Distopías que ya vivimos · 1984 · Segunda parte

¿Qué es una mujer? Dos y dos son cinco.

Hace diez años, la respuesta estaba en cualquier diccionario. Hoy, contestarla te puede costar el trabajo, una demanda o un acto reventado. Este es el caso que más me toca.

El traje nuevo del emperador hoy: una corona flota sobre un pedestal vacío, una niña con bufanda roja señala, y tres mujeres con los ojos vendados miran sin ver

En la primera parte te conté cómo funciona la cancelación. Casi siempre igual, en cuatro pasos:

La etiqueta que te hace culpable antes de escucharte.

La campaña.

El veto: que no te inviten, que te despidan, que te demanden.

El aviso para todas las demás.

Hoy te enseño el caso en el que más claro lo he visto. Te aviso: esto es opinión mía. Con datos.

Opinión · Dos y dos son cinco

No basta con decirlo. Hay que creerlo.

Al final de 1984, al Partido no le basta con que Winston diga que dos y dos son cinco. Quiere que lo crea. Que lo vea.

Si hace diez años nos hubieran dicho que el sexo no es binario, ¿qué habríamos pensado?

A fuerza de repetir mantras ideológicos, hemos llegado a negar la realidad biológica. Y hemos creado una neolengua para sustituir lo que ya no podemos definir.

La neolengua

Cambia la palabra. Desaparece la mujer.

Primero se cambian las palabras. Lo demás viene solo:

España, 2023. La ley trans garantiza la reproducción asistida a las «personas trans con capacidad de gestar». En el lenguaje institucional, la madre empieza a ser «persona gestante».

Philips, 2023. Una marca de biberones y sacaleches publica, en español, una guía de «lenguaje inclusivo» para nuevos padres. Propone «padres gestacionales», «leche paterna» o «leche del padre», y el pronombre «elle». Y advierte de que decir «lactancia materna» puede no encajar en todos los casos.

Brighton (Reino Unido), febrero de 2021. Un hospital público incorpora a su maternidad «chestfeeding» en lugar de «breastfeeding» (cambian «breast», mama, por «chest», torso) y «birthing parent» («progenitor gestante»). Se cree que fue el primero del país. El hospital aseguró que no excluía el lenguaje de mujer y maternidad. Una activista lo resumió así: es «intentar controlar el lenguaje de los demás».

Sanidad pública británica, marzo de 2025. Cuatro años después, sus ofertas de empleo para matronas seguían hablando de «birthing people» («personas que dan a luz») en vez de madres. Y eso, pese a que el ministro de Sanidad, Wes Streeting, había prometido acabar con ese lenguaje.

Mientras, en marquesinas del País Vasco, la asociación Chrysallis colgaba en enero de 2017 el cartel «Hay niñas con pene y niños con vulva». Ese mismo año, el autobús de HazteOír con la frase contraria, «Los niños tienen pene, las niñas tienen vulva», fue parado por la Policía Municipal de Madrid e inmovilizado por un juzgado. En julio, la Audiencia Provincial lo dejó circular: perseguir las ideas que molestan «no es democrático».

Una frase, en la marquesina. La contraria, inmovilizada.

La lógica

Una definición que no define

La pregunta «¿qué es una mujer?» ya es, en sí misma, una pregunta que señala. Hace diez años la contestaba cualquier diccionario. Hoy, según lo que respondas, te colocan en un bando.

Y la respuesta que más se oye es una definición circular: la que usa la propia palabra para definirla. Por ejemplo: «un reloj es un objeto que funciona como un reloj». Suena a respuesta, pero no dice nada. Si no sabes lo que es un reloj, sigues sin saberlo.

Pues eso es decir que mujer es «toda persona que se identifica como mujer». ¿Identificarse como qué?

Esquema de una definición circular: la palabra mujer lleva a «toda persona que se identifica como…», y una flecha roja vuelve a mujer. En el centro, ¿como qué?

En 2022, el comentarista estadounidense Matt Walsh dedicó un documental entero, What Is a Woman?, a hacer esa pregunta. A terapeutas, a médicos, a profesores universitarios, a gente por la calle. Y lo que encontró, una y otra vez, fue la definición circular.

En España, la escena más clara la vimos en el debate a tres de RTVE, en julio de 2023:

Santiago Abascal: «¿Qué es una mujer para ustedes? Yo lo tengo claro».

Yolanda Díaz: «Qué es una mujer, señor Abascal, para usted».

Abascal: «Se lo he preguntado yo».

Díaz: «No, le pregunto yo».

No contestó. Devolvió la pregunta. Porque sabe que el relato ya está instalado: si dices que una mujer es una hembra humana adulta, la etiqueta de tránsfoba llega sola. Lo verás más abajo con Ione Belarra y Paula Fraga.

Y quien no quiere esa etiqueta, no sabe qué responder. Hay cientos de vídeos en los que se hace esta pregunta a chicas jóvenes, a médicos, a profesores. Y se niegan a contestar con la realidad. O porque se lo han creído, o porque tienen miedo.

«¿Qué es una mujer?» La misma pregunta, la misma respuesta.

Durante años, a quienes decíamos esto nos llamaron TERF (siglas en inglés de «feminista radical trans-excluyente»), fascistas y tránsfobas, y nos acusaron de ser de ultraderecha. Solo por dar una definición. Pero que una idea no nos guste, o que la diga alguien que no nos gusta, no la convierte en mentira. Si Hitler dice que el agua moja, el agua sigue mojando.

Atacar a quien lo dice en vez de responder a lo que dice tiene nombre: falacia ad hominem.

Por ser justa. Matt Walsh es un comentarista conservador del medio The Daily Wire, que produjo el documental. En 2023, tres de las personas que aparecen en él dijeron a NBC News que les habían presentado el proyecto de otra manera. Lo cuento porque es justo lo que digo arriba: quién haga la pregunta no cambia que la pregunta no tenga respuesta.

Y a veces ni siquiera llega la definición circular. En junio de 2021, en La hora de La 1, la periodista Paloma Cervilla le preguntó a la entonces ministra de Igualdad, Irene Montero, qué significaba «hije». Montero respondió «a las personas no binarias». Una y otra vez. Cuando Cervilla insistió, «o sea, que no son hombres ni son mujeres», la ministra pasó directamente a otra cosa:

«Tienen todo el derecho a existir [...]. Y el primer derecho es el derecho a existir, a existir también para las administraciones.»

Le preguntaron qué es. Contestó con un derecho.

Dos años después se lo preguntaron sin rodeos. Fue el 8 de marzo de 2023, en el acto institucional del Ministerio de Igualdad por el Día de la Mujer. La moderadora, Carlota Corredera, le pasó el micrófono a una joven feminista: «Pregúntaselo a ella, la tienes ahí». Y ella lo hizo: «Ministra, ¿qué es una mujer?». Esta fue la respuesta:

«Las mujeres, por el hecho de ser mujeres, tenemos más riesgo de sufrir violencia, más riesgo de sufrir pobreza [...]. Ser mujer es eso. Es tener más riesgo de sufrir violencia.»

Irene Montero, 8 de marzo de 2023.

La joven insistió dos veces: «¿Pero qué es una mujer?». Y cerró con la pregunta que nadie le contestó: «No has respondido a la pregunta. ¿Cómo vais a luchar por los derechos de las mujeres si no sabéis definir qué es una mujer?»

Fíjate en la vuelta que da. Las mujeres sufren más violencia por ser mujeres. Y ser mujer es sufrir más violencia. Para saber quién es mujer, necesitas saber quién sufre esa violencia. Y para saber quién la sufre, necesitas saber quién es mujer. Otra definición que se muerde la cola.

Y no es solo Montero. En octubre de 2023, en Espejo Público, Daniela Requena, entonces responsable LGTBI del PSOE en Valencia, lo explicó así: «La figura de la mujer es un constructo social que ha ido evolucionando a lo largo del tiempo. […] Dentro de la palabra mujer hay una gran diversidad de mujeres». Una mujer es… un tipo de mujer. Y en ese mismo programa acusó de generar «bulos que conducen hacia el odio» a quien sí sabe definirla. Lo verás más abajo, con Lucía Etxebarria.

Nadie le niega a una persona no binaria el derecho a existir. Existe, vive, trabaja, vota. Lo que se discute es si el Estado debe convertir en dato oficial lo que cada uno siente que es. Pero eso es difícil de defender. Así que se cambia la palabra: discrepar pasa a llamarse «negar su existencia». Y ya no hay debate.

Lo mismo pasa con «validar». Yo puedo validar tu derecho a sentir lo que quieras. Pero eso no me obliga a aceptarlo como real, como bueno o como un hecho.

Yo puedo sentirme de 67. Nadie puede impedírmelo. Otra cosa es que vaya a la Seguridad Social a pedir la jubilación. Y que, si me la niegan, diga que me están negando el derecho a existir.

Una definición que no define no es inclusión. Es dejar una palabra vacía. Y de esa palabra dependen:

Las estadísticas.

El deporte.

Las cárceles.

Las cuotas.

La violencia de género.

Pedir que una palabra signifique algo no puede ser odio.

La consecuencia

Si «mujer» no es sexo, «lesbiana» tampoco.

Cuando la palabra se vacía, alguien paga la factura. En 2021, la BBC habló con varias lesbianas que decían sentirse presionadas para aceptar como pareja a mujeres trans. Es decir, a personas nacidas hombre, con cuerpo de hombre:

Jennie, 24 años. Solo le atraen las mujeres. Por decirlo, la han llamado tránsfoba, pervertida y «terf». Y alguien le dijo que preferiría matarla a ella antes que a Hitler.

Amy, 24 años. Su novia quería un trío con una mujer trans. Amy dijo que no. «Lo primero que me llamó fue tránsfoba.»

Veronica Ivy, ciclista trans, lo dejó escrito en Twitter en septiembre de 2019: «Las "preferencias genitales" son tránsfobas».

Quien les dio la razón a las lesbianas fue Rose of Dawn, youtuber y mujer trans. Dice que lo ha visto en sus propias amigas y que esa idea es «increíblemente tóxica»: la empujan activistas radicales y sus «aliados autoproclamados», no las mujeres trans que ella conoce.

Durante décadas, a las lesbianas les dijeron que lo suyo se curaba con el hombre adecuado. Ahora se lo dicen con otras palabras. Y si se niegan, el insulto ya no es «reprimida». Es «tránsfoba».

Por ser justa. Este artículo de la BBC fue muy discutido. La propia cadena retiró el testimonio de una de las entrevistadas por mensajes violentos que publicó después. En 2022, su unidad de quejas lo consideró «periodismo legítimo», pero concluyó que el titular original («Nos presionan para tener sexo algunas mujeres trans») era engañoso, y se cambió. También criticó que no dejara claro que la encuesta que cita no es representativa. Por eso aquí no uso esa encuesta: solo testimonios con nombre (ficticio) y edad.

La cancelación

El precio de decir lo obvio

Y decir lo obvio tiene precio. Tres casos:

Maya Forstater (Reino Unido). En 2019 perdió su trabajo por escribir en redes que las mujeres trans siguen siendo hombres. Un primer tribunal dijo que su creencia no estaba protegida. En 2021, el de apelación lo corrigió: esas creencias merecen respeto en una sociedad democrática. En 2022 le dieron la razón por discriminación y una indemnización de unas 91.500 libras.

J. K. Rowling. En diciembre de 2019 defendió a Forstater en un tuit. En junio de 2020, los actores que ella hizo famosos se desmarcaron en público: Daniel Radcliffe escribió que «las mujeres trans son mujeres». En 2021, unos activistas difundieron una foto ante su casa con la dirección a la vista. Ella contó que había recibido tantas amenazas de muerte que podría empapelar su casa con ellas.

Paula Fraga (España). En septiembre de 2025, en Todo es mentira (Cuatro), Ione Belarra le preguntó si una mujer trans es una mujer. Fraga dijo que no. Belarra lo llamó «delito de odio» y pidió que no le dieran espacio. Risto Mejide le contestó: «No vamos a cancelar a nadie en este programa».

Y la lista sigue. A Lidia Falcón la denunciaron por delito de odio y la Fiscalía lo archivó en 2020. A Posie Parker no la dejaron hablar en Auckland en 2023. A Lucía Etxebarria le pidieron 11.000 euros por escribir que en una foto veía a un hombre. Ganó en 2024: el juez vio «base fáctica suficiente», y en 2026 la Audiencia de Las Palmas volvió a darle la razón. Ella lo cuenta así: «Finalmente me absolvieron porque él había cometido un error, que era que en sus redes sociales había hablado de sí mismo en masculino». Según explica, el juez concluyó que no podía exigir a los demás lo que él no hacía consigo mismo. Si no… a saber. Y no fue lo único. En octubre de 2023, en Espejo Público (Antena 3), donde colaboraba con contrato, la activista Daniela Requena, entonces responsable LGTBI del PSOE en Valencia, la acusó en directo de generar en redes «bulos que conducen hacia el odio y la discriminación» y le aconsejó «que dejara de hacer el ridículo». Lucía le contestó: «Te rogaría que midieras tus palabras, basta ya de llamar tránsfobo a cualquiera». Según cuenta ella, cuando se quejó, la echaron a ella. Sall Grover creó una red social solo para mujeres en Australia, perdió en todos los tribunales y la aplicación ya no existe.

Fíjate en el patrón: de todas ellas, solo a una la ha condenado un juez, y fue en Australia. A las demás, ni falta que hizo. El proceso ya es el castigo: el despido, las amenazas, la demanda, el veto. Y todas las que miran aprenden la lección.

Llamar a alguien «tránsfoba» suena a acusación de delito. No lo es: el delito de odio exige incitar al odio o a la violencia, no opinar. Pero la etiqueta hace el mismo trabajo sin pasar por un juez.

Viñeta: una mujer saluda a un hombre con barba diciendo «Buenos días, señor», y otra mujer, furiosa, la señala gritando «¡Tránsfoba!»
La ley y la biología

Seis años para volver a lo obvio

En abril de 2025, el Tribunal Supremo británico dictaminó por unanimidad que, en su ley de igualdad, «mujer» se refiere al sexo biológico. Y recordó que las personas trans no pierden su protección contra la discriminación.

Hicieron falta seis años y el tribunal más alto del país para que la ley volviera a decir lo obvio.

Y no es el único. Finlandia (2020) y Suecia (2022) frenaron los tratamientos hormonales de transición en menores y los dejaron para casos excepcionales. Estados Unidos fijó en enero de 2025, por orden ejecutiva, que la ley federal reconoce dos sexos, definidos por la biología.

Mientras otros países están volviendo a lo obvio, en España seguimos empeñados en mantener la distopía.

La biología, mientras, no ha cambiado. Hay dos tipos de células sexuales: óvulos y espermatozoides. Las personas intersexuales existen y merecen todo el respeto, pero la intersexualidad no es un tercer sexo. Es una anomalía del desarrollo sexual, casi siempre de origen genético. Como el daltonismo: existe, pero no crea una tercera forma de ver los colores. Y los casos en que el sexo no se puede clasificar son alrededor del 0,018 % de los nacimientos. La cifra del 1,7 % que circula incluye condiciones que la mayoría de los médicos no consideran intersexuales.

Por ser justa. No hay ninguna ley en España que multe por decir que el sexo es binario. La ley trans (Ley 4/2023) sanciona la discriminación, con multas de 200 a 150.000 euros. Lo que yo señalo es otra cosa: no hace falta una multa para que la gente se calle; basta con el miedo a que te llamen tránsfoba. Y quienes usan «persona gestante» dicen que lo hacen para incluir a los hombres trans que pueden quedarse embarazados.

Para terminar

Lo que ven tus ojos

En El traje nuevo del emperador, de Andersen, unos sastres venden al rey una tela que, dicen, no pueden verla los tontos ni los indignos de su cargo. Nadie la ve. Pero nadie lo dice. Ni el rey, ni sus ministros, ni la multitud que aplaude el desfile. Nadie quiere ser el tonto.

Hasta que un niño, que todavía no ha aprendido lo que conviene decir, grita lo que todos están viendo: «¡Pero si va desnudo!».

Y aquí está lo que casi nadie recuerda del cuento: el emperador sabe que el niño tiene razón. Y sigue desfilando. Más erguido todavía.

Hoy, a ese niño lo llamarían tránsfobo.

Así que pregúntate de qué modo nos piden negar lo que ven nuestros ojos.

Como a Winston. Como a la multitud del emperador. Ya no decir, sino creer, que dos y dos son cinco.

— Nohemí Hervada

En vídeo

Te lo explico en 15 minutos

Fuentes El Salto · Claves de la ley trans · Orain · Campaña de Chrysallis (2017) · Última Hora · La Audiencia libera el autobús de HazteOír · Philips · Lenguaje inclusivo para nuevos padres (2023) · BBC · Brighton NHS Trust introduces new trans-friendly terms (2021) · The Telegraph · El NHS sigue llamando «birthing people» a las madres (2025) · La hora de La 1 · Irene Montero sobre «hije» (vídeo) · El Confidencial · Montero y el género no binario en TVE (2021) · What Is a Woman? (2022) · Ficha y polémica · Debate a tres de RTVE · Abascal y Díaz: «¿Qué es una mujer?» (vídeo) · Irene Montero, 8M 2023: «¿Qué es una mujer?» (vídeo) · El Desconcierto · La pregunta a Montero en el acto del 8M (2023) · The Objective · Feministas interpelan a Montero en el 8M (2023) · BBC · The lesbians who feel pressured to have sex and relationships with trans women (2021) · Wikipedia · Polémica y resolución de la BBC sobre ese artículo · El Salto · Archivada la denuncia contra Lidia Falcón · Ley 4/2023 · Infracciones y sanciones · Maya Forstater · Cronología del caso · Variety · Los actores de Harry Potter contra Rowling (2020) · Business Insider · Rowling y su dirección publicada · BioBioChile · Las amenazas a Rowling · RNZ · Así se deshizo el acto de Posie Parker en Auckland · Comisión Australiana de Derechos Humanos · Giggle v Tickle en apelación · PinkNews · Giggle pierde ante el Supremo australiano (2026) · Star Observer · El Supremo australiano rechaza el último recurso · Cuatro · Belarra y Paula Fraga en Todo es mentira · ESdiario · Belarra pide no invitar a Fraga · Hispanidad · Desestimada la demanda contra Lucía Etxebarria · Antena 3 · Etxebarria y Daniela Requena en Espejo Público (2023) · ESdiario · Requena llama tránsfoba a Etxebarria (2023) · Lucía Etxebarria cuenta su juicio (vídeo) · Diario de León · La Audiencia de Las Palmas avala a Etxebarria (2026) · Cuatro · Etxebarria: «Me pegaron por la calle» · Ara · El Supremo británico y la definición de mujer · Casa Blanca · Orden ejecutiva sobre la definición de sexo (2025) · AFP · Suecia frena los tratamientos a menores trans (2022) · Finlandia · Directrices de 2020 para menores (traducción no oficial) · Sax (2002) · Prevalencia de la intersexualidad
Nohemí Hervada
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