No somos chochitos, ni coñitos, ni culitos, ni tetitas, ni nada por el estilo.
[Tweet «No somos chochitos, ni coñitos, ni culitos, ni tetitas, ni nada por el estilo»]
De hecho, no somos nada que ellos crean que somos. Somos personas, con nombre propio, con dignidad y derecho a un respeto que les parece imposible demostrarnos. No somos «bonita», ni «princesa», ni «reina», ni «cariño» ni nada que se le parezca.
No nos pongan diminutivos en sus etiquetas, ni en sus sustantivos, ni en sus adjetivos. Porque lejos de resultar en lo que normalmente pretendemos al usarlo en algunos contextos, la connotación cariñosa, se convierte en más abuso, más acoso, más paternalismo y más machismo.
Ahora resulta que ni siquiera soy una persona, ni siquiera soy un cuerpo, ni siquiera soy un chocho… sólo llego a «chochito».
A ver si se trabajan ustedes los complejos sobre el tamaño señores y no olviden que puestos a medir tamaños, salen ustedes perdiendo.
Si te vas con un chico, porque te fuiste con él
Si no te vas con un chico, porque le provocaste
Si te quieren acompañar y dices no, porque preferiste irte sola ( vuelve al punto 1)
Si aceptas que te acompañen, porque te vas con cualquiera
Si te acompaña un grupo de hombres, porque eres tan ingenua que te vas con cualquiera creyendo que el grupo te protegerá…
Si te quedas en casa, porque te quedas sola
Si sales de fiesta, porque vas donde te pueden encontrar
Si estás en una zona aislada, porque está aislada
Si estás en el centro de una ciudad… da igual.
Porque no importa lo que hagas ni lo que dejes de hacer.
Tú mujer, como yo, siempre serás la culpable de lo que te pase, de lo que te hagan, de cómo te lo hagan.
Da igual que digas NO, ¿Acaso no cree la inmensa mayoría que cuando decimos «No», no significa «no?
Da igual que intentes resistirte, siempre pueden decir que te gusta el sexo violento, o el sexo en grupo, o «jugar a las violaciones»
Da igual porque tú sabes, que si pasa ya has perdido, Ya te ha pasado casi lo peor que te podía pasar, pero no lo último.
Tú, como yo, sabes que que te violen es sólo el principio. Porque esa será la primera de muchas violaciones más
Tras violar tu cuerpo, tu autoestima, tu confianza, tu seguridad… ahora violarán el derecho a ser persona, a ser creída, a no ser humillada, a no ser juzgada cuando tú eres la víctima.
Vas a oir a un montón de gente preguntarte
«si de verdad fue una violación»
«si dijiste «No» clara y audiblemente»
«si lo dijiste varias veces»
«si gritaste»
«si te resististe lo suficiente»
«Si cerrabas las piernas»
«si luchaste»
…
Dentro de poco a alguna nos preguntarán si dimos las gracias al acabar…
Porque en el fondo de la mente de más gente de la que crees, si te ha pasado esto, si te violan, es por algo que tú has hecho o dejado de hacer.
Por eso saldrán impresentables preguntando «si ha habido la suficiente violencia y agresividad» para ser considerada una violación. Como si el mero hecho de no consentir no fuera suficiente. Esa gente que aún cree que una buena chica es la que prefiere morir a que «mancillen nuestro honor». Como si el honor lo tuviéramos en el coño .
Nos violan desde el momento en que nos miran como a un trozo de carne con agujeros hechos para que depositen su mierda. Y no me refiero sólo a sus fluidos, sino a su odio, a su machismo, a su misoginia, a su asco por nosotras.
Nos violan desde el momento en que no nos ven como a personas, sino como a objetos que usar a su antojo. Y tirar después.
Nos violan los que nos violan y sus amigos que jalean la hazaña como cantarían un gol de su equipo.
Nos violan los que creen que «una pasada de viaje» es follarse 5 a una tía. (Cuánto daño ha hecho el porno que haya hombres que crean que a la mayoría nos gusta que nos follen 5 desconocidos, por la fuerza en un portal)
Nos violan cuando su entorno en vez de escupirles a la cara y aborrecer de lo que han hecho, les defiende, les justifica o sencillamente se callan. Vuestro silencio nos viola.
Nos violan cada vez que cualquier desgraciado por el hecho de tener un micro o un medio donde alguien le lea o le escuche, se cree que sus preguntas culpabilizando a la víctima es periodismo. Me cago en vuestro periodismo de mierda.
Nos violan cada vez que bromeáis sobre nosotras, nuestros cuerpos y lo que haríais con ellos.
Nos violan cuando «tu amigo», «tu hermano», «tu padre» o «tu pareja» habla como lo hace de las mujeres.
Nos violas tú cuando les ríes las gracias, o cuando, como hace el entorno de los violadores, te callas.
Todas somos «violables». ¿Sabes por qué? Porque Pueden.
Porque les importa más depués lo que ponga un parte de lesiones sobre nuestras heridas en el cuerpo, que las que sangren de por vida en nuestra alma. Porque no entienden que hay cosas que ya no se curan nunca. Porque ¿cómo se cuantifica el miedo, la angustia, la inseguridad, el asco, la vergüenza, la indefensión, la incertidumbre, el dolor, una vida rota? ¿Cómo se miden las secuelas en la vida personal, emocional y psicológica de una mujer violada? ¿Cómo se resarce a una víctima de todo esto? ¿Con unos cuantos meses o años de prisión? ¿De verdad?
Cada vez siento más ASCO. Asco porque el machismo, lejos de retroceder, crecesesperanzada. Hoy sólo me sale autocompadecerme de mi y de ti.
Pobre de ti como seas una chica simpática, alegre, jovial, que sale, baila y lleva minifalda. Los abogados y la opinión pública te van a despedazar.
Pobre de ti si eres «promiscua», si alguna vez has hecho sexting o algo parecido, porque usarán contra ti cualquier aspecto sexual de tu vida que puedan airear.
Pobre de ti si eres guapa, porque pasas a ser un producto de consumo público. Y a ver quién les convence de lo contrario si toda nuestra vida hemos crecido con la publicidad machacándonos esa idea.
Y pobre de ti si eres fea porque nadie creerá que ningún tío quiso violarte y pensarán que en el fondo te hizo un favor.
Pobre de ti en cualquier caso… y pobre de mi. Porque nuestra fantástica sociedad del bienestar protege mejor nuestro dinero o los sistemas operativos de nuestros ordenadores que a nosotras. Porque las únicas soluciones que nos ofrecen para protegernos es «tener habitaciones del pánico». Me pregunto si no querrán que nos emparedemos dentro.
Porque nos siguen arrojando a nosotras la carga de cuidarnos de los violentos, en vez de asumir su responsabilidad para garantizar nuestra libertad de ir y venir donde, cuando y con quien queramos. O completamente solas.
Tenemos derecho a no tener que cuidarnos. Cuidarnos…¿De qué? ¿De quién? ¿De todo ser humano varón del planeta? ¿De verdad que la solución es vivir con miedo perenne? ¿De verdad no saben gestionar esta crisis sin culpabilizar a la víctima? ¿De verdad?
Mi nuevo libro. Cómpralo aquí
Asco porque me cuesta pensar sin odio
Asco porque empiezo a creer que al final la única solución a este feminicidio «no declarado pero vivo» es la violencia.
Asco porque me cuesta pensar en cómo contrarrestar esta mierda y criar a una hija libre y a un hijo no machista
Asco porque la inmensa mayoría o aplaude o calla. Porque pocos son los que levantan la voz para gritar con nosotras.
Asco de la falta de justicia.
Asco de la falta de valor y hombría de quienes necesitan violarnos para sentir algo con sus malditos penes.
Asco de sentir tanto asco
En mi anterior post «Histéricas, gordas, feas o guapas, da igual» hablé sobre la forma de hablar sobre las mujeres e incluí algunos ejemplos de cómo se ha tratado a las atletas de Rio 2016, por parte de los medios. No debería extrañarnos porque el deporte es parte de nuestra cultura, y como tal, machista y misógina. No es nada nuevo y no es particular del periodismo. Pero claro, estar viviendo una competición del alcance de unos JJOO, donde la atención de una parte importante de la humanidad está puesta en los logros de los atletas (45% de los cuales son mujeres) hace que el caudal de noticias con un tratamiento cuanto menos desafortunado sea inagotable.
Os comparto más ejemplos, para que cuando alguien diga que es cosa de feminazis o histéricas exageradas, quede patente, que esa respuesta es parte del problema:
Este es el equipo femenino de Ciclismo en pista de Gran Bretaña ( persecución por equipos). Campeonas olímpicas: ¡Las 4!
Y así es como el Daily Mail presenta la noticia en portada:
Por supuesto no pueden evitar mencionar a los chicos aunque la noticia sean ellas. Lo peor no es eso, aunque ya de por sí es para estar en nuestro ranking. Lo peor es que han recortado la foto original, donde aparecen las 4 campeonas, porque, según explicó luego el propio editor:
«Bueno, es obvio en realidad ¿no?, la mayoría de nuestros lectores leen el periódico con su desayuno. No podemos poner a una mujer calva, con independencia de que sea un magnífico ejemplo de atletismo femenino y ejemplo de logro, en la portada de The Daily Mail, la gente está comiendo «.
De ese modo Joanna Rowsell Shand que tiene alopecia, que ha sido varias veces campeona del mundo y que ha ganado una medalla de oro y un MBE, ve como su nombre es relegado por el Daily Mail a la contraportada junto a su compañera de pelo rosa, Katie Archibald. Al parecer los británicos pueden desayunarse viendo imágenes de bebés y niños muertos, pero no ver una mujer con alopecia. Son algo especiales en su delicadeza por lo que se ve.
.
El Jueves también se hace eco de este tipo de noticias, y como es habitual en ellos, proponen ir más allá a un titular que reza: «Michael Phelps comparte noche histórica con una afroamericana» (Así, con un par, ni nombre tiene la chica).
Este tuit ya no está disponible, prueba de que algunos, a veces, tras los comentarios, recapacitan, aunque sólo sea para lavar su imagen. Podéis ver la prueba aquí.
El periodista español Pedro Morata de la Cadena Ser se ha cubierto de gloria no sólo por este tuit que, errores ortográficos aparte, es la prueba evidente de su nivel periodístico al resumir así su entrevista a una campeona olímpica. Tuit que por cierto borró de su cuenta (él sabrá por qué).
Lo peor ha sido su reacción cuando le increparon por él . Incapaz de disculparse e incapaz de comprender qué es lo que ha hecho mal en su «amable» juicio del físico a una atleta ganadora de un oro olímpico. ¡¡¡Si es que somos unos exagerados y unos rebuscados!!!
Por supuesto disculparse no sabe, bloquear sí
Mireia Belmonte ha sido una de las protagonistas de esta machirulompiada, sin duda. Su historia ha dado para varios ejemplos de machirulismo deportivo.
EL periódico Marca está tan acostumbrado a usar a las mujeres sólo como escaparate o como «novias de futbolistas», que claro, ni sabe el apellido correcto de nuestra primera medallista de oro olímpica en Río 2016. Total, ¿qué más da no? ¿Belmonte, Del Monte? A mí me suena bastante parecido, al menos mejor que ser «la afroamericana con la que Phelps comparte noche histórica…»
Público es más moderno. Critica por el físico también a los hombres
Leemos esto y no sabemos de qué va ni qué tiene que ver con el deporte…
Hasta que busco y me entero que esta chica es esgrimista y se ha quedado fuera del sorteo para ir a Río2016. Pero claro, lo importante es que nos perderemos su cuerpazo. ¡Buahhhh, qué pena, con lo sexy que es el mono ajustado de las esgrimistas!
Elespañol.com considera que hablar de una campeona olímpica de halterofilia como Lydia Valentín no merece ir en la sección de Deportes (¿a quién se le ocurre?), sino en Corazón-Famosos (Como tiene que ser), y en este tono publica esto…
Mireia Belmonte es prueba evidente también de que lo importante de una atleta es qué hombre tiene a su lado, delante o detrás que la ha hecho estar donde está. Lo importante es si hay un novio que la ayuda a mantenerse centrada, o un padre orgulloso de su niñita o un entrenador que es el que la ha convertido en estrella realmente. Todo menos alabar por encima de todo su mérito personal
Sport presenta la noticia destacando que el novio la felicita por ganar, y luego ya si eso, nos cuenta que Mireia ganó el oro. (Por cierto, de todos los «personajes» que la felicitan, los 2 que citan son hombres… ¿Casualidad?)
Esta noticia, aunque va de un periodista que al parecer no considera personas a las mujeres, es positiva porque demuestra lo fácil que es dejar las cosas claras. Bravo por Andy Murray. OS copio parte del texto que podéis leer en el enlace de El Huffington Post:
«El tenista escocés Andy Murray puso en su lugar al presentador inglés de la BBC John Inverdale cuando éste pareció olvidarse de que los logros de las mujeres en el tenis también cuentan.
Durante una entrevista al tenista después de la victoria en individuales en los Juegos Olímpicos, Inverdale destacó que Murray era el primer tenista en ganar dos oros olímpicos.
Y Murray le recordó: “Venus y Serena han ganado unos cuatro cada una”.»
Podría seguir poniendo más ejemplos… pero tengo una vida, y a mí, a diferencia de a la mayoría de los periodistas que se cubren de gloria con estos titulares y artículos, no me pagan por esto. Os dejo más artículos sobre el tema, por si os ha sabido a poco
«Hay mujeres que necesitan ser violadas para tener sexo porque son histéricas y sienten culpa por no poder tener sexo libremente»... «Aldana hace mucho que coge con pendejas (menores), ¿ahora eso es abuso?. Es una aberración de la ley que si una pendeja de 16 años con la concha caliente así quiera coger con vos y vos no te la cojás».
Me da igual que creyera que le amparaban las normas de la escuela de no poder publicar lo expresado en esa entrevista.
Me da igual que luego dijera que se trataba de un «psicodrama» para provocar.
Me pregunto cómo hemos permitido como sociedad un ambiente en el que alguien es capaz, ya no de pensar así, sino de expresarlo en público con total soberbia e impunidad.
Me pregunto cómo hay tanto tío cerdo, con pinta de baboso, de los que apestan en todos los sentidos de la palabra, que ha llegado a creerse el maná del cielo en forma de hombre para las mujeres.
Me pregunto por qué están convencidos de que basta su intención de tener algo con nosotras para que tenga que ser así, aún a pesar nuestro.
Me pregunto por qué les cuesta aceptar que las mujeres podamos decir «NO», y que no tengamos que dar motivos, ni justificaciones ni pedir perdón por ello.
Me pregunto cómo hay tanto «guapo» que cree que la misión de las mujeres con las que se cruza ha de ser adorarle.
Me pregunto dónde coño están el resto de hombres de su entorno que les han permitido seguir pensando de ese modo.
Y me pregunto sobre todo, por qué «pueden» hacerlo.
La respuesta es evidente. Cada vez es más notorio que no son sólo 4 locos descerebrados los que piensan así. Hay un caldo de cultivo no sólo machista, sino misógino que permite que proliferen estos especímenes, cual medusas en un mar caliente. No los ves, pero están ahí, esperando el mínimo roce para inocularte su veneno.
El tipejo este no es una excepción. Él sólo ha tenido la desgracia de que quienes le oyeron no se callaron e hicieron públicos sus escupitajos en forma de palabras.
Y ahora me saldrá algún colectivo de hombres llorando con lo de «no somos todos iguales». Y es cierto, no todos se atreven a hablar así, pero una gran mayoría lo escucha y no hace nada. Eso para mí es ser cómplice. No me creo yo que alguien que habla así de forma pública, que destila ese odio por las mujeres por los poros, nunca lo haya demostrado en su círculo íntimo, en su familia, con los que trabaja a diario.
El día que TODOS plantemos cara a este tipo, no solo de comentarios, sino de actitudes, el día que esta gente no tenga con quien hablar, ni con quien salir ni con quien trabajar, ese día, igual vuelvo a tener fe en la humanidad como conjunto.
Y si no que se lo digan a Alexa Moreno. Una gimnasta mexicana participante en los Juegos Olímpicos que ha tenido que escuchar cómo miles de sus compatriotas la criticaban por su físico. Un físico que, por cierto, la ha llevado a clasificarse como la nº 12 del ranking mundial en salto femenino.
Pero Alexa es, como todas las mujeres, o demasiado de algo o demasiado poco. En este caso Alexa Moreno es «demasiado mexicana», «demasiado morena» y «demasiado poco alta y delgada».
Al parecer no basta con ser una atleta de élite internacional, haberte clasificado para participar en los JJOO a pesar de que tu país no sea conocido por incentivar esa disciplina deportiva. No basta con compaginar la dureza de los entrenamientos de gimnasia con estudiar arquitectura.
No basta.
Porque es mujer, y como tal, criticable. Da igual que sea el «body shaming» el «mansplaining» o cualquier otra forma que sea tan generalizada que merezca etiquetarla.
Por eso da igual los méritos propios que siempre se buscará asociarlo a alguien que sí lo merezca, un hombre por supuesto
El caso es que las mujeres somos todas o feas o gordas o flacas o peludas o demasiado atractivas o vamos solas o «sólo con otras mujeres» o provocamos o consentimos o buscamos o calentamos o nos negamos o nos negamos poco o lo decimos demasiado bajito o con poca fuerza o no peleamos o peleamos poco o nos quejamos o no nos quejamos o denunciamos o no denunciamos o nos tapamos o nos exhibimos o nos tapan o nos exhiben o somos sumisas o bordes o contestonas o mandonas o pusilánimes o machistas o feministas o calladas o protestonas o histéricas. O llevamos velo o bikini. Las mujeres somos todas coto de caza… la única diferencia es si en cada ocasión el coto es público o privado
Y seguimos viendo cómo se hace apología del machismo, de la violencia contra las mujeres en todos los ámbitos. Disfrazado de cultura, de religión, de política, de humor…
Y no salimos del asombro de ver cómo los verdugos lloriquean con todos los medios a su alcance para seguir ejerciendo su violencia a plena luz del día, a bombo y platillo… hasta cobrando por enseñar a ejercerla… (#STOPAlvaroReyes )
Y mientras algunos comentan sobre la falta de libertad de una atleta que juega con hiyab, otras pensamos que no hay una sola mujer libre en este planeta.
[Tweet «Sea por ser fea o por ser guapa… todas estamos expuestas, todas somos objetivo.»]
¿Sabéis lo que es el Mansplaining ?
Os lo explico así en facilito: significa que da igual lo lista que seas, o lo versada que estés en una materia, que cuando haya un hombre contigo, él te lo explicará. Significa que, por ser mujer, digas lo que digas, no será tomado en serio hasta que lo valide un hombre. Significa que en igualdad de condiciones y talento, si lo dice un hombre tiene más peso.
Como hoy la mayoría de las interacciones se hacen a través de internet, el mansplaining se está convirtiendo en el Manswriting, que es lo que algunas llamamos «el efecto picha», pero en su forma escrita.
Ya estamos tan acostumbradas a que los expertos en temas femeninos sean hombres que ni lo notamos.
Así, aprendemos a gestar, a parir a dar de mamar, a menstruar y a saber cómo practicar sexo, porque nos lo explican hombres muy listos, muy cultos, muy sabios y con mucha experiencia, al parecer, en úteros, tetas, clítoris y vulvas.
No digo que los hombres no puedan hablar y escribir de lo que quieran, pero resulta algo curioso ( por no decir «patético») observar cómo son considerados por las propias mujeres «expertos» en temas femeninos muchos más hombres que mujeres.
Imagen tomada de Yorokobu.es
Por si fuera poco mirar nuestra librería y darnos cuenta de cuánta autoridad en temas femeninos otorgamos al género masculino, ahora resulta que si un texto femenino es bueno, dándole una vuelta y haciéndolo pasar por escrito por un hombre es la caña.
Y no hablo de algo hipotético, sino de un caso real. Hace unas semanas vi un texto en Facebook y me sorprendió que el resumen del mismo era unas frases que me sonaban mucho. ¡Y tanto que me sonaban! Eran copiadas, íntegramente, de mi post Las renuncias de las Madres.
Al principio creía que sólo habían copiado esas frases del final, pero mi asombro fue mayúsculo cuando al leer una supuesta carta que escribe un padre a la madre de sus hijos, reconozco gran parte de mi artículo.
«Alguien» cogió mi texto, le dio un cambio de enfoque, lo adornó con una historia de «hombre sensible» y lo publicó como escrito por él. Por supuesto sin citar la fuente, ni el autor.
Y como no podía ser de otro modo, la carta de este hombre tan «conectado» con la esencia femenina, se hizo viral.
Todas las mujeres que lo leían, suspiraban por un hombre así, que entendiera tan bien nuestras emociones… y lo compartían citando a todas sus amigas y a su pareja…
He visto el plagio de mi artículo publicado en varias páginas de las que tienen cientos de miles de lectores, en redes sociales se ha compartido cientos de miles de veces…
No sé si entendéis el cabreo que supone ver tu trabajo robado, copiado, modificado y atribuido a otrO. Pero lo peor es la indefensión de intentar defender tus derechos de Autor. Por asesoramiento legal específico denunciar directamente podría ser contraproducente para mí, porque un juez podría pensar que intento aprovecharme. Así, se recomienda intentar al menos en dos o tres ocasiones de forma amistosa llegar a un acuerdo, que, como mucho, será que retiren el contenido. No os voy a contar el periplo que supone contactar con estas webs, la pérdida de tiempo, de energía y de recursos. Es frustrante.
La mayoría de las páginas de Facebook no tienen el nombre de un administrador real a quien contactar ni una dirección de correo electrónico a la que enviar un aviso legal.
La mayoría de las webs tampoco. Como mucho un formulario de contacto.
La mayoría de las veces que consigues enviarles un correo o un mensaje no te responden.
Si lo hacen, como mucho retiran el contenido.
Sólo en una ocasión me escribió la coordinadora de una de las webs que publicaron el plagio con una disculpa por correo, eso sí, calificó de «descuido» que su redactora les diera material plagiado.
En esa ocasión no hubo disculpa pública ni artículo original subido a su web tras mi primer requerimiento, aunque tras responderle y dejar claro que un plagio no es un descuido sino un delito me han solicitado el artículo original para subirlo a su web. Seguimos a la espera…
LA mayoría de las veces que en los perfiles de Facebook la gente en los comentarios indica que se está compartiendo un plagio y ponen el enlace al original, se ignoran esos comentarios. Por parte de la propia página y por parte del resto de los que lo leen.
Así que tal y como están las cosas, sólo me queda eso que me dicen algunos «bienintencionados» de agradecer que mi obra sea leída y compartida. O sea, más del tipo: «Trabaja por el amor universal». Que digo yo, que cómo voy a vender mis libros fuera de mis contactos cercanos, si cuando una obra mía es aplaudida por millones de personas, no saben que lo es…
No sé si empezar a escribir con seudónimo (masculino por supuesto) y dedicarme a lo mismo que hago pero siendo un tío… que eso vende mucho. Igual así me dan un puesto de «redactor» de alguna web de esas con miles de suscriptores, donde sólo por dirigirme a las mujeres, hablar de cosas de mujeres y contarles lo que ellas ya saben, todas me aplaudirán por lo guay y sensible que soy. Porque en el fondo creo que tenemos tantas ganas de que los hombres nos entiendan, que cuando uno lo hace ( o lo finge), ya le hacemos la ola.
Ojalá espabilemos todas y al próximo «tío guay» que venga a explicarnos cómo ser mujer, cómo ser buena madre o cómo tener orgasmos… le mandemos a leer algún libro sobre próstatas.
Y la próxima vez que te guste un texto que lees en una de esas webs tan chulas que no sabes ni quién escribe… asegúrate de no estar contribuyendo al robo del trabajo de otra persona. Los autores, normalmente, somos tan soberbios que firmamos nuestro trabajo, y lo registramos 😉
-Mencía vístete. Aquí tienes la ropa -Eso no lo quiero -Es que hace frío, tienes que ponerte un jersey -Es mi cuerpo, tú no mandas, yo decido
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-Mencía ven a peinarte -Me gusta el pelo así -Pero es que llevas la trenza medio deshecha y tienes que peinarte bien -Es mi cuerpo, tú no mandas, yo decido
Cuando tu hija te responde así, una parte de ti se siente frustrada, cuestionada y enfadada. Es normal.
Obediencia vs Responsabilidad
Nos educan con la obediencia como meta. Si eres una niña buena y obediente todos te aplauden. Si no, eres una contestona maleducada que se llevará con suerte reprimendas públicas y, a veces, incluso algo peor.
En ese contexto de someternos a la voluntad de la autoridad competente, que al principio crees que son tus padres ( con cierto derecho moral, al fin y al cabo son tus padres), pero que luego te das cuenta que es casi cualquier adulto que te rodee, se nos va apagando esa identidad con la que nacemos de sabernos dueños de nosotros mismos.
A base de : «esto se hace como yo digo», o el «porque lo digo yo» de toda la vida, nos vamos olvidando de que en realidad esa frase casi siempre esconde más abuso que justicia, más violencia que dirección. Y sobre todo no se enseña la responsabilidad personal, esa que tanta falta hace en la vida.
Mi hija con 4 años, no es que esté empoderada, es que no se ha desempoderado aún. Y no es porque su madre sea perfecta y respete toda su lícita autonomía. No, yo soy de todo menos una madre modelo, pero un día me di cuenta, cuando empecé a hablar de Empoderamiento, que no se trata de volvernos algo que no somos, sino de volver a ser lo que un día fuimos.
Cuando mi hija me responde así delante de otras personas, sé lo que están pensando: «Menuda madre», «no tiene autoridad sobre su hija».
Y es cierto: No tengo autoridad sobre mi hija.
No significa que no ejerza mi rol de madre y que mis hijos hagan sólo lo que ellos quieren, significa que les reconozco su propia autoridad.
Quiero que mi hija crezca sabiendo que nadie más que ella tiene autoridad sobre su cuerpo, sobre su forma de expresar su propia identidad.
¿Creemos que eso se consigue en una universidad?
¿Que es algo que se aprende a los 30?
¿De verdad no vemos lo importante que es tener intacta esa autoridad para evitar los abusos y la violencia?.
Si yo hubiera crecido con la seguridad de ser dueña de mi cuerpo, seguramente mi vida habría sido distinta.
Seguro que el primer día que alguien me tocó mis genitales sin yo querer, siendo aún una niña, le habría gritado : Es mi cuerpo, tú no mandas, yo decido.
Y seguro que no habría habido más veces.
Seguro que a ese ginecólogo mal nacido que con sólo 14 años sin explicarme qué, cómo ni por qué me introdujo sus asquerosos dedos en mi ano, sólo porque me dolía la regla, le habría gritado: Es mi cuerpo, tú no mandas, yo decido.
Seguro que a ese obstetra que tenía prisa por irse a casa y me dio una «ayudita» en forma de episiotomía que se cargó mi vagina, mi autoestima y mis relaciones de pareja le habría gritado sólo con ver lo que pensaba: Es mi cuerpo, tú no mandas, yo decido
Pero no lo grité, porque yo no soy mi hija. Porque a mí me educaron «muy bien» y era una niña buena, obediente y responsable.
Así que, querida hija mía:
Grítame esas palabras cuanto quieras, porque si me las grItas a mí, se las gritarás a cualquiera que ose creer que puede obligarte a hacer algo que no quieres.
Grítalas cuanto quieras de tal modo que no necesites gritarlas porque todo el mundo sepa que tú eres de las que no dejas que te hagan nada que tú no quieres.
Grítalo para que te oigan las demás y sepan que así es como hay que ir por la vida, siendo fiel a una misma y no obediente a un mundo que nos prepara como mártires pasivos mientras nos echa a los leones, a bregar con depredadores de todo tipo.
Grítalo todo lo que tu madre no gritó, por mi y por todas las mujeres a quienes nos enseñaron a agradar antes que a respetarnos.
Y tú que me lees, prueba a repetir esas palabras en voz alta, acostúmbrate a oírlas hasta que vivas de acuerdo con ellas
Es mi cuerpo, tú no mandas, yo decido
Si crees que necesitas un empujón para cambiar tu relación con la autoridad propia recuerda que mi Training Empodérate puede ayudarte a cambiar el rumbo.
La misoginia no siempre se expresa en forma de ataques directos de violencia física. Hay otra violencia mucho más sutil que no es tan evidente, pero es herencia directa de la anterior.
Hoy muchos hombre no pegan a sus mujeres, ya no pueden controlar en qué trabajan, cómo se visten o en qué piensan, pero eso no significa que las respeten. O quizás sí creen respetar a la suya, pero menosprecian a las demás.
Cuando nos infantilizan, cuando critican nuestras iniciativas o nuestra forma de trabajar, cuando menosprecian nuestros trabajos, cuando intentan juzgar cuándo una mujer puede o no hacer un trabajo, cuándo o no puede cobrarlo, cuando juzgan que nuestras tarifas profesionales son «abusivas» , vete a saber con qué criterio, cuando se erigen en una especie de «Defensor del pueblo» de oficio para salvarles (no, mejor, salvarlas) de nuestros trabajos y formaciones, a pesar de que no tienen ni idea de qué y cómo lo hacemos…
Cuando afirman que las mujeres que deciden invertir su dinero lo hacen engañadas o estafadas. Cuando las tratan de estúpidas al oírlas comentar que ellas están más que satisfechas con lo que han obtenido por su inversión.
Esos hombres que nunca criticarían así a otros hombres, que han hecho su nicho el femenino porque se sienten superiores, porque desgraciadamente aún hoy muchas mujeres escuchan con más autoridad a un hombre que a una mujer hablando sobre el mismo tema , aunque el tema en cuestión sea intrínsecamente femenino. Esos hombres que se atreven a darnos lecciones de cómo funcionan nuestros cuerpos, no porque los admiren y los respeten, sino para sentir que tienen en cierto modo el control de algo que nunca podrán controlar.
Hace años un psicólogo convenció al mundo de que las mujeres teníamos envidia del pene. Y toda la psicología de la época, toda la «autoridad médica y psicológica de su tiempo se construyó sobre esa base absurda y misógina. Sobre el profundo desconocimiento de lo que es una mujer, de nuestro cuerpo, de nuestra psique, de nuestra sexualidad.
No es nuevo. Todo el conocimiento imperante a lo largo de la historia ha sido masculino. Las mujeres tenían vetado, salvo contadas excepciones, el acceso a los foros de aprendizaje y enseñanza. Los grandes pensadores sobre los que se ha edificado nuestra filosofía y el derecho eran profundamente misóginos. Aún tenemos en nuestro lenguaje múltiples pruebas de ello.
Aristóteles, Sócrates, Nietzsche, Schopenhauer, Freud, Kant , Rousseau son algunos de los más conocidos pues sus obras escritas han llegado hasta nuestros días. Son un reflejo de la intelectualidad, de la «oficialidad» del momento. Durante siglos hombres ningunearon o directamente robaron a mujeres su trabajo, sus méritos y su protagonismo en campos como la ciencia, la medicina, la ingeniería…
El problema no ha sido nunca que no fuéramos capaces, el problema es que teníamos que competir en un sistema cuyas reglas estaban puestas precisamente para dejarnos fuera. Y cuando las mujeres, a pesar de ello, conseguían alcanzar y sobrepasar a esos hombres, muy pocos lo aceptaban. La mayoría criticaban abiertamente a estas mujeres, o lo que para mí es aún peor, se apuntaban ellos el mérito.
Esa forma de machismo y misoginia que es el paternalismo es tan frecuente hoy día como el «tú te callas» del tiempo de mi abuela.
Hoy ningún hombre moderno diría en público, sobre todo cuando su auditorio es eminentemente femenino, que las mujeres somos tontas o malvadas, pero sí se permiten lanzar comentarios condescendientes de qué hacemos las mujeres y por qué.
Comentario público de un hombre en una red social
Ese comentario es un ejemplo de cómo algunos hombres, en sus perfiles públicos en redes sociales, se expresan en relación a las mujeres.-«Mujeres» … al parecer los hombres no pagan cursos.-«llenas de dudas» y él lo sabe porque las conoce a todas y conoce sus motivaciones, claro.-«Que cada cual se gaste el dinero en lo que quiera»
entonces ¿a qué viene el comentario?. Me suena a lo de «yo soy racista, pero…»-«en el interior de cada una está todo» una vez más habla del interior de todas las mujeres, menudo fenómeno, no sé si también habla en mi nombre y quién le ha erigido en portavoz de todo un género.«Y para aflorarlo, si no sale….»
esta es la puntilla, aquí está todo lo que esperábamos, para variar un hombre diciéndonos qué y cómo tenemos que hacer las cosas.
Es curioso, que haya hombres que critican el trabajo de mujeres porque no tienen título oficial (título que obtienes cuando vas a que otros te digan lo que aprender) y luego critique que haya mujeres que pagan a otras para aprender lo que les interesa.
O sea, que al final se trata de a quién le otorgamos la autoridad de enseñarnos algo. Al parecer no podemos elegir quién es para nosotras, autoridad en una materia y nos lo tienen que indicar ellos.
Lo peor de todo no es que haya hombres así. Lo peor es que se casan con mujeres y que se convierten en padres de niños y niñas que serán los hombres y mujeres del mañana. Y por lo que comprobamos la misoginia no se diluye con el paso de las generaciones, simplemente se transforma para seguir siendo aparentemente correcta. No dejan de maltratar, simplemente cambian de forma de maltrato.
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Y lo triste es que cuando estos hombres, gallitos de corral, publican estas cosas no les aplauden un montón de hombres, no, sino un montón de mujeres. Mujeres que han aprendido que es más fácil seguir aplaudiendo al macho más tonto que a la hembra más lista. Ellas les siguen dando el poder que otras ya les hemos quitado. Madres que crían hijas que ven a sus madres aplaudir a hombres que menosprecian a mujeres. Así nos va,
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[Tweet «Mujeres que creen que es mejor aplaudir al macho más tonto que a la hembra más lista.»]
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Yo , que soy de todo menos políticamente correcta, creo que esta oleada de apoyo a la maternidad por parte de algunos hombres, en un gran número, no es más que miedo a quedarse fuera o, parafraseando a un señor muy culto y con título universitario: «envidia de tetas y útero».
Porque hoy día la mujer que quiere un pene lo consigue, pero tetas y úteros, amigos míos… tetas que den leche y úteros que engendren hijos no van a tener ustedes nunca.
Las mujeres nacemos con una diana en la frente, ya contamos con ello. Hemos crecido sintiéndolo.
El otro día en un hipermercado un reponedor pasó junto a nuestro carro y le dijo a mi hija: «Perdona mi amor que tengo que moverte el carro». Mi hija me dijo:
-«Mamá, ¿por qué ese chico me dice «Mi amor»? Yo no soy su amor, y yo me llamo Mencía.
Y yo le respondí en voz alta que muchos hombres creen que tienen derecho a habarle así a cualquier mujer y que hizo muy bien en responder como lo hizo y no dejar que nadie le llame como lo que no es.
Puede parecer exagerado ¿verdad?
Pues no lo es. A todos se nos llena la boca hablando de igualdad, de conciliación, de autoestima y de empoderamiento. Pero una cosa es hacer un discurso y otra vivirlo.
Hoy cumplo 45 años. A mi edad las mujeres que triunfan por sus propios méritos son aquéllas que mayoritariamente han adoptado un modelo profesional masculino. Aquéllas que renuncian a tener hijos o que delegan la mayor parte de su cuidado y educación en otros. Y no lo digo yo, lo dicen ellas, esas (pocas) mujeres con poder económico, político o social, cuando les preguntan sobre el tema en entrevistas.
El modelo de mujer femenina, que ejerce de madre como ella desea no es un modelo visible de triunfo ni de éxito. Y no lo es porque nos han convencido de que son incompatibles. No se puede ser emprendedora de éxito siendo mujer y madre. No se puede llegar a vivir como quieres sin pasar por el peaje que otros te obliguen a pagar, desde una titulación «oficial» a tragar con los modelos de trabajos existentes (curiosamente masculinos).
] Nohemí Hervada es una de las blogueras de maternidad más importantes en lengua castellana. Empresaria de éxito, formadora, cooperante… es el ejemplo de conciliación verdadera que podríamos imaginar para el futuro: ser madre y hacerse a sí misma, realizándose profesionalmente a la vez que portea, amamanta y cuida a sus cachorros. La lectura de sus artículos es la inspiración que necesitamos para saber que es posible tenerlo.
Sin pecar de falsa modestia diré que todas deberíamos alegrarnos cuando una lo consigue. Porque aplicando el «si yo puedo tú puedes», ver a una mujer conseguir conciliar, emprender y triunfar debería ser motivo de aliento para el resto.
Pero resulta que no. Porque las mujeres somos esos seres que no podemos cobrar por nuestro trabajo a no ser que algún tutor nos autorice.
Un tutor, por supuesto, de modelo masculino.
No vale nuestra formación si no la avala una autoridad, aunque esa autoridad haya demostrado su ineficacia con la mayoría de sus seguidores.
No vale nuestra experiencia porque a ver si va a resultar ahora que unas simples mujeres, van a saber más con su experiencia que un montón de gente seria que ha estudiado mucho.
No vale nuestro trabajo porque es una vergüenza que trabajemos ofreciendo recursos que no hemos inventado nosotras. Al fin y al cabo, nadie ha descubierto el fuego ni inventado la rueda. Da igual que la criba, recopilación, experimentación y la presentación de recursos acumulados durante años ahorre trabajo y muchos estén dispuestos a pagar por ello.
No valemos para cobrar bien por nuestro trabajo, porque resulta que ver a una mujer ganarse bien la vida es un insulto a todos esos pobres hombres que viven peor que una.
No valemos para contribuir al bienestar físico, social y emocional de otras mujeres, porque a ver entonces cómo todos esos hombres que se sienten cómodos explicándonos cómo ser madres van a encontrar su púlpito si la mayoría de las mujeres se dan cuenta que la mayor autoridad para hablar de nuestros cuerpos y nuestras funciones la tenemos nosotras y no ellos.
No valemos ni para que los cobardes que nos critican nos lo digan a la cara.
Así nos tratan. Así nos denigran. Así nos desprecian.
Mejor dicho, así lo intentan.
Porque a mí que personajes fracasados en sus vete a saber qué expectativas dediquen su tiempo a criticarme lo único que me deja claro es qué clase de vida tienen. Como dice el dicho: «Lo que dice Pablito de Juanito, habla más de Pablito que de Juanito».
Yo hoy me desperté con un año más. Con una sonrisa en la cara porque tenía unos 80 libros que firmar y dedicar a 80 personas que se alegran de mi trabajo y que me lo pagan. Con la satisfacción de haber podido pagarme un viaje de avión de 1 día para ir a abrazar a una amiga a la que quiero y admiro. A amigas que también tienen éxito en su trabajo. Me desperté feliz abrazando y amamantando a mi hija. Feliz de oír a mi hijo alegrarse al ver toda las cajas de libros que su madre ya ha vendido. Hijos que han tenido que oirme hoy contarle a mi pareja cómo unas personas han intentado amargarme este día feliz. Personas que no me conocen de nada y personas que sí me conocían y se apuntan ahora al carro de darle leña al mono feliz. Hijos a quienes su madre ha intentado explicar que a veces la felicidad molesta. Que el éxito molesta.
A mí estas tristes y mediocres personas no me afectan, pero sí me duele que tratan como idiotas y estúpidas a la gente que paga mi trabajo, mis cursos y talleres.
Y me dan ganas de enseñarles, no mi CV que es público y que incluye lo que me dé la gana de incluir mientras no mienta, sino, de enseñarles el de algunas de mis alumnas: profesionales con títulos de los que estas personas sí valoran: psicólogas, matronas, fisioterapeutas, pediatras, médicas especialistas, anestesistas, enfermeras, educadoras, pedagogas, maestras, abogadas, geógrafas, ginecólogas, etc …..
Queridas alumnas he de deciros que hay personas que creen que a pesar de ser adultas, autónomas y profesionales con más carrera que ellos , sois tontas. Sólo sois pobres mujeres que no sabéis sacar de dentro de vuestras torpes mentes femeninas lo que estáis dispuestas a pagar a gente que al parecer os tima. ¡Cómo os atrevéis a decidir por vosotras mismas qué hacer con vuestro tiempo y vuestro dinero!
Eso sí me molesta y mucho. Porque si algo me caracterizo es por reconocer la inteligencia y en mis cursos, la media de inteligencia es bastante alta, siempre presumo de que en mi entorno cercano, la más tonta soy yo. Porque a mí me encanta reconocer el mérito de aquéllos que crean, que trabajan y que construyen. Y me alegro cuando venden y viven de su trabajo, en vez de quejarme mezquinamente de que se comen mi parte del queso.
Y sí, cobro por mi trabajo y lo cobro bien, y no, no son 3000€ por mis cursos, a veces cobro incluso más. Y lo cobro por varios motivos:
El primero es porque me da la gana
El segundo porque lo vale
El tercero porque hay gente que lo paga con gusto
El cuarto porque esos 3000€ que tanto molestan me permiten que mujeres muy valiosas a las que quiero y admiro trabajen enseñando por lo que saben hacer de forma excepcional, en vez de regalar su tiempo a empresas que las obligarían a estar haciendo un trabajo muy inferior a sus capacidades, separadas de sus hijos.
Me entristece ver la mezquindad gratuita y me entristece aún más observar a mujeres aplaudiendo estas mezquindades. Mal vamos a conseguir estar mejor si a la que lo consigue le queremos dar con un palo en la cabeza. Mal vamos a ser respetadas si babeamos ante cualquier hombre disfrazado de feminista o «consciente» en cualquiera de sus modalidades que pretende darnos lecciones de qué podemos y no podemos hacer, cobrar y pagar las mujeres.
Yo hoy me quedo con el mensaje de una alumna, que aun habiendo pasado por la universidad ha conseguido, gracias a nuestro curso de Asesoras Continuum, en su lugar de trabajo, un hospital público, mejorar la calidad de un niño y sus padres. Y ese es uno de tantos.
Me quedo con una profesional de la medicina que consiguió que la primera vez que se hizo piel con piel en una cesárea fuera porque se lo propuso ella tras haber cursado nuestra formación. Me quedo con esas matronas que nos felicitan por nuestra profesionalidad y seriedad a la hora de formarlas en porteo. Me quedo con esas profesionales cuya formación reglada no les había bastado para impulsar su trabajo y empezar a practicarlo como ellas querían, y hacerlo rentable para no depender de nadie y poder dueñas de su dinero, su tiempo y su vida.
Esas son mis cartas de recomendación… cada uno que presente las suyas.
PD: No he ido a la universidad y no tengo un titulo «oficial» (según ellos), pero hasta yo sé que acusar a alguien de un delito y no poder probarlo es una injuria tipificada como delito en nuestro código penal. A ver si ahora en vez de vivir de mis cursos voy a vivir de las demandas que gane contra quien me injurie y calumnie.
-Trata bien a todo el mundo hijo mío, y a las chicas más -¿Por qué mamá?
Ese fue el inicio de una conversación con mi hijo de 10 años. Estábamos hablando de relaciones, de conflictos y tras mi consejo me preguntó : -» ¿Por qué hay que tratar mejor a unas personas que a otras mamá? ¿Por qué hay que tratar mejor a las mujeres? ¿No hay que tratar bien a todo el mundo?»
Y entonces tuve que explicarle cómo funcionan las cosas en este mundo.
Tuve que explicarle que «justicia» no es tratar igual a todo el mundo, porque en un mundo de desigualdad, tratar igual a todo el mundo sigue dejando en posición desfavorecida a quienes ya parten con desventaja.
Tuve que explicarle que no vivimos en un mundo justo, sino en un sistema machista. En un sistema donde los débiles sufren a manos de otros que tienen poder.
Tuve que explicarle por qué en las pelis y series que le gustan, los chicos son fuertes, valientes y héroes, y las chicas son «monas».
Tuve que explicarle que su hermana lo va a tener mucho más difícil que él sólo por su género.
Tuve que explicarle que su hermana probablemente cobrará menos que él aunque haga el mismo trabajo con la misma cualificación, sólo por su género.
Tuve que explicarle que su hermana, en igualdad de condiciones con un hombre, tendrá menos posibilidades de ascenso y/o promoción laboral y profesional.
Tuve que explicarle que ser mujer es un factor de riesgo para sufrir abusos, acoso, discriminación y un montón de cosas que él aún ni entiende.
Tuve que explicarle que su hermana va a sentirse juzgada muchas más veces que él.
Tuve que explicarle que su hermana va a sufrir paternalismo en tantas ocasiones, y por tantas personas, que puede que llegue a normalizarlo y ni lo note.
Tuve que explicarle que su hermana no va a sentirse igual de respetada que él aunque vivan las mismas situaciones y por las mismas personas.
Tuve que explicarle que la opinión de su hermana será ignorada o aclarada o corregida por algún hombre, aunque la suya sea más valiosa, más inteligente y con más peso. (Mansplaining)
Tuve que explicarle que su hermana crecerá viendo cómo a las mujeres se las cosifica constantemente en la publicidad lo que influirá en cómo se ve ella y en cómo la ven los demás.
Imagen del blog: El Cuenco de Baubo
Tuve que explicarle que su hermana crecerá sometida a un juicio constante sobre su cuerpo, su sexualidad y su libertad.
Y me paré porque hay cosas que aún no le puedo explicar:
No puedo explicarle aún que su hermana muchas veces yendo por la calle agachará la cabeza, cruzará la calle o acelerará el paso porque tendrá miedo. No miedo a la oscuridad, no miedo a perderse, no: miedo a ser violada o algo peor ( si es que hay algo peor).
No puedo explicarle aún que este mundo lo único que le ofrece a su hermana y a su madre para protegerlas es que «tengan cuidado» con cómo visten, cómo hablan, con quién salen o a dónde van… (¿Cómo le explico que las mujeres tenemos que vivir en constante estado de alerta?)
No pude explicarle aún que su madre, como prácticamente el 100% de las mujeres que conozco, ha sufrido casi todas estas cosas y a día de hoy sigue sufriendo algunas.
No pude explicarle aún que cada día asesinan a niñas por serlo
No pude explicarle aún que cada día asesinan a mujeres por serlo
Ojalá no tenga nunca que explicarle todo lo que me queda por explicarle. Ojalá algún día no tenga que decirle:
Trata bien a todo el mundo hijo mío, y a las chicas más.
He dudado si escribir este post en mi otro blog Mimos y Teta, ya que va de maternidad y lactancia.
Al final lo escribo aquí porque en realidad esto no va de lactancia, ni de tetas. Ni siquiera va de mujeres o de feminismo.
Va de lo que van la mayoría de los conflictos entre las personas.
Va de derechos y libertades.
De derechos fundamentales y de cómo conseguimos compaginarlos todos. De cuáles prevalecen sobre otros. De aceptar que a cada uno le duele su herida, pero que eso no invisibiliza las heridas de las demás. Va de respeto. Va de empatía. Va de que no hay que pisar al otro para subir más, cuando no puedo subir por mi propio pie. Va de libertad, de otorgarla y de ejercerla con responsabilidad.
En esta semana, desde que Carolina Bescansa acudió al Congreso con su bebé, hemos visto incendiados los medios de comunicación y las redes con el tema. Yo misma he escrito varias cosas al hilo, no ya de lo que hizo esta mujer adulta y libre, sino al hilo de las reacciones que provocaba su acción.
La mayoría tiene una opinión formada del por qué lo hizo. Incluso después de que ella haya declarado sus motivos, muchos pensarán o que sus motivos no son válidos o que no son ciertos. Una vez más, el ser humano atribuyéndose, ya no el derecho a opinar, sino el derecho a juzgar los motivos del prójimo. Como si fuera tan fácil.
Para mí este suceso pone sobre la mesa temas que me preocupan mucho más que el ego herido de esas otras profesionales que se quejaban de no poder acudir ellas a sus trabajos con sus hijos. Me hastía esa manía de reducir los problemas de la humanidad a «pues en mi caso»… Seguimos creyéndonos la medida del Universo, «si yo no puedo», «si yo lo hago», «lo que yo opino»…
Cirujanas que se ofenden porque no pueden meter a su hijos en el quirófano, en vez de plantearse por qué cualquier madre debe reincorporarse por obligación a su puesto de trabajo a las 16 semanas de haber tenido a su bebé. (Como yo no puedo, que nadie pueda).
Políticas que critican que Carolina no haya dejado a su bebé en la guardería del Congreso (que no olvidemos es un sitio extraño, con personas extrañas, para ese bebé) cuando ellas escogieron incluso renunciar a la licencia de maternidad retribuida escasa e insuficiente y volver al trabajo a los 10 días. (Si yo lo hice, que lo haga ella– que es la versión políticamente correcta del «si yo me j**í, que se j**a ella»)
Personas de opiniones políticas contrarias que la critican sólo por su ideología, porque ya se sabe que en este país se debate así, no argumentando, sino criticando por sistema lo que haga el de enfrente. (Si es de otro partido, todo lo que haga está mal).
«Profesionales» argumentando con opiniones en vez de hechos. (Lo que yo opino, como soy X, es la verdad)
Y yo me pregunto :
¿En qué punto las personas hemos perdido tanto el sentido común? ¿En qué momento nos hemos vuelto tan estúpidamente mezquinos de creernos en posesión de la única verdad cuando lo cierto es que lo que creemos es nuestra opinión, tan simple, única y personal, como la del otro? ¿Quién nos convenció que el hecho de tener un título, unos estudios, una profesión o un historial convierte en VERDAD lo que no deja de ser nuestra sesgada visión de la realidad? ¿Cómo, personas a las que se les supone un nivel intelectual mínimo, son incapaces de distinguir entre hechos y prejuicios? ¿En qué punto nos empezó a interesar más tener razón que intentar conocer la verdad ?
Lo reconozco, he caído en la trampa de intentar argumentar en este debate estéril con personas que no quieren escuchar a otros, sino sólo escucharse a sí mismos y a aquéllos que les adulan.
He hablado de pruebas y de estudios, y de ciencia, y de biología, y de hormonas y de derechos y de libertad, a quienes sólo buscan reafirmarse en su posición y planteamiento de vida y creencias.
Y al final, ha pasado.
Si llego a vieja, podré explicarle a mis nietos, a mis hijos ya lo hago, lo que es la libertad y lo que son los derechos de las personas.
Les explicaré que los derechos no son sólo para los que votan. De hecho son aún más importantes para aquellos que no votan o no se sienten representados. Que no son sólo para los que piensan como yo. Que no son sólo derechos perseguibles los que afectan a lo que es me es familiar, común o conocido.
Les contaré a mis nietos que algunas personas lucharon mucho para conseguir derechos que yo me encontré ya adquiridos, lo cual agradezco, pero que quizás en su lucha, se les olvidó que hay otros derechos que aún no se han conseguido y algunos de esos son los que me movieron a mí a trabajar.
Les hablaré de que ser una persona no depende del género, ni del tamaño, ni de la edad, ni de la capacidad económica, intelectual o social. Les explicaré que ellos, niños, son personas y tienen derechos.
Les contaré cómo el ser humano, en su incongruencia, me hizo, en cierto sentido, partícipe de una guerra estúpida, en la que algunas feministas, pagadas de sí mismas y de su logros pasados, en el año 2016, insultaron a otras mujeres por pensar, opinar, creer y sentir diferente.
Les contaré que algo tan intrínsecamente humano como es nuestra forma de reproducirnos y criarnos, ofende a algunas ( o muchas) de nuestras congéneres que han escogido extirpar este proceso por completo de sus vidas o anestesiarlo (permitidme el doble sentido de la expresión), lo cual es totalmente lícito, pero no contentas con su elección, critican de forma feroz a quienes manifestamos querer hacerlo como nos da la gana. Al parecer, lo que más molesta es que nuestra elección, totalmente libre y legítima, además nos da placer.
Esto lo explicaré en detalle, porque quizás ahí está el gran quid de la cuestión: el placer.
LAs luchas siempre han ocasionado dolor y sufrimiento y muerte. El placer es quizás lo más subversivo que hay, así que imagino que a quienes han sufrido para obtener derechos, les debe costar ver otro tipo de lucha. Una con menos renuncia y más amplitud. Con menos lágrimas y más placer.
Algún día se entenderá que ser lactófila no es un insulto, sino un adjetivo calificativo de nuestra especie.
Somos lactófilos, eso nos ha hecho sobrevivir como especie. Por cierto, que la agresividad (o excitabilidad) de las madres que crían, es propia de todas las mamíferas. Se llama instinto de protección y por si no lo sabían, como muchos otros, son procesos neuroendocrinos que han asegurado la supervivencia.
Lo maravilloso de nuestra forma de ser, reproducirnos y criar es que toda ella está diseñada, no sólo para la pura supervivencia, sino para que se haga con placer. Placer al engendrar, placer al parir, placer al amamantar y placer al criar.
Como diría mi genial amiga, la bióloga e investigadora Irene García Perulero, la culpa es toda de la oxitocina.
Siento en el alma que la Beauvoir, y la Badinter tenga esa animadversión hacia lo maternal. No soy juez, ni terapeuta, ni lectora de almas, así que no me corresponde a mí saber qué les llevó a expresarse como lo hiceron con respecto a la maternidad. Sé que hay muchísimas mujeres que no disfrutan su maternidad. Me consta porque parte de mi trabajo es cambiar eso. Pero aceptar esas realidades y luchar por cambiarlas no anula la gran verdad: que muchas otros sí la disfrutamos.
No me considero más esclava del patriarcado por ser madre y ejercer de madre. Si acaso, lo que me siento es menos representada. Porque las mujeres que están en los lugares de poder y posicionamiento, hasta ahora, lo han hecho a costa de no ser madres, o de delegar la crianza de sus propios hijos. Por eso el gesto de Carolina Bescansa ha sido necesario. Puso sobre la mesa el verdadero debate. Porque la que no quiere criar, ya tiene todo un sistema montado para no hacerlo. La cuestión ahora es que la que quiere criar a sus hijos sin delegar ni abdicar la tarea no lo tiene fácil. La mayoría lo hace a costa de renunciar a su poder adquisitivo, a su status o a su independencia, y eso es lo que hay que cambiar.
Si quieres parir con anestesia, tumbada y enchufada a un monitor es tu decisión. Algunas luchamos para que la que no quiere no sea increpada ni amenazada por ello.
Si no quieres dar teta sencillamente no la das. (Otro tema es por qué luego hay tanto resquemor con esa decisión, pero ese es otro debate).
Si no quieres quedarte a criar a tu bebé, más allá de las semanas obligatorias ( a no ser que seas vicepresidenta claro), pues no lo haces
Si quieres que otros cuiden a tu bebé, pues aquí ya lo tienes más difícil dependiendo de tu capacidad económica y logística familiar, porque no siempre hay/ se puede costear una guardería (este es otro tema peliagudo), pero al parecer tienes el beneplácito de la mayoría aplaudiendo tu acción. ( Al fin y al cabo mantienes el status quo y no ofendes a la que no los cría ella).
En definitiva: si no disfrutas siendo madre nadie te puede obligar a ello. Pretender que «algún colectivo de lactofilia» puede cambiar eso es ser o demagoga o ignorante.
Lo que sí se puede es trabajar porque las mujeres tengamos DERECHO a elegir. Y eso es lo que algunas aún, tras tantos años en las trincheras, no han comprendido.
Y ya poniéndome pesada diré, que el Gran Objetivo no es luchar por tus derechos, sino por todos los derechos. Al final se trata de libertad y posibilidad de elegir. Distinguir posibilidad con obligación al parecer no es tan fácil para algunas.
Sería interesante ver dónde quedan los derechos de los niños en todo este debate.
Quizás por eso, algunas personas no quieren oír hablar del apego y de la neurobiología. Porque es muy duro que te den argumentos de peso que te dicen a las claras que sí, que tú eres muy moderna y liberal criticando a los empresarios que no quieren contratar mujeres, o que pagan menos a una mujer que a un hombre por el mismo trabajo, cuando tú, a tu vez, crees que tus derechos , como mujer adulta, son más valiosos y poderosos que los de los bebés y niños.
Quizás la patada al patriarcado sea demostrar que podemos luchar por nuestros derechos sin dar nosotras la patada a otras mujeres a quienes consideramos inferiores por el motivo que sea, ni a sus/nuestros hijos.
Quizás sea quitarnos de encima el paternalismo dejando de ser paternalistas.
Quizás sea alegrándonos de los triunfos de otras, porque abren camino a los nuestros.
Quizás sea aspirando a igualarnos por arriba y no a perder derechos para igualarnos mezquinamente por abajo.
Quizás sea escuchando y dando voz incluso a quienes no consideramos dignos de ser escuchados.
Quizás sea demostrando que podemos tenerlo todo en vez de empeñarnos en parchear o escoger renunciando.
*Quizás te interese leer a otras miembros de la secta de la lactofilia:
Y podéis leer este artículo de alguien que, como ella misma dice, no es sospechosa de lactofilia, sino más bien de lo contrario, y hasta ella ha entendido de qué va el tema.
Hoy leo este artículo sobre las mujeres españolas en política y sus maternidades.
LA realidad es que como comenté en el post del otro día, ser un padrazo es proporcionalmente igual de fácil que ser una mala madre.
Ellos sólo han de cambiar pañales, bañarles, portearles o cogerse el permiso de paternidad. A un padre que «ayuda» le hacemos la ola, pero las madres siempre somos juzgadas hagamos lo que hagamos.
Sigo leyendo mentes pensantes de todas las ideologías políticas y sociales hablar de la baja tasa de mujeres en política , muchísimas menos en cargos de responsabilidad, de la apenas presencia de mujeres en las juntas directivas de las grandes empresas… y al parecer el problema, o gran parte de él es el hecho de que somos madres (de hecho o en potencia).
Y la única solución que se plantea es establecer leyes de igualdad o de paridad en cuanto a las bajas al tener hijos.
A mí es que esto de poner parches en la parte equivocada de la tela me parece soberanamente estúpido, pero claro, yo no soy política, ni siquiera soy políticamente correcta y no me convence ninguna ideología concreta a la que adherirme para explicar lo que pienso.
El parche que nuestra sociedad propone como solución es convencernos de que hay que repartir a partes iguales los cuidados, así no se penalizará a las mujeres por ser las primeras encargadas de ese rol.
Pero claro, como de momento el embarazo y el parto no hay modo de compartirlo ( aunque con lo de la gestación subrogada no tardaremos en ver cómo se presenta esto como una liberación de la mujer para que el embarazo no altere su vida «productiva»), pues nos centramos en repartir el cuidado del bebé desde que la madre es «prescindible» o «substituible», esto es, desde que nace.
Así vemos a las políticas de nuestro país como «ejemplo» del reparto del cuidado del bebé, cogiendo ellas sólo una parte de la baja para que el padre coja la otra.
No voy a entrar a hablar de casos particulares, porque la verdad es que ni falta hace, ya que todas las mujeres con cierta responsabilidad política en nuestro país que han tenido hijos durante su mandato, se han caracterizado por renunciar a gran parte de su permiso de maternidad.
Es curioso que la mayoría de las madres querríamos que las políticas trabajaran para que ese permiso aumente, y ellas «dan ejemplo» de escucha de la sociedad que representan precisamente haciendo lo opuesto, reduciendo el suyo. Muestra inequívoca de hacia dónde vamos en este sentido.
Sigo viendo que en este tema se habla de derechos de las mujeres, de poca responsabilidad de los hombres, del doble rasero para madres y padres, de la sociedad hipócrita que no trata igual la maternidad y la paternidad… pero no escucho en ninguno de esos artículos a nadie hablando del derecho del bebé.
Y es que al bebé resulta que lo políticamente correcto se la trae al pairo. Para un bebé mamá no es igual a papá ni viceversa.
Para el bebé la persona insustituíble es la madre.
Del mismo modo que la gestación es cosa de la madre y no hay ley de paridad que cambie eso, los primeros meses de vida extrauterina del bebé es la madre la que sigue siendo insustituible.
Por muy políticamente correcto desde el punto de vista político, social y económico que veamos la paridad en el cuidado a los hijos, la realidad es que desde el punto de vista de la biología eso no es posible.
Nos empeñamos en negar esa realidad disfrazada de modernidad y justicia y lo que hacemos es precisamente ser totalmente injustos con quien más necesita ser protegido en sus necesidades y derechos: el bebé.
El bebé tiene derecho a optar por el cuidado y la alimentación óptima y esto lo provee su madre.
El bebé tiene derecho a tener acceso al pecho de su madre sin restricción horaria, al menos hasta que esté preparado para aceptar otro tipo de alimento ( no otra leche en biberón, eso no es una alternativa justa, eso es un remedio incomparable desde el punto de vista biológico, inmunológico, psicológico y emocional).
El bebé tiene derecho a establecer un vínculo seguro, que será la base para su desarrollo, con la persona mejor preparada para ello: su madre.
El bebé tiene derecho a disfrutar de su padre sin que esto suponga verse privado de su derecho a estar con mamá todo el tiempo necesario.
El bebé tiene derecho a crecer no sintiéndose una carga para la vida profesional y social de su madre y eso no se consigue apartándole de ella para que esta consiga sus logros, sino cambiando la mentalidad en cuanto a cuál es la verdadera meta a conseguir.
Hay mucho que cambiar para que esa meta sea claramente identificable por todos.
La meta es que se conozca la verdadera implicación para la sociedad de cómo somos gestados, paridos y criados
La meta es que trabajemos porque se den las circunstancias óptimas a nivel social , político, económico y familiar para que gestemos, paramos y criemos de la forma óptima
La meta es que algún día no tengamos que hablar de estos temas.
La meta es que todos los bebés tengan aquello que merecen por derecho
La meta es que todos contribuyamos a valorar el maternaje porque esa sí es la base de una sociedad sana, madura responsable y consciente.
Es trabajo de todos, y tú puedes ser parte del cambio de paradigma.
Firma la petición, comparte el post y colabora en el trabajo de divulgación de los derechos y necesidades de los más pequeños. Si algo nos es común a todos es que nacemos necesitando ser cuidados, y con toda probabilidad acabaremos necesitando ser cuidados por los que cuidamos nosotros hoy…
Cualquier madre que conozcas lo es a costa de renunciar.
Imagina que eres una profesional altamente cualificada.
Imagina que tienes un trabajo que te apasiona.
Imagina que ganas mucho dinero que te permite tener el nivel de vida que soñabas.
Imagina que sientes que eres respetada y valorada.
Imagina que tienes independencia económica que repercute en que tus relaciones con el resto de adultos sean sanas y libres.
¿Lo imaginas?
Primera parte
Ahora imagina que te conviertes en madre
Imagina que tus expectativas son disfrutar de esas 16 semanas de baja y luego seguir con tu flamante carrera, porque puedes permitirte pagar a la mejor persona del mundo para que cuide a tu bebé mientras tú no estás.
Imagina que llega ese momento y sientes una mezcla entre alivio y tristeza. Alivio porque la maternidad te resulta más agotadora que tu trabajo de 10 horas entre tiburones empresariales y económicos, y tristeza porque en el fondo no quieres dejar a tu bebé con nadie.
Imagina que estás en tu despacho y sientes que eso no es lo que quieres hacer.
Imagina que decides renunciar a tu trabajo, a tu estatus, a tu independencia, por ejercer de madre del modo que tú libremente escoges.
Imagina que pasan los días y las semanas y los meses, quizás los años, y te sientes feliz de hacerte presente en la crianza de tus hijos, feliz de saber que estás invirtiendo en algo que nadie más puede darles, feliz porque tu cabeza, acostumbrada a analizarlo todo fría y objetivamente, te dice que tú eres indispensable para tus hijos en esta etapa de su desarrollo.
Imagina que a pesar de eso, otra parte de ti se siente cansada, exhausta, molesta y susceptible, porque tu parte emocional no se contenta con saber "los beneficios de criar a los hijos".
Imagina que llevas años sin dormir seguido, sin mantener una conversación adulta sin interrupciones de "teta", "pis", "cógeme", "no quiero", "quiero"…
Imagina que ahora tu economía no depende de ti, sino de tu pareja, o de tus padres, o de un sistema público.
Imagina que te das cuenta de que a tu alrededor nadie valora lo que haces, que se da por sentado que es tu obligación y punto.
Imagina que te gustaría que el padre de tus hijos se implicara en su crianza y lo que recibes al hablar del tema es un: "yo me paso el día trabajando para que tú puedas quedarte en casa a jugar a las muñecas".
Imagina que te critican por antifeminista, por "floja", por "señorona", por "hippie", por fundamentalista… Te critican por una cosa y por la contraria, porque al parecer decidir ejercer de madre no está bien visto en ningún sector de los que antes frecuentabas: ni en los negocios, ni en la política, ni en la sociedad, ni en tu familia…
¿Lo imaginas?
Segunda parte
Ahora imagina una propuesta
Imagina que en ese caos emocional, físico, anímico y social, recibes una propuesta de trabajo.
Imagina que un headhunter ha visto tu perfil profesional y te ofrece un trabajo mucho mejor que el anterior que dejaste.
Imagina que al oír la cifra de lo que vas a cobrar no puedes evitar pensar que llevas meses vistiendo ropa comprada en grandes almacenes, comprando marcas blancas en el súper, y que lo más parecido a cenar fuera es ir a un restaurante de comida rápida con los niños.
Imagina que sueñas con esa posibilidad de recuperar tu vida, tu autonomía, tu libertad, tu independencia, tu estatus, tu reconocimiento, tu "voz", que se ha diluido entre los llantos y demandas de los pequeños.
Imagina que lo piensas y decides que todavía no es el momento, que tus hijos son pequeños aún.
¿Puedes imaginar los sentimientos encontrados?
¿Puedes imaginar el sentimiento de culpa que esto genera?
La culpa
Culpables de todo
Culpa por desear decir que sí a esa oferta.
Culpa por sentirse triste al decir que no.
Culpa porque este suceso te revuelve y te enfada y te frustra, y lo has pagado pegando cuatro gritos a tus hijos, lo que te hace creer que eres un fracaso de madre o un fraude a la crianza que quieres.
Culpa porque, al fin y al cabo, es lo único que hemos aprendido como mujeres: a sentirnos culpables de todo, por todo y por todos.
Llevamos la carga más pesada de la sociedad, la que nadie reconoce, ni valora, ni remunera.
En época de campañas electorales nos frustra ver cómo nadie está interesado en nuestra situación. Hartas de ver que la única opción que se nos plantea es tener guarderías desde el nacimiento, o que el padre coja la mitad del permiso de maternidad.
Las madres estamos constantemente renunciando: TODAS.
Unas renuncian a su vida y otras a sus hijos.
Algunas intentan compaginarlo todo y renuncian a tener tiempo para ellas, o a tener tiempo de intimidad con su pareja, o con sus amigas, o a invertir en su salud haciendo deporte… qué sé yo.
Lo cierto es que cualquier madre que conozcas lo es a costa de renunciar.
Para terminar
La próxima vez que te encuentres con una madre
Por favor, no la critiques.
No le digas lo que tiene que hacer o cómo.
No la ignores solo porque sabes que no va a poder ir a tu fiesta nocturna: invítala igual.
No caigas en obviedades y frases hechas.
Sencillamente, dile:
"Eres muy valiente, lo estás haciendo muy bien y te admiro".
P. D.: Dedicado a A. y a todas las preciosas madres que han decidido vivir intensamente este largo, precioso y a veces duro y solitario viaje que es el de criar hijos. He aprendido tanto de ti, de vosotras, que solo puedo deciros GRACIAS.
Me cuentan «la verdad» de la noticia y cómo durante días se ha dado información parcial que tergiversaba por completo la noticia.
Afortunadamente los medios de difusión hoy en día están al alcance de cualquiera que tenga un smartphone y una cuenta de correo y esta familia grabó un video y lo subió a Youtube explicando abiertamente y con claridad lo ocurrido
Este tema me ha dado que pensar por muchas cosas.
Porque soy madre.
Porque soy persona
Porque estoy firmemente convencida de la autonomía del ser humano
Porque en mi trabajo de desarrollo personal trabajo sobre todo en los prejuicios y en el empoderamiento contra la sumisión y la indefensión aprendida.
En este post me gustaría analizar algunos puntos interesantes a modo de reflexión personal primero y colectiva después. Porque la «masa» la formamos los individuos. Y parece que siempre son otros los responsables de cómo van las cosas, pero YO y TÚ también estamos en ese grupo. Y a veces una sola persona, con capacidad de cuestionamiento puede conseguir despertar la conciencia de todo un grupo. O al menos intentarlo.
Juzgamos sin tener toda la información
Esto se llama PREJUICIO.
¿Creías que tú no tenía prejuicios? ¿Porque no te pones una capucha blanca y escribes pancartas racistas?
Los prejuicios están tan arraigados en una sociedad que no somos conscientes la mayoría de las veces.
EN este caso la orientación religiosa de esta familia no tenía nada que ver, pero ha sido el detonante para poner a la opinión pública contra ellos.
Es curioso que en la mayoría de noticias que leo sobre «crímenes», no hablo de supuestos crímenes o delitos, sino de «crímenes», no se especifica en titulares, ni en la notica si el delincuente es católico.
Solo interesa cuando eres parte de una minoría. Porque se nos llena la boca con la palabra «democracia» y seguimos siendo una sociedad pacata que no soporta lo diferente. Sobre todo en cuestión de pensamiento.
¿Qué pasaría si a todos los individuos del grupo les da por pensar y replantearse lo mayormente aceptado? ¿Estamos dispuestos a convivir de verdad y no de boquilla con una sociedad plural? Plural en lo religioso, en lo político, en lo cultural, en lo ideológico, en lo personal…
La respuesta es que no.
Criticamos al que se sale del rebaño
¿Cuántos de quienes leéis este artículo juzgasteis a estos padres solo porque se mencionó su religión?
¿Cuántos de vosotros tras haber puesto en las redes verdaderas burradas en su contra vais ahora a retractaros?
Ese es el indicador de una sociedad que camina hacia la madurez y el empoderamiento. Me temo que nos queda mucho aún. Solo hay que leer los comentarios de la gente al artículo. Me da vergüenza de especie.
Porque mañana puedo ser yo. Ese niño puede ser mi hijo,y el tuyo. Y puede que en algún momento de tu vida vivas en tus carnes que la «mayoría» o la «autoridad de turno» no te respetan, incluso como es el caso, que ponen en peligro el bienestar y la vida de tu hijo, y tendrás que tomar una decisión.
¿Aceptarás sumiso? ¿O tomarás acción?
En este caso el que la familia pertenezca a una confesión religiosa les ha supuesto una ventaja, aunque no lo parezca. Porque pertenecer a una religión minoritaria en una sociedad como la nuestra implica que llevas años aprendiendo a tomar tus propias decisiones sin buscar la aprobación de la mayoría. Porque aunque muchas veces oímos que califican de «sectas» a ciertos grupos de pensamiento, en realidad en muchos casos precisamente esas personas lo que han hecho es replantearse el pensamiento mayoritario, cuestionarlo y decidir no seguirlo. Pueden estar equivocados o no, pero han hecho un ejercicio que la mayoría de nosotros no hacemos. Porque ¿por qué tienes tú las creencias que tienes? ¿Crees que han sido decisión tuya?
Siento decirte que la mayoría no. Venimos condicionados desde antes de nacer para seguir el patrón marcado. Lo raro es desmarcarse.
Cuando has vivido pensando diferente al resto acabas aprendiendo a defender lo que crees, y eso te da una seguridad en tus creencias que contribuyen a tener una firme convicción.
«Y a final de todo, la actitud lo es todo»
Y en este caso lo importante no era la religión porque ni siquiera estaba por medio el consabido tema de las transfusiones. En este caso lo importante era la autonomía del paciente.
Autonomía del paciente
Algo por lo que peleamos a diario a pesar de tener una ley que lo recoge.
Pero la Ley no cambia a las personas. Y la mentalidad colectiva sigue siendo que «lo que dice el médico va a misa», si me permitís el juego de conceptos.
Y lo malo es que esa mentalidad la tienen los médicos (y perdonadme que generalice que sé que hay muchísimos médicos que no, pero siguen siendo minoría) y la tenemos los pacientes, y la tiene la sociedad.
Es el debate de siempre:
Hasta qué punto nuestro cuerpo y lo que sucede con él es cosa nuestra. ¿Dónde está el límite? ¿Por qué cuesta tanto educar y educarnos para la responsabilidad personal?
Es un debate que oigo casi a diario por el trabajo que desempeño como Asesora y Formadora de Asesoras de Maternidad. En la ginecología y obstetricia estamos contiguamente casi gritando que la mujer ES libre de poder decidir sobre su cuerpo. Libre de decidir cómo llevar su embarazo, cómo y con quién parir, etc.
OS copio, con su permiso, una interesante reflexión al hilo de Mónica Felipe Larralde, autora de Cuerpo de Mujer: reconectar con el útero.
Cuando se apela a la legalidad como el límite de una decisión personal de una mujer sobre su cuerpo, estamos dando por sentado que hay otros poderes superiores al de la propia mujer que tienen potestad para tomar decisiones por ella misma. Eso me parece muy grave, porque enmascara un sentido de la libertad personal bastante reaccionario. Y añado: jamás dejaré que otra persona que no sea yo misma decida por mi lo que deseo hacer o dejar de hacer con mi cuerpo. Yo asumo todas las consecuencias de mi decisiones y si me equivoco, será mía la responsabilidad (como lo es siempre, esté acompañada por quien esté con la titulación que sea). No quiero entrar en más polémicas pero es que creo necesario recordar que las mujeres podemos tomar decisiones con absoluta libertad.[/box]
Y seguimos topando con el mismo muro.
Porque es al final el mismo muro: la violencia obstétrica, el paternalismo de los profesionales con los padres en todo lo que tiene que ver con los hijos, los prejuicios hacia un colectivo que decide con responsabilidad cosas diferentes a lo que la mayoría establece como lo correcto.
La información y la responsabilidad personal.
Esos padres están empoderados… tú y yo y cualquiera que les ha juzgado sin saber no.
Tenían información, y tomaron una decisión aceptando la responsabilidad que conllevaba.
La pregunta es… ¿qué secta es entonces la verdaderamente peligrosa?
¿La de las «locas que deciden parir en casa» o la de las inteligentes que confían en su médico y su gran hospital y acaban con secuelas de por vida?
¿La de unos padres acostumbrados a cuestionarse los tratamientos y buscar el mejor o la de los que aceptamos una única opinión porque aún nos creemos que todos los señores con bata blanca saben siempre lo que es mejor, aunque se demuestre que no?
¿La de «es@s que van de empoderadas» y todo lo discuten o la de es@s que van por la vida obedeciendo a todo el que crea tener autoridad sobre nosotros?
¿La de «es@s que no tienen formación reglada que las avale» o la de quienes teniéndola demuestran quedarse atrás en las necesidades de hoy de nuestra sociedad y en el respeto a la autonomía de cada individuo?
Yo tengo claro en qué grupos quiero estar en cada caso, te animo a que tú te lo plantees.
Y ojalá la próxima vez que todos leamos una noticia de linchamiento colectivo tengamos la capacidad de obviar nuestros propios prejuicios y ser algo más justos. Recuerda que mañana puedes ser tú.
Video grabado por la famila King
PD:En mi taller «Empodérate» trabajo sobre este tema y doy Tips y consejos para emprender un camino de responsabilidad personal a la hora de tomar decisiones. Si estás interesado en hacerlo de forma personal o en ofrecerlo a un grupo ponte en contacto conmigo.
Yo que trabajo con mujeres, por y para su empoderamiento, por y para recuperar nuestra belleza… me ha encantado oír a Isabel Allende.
No os perdáis ni un minuto del vídeo con su intervención
Algunas personas confunden empoderamiento con rabia o mal humor.
Una mujer empoderada tiene más sentido del humor que ira.
Es más constructiva que demoledora.
Saca de ella misma y de los demás lo mejor, no lo peor.
No se construye nada estable desde el odio.
Empoderarse es ante todo conocerse, aceptarse,saber qué cambiar y sobre todo, gustarse y saber en qué dirección caminar, hacia adelante, porque estar continuamente mirando a los lados es una pérdida de energía tremenda. Energía que una mujer empoderada prefiere enfocar en cosas más positivas y enriquecedoras
Imagen de «El Diablo viste de Prada»
El empoderamiento que asume roles avasalladores o que tutorizan a los demás no es empoderamiento.