No hablen por nosotras.
Las campañas electorales se están convirtiendo en una especie de suero de la verdad de nuestra clase política. Y cuando hablan de madres, se les ve todo.
Las madres llevamos años reclamando tener voz en política: que se escuchen nuestras reivindicaciones de primera mano y que se tengan en cuenta. Voto ya tenemos. Pero cuando no hay ninguna opción que te represente, tu voto no vale tanto como debería.
En las pasadas elecciones generales muchas mujeres nos sentimos huérfanas. Se votó más con el miedo que con la esperanza. Muchas decidimos votar en contra más que a favor. Como dijo, muy acertada como siempre, mi amiga Irene García:
«Votamos en defensa propia».
Independientemente de vuestra ideología, si sois madres de ese grupo invisible para los medios que, como yo, decidisteis que maternar también es un derecho que queríais ejercer sin renunciar a él ni delegarlo en terceros, habréis sentido la indefensión de saber que, votarais lo que votarais, ningún partido iba a apoyaros en esa decisión.
Lo que pedimosSeis meses como mínimo
Llevamos años reclamando un permiso de maternidad de, como mínimo, 6 meses. Una reclamación que responde primero al derecho del bebé y, evidentemente, también al de la madre, que, no lo olvidemos, es la que gesta, pare y amamanta, por mucho que a la PPiiNA (Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles) no le guste.
Resulta que no era posible, que no había fondos. Hasta que aparecieron, de vete a saber dónde, para ampliar el permiso del padre.
¿Estamos en contra de que se amplíe el permiso del padre?
Por supuesto que no. Pero no es justo, ni moral, ni biológica, ni fisiológicamente, ampliar un derecho cuando los otros dos protagonistas, que van delante, aún no tienen garantizados los mínimos.
Actualización 2026: desde que escribí esto, los permisos se igualaron y ampliaron. Con el Real Decreto-ley 9/2025, cada progenitor tiene 19 semanas (17 por nacimiento más 2 para cuidado), iguales e intransferibles, con 6 semanas obligatorias tras el parto; las familias monoparentales tienen 32. Para la madre, sigue siendo bastante menos de seis meses. Fuente: La Moncloa.
Por quéPrimero el bebé y su madre
Porque el bebé tiene derecho a ser nutrido por su madre sin restricción de tiempo, al menos hasta que sea capaz de tomar otros alimentos y de ser cuidado por extraños sin que se resienta su apego seguro con su cuidadora principal: su madre.
Porque quien ha gestado y parido necesita un tiempo de adaptación física, emocional y social muy superior a 16 semanas. Creer que ese periodo es «repartible con el padre» es ningunear el propio proceso biológico y mental de la gestación y el parto.
Porque no siempre hay «padre», y esa realidad se obvia demasiado a menudo. La mayoría de las familias monoparentales de nuestro país son monomarentales: según el INE, el 81,4 % en 2020. Pero hasta en el lenguaje tergiversamos la realidad.
Porque cuidar a los hijos no es una especie de servicio civil obligatorio, como hemos oído a algunos padres durante su permiso de paternidad. Para la mayoría de la clase política, el cuidado es una especie de impuesto que no nos gusta pagar y que intentamos evadir o repartir para tocar a menos. No se trata de cambiar pañales, señores y señoras políticos. A ver cuándo lo entienden.
Porque si al final lo hacen, tampoco merecen medallas como si fueran héroes. Ser un padrazo es directamente proporcional a ser una mala madre, y hacer campaña con la responsabilidad de los progenitores en el cuidado de sus hijos es moralmente deleznable.
Porque el cuidado es la base de la reproducción y la supervivencia de los mamíferos, especialmente de los humanos, cuyo desarrollo es especialmente largo. Los primeros años de vida son un periodo muy sensible que requiere algo más que comer lo suficiente para no morir de hambre, estar limpio y a resguardo.
Porque nuestros bebés tienen derecho al cuidado óptimo, y ese es el que provee su madre cuando está dispuesta a darlo sin sentir que pierde derechos, poder adquisitivo o calidad de vida.
Por eso:
Anunciar como medida permisos iguales e intransferibles para este primer periodo sensible del bebé es no entender nada de nada.
Prometer guarderías de 0 a 3 años es reírse de las necesidades de los bebés y de sus madres.
Ensalzar a mujeres que a la semana de parir ya están «emprendiendo por el mundo» es un insulto a las madres. Refleja una ignorancia supina de lo que supone el hecho maternal, de las necesidades del binomio madre-bebé y de las profundas repercusiones de todo lo que se hace o se deja de hacer en ese periodo.
Emprender a la semana de parir
En plena campaña, Isabel Díaz Ayuso, entonces candidata del PP a la Comunidad de Madrid, puso como ejemplo a una mujer que acababa de dar a luz y ya se había puesto a trabajar. Así lo recogía un tuit de entonces:
«Díaz Ayuso pone de ejemplo y defiende a una mujer que acaba de dar a luz y ya se ha puesto a trabajar. Es decir, que renuncia a sus derechos. Pero atentos a lo que dice de las "mujeres de la izquierda"…» — @Sayo_cab75, 14 de mayo de 2019
Es un insulto, sobre todo:
A las mujeres con empleos precarios, a los que no quieren «volver» pero tienen que hacerlo porque su subsistencia depende de ello.
A las mujeres que sufren depresión posparto, la mayoría de las veces sin diagnosticar, porque ya se sabe que las mujeres somos tan emocionales que nuestros síntomas graves se confunden con nuestro día a día. Todo el mundo sabe que la depresión posparto se cura dejando al bebé y volviendo al curro, claro que sí.
A las emprendedoras que luchamos cada día por levantar negocios que nos permitan vivir y hacer eso que la sociedad nos prometió en falso: conciliar.
A Isabel Díaz Ayuso el derecho a tener 16 semanas tras el parto le parece cosa de «víctimas de izquierda». Me gustaría verla siendo camarera de pisos en un hotel, volviendo a hacer 20 habitaciones y 5 salidas, más los pasillos de las zonas comunes, a la semana de parir.
Cargando fardos de ropa sucia y empujando carros llenos de toallas, sábanas y productos de limpieza. Retorciendo cientos de veces la fregona que limpia los suelos que pisan quienes van al hotel a descansar, mientras su útero se retuerce con los entuertos del posparto y sus pechos se hinchan por pasar 10 horas sin amamantar a un bebé que vete a saber con quién estará.
A ver lo que le duraba esa ideología de «menospreciar los derechos de las trabajadoras» en esas circunstancias.
Que muchas hayamos tenido que buscar fórmulas para emprender porque no teníamos otra alternativa válida no es excusa para imponérselo a las demás. Algunas somos privilegiadas porque pudimos sacar adelante nuestro emprendimiento con un bebé a la teta. Pero ESO ES UN PRIVILEGIO que no todas tienen, señora Díaz Ayuso.
Al parecer, usted solo conoce emprendedoras premium, que pueden permitirse emprender por el mundo a la semana de dar a luz. No creo que hable de:
La peluquera del barrio, que trabaja 10 horas diarias de pie.
La que trabaja en una tahona y se levanta a las 3 de la mañana a hacer pan, además de la jornada de venta al público.
La que monta un restaurante y prácticamente vive allí para sacarlo adelante.
Esas emprendedoras, aunque quisieran (y ya le digo yo que, por mucho que les guste su trabajo, no quieren volver a la semana de parir), no pueden emprender con sus bebés de 7 días.
En definitiva: cada vez que ustedes hablan de mujeres, dan vergüenza. Cada vez que hablan de política referida a las familias, dan asco. Mucho asco.
La conciliación según ellos«La generosidad de mi pareja»
Borja Sémper, entonces candidato del PP a la alcaldía de Donostia, respondía así en una entrevista a la pregunta «¿Qué hace para conciliar con la familia?»:
Al menos fue sincero: la conciliación de muchos se llama «mi pareja». O «mi madre».
Actualización 2026Siete años después, igual
Escribí este post en la campaña de 2019. Siete años después, la Ley de Familias sigue en un cajón. El Gobierno la llevó al Congreso en 2023, la volvió a enviar en marzo de 2024 y desde entonces acumula decenas de prórrogas del plazo de enmiendas, sin fecha de debate.
En septiembre de 2026, el Congreso votó una proposición no de ley de Podemos que pedía aprobarla de forma inmediata. El resultado:
Unos la tumban. Otros, los que la redactaron, se abstienen. Ninguno la saca del cajón.
Y aunque la ley se aprobara mañana, no da a las madres lo que llevamos años pidiendo: tiempo para criar. El permiso por nacimiento ya es de 19 semanas por progenitor, iguales e intransferibles. Para la madre que acaba de parir y amamanta, siguen siendo poco más de cuatro meses. No seis.
Cambian los nombres en las listas. No cambia quién se queda fuera.
No hablen por nosotras
Así que no hablen por mí ni por la mayoría de las madres que conozco. Madres que cada día intentan satisfacer las necesidades de los suyos, casi siempre a costa de ellas mismas, de su poder adquisitivo y de su calidad de vida.
Y créanme: ese espíritu de «sacrificio» no es para alabarlo. De hecho, nos repatea que en mayo aparezcan campañas de marketing que refuerzan ese estereotipo como si fuera una virtud que mantener. No queremos que nos alaben por estar siempre a disposición de todos sin que se nos tenga en cuenta ni se nos escuche.
Queremos RESPETO.
Queremos poder ejercer nuestros DERECHOS, todos.
Queremos IGUALDAD en lo que somos iguales y EQUIDAD para contemplar nuestras diferencias con justicia.
A ver si se enteran de una vez.
— Nohemí Hervada
