Pareja · Límites · Sin filtros

La última oportunidad.

Perdonar una infidelidad no es firmar un cheque en blanco. Es renegociar el acuerdo. Y hay cosas que no deberías negociar nunca.

Perdonar una infidelidad: un bucle gris que se repite y una línea roja que lo corta

En la primera parte hablé del precio del engaño y de la diferencia entre un desliz y una infidelidad mantenida en el tiempo.

María sabía lo que pensaban sus amigas por haber perdonado "otra vez" a Carlos. No se lo decían, pero le tenían cierta lástima. A sus ojos, había dejado de ser una mujer fuerte y decidida para convertirse en la tonta que siguió con el hombre que la engañó tanto tiempo.

¿Te suena?

Nota: en este artículo doy por hecho que él engaña y ella es la engañada. Pero puede ser perfectamente al revés. Y aplica igual a parejas heterosexuales u homosexuales.

De un extremo al otro

De "aguanta" a "contacto cero"

Hoy, si quieres dejar a tu pareja, consejos no te van a faltar. Te los dan tus amigas, te los dan los profesionales y te los da internet. Y algunos se han convertido en eslóganes que sobrevuelan nuestro imaginario colectivo:

"Contacto cero."

"Amiga, date cuenta."

"Ahí no es."

Algunos tienen todo el sentido. Si sufres violencia, el contacto cero no es un eslogan: es protección. Y ahí no hay nada que negociar.

Si sufres violencia de género, en España puedes llamar al 016: es gratuito, atiende 24 horas y no deja rastro en la factura.

Pero fíjate en lo curioso. Hace unas décadas, la consigna era justo la contraria:

"Los trapos sucios se lavan en casa."

"Más vale malo conocido que bueno por conocer."

"Aguanta, por los niños."

"Los hombres son así."

"Quien bien te quiere te hará llorar."

Y, por supuesto, "hasta que la muerte os separe".

Hemos pasado del "los hombres son así" al "amiga, date cuenta".

De aguantarlo todo a no aguantar nada. De un extremo al otro. Y entre los dos hay algo de lo que casi nadie habla: negociar.

Negociar tiene una trampa que conoces muy bien, aunque no tengas pareja: "Es la última vez que te lo digo." Se lo dices a tu hijo, con el móvil en la mesa. A la amiga que siempre llega una hora tarde. Al jefe que te prometió el ascenso el año pasado… y el anterior. Llega la siguiente vez, no pasa nada, y lo vuelves a decir. Y cada vez, sin darte cuenta, mueves tu límite un poco más abajo.

Así que hoy toca lo difícil: ¿qué pasa cuando la persona engañada decide perdonar… cuando todo el mundo le dice que se vaya?

El juicio ajeno

"A mí me engaña una vez"

Todos creemos tener claros nuestros límites imperdonables:

"A mí me engaña una vez."

"Yo nunca daré segundas oportunidades."

"Quien te engaña una vez, te engañará siempre."

Venimos de varias generaciones de mujeres que aprendieron, a veces a la fuerza, a aguantar. Hoy eso nos parece tan fuera de lugar como aguantar un bofetón o necesitar permiso del marido para abrir una cuenta en el banco.

Pero para muchas de aquellas mujeres lo peor no era ser engañadas, sino que se supiera. Y eso nos ha dejado una herencia curiosa: el estigma social no recae en quien engaña, sino en la persona engañada.

Es otro ejemplo de culpar a la víctima. Al dolor de la traición se suma la vergüenza. Sigue siendo más vergonzoso que te pongan los cuernos que ponerlos. Y eso dice mucho de las creencias colectivas que deberíamos revisar.

Aun así, el juicio del entorno no es lo más difícil cuando decides seguir con la pareja que te engañó.

La primera condición

Sin aceptación no hay negociación

Hay tantos escenarios como parejas. Hay quien pide perdón, quien llora y suplica, quien no parece muy arrepentido y quien dedica todas sus energías a justificarse, o incluso a culpar a su pareja de haberle "empujado".

Todas las decisiones tienen consecuencias. Cuando un adulto decide engañar y no piensa en ellas, se comporta de forma inmadura, incluso cobarde. Así que lo primero es asumirlo.

Si tu pareja te ha sido infiel y no empieza por asumirlo, mal vamos.

Hay quien busca en su pareja un amor incondicional, más propio de una madre por su hijo. Pero entre adultos las reglas son otras. Una cosa es querer a alguien y otra tener que enseñarle qué es el respeto y la honestidad.

El bucle

Herir, pedir perdón, perdonar. Y otra vez.

Algunas parejas se dan "una última oportunidad" y la toman como tal. Otras se acostumbran a vivir en una dinámica de "herir, pedir perdón y perdonar", una y otra vez.

Es difícil no juzgar. Solo diré que una característica de las relaciones tóxicas, de las que conviene huir, es ese bucle infinito de últimas veces.

En términos de negociación, el bucle es fácil de explicar: cada "última vez" es una renegociación a la baja de tus propios límites. Lo que ayer era innegociable, hoy se acepta con condiciones, y mañana ni siquiera con condiciones.

Renegociar los límites a la baja en la pareja: una figura roja baja el listón una y otra vez hasta que la otra persona pasa por encima

Un límite que se negocia cada vez que se cruza deja de ser un límite.

Y si la decisión es no seguir, aquí escribí sobre cómo atravesar ese duelo: nadie se muere de desamor.

Los fantasmas

Curar un ego herido

Por qué decide cada persona perdonar solo lo sabe ella, y a veces ni siquiera lo tiene claro al principio. Lo irá descubriendo cuando reaparezcan los fantasmas de la sospecha. Si es tu caso, no es fácil. Estas son algunas de las preguntas contra las que tendrás que luchar:

¿Seguirá teniendo contacto con ella?

¿Echará de menos lo que tenían?

¿Era mejor con ella que conmigo? ¿Por qué?

¿Piensa en ella cuando está conmigo?

Una infidelidad es un golpe enorme para el ego. Hace tambalear la confianza en una misma, porque creemos que tiene que ver con "la otra persona". Y nos obsesionamos con ella: quién es, cómo es, en qué se diferencia de mí, qué hacían juntos. Con las redes sociales, es fácil pasarse horas buscando respuestas a todas esas preguntas.

Es normal, pero intenta pasar esa etapa cuanto antes. La respuesta no está fuera. Da igual con quién, da igual cómo, da igual que fuera Miss Universo y doctora en Ciencias o una perfecta desconocida.

Quien engaña, engaña por sí mismo. Se trata de sus porqués, no de con quién.

Eso es lo primero de lo que la pareja tiene que hablar, con honestidad: por qué el amor y el respeto entre ambos no fueron suficientes para evitarlo, y qué decisiones van a tomar.

El nuevo acuerdo

Lo que tiene que asumir cada uno

Recuerda: los papeles pueden ser perfectamente al revés.

Quien engañó tendrá que aceptar que:

Ha hecho daño, y a pesar del perdón la herida seguirá abierta bastante tiempo.

Las reacciones de la otra persona pueden no ser muy racionales durante un tiempo.

La confianza rota tardará en restablecerse.

La autoestima de su pareja está seriamente dañada.

La intimidad y el sexo pueden ser especialmente complicados.

Algunos lugares y fechas reavivarán los recuerdos dolorosos.

Su pareja está buscando su lugar en un escenario nuevo.

Quien fue engañada tendrá que lidiar con:

Las ganas de averiguar los detalles escabrosos.

El deseo de reprochar constantemente lo sucedido.

El afán de preguntarlo absolutamente todo sobre la otra relación.

Sus propios sentimientos de dolor, vergüenza, frustración y rabia.

Su orgullo herido y su autoestima dañada.

E incluso, pensamientos ocasionales de venganza.

Identificar todo eso no es fácil. Superarlo, todavía menos. Pero algunas parejas lo consiguen. No hay fórmulas mágicas, salvo el amor: no el sucedáneo romántico que nos venden, sino el amor maduro, el que implica sinceridad, honestidad, intimidad, valentía y, sobre todo, respeto.

La terapeuta Esther Perel lo resume en su charla TED sobre la infidelidad, que te animo a ver: la traición es profunda, pero puede curarse. Algunas aventuras son el final de relaciones que ya estaban muriendo; otras abren posibilidades nuevas.

Solo el tiempo dirá cuál es cuál en cada caso.

Para terminar

Negociar y no negociar

Perdonar puede ser una decisión valiente. Pero solo si es una decisión y no una rendición. Para eso necesitas tener claros dos listas:

Lo que estás dispuesta a negociar: el tiempo, las formas, cómo se reconstruye la confianza.

Lo que no vas a negociar nunca: tu dignidad, tu respeto, tus límites.

Esto no vale solo para la pareja. Vale para tu trabajo, tu familia y tus amistades. Y se aprende.

Perdonar es una decisión. Rendirse, no.

— Nohemí Hervada

Nohemí Hervada
Resumen de privacidad

Esta web usa cookies técnicas, necesarias para que funcione, y cookies de análisis (Google Analytics) para saber, de forma anónima, qué contenidos interesan más. Las de análisis solo se activan si las aceptas.

Puedes cambiar tu elección cuando quieras desde este panel.