Superioridad moral

Superioridad moral

Superioridad moral · Autocrítica · Sin filtros

Huérfana de bandos.

Me he ido bajando de religiones, tribus y causas que sentía mías. No por cambiar de valores, sino por negarme a comprar el pack completo.

Superioridad moral: una tabla sola en un mar gris frente a balsas llenas de gente agrupada

Desde que publiqué El Cluedo obsceno me llegan críticas de los dos lados. A unos les sobra lo que digo de la izquierda. A otros, lo que digo de la derecha. Cada uno ha leído la mitad del texto y está convencido de que la otra mitad sobraba. Las dos críticas comparten algo: superioridad moral.

No me sorprende. Me duele, pero no me sorprende. Porque no es la primera vez.

Escribo esto desde un sitio que duele: el de haber visto, en distintas épocas y en ámbitos muy distintos, cuánto nos cuesta la autocrítica. Y lo fácil que nos resulta blindar lo que pensamos ante cualquier crítica o cualquier dato que nos chirría.

Ese blindaje es la superioridad moral: creer que nuestras posiciones son moralmente mejores y que eso nos da derecho a juzgar, a no escuchar o a callar al otro.

Lo peor que hacemos, casi nunca lo hacemos sintiéndonos malos.

Lo que aprendí vendiendo

La confianza vende.

En mis programas de ventas repito una idea hasta el cansancio: lo que vende no es el hecho en sí, el dato del producto. Lo que vende es la confianza.

Con las ideas pasa exactamente lo mismo. Puedes ganar una discusión gritando más, escondiendo el dato que no te conviene o haciendo callar al de enfrente. Lo que no ganas es confianza. Y sin confianza, lo que has ganado no vale nada.

Si para vender mi historia tengo que ocultar datos, cancelar al otro o gritar más, prefiero bajarme de ahí.

Y me he bajado de unos cuantos sitios.

Mi mar de orfandades

Comprar el marco completo.

Las personas somos incoherentes. Nos pasan cosas, cambiamos de opinión, nos contradecimos. Eso es humano y lo acepto, en los demás y en mí.

Lo que nunca he podido aceptar es tener que comprar el marco completo: el paquete entero, sin derecho a preguntar por la letra pequeña. Y eso es lo que me ha ido alejando de grupos, ideologías y corrientes que, en su momento, sentí como casa.

Primera bajada

La fe y la práctica.

Desde los cinco o seis años hasta los 41 formé parte de una religión que llevaba por bandera unos principios. En la práctica, eran otros. No voy a entrar hoy en detalles. Lo que sí puedo contar es lo que aprendí: que el problema rara vez está en los principios, sino en la distancia entre lo que se predica y lo que se hace, y en la prohibición de señalarla.

Hay una parábola que lo resume. La del fariseo que rezaba en el templo dando gracias a Dios "porque no soy como los demás" (Lucas 18). Dos mil años después, seguimos rezando lo mismo, con otras palabras.

El psiquiatra Robert J. Lifton estudió en 1961 cómo funcionan los grupos que lo controlan todo. Algunos de los rasgos que describió:

Exigencia de pureza: el mundo se divide entre puros e impuros, y la culpa no se acaba nunca.

Lenguaje cargado: etiquetas que, en lugar de abrir el pensamiento, lo cierran.

La doctrina por encima de la persona: si tu experiencia contradice la doctrina, la que se equivoca eres tú.

Quien está fuera no merece ser escuchado.

Cuando sales, empiezas a ver esos rasgos en sitios que no tienen nada de religioso.

Segunda bajada

Lactancia y crianza: la culpa en los dos lados.

Durante años trabajé como asesora de maternidad y lactancia. Y vi cómo se formaban bandos: teta o biberón, colecho o cuna, crianza "respetuosa" o el resto. Cada bando tenía su verdad. Y la culpa, siempre, caía sobre las madres. Sobre las de los dos lados.

Estuve dentro de esa guerra que todo el mundo se empeñaba en alimentar: la que dividía a las madres que daban teta y a las que no.

A las que no amamantaban, se las culpaba por no hacerlo.

A las que sí, se las llamaba "retrógradas", "de derechas", "vacas" o casi abusadoras de niños por no destetar. Y no, no exagero: en ese debate en redes participé yo.

De hecho, en esa época, buena parte del feminismo estaba tan en contra de la lactancia que yo me negué durante años a asumir esa etiqueta. Luego decidí "aceptar pulpo".

Para hacerte una idea del tono de aquellos años:

2010. El suplemento Magazine de El Mundo publica "Madre o vaca", un reportaje que comparaba a las madres lactantes con vacas. Hubo protestas y tetadas ante sus sedes, como contaba Bebés y más.

2017. Patricia Merino responde en Tribuna Feminista a otra polémica en redes sobre maternidad y lamenta la agresividad de los dos lados.

2018. Pikara entrevista a Beatriz Gimeno, autora de "La lactancia materna. Política e identidad", uno de los libros más críticos con la lactancia desde el feminismo.

Atendí a decenas de madres y padres que lloraban mientras aplicaban el método de "Duérmete, niño", de Eduard Estivill, convencidos de que era por el bien de su bebé.

Y vi a quienes, en nombre de la crianza "respetuosa", juzgaban a esas mismas madres, no te digo a las otras. Porque no es lo mismo "respetar" a tus hijos que respetar al prójimo. Además, si tu crianza es la respetuosa, ¿qué es la de las demás?

Si llora el bebé y llora la familia al aplicar el método, el único que se beneficia es quien vende el libro.

El mecanismo es el mismo en los dos bandos: "por su bien". Generaciones enteras crecieron con "la letra con sangre entra", y en España el derecho de los padres a "corregir" a sus hijos no desapareció del Código Civil hasta 2007. El psicólogo Albert Bandura lo llamó desconexión moral: la forma en que hacemos daño sin sentirnos mal. El primero de sus mecanismos es la justificación moral. Si la causa es buena, todo vale.

Tercera bajada

El garbanzo negro del porteo.

En el mundo del porteo, el discurso generalizado era que portear nunca hacía daño al cuerpo de la madre y no tenía contraindicaciones. Yo compré ese discurso durante años. Hasta que sufrí un aborto y me empecé a replantear muchas cosas. Entre otras, si algo de lo que yo consideraba inocuo no lo era tanto. Así que empecé a investigar, preguntando a profesionales para tener más información, más "datos" y no solo el relato.

Como resultado cambió mi forma de abordar mi trabajo hasta el punto de enseñar que, a veces, a una mujer hay que decirle "ahora, o de momento, mejor no portear".

Por eso creé el concepto de porteo no hiperpresivo: para enseñar a minimizar el impacto de cargar peso en el cuerpo del adulto. Porque siempre hay impacto, y en algunos casos, pocos, sí está contraindicado. A mis ojos, visibilizarlo era lo veraz y lo ético.

Nunca entendí por qué negar las excepciones era válido.

Defender algo no exige absolutizarlo. Al contrario: reconocer sus límites es lo que lo hace creíble. Otra vez, la confianza.

Cuarta bajada

El feminismo que sí era mío.

Este es el que más me duele.

Te contaba que durante años me negué a llamarme feminista. Pasado un tiempo, acepté pulpo. Entendí que había que sumar: el clima político y social amenazaba con un retroceso en los derechos de las mujeres, y entre quedarme al margen o sumar, escogí sumar.

Ya no estaba en mi etapa más maternal. Empecé a identificarme públicamente como feminista y me involucré como he hecho con todo lo que me ha importado en la vida: con la acción, no solo con el intelecto.

Por eso hablo de un feminismo del que sí me sentía parte, en el que he hecho activismo durante años. No del institucional, ni del que ha abrazado la teoría queer.

En 2025, el periodista Juan Soto Ivars publicó "Esto no existe. Las denuncias falsas en violencia de género" (Debate). Se puede discrepar de su libro. Para eso, primero hay que leerlo.

Pero la historia no empieza con él. Antes, las canceladas fuimos nosotras, o quienes decían cosas parecidas a las nuestras:

16 mayo 2022

Barcelona. Manifestantes LGTBI intentan entrar en la Casa del Libro para impedir la presentación de "Nadie nace en un cuerpo equivocado", de José Errasti y Marino Pérez Álvarez. Hay enfrentamientos con los Mossos y la librería anula el acto.

Febrero 2023

Badalona. Se suspende la presentación de "La coeducación secuestrada", de las feministas Silvia Carrasco y Marina Pibernat, tras la presión de colectivos LGTB y varios partidos que hablaban de "ideas transfóbicas".

15 sept. 2025

Todo es mentira (Cuatro). Ione Belarra pregunta a la abogada feminista Paula Fraga si una mujer trans es una mujer. Fraga responde que no. Belarra lo califica de transfobia y delito de odio, y le pide a Risto Mejide que no le dé espacio. Respuesta de Mejide: "Nosotros no vamos a cancelar a nadie en este programa".

18 nov. 2025

Más Espejo Público (Antena 3). Llega el libro de Soto Ivars. Una de las invitadas: "no me pregunte si me he leído el libro porque no me lo he leído y además no me lo voy a leer, pero sí que me he leído todos los datos".

1 dic. 2025

El mismo programa. Zuriñe Ojeda (Feministas al Congreso) y Mari Cruz Garrido (Docentes Feministas por la Coeducación) se posicionan en contra del boicot: las feministas lo han sufrido en carne propia. Pero mantienen que el libro niega la violencia machista o da alas a quienes la niegan.

4 dic. 2025

Sevilla. Colectivos feministas piden por carta que se anule la presentación del libro en una biblioteca pública.

Ese último matiz es el que más me interesa. Porque el libro empieza diciendo expresamente lo contrario: que la violencia machista existe, y que con las denuncias falsas pierden precisamente las mujeres que sí son víctimas, porque en la cola se cuelan otras que no lo son. Se puede estar en contra del boicot y, aun así, rebatir algo que el libro no dice.

¿Y los datos? Lo único que sabemos con certeza es cuántas denuncias falsas llegan a perseguirse y acaban en condena. Y son pocas:

79
Condenas por denuncia falsa entre 2009 y 2016 (Fiscalía)
0,0075%
Sobre 1.055.912 denuncias en ese periodo
¿?
Las denuncias falsas que nunca se persiguen

Ese dato mide las falsedades probadas y perseguidas, no las que existen. Que no haya denuncia por denuncia falsa no significa que no existan. La cifra real no se conoce. Y eso, precisamente, es lo que debería poder investigarse y discutirse sin que te llamen negacionista.

Lo digo claro:

Si para luchar contra la violencia machista hay que negar que haya gente que pueda utilizar las denuncias de forma espuria, o aceptar que cada mujer del planeta es un ser de luz, conmigo que no cuenten.

Y como feminista, nunca voy a aceptar que luchemos por nuestro derecho a la libertad de expresión y nos convirtamos en canceladoras cuando alguien, desde otro posicionamiento, intenta explicarse.

Quinta bajada

La política, ya lo sabes.

De la política ya hablé en Apolítica, decía yo. Nunca he sido de partido. Y cuanto más escribo, más claro tengo que no voy a serlo: en la trinchera, el que no dispara a los de enfrente es sospechoso para los suyos.

Así que aquí estoy: cada vez más huérfana de todo.

Por qué nos cuesta tanto

Superioridad moral: nadie es el villano.

La psicología lleva años explicando de dónde sale la superioridad moral y por qué blindamos nuestras ideas:

Nos creemos mejores que la media. En un estudio con 270 personas, Tappin y McKay (2017) comprobaron que casi todos nos vemos por encima de los demás, y que el autoengaño más irracional es el moral: más que el de la inteligencia o la simpatía.

Preferimos no saber. Evitamos la información que amenaza lo que creemos, aunque sea gratis y útil (Golman, Hagmann y Loewenstein, 2017).

Lo moral no se negocia. Cuando vivimos una postura como cuestión moral, el que discrepa deja de estar equivocado y pasa a ser malo (Linda Skitka).

La indignación se premia. Cada palabra moral y emocional en un tuit aumenta su difusión un 20 %, sobre todo dentro del propio grupo (Brady y otros, 2017, más de 560.000 tuits).

Y luego está el famoso experimento de la cárcel de Stanford (Zimbardo, 1971), el que nos contaron como prueba de que el entorno nos convierte en monstruos. Hoy sabemos que a los "guardias" se les orientó para ser duros y que el experimento no se pudo reproducir. La lectura actual (Haslam y Reicher) es más incómoda: hacemos daño cuando nos identificamos con una causa que creemos justa y alguien nos dice que eso es lo correcto.

Nadie es el villano de su propia historia.

Pertenecer sin perder el criterio

La tribu une y ciega.

Jonathan Haidt lo resume en una frase: la moral une y ciega. Nos da tribu, y a cambio nos pide que no miremos lo que la tribu no quiere ver.

La necesidad de sentirse parte de algo mayor es profundamente humana. Yo también la tengo. Pero intento que nunca sea a costa de perder mi espíritu crítico.

Y esto no va de un bando. En Badalona cancelaron a unas feministas; en Valdemorillo, en 2023, un ayuntamiento con Vox retiró una obra basada en el Orlando de Virginia Woolf. La superioridad moral no tiene carné. Y la empatía tampoco es superioridad moral; la que sí la roza es la empatía selectiva.

¿Cuándo fue la última vez que cambiaste de opinión?

¿Te has negado a leer algo que ya criticabas?

¿Sabrías explicar la postura contraria de forma que quien la defiende la firmara?

¿Qué dato de tu propio bando te chirría y prefieres no mirar?

Para terminar

La tabla de siempre.

Cada una de estas bajadas ha sido un pequeño duelo. Dejas atrás gente, rituales, certezas y la comodidad de tener siempre a alguien que piensa como tú.

Lo que me ha mantenido a flote no es una ideología. Son unas pocas costumbres, el mejor antídoto que conozco contra la superioridad moral. También contra la mía:

Preguntarme "¿y si me equivoco?" antes de dar algo por cerrado.

Formular la mejor versión del argumento contrario antes de criticarlo.

Separar a la persona de la idea.

Desconfiar de las palabras que cierran preguntas en lugar de abrirlas.

John Stuart Mill lo escribió en 1859: quien solo conoce su lado del argumento, sabe poco de él.

En el mar de orfandades, siempre tuve una tabla: cuestionármelo todo. Incluso a mí misma.

— Nohemí Hervada

Fuentes Tappin y McKay (2017) · Golman, Hagmann y Loewenstein (2017) · Brady y otros, PNAS (2017) · Le Texier, American Psychologist (2019) · El Periódico (Barcelona, 2022) · betevé (2022) · The Objective (Badalona, 2023) · Cuatro (15-9-2025) · Más Espejo Público (18-11-2025) · El Mundo Magazine (2010) · Bebés y más (2010) · Tribuna Feminista (2017) · Pikara Magazine (2018) · Memoria de la Fiscalía General del Estado (2016) · Lifton, Thought Reform and the Psychology of Totalism (1961) · Bandura (1999) · Haidt, La mente de los justos (2012) · Mill, Sobre la libertad (1859)

¿Que viene el Coco?

¿Que viene el Coco?

Política · Pensamiento crítico · Sin filtros

¿Que viene el Coco?

Si no votas a los de siempre, viene la ultraderecha. Llevo años oyéndolo. Y a mí ese miedo ya me caducó.

Que viene el Coco: una gran sombra gris de monstruo y, delante, una pequeña figura roja con los brazos cruzados

La mayoría de la gente con la que puedo compartir ideología (algo así como la socialdemocracia: yo nunca me he considerado de derechas, ni de lejos, aunque comparta algunas ideas mal llamadas conservadoras y esté a favor de que el Estado intervenga poco) tiene un argumento estrella. Si no votas a los de ahora, viene la ultraderecha.

Es un argumento que no me canso de oír, en todas sus versiones:

«Los otros son peores».

«Hay que evitar que gobiernen los otros».

«Vox es lo peor para los derechos».

«El lado correcto de la historia», «evitar el mal mayor», «levantar un muro a la ultraderecha».

Eslóganes. Solo eso.

La pregunta

¿Qué duele más: el contrario o los tuyos?

¿Qué es peor: que te gobierne alguien con quien no compartes políticas ni forma de mirar la economía o la sociedad, o que te gobiernen «los tuyos» mintiéndote descaradamente?

¿Que cambien las políticas de su propia ideología disfrazándolas de tu cuerda a base de relato?

¿Que gobierne un partido con un programa que no votaste… o que los que tú votaste hagan justo aquello que prometieron, hasta la saciedad, no hacer?

¿Duele menos la traición de los tuyos que las decisiones del contrario?

No lo sé. Pero a mí me jode más que me traten de idiota.

Porque cuando tienes enfrente a alguien que hace cosas que no te gustan, alguien que no es de tu cuerda, te rebelas y exiges cambios. Pero cuando quienes lo hacen son de los tuyos, lo que provocan es disonancia cognitiva. Y la disonancia se resuelve casi siempre igual: justificando lo injustificable.

Como manifestarse contra el Gobierno siendo vicepresidenta de ese Gobierno. Yolanda Díaz, el 27 de septiembre, en la fiesta del PCE, apoyando la acampada de Sol contra los decretos de vivienda que su propio Gobierno no lograba sacar adelante:

«La derecha que se retrate votando y nosotros movilizándonos».

Obediencia

De la polarización a los soldados

Ya no es solo la polarización de la sociedad. Es la transformación de una sociedad en soldados acríticos y obedientes.

Y yo creía que, como sociedad, habíamos dejado claro en los juicios de Núremberg que la obediencia no puede estar por encima de la humanidad. Lo dice el Principio IV que la ONU formuló en 1950:

«El hecho de que una persona haya actuado en cumplimiento de una orden de su Gobierno o de un superior jerárquico no la exime de responsabilidad conforme al derecho internacional, si efectivamente ha tenido la posibilidad moral de opción». Principios de Núremberg, Comisión de Derecho Internacional de la ONU (1950).

Por mucho que sean los tuyos.

La superioridad moral

Los buenos por definición

El «que viene el Coco» funciona porque se apoya en una idea muy arraigada: la izquierda son los buenos. ¿De dónde sale?

1789

En la Asamblea francesa, los contrarios al veto del rey se sientan a la izquierda. Desde entonces, la izquierda se identifica con el «progreso».

Años 30

Gramsci teoriza la hegemonía cultural: ganar el sentido común antes que el poder.

1975-1982

En España, el antifranquismo da a la izquierda una legitimidad que, como escribió ABC, «valía para perdonar cualquier cosa». De los GAL a Filesa.

Lo reconoce hasta un autor de izquierdas, Ignacio Sánchez-Cuenca, en La superioridad moral de la izquierda (2018): «tener razón es muy difícil de gestionar». Y Andrés Trapiello lo resumió así: «La izquierda se considera moral y culturalmente superior a la derecha porque cree que la cultura es cosa de izquierdas».

La psicología también lo ha estudiado. Según Jonathan Haidt y sus colegas (2012), cuando se pide a la gente que adivine los valores morales del bando contrario, los progresistas son los que más se equivocan. Y un estudio con población española (2025) encontró que incluso las personas de derechas ven más morales las causas de izquierda.

Pero la historia no respalda esa superioridad. Las ideologías de extrema izquierda han sido tan culpables como las de extrema derecha de millones de muertes:

6-20M
Muertes bajo Stalin, según el historiador
15-55M
Muertes del Gran Salto Adelante de Mao
25%
De la población de Camboya, asesinada por los Jemeres Rojos

El nazismo exterminó a 6 millones de judíos y a millones de personas más. Ningún extremo tiene autoridad moral para dar lecciones.

¿Socialdemocracia?

Lo que se ha hecho en su nombre

Lo que más me molesta no es que la izquierda se crea superior. Es que se lo crea mientras gobierna en contra de los principios que dice defender. Algunos ejemplos de lo que la socialdemocracia clásica defendería y aquí no se ha hecho:

Vivienda pública. La vivienda social es el 1,2-2,5 % del parque en España. En Dinamarca, el 21 %.

Impuestos justos. El IRPF no se ajusta a la inflación: pagas más aunque tu sueldo real baje. En 2025, 2.300 millones extra, según la propia Hacienda.

Igualdad ante la ley. Amnistía a cambio de votos. El propio Tribunal Constitucional, aunque la avaló, anuló dos artículos por vulnerar la igualdad.

Solidaridad entre territorios. Perdón de 83.252 millones de deuda autonómica y «financiación singular» para Cataluña. Emiliano García-Page, del PSOE, la llamó «el mayor daño a la ideología del PSOE de su historia».

Instituciones neutrales. El CIS de Tezanos, exmiembro de la dirección del PSOE, sobreestimó a la izquierda en 41 de 42 elecciones. RTVE se cambió por decreto ley para nombrar a su consejo por mayoría simple, y Bruselas habla de «injerencia política».

Cuentas públicas. Ni un solo presupuesto en toda la legislatura.

Familias. La Ley de Familias, bloqueada en el Congreso desde 2024.

El rumbo

Ni Venezuela ni Dinamarca

Seamos justas con los datos: los tres grandes índices de calidad democrática (The Economist, V-Dem y Freedom House) siguen considerando a España una democracia plena. Venezuela es una autocracia. No somos Venezuela.

Pero la socialdemocracia que muchos votaban miraba a Dinamarca. Y allí, la socialdemócrata Mette Frederiksen gobierna con superávit (4,5 % del PIB), deuda por debajo del 30 % y una política migratoria tan estricta que en inmigración se ha alineado con Meloni frente a Sánchez.

Aquí: déficit, 2.389 millones de partidas del plan de fondos europeos reasignados a pagar pensiones y ni un solo presupuesto aprobado en toda la legislatura.

Nota: el Tribunal de Cuentas detectó en la Cuenta General del Estado de 2024 modificaciones presupuestarias por 2.389 millones que recortaron créditos del Plan de Recuperación para financiar clases pasivas y complementos a mínimos de pensiones. Cuestionó su justificación, pero no concluyó que hubiera un uso ilegal. Su presidenta y la Comisión Europea niegan que se usaran fondos europeos para pagar pensiones.

Mientras tanto, Bruselas le saca a España tarjeta amarilla por la corrupción, los ataques a los jueces, el bloqueo del CGPJ y la injerencia en RTVE.

No somos Venezuela. Pero cada año nos parecemos menos a Dinamarca.

Mi voto

Feminismo no vota traidores

En las municipales de 2023 fui a votar con una camiseta que decía: «mujer: hembra humana adulta». Ese era mi mensaje, aunque ninguna papeleta lo recogiera.

Camiseta negra con la definición mujer: hembra humana adulta, con la que fui a votar en 2023
Mi publicación en Instagram en mayo de 2023: con esta camiseta fui a votar.

Más de 100 colectivos feministas pidieron entonces no votar a PSOE, Podemos ni Sumar, con el lema #FeminismoNoVotaTraidores, por la ley del «solo sí es sí», la ley trans y la abolición de la prostitución que nunca llegó.

En las generales de julio, el feminismo que yo defiendo ni siquiera estaba en las papeletas. El Partido Feminista de España, de Lidia Falcón, uno de los partidos emblemáticos de la izquierda de nuestro país, había sido expulsado de Izquierda Unida en febrero de 2020: su Asamblea Político y Social lo aprobó con el 85 % de los votos. Oficialmente, por «mantener posiciones contrarias a las aprobadas en los órganos de IU». En la práctica, por ser crítico con la ley trans.

Es decir: la izquierda traicionó a uno de los partidos feministas más antiguos de España, fundado en 1977. A su presidenta, una mujer que fue detenida hasta siete veces y torturada durante el franquismo por defender la libertad, se la acabó tachando de «terf» (trans-exclusionary radical feminist, «feminista radical trans-excluyente», un término que se usa como insulto) y de «facha», e incluso fue denunciada por delito de odio. La Fiscalía archivó la denuncia: no era odio, era libertad de expresión.

Torturada por el franquismo. Expulsada por la izquierda.

Así que escribí en mi papeleta: «Feminismo no vota traidores».

Hace años que me desengañé de quienes, diciendo que estaban «de mi lado», gobernaron en mi contra. Lo conté en Demasiado feminista. Así que no: lo de «que viene el Coco» a mí hace muchos años que me caducó.

Prefiero luchar y criticar, como lo he hecho desde que empecé a hacer política, a quienes a priori están alejados ideológicamente de mí. Me preocupa más que me gobierne gente que quiere cargarse la separación de poderes o que intenta que el cuarto poder sea su altavoz político para las masas.

Para terminar

Huérfana de partido, no de valores

No sé qué voy a votar este 29N. Pero tengo meridianamente claro a quién no voy a votar.

Evidentemente, no votaré a quienes no comparten mi ideología. Pero menos aún a quienes pretenden utilizarme disfrazándose de lo que tengo claro que no son.

Si eres de los muchos decepcionados con tu partido, quizá la solución no es votar con la nariz tapada, sino buscar alternativas.

Votar con la nariz tapada: una figura roja con una pinza en la nariz mete la papeleta en una urna de la que sale mal olor

Igual toca votar en blanco, masivamente, para que de una vez llegue el mensaje a una clase política más interesada en el escaño que en nuestro bienestar.

Sé que el voto en blanco no deja escaños vacíos: cuenta como voto válido y solo complica la entrada a los partidos pequeños. Pero existe hasta un partido para eso: Escaños en Blanco. Nació en 2011 con una única propuesta: si obtiene escaños, los deja vacíos y renuncia a las subvenciones. Un asiento vacío en el Congreso es el mensaje más claro que se le puede mandar a quien solo quiere ocuparlo.

Prefiero criticar a quien está lejos de mí que vivir con la vergüenza de apoyar a quien me mea encima y me pide que diga qué bonita es la lluvia.

Si nada cambia… nada cambia.

— Nohemí Hervada

Ceuta no tiene foto

Ceuta no tiene foto

Ceuta · Sesgos · Sin filtros

Una cara conmueve. 80.000, no.

Por qué una historia con nombre propio moviliza a un país y una ciudad entera lleva dos meses sin foto.

Crisis de Ceuta: una multitud de puntos grises y uno solo en rojo

En las mismas semanas, dos historias han competido por nuestra atención.

  • Una tiene nombre, cara y silla de ruedas: Maricarmen. En pocos días hubo concentraciones, portadas, declaraciones y una respuesta política.
  • La otra tiene código postal: Ceuta. Una ciudad de unos 83.000 habitantes que lleva dos meses viviendo una crisis que la mayoría de España sigue de reojo.

No voy a volver sobre quién tenía más o menos razón en el caso de Maricarmen (ya lo analicé con datos aquí). Hoy la pregunta es otra: ¿por qué una historia mueve a un país y la otra no?

Los hechos

Qué está pasando en Ceuta

72.000
Personas que cruzaron la frontera el 30-31 de julio
+60%
Delincuencia desde agosto respecto al año anterior (TSJA)
37
Agresiones sexuales investigadas desde julio. 14 a menores
  • De esas 72.000 personas, unas 53.000 volvieron a Marruecos en cuestión de horas. Miles se quedaron.
  • El presidente del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía confirma que la delincuencia ha subido un 60 %. El juzgado de violencia sobre la mujer ha tenido que duplicar su personal.
  • Unas 3.000 personas viven en asentamientos irregulares en la playa del Trampolín. El 11 de septiembre ardieron 42 chabolas, vehículos y contenedores.
  • La fiscal superior lo resume en tres palabras: "difícil, compleja, insoportable".
La respuesta

Mucho decreto, poca solución

Sería injusto decir que no se ha hecho nada. Se ha aprobado un plan de 309 millones, se ha declarado por primera vez en la historia una "situación de interés para la seguridad nacional" y se ha creado un mando único.

Pero también es un hecho que:

  • Las alertas previas del CNI están siendo investigadas por la Audiencia Nacional.
  • Han dimitido el jefe de gabinete de la Delegación del Gobierno y el propio delegado.
  • El Congreso ha reprobado al ministro del Interior.
  • Y dos meses después, la vida diaria de los ceutíes no ha vuelto a la normalidad.

Llegar tarde también es una forma de no hacer nada.

La psicología

Por qué la multitud no nos conmueve

Que una sola persona nos movilice más que 80.000 no es casualidad. Tiene nombre y está estudiado:

  • El efecto de la víctima identificable. Los investigadores Small, Loewenstein y Slovic demostraron que la gente dona más dinero a una niña con nombre y foto que a una estadística de millones de personas en la misma situación.
  • El adormecimiento psíquico. Paul Slovic lo llama psychic numbing: a partir de cierto número, las cifras dejan de sentirse. Uno es una tragedia; mil son un dato.
  • El desvanecimiento de la compasión. Cuantas más víctimas hay, menos compasión sentimos por cada una. No sumamos empatía: la diluimos.
  • La distancia. La inmensa mayoría de los españoles no vivimos junto a una frontera que se puede cruzar a pie. No notamos de un día para otro la inseguridad en nuestra calle, en la puerta del colegio o en el camino al trabajo. Lo que no vivimos, no lo sentimos.
  • El relato. La historia de Maricarmen tenía protagonista, antagonista y final abierto. Una crisis de 80.000 personas no tiene protagonista. Y sin protagonista, no hay historia que contar.
Lo que nadie quiere ver

Las víctimas sin foto

Hay un grupo que sufre esta crisis más que nadie y del que casi nadie habla.

  • Desde el 30 de julio se investigan 37 agresiones sexuales en Ceuta. 14 de las víctimas son menores. La mayoría son mujeres y niñas inmigrantes.
  • El 1 de septiembre, un joven fue detenido por agredir sexualmente a tres niñas de 10 y 11 años en un albergue temporal.
  • El 27 de septiembre, en la playa del Trampolín, una menor de 17 años tuvo que ser reanimada por la policía. Al día siguiente no se presentó a declarar. Sigue sin ser localizada. Los dos detenidos quedaron en libertad.

¿Por qué muchas no denuncian? Porque lo tienen todo en contra:

  • Miedo a ser devueltas.
  • Están solas, sin familia y viviendo en centros o asentamientos.
  • Dependen del mismo entorno en el que se produce la agresión.
  • El idioma, el desconocimiento del sistema y el estigma que cargan las víctimas de violencia sexual.
  • ¿Dónde están las concentraciones, los lemas y los minutos de silencio que sí vimos en otros casos?
  • ¿Por qué quienes se movilizaron, con razón, contra otras violencias sexuales hoy apenas levantan la voz?
  • ¿Importa menos una víctima cuando es pobre, extranjera y no tiene quién la nombre?

Si la violencia sexual nos importa, nos importa siempre. No solo cuando encaja en el relato.

La trampa

La emoción como mapa político

La compasión selectiva no es inocente. Marca la agenda.

  • Se legisla donde hay foto. Donde hay una cara, hay decreto. Donde hay 80.000, hay silencio.
  • Los problemas estructurales, como las fronteras, los recursos policiales o la protección de menores, se quedan sin relato y, por tanto, sin solución.
  • Y quienes los sufren aprenden algo peligroso: que para ser escuchado no basta con tener un problema. Hay que tener una buena historia.
Para terminar

Mirar fuera del encuadre

No se trata de empatizar menos con Maricarmen. Se trata de empatizar también con quien no tiene cámara.

  • Con los ceutíes que llevan dos meses sin tranquilidad en su propia ciudad.
  • Con las niñas agredidas que nunca van a salir en un telediario.
  • Con todo lo que no tiene nombre propio y, por eso, no nos duele.

La próxima vez que una historia te conmueva, hazte una pregunta: ¿a quién no estoy viendo?

Una cara nos mueve. Pero un país no se gobierna con caras. Se gobierna con datos. Y en Ceuta, los datos llevan dos meses gritando.

Fuentes Infobae · La crisis de Ceuta cumple dos meses · Infobae · TSJA: +60 % de delincuencia · Euronews · El Debate · El Faro de Ceuta · El Español · Small, Loewenstein y Slovic (2007), Sympathy and callousness · Slovic (2007), "If I look at the mass I will never act"

Nohemí Hervada
Resumen de privacidad

Esta web usa cookies técnicas, necesarias para que funcione, y cookies de análisis (Google Analytics) para saber, de forma anónima, qué contenidos interesan más. Las de análisis solo se activan si las aceptas.

Puedes cambiar tu elección cuando quieras desde este panel.