Un mundo de bandos

Un mundo de bandos

Geopolítica · Datos · Sin filtros

Un mundo de bandos.

OTAN sí, OTAN no. Salir de la OTAN vuelve a estar en los programas electorales. Antes de elegir bando, conviene ver el cuadro completo: lo que se repite, lo que se calla y los intereses que hay detrás.

Salir de la OTAN: dos personajes con aureola y sonrisa de santo, cada uno de un color, y detrás de cada uno una sombra con cuernos y ojos rojos

Lo confieso de entrada: en este tema no estaba al día. Me llegaban titulares sueltos, consignas, hilos indignados en un sentido y en el contrario. Así que hice lo que hago siempre que algo me chirría: buscar los datos, todos, no solo los que encajan.

Este artículo es para quien, como yo, no sigue cada noticia internacional pero quiere entender de qué va esto de salir de la OTAN antes de opinar. Y también es un ejemplo práctico de algo que repito mucho: con la mitad de los datos, cualquier relato parece verdad.

Lo básico

Qué es la OTAN y a qué nos compromete

Defensa mutua. El artículo 5 dice que un ataque contra un aliado es un ataque contra todos. Ojo: Ceuta y Melilla no están cubiertas, porque el tratado solo protege el territorio de Europa y Norteamérica.

Gasto en defensa. España llegó al 2% del PIB en 2025: pasó de 22.693 a 33.123 millones de euros en un año, un 43% más.

El famoso 5%. En 2025 los aliados acordaron llegar al 5% del PIB en 2035 (3,5% en defensa estricta y 1,5% en seguridad amplia). España es la única que no se ha comprometido: negoció quedarse en el 2,1%.

Misiones. España sigue aportando efectivos. En octubre de 2026 Defensa confirmó personal para el cuartel general de la misión de la OTAN en el Ártico.

Las bases de Rota y Morón no son de la OTAN. Son bases españolas que Estados Unidos usa por acuerdos bilaterales desde 1953.

¿Se puede salir? Sí: el tratado lo permite con un año de preaviso. Pero ningún país lo ha hecho nunca desde 1949.

85%
De los españoles apoya seguir en la OTAN (Elcano, 2025)
2,1%
Del PIB: el techo de gasto que negoció España, frente al 5% del resto
0
Países que han salido de la OTAN desde su fundación
Cómo hemos llegado aquí

La cronología en seis fechas

1982

España entra en la OTAN con el Gobierno de Calvo-Sotelo. El PSOE gana ese año las elecciones con el lema «OTAN, de entrada, no».

1986

Referéndum: el sí a la permanencia gana con el 56,85% de los votos válidos. Participación: 59%.

7 oct 2023

La masacre de Hamás en Israel mata a 1.221 personas, en su mayoría civiles, y unas 250 son secuestradas y llevadas a Gaza. Empieza la ofensiva israelí sobre la Franja.

Jun 2025

Cumbre de La Haya: todos se comprometen al 5%. España arranca una excepción y Trump empieza a señalarla en público.

Mar 2026

Estalla la guerra de EE. UU. e Israel contra Irán. España niega el uso de Rota y Morón y Trump amenaza con cortar todo el comercio con España.

Jun 2026

El Congreso rechaza una moción para salir de la OTAN. Sánchez convoca elecciones para el 29 de noviembre y la salida entra en la campaña.

Quién dice qué

Los partidos ante la OTAN

Quieren salir: Podemos (abandonar la OTAN «a la mayor brevedad», cerrar Rota y Morón, no subir el gasto) y el BNG. Desde el otro extremo, el pequeño partido Iustitia Europa propone referéndums para salir de la OTAN y de la UE.

Votaron a favor de salir en junio: Sumar, ERC y Bildu. El Gobierno de coalición votó dividido.

Votaron en contra: PSOE, PP, Vox, Junts, PNV, Coalición Canaria y UPN.

Grietas internas: las Juventudes Socialistas aprobaron plantear la salida, en contra de la línea del propio Gobierno de Sánchez.

Fíjate en un detalle: la salida de la OTAN no es solo cosa de un extremo. La defienden partidos de izquierda y también alguno de la derecha más soberanista. Lo que los une no es una ideología, es la desconfianza hacia Estados Unidos.

Sigue el dinero

Estados Unidos, China y la cuenta de resultados

Se habla mucho de que España «se aleja de Estados Unidos y se acerca a China». Veamos qué dicen los números:

Estados Unidos compra apenas el 4,7% de lo que exporta España. Con los aranceles, en 2025 esas ventas cayeron un 10%: unos 1.800 millones menos. Aceite de oliva, vino, aceituna y jamón, entre los más tocados. Y les compramos más de lo que les vendemos: 13.458 millones de euros de déficit en 2025, un 34% más que en 2024.

China nos vende mucho más de lo que nos compra: un déficit de 42.278 millones de euros en 2025, un 12% más que en 2024 y alrededor del 74% de todo nuestro déficit exterior.

Sánchez ha viajado varias veces a Pekín buscando inversión. Pero en el primer cuatrimestre de 2026 el déficit con China siguió creciendo y la inversión china se estancó.

España es un gran proveedor de cerdo para China: cerca del 20% de sus importaciones.

Gráfica: en 2025 España vendió a China 7.972 millones y le compró 50.249; a Estados Unidos le vendió 16.716 y le compró 30.175
Lo que vendemos y lo que compramos a cada uno en 2025, en millones de euros.
Gráfica: el déficit comercial de España con China pasó de 37.700 a 42.278 millones entre 2024 y 2025, y con Estados Unidos de 10.013 a 13.458
El déficit con China sube un 12 % y con Estados Unidos, un 34 %.

Esto no es una alianza ideológica. Es comercio. Y con los dos salimos perdiendo.

El vecino del sur

Marruecos, el factor que casi nadie menciona

En el debate sobre la OTAN casi nunca aparece el único país con el que España tiene frontera terrestre fuera de Europa. Y es clave:

2020, los Acuerdos de Abraham: con Trump de mediador, Marruecos normalizó relaciones con Israel. A cambio, Estados Unidos reconoció la soberanía marroquí sobre todo el Sáhara Occidental. Israel hizo lo mismo en 2023.

2026, más cerca todavía: en enero, Marruecos e Israel firmaron un plan militar conjunto. En septiembre, en la ONU y con Estados Unidos delante, acordaron abrir embajadas y reafirmaron el apoyo al Sáhara marroquí. Todo, en plena crisis de Ceuta.

Ceuta y Melilla: Marruecos nunca ha renunciado a reclamarlas. El acuerdo de septiembre no las menciona, pero algunas voces ya lo han planteado: un analista del think tank estadounidense AEI pidió en marzo reconocerlas como territorio marroquí ocupado, y un análisis en un diario israelí propuso usar los Acuerdos de Abraham para presionar por ellas.

¿Y la OTAN? Ceuta y Melilla quedan fuera de la defensa automática del artículo 5. El Gobierno sostiene que están protegidas porque la OTAN defiende la integridad territorial de cada aliado, y en caso de amenaza España podría pedir consultas a los aliados (artículo 4). Pero no hay garantía escrita.

Ceuta no es Gibraltar. Gibraltar está en la lista de la ONU de territorios pendientes de descolonización. Ceuta y Melilla, no: Marruecos intentó incluirlas y no lo consiguió. Ni siquiera la ONU las considera colonias.

Pero el relato colonial avanza. En julio de 2026, un informe de la Comisión de Asignaciones de la Cámara de Representantes de EE. UU. trató Ceuta y Melilla como territorios de Marruecos. Y en septiembre, en el Parlamento Europeo, la eurodiputada italiana Ilaria Salis (grupo de La Izquierda) llamó a Ceuta residuo del colonialismo europeo y dijo que «no es España»; una eurodiputada sueca de los liberales también cuestionó su pertenencia a Europa.

Lo que votó la Eurocámara: aun así, el Parlamento Europeo aprobó una resolución (339 votos a favor, 225 en contra) que califica de inaceptables las reclamaciones marroquíes sobre Ceuta y Melilla. Ahora bien, 225 votos en contra no son 225 eurodiputados que piensen que Ceuta no es española. La resolución, presentada por el PP europeo, no trataba solo de soberanía: también llamaba «invasión» a la entrada masiva de inmigrantes y pedía acelerar las devoluciones. Se votaba el texto entero, así que quien votó en contra pudo hacerlo por cualquiera de esas partes. Votaron no la izquierda europea y también el PSOE.

Mapa esquemático del Estrecho: Gibraltar, británico, cubierto por la OTAN; Ceuta y Melilla, españolas, fuera de la defensa automática del artículo 5
Gibraltar está cubierto por la OTAN. Ceuta y Melilla, no de forma automática.

Y aquí viene lo interesante: este mismo dato sirve a los dos bandos. Quien quiere salir dice: «la OTAN no protege Ceuta y Melilla, y nuestro gran aliado se lleva mejor con Marruecos que con nosotros». Quien quiere quedarse responde: «fuera de la OTAN estaríamos todavía más solos frente a un Marruecos respaldado por Estados Unidos e Israel». Los dos tienen parte de razón. Por eso hacen falta todos los datos.

La pregunta de fondo

¿Quedarse sin aliados en este mundo?

Salir de la OTAN no significaría quedarnos solos del todo. Pero conviene saber qué quedaría:

La UE tiene su propia cláusula de defensa mutua (artículo 42.7): si un país es agredido, los demás le deben ayuda «con todos los medios a su alcance». Pero no tiene planes operativos ni estructura militar detrás, y solo se ha activado una vez: Francia, tras los atentados de París de 2015.

Incluso los más europeístas la ven como complemento, no como sustituto: Macron y el primer ministro griego lo dijeron así en 2026.

Lo que hacen nuestros vecinos: Finlandia y Suecia, neutrales durante décadas, entraron en la OTAN en 2023 y 2024 tras la invasión rusa de Ucrania. Irlanda, Austria o Malta siguen siendo neutrales, pero ninguno tiene una frontera disputada en otro continente.

Y nuestro caso: tenemos la frontera más expuesta de Europa occidental, la que la OTAN no cubre de forma automática, junto a un vecino que la reclama y que cada vez tiene más apoyos. Y dentro de la UE, como hemos visto, ya hay voces que no distinguen Ceuta de Gibraltar.

Quien defiende salir responde que la alternativa es construir una defensa europea propia. Quien defiende quedarse responde que esa defensa europea hoy es un proyecto, no una realidad. Decidir eso exige poner todo esto en la balanza.

El sesgo

Los datos que se repiten y los que se callan

Aquí está el corazón de este artículo. Pero antes, una pregunta lógica: ¿qué pintan Israel, Irán o China en un debate sobre la OTAN? Pintan mucho, porque el conflicto de Oriente Medio ha acabado dibujando dos «bandos» que se proyectan sobre todo lo demás:

De un lado, Israel y su gran aliado, Estados Unidos, que es también el socio más poderoso de la OTAN. Por eso, para mucha gente, criticar a Israel acaba siendo criticar a Estados Unidos, y de ahí a cuestionar la OTAN hay un paso.

Del otro, Irán, el gran patrocinador de Hamás: según EE. UU., ha aportado la mayor parte de la financiación de su brazo armado, aunque no hay pruebas de que planificara el 7 de octubre. En 2026, además, está en guerra con Estados Unidos e Israel. Alrededor de Irán orbitan Rusia, que usó drones iraníes en la guerra de Ucrania (hoy ya los fabrica ella misma), y China, que compró más del 80% del petróleo exportado por Irán en 2025.

La trampa: como el primer bando hace cosas indefendibles, el segundo se presenta como «la resistencia» o «el antiimperialismo». Y quien se indigna, con razón, por Gaza, corre el riesgo de comprarse el paquete entero sin mirar qué hay dentro. Incluso de acabar negando el terrorismo o blanqueando a Hamás.

¿Y Afganistán? No forma parte de ese eje, pero lo incluyo por otra razón: es el mejor ejemplo de qué causas gritamos y cuáles dejamos en silencio cuando no encajan en el relato.

Con ese mapa delante, mira lo que cada bando elige contar. Y quien solo escucha a uno, solo ve la mitad del cuadro.

Una balanza inclinada: en un plato, un montón de bocadillos de diálogo repetidos; en el otro, algo tapado con una tela del que asoma una esquina roja
Lo que se repite pesa más. Lo que se tapa no desaparece.

El 7 de octubre de 2023: Hamás asesinó a 1.221 personas en Israel, en su mayoría civiles, y secuestró a unas 250. Atacaron kibutz y pueblos, y un festival de música, el Nova, donde murieron cientos de jóvenes. Una misión de la ONU concluyó que hay motivos razonables para creer que hubo violaciones, también en grupo, y encontró información clara y convincente de violencia sexual contra los rehenes durante el cautiverio. Medios como la BBC documentaron también mutilaciones.

Lo que vino después: la ofensiva israelí sobre Gaza fue la respuesta a ese ataque, dentro de un conflicto que viene de décadas. El Ministerio de Salud gazatí, controlado por Hamás, cifra en más de 73.000 los muertos, sin distinguir civiles de combatientes. El 82% de los españoles califica lo ocurrido de genocidio.

Irán, el régimen de los ayatolás: no siempre fue así. Antes de la revolución islámica de 1979, Irán era un país «casi occidental» en sus ciudades: las mujeres votaban desde 1963, llenaban las universidades, llegaron al Parlamento y en 1975 ganaron derechos de divorcio y custodia. Ojo, tampoco era una democracia: el sha era un régimen autoritario. La revolución cambió una dictadura por otra, y desde 1983 el velo es obligatorio a partir de los nueve años. Hoy, la represión no es solo contra las mujeres. Ejecutó al menos a 1.639 personas en 2025, la cifra más alta desde 1989, entre ellas 48 mujeres. Y cuando en enero de 2026 la población salió a la calle por la crisis económica, el régimen cortó internet y la represión dejó más de 5.000 muertos verificados, la mayoría manifestantes, y más de 10.000 detenidos, con juicios «rápidos» y el riesgo de nuevas ejecuciones.

Afganistán, el régimen talibán (otro régimen islamista, distinto del iraní): las niñas tienen prohibido estudiar secundaria desde 2021.

China: puesto 178 de 180 en libertad de prensa y el país con más periodistas encarcelados del mundo: 121.

Estados Unidos: el que se supone que es nuestro principal aliado amenazó en marzo de 2026 con cortar todo el comercio con España, porque el Gobierno no le dejó usar Rota y Morón para atacar Irán. Con Trump, los españoles ya sienten menos simpatía por Estados Unidos que por China.

Todos estos datos son ciertos a la vez. El problema empieza cuando unos se repiten hasta el cansancio y otros desaparecen, según quién cuente la historia. Ya lo vimos en Ceuta no tiene foto: lo que no sale en la imagen, no existe.

Que Israel haga cosas terribles no convierte a Irán en el bueno. Que Trump amenace no convierte a China en un amigo.

Y aquí un dato que me sorprendió: la mayoría de los españoles condena lo de Gaza y, a la vez, quiere seguir en la OTAN. La calle es menos binaria que los eslóganes.

La pregunta incómoda

¿Dónde vivirías con tus hijos?

Te dicen que tienes que irte a vivir con tus hijos a otro país. Solo tienes dos opciones: Israel o Irán. ¿Cuál escoges?

Antes de seguir, quiero que quede claro por qué hago esta pregunta. No es para que elijas un bando ni para defender a ningún gobierno. Es para que te hagas preguntas, para que cuestiones el relato venga de donde venga. Y, sobre todo, para que no acabemos blanqueando a un régimen totalitario solo porque su enemigo nos cae peor.

La hago porque en este tema la polarización es enorme. Mira lo que pasó hace un año:

14 de septiembre de 2025: la última etapa de la Vuelta Ciclista se suspendió en Madrid, a 56 km de la meta, por las protestas contra el equipo Israel Premier Tech.

Era un equipo israelí, sí, propiedad de un empresario amigo de Netanyahu. Pero de sus ocho corredores, solo uno era israelí.

El presidente del Gobierno expresó su admiración por quienes se movilizaron. El mensaje era claro: todo lo que venga de allí es el enemigo.

Ni todos los israelíes son Netanyahu, ni todos los gazatíes son Hamás, ni todos los iraníes son los ayatolás.

Igual que no todos los estadounidenses son Trump, ni todos los españoles somos el Gobierno.

Así que te digo lo que pienso: lo que ha pasado en Gaza me parece terrible, y a Netanyahu yo lo sentaría ante un tribunal. Ahora piensa en tu hija. En Irán, velo obligatorio desde los nueve años, 1.639 ejecuciones en 2025 y más de 5.000 muertos en las protestas de enero. En Israel hay elecciones, jueces y una prensa que critica a su propio Gobierno todos los días.

73
Israel · libertades, sobre 100 (Freedom House 2026)
10
Irán · libertades, sobre 100
2/22
Gaza y Cisjordania · sobre 100

Pero hay algo que no puedo callar: quien nace palestino en Gaza o en Cisjordania no puede hacerse esta pregunta. No elige. Allí la libertad es casi cero. Y dentro de Israel, los ciudadanos árabes siguen sufriendo discriminación.

Segunda pregunta, mismas condiciones: ¿Estados Unidos o China? Estados Unidos no es un paraíso, y con Trump menos: su nota en libertades ha bajado y en libertad de prensa ha caído al puesto 64. China está en el 178 de 180 y es el país con más periodistas en la cárcel del mundo.

81
Estados Unidos · libertades, sobre 100
9
China · libertades, sobre 100
178º
China en libertad de prensa, de 180 países (RSF)

En las dos parejas hay un gobierno que critico. Pero solo en una de cada pareja podría criticarlo sin acabar en la cárcel. Responder a estas preguntas no es elegir al bueno: es reconocer que no todo es igual.

Buenos y malos

No hay héroes. Hay intereses.

Al público general nos lo simplifican en buenos y malos. Pero si miras quién gana qué, aparece otra cosa:

Trump mezcla defensa y comercio: o gastas lo que te pido, o te pongo aranceles.

China busca aliados en Europa en plena guerra comercial con Estados Unidos, y España le ofrece una puerta de entrada.

Marruecos usa su amistad con Estados Unidos e Israel para consolidar el Sáhara y ganar peso frente a España.

El Gobierno español necesita exportar cerdo y aceite, atraer inversión y no recortar gasto social para pagar tanques.

Los partidos, a semanas de unas elecciones, buscan votos: unos agitando el antiamericanismo, otros el miedo a quedarnos solos.

Ninguno es un santo. Todos defienden sus intereses. Y eso no es un escándalo: es la política internacional de siempre. El escándalo es que nos lo vendan como una película moral para que elijamos bando sin hacer cuentas.

Antes de opinar

Preguntas incómodas

Si salimos de la OTAN, ¿quién nos defiende, y con qué presupuesto?

¿Tiene sentido quedarse sin aliados militares fuertes en un mundo cada vez más inestable?

¿Cambiar la dependencia de Estados Unidos por la de China es ganar autonomía?

¿Se puede defender a la población de Gaza sin callar lo que hizo Hamás?

¿Por qué indigna tanto lo que pasa en un país y tan poco lo que pasa en Irán o lo que les pasa a las mujeres en Afganistán?

¿Cuántas de mis opiniones sobre esto se basan en datos y cuántas en titulares?

Nota: las cifras de muertos en Gaza proceden del Ministerio de Salud gazatí, controlado por Hamás, y no distinguen entre civiles y combatientes; organismos internacionales las consideran en general fiables. El 85% de apoyo a la OTAN es del Barómetro del Real Instituto Elcano de mayo-junio de 2025. Las cifras de ejecuciones en Irán son de Iran Human Rights y ECPM; Amnistía Internacional eleva el total a 2.159.

Para terminar

Todos los datos, no solo los cómodos

Este post lo he escrito, antes que para nadie, para mí. Para estar segura de tener el dibujo lo más completo posible antes de opinar.

Porque yo también estuve en las manifestaciones gritando «OTAN no, bases fuera». Y si alguien me hubiera preguntado por qué, no habría sabido dar una razón más allá de creer que era lo correcto.

Quizá por eso hoy entiendo a la gente joven que lleva un pañuelo de Palestina y no sabe qué decir cuando le hablas de Hamás. O a quien detesta a Trump y sus políticas y, por eso, piensa que China será mejor aliado. No es mala fe. Es lo que pasa cuando nos dan una causa justa con la mitad de los datos.

Por eso hago estas preguntas: no para favorecer a nadie, sino para animarte a hacértelas tú. Puedes condenar lo que ha pasado en Gaza y, a la vez, negarte a aplaudir a un régimen que ahorca a mujeres y encarcela a periodistas. Criticar a un gobierno no te obliga a abrazar al de enfrente.

No te voy a decir si España debe quedarse o salir de la OTAN. Te voy a pedir algo más difícil: que antes de decidirlo pongas todos los datos sobre la mesa. Los que te dan la razón y los que te la quitan.

Porque cuando alguien te presenta el mundo en buenos y malos, casi siempre está escondiendo una cuenta de resultados.

El relato elige qué datos ves. Tú decides si te conformas con la mitad.

— Nohemí Hervada

En vídeo

Te lo explico en 20 minutos

Fuentes Galiciapress / Europa Press · The Conversation · EFE (gasto en defensa) · Moncloa.com · NPR · Libertad Digital · Referéndum de 1986 · The Objective · Política Electoral · Vozpópuli · Forbes (comercio con EE. UU. y China en 2025) · Onda Vasca (déficit comercial 2025) · The Objective (déficit con China en 2024) · China Briefing · El Español · Euronews · Barómetro Real Instituto Elcano · ICTJ (Gaza) · AFP (7 de octubre) · Euronews (Irán) · Reporteros Sin Fronteras · Libertad Digital (Ilaria Salis) · Yabiladi (Congreso de EE. UU. y eurodiputadas) · The Objective (resolución sobre Ceuta) · El Debate (resolución sobre Ceuta) · La Capital (Ceuta, Melilla y la ONU) · El Español (artículo 42.7) · Público (Marruecos, EE. UU. e Israel) · El Español (acuerdo de septiembre) · Bilbao Hiria (Ceuta, Melilla y Acuerdos de Abraham) · Infobae (Ceuta, Melilla y la OTAN) · Maldita (concepto estratégico de Madrid) · El Orden Mundial (Irán antes de 1979) · El Debate (mujeres en Irán, años 70) · EFE (informe ONU, 7 de octubre) · BBC (violencia sexual, 7 de octubre) · NTN24 / HRANA (protestas en Irán) · AFP (detenidos en Irán) · CNN (Irán y Hamás) · Reuters (drones a Rusia) · Euronews (Shahed) · Jerusalem Post / Kpler (petróleo iraní) · Freedom House 2026 (Israel, Cisjordania y Gaza) · Freedom House 2026 (Irán, Estados Unidos y China) · La Nación (Vuelta 2025) · Ara (propietario del Israel Premier Tech) · La Gaceta de Salamanca (el equipo) · Ciclismo a Fondo (corredores en la Vuelta) · Domestique (cambio de identidad del equipo)

Superioridad moral

Superioridad moral

Superioridad moral · Autocrítica · Sin filtros

Huérfana de bandos.

Me he ido bajando de religiones, tribus y causas que sentía mías. No por cambiar de valores, sino por negarme a comprar el pack completo.

Superioridad moral: una tabla sola en un mar gris frente a balsas llenas de gente agrupada

Desde que publiqué El Cluedo obsceno me llegan críticas de los dos lados. A unos les sobra lo que digo de la izquierda. A otros, lo que digo de la derecha. Cada uno ha leído la mitad del texto y está convencido de que la otra mitad sobraba. Las dos críticas comparten algo: superioridad moral.

No me sorprende. Me duele, pero no me sorprende. Porque no es la primera vez.

Escribo esto desde un sitio que duele: el de haber visto, en distintas épocas y en ámbitos muy distintos, cuánto nos cuesta la autocrítica. Y lo fácil que nos resulta blindar lo que pensamos ante cualquier crítica o cualquier dato que nos chirría.

Ese blindaje es la superioridad moral: creer que nuestras posiciones son moralmente mejores y que eso nos da derecho a juzgar, a no escuchar o a callar al otro.

Lo peor que hacemos, casi nunca lo hacemos sintiéndonos malos.

Lo que aprendí vendiendo

La confianza vende.

En mis programas de ventas repito una idea hasta el cansancio: lo que vende no es el hecho en sí, el dato del producto. Lo que vende es la confianza.

Con las ideas pasa exactamente lo mismo. Puedes ganar una discusión gritando más, escondiendo el dato que no te conviene o haciendo callar al de enfrente. Lo que no ganas es confianza. Y sin confianza, lo que has ganado no vale nada.

Si para vender mi historia tengo que ocultar datos, cancelar al otro o gritar más, prefiero bajarme de ahí.

Y me he bajado de unos cuantos sitios.

Mi mar de orfandades

Comprar el marco completo.

Las personas somos incoherentes. Nos pasan cosas, cambiamos de opinión, nos contradecimos. Eso es humano y lo acepto, en los demás y en mí.

Lo que nunca he podido aceptar es tener que comprar el marco completo: el paquete entero, sin derecho a preguntar por la letra pequeña. Y eso es lo que me ha ido alejando de grupos, ideologías y corrientes que, en su momento, sentí como casa.

Primera bajada

La fe y la práctica.

Desde los cinco o seis años hasta los 41 formé parte de una religión que llevaba por bandera unos principios. En la práctica, eran otros. No voy a entrar hoy en detalles. Lo que sí puedo contar es lo que aprendí: que el problema rara vez está en los principios, sino en la distancia entre lo que se predica y lo que se hace, y en la prohibición de señalarla.

Hay una parábola que lo resume. La del fariseo que rezaba en el templo dando gracias a Dios "porque no soy como los demás" (Lucas 18). Dos mil años después, seguimos rezando lo mismo, con otras palabras.

El psiquiatra Robert J. Lifton estudió en 1961 cómo funcionan los grupos que lo controlan todo. Algunos de los rasgos que describió:

Exigencia de pureza: el mundo se divide entre puros e impuros, y la culpa no se acaba nunca.

Lenguaje cargado: etiquetas que, en lugar de abrir el pensamiento, lo cierran.

La doctrina por encima de la persona: si tu experiencia contradice la doctrina, la que se equivoca eres tú.

Quien está fuera no merece ser escuchado.

Cuando sales, empiezas a ver esos rasgos en sitios que no tienen nada de religioso.

Segunda bajada

Lactancia y crianza: la culpa en los dos lados.

Durante años trabajé como asesora de maternidad y lactancia. Y vi cómo se formaban bandos: teta o biberón, colecho o cuna, crianza "respetuosa" o el resto. Cada bando tenía su verdad. Y la culpa, siempre, caía sobre las madres. Sobre las de los dos lados.

Estuve dentro de esa guerra que todo el mundo se empeñaba en alimentar: la que dividía a las madres que daban teta y a las que no.

A las que no amamantaban, se las culpaba por no hacerlo.

A las que sí, se las llamaba "retrógradas", "de derechas", "vacas" o casi abusadoras de niños por no destetar. Y no, no exagero: en ese debate en redes participé yo.

De hecho, en esa época, buena parte del feminismo estaba tan en contra de la lactancia que yo me negué durante años a asumir esa etiqueta. Luego decidí "aceptar pulpo".

Para hacerte una idea del tono de aquellos años:

2010. El suplemento Magazine de El Mundo publica "Madre o vaca", un reportaje que comparaba a las madres lactantes con vacas. Hubo protestas y tetadas ante sus sedes, como contaba Bebés y más.

2017. Patricia Merino responde en Tribuna Feminista a otra polémica en redes sobre maternidad y lamenta la agresividad de los dos lados.

2018. Pikara entrevista a Beatriz Gimeno, autora de "La lactancia materna. Política e identidad", uno de los libros más críticos con la lactancia desde el feminismo.

Atendí a decenas de madres y padres que lloraban mientras aplicaban el método de "Duérmete, niño", de Eduard Estivill, convencidos de que era por el bien de su bebé.

Y vi a quienes, en nombre de la crianza "respetuosa", juzgaban a esas mismas madres, no te digo a las otras. Porque no es lo mismo "respetar" a tus hijos que respetar al prójimo. Además, si tu crianza es la respetuosa, ¿qué es la de las demás?

Si llora el bebé y llora la familia al aplicar el método, el único que se beneficia es quien vende el libro.

El mecanismo es el mismo en los dos bandos: "por su bien". Generaciones enteras crecieron con "la letra con sangre entra", y en España el derecho de los padres a "corregir" a sus hijos no desapareció del Código Civil hasta 2007. El psicólogo Albert Bandura lo llamó desconexión moral: la forma en que hacemos daño sin sentirnos mal. El primero de sus mecanismos es la justificación moral. Si la causa es buena, todo vale.

Tercera bajada

El garbanzo negro del porteo.

En el mundo del porteo, el discurso generalizado era que portear nunca hacía daño al cuerpo de la madre y no tenía contraindicaciones. Yo compré ese discurso durante años. Hasta que sufrí un aborto y me empecé a replantear muchas cosas. Entre otras, si algo de lo que yo consideraba inocuo no lo era tanto. Así que empecé a investigar, preguntando a profesionales para tener más información, más "datos" y no solo el relato.

Como resultado cambió mi forma de abordar mi trabajo hasta el punto de enseñar que, a veces, a una mujer hay que decirle "ahora, o de momento, mejor no portear".

Por eso creé el concepto de porteo no hiperpresivo: para enseñar a minimizar el impacto de cargar peso en el cuerpo del adulto. Porque siempre hay impacto, y en algunos casos, pocos, sí está contraindicado. A mis ojos, visibilizarlo era lo veraz y lo ético.

Nunca entendí por qué negar las excepciones era válido.

Defender algo no exige absolutizarlo. Al contrario: reconocer sus límites es lo que lo hace creíble. Otra vez, la confianza.

Cuarta bajada

El feminismo que sí era mío.

Este es el que más me duele.

Te contaba que durante años me negué a llamarme feminista. Pasado un tiempo, acepté pulpo. Entendí que había que sumar: el clima político y social amenazaba con un retroceso en los derechos de las mujeres, y entre quedarme al margen o sumar, escogí sumar.

Ya no estaba en mi etapa más maternal. Empecé a identificarme públicamente como feminista y me involucré como he hecho con todo lo que me ha importado en la vida: con la acción, no solo con el intelecto.

Por eso hablo de un feminismo del que sí me sentía parte, en el que he hecho activismo durante años. No del institucional, ni del que ha abrazado la teoría queer.

En 2025, el periodista Juan Soto Ivars publicó "Esto no existe. Las denuncias falsas en violencia de género" (Debate). Se puede discrepar de su libro. Para eso, primero hay que leerlo.

Pero la historia no empieza con él. Antes, las canceladas fuimos nosotras, o quienes decían cosas parecidas a las nuestras:

16 mayo 2022

Barcelona. Manifestantes LGTBI intentan entrar en la Casa del Libro para impedir la presentación de "Nadie nace en un cuerpo equivocado", de José Errasti y Marino Pérez Álvarez. Hay enfrentamientos con los Mossos y la librería anula el acto.

Febrero 2023

Badalona. Se suspende la presentación de "La coeducación secuestrada", de las feministas Silvia Carrasco y Marina Pibernat, tras la presión de colectivos LGTB y varios partidos que hablaban de "ideas transfóbicas".

15 sept. 2025

Todo es mentira (Cuatro). Ione Belarra pregunta a la abogada feminista Paula Fraga si una mujer trans es una mujer. Fraga responde que no. Belarra lo califica de transfobia y delito de odio, y le pide a Risto Mejide que no le dé espacio. Respuesta de Mejide: "Nosotros no vamos a cancelar a nadie en este programa".

18 nov. 2025

Más Espejo Público (Antena 3). Llega el libro de Soto Ivars. Una de las invitadas: "no me pregunte si me he leído el libro porque no me lo he leído y además no me lo voy a leer, pero sí que me he leído todos los datos".

1 dic. 2025

El mismo programa. Zuriñe Ojeda (Feministas al Congreso) y Mari Cruz Garrido (Docentes Feministas por la Coeducación) se posicionan en contra del boicot: las feministas lo han sufrido en carne propia. Pero mantienen que el libro niega la violencia machista o da alas a quienes la niegan.

4 dic. 2025

Sevilla. Colectivos feministas piden por carta que se anule la presentación del libro en una biblioteca pública.

Ese último matiz es el que más me interesa. Porque el libro empieza diciendo expresamente lo contrario: que la violencia machista existe, y que con las denuncias falsas pierden precisamente las mujeres que sí son víctimas, porque en la cola se cuelan otras que no lo son. Se puede estar en contra del boicot y, aun así, rebatir algo que el libro no dice.

¿Y los datos? Lo único que sabemos con certeza es cuántas denuncias falsas llegan a perseguirse y acaban en condena. Y son pocas:

79
Condenas por denuncia falsa entre 2009 y 2016 (Fiscalía)
0,0075%
Sobre 1.055.912 denuncias en ese periodo
¿?
Las denuncias falsas que nunca se persiguen

Ese dato mide las falsedades probadas y perseguidas, no las que existen. Que no haya denuncia por denuncia falsa no significa que no existan. La cifra real no se conoce. Y eso, precisamente, es lo que debería poder investigarse y discutirse sin que te llamen negacionista.

Lo digo claro:

Si para luchar contra la violencia machista hay que negar que haya gente que pueda utilizar las denuncias de forma espuria, o aceptar que cada mujer del planeta es un ser de luz, conmigo que no cuenten.

Y como feminista, nunca voy a aceptar que luchemos por nuestro derecho a la libertad de expresión y nos convirtamos en canceladoras cuando alguien, desde otro posicionamiento, intenta explicarse.

Quinta bajada

La política, ya lo sabes.

De la política ya hablé en Apolítica, decía yo. Nunca he sido de partido. Y cuanto más escribo, más claro tengo que no voy a serlo: en la trinchera, el que no dispara a los de enfrente es sospechoso para los suyos.

Así que aquí estoy: cada vez más huérfana de todo.

Por qué nos cuesta tanto

Superioridad moral: nadie es el villano.

La psicología lleva años explicando de dónde sale la superioridad moral y por qué blindamos nuestras ideas:

Nos creemos mejores que la media. En un estudio con 270 personas, Tappin y McKay (2017) comprobaron que casi todos nos vemos por encima de los demás, y que el autoengaño más irracional es el moral: más que el de la inteligencia o la simpatía.

Preferimos no saber. Evitamos la información que amenaza lo que creemos, aunque sea gratis y útil (Golman, Hagmann y Loewenstein, 2017).

Lo moral no se negocia. Cuando vivimos una postura como cuestión moral, el que discrepa deja de estar equivocado y pasa a ser malo (Linda Skitka).

La indignación se premia. Cada palabra moral y emocional en un tuit aumenta su difusión un 20 %, sobre todo dentro del propio grupo (Brady y otros, 2017, más de 560.000 tuits).

Y luego está el famoso experimento de la cárcel de Stanford (Zimbardo, 1971), el que nos contaron como prueba de que el entorno nos convierte en monstruos. Hoy sabemos que a los "guardias" se les orientó para ser duros y que el experimento no se pudo reproducir. La lectura actual (Haslam y Reicher) es más incómoda: hacemos daño cuando nos identificamos con una causa que creemos justa y alguien nos dice que eso es lo correcto.

Nadie es el villano de su propia historia.

Pertenecer sin perder el criterio

La tribu une y ciega.

Jonathan Haidt lo resume en una frase: la moral une y ciega. Nos da tribu, y a cambio nos pide que no miremos lo que la tribu no quiere ver.

La necesidad de sentirse parte de algo mayor es profundamente humana. Yo también la tengo. Pero intento que nunca sea a costa de perder mi espíritu crítico.

Y esto no va de un bando. En Badalona cancelaron a unas feministas; en Valdemorillo, en 2023, un ayuntamiento con Vox retiró una obra basada en el Orlando de Virginia Woolf. La superioridad moral no tiene carné. Y la empatía tampoco es superioridad moral; la que sí la roza es la empatía selectiva.

¿Cuándo fue la última vez que cambiaste de opinión?

¿Te has negado a leer algo que ya criticabas?

¿Sabrías explicar la postura contraria de forma que quien la defiende la firmara?

¿Qué dato de tu propio bando te chirría y prefieres no mirar?

Para terminar

La tabla de siempre.

Cada una de estas bajadas ha sido un pequeño duelo. Dejas atrás gente, rituales, certezas y la comodidad de tener siempre a alguien que piensa como tú.

Lo que me ha mantenido a flote no es una ideología. Son unas pocas costumbres, el mejor antídoto que conozco contra la superioridad moral. También contra la mía:

Preguntarme "¿y si me equivoco?" antes de dar algo por cerrado.

Formular la mejor versión del argumento contrario antes de criticarlo.

Separar a la persona de la idea.

Desconfiar de las palabras que cierran preguntas en lugar de abrirlas.

John Stuart Mill lo escribió en 1859: quien solo conoce su lado del argumento, sabe poco de él.

En el mar de orfandades, siempre tuve una tabla: cuestionármelo todo. Incluso a mí misma.

— Nohemí Hervada

Fuentes Tappin y McKay (2017) · Golman, Hagmann y Loewenstein (2017) · Brady y otros, PNAS (2017) · Le Texier, American Psychologist (2019) · El Periódico (Barcelona, 2022) · betevé (2022) · The Objective (Badalona, 2023) · Cuatro (15-9-2025) · Más Espejo Público (18-11-2025) · El Mundo Magazine (2010) · Bebés y más (2010) · Tribuna Feminista (2017) · Pikara Magazine (2018) · Memoria de la Fiscalía General del Estado (2016) · Lifton, Thought Reform and the Psychology of Totalism (1961) · Bandura (1999) · Haidt, La mente de los justos (2012) · Mill, Sobre la libertad (1859)

¿Que viene el Coco?

¿Que viene el Coco?

Política · Pensamiento crítico · Sin filtros

¿Que viene el Coco?

Si no votas a los de siempre, viene la ultraderecha. Llevo años oyéndolo. Y a mí ese miedo ya me caducó.

Que viene el Coco: una gran sombra gris de monstruo y, delante, una pequeña figura roja con los brazos cruzados

La mayoría de la gente con la que puedo compartir ideología (algo así como la socialdemocracia: yo nunca me he considerado de derechas, ni de lejos, aunque comparta algunas ideas mal llamadas conservadoras y esté a favor de que el Estado intervenga poco) tiene un argumento estrella. Si no votas a los de ahora, viene la ultraderecha.

Es un argumento que no me canso de oír, en todas sus versiones:

«Los otros son peores».

«Hay que evitar que gobiernen los otros».

«Vox es lo peor para los derechos».

«El lado correcto de la historia», «evitar el mal mayor», «levantar un muro a la ultraderecha».

Eslóganes. Solo eso.

La pregunta

¿Qué duele más: el contrario o los tuyos?

¿Qué es peor: que te gobierne alguien con quien no compartes políticas ni forma de mirar la economía o la sociedad, o que te gobiernen «los tuyos» mintiéndote descaradamente?

¿Que cambien las políticas de su propia ideología disfrazándolas de tu cuerda a base de relato?

¿Que gobierne un partido con un programa que no votaste… o que los que tú votaste hagan justo aquello que prometieron, hasta la saciedad, no hacer?

¿Duele menos la traición de los tuyos que las decisiones del contrario?

No lo sé. Pero a mí me jode más que me traten de idiota.

Porque cuando tienes enfrente a alguien que hace cosas que no te gustan, alguien que no es de tu cuerda, te rebelas y exiges cambios. Pero cuando quienes lo hacen son de los tuyos, lo que provocan es disonancia cognitiva. Y la disonancia se resuelve casi siempre igual: justificando lo injustificable.

Como manifestarse contra el Gobierno siendo vicepresidenta de ese Gobierno. Yolanda Díaz, el 27 de septiembre, en la fiesta del PCE, apoyando la acampada de Sol contra los decretos de vivienda que su propio Gobierno no lograba sacar adelante:

«La derecha que se retrate votando y nosotros movilizándonos».

Obediencia

De la polarización a los soldados

Ya no es solo la polarización de la sociedad. Es la transformación de una sociedad en soldados acríticos y obedientes.

Y yo creía que, como sociedad, habíamos dejado claro en los juicios de Núremberg que la obediencia no puede estar por encima de la humanidad. Lo dice el Principio IV que la ONU formuló en 1950:

«El hecho de que una persona haya actuado en cumplimiento de una orden de su Gobierno o de un superior jerárquico no la exime de responsabilidad conforme al derecho internacional, si efectivamente ha tenido la posibilidad moral de opción». Principios de Núremberg, Comisión de Derecho Internacional de la ONU (1950).

Por mucho que sean los tuyos.

La superioridad moral

Los buenos por definición

El «que viene el Coco» funciona porque se apoya en una idea muy arraigada: la izquierda son los buenos. ¿De dónde sale?

1789

En la Asamblea francesa, los contrarios al veto del rey se sientan a la izquierda. Desde entonces, la izquierda se identifica con el «progreso».

Años 30

Gramsci teoriza la hegemonía cultural: ganar el sentido común antes que el poder.

1975-1982

En España, el antifranquismo da a la izquierda una legitimidad que, como escribió ABC, «valía para perdonar cualquier cosa». De los GAL a Filesa.

Lo reconoce hasta un autor de izquierdas, Ignacio Sánchez-Cuenca, en La superioridad moral de la izquierda (2018): «tener razón es muy difícil de gestionar». Y Andrés Trapiello lo resumió así: «La izquierda se considera moral y culturalmente superior a la derecha porque cree que la cultura es cosa de izquierdas».

La psicología también lo ha estudiado. Según Jonathan Haidt y sus colegas (2012), cuando se pide a la gente que adivine los valores morales del bando contrario, los progresistas son los que más se equivocan. Y un estudio con población española (2025) encontró que incluso las personas de derechas ven más morales las causas de izquierda.

Pero la historia no respalda esa superioridad. Las ideologías de extrema izquierda han sido tan culpables como las de extrema derecha de millones de muertes:

6-20M
Muertes bajo Stalin, según el historiador
15-55M
Muertes del Gran Salto Adelante de Mao
25%
De la población de Camboya, asesinada por los Jemeres Rojos

El nazismo exterminó a 6 millones de judíos y a millones de personas más. Ningún extremo tiene autoridad moral para dar lecciones.

¿Socialdemocracia?

Lo que se ha hecho en su nombre

Lo que más me molesta no es que la izquierda se crea superior. Es que se lo crea mientras gobierna en contra de los principios que dice defender. Algunos ejemplos de lo que la socialdemocracia clásica defendería y aquí no se ha hecho:

Vivienda pública. La vivienda social es el 1,2-2,5 % del parque en España. En Dinamarca, el 21 %.

Impuestos justos. El IRPF no se ajusta a la inflación: pagas más aunque tu sueldo real baje. En 2025, 2.300 millones extra, según la propia Hacienda.

Igualdad ante la ley. Amnistía a cambio de votos. El propio Tribunal Constitucional, aunque la avaló, anuló dos artículos por vulnerar la igualdad.

Solidaridad entre territorios. Perdón de 83.252 millones de deuda autonómica y «financiación singular» para Cataluña. Emiliano García-Page, del PSOE, la llamó «el mayor daño a la ideología del PSOE de su historia».

Instituciones neutrales. El CIS de Tezanos, exmiembro de la dirección del PSOE, sobreestimó a la izquierda en 41 de 42 elecciones. RTVE se cambió por decreto ley para nombrar a su consejo por mayoría simple, y Bruselas habla de «injerencia política».

Cuentas públicas. Ni un solo presupuesto en toda la legislatura.

Familias. La Ley de Familias, bloqueada en el Congreso desde 2024.

El rumbo

Ni Venezuela ni Dinamarca

Seamos justas con los datos: los tres grandes índices de calidad democrática (The Economist, V-Dem y Freedom House) siguen considerando a España una democracia plena. Venezuela es una autocracia. No somos Venezuela.

Pero la socialdemocracia que muchos votaban miraba a Dinamarca. Y allí, la socialdemócrata Mette Frederiksen gobierna con superávit (4,5 % del PIB), deuda por debajo del 30 % y una política migratoria tan estricta que en inmigración se ha alineado con Meloni frente a Sánchez.

Aquí: déficit, 2.389 millones de partidas del plan de fondos europeos reasignados a pagar pensiones y ni un solo presupuesto aprobado en toda la legislatura.

Nota: el Tribunal de Cuentas detectó en la Cuenta General del Estado de 2024 modificaciones presupuestarias por 2.389 millones que recortaron créditos del Plan de Recuperación para financiar clases pasivas y complementos a mínimos de pensiones. Cuestionó su justificación, pero no concluyó que hubiera un uso ilegal. Su presidenta y la Comisión Europea niegan que se usaran fondos europeos para pagar pensiones.

Mientras tanto, Bruselas le saca a España tarjeta amarilla por la corrupción, los ataques a los jueces, el bloqueo del CGPJ y la injerencia en RTVE.

No somos Venezuela. Pero cada año nos parecemos menos a Dinamarca.

Mi voto

Feminismo no vota traidores

En las municipales de 2023 fui a votar con una camiseta que decía: «mujer: hembra humana adulta». Ese era mi mensaje, aunque ninguna papeleta lo recogiera.

Camiseta negra con la definición mujer: hembra humana adulta, con la que fui a votar en 2023
Mi publicación en Instagram en mayo de 2023: con esta camiseta fui a votar.

Más de 100 colectivos feministas pidieron entonces no votar a PSOE, Podemos ni Sumar, con el lema #FeminismoNoVotaTraidores, por la ley del «solo sí es sí», la ley trans y la abolición de la prostitución que nunca llegó.

En las generales de julio, el feminismo que yo defiendo ni siquiera estaba en las papeletas. El Partido Feminista de España, de Lidia Falcón, uno de los partidos emblemáticos de la izquierda de nuestro país, había sido expulsado de Izquierda Unida en febrero de 2020: su Asamblea Político y Social lo aprobó con el 85 % de los votos. Oficialmente, por «mantener posiciones contrarias a las aprobadas en los órganos de IU». En la práctica, por ser crítico con la ley trans.

Es decir: la izquierda traicionó a uno de los partidos feministas más antiguos de España, fundado en 1977. A su presidenta, una mujer que fue detenida hasta siete veces y torturada durante el franquismo por defender la libertad, se la acabó tachando de «terf» (trans-exclusionary radical feminist, «feminista radical trans-excluyente», un término que se usa como insulto) y de «facha», e incluso fue denunciada por delito de odio. La Fiscalía archivó la denuncia: no era odio, era libertad de expresión.

Torturada por el franquismo. Expulsada por la izquierda.

Así que escribí en mi papeleta: «Feminismo no vota traidores».

Hace años que me desengañé de quienes, diciendo que estaban «de mi lado», gobernaron en mi contra. Lo conté en Demasiado feminista. Así que no: lo de «que viene el Coco» a mí hace muchos años que me caducó.

Prefiero luchar y criticar, como lo he hecho desde que empecé a hacer política, a quienes a priori están alejados ideológicamente de mí. Me preocupa más que me gobierne gente que quiere cargarse la separación de poderes o que intenta que el cuarto poder sea su altavoz político para las masas.

Para terminar

Huérfana de partido, no de valores

No sé qué voy a votar este 29N. Pero tengo meridianamente claro a quién no voy a votar.

Evidentemente, no votaré a quienes no comparten mi ideología. Pero menos aún a quienes pretenden utilizarme disfrazándose de lo que tengo claro que no son.

Si eres de los muchos decepcionados con tu partido, quizá la solución no es votar con la nariz tapada, sino buscar alternativas.

Votar con la nariz tapada: una figura roja con una pinza en la nariz mete la papeleta en una urna de la que sale mal olor

Igual toca votar en blanco, masivamente, para que de una vez llegue el mensaje a una clase política más interesada en el escaño que en nuestro bienestar.

Sé que el voto en blanco no deja escaños vacíos: cuenta como voto válido y solo complica la entrada a los partidos pequeños. Pero existe hasta un partido para eso: Escaños en Blanco. Nació en 2011 con una única propuesta: si obtiene escaños, los deja vacíos y renuncia a las subvenciones. Un asiento vacío en el Congreso es el mensaje más claro que se le puede mandar a quien solo quiere ocuparlo.

Prefiero criticar a quien está lejos de mí que vivir con la vergüenza de apoyar a quien me mea encima y me pide que diga qué bonita es la lluvia.

Si nada cambia… nada cambia.

— Nohemí Hervada

Ceuta no tiene foto

Ceuta no tiene foto

Ceuta · Sesgos · Sin filtros

Una cara conmueve. 80.000, no.

Por qué una historia con nombre propio moviliza a un país y una ciudad entera lleva dos meses sin foto.

Crisis de Ceuta: una multitud de puntos grises y uno solo en rojo

En las mismas semanas, dos historias han competido por nuestra atención.

  • Una tiene nombre, cara y silla de ruedas: Maricarmen. En pocos días hubo concentraciones, portadas, declaraciones y una respuesta política.
  • La otra tiene código postal: Ceuta. Una ciudad de unos 83.000 habitantes que lleva dos meses viviendo una crisis que la mayoría de España sigue de reojo.

No voy a volver sobre quién tenía más o menos razón en el caso de Maricarmen (ya lo analicé con datos aquí). Hoy la pregunta es otra: ¿por qué una historia mueve a un país y la otra no?

Los hechos

Qué está pasando en Ceuta

72.000
Personas que cruzaron la frontera el 30-31 de julio
+60%
Delincuencia desde agosto respecto al año anterior (TSJA)
37
Agresiones sexuales investigadas desde julio. 14 a menores
  • De esas 72.000 personas, unas 53.000 volvieron a Marruecos en cuestión de horas. Miles se quedaron.
  • El presidente del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía confirma que la delincuencia ha subido un 60 %. El juzgado de violencia sobre la mujer ha tenido que duplicar su personal.
  • Unas 3.000 personas viven en asentamientos irregulares en la playa del Trampolín. El 11 de septiembre ardieron 42 chabolas, vehículos y contenedores.
  • La fiscal superior lo resume en tres palabras: "difícil, compleja, insoportable".
La respuesta

Mucho decreto, poca solución

Sería injusto decir que no se ha hecho nada. Se ha aprobado un plan de 309 millones, se ha declarado por primera vez en la historia una "situación de interés para la seguridad nacional" y se ha creado un mando único.

Pero también es un hecho que:

  • Las alertas previas del CNI están siendo investigadas por la Audiencia Nacional.
  • Han dimitido el jefe de gabinete de la Delegación del Gobierno y el propio delegado.
  • El Congreso ha reprobado al ministro del Interior.
  • Y dos meses después, la vida diaria de los ceutíes no ha vuelto a la normalidad.

Llegar tarde también es una forma de no hacer nada.

La psicología

Por qué la multitud no nos conmueve

Que una sola persona nos movilice más que 80.000 no es casualidad. Tiene nombre y está estudiado:

  • El efecto de la víctima identificable. Los investigadores Small, Loewenstein y Slovic demostraron que la gente dona más dinero a una niña con nombre y foto que a una estadística de millones de personas en la misma situación.
  • El adormecimiento psíquico. Paul Slovic lo llama psychic numbing: a partir de cierto número, las cifras dejan de sentirse. Uno es una tragedia; mil son un dato.
  • El desvanecimiento de la compasión. Cuantas más víctimas hay, menos compasión sentimos por cada una. No sumamos empatía: la diluimos.
  • La distancia. La inmensa mayoría de los españoles no vivimos junto a una frontera que se puede cruzar a pie. No notamos de un día para otro la inseguridad en nuestra calle, en la puerta del colegio o en el camino al trabajo. Lo que no vivimos, no lo sentimos.
  • El relato. La historia de Maricarmen tenía protagonista, antagonista y final abierto. Una crisis de 80.000 personas no tiene protagonista. Y sin protagonista, no hay historia que contar.
Lo que nadie quiere ver

Las víctimas sin foto

Hay un grupo que sufre esta crisis más que nadie y del que casi nadie habla.

  • Desde el 30 de julio se investigan 37 agresiones sexuales en Ceuta. 14 de las víctimas son menores. La mayoría son mujeres y niñas inmigrantes.
  • El 1 de septiembre, un joven fue detenido por agredir sexualmente a tres niñas de 10 y 11 años en un albergue temporal.
  • El 27 de septiembre, en la playa del Trampolín, una menor de 17 años tuvo que ser reanimada por la policía. Al día siguiente no se presentó a declarar. Sigue sin ser localizada. Los dos detenidos quedaron en libertad.

¿Por qué muchas no denuncian? Porque lo tienen todo en contra:

  • Miedo a ser devueltas.
  • Están solas, sin familia y viviendo en centros o asentamientos.
  • Dependen del mismo entorno en el que se produce la agresión.
  • El idioma, el desconocimiento del sistema y el estigma que cargan las víctimas de violencia sexual.
  • ¿Dónde están las concentraciones, los lemas y los minutos de silencio que sí vimos en otros casos?
  • ¿Por qué quienes se movilizaron, con razón, contra otras violencias sexuales hoy apenas levantan la voz?
  • ¿Importa menos una víctima cuando es pobre, extranjera y no tiene quién la nombre?

Si la violencia sexual nos importa, nos importa siempre. No solo cuando encaja en el relato.

La trampa

La emoción como mapa político

La compasión selectiva no es inocente. Marca la agenda.

  • Se legisla donde hay foto. Donde hay una cara, hay decreto. Donde hay 80.000, hay silencio.
  • Los problemas estructurales, como las fronteras, los recursos policiales o la protección de menores, se quedan sin relato y, por tanto, sin solución.
  • Y quienes los sufren aprenden algo peligroso: que para ser escuchado no basta con tener un problema. Hay que tener una buena historia.
Para terminar

Mirar fuera del encuadre

No se trata de empatizar menos con Maricarmen. Se trata de empatizar también con quien no tiene cámara.

  • Con los ceutíes que llevan dos meses sin tranquilidad en su propia ciudad.
  • Con las niñas agredidas que nunca van a salir en un telediario.
  • Con todo lo que no tiene nombre propio y, por eso, no nos duele.

La próxima vez que una historia te conmueva, hazte una pregunta: ¿a quién no estoy viendo?

Una cara nos mueve. Pero un país no se gobierna con caras. Se gobierna con datos. Y en Ceuta, los datos llevan dos meses gritando.

Fuentes Infobae · La crisis de Ceuta cumple dos meses · Infobae · TSJA: +60 % de delincuencia · Euronews · El Debate · El Faro de Ceuta · El Español · Small, Loewenstein y Slovic (2007), Sympathy and callousness · Slovic (2007), "If I look at the mass I will never act"

Nohemí Hervada
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