La causa de esta temporada

La causa de esta temporada

Vivienda · Activismo · Sin filtros

LA CAUSA de esta temporada.

La vivienda es un problema real. Por eso mismo conviene preguntarse quién habla en su nombre, qué pide de verdad y por qué unos casos llegan a Moncloa y otros no.

La causa de esta temporada: el Sindicato de Inquilinas y la vivienda convertida en bandera política

En la primera parte conté cómo una causa se defiende a muerte mientras da votos y se abandona en silencio cuando empieza a dar problemas. Y terminé con un aviso: ahora toca la vivienda, y con ella, el Sindicato de Inquilinas.

El problema es real. Alquileres más altos que el propio sueldo, zulos alquilados como vivienda, gente en la calle, pisos patera… Nadie con dos ojos lo niega. Pero precisamente porque es grave, no debería convertirse en la bandera de nadie.

Y en las últimas semanas LA CAUSA ha tenido una cara, un nombre y una organización detrás: Maricarmen y el Sindicato de Inquilinas.

El caso que lo cambió todo

Maricarmen, 87 años

Maricarmen Abascal fue desahuciada el 23 de septiembre de su piso del barrio de Retiro, en Madrid, donde vivía desde 1956. Ingresó en el Gregorio Marañón ese mismo día. Murió el 7 de octubre, horas antes de firmar el acuerdo que le permitía volver a su casa.

Su historia merece respeto. Y precisamente por respeto hay que contar también lo que pasó a su alrededor:

23 SEP

Desahucio. El Sindicato de Inquilinas lo acompaña y lo difunde.

26 SEP

Manifestación de Sol al Congreso y acampada en la Puerta del Sol. Desde el hospital, Maricarmen graba un vídeo, difundido por el sindicato, pidiendo a Sánchez un decreto con su nombre.

27 SEP

Sánchez le contesta desde un mitin del PSOE en Getafe: «Maricarmen, tengo un mensaje para ti». El Gobierno trabaja «contrarreloj».

29 SEP

El Consejo de Ministros aprueba el «decreto Maricarmen», partido en dos.

2 OCT

El Congreso tumba los dos decretos. El sindicato lanza octavillas desde la tribuna.

7 OCT

Muere Maricarmen. El mismo día, CCOO y UGT anuncian la huelga general del 11 de noviembre, sumándose a la convocatoria impulsada por el Sindicato de Inquilinas.

En dos semanas, un desahucio en Madrid movió al presidente del Gobierno, al Consejo de Ministros, al Congreso y a los dos grandes sindicatos. Nada parecido había pasado antes. Y aquí empiezan las preguntas.

La otra mitad de la historia

Mientras tanto, en L'Hospitalet

Dos semanas antes del desahucio de Maricarmen, en L'Hospitalet de Llobregat (Barcelona), pasó esto:

  • Olga Matute, 54 años, dos hijas, una de ellas menor. Vivía de alquiler social en un piso que el Banco Sabadell vendió en 2020 a Promontoria Coliseum, sociedad vinculada al fondo Cerberus. Ese sí es un fondo de inversión de manual.
  • La noche antes de su desahucio la atendieron por crisis graves de ansiedad y dijo que se quitaría la vida. Su abogado aportó informes médicos y pidió suspenderlo. El juzgado lo ejecutó igual, el 15 de abril de 2026.
  • El 7 de septiembre, Olga se suicidó.
  • El 30 de septiembre, un hombre de 60 años de la misma ciudad apareció muerto en el local donde vivía, poco antes de su desahucio. Según la policía, dejó una nota relacionándolo con él.

Si estás pasando por un momento difícil: en España, el teléfono 024 atiende de forma gratuita, todos los días y a cualquier hora.

Dos muertes en menos de un mes, en la misma ciudad. Y, sin embargo:

  • No hubo «mensaje para Olga» desde ningún mitin.
  • No hubo «decreto Olga».
  • Sánchez señaló a Ayuso y a Almeida por el caso de Maricarmen. No he encontrado ningún señalamiento comparable a Salvador Illa por el de Olga.
  • La Generalitat ni siquiera contestó a Maldita cuando preguntó por el caso.

Un desahucio en Madrid fue un escándalo nacional. Dos muertes en L'Hospitalet, una noticia local.

Los datos

¿Dónde se desahucia más?

Si el problema fuera lo que decide qué caso llega a Moncloa, el foco tendría que haber estado en Cataluña. Los datos son del Consejo General del Poder Judicial (2025):

6.814
Desahucios en Cataluña en 2025, la comunidad con más de España
2.267
Desahucios en la Comunidad de Madrid, la cuarta
3×
Cataluña casi triplica a Madrid, también solo en alquiler (5.025 frente a 1.931)
  • Por población, también. Cataluña tiene el 16,5 % de la población y concentró el 27,4 % de los desahucios por alquiler.
  • Con la ley de vivienda aplicada. Cataluña es la comunidad que antes y más a fondo aplicó el tope de precios de la ley estatal, desde 2024.
  • Con un Gobierno amigo. La Generalitat la preside el PSC, que también gobierna L'Hospitalet. Madrid la gobierna el PP.
  • Y bajando menos. Los desahucios por alquiler cayeron un 18,7 % en Madrid y solo un 7,7 % en Cataluña.

Para ser justa: el Sindicato de Inquilinas es de Madrid y actúa en Madrid. A Olga la acompañaron otros colectivos catalanes. La pregunta buena no es por qué el sindicato de Madrid se movió en Madrid. Es otra:

¿Por qué el Gobierno eligió Madrid, donde puede culpar a Ayuso, y no L'Hospitalet, donde tendría que mirarse al espejo?

¿Sindicato de quién?

Un nombre que vende

Empecemos por el nombre. Para el Derecho español, un sindicato es una asociación de trabajadores para defender sus intereses laborales (Constitución, arts. 7 y 28; Ley Orgánica de Libertad Sindical). Un inquilino no es empleado de su casero.

  • Legalmente, es una asociación. «Sindicato» es una marca, heredada de los tenant unions anglosajones. Y es una marca eficaz: suena a clase trabajadora, a fuerza colectiva, a legitimidad.
  • Por eso, para convocar una huelga general, necesita a los sindicatos de verdad. La del 11 de noviembre la firman CCOO, UGT, CGT y otros. El Sindicato de Inquilinas tenía unas 4.000 afiliadas a finales de 2024, según su propia web.

Sobre el dinero, lo que dicen ellos mismos:

  • «No recibimos subvenciones». Se financian con cuotas, donaciones y charlas o talleres pagados.
  • Tienen personal contratado.
  • No publican cuentas. Ni ingresos, ni gastos, ni cuánto cuesta la cuota. Su página de transparencia explica de dónde sale el dinero, pero no cuánto.

No tengo pruebas de que reciban dinero público, y no voy a insinuar lo contrario. Pero una organización que exige transparencia a fondos y caseros podría empezar por publicar sus cuentas.

El giro

De «cae el Gobierno» a «apoyad al Gobierno»

La acampada de Sol nació con un lema: «O cae el rentismo o cae el Gobierno». Una portavoz llegó a decir que, si no salía el decreto, el Gobierno debía plantearse su continuidad.

  • El martes, el sindicato rechazaba que el Gobierno partiera el decreto en dos.
  • El miércoles, pedía a todos los partidos, Podemos incluido, que apoyaran los dos decretos del Gobierno.
  • Y la diana cambió: las caceroladas y la acampada pasaron a apuntar al PP.
  • El decreto que pidieron apoyar incluía bonificaciones fiscales para los caseros, una exigencia de Junts. En su web, el sindicato dice que no se puede seguir «regalando dinero a los rentistas».

Puede que fuera pragmatismo: los decretos recogían buena parte de lo que pedían. Pero cuando una organización que se presenta como independiente acaba haciendo campaña por los decretos de un Gobierno, la pregunta de quién habla por quién es legítima.

Las caras

Quién habla por el sindicato

  • Carolina Vilariño, portavoz, es abogada de Provivienda. Esta entidad ha recibido 6,63 millones del Gobierno de Canarias y un préstamo de 5,65 millones de Cofides para comprar viviendas.
  • Javier Gil, fundador, es investigador del CSIC y ha participado en informes para el Ministerio de Derechos Sociales y Consumo de Pablo Bustinduy (Sumar).

Que quede claro: trabajar en una ONG o en un organismo público no es ningún delito, y muchas personas lo hacen con honradez. La pregunta no es moral, es de independencia: cuando quien te paga, o quien te encarga informes, es parte del conflicto que denuncias, ¿hasta dónde puedes criticarlo?

Y luego está Fernando de los Santos, otra de las caras de la acampada de Sol. Profesor de Filosofía del Derecho y vicedecano en la Autónoma, se presenta como un inquilino que sufre el problema «en sus propias carnes». Según The Objective:

  • En el Registro de la Propiedad, es heredero del piso de su madre en El Viso (Madrid), valorado en unos 1,3 millones.
  • En el Registro Mercantil, figura desde 2010 como apoderado de la constructora que fundó su padre.

Tener dinero o heredar una casa no tiene nada de malo. Lo llamativo es otra cosa: el día que la herede, si sigue viviendo de alquiler, esa casa será justo lo que su sindicato señala. Una vivienda que no es su residencia, que tendrá que alquilar o dejar vacía.

Rentista o vivienda vacía: las dos cosas que piden recuperar.

Lo que piden

¿Quién es el buitre?

Más allá del caso de Maricarmen, esto es lo que el Sindicato de Inquilinas de Madrid exige en su web:

  • Bajada inmediata de los alquileres al 50 %.
  • Expropiación de las viviendas de fondos, de la SAREB y de grandes tenedores, y recuperación de las viviendas vacías.
  • Contratos indefinidos, sin subidas anuales.
  • Fin de todos los desahucios.
  • «El fin de la compra de vivienda si no es para residir en ella».

Que con esa última demanda no podrías comprar ni la casa del pueblo ni un piso para tus hijos, y que la Constitución solo permite expropiar pagando, ya lo conté en No todos los derechos son iguales. Aquí solo hago una cuenta: ¿cuánto costaría lo que piden?

630K
Viviendas de grandes tenedores privados (más de 10 pisos), según el Catastro
3,8M
Viviendas vacías en España, según el censo del INE (2021)
7.000M€
Todo el Plan Estatal de Vivienda 2026-2030, para cinco años
  • Grandes tenedores: en España hay algo más de un millón de viviendas en manos de propietarios con más de 10, y unas 630.000 son de empresas, fondos y otros privados. A 100.000-200.000 € por vivienda, expropiarlas costaría entre 63.000 y 126.000 millones.
  • Viviendas vacías: casi la mitad están en pueblos de menos de 10.000 habitantes, así que serían más baratas. Aun así, a 50.000 € de media, más de 190.000 millones. Y luego, ¿quién va a vivir en ellas? En las 52 capitales de provincia solo hay unas 600.000 vacías. El resto está en pueblos y costas. ¿Quién puede vivir en un pueblo si tiene el trabajo en una ciudad a cientos o miles de kilómetros? Expropiar casas donde no está el trabajo no resuelve el problema de quien busca piso donde sí está.
  • En total, como mínimo, más de 250.000 millones. Más de 35 veces todo el Plan Estatal de Vivienda para cinco años.
  • Y la SAREB ya es del Estado. Desde 2022, el Estado tiene la mayoría a través del FROB. Exigir expropiarla es pedirle al Estado que se expropie a sí mismo.
  • La bajada del 50 % no la pagaría el Estado. La pagarían los caseros, y el 92 % de las viviendas en alquiler es de particulares, según el Banco de España.

Nota: es un cálculo propio y solo orientativo. Los precios medios son supuestos, los datos del Catastro y del INE son de años distintos y alguna vivienda puede estar en los dos grupos. Pero aunque me equivocara a la mitad, la conclusión no cambia: no hay dinero.

Exigir sin decir quién paga no es una propuesta. Es un eslogan.

Y el propio caso de Maricarmen enseña lo difícil que es encajar la realidad en el eslogan:

  • A Urbagestión se la presentó como «fondo buitre». Sus dueños, dos hermanos, sostienen que solo tienen ese piso y que la empresa ganó 2.990 euros el año pasado.
  • Los tribunales les dieron la razón, hasta el Supremo. El contrato se firmó en 1956 a nombre de su padre y pasó a su madre. Cuando esta murió en 2005, Maricarmen se subrogó, pero la ley solo permitía hacerlo por dos años. La Audiencia Provincial de Madrid declaró el contrato extinguido en 2022, y el Tribunal Supremo inadmitió su recurso en diciembre de 2023 por carecer «manifiestamente de fundamento». La sentencia es firme.
  • Y denuncian amenazas desde el día del desahucio. En enero presentaron una querella contra el sindicato por coacciones y revelación de secretos, y le reclaman 10.000 euros por llamarlos «fondo buitre» en un vídeo.
  • Mientras tanto, el sindicato intentó comprar el piso. Según un correo publicado por The Objective, el 17 de octubre de 2025 la abogada de Maricarmen propuso a Urbagestión venderlo al Sindicato de Inquilinas y a cooperativas de vivienda de su entorno, y preguntó a qué precio «podría ser viable». Urbagestión dijo que no estaba en venta y lo comunicó al juzgado.
  • La ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, en la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros del 29 de septiembre: «En puridad tal vez no fuera un fondo, pero es una pyme buitre, muy carroñera». Para entonces, la empresa ya había pactado con el Ayuntamiento que Maricarmen volviera a su casa.

Lo del piso merece una pausa. Probablemente la intención era que Maricarmen siguiera en su casa, y hay que decirlo. Pero su web exige «el fin de la compra de vivienda si no es para residir en ella». Y el sindicato estudió comprar un piso para no vivir en él.

Nota: lo de las cuentas es la versión de Urbagestión en una entrevista a OKDiario, y no he podido contrastarlo. Las resoluciones judiciales sí están publicadas: Audiencia Provincial de Madrid, Sentencia 324/2022, y auto del Tribunal Supremo de 13 de diciembre de 2023. Que es una empresa modesta con ese único piso lo publica también El Español. Lo incluyo porque, si es cierto, el «fondo buitre» de esta historia es una empresa familiar con un piso.

Llamar buitre a cualquiera que tenga un piso no protege a los inquilinos. Solo simplifica el enemigo.

La coherencia

Buitres son los de otros

El PSOE ha puesto la vivienda en el centro de su campaña para las elecciones del 29-N. El 2 de octubre, en el Pleno del Congreso, durante el debate de los decretos, Montse Mínguez, portavoz de la Ejecutiva Federal del PSOE y secretaria general del Grupo Parlamentario Socialista, lo planteó así desde la tribuna:

«Vamos a ser claros, caretas fuera. Es normal que a ustedes no les gusten, pero díganlo. Díganlo, porque aquí de lo que se trata es de fondos buitres o de familias».

Once días después, el 13 de octubre, el periodista Javier Chicote publicó en Artículo 14 que Sergi Velez, pareja de Mínguez:

  • Dirige un grupo inmobiliario en Lleida con, al menos, 30 pisos en alquiler.
  • Ha llevado a inquilinos a los tribunales por impago, con hasta tres desahucios en marcha a la vez.

Ese mismo día, en Espejo Público (Antena 3), Susanna Griso le preguntó por ello. Le recordó la ofensiva de su partido contra los fondos buitre y los rentistas, y que ella misma tiene tres viviendas en propiedad. Estas fueron sus respuestas:

  • Sobre el negocio: es «una empresa familiar que se dedica al alquiler y cumple con la legalidad».
  • Sobre su pareja: «como gran tenedor paga sus impuestos […] y cumple la ley de vivienda».
  • Sobre su partido: «Nosotros defendemos a los propietarios, a las empresas de alquileres».
  • Sobre los desahucios: «Si hay un inquilino que no paga, se le desahucia; si hay un inquilino que es una familia vulnerable y […] no tiene una alternativa habitacional, se protege».
  • Sobre quién es el buitre: el «dinero extranjero que compra edificios enteros para expulsar a la gente de su casa y convertir los barrios en pisos turísticos».
  • Sobre la información: un «ataque personal». Amenazó con desconectarse y deslizó que todo el mundo sabe quién financia a Alberto Chicote. Alberto es el cocinero; el periodista se llama Javier.
  • Y cuando Griso le habló de coherencia: «Coherencia total».

Para ser justa: alquilar pisos y pedir a un juez que eche a quien no paga es legal. Nada de lo publicado apunta a una ilegalidad, y un cargo público no responde por los negocios de su pareja. El problema no es el negocio. Es el doble rasero. Pongamos las frases juntas:

  • 29 de septiembre, la ministra de Vivienda: una pyme con un piso es «muy carroñera».
  • 2 de octubre, Mínguez en el Congreso: o fondos buitre o familias.
  • 13 de octubre, Mínguez en Antena 3: un gran tenedor con 30 pisos es una familia. El buitre es el dinero extranjero.

Una pyme con un piso, carroñera. Un holding con treinta, empresa familiar.

Doble rasero con los fondos buitre: la sombra de una casa pequeña es un buitre y la de un bloque de treinta pisos es un corazón

Cuando desahucia el casero de otro, es un buitre. Cuando desahucia mi pareja, es que la ley funciona.

Y eso es lo más revelador de una causa de temporada: hay que abanderarla aunque te obligue a condenar en público lo que haces en casa. La coherencia se sacrifica antes que el titular.

Para terminar

Una causa no elige a sus muertos

La vivienda es el gran problema de este país, y quien lo niegue no ha buscado piso en los últimos cinco años. Precisamente por eso no puede ser la causa de temporada de nadie.

Una causa de verdad no escoge el caso según quién gobierna donde ha pasado. No pide transparencia a los demás sin publicar sus cuentas. No pasa del «o cae el Gobierno» al «apoyad al Gobierno» en 24 horas. No llama buitre a la familia que compra un piso para sus hijos. Y no llama buitre al casero ajeno mientras en casa dice que, si un inquilino no paga, se le desahucia.

Maricarmen tuvo un mensaje del presidente. Olga, no. Las dos merecían lo mismo.

Una causa de verdad no elige a sus muertos. Una temporada, sí.

— Nohemí Hervada

Fuentes Euronews · Manifestación por Maricarmen · Infobae · Acampada y Urbagestión · Euronews · «Maricarmen, tengo un mensaje para ti» · La Jornada · Muerte de Maricarmen y huelga del 11-N · Newtral · Caso Olga · El Salto · El juez del desahucio de Olga · Maldita · Caso Olga · Telecinco · Segundo caso en L'Hospitalet · ESdiario · Ayuso sí, Illa no · Forbes · Datos del CGPJ 2025 · El Correo de Pozuelo · Cataluña y Madrid por población · BOE · Ley Orgánica de Libertad Sindical · Sindicato de Inquilinas · Transparencia · Sindicato de Inquilinas · Qué queremos (consultada el 15-10-2026) · Valencia Plaza · INE, viviendas vacías · Tinsa · Vivienda vacía en las capitales · elDiario.es · Grandes tenedores según el Catastro · Congreso · La SAREB, bajo control del Estado · Público · Banco de España: 92 % del alquiler en manos de particulares · LegalToday · Plan Estatal de Vivienda 2026-2030 · Artículo 14 · Huelga general y afiliación · El Español · El giro del sindicato · Euronews · Apoyo a los decretos · The Objective · Los portavoces del sindicato · The Objective · Fernando de los Santos · The Objective · El intento de compra del piso de Maricarmen · EFE / Orain · Carolina Vilariño · El Español · La «pyme buitre» de la ministra · Law&Trends · Qué dijeron los tribunales (Audiencia y Supremo) · El Español · El Supremo y la subrogación · OKDiario · Entrevista a Urbagestión · Artículo 14 · La pareja de Montse Mínguez · PSOE Congreso · Intervención de Montse Mínguez (02/10/26) · Antena 3 · Montse Mínguez en Espejo Público · El Debate · Mínguez reconoce el «gran tenedor» · El Independiente · La vivienda en la campaña del PSOE · BOE · Constitución, art. 33

No todos los derechos son iguales

No todos los derechos son iguales

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No todos los derechos son iguales.

La vivienda y la huelga no están a la misma altura. Y no lo digo yo: lo dice nuestra Constitución.

No todos los derechos son iguales: un podio de tres alturas con una casa en el escalón más bajo, una llave en el medio y una pancarta en el más alto, y una figura roja que lo mira con un interrogante

«Es un derecho.» Esa frase se ha convertido en un escudo. Si votas «no» a un decreto de vivienda, estás contra el derecho a la vivienda. Si criticas una huelga, estás contra el derecho a la huelga. Fin de la conversación.

Pero la Constitución no trata todos los derechos igual. Los ordena por niveles de protección. Y entender esos niveles es la mejor vacuna contra el relato.

Los tres pisos

La Constitución tiene categorías

El Título I de la Constitución recoge los derechos en tres bloques. No pesan lo mismo:

Derechos fundamentales (arts. 14 a 29). La vida, la libertad de expresión, la educación… y la huelga. Se regulan por ley orgánica (mayoría absoluta del Congreso), no se pueden tocar por decreto ley, se pueden defender ante el Tribunal Constitucional con un recurso de amparo y, para cambiarlos, hace falta la reforma más difícil de la Constitución.

Derechos y deberes de los ciudadanos (arts. 30 a 38). Por ejemplo, la propiedad o el trabajo. Se regulan por ley ordinaria y no tienen amparo.

Principios rectores (arts. 39 a 52). Aquí está la vivienda. No son derechos que puedas reclamar directamente ante un juez: son mandatos a los poderes públicos, y solo se pueden alegar en los términos de las leyes que los desarrollen (art. 53.3).

La huelga está en el piso de arriba. La vivienda, en el de abajo.

¿Y la propiedad?

¿Quién es un buitre?

La propiedad está un piso por encima de la vivienda, aunque tampoco es fundamental. La Constitución permite limitarla por su función social (art. 33.2), manda impedir la especulación (art. 47) e incluso permite expropiar. Pero con una condición: «mediante la correspondiente indemnización» (art. 33.3). Es decir, pagando.

Ahora mira lo que pide el Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid en su web:

«La expropiación de las viviendas en manos de fondos buitre», de la SAREB y de los grandes tenedores.

«La recuperación de viviendas vacías».

«El fin de la compra de vivienda si no es para residir en ella».

Lee despacio la última. Si solo se puede comprar una casa para vivir en ella, quedan fuera:

La casa del pueblo o la de vacaciones.

El piso que compras para tus hijos.

El piso que alquilas para completar tu pensión.

¿Eres un buitre por tener una casa para tus hijos? Según esa lógica, tu compra estaría prohibida igual que la de un fondo.

Y si nadie puede comprar para alquilar, ¿quién alquila? Según el Banco de España, el 92 % de las viviendas en alquiler es de particulares. Solo el 8 % es de empresas. Y el parque público no llega al 2,5 % del total.

¿Y quiénes son esos caseros? Según el Observatorio del Alquiler, la edad media es de 59 años, y uno de cada tres usa la renta para complementar su pensión.

El Sindicato no dice cómo se pagarían esas expropiaciones. Otros sí lo han dicho:

Sin pagar. Desde la izquierda anticapitalista se defiende «la expropiación sin indemnización» de los pisos vacíos de bancos, fondos y grandes propietarios. Y ya en 2019, una candidata de Podemos a la Asamblea de Madrid propuso expropiar hasta 200.000 viviendas de fondos y bancos «sin pagar indemnización». Eso, sencillamente, no cabe en la Constitución.

Pagando. En septiembre de 2026, Podemos llevó al Congreso expropiar el uso de 650.000 viviendas de grandes propietarios. Comprarlas costaría, a 100.000-200.000 euros por piso, entre 65.000 y 130.000 millones. El Plan Estatal de Vivienda 2026-2030 tiene 7.000 millones para cinco años.

Limitar la propiedad es constitucional. Vaciarla, no. Quien pone la vivienda por encima de la propiedad sin decir quién paga ni quién alquila no está defendiendo la Constitución. Está defendiendo un eslogan.

Vivienda

Un derecho que no es fundamental

El artículo 47 dice: «Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias…».

Fíjate en el verbo: promoverán. La Constitución no te da una casa. Obliga a los poderes públicos a crear las condiciones. Y no dice cómo: eso se decide votando leyes.

La competencia es autonómica. La vivienda la gestionan las comunidades autónomas (art. 148.1.3ª). La primera ley estatal, la Ley 12/2023, llegó 45 años después de la Constitución, y el Constitucional anuló varios de sus artículos en 2024 (STC 79/2024).

Choca con otros derechos. Con la propiedad (art. 33), que está un piso más arriba.

Convertirla en fundamental no es fácil. Haría falta la reforma del artículo 168: dos tercios de cada cámara, disolver las Cortes, que las nuevas lo vuelvan a aprobar por dos tercios y un referéndum.

Por eso, quien vota «no» a un decreto de vivienda no vota contra un derecho. Vota contra una forma concreta de desarrollarlo. Y eso, en un principio rector, es exactamente lo que la Constitución espera del Parlamento: que discuta el cómo.

El caso que lo encendió todo, el desahucio de una mujer de 87 años, lo conté en Elecciones en caliente: el desahucio era legal, lo avaló el Supremo, y la ley que lo permitía la aprobó un Gobierno socialista.

Huelga

Un derecho fundamental con una ley de 1977

El artículo 28.2 dice: «Se reconoce el derecho a la huelga de los trabajadores para la defensa de sus intereses». Es un derecho fundamental, de los de arriba. Y aun así:

Nunca ha tenido su ley orgánica. Se sigue regulando por el Real Decreto-ley 17/1977, anterior a la Constitución. El intento de ley de 1992-1993 decayó al disolverse las Cortes.

No necesita autorización. Solo un preaviso de 5 días (10 en servicios públicos). Los servicios mínimos los fija la autoridad gubernativa.

La huelga política es ilegal. El artículo 11 del decreto de 1977 declara ilegal la huelga que «se inicie o sostenga por motivos políticos o con cualquiera otra finalidad ajena al interés profesional de los trabajadores afectados».

Pero hay matiz. El Tribunal Constitucional (STC 11/1981) admitió las huelgas que reclaman a los poderes públicos medidas de política económica y social que afectan a los trabajadores. Son las llamadas huelgas sociopolíticas, y son legales.

La paradoja: el derecho fundamental se regula con una norma preconstitucional. El que no es fundamental es el que todos llaman «derecho».

11-N

Una huelga general contra la oposición

Ahora, los hechos. En una semana:

2 oct

El Congreso tumba los dos decretos de vivienda.

5 oct

Sánchez anuncia elecciones para el 29 de noviembre. CCOO y UGT acuerdan una huelga general.

6 oct

El BOE disuelve las Cortes. El Consejo de Ministros vuelve a aprobar los decretos, ahora para la Diputación Permanente. Y Montero habla.

8 oct

Bolaños «hace suyas» las palabras de Montero.

16 oct

La Diputación Permanente vota los decretos.

11 nov

Huelga general, la primera de CCOO y UGT desde 2012.

13 nov

Empieza la campaña electoral.

El 6 de octubre, desde la sede del PSOE andaluz, María Jesús Montero, exvicepresidenta primera y exministra de Hacienda, hoy secretaria general del PSOE-A y vicesecretaria general del partido, lo explicó así:

«Habitualmente, para que los ciudadanos lo sepan, las huelgas generales se convocan contra los gobiernos. En este caso, la huelga general se convoca contra la oposición».

Ella misma lo llamó «una situación inédita […] que no hemos visto nunca». Y dio el motivo: «a raíz de que la oposición a este gobierno ha derribado el decreto de vivienda», para dar «una respuesta […] de rechazo, de enfado, de negativa» a lo que «protagonizó la derecha […] en el Congreso de los Diputados».

Es decir: el objetivo declarado no es un empresario ni un Gobierno. Es una votación del Parlamento y los partidos que la ganaron.

Lo dice alguien que hasta hace seis meses era el Gobierno: dejó Hacienda en marzo para ser candidata en Andalucía. Sabe mejor que nadie contra quién se convocan las huelgas generales. Y sabe que esta, por primera vez, no va contra ellos.

Hasta ahí, un partido haciendo campaña. Lo llamativo vino dos días después, cuando habló el Gobierno. Al ministro de Justicia, Félix Bolaños, le preguntaron si estaba de acuerdo. Su primera respuesta fue otra: el Gobierno comparte «esas dos reivindicaciones», salarios y vivienda, aunque los sindicatos dirán que lo hecho «está bien, pero que es insuficiente».

El periodista insistió: «Usted no llega tan lejos como la señora Montero». Y Bolaños:

«Para que no haya duda, hago mías las palabras de la señora Montero de antemano».

En una sola respuesta, la huelga pasó de ser por la vivienda a ser contra la oposición. Y esta vez no lo dice un partido: lo dice un ministro.

Las versiones

¿Contra quién es la huelga?

Depende de a quién preguntes:

Montero: contra la oposición, por tumbar el decreto.

Bolaños: por salarios y vivienda… y luego, contra la oposición.

UGT: «contra todas las administraciones».

CCOO: por los salarios. Unai Sordo: «Si tiene que ver con los salarios, no sé dónde ve la ilegalidad».

Y Sordo tiene razón en una cosa: la convocatoria habla de subir salarios, reducir la jornada, desbloquear los convenios y frenar la especulación con la vivienda. Con esos motivos sobre el papel, la huelga es probablemente legal.

Cuatro respuestas para una sola huelga. Cuando nadie se pone de acuerdo en el motivo, el motivo suele ser otro.

El calendario

Una huelga se hace contra quien puede ceder

Contra el empresario que paga tu nómina. Contra el Gobierno que decide. Ahora, haz el ejercicio con esta:

Si va contra la oposición por tumbar los decretos, ¿por qué es el 11 de noviembre, casi un mes después de que la Diputación Permanente vote esos mismos decretos el 16 de octubre?

Con las Cortes disueltas, ¿quién puede ceder el 11 de noviembre?

¿Por qué justo dos días antes de la campaña? Según publica la prensa, la fecha se eligió para evitar un conflicto ante la Junta Electoral Central.

Cuando ya no queda ninguna votación que ganar, solo queda un destinatario: el votante.

Eso tiene un nombre. El Diccionario panhispánico del español jurídico de la RAE lo define: huelga política, la que «se inicia o sostiene por motivos políticos».

¿Ilegal? Eso lo decidiría un juez, a partir de los motivos que figuren en la convocatoria, no de lo que diga un ministro. ¿Neutral? Ni de lejos.

Nota: la ley electoral (LOREG, art. 50) prohíbe a los poderes públicos, desde la convocatoria, organizar o financiar actos que hagan propaganda de sus logros. Unas declaraciones en un coloquio no encajan necesariamente en esa prohibición. Lo que sí rompen es la neutralidad institucional que se espera de un Gobierno en periodo electoral.

Para terminar

Derechos, no armas

Se puede defender el derecho a la vivienda y criticar unos decretos. Se puede defender el derecho a la huelga y criticar una huelga concreta. No es una contradicción: es pensar.

Lo que no se puede es usar los derechos como munición:

Llamar «ataque a un derecho» a una votación parlamentaria sobre un principio rector.

Convertir un derecho fundamental de los trabajadores en un acto de precampaña que el Gobierno aplaude y apunta contra quien no gobierna.

Cuando los derechos se usan como armas, los primeros que pierden son quienes de verdad los necesitan: los que no pueden pagar un alquiler y los que pierden un día de sueldo por hacer huelga.

Un derecho no es un eslogan. Y una huelga no es un mitin.

— Nohemí Hervada

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El que vota NO también es diputado

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Congreso · Vivienda · Sin filtros

El que vota no también es diputado.

Lo que pasó en el Congreso con los decretos de vivienda no fue un debate. Fue un señalamiento. Y eso dice más de nuestra política que el resultado de la votación.

Decretos de vivienda en el Congreso: un hemiciclo y un solo escaño señalado en rojo

"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo."

Nota: la frase se atribuye casi siempre a Voltaire, pero no es suya. La escribió su biógrafa, Evelyn Beatrice Hall, en 1906 (The Friends of Voltaire), para resumir lo que él pensaba. Un detalle muy apropiado para un artículo sobre relatos.

Hoy esa frase suena casi a ciencia ficción. Y si no, mira lo que pasó en el Congreso.

El viernes 2 de octubre, el Congreso tumbó los dos decretos de vivienda del Gobierno. Hasta aquí, democracia normal: el Gobierno propone, el Parlamento decide.

Lo que no fue normal fue todo lo demás:

  • Diputados y ministros que, en lugar de defender por qué votar sí, se dedicaron a amenazar a quien votara no.
  • Una votación a viva voz pedida para que cada "no" se oyera con nombre y apellidos.
  • Y un final de sesión con gritos, octavillas y reproches a "los otros".

No voy a hablar hoy de si los decretos eran buenos o malos. Voy a hablar de algo que me preocupa más: de cuándo empezamos a tratar al que discrepa como a un enemigo.

Los hechos

Qué se votó y cómo acabó

172/178
Primer decreto (prórroga de contratos, tope del 2 % y freno a desahucios). Sí / No
166/184
Segundo decreto (prórroga automática de los alquileres). Sí / No
0
Abstenciones. Nadie se quedó en medio
  • Votaron "no" a los dos: PP, Vox, Junts y UPN.
  • El PNV apoyó el primero y rechazó el segundo, por falta de negociación y por el riesgo de reducir la oferta de alquiler.
  • Votaron "sí": PSOE, Sumar, ERC, Bildu, Podemos, BNG y Compromís.
La escenografía

"Quedaos con sus caras"

A las 8:48 de la mañana, horas antes del pleno, PSOE y Sumar registraron una petición: que la votación fuera pública y por llamamiento. Es decir, que cada diputado se levantara y dijera su voto en voz alta.

Es legal. El Reglamento del Congreso lo permite si lo piden dos grupos. Pero conviene saber una cosa: el voto electrónico normal ya es individual y público. Al día siguiente puedes consultar qué votó cada diputado, con nombre y apellidos.

Así que el llamamiento no aportaba ni un dato nuevo. Solo aportaba escenario. Y la diputada de Sumar Tesh Sidi se encargó de explicarlo mejor que nadie: publicó la petición en redes con un mensaje de cinco palabras.

Tuit de Tesh Sidi con la solicitud de votación por llamamiento de los decretos de vivienda
"¡Quedaros con sus caras!". Tuit de Tesh Sidi (Sumar) con la solicitud de votación por llamamiento firmada por Patxi López y Verónica Martínez Barbero.

No era transparencia. Era una diana.

Las palabras

Argumentos, pocos. Amenazas, muchas.

Esto es lo que se escuchó en el Congreso para pedir el sí. Fíjate en que casi ninguna frase explica qué hacía el decreto. Todas apuntan a quien vota en contra:

  • Pedro Sánchez: "La culpa no la tendrá la troika, ni la prima de riesgo, ni los bancos. La tendrán aquellos que voten no." Y también: "La Historia les juzgará antes de lo que creen y con más contundencia de la que imaginan".
  • Pablo Bustinduy (ministro, Sumar), ante los periodistas antes del pleno: "Quien vote que no a estos decretos de vivienda hoy, quien vote que no le estará poniendo su nombre y apellido a cada desahucio que suceda, a cada contrato que se acabe, a cada euro de más que le roben a las familias trabajadoras en España. El brazo político del rentismo hoy va a demostrar de qué lado está y a quién defiende" (vídeo). Y ya en la tribuna: "Pueden gritar muy alto 'España' o 'Catalunya', pero van a votar contra su pueblo".
  • Alberto Ibáñez (Compromís): "Votar no a este decreto es empujar a que cientos de personas pierdan sus vidas". Y preguntó a los diputados si querían "firmar también los suicidios". Ya en el patio, a la portavoz del PP, Ester Muñoz: "¡Lo vais a pagar!"
  • Gerardo Pisarello (Sumar): "Malditas sean las derechas rentistas rendidas a los buitres que con su voto permitirán que nuestras abuelas, nuestras vecinas, queden en la calle o pierdan la vida". Y remató: "Quien hoy perpetre esta infamia con su voto no va a quedar impune".
  • Gabriel Rufián (ERC): "Salgan a la calle a descojonarse de esto si son tan valientes, pero sin escolta".
  • Águeda Micó (Compromís): "PP, Vox y Junts venderían hasta a su madre por una caricia de los poderosos".
  • Isabel Rodríguez (ministra de Vivienda): "Los próximos desahucios serán responsabilidad de esta Cámara".

Al acabar la votación, la diputada de Podemos Martina Velarde se fue a gritos hacia la bancada de Vox. Ella misma lo explicó después en redes: les gritó que "no tenían vergüenza" porque, según ella, se habían reído durante la sesión. Desde la tribuna de invitados se gritó "sinvergüenzas" y la presidenta de la Cámara tuvo que desalojarlos. Y horas después, el PSOE de Asturias publicó en redes los nombres y apellidos de los diputados de PP y Vox que habían votado no.

Cuando no puedes convencer, intimidas. Cuando no puedes argumentar, señalas.

Para ser justos

La demagogia no tiene color

Sería fácil convertir este artículo en un "los malos son los de un lado". Pero no sería verdad. El análisis de los datos que se dieron en el debate deja exageraciones en todas las bancadas:

  • Vox dijo que España era el país con más inflación de la OCDE. Falso: en agosto estábamos en el 4,4 %, por debajo de Rumanía, Lituania o Chipre. Y habló de "cinco millones de personas" llegadas en cinco años, cuando la población creció en unos 2,1 millones.
  • PP y Junts atribuyeron al decreto la retirada de 4.290 pisos del alquiler, cuando el propio estudio advierte de que todavía no se puede atribuir.
  • Junts respondió con su propio relato: "No nos da miedo el chantaje". El PP, con el suyo: "Han tratado de arreglar en cuatro días lo que han destrozado en ocho años".

La retórica y la demagogia son tan viejas como los parlamentos. La diferencia está en el grado. Una cosa es exagerar un dato. Otra muy distinta es decirle a un diputado que tendrá muertos en la conciencia por votar lo que considera.

Lo que dice la Constitución

Discrepar no es traicionar

Hay dos artículos de la Constitución que más de uno debería releer:

  • Artículo 67.2: los diputados "no estarán ligados por mandato imperativo". Nadie, ni su partido ni la calle, puede obligarles a votar algo.
  • Artículo 79.3: el voto de los parlamentarios es "personal e indelegable".

Es decir: votar "no" es tan legítimo como votar "sí". Para eso existe un Parlamento. Si el voto contrario fuera ilegítimo, no haría falta votar.

Detrás de cada amenaza hay una idea peligrosa: que quien piensa distinto no puede tener razones, solo intereses. Que si votas "no" es porque eres "rentista", "vendido a los buitres" o "indolente al sufrimiento". Nunca porque creas, con datos, que esa ley va a empeorar el problema.

Y datos para dudar había. El Banco de España advertía en junio de que los controles de precios son eficaces a corto plazo, pero que sus beneficios se compensan con "pérdidas de bienestar a medio y largo plazo". Se puede discrepar del Banco de España. Lo que no se puede es fingir que quien le hace caso es un villano.

Opinar diferente no es estar equivocado. Creer que sí, es soberbia.

La responsabilidad

¿Quién pone nombre a los desahucios?

Hablemos entonces de responsabilidad, ya que fue la palabra del día.

272.417
Desahucios en España desde junio de 2018 (CGPJ)
196
Decretos ley de Sánchez. Rajoy firmó 107 en siete años
10
Decretos ley derogados en esta legislatura
  • Más de 272.000 familias han sido desahuciadas desde que gobierna el actual Ejecutivo. Ese dato no es de la oposición: es del Consejo General del Poder Judicial. ¿También llevan el nombre de alguien?
  • El decreto ley está pensado para casos de "extraordinaria y urgente necesidad" (artículo 86). Se ha convertido en la forma habitual de gobernar: 196 desde 2018, más que González, Aznar, Zapatero o Rajoy.
  • Y se hizo con tanta prisa que, en la rueda de prensa del Consejo de Ministros, la propia ministra de Vivienda buscaba entre sus papeles para explicarlo: "Tengo un cacao", "tengo que revisar la última versión, que no la tengo aquí".
  • Para intentar ganar el voto de Junts, el decreto incluía además una disposición que dejaba a salvo la normativa propia de Cataluña. No excluía a Cataluña, pero sí le daba un trato que no tenían otras comunidades.

Hay un nombre que se usó estos días y que merece todo el respeto: Olga. Tenía 54 años y vivía desde hacía más de veinte en el mismo piso de L'Hospitalet de Llobregat. Fue desahuciada en abril. Murió en septiembre. Su casa había acabado en manos de una sociedad vinculada a un fondo de inversión, y los servicios sociales del ayuntamiento y de la Generalitat conocían su caso desde 2020.

Su historia no se puede usar como arma arrojadiza contra quien vota "no". Ocurrió antes de este decreto, en un territorio con su propia ley de vivienda y con las tasas de desahucio más altas de España (83,9 por cada 100.000 habitantes, frente a 31,9 en Madrid). Si la muerte de Olga señala a alguien, señala a todas las administraciones que la conocían y no llegaron a tiempo.

Si estás pasando por un momento difícil, no estás solo ni sola: llama al 024, la línea de atención a la conducta suicida. Es gratuita, confidencial y funciona las 24 horas.

Y hay otro detalle que ilustra hasta qué punto se ha perdido la noción de responsabilidad política. El ministro que pedía poner nombre y apellidos a cada desahucio es hijo de Ángeles Amador, ministra de Sanidad entre 1993 y 1996. Ese Gobierno aprobó la Ley de Arrendamientos Urbanos de 1994, la que fijó el final de los contratos de renta antigua. La misma ley que hoy explica desahucios como el de Maricarmen.

No lo cuento para culpar a un hijo de lo que hizo su madre. Lo cuento porque demuestra algo que ningún diputado dijo en la tribuna: la crisis de la vivienda es el resultado de décadas de decisiones de todos los gobiernos. Nadie puede señalar a los demás sin señalarse también.

  • Si votar no te convierte en responsable de cada desahucio, ¿quién es responsable de los 272.000 de los últimos ocho años?
  • ¿Por qué se pide votar a viva voz justo cuando se sabe que se va a perder?
  • ¿Desde cuándo representa a toda la sociedad quien más ruido hace en la calle?
  • ¿Qué pasará con el siguiente diputado que dude, si sabe que su "no" acabará en un tuit con su cara?

Lo vimos con el caso de Maricarmen: se visibiliza la parte del relato que hace ruido, la que toma la calle y acampa en Sol. Es legítimo protestar. Pero una protesta no es la voz de todo un país, y un Parlamento no puede votar con miedo a la plaza.

Para terminar

La política no es esto

Lo que vimos el viernes tiene un nombre: la estrategia del enemigo. Es más barato movilizar con rabia que convencer con argumentos. Y funciona, porque nos obliga a elegir bando antes de pensar.

Pero si hoy aplaudes que se señale al que vota "no", prepárate para cuando el señalado seas tú. Porque las reglas que aceptas contra tu adversario son las mismas que se usarán contra ti.

Mañana, en la segunda parte, entro en el fondo: qué decían los decretos, qué advertían los expertos y qué ha pasado donde ya se han probado medidas así.

Y la semana que viene publico un artículo sobre por qué tanta gente dice "no me interesa la política". Spoiler: no es desinterés. Es esto.

Un Parlamento donde solo se puede votar sí no es un Parlamento. Es un aplausómetro.

— Nohemí Hervada

Nohemí Hervada
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