GOBERNAR SIN PRESUPUESTOS tiene un precio. Y no lo paga el Gobierno.
Dos accidentes de tren en diez meses. Un país entero preguntando dónde está el dinero. Y una legislatura sin presentar ni una vez las cuentas que dicen en qué se gasta.
Cuando preparé la lista de artículos de Fiscalizar al poder, sabía que tenía que hablar de los Presupuestos. Lo que no sabía es que la actualidad me iba a dejar tan dolorosamente clara la importancia de este tema.
Nada va a aliviar el dolor de quienes han perdido a alguien en Urda o en Adamuz. Pero precisamente por eso es más importante que nunca exigir responsabilidades.
Las muertes siempre son una tragedia. Pero cuando se podían evitar, ya no son solo una tragedia. Son otra cosa.
Es momento de tristeza. Pero, sobre todo, de indignación. 114 personas son el coste, imposible de medir, de una mala gestión que no es puntual. Es un patrón.
Así que, cuando leas este artículo, no pienses solo en cifras y datos. Ni en si los tuyos o los otros dicen tal o cual cosa. Piensa en cómo las decisiones que se toman desde un Gobierno pueden significar que alguien a quien quieres llegue o no a casa hoy.
Nota: este artículo forma parte de la serie Fiscalizar al poder. Los datos están contrastados y tienes todas las fuentes al final. Cuando algo sea opinión mía, te lo diré.
Esta semana, España vuelve a estar en shock. El miércoles 28 de octubre, a las 8:54 de la mañana, un AVE de Renfe chocó por detrás contra un tren de Iryo que estaba parado, entre Los Yébenes y Urda (Toledo). Varios vagones cayeron por un terraplén. Al menos 68 personas han muerto.
Diez meses antes, el 18 de enero, dos trenes descarrilaron en Adamuz (Córdoba). Murieron 46.
Y la pregunta que se hace casi todo el país es la misma: ¿cómo hemos pasado de ser un referente mundial en alta velocidad a esto?
Sí, has leído bien. España suma más muertos en alta velocidad que todos los demás países juntos. Y no es solo cosa de este año: entre 2003 y 2023, ya era el país de la Unión Europea con más pasajeros muertos en tren, el 19,2 % del total.
Nota: la cifra de Urda es todavía provisional. Y los recuentos cambian según qué se cuente como alta velocidad: el de 194 incluye Angrois (2013), que ocurrió en un tramo de acceso; el del 72,6 % solo cuenta líneas construidas exclusivamente para alta velocidad. Con cualquiera de los dos, el resultado es el mismo.
Ahora todo el mundo pregunta dónde está el dinero de las inversiones en trenes e infraestructuras. Con razón.
No fue un rayoUn carril roto no es una catástrofe natural
Un rayo no se puede evitar. Un volcán que entra en erupción, tampoco. Pero un carril que se rompe por una soldadura defectuosa, sí. Y un sistema de seguridad que falla, también.
- Adamuz. La investigación apunta a la rotura de un carril en una soldadura defectuosa.
- Urda. Falló el LZB, el sistema que controla la velocidad del tren y las señales de la vía. Según los audios publicados por la Cadena SER, tras el fallo se ordenó al maquinista desconectarlo, volver a conectarlo y seguir la marcha. El AVE avanzó con la señal en rojo y alcanzó al Iryo parado.
Y el LZB no falló solo ese día. El 5 de octubre, 23 días antes del accidente, el consejero delegado de Iryo, Fabrizio Favara, contó en la comisión del Senado sobre Adamuz que las desconexiones de ese sistema eran de las incidencias que más se repetían en el corredor Madrid-Sevilla. «Cada vez que la señal del tren se desconecta de la señal de tierra, el tren se para», explicó. Y lo definió así: «seguro, pero bastante antiguo».
Nota: las dos investigaciones siguen abiertas, y la de Urda está bajo secreto. Las causas oficiales todavía no están cerradas.
Y aquí va mi opinión. No fueron accidentes inevitables. Son fallos en sistemas mal vigilados, sin actualizar o sin modernizar. Y eso se arregla con dinero. Pero no de cualquier manera: gastando lo necesario, donde hace falta y a tiempo.
Algunos datos que apuntan en esa dirección:
- Adif ha recibido en torno al 57 % de lo que el Estado se comprometió a darle para inversión entre 2021 y 2025, según sus propias cuentas.
- En 2024 dejó sin gastar 131 millones del presupuesto de mantenimiento de la red. Casi el 11 %.
- Desde 2009, los viajeros han subido un 65 %. La inversión por viajero y kilómetro, descontando la inflación, ha caído un 75 %.
- España invierte unos 241.000 euros por kilómetro de vía. Francia, 444.000. Austria, 499.000.
- La Asociación de Ingenieros de Caminos calcula que a la alta velocidad le faltan más de 150 millones al año en mantenimiento.
Por justicia: el gasto en mantenimiento ha subido, de 720 millones en 2017 a 1.120 en 2025 (un 25 % más, descontando la inflación), y en 2024 la inversión ferroviaria fue la más alta desde 2012.
Pero ese dato no está completo sin el otro lado: lo que más se ha multiplicado es el uso de esas mismas vías. Con la liberalización y la llegada de Ouigo e Iryo, por la red pasan hoy más de 100.000 circulaciones al año, cuando en 2020 no llegaban a 40.000. Y las plazas en los tres grandes corredores han subido un 74 % entre 2019 y 2024, según la CNMC.
Más trenes, más compañías y más viajeros sobre unas vías y unos sistemas que no han crecido al mismo ritmo. Por eso, aunque se gaste más, el mantenimiento por viajero y kilómetro es hoy un 10 % menor que en 2017.
Y una cosa más. En los dos accidentes, el ministro de Transportes, Óscar Puente, ha sido muy rápido señalando a otros. Tras Urda, en cuestión de horas, ya hablaba de una «decisión errónea» del centro de control. Tras Adamuz, cuando las víctimas le pidieron la dimisión, les respondió: «Yo no he soldado el raíl».
Lo que consta, por ahora, es que los sistemas fallaron. Y no solo un día. Mientras ninguna investigación diga otra cosa, yo no voy a hablar de errores humanos. Y los sistemas que avisan, los que no se pueden saltar y los que se renuevan antes de quedarse viejos se pagan.
¿Y qué tiene que ver esto con los Presupuestos? Más de lo que parece. Con las cuentas congeladas desde 2023, los aumentos de inversión que estaban previstos para Adif no se podían aplicar sin más. Cada ministerio paga primero lo fijo, como nóminas y pensiones, y pelea con Hacienda por el resto. Y lo primero que se queda esperando suele ser la inversión.
Las vías no se rompen en el Consejo de Ministros. Pero se mantienen, o no, con lo que allí se decide.
El dinero decideLo que pasa cuando no se paga
Porque el dinero, y cómo se gestiona, es lo que decide tu día a día.
- Si no pagas el seguro de tu casa y se quema, te quedas sin nada.
- Si no pagas la luz, te la cortan. Y si en esa casa alguien depende de un respirador, no es una molestia. Es la diferencia entre vivir y morir.
- Si no pagas el mantenimiento de una infraestructura, no se rompe el día que dejas de pagar. Se rompe después, cuando ya nadie se acuerda. Y entonces la factura ya no se paga en euros.
Con un país pasa lo mismo. Solo que el dinero no es del que lo gasta. Es tuyo. Y las consecuencias de gastarlo mal, o de no gastarlo donde toca, no las paga el que firma. Las pagan los que van en el tren.
Para eso existen los Presupuestos Generales del Estado: para que se sepa, se discuta y se vote en qué se gasta. Y por eso no tenerlos un año es un accidente. Pero no presentarlos en toda una legislatura es otra cosa.
Lo básicoQué son los Presupuestos
Los Presupuestos Generales del Estado son una ley. La que dice cuánto dinero va a ingresar el Estado en un año y en qué se lo va a gastar, partida por partida.
- Lo que entra: impuestos, cotizaciones, tasas y la deuda que se emite para cubrir lo que falta.
- Lo que sale: pensiones, sueldos de funcionarios, desempleo, defensa, carreteras y trenes, becas, investigación, el dinero que se transfiere a comunidades autónomas y ayuntamientos, y los intereses de la deuda.
Traducido: es el programa de Gobierno con números. Los discursos dicen lo que un Gobierno quiere hacer. Los Presupuestos dicen lo que de verdad va a hacer, y con cuánto.
Por qué importan tantoLa ley principal de cada año
Se la suele llamar «la ley más importante del año». No es una exageración. Lo dice, a su manera, el artículo 134 de la Constitución:
- Solo el Gobierno puede elaborarlos. Y solo las Cortes pueden examinarlos, enmendarlos y aprobarlos. Es el reparto de poderes del que hablamos en Fiscalizar al poder, aplicado al dinero.
- Son anuales y lo incluyen todo. Todos los gastos y todos los ingresos del sector público estatal, en un único documento.
- Tienen fecha límite. El Gobierno «deberá presentar» el proyecto al Congreso al menos tres meses antes de que acaben los del año anterior. La Ley General Presupuestaria lo concreta en su artículo 37.1: antes del 1 de octubre.
- Si no se aprueban a tiempo, se prorrogan solos. El 1 de enero siguen valiendo los del año anterior hasta que haya otros.
Fíjate en el detalle: la Constitución no dice «podrá presentar». Dice «deberá». Aprobarlos depende del Congreso. Presentarlos depende solo del Gobierno.
Y hay una razón de fondo. Los parlamentos nacieron, en buena parte, para algo muy concreto: que el rey no pudiera cobrar impuestos ni gastar sin permiso de los representantes. Aprobar los Presupuestos es eso: el momento en el que el Congreso autoriza al Gobierno a gastar tu dinero. Y le pide cuentas por cómo lo hace.
Sin Presupuestos, el Congreso no decide en qué se gasta tu dinero. Lo decide otro, con las cuentas de otro año.
El caminoDe Hacienda al BOE
Unos Presupuestos no aparecen un día en el Congreso. Tienen un recorrido, con pasos que se ven y se pueden seguir:
Hacienda publica en el BOE la orden que pone en marcha el trabajo de todos los ministerios. Suele ser en primavera o verano.
El Consejo de Ministros fija los objetivos de déficit y deuda y el techo de gasto, lo máximo que el Estado podrá gastar. La senda se vota en el Congreso y en el Senado. Si el Congreso la rechaza, el Gobierno tiene que volver a presentarla.
El Gobierno aprueba el proyecto de ley de Presupuestos.
Antes del 1 de octubre, según el artículo 134.3 de la Constitución.
Los grupos pueden presentar enmiendas a la totalidad. Si una prospera, el proyecto vuelve entero al Gobierno. Es la gran votación política.
Se negocia partida por partida. Ojo: las enmiendas que suban el gasto o bajen los ingresos necesitan la conformidad del Gobierno.
Puede vetarlos o enmendarlos. El Congreso tiene la última palabra.
Lo ideal: publicados antes del 1 de enero. Si no, prórroga.
Durante esta legislatura, el Gobierno ha llegado varias veces al paso 1 y al paso 2. Nunca al 3.
La red de seguridadQué es una prórroga
La prórroga existe para que el país no se pare. Si el 1 de enero no hay Presupuestos nuevos, se siguen aplicando los del año anterior. Se pagan las pensiones, las nóminas y los intereses de la deuda. Nadie se queda sin cobrar.
Pero una prórroga es justo eso: una red. No está pensada para vivir en ella.
- No hay partidas nuevas. Lo que no estaba en las cuentas de 2023 no existe en las cuentas prorrogadas. Cualquier política nueva hay que encajarla con decretos, modificaciones de crédito o fondos de contingencia.
- Las cifras se quedan viejas. Se gestiona la economía de 2026 con un documento pensado para la de 2023: otra inflación, otros precios, otras necesidades.
- Las subidas se hacen por decreto. La revalorización de pensiones o el sueldo de los funcionarios, que normalmente van en los Presupuestos, se aprueban por real decreto-ley.
- El Parlamento pierde el control. Sin un proyecto nuevo, no hay debate de cuentas, ni enmiendas, ni votación. Es la parte que menos se ve y la que más importa.
Imagina tu comunidad de vecinos
Cada año, el presidente de la comunidad presenta las cuentas en la junta: cuánto vais a pagar de cuota y en qué se va a gastar. El ascensor, la limpieza, el jardín, el seguro. Los vecinos lo discuten, lo cambian si hace falta y lo votan.
Ahora imagina que el presidente deja de convocar la junta. Durante tres años.
- Sigue cobrando las cuotas.
- Sigue pagando el ascensor y la limpieza con las cuentas de hace tres años.
- Y cuando surge algo nuevo (una obra, una derrama, una subida del seguro), mueve el dinero de una partida a otra él solo. Tú te enteras después, cuando miras el extracto.
¿Te parecería normal? Pues eso, a lo grande, es gobernar con unos Presupuestos prorrogados. Solo que la comunidad somos más de 49 millones de personas. Y la cuota son tus impuestos.
No es que no se sepa lo que se gasta. Es que nadie lo ha votado.
El dinero que se mueve sin votar77.000 millones sin pasar por el Congreso
¿Y cómo se gobierna, entonces? Con modificaciones de crédito. Es decir: el Gobierno amplía partidas o pasa dinero de una a otra por su cuenta. La propia ley de Presupuestos de 2023 permite al ministro de Hacienda hacerlo cuando hay «necesidades ineludibles». Y eso, tres años después, es casi todo.
Traducido: con Presupuestos aprobados, el Gobierno movía entre 14.000 y 19.000 millones al año. Sin ellos, cerca de 77.000. Más que en la pandemia. Y en 2026 superó esa cifra en solo seis meses.
Un ejemplo. El 22 de abril de 2025, el Gobierno aprobó 10.471 millones más para defensa, para llegar al 2 % del PIB que pide la OTAN. Sin votación en el Congreso.
Puedes estar a favor o en contra de gastar más en defensa. Esa no es la cuestión. La cuestión es que una decisión de ese tamaño no la votó ninguno de los diputados que elegimos.
Nota: estas cifras se conocen porque la Intervención General del Estado (IGAE) publica cómo se ejecuta el gasto, y el Tribunal de Cuentas revisa las cuentas años después. Así que datos hay. Lo que falta es lo de antes: un plan que el Congreso discuta, enmiende y vote. Rendir cuentas no es solo contar lo que has gastado. Es pedir permiso antes de gastarlo.
Un Gobierno sin Presupuestos no te dice en qué va a gastar tu dinero. Te lo cuenta después.
Por justicia: prorrogar es legal, y lo han hecho Gobiernos de distinto color. En democracia ha habido once prórrogas. Casi siempre duraban unos meses, el tiempo de cerrar unas cuentas nuevas dentro del mismo año. Rajoy, por ejemplo, empezó 2017 con las de 2016 prorrogadas hasta que pactó las suyas a mitad de año. Y Sánchez gobernó 2019 y 2020 con los Presupuestos de Montoro, los últimos del PP. Una prórroga puntual es parte del sistema.
Lo que no es normal es esto:
Y en el conjunto de su etapa: desde que Sánchez llegó a la Moncloa en 2018, ha tenido Presupuestos propios tres años de ocho: 2021, 2022 y 2023. Hasta Antonio Garamendi, presidente de la CEOE, lo calificó en junio de «increíble».
Y aquí viene lo irónico. En marzo de 2023, en el Congreso, Sánchez presumió de que su Gobierno había aprobado los Presupuestos «en tiempo y forma». Y añadió que «el partido monocolor del PP no consiguió aprobar dos presupuestos seguidos en tiempo y forma en siete años».
Newtral lo comprobó: las dos afirmaciones eran falsas. El Gobierno de Rajoy presentó en plazo los Presupuestos de 2013, 2014, 2015 y 2016. Cuatro años seguidos de los siete que duró su mandato.
El plazo era la vara de medir. Hasta que le tocó cumplirlo a él.
La hemerotecaLas veces que dijeron que ya venían
Así que vamos a los datos. Estas son las veces que el presidente o sus ministros anunciaron que iban a presentar los Presupuestos en esta legislatura. Y lo que pasó después.
Una semana después de la investidura, el BOE publica la orden para elaborar los Presupuestos de 2024. María Jesús Montero, ministra de Hacienda, promete que saldrán «en tiempo y forma».
Pere Aragonès adelanta las elecciones catalanas y el Gobierno renuncia a los de 2024. Montero: el adelanto «altera de forma clara el tablero político». Lo realista, dice, es trabajar ya en los de 2025.
Orden de elaboración de los Presupuestos de 2025.
Junts, PP y Vox tumban la senda de estabilidad, el primer paso. El 10 de septiembre, el Gobierno vuelve a aprobar exactamente la misma.
Montero: «No podemos dar por hecho que no haya presupuestos de 2025». El 27 de mayo asegura que el Gobierno los presentará a las Cortes. Nunca llegan al Consejo de Ministros.
Balance de curso. Sánchez anuncia que presentará los de 2026 y que agotará la legislatura aunque no se aprueben.
Entrevista en TVE: «Los voy a presentar». Si no salen, prorrogará los de 2023. Dos días después, el BOE publica la orden de elaboración.
En la SER, Sánchez los sitúa «antes de que finalice el año».
Montero: los presentará «muy pronto».
Montero los retrasa a febrero. Entre noviembre y diciembre, el Congreso tumba la senda de déficit dos veces.
Montero, ya con un pie en las andaluzas: cuando se presenten, «ya no estaré aquí seguro». Sobre la fecha: «No está en mi mano».
Montero: los presentará «a lo largo de 2026». Ocho días después deja Hacienda. La sustituye Arcadi España.
En el Cercle d'Economia, Sánchez se salta los de 2026 y anuncia los de 2027: «los primeros y los últimos de la legislatura». Ese mismo día se publica el sumario del caso Leire.
En Bruselas: «Se lo voy a decir muy claramente, presentaremos los Presupuestos en 2026 y habrá elecciones en 2027».
El Congreso tumba la senda de estabilidad 2027-2029: 167 votos a favor, 178 en contra. Junts, como en 2024 y 2025, vota con PP y Vox.
Sánchez: «Nuestra intención es presentarlos en 2026, nuestra voluntad es aprobarlos en 2026».
Arcadi España, tras el Consejo de Ministros: «Se presentarán antes de que acabe el año para tramitarse con normalidad en el Congreso».
Vence el plazo constitucional para los de 2027. No hay proyecto. Es el cuarto año seguido que el Gobierno no los presenta en plazo. El senador del PP Gerardo Camps hace la cuenta: 1.003 días con las cuentas de 2023. Tres días antes, Aitor Esteban, del PNV, socio del Gobierno, lo había dicho claro: si no hay Presupuestos, «tendrían que dar por finiquitada la legislatura y convocar elecciones».
Sánchez disuelve las Cortes y convoca elecciones para el 29 de noviembre. Nada de 2027.
Nota: he recogido las declaraciones que he podido documentar con fuente. Seguro que hay más. Si tienes alguna con enlace, mándamela y la añado.
Haz el ejercicio: cuenta las promesas. Más de una docena. Cuenta los proyectos que llegaron al Congreso. Cero.
Anunciar unos Presupuestos no cuesta nada. Presentarlos, sí: tienes que enseñar las cuentas y perder la votación en público.
El Constitucional¿Es obligatorio presentarlos?
Esa es justo la pregunta que tiene encima de la mesa el Tribunal Constitucional.
- 22 de octubre de 2025. El Senado, donde el PP tiene mayoría absoluta, aprueba un requerimiento para que el Gobierno presente los Presupuestos de 2026.
- 23 de diciembre de 2025. Como no los presenta, el Senado plantea un conflicto de atribuciones ante el Constitucional. Su argumento: el artículo 134 obliga a presentarlos y, al no hacerlo, el Gobierno impide a las Cortes ejercer uno de sus poderes principales. Pide además un plazo máximo para presentarlos.
- Febrero de 2026. El pleno del Constitucional lo admite a trámite por unanimidad. A día de hoy, no hay sentencia.
Por justicia, la postura del Gobierno: no se le puede exigir que presente un proyecto que sabe que va a ser rechazado por falta de mayoría. La Constitución, dice, obliga a elaborarlos, pero no hay que leerla de forma «coercitiva» cuando no hay apoyos.
Y aquí va mi opinión, porque es eso, una opinión. Ese argumento tiene un problema: da por bueno que se gobierne sin mayoría para lo más importante. Si no tienes apoyos para aprobar tus cuentas, la Constitución te da dos salidas. Presentarlas y perder. O preguntar a los ciudadanos.
Lo curioso es que el propio Sánchez ya lo hizo así. En febrero de 2019, el Congreso tumbó sus Presupuestos en el debate de totalidad. Dos días después, convocó elecciones para el 28 de abril. Felipe González hizo lo mismo en 1995. El Senado lo llama «convención constitucional»: si caen los Presupuestos, se vota.
La hemeroteca, otra vez«Un Gobierno sin Presupuestos no gobierna nada»
Y no hace falta que lo diga yo. Lo dijo él. El 5 de marzo de 2018, en la sede del PSOE en Ferraz, el Sánchez líder de la oposición le explicaba a Rajoy, que no conseguía apoyos para sus cuentas, qué tenía que hacer:
«Un gobierno sin presupuestos es un gobierno que no gobierna nada. Gobernar no consiste en vivir en la Moncloa.»
Y le daba tres pasos, por este orden:
- Primero: «intentar sacar adelante esos presupuestos».
- Si no salen: «yo desde luego en su lugar anticiparía las elecciones para que hubiera una mayoría parlamentaria distinta que pudiera gobernar este país».
- Y si no hace ni lo uno ni lo otro: «lo que tiene que hacer desde el punto de vista constitucional es someterse a una cuestión de confianza. Es su responsabilidad para con una ciudadanía y también su responsabilidad para con nuestra Constitución».
Ahora aplícale su propia receta. ¿Intentó sacarlos adelante? No llegó ni a presentarlos. ¿Anticipó elecciones cuando no salieron? Desde que renunció a los de 2024 hasta que convocó, pasaron más de dos años y medio. ¿Se sometió a una cuestión de confianza? Tampoco.
Ni presupuestos, ni elecciones, ni cuestión de confianza. Los tres pasos que le exigía a Rajoy.
En esta legislatura se ha evitado ese momento de la forma más sencilla: no presentándolos. Si no hay votación, no hay derrota. Y si no hay derrota, no hay que convocar.
Si no los presentas, no los pierdes. Pero tampoco gobiernas: administras lo que aprobaron otros.
- ¿Te parecería normal que una comunidad autónoma o un ayuntamiento de otro color pasara tres años sin presentar presupuestos?
- ¿Cuántas veces tiene que anunciarse algo que no llega para que deje de ser noticia?
- Si un Gobierno no tiene apoyos para sus cuentas, ¿debe seguir o debe preguntar a los ciudadanos?
- ¿Exigirás lo mismo al próximo Gobierno, sea del color que sea?
Los números no tienen partido
Cada vez que publico algo de esta serie pasa lo mismo. Unos se sienten atacados porque toco a los suyos. Otros me aplauden porque creen que estoy con los de enfrente. Y no va de eso.
Como ya conté en Fiscalizar al poder, vigilar a quien manda es cosa de todos. Nos gusten o no, sean de los nuestros o no, los hayamos votado o no, sus decisiones nos afectan.
Entiendo que se vote con el corazón, por lealtad o por vínculo. Pero si algo he aprendido trabajando con empresas es que lo que te pone los pies en la tierra son los números. Ni las ideas, ni las promesas, ni lo que a uno le gustaría. Los hechos. Y no hay dato más real, aunque sea frío, que el dinero.
En tu casa, el dinero decide si puedes pagar la comida, una medicina o que tus hijos estudien fuera. En un país decide lo mismo, a lo grande: si vamos a mejor o a peor. Y si los trenes llegan.
Por eso cada promesa hay que traducirla a euros. Subir el salario mínimo, expropiar viviendas, bajar todos los impuestos: suena muy bien. Pero ¿cuánto dinero hay de verdad? ¿En qué se va a gastar? ¿Para qué hay y para qué no? Prometer lo que no se puede pagar es como prometerles Disney a tus hijos cuando no llegas a la factura de la calefacción.
Esa es la conversación que se hace con unos Presupuestos. Y la que este Gobierno se ha saltado durante tres años. El próximo, sea quien sea, tendrá la misma obligación: presentar las cuentas antes del 1 de octubre. Con mayoría o sin ella.
Las ideas te dicen adónde quieres ir. Los números, adónde puedes llegar.
— Nohemí Hervada
