Fiscalizar al poder

Fiscalizar al poder

Democracia · Poder · Sin filtros

FISCALIZAR AL PODER no es elegir bando.

Se puede criticar a todo el mundo. Pero las cuentas se le piden a quien manda. Y si solo vigilas cuando gobiernan los otros, no estás fiscalizando: estás haciendo campaña.

Fiscalizar al poder: una lupa sobre la balanza de los tres poderes del Estado

En política se critica todo, y está bien que sea así. Pero hay una diferencia que se pierde en el ruido: criticar no es lo mismo que fiscalizar al poder. Criticar puedes criticar a cualquiera. Las cuentas, en cambio, se le piden a quien tiene la autoridad.

Y la autoridad, al final, la tiene el Estado, que es quien tiene el monopolio de la violencia legítima. Puede multarte, expropiarte, subirte los impuestos o meterte en la cárcel. Y dentro del Estado, quien toma las decisiones del día a día es el Gobierno. Lo hayas votado o no, sus decisiones te afectan.

Por eso, cuando alguien exige explicaciones al Gobierno, no está automáticamente posicionándose a favor de la oposición o diciendo que esta sea mejor. Está haciendo lo que toca: mirar con lupa a quien puede cambiarte la vida con una firma.

El origen

Separar el poder para que nadie lo tenga todo

¿Conoces la canción de Molotov que dice «SI LE DAS MÁS PODER AL PODER, MÁS DURO TE VAN A VENIR A COGER»?

La idea no es nueva. John Locke la apuntó en 1690 y Montesquieu la desarrolló en El espíritu de las leyes, en 1748. Su razonamiento es sencillo: quien tiene poder tiende a abusar de él, así que hace falta que el poder frene al poder.

Si la misma persona hace las leyes, las aplica y juzga a quien las incumple, no hay a quién acudir. Por eso las democracias reparten el poder en tres poderes distintos e independientes:

  • Legislativo: hace las leyes. En España son las Cortes Generales, el Congreso y el Senado. Aprueban leyes y presupuestos y controlan al Gobierno. Lo conforman diputados y senadores según lo que votamos en las elecciones generales.
  • Ejecutivo: gobierna. Es el Gobierno: el presidente y sus ministros. Decide en qué se gasta el dinero (Presupuestos Generales), dirige la Administración y las fuerzas de seguridad y aprueba decretos, reglamentos e instrucciones. Es el poder que más directamente toca tu vida.
  • Judicial: aplica la ley a cada caso. Lo conforman los jueces y tribunales. La Constitución, en su artículo 117, dice que deben ser independientes y estar sometidos únicamente al imperio de la ley.

El que hace la ley no la ejecuta. El que la ejecuta no la juzga. Y el que juzga no hace la ley.

Es un círculo de contrapesos: cada poder vigila a los otros y ninguno tiene la última palabra sobre todo.

Un matiz sobre cómo funciona España: no elegimos directamente al presidente como en otros países. Lo elige el Congreso, así que el Gobierno sale de la mayoría parlamentaria. Puede que quien gobierna no haya sido el partido más votado, sino el que consigue la mayoría de apoyo de la Cámara. Eso hace que la frontera entre Legislativo y Ejecutivo sea más fina de lo que parece. Por eso los otros contrapesos son todavía más importantes.

Un ejemplo de manual

Cuando una instrucción reescribe una ley

La llamada ley de nietos, una disposición de la Ley de Memoria Democrática de 2022, permite pedir la nacionalidad española a hijos y nietos de quienes tuvieron que exiliarse a partir del 1936. Y en España, la nacionalidad lleva consigo el derecho al voto (no es así en todos los países).

  • La ley la aprobó el Legislativo. Exigía la condición de exiliado.
  • El Ejecutivo la desarrolló con una instrucción, firmada en octubre de 2022 por la entonces directora general de Seguridad Jurídica y Fe Pública, Sofía Puente, hermana del ministro Óscar Puente. Según quienes la han recurrido, esa instrucción daba por exiliado a cualquiera que hubiera salido de España entre 1936 y 1955, sin tener que probar persecución. El abogado Luis María Pardo lo resume diciendo que se cambió una «y» por una «o».
  • Y el Judicial ha puesto el freno. Ese cambio modifica sustancialmente la ley. Por eso Iustitia Europa, un partido pequeño conocido sobre todo por sus pleitos, que se presentó a las europeas de 2024 y ahora recoge avales para concurrir por Madrid, recurrió ante el Tribunal Supremo, que ha suspendido de forma cautelar los efectos electorales de esas nacionalizaciones: sin certificación consular de los requisitos de exilio, no hay voto. A día de la publicación de este artículo mantiene esa suspensión de cara a las elecciones del 29 de noviembre.

Por la vía penal, además, un juzgado de Madrid ha abierto diligencias contra Sofía Puente por presunta prevaricación tras una querella de Hazte Oír. Vox también se ha querellado.

Nota: el Supremo todavía no ha dictado sentencia sobre el fondo; lo que ha adoptado son medidas cautelares. Y Sofía Puente está investigada, no condenada: tiene derecho a la presunción de inocencia.

Más allá de la resolución del caso, nos sirve para ilustrar lo importante de esta separación de poderes: si el Ejecutivo se extralimita, tiene que haber otro poder que pueda pararlo.

La justicia

Los jueces no los deben poner los partidos

Los jueces son personas, ciudadanos, con derecho a tener su propia ideología. ¡Faltaría más! El problema empieza cuando juzgan según su ideología y no según la ley, o cuando quien los nombra espera que lo hagan "agradeciendo" el puesto.

Aquí toca hablar del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), el órgano que gobierna a los jueces y decide, entre otras cosas, quién llega al Tribunal Supremo y quién preside los tribunales. Tiene 20 vocales:

  • Hasta 1985, los 12 vocales de origen judicial los elegían los propios jueces.
  • Desde 1985, los elige el Parlamento. El Constitucional lo dio por bueno en 1986, pero advirtió del riesgo de que los partidos acabaran repartiéndose los puestos por cuotas. Es exactamente lo que ha pasado.
  • Y todos los partidos lo critican desde la oposición y lo mantienen cuando gobiernan. El PP prometió devolver a los jueces esa elección y, aun con mayoría absoluta, no lo hizo. El PSOE intentó en 2020 rebajar la mayoría necesaria para poder elegirlos, pero tras los avisos de Bruselas lo congeló y en 2021 lo retiró.
1748
Montesquieu publica El espíritu de las leyes
12/20
Vocales judiciales del CGPJ que elige el Parlamento, no los jueces
1985
Año en que los partidos asumen esa elección

Ahora una opinión personal: no me parece sano que los jueces entren en política y luego vuelvan a juzgar. Ni que los fiscales salten a un ministerio y de ahí a dirigir la Fiscalía. Y esto pasa en los dos lados:

  • Fernando Grande-Marlaska, juez de la Audiencia Nacional, ministro del Interior con el PSOE.
  • Margarita Robles, magistrada del Supremo, ministra de Defensa con el PSOE.
  • Dolores Delgado, fiscal, ministra de Justicia y después fiscal general del Estado.
  • Enrique López, exmagistrado del Constitucional, consejero de Justicia de la Comunidad de Madrid con el PP. En 2023 se dio de baja del partido para volver a la judicatura y después optó a presidir la Audiencia Nacional.

No dudo de su honestidad (a priori). El problema es otro: un juez no solo tiene que ser imparcial, también tiene que parecerlo. Si un día eres ministro de un partido, ¿cómo convences al día siguiente a quien te toca juzgar de que no le juzgas con el carné del partido? En esto yo sería tajante: quien entra en política no debería volver a la carrera judicial.

La Fiscalía

El fiscal: ¿de la ley o del Gobierno?

Entre el Gobierno y los jueces está la Fiscalía. No juzga: acusa. Según el artículo 124 de la Constitución, su trabajo es promover la acción de la justicia en defensa de la legalidad y del interés público, de oficio o a petición de los interesados. Es decir, no tiene que esperar a que alguien denuncie: si conoce un posible delito, debe actuar.

  • Debe regirse por la legalidad y la imparcialidad. Pero también por la dependencia jerárquica: los fiscales responden ante sus superiores, y en la cúspide está el fiscal general.
  • Y al fiscal general lo propone el Gobierno. Lo nombra el Rey a propuesta del Ejecutivo, tras oír al CGPJ. Ahí está la grieta.

En noviembre de 2019, en una entrevista en RNE, Pedro Sánchez lo dejó claro. Preguntó: «¿De quién depende la Fiscalía?». El periodista respondió «del Gobierno», y él remató: «Pues ya está». Después lo matizó en redes, pero la frase quedó ahí.

Y lo que vino después también:

  • Dolores Delgado pasó directamente de ministra de Justicia a fiscal general del Estado.
  • Álvaro García Ortiz, su sucesor, fue condenado por el Supremo en noviembre de 2025 a dos años de inhabilitación por revelar datos reservados: un correo en el que el abogado de González Amador, pareja de Ayuso, reconocía dos delitos fiscales para negociar un acuerdo.
  • En los casos de la familia del presidente, la Fiscalía no ha acusado. En el de su hermano, David Sánchez, pidió la absolución de todos. La Audiencia de Badajoz lo condenó en julio a nueve años de inhabilitación por prevaricación, con la acusación sostenida solo por las acusaciones populares. La sentencia todavía se puede recurrir.
  • En el de su mujer, Begoña Gómez, la Fiscalía sostiene que los hechos no son delito y pide la absolución. Aun así, irá a juicio con jurado, acusada por las acusaciones populares.

Que la Fiscalía concluya que no hay delito es legítimo: si no ve delito no tiene que acusar. Pero cuando nunca ve delito en los de su cuerda o cuando su criterio coincide una y otra vez con lo que le conviene al Gobierno que nombra a su jefe, la duda está servida. Y cuando un tribunal condena donde el fiscal pedía absolución, algo no cuadra.

Tampoco esto es cosa de un solo partido. En 2016 se publicaron las grabaciones del ministro del Interior del PP, Jorge Fernández Díaz, con el director de la Oficina Antifraude de Cataluña, buscando material contra políticos independentistas. Una de sus frases: «Esto la Fiscalía te lo afina».

Una Fiscalía que depende del Gobierno vigila a todos menos al Gobierno.

Cosa de todos

La acusación popular: fiscalizar sin ser víctima

En España, cualquier ciudadano o asociación puede personarse en un proceso penal aunque el delito no le afecte directamente. Se llama acusación popular y la recoge el artículo 125 de la Constitución.

  • Acusación particular: la ejerce la víctima o perjudicado por el delito.
  • Acusación popular: la ejerce cualquiera, en nombre del interés general. Hay que presentar querella, a veces pagar una fianza, y conlleva gastos. Ese aspecto es quizás el que la hace más inaccesible para la inmensa mayoría de ciudadanos (aparte del desconocimiento de las leyes).

Gracias a ella han llegado a juicio casos que, seguramente, nunca habrían llegado. Y la han usado todos:

  • Gürtel. La Asociación de Abogados Demócratas por Europa (ADADE) fue la primera acusación popular. El PP fue condenado como partícipe a título lucrativo: tuvo que devolver 245.492 euros por haberse beneficiado de la trama. Ojo: no fue una condena penal, sino civil. Aun así, la sentencia de 2018 provocó la moción de censura que echó a Rajoy.
  • Nóos. Manos Limpias fue quien sentó en el banquillo a la infanta Cristina, aunque acabó absuelta. Años después denunció a Begoña Gómez.
  • El hermano de Sánchez. Manos Limpias, Hazte Oír, Vox, el PP, Iustitia Europa, Abogados Cristianos y Liberum sostuvieron solos la acusación contra David Sánchez, sin la Fiscalía, y el tribunal le condenó en primera instancia.
  • La pareja de Ayuso. En la causa por fraude fiscal contra Alberto González Amador, que está pendiente de juicio, el PSOE y Más Madrid son acusación popular.
  • La ley de nietos. Hazte Oír y Vox, por la vía penal. Iustitia Europa, por la contencioso-administrativa, que no es acusación popular, pero responde a la misma idea: ciudadanos organizados que acuden a los tribunales con sus propios medios.

Y fíjate en el patrón. Cuando ADADE apretaba al PP en Gürtel, el PP la acusaba de ser una tapadera del PSOE. Hoy el PSOE dice lo mismo de Hazte Oír o de Manos Limpias. Y en enero de 2025 presentó una proposición de ley para limitar la acusación popular que, según sus críticos, habría impedido investigar Gürtel. La presidenta de la principal asociación de jueces lo dijo claro: todos los partidos han abusado de esta figura, incluido el que proponía recortarla.

La acusación popular solo molesta a quien gobierna. Por eso todos quieren limitarla cuando gobiernan.

El cuarto poder

Una prensa que pregunte, no que aplauda

La expresión «cuarto poder», que se suele atribuir a Edmund Burke, no aparece en ninguna Constitución. Pero su papel es clave: mientras el resto de la sociedad está ocupada viviendo, trabajando o simplemente no entiende de política ni quiere entender, la prensa está para hacer las preguntas incómodas e investigar. Para informar, no para opinar.

Aquí seré muy crítica: hoy buena parte de la prensa opina más de lo que informa. Hay más tertulia que dato y más trinchera que pregunta. Demasiados medios hacen propaganda para los suyos en lugar de vigilar al que manda. Periodistas y tertulianos repitiendo el argumentario oficial sin cambiar una coma. «Opinión sincronizada», lo han bautizado.

Un ejemplo de esa prensa cómoda. En enero de 2026, tras el accidente ferroviario de Adamuz, el ministro Óscar Puente fue a La hora de La 1, en la televisión pública que pagamos todos. Silvia Intxaurrondo le preguntó qué se podía hacer ante la «campaña de intoxicación» contra él, dando por hecho que las críticas lo eran. Al terminar, ella le despidió con un «gracias por las explicaciones y por habernos acompañado». Y él respondió: «Gracias, así da gusto». Esa misma semana canceló la entrevista que tenía en Espejo Público.

Si el poderoso sale de la entrevista diciendo «así da gusto», es que el periodista no ha hecho su trabajo.

Prensa que abanica al poder en lugar de fiscalizar al poder: una periodista abanica a un político repantingado en un plató

Pero cuando un periodista sí hace su trabajo y molesta al poder, la reacción suele ser la misma: atacar al mensajero. Bulos, fango, pseudomedios. El mismo Pedro Sánchez popularizó los términos «máquina del fango» y «pseudomedios» en abril de 2024, en su carta a la ciudadanía, cuando se tomó cinco días para pensar si dimitía.

Todo el mundo aplaude el Watergate. Es el ejemplo de manual de lo que debe hacer la prensa. Pero conviene recordar cómo fue:

  • Junio de 1972. Detienen a cinco hombres colándose en la sede del Partido Demócrata, en el edificio Watergate de Washington.
  • Dos periodistas jóvenes del Washington Post, Bob Woodward y Carl Bernstein, tiran del hilo hasta la Casa Blanca, con ayuda de una fuente anónima a la que llamaron «Garganta Profunda». En 2005 se supo que era Mark Felt, número dos del FBI.
  • La Casa Blanca no colaboró y atacó al periódico. Durante meses, sus informaciones apenas calaron.
  • En noviembre de 1972, Nixon arrasó en las elecciones y ganó la reelección mientras el escándalo crecía.
  • En agosto de 1974 dimitió. Es el único presidente de Estados Unidos que lo ha hecho. El Post ganó el Pulitzer.
Watergate: cinta roja en la cerradura de una puerta y una máquina de escribir, símbolo de la prensa que fiscaliza al poder
Un vigilante descubrió la cinta adhesiva en la cerradura. Dos periodistas hicieron el resto.

O sea: mientras investigaban, eran unos periodistas sin pruebas, con fuentes anónimas, contra el presidente más votado. Solo cuando ganaron se convirtieron en héroes. Hoy aplaudimos el Watergate, pero cuando la exclusiva toca a los nuestros, lo llamamos fango.

A Woodward y Bernstein también los habrían llamado máquina del fango o pseudomedio.

El caso de Ketty Garat lo resume bien:

2021

Publica en The Objective una semana de exclusivas sobre por qué Ábalos salió del Gobierno. En Todo es mentira (Cuatro), Risto Mejide se burla del medio llamándolo «el ojeti», y el programa le dedica una canción a la periodista. Según un audio que publicó después el propio medio, Koldo García celebró esas burlas.

2024

En febrero estalla el caso Koldo.

2025

En noviembre, Ábalos y Koldo entran en prisión provisional.

2026

En junio, el Supremo los condena en firme: 24 años y 3 meses a Ábalos y 19 años y 8 meses a Koldo, por organización criminal, cohecho, malversación y tráfico de influencias. Garat recibe el Premio APM al Mejor Periodista de 2025. Por cierto, Ketty Garat aún sigue esperando las disculpas que merece.

No es el único caso:

  • Alejandro Entrambasaguas publicó en El Debate una reunión entre Leire Díez y la directora de la Guardia Civil. Ella lo desmintió y el ministro del Interior también. La investigación del juez Pedraz la ha confirmado. El caso sigue en instrucción.
  • Javier Chicote publicó en Artículo14 que la pareja de Montse Mínguez, portavoz del PSOE, tiene decenas de pisos en alquiler y ha desahuciado a inquilinos, mientras ella cargaba contra los «fondos buitre». Su respuesta en Espejo Público fue preguntar quién financia a «Alberto» Chicote, equivocándose de nombre. El 16 de octubre dimitió. Lo conté en La causa de esta temporada.
Un político lanza barro desde un atril contra una periodista que se protege con su libreta roja

Y para que nadie piense que esto va de un solo partido, el otro lado hace lo mismo cuando tiene poder:

  • Miguel Ángel Rodríguez, jefe de gabinete de Ayuso, respondió a la exclusiva de elDiario.es sobre el fraude fiscal de la pareja de la presidenta con un mensaje a una periodista: «Os vamos a triturar, vais a tener que cerrar». También difundió la foto de dos periodistas de El País con una acusación falsa. La Fiscalía pide ahora 3 años y 9 meses de cárcel para González Amador, que está pendiente de juicio.
  • El propio Chicote denuncia que la cúpula de Hacienda de Cristóbal Montoro, con el PP en el Gobierno, lo investigó por haber molestado al ministro. Montoro llegó a advertir a ABC de que lo llevaría a los tribunales si «se pasaban de la raya».

Sobre la financiación: querer saber quién paga un medio es una cuestión legítima para entender su línea editorial. Pero no hace verdadera ni falsa una información. Lo que la valida son las pruebas, y en estos casos las pruebas han acabado en sentencias e investigaciones judiciales.

Una información no es falsa por quién la paga. Es falsa si no es verdad.

  • ¿Exiges al Gobierno de ahora lo mismo que le exigías al anterior?
  • ¿Te parece bien la acusación popular solo cuando acusa a los otros?
  • Cuando una exclusiva señala a «los tuyos», ¿preguntas si es verdad o quién la paga?
  • ¿Te molesta un juez en política o solo el juez del partido contrario?
Para terminar

La misma vara, gobierne quien gobierne

Fiscalizar al poder no te convierte en militante del otro bando. Te convierte en ciudadano. A quien hay que exigir más es al que tiene la capacidad de hacer cosas, y hoy es este Gobierno, como mañana será el siguiente.

Lo que sí te convierte en militante es callar cuando cambie el color. Si mañana gobiernan los otros y dejas de hacer las preguntas que haces hoy, nunca estuviste fiscalizando. Estabas haciendo campaña.

Al poder no se le aplaude. Se le vigila.

— Nohemí Hervada

En vídeo

Te lo explico en 20 minutos

Fuentes El Debate · Iustitia Europa recurre ante el Supremo · Moncloa.com · Vista sobre las cautelares · ESdiario · El Supremo mantiene las cautelares · Vozpópuli · Diligencias contra Sofía Puente · Moncloa.com · Querella de Vox · Poder Judicial · Sentencia Gürtel en el Supremo · Público · El PP, partícipe a título lucrativo · ICAM · ADADE en Gürtel · El Independiente · El PP contra ADADE · El Debate · Qué es Manos Limpias · The Objective · La ley del PSOE y la acusación popular · The Objective · Causa contra González Amador · Deia · Sánchez y la «máquina del fango» · The Objective · Koldo y las burlas de Todo es mentira · Planeta · Ketty Garat, Premio APM · RTVC · Condena a Ábalos y Koldo · Artículo14 · El Supremo confirma las condenas · El Debate · Entrambasaguas y Leire Díez · Antena 3 · Montse Mínguez en Espejo Público · elDiario.es · Miguel Ángel Rodríguez y la amenaza · El Salto · Petición de pena para González Amador · El Debate · Intxaurrondo y Puente en La hora de La 1 · FormulaTV · Puente cancela en Espejo Público · El Independiente · «¿De quién depende la Fiscalía?» · RTVC · Condena al fiscal general · Infobae · Condena a David Sánchez · El Debate · La Fiscalía pide absolver a David Sánchez · The Objective · La Fiscalía pide absolver a Begoña Gómez · Público · «Esto la Fiscalía te lo afina» · GIJN · Watergate · NBC News · Mark Felt, «Garganta Profunda» · RTVE · Dimite Montse Mínguez · Público · El PP y la elección del CGPJ · Menorca.info · El Gobierno retira la reforma del CGPJ · elDiario.es · Enrique López opta a presidir la Audiencia Nacional · Ara · Chicote y la Hacienda de Montoro

Trampas legales, no legítimas

Trampas legales, no legítimas

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Trampas legales, no legítimas.

El Congreso tumbó los decretos de vivienda. Cuatro días después, con las Cortes disueltas, el Gobierno los vuelve a aprobar para colarlos por la Diputación Permanente. Que algo sea legal no lo hace legítimo.

Trampas legales, no legítimas: una gran puerta gris cerrada y, al lado, una pequeña puerta roja abierta

El 2 de octubre, el Congreso rechazó los dos decretos de vivienda: 178 votos contra 172 y 184 contra 166. Lo conté en El que vota no también es diputado.

El 5 de octubre, Sánchez convocó elecciones para el 29 de noviembre y disolvió las Cortes.

El 6 de octubre, el Consejo de Ministros volvió a aprobar los dos decretos para que los convalide la Diputación Permanente. Con algunos retoques, sí: el veto a los fondos se alarga hasta 2030, se añade una deducción para inquilinos y un plan de préstamos. Pero son, como reconoce la propia prensa, «ajustes técnicos» que no tocan la arquitectura de las normas.

El ministro Félix Bolaños lo defiende así: la Diputación Permanente está para «las decisiones relevantes», y los reparos de la oposición son «bastante absurdos».

Cuatro días. Eso es lo que ha durado el «no» del Congreso.

La Constitución

¿Qué es la Diputación Permanente?

La regula el artículo 78 de la Constitución. Es un órgano reducido de cada Cámara que funciona cuando el Parlamento no está reunido o ha sido disuelto:

Tiene un mínimo de 21 miembros, que representan a los grupos «en proporción a su importancia numérica» (art. 78.1).

Si las Cámaras están disueltas, asume sus facultades en casos tasados: convalidar decretos ley (art. 86) y los estados de alarma, excepción y sitio (art. 116). Y debe «velar por los poderes de las Cámaras» (art. 78.2).

Cuando se constituye el nuevo Congreso, tiene que darle cuenta de lo que ha decidido (art. 78.4).

Su razón de ser es sencilla: que el país no se quede sin respuesta ante lo urgente mientras no hay Parlamento. No está para conseguir lo que el Pleno acaba de negar. Está para proteger la voluntad de las Cámaras, no para esquivarla.

Las cuentas

Donde sí salen los números

La Diputación Permanente del Congreso tiene 68 miembros más la presidenta: PP 27, PSOE 24 más Armengol, Sumar 6, Vox 6, y ERC, Junts, PNV, Bildu y el Grupo Mixto, uno cada uno.

35
Gobierno, socios y PNV
34
PP, Vox y Junts
1
Voto de diferencia: el del PNV

El PNV ya ha anunciado que votará sí al primer decreto (desahucios y fondos) y no al segundo, al que llama «un parche». Así que el primero saldrá adelante por un voto, en un órgano donde Junts pesa 1 de 69, cuando en el Pleno pesaba 7 de 350.

Si no te votan en el Pleno, busca otra mesa.

La mujer del César

Legal no es legítimo

«La mujer del César no solo ha de ser honrada, sino parecerlo». Que algo no esté expresamente prohibido no lo convierte en legítimo. Y mucho menos en ético.

Los juristas están divididos, y eso ya dice mucho:

Gema Rosado (Universidad Carlos III): «Jurídicamente, no se vulnera la literalidad de la Constitución». Pero sin cambios reales, «sería un intento de cambiar fraudulentamente la voluntad» del Congreso.

Ana Valero (Universidad de Castilla-La Mancha): un «uso indebido» y «oportunista» de la Diputación Permanente.

Joaquín Urías, exletrado del Tribunal Constitucional: si es «el mismo decreto», sería inconstitucional.

El juez Miguel Guerrero: «Reaprobar el texto días después, reservando la convalidación a un órgano que sustituye a las Cortes porque ahí sí da la aritmética de votos es, evidentemente, un fraude de ley».

Para ser justas: Miguel Presno (Universidad de Oviedo) cree que llamarlo «fraude constitucional» no es un juicio jurídico.

Lo resumió el juez Luis Sanz mejor que nadie:

«No es gobernar sin el Parlamento. Sería gobernar contra el Parlamento».

En la vida real

Pedírselo a la abuela

Es algo habitual en cualquier familia: papá dice que no, así que el niño espera a que se vaya de viaje y se lo pide a la abuela. Nos hace hasta gracia. Es un niño.

Nadie esperaría que un Gobierno usara ese truco para gobernar un país. De hecho, ni en nuestra comunidad de vecinos lo aceptaríamos: el presidente pierde la votación de la derrama en la junta, espera a agosto y la aprueba en la comisión de tres vecinos que él mismo eligió. «Es legal, los estatutos lo permiten». Claro. Y al día siguiente nadie le volvería a votar.

Que algo sea habitual entre niños para salirse con la suya no lo hace aceptable en los adultos que gobiernan.

Cuando lo hace un Gobierno, lo que se vacía de sentido es la democracia: respetar la voluntad de la mayoría, también cuando no te da la razón.

El precedente

Si se repite, es un patrón

El Gobierno se defiende: ya se hizo antes. Y es verdad. Lo hizo él mismo:

Enero 2019

El Congreso deroga el decreto de alquiler con 243 votos en contra. Es la primera derrota de Sánchez con un decreto.

Marzo 2019

Con las Cortes disueltas, el Gobierno aprueba otro decreto de alquiler, renegociado con Podemos.

Abril 2019

La Diputación Permanente lo convalida por 33 votos contra 31. Decide, otra vez, el PNV.

Enero 2020

El Tribunal Constitucional anula dos artículos de ese decreto por no justificar la urgencia.

Y aun así hay diferencias: en 2019 pasaron dos meses y el texto se renegoció. En 2026 han sido cuatro días y «ajustes técnicos».

Que haya un precedente no lo valida. Al contrario: demuestra un patrón. Cuando las normas de la democracia no le dan la razón, busca otra puerta.

Por encima de la legitimidad

El patrón y su patrón

Porque no es la primera vez. Es una forma de gobernar:

Pactar con quien juró que nunca pactaría. «Con Bildu no vamos a pactar. Si quiere, lo digo cinco veces o veinte» (2015). «Ni yo ni el 95 % de los españoles dormiría tranquilo con Podemos en el Gobierno» (2019). La amnistía «no entra dentro de la Constitución» (2022-2023). Y después, una investidura con Podemos y Bildu, y con el apoyo de partidos de ideología nada afín, como Junts (a cambio de la amnistía) o el PNV.

Gobernar sin presupuestos. Presentarlos es la primera obligación del Gobierno (art. 134 de la Constitución). Para los de 2026 se prometieron, sucesivamente: el plazo constitucional de octubre de 2025, el «primer trimestre», «antes de que acabe el mes» de marzo y «durante este año». En junio, Sánchez renunció. El plazo de los de 2027 venció el 30 de septiembre sin proyecto. Ni un solo presupuesto en toda la legislatura.

Incumplir la promesa de los desahucios. En 2015 dijo que con un Gobierno socialista no habría más desahucios en España (vídeo). Desde 2018 ha habido 272.417. Curioso que la prisa le entre ahora.

«¿La Fiscalía de quién depende?» «Del Gobierno», le respondieron en RNE en noviembre de 2019. «Pues ya está». Rectificó al día siguiente, pero la frase retrata cómo se entiende una institución que debe servir a la justicia, no al Gobierno. Su fiscal general fue condenado en 2025 por revelación de datos reservados.

Las «cloacas». La Audiencia Nacional investiga una presunta trama, el caso Leire Díez, para entorpecer causas judiciales que afectaban al PSOE. Anticorrupción estudia pedir la imputación del PSOE como partido.

La cúpula de la Guardia Civil imputada. En julio de 2026, el juez Pedraz imputó a la directora general, Mercedes González, y al DAO, Manuel Llamas, por prevaricación y obstrucción a la justicia. Marlaska la mantiene en el cargo.

El «lawfare» como coartada. El término entró en el acuerdo PSOE-Junts de noviembre de 2023. En abril de 2026, tres ministros cargaron contra el juez Peinado y el Consejo General del Poder Judicial pidió «respeto» por unanimidad. En junio, el ministro Óscar López llegó a decir que «hay jueces que prevarican». Y en septiembre, Óscar Puente atacó a la presidenta del Supremo, Isabel Perelló, elegida por el sector progresista.

La ley de nietos, estirada por instrucción. Una instrucción de 2022 creó una «presunción general de exilio» que la ley no decía. El Supremo suspendió en septiembre, de forma cautelar, el efecto electoral de esas altas en el censo: unas 300.000 personas.

Contra los fondos buitre… salvo cuando gestionan lo público. En 2023, Sánchez prometió que la Ley de Vivienda «prohibirá que se venda a fondos buitre». Una semana antes de votar los decretos, su ministra de Vivienda preguntaba: «¿Con la gente que sufre o con los buitres que les desahucian?». Mientras tanto, la Sareb, que es pública, adjudicaba a Aliseda, filial de Blackstone, un contrato de 52,45 millones para gestionar sus viviendas, incluidos los desahucios, y preparar las que pasarán a la nueva empresa pública de vivienda.

Ceuta. En 2021 entraron entre 8.000 y 10.000 personas. En julio de 2026, entre 50.000 y 80.000 según la fuente. Sánchez habló de «una violación y un ataque a la integridad territorial de España», pero elogió la «cooperación» de Marruecos y al día siguiente se fue de vacaciones a La Mareta. El mando único llegó 26 días después. Y cuando le preguntaron por los menores que seguían en la calle, respondió: «Eso a Vivas, pregúntele».

Los jueces

La misma toga, otro acusado

La expresión «fachas con toga» la popularizó Podemos tras la ley del «solo sí es sí» de Irene Montero. Esa ley supuso, según el Consejo General del Poder Judicial, 1.127 rebajas de condena y 115 excarcelaciones de agresores sexuales. Se les había advertido. En vez de asumir el error, culparon a los jueces que aplicaban la ley.

Desde entonces, esa idea repetida le ha venido muy bien a un Gobierno con varios casos de corrupción investigados, incluido el expresidente Zapatero. Y sin embargo:

Fue un tribunal con un juez progresista, José Ricardo de Prada, el que en 2018 condenó al PP por la Gürtel. Esa sentencia llevó a Sánchez a la Moncloa.

Entonces era justicia. Hoy, cuando los jueces investigan a su entorno, es «lawfare». Los mismos jueces, la misma toga. Lo único que cambia es a quién investigan. Y mientras tanto, se mina la confianza de todo un país en su justicia.

La prisa

No es urgencia, es soberbia

Con elecciones ya convocadas, dentro de siete semanas habrá un Parlamento nuevo que podrá aprobar lo que quiera, con legitimidad plena. ¿A qué viene la prisa?

No es por la vivienda: como vimos en Legislar a golpe de decreto, estos decretos no aumentan la oferta, que es el problema de fondo. Y el Banco de España advierte de que este tipo de controles traen pérdidas de bienestar a medio y largo plazo.

Es por el relato: llegar a la campaña con un «yo sí lo aprobé», aunque haya que buscar la única mesa donde salen las cuentas.

Salirse con la suya, aunque el Congreso haya dicho que no.

Para terminar

Lo que uno se prohíbe

La democracia no es solo lo que la ley permite. Es también lo que uno se prohíbe a sí mismo por respeto a los demás. Perder una votación y aceptarlo. Esperar al nuevo Parlamento. No buscar a la abuela cuando papá ha dicho que no.

Cuando un Gobierno convierte cada resquicio en una puerta, el problema ya no es un decreto. Es la idea de que las normas son para los demás.

Una trampa legal sigue siendo una trampa. Y si se repite, es un patrón.

— Nohemí Hervada

Decretos de vivienda: legislar a golpe de decreto

Decretos de vivienda: legislar a golpe de decreto

Vivienda · Decretos · Sin filtros

Legislar a golpe de decreto.

Ayer hablé de las formas: las amenazas a quien votaba no. Hoy toca el fondo: qué se votó, cómo se hizo y qué dicen los datos.

Decretos de vivienda: una pila de decretos sobre una casa pequeña con la puerta en rojo

En la primera parte conté cómo se trató en el Congreso a quienes votaron en contra de los decretos ley de vivienda. Pero quedarse ahí sería hacer lo mismo que critico: hablar del ruido y no del contenido.

Así que hoy la pregunta es otra: ¿eran buenos esos decretos? Y, sobre todo, ¿es así como se debe legislar sobre el problema que más preocupa a los españoles?

Lo que se votó

Qué decían los decretos

Eran dos reales decretos ley, aprobados en el Consejo de Ministros el 29 de septiembre:

  • El primero (RDL 26/2026) prorrogaba los contratos de alquiler, limitaba las subidas anuales al 2 %, suspendía desahucios de personas vulnerables hasta 2030 e incluía medidas contra los fondos de inversión.
  • El segundo (RDL 27/2026) establecía la prórroga automática de los contratos: el propietario tendría que justificar por qué no renueva y, en algunos casos, indemnizar al inquilino.

Proteger a quien está a punto de perder su casa es un objetivo que casi nadie discute. El debate no es el qué, sino el cómo. Y el cómo empieza por la herramienta elegida.

La herramienta

La excepción convertida en costumbre

La Constitución reserva el decreto ley para casos de "extraordinaria y urgente necesidad" (artículo 86). Es una vía rápida: el Gobierno aprueba la norma, entra en vigor al día siguiente y el Congreso solo puede convalidarla o tumbarla, sin cambiar una coma.

196
Decretos ley de Pedro Sánchez desde junio de 2018
107
Los que firmó Mariano Rajoy en casi siete años
53/37
Decretos ley frente a leyes ordinarias en esta legislatura
  • Felipe González firmó 129 en catorce años. Aznar, 127. Zapatero, 108.
  • En esta legislatura (desde noviembre de 2023) se han aprobado 37 leyes por la vía ordinaria, con presentación, debate y enmiendas: 9 orgánicas y 28 ordinarias, según el registro del Senado. En el mismo periodo, el Gobierno ha aprobado 53 decretos ley. Más decretos que leyes.
  • Y la tendencia va a más: en el último curso político (2025-2026) salieron adelante 10 leyes y 21 decretos ley convalidados. Por cada ley debatida, dos decretos.
  • De esos 53 decretos, el Congreso ha tumbado 10, 8 de ellos solo en 2026.
  • Cuando un Gobierno no tiene mayoría para aprobar leyes, el decreto se convierte en atajo: se aprueba primero y se negocia después, o no se negocia.
  • Y cuando se gobierna así, el Parlamento deja de ser el lugar donde se construyen las leyes y pasa a ser el lugar donde se aceptan o se rechazan en bloque.

Un decreto ley no se debate. Se acepta o se tumba. Y por eso exige más rigor, no menos.

Lo que está en juego

Tres poderes, no uno

Esto no es un tecnicismo jurídico. Va al corazón de lo que hace que una democracia lo sea. Montesquieu lo resumió hace casi tres siglos: para que nadie abuse del poder, el poder tiene que frenar al poder. Por eso se reparte en tres:

  • El legislativo (las Cortes) hace las leyes. Es donde están representados todos los ciudadanos, también los que no votaron al Gobierno (artículo 66 de la Constitución).
  • El ejecutivo (el Gobierno) gobierna y aplica esas leyes (artículo 97).
  • El judicial (jueces y tribunales) resuelve los conflictos aplicando la ley. Y la Constitución le reserva en exclusiva "juzgar y hacer ejecutar lo juzgado" (artículo 117.3).

Cada uno tiene su terreno. Y cada uno vigila a los otros dos. El equilibrio se rompe en cuanto uno de ellos empieza a ocupar el terreno de los demás.

Primer paso: el Gobierno legisla. Cuando el decreto ley deja de ser la excepción y se convierte en la forma normal de gobernar, el ejecutivo hace el trabajo del legislativo. El Parlamento ya no construye las leyes: solo puede decir sí o no a lo que le llega cerrado. Y cuando dice no, como el viernes, a sus diputados se les señala con nombre y apellidos.

Segundo paso: se esquiva al juez. Un desahucio no es una decisión del propietario. Es el final de un proceso judicial, con sus plazos, sus garantías y su derecho a defensa, que termina en una sentencia. La Constitución dice que es "obligado cumplir las sentencias firmes" (artículo 118). Cuando, como pasó con el caso de Maricarmen o como se pide en estos decretos, se pretende dejar sin efecto la ejecución de una sentencia por decisión política, el mensaje es muy claro: lo que diga un juez vale hasta que al Gobierno le conviene que no valga.

Proteger a una persona vulnerable es una obligación de los poderes públicos. Pero la forma de hacerlo en un Estado de derecho es que el Estado le dé una alternativa: una vivienda social, una ayuda, un realojo. No es suspender la sentencia y trasladar el coste a un particular que hizo exactamente lo que la ley le permitía: acudir a un juez.

  • Si el Gobierno hace las leyes, sobra el Parlamento.
  • Si el Gobierno decide qué sentencias se cumplen, sobran los jueces.
  • Y si sobran los dos, lo que queda se sigue llamando democracia, pero ya no funciona como tal.

La separación de poderes no es un trámite. Es lo único que te protege cuando el que gobierna no es de los tuyos.

La prisa

Cuatro días para ocho años

29 sep

El Consejo de Ministros aprueba los dos decretos. En la rueda de prensa, la ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, busca entre sus papeles para explicar qué se ha aprobado: "Tengo un cacao". Y añade: "Tengo que revisar la última versión, que no la tengo aquí".

29 sep - 1 oct

Negociación a contrarreloj con los socios. El texto incluye una disposición que deja a salvo la normativa propia de Cataluña, leída como un guiño a Junts.

1 oct, medianoche

Junts anuncia que votará no.

2 oct

PSOE y Sumar piden votar a viva voz. Los dos decretos caen: 172 a 178 y 166 a 184.

Los decretos se presentaron como una respuesta urgente. Pero la vivienda no se ha convertido en un problema esta semana. El propio Gobierno lleva ocho años en el poder, y en ese tiempo:

  • Se han producido 272.417 desahucios (datos del Consejo General del Poder Judicial desde junio de 2018). Unos 191.000 por impago del alquiler.
  • Se aprobó una Ley de Vivienda en 2023, con topes al alquiler en zonas tensionadas. Tres años después, el Gobierno necesitaba dos decretos de urgencia.
  • La vivienda social ha pasado del 2,5 % al 3,4 % del total, según la propia ministra. La media de la Unión Europea está muy lejos: harían falta 1,2 millones de viviendas sociales más para alcanzarla.

Ocho años para el problema. Cuatro días para la solución.

La hemeroteca

Lo que decía el PSOE

Hay algo que llama la atención en estos decretos: algunas de sus medidas son justo las que el PSOE rechazaba hace poco.

  • En febrero de 2021, el entonces ministro con las competencias de vivienda, José Luis Ábalos, rechazaba intervenir los precios del alquiler: "El PSOE prefiere promover que no imponer".
  • Y defendía que la vivienda "es un derecho, pero también es un bien de mercado" que genera actividad económica y necesita seguridad jurídica.
  • Cinco años después, el mismo partido firma la prórroga automática de los contratos y un tope del 2 % a las subidas.

Cambiar de opinión es legítimo. Lo que no es legítimo es no explicar por qué, y menos aún llamar "rentista" o "vendido a los buitres" a quien hoy defiende lo que tú defendías ayer.

Los expertos

Lo que nadie quiso escuchar

No hace falta ir a los economistas de un partido. Las advertencias venían de instituciones sin bandera:

  • El Banco de España (Informe Anual, junio de 2026): los controles de precios son "especialmente eficaces a corto plazo", pero sus beneficios se compensan con "pérdidas de bienestar a medio y largo plazo". Y avisa de un efecto concreto: en 2024, los contratos nuevos ya entraban un 16,5 % más caros que la media de los existentes. Cuando se congela lo que ya está alquilado, lo paga el siguiente inquilino.
  • José García Montalvo, catedrático de Economía: la prórroga automática "genera una situación de inseguridad jurídica" que perjudica a la oferta que hace falta.
  • Arantxa Goenaga, abogada especialista en derecho inmobiliario: el decreto "traslada al propietario una función que corresponde al Estado".

Nota: también hay expertos que defienden las regulaciones de precios, sobre todo como medida temporal mientras se construye vivienda. El problema no es que haya debate. Es que un decreto ley no deja espacio para tenerlo.

Lo que ya se ha probado

Mirar fuera de casa

Ninguna de estas medidas es nueva. Se han aplicado en otros sitios, y los resultados están ahí para quien quiera mirarlos:

  • Cataluña (2024-2026). Los topes en zonas tensionadas han frenado los precios: según el Incasòl, en Barcelona el alquiler ha bajado un 3,3 % desde 2024. Pero, según un estudio de Fedea, los anuncios de alquiler cayeron un 22 % en Barcelona, frente al 7 % fuera de Cataluña. Los pisos que se alquilan son más pequeños, y cada anuncio recibe 462 contactos, 4,5 veces más que en Madrid. Más barato, sí. Para quien lo consigue.
  • Berlín (2020-2021). Congeló los alquileres por ley. El Tribunal Constitucional alemán la anuló, y los precios repuntaron nada más caer.
  • Viena. El modelo que todos citan. Funciona, pero no por topar precios: lleva un siglo construyendo vivienda pública, y hoy cerca de la mitad de la población vive en vivienda subvencionada. Eso no se hace con un decreto en cuatro días.
  • Un estudio de 16 países durante más de un siglo (Kholodilin y Kohl, 2023) concluye que la regulación más restrictiva del alquiler se asocia con menos inversión y menos vivienda construida.

Los países que mejoran el acceso a la vivienda no son los que más prohíben. Son los que más construyen.

Los primeros días

Lo que pasó en 72 horas

Entre el 28 y el 30 de septiembre, según el Observatorio del Alquiler, desaparecieron de los portales 4.290 viviendas más de lo esperado por la tendencia previa. Las mayores caídas, en el País Vasco, Cataluña y Canarias. El propio Observatorio lo calificó de "inusual por su intensidad y rapidez".

Nota: el Observatorio advierte de que sus datos "no permiten aún atribuir la totalidad de esta reducción" a los decretos. Idealista dice no tener constancia, por ahora, de una caída así, y Maldita.es no ha podido verificarlo. Por eso el dato que importa no es el de tres días, sino el de Cataluña tras dos años de topes: un 22 % menos de oferta.

El extremo

Cuando la medida se lleva al límite

El debate en España no se queda en los topes. El 26 de septiembre, Irene Montero e Ione Belarra (Podemos) pidieron expropiar 650.000 viviendas de fondos para destinarlas a alquiler social. Montero insistió el 3 de octubre: que se haga por decreto, antes de convocar elecciones.

No hace falta imaginar adónde llevan estas ideas cuando se aplican hasta el final. Hay países que lo hicieron, y estos son sus datos:

  • Argentina (2020-2023). La Ley de Alquileres del Gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner alargó los contratos a tres años y fijó las subidas por índice. La oferta se hundió. Tras su derogación en diciembre de 2023, la oferta creció en torno a un 150 %, según el Colegio de Corredores Inmobiliarios, y el precio de los pisos anunciados en Buenos Aires bajó un 32 % en términos reales. Matiz: lo que pagan quienes ya tenían contrato subió, según el INDEC. Bajó lo nuevo, no todo.
  • Venezuela (2011). La ley de alquileres de Chávez congeló precios, blindó a los inquilinos y vino acompañada de expropiaciones. Quince años después, en julio de 2026, el presidente del Parlamento chavista, Jorge Rodríguez, reconoció que la ley es "muy regresiva" y que unas 200.000 viviendas siguen vacías porque sus dueños tienen miedo a alquilar. No lo dice la oposición. Lo dice el régimen.
  • Cuba (1960). La Ley de Reforma Urbana confiscó las viviendas (cada familia podía conservar una) y prohibió vender y alquilar. Resultado oficial: un déficit de 883.050 viviendas (el 22,5 % del parque, 2017) y un 59 % de casas en estado regular o malo. No se volvió a permitir comprar y vender hasta 2011.

¿Significa esto que un tope al alquiler lleva inevitablemente a Cuba? No. Alemania, Países Bajos o Austria regulan sus alquileres y no expropian. Y la pobreza de Cuba o Venezuela tiene muchas más causas que su política de vivienda.

Pero todos estos casos enseñan lo mismo: cuando el propietario deja de confiar, el piso no pasa al inquilino. Desaparece del mercado.

Puedes obligar a alguien a no subir el alquiler. No puedes obligarle a alquilar.

La factura

¿A costa de quién?

El relato de estos días ha sido sencillo: inquilinos frente a fondos buitre. Pero los datos dibujan otro mapa:

  • Según el Banco de España, en torno al 92 % de las viviendas en alquiler pertenece a particulares. Los grandes tenedores rondan el 8 %.
  • El propio Ministerio de Consumo (con datos fiscales, 2023) matiza que el 61 % del alquiler está en manos de propietarios con más de una vivienda y de empresas. Pero el 39 % es de personas que alquilan un solo piso.
  • Es decir: el decreto no recaía solo en un fondo de Nueva York. Recaía también en la jubilada que alquila el piso de su madre o en la familia que lo compró como complemento de una pensión que no le llega.

Y aquí está, para mí, el fondo del problema. Se legisla para proteger a un grupo trasladando el coste a otro, en vez de asumirlo el Estado con vivienda pública. Se le pide a quien ya paga impuestos, IBI, comunidad y derramas que haga además de servicio social, sin compensación.

El resultado es previsible: quien puede, retira su piso del mercado. Hay menos oferta, los precios de los contratos nuevos suben y el problema que se quería resolver se agrava para el siguiente que busca casa. Un sistema que exprime a quien lo sostiene acaba volviéndose contra sí mismo.

  • Si la vivienda es la gran urgencia del país, ¿por qué se legisla con prisas y no con un pacto de Estado?
  • ¿Por qué se ignoran los avisos del Banco de España y la experiencia de Cataluña o de Berlín?
  • ¿Es justo que el coste de una política social lo paguen particulares y no el Estado?
  • ¿Y quién protege al inquilino que mañana no encuentre ningún piso que alquilar?
Para terminar

Lo urgente y lo importante

Nadie discute que hay personas que lo están pasando muy mal para pagar un techo. Precisamente por eso, merecen leyes pensadas, no improvisadas.

  • Leyes que se debatan y se puedan mejorar, no decretos que se aceptan o se tumban en bloque.
  • Leyes que escuchen a los expertos, también a los que incomodan.
  • Leyes que miren qué ha funcionado fuera antes de repetir lo que ha fallado.
  • Y leyes que no resuelvan el problema de unos creando el de otros.

La semana que viene publico un artículo sobre por qué tanta gente dice "no me interesa la política". Después de estos dos días, ya te imaginas por dónde va.

Gobernar a golpe de decreto es fácil. Lo difícil es que funcione.

— Nohemí Hervada

Nohemí Hervada
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