Pedir la voluntad o fijar tus honorarios

Pedir la voluntad o fijar tus honorarios

¿Te cuesta cobrar por tu trabajo? ¿No sabes cómo  responder a quienes te solicitan tu trabajo pero dan por sentado que es gratis? ¿Crees que pedir “la voluntad” es la mejor solución?

EN este artículo me gustaría explicarte la diferencia para un profesional entre fijar un honorario por su trabajo u optar por pedir donativos o la voluntad.

Tu relación con el dinero

En primer lugar habría que analizar por qué tenemos esa relación extraña con el dinero. TODOS necesitamos dinero. No es que sea una de las monedas de cambio, es que es LA MONEDA de cambio de nuestra sociedad. Cuando una persona (más las mujeres) tiene problemas para cobrar por su trabajo lo primero es trabajar sobre la mentalidad de merecimiento.  Si tú no crees que mereces cobrar, el problema empieza en ti. Antes de lanzarte al mundo, has de aclarar contigo misma cuál es tu trabajo, cuál es tu valor y qué precio vas a fijar por el mismo.

Mereces cobrar por tu trabajo, como cualquiera.

Nadie acude a la consulta de un dentista, ni al taller de su coche ni llama a una empleada de hogar pensando en que va a trabaja gratis. Así que :

  • No des por sentado que la gente espera que trabajes gratis ( aunque no lo creas, tu actitud y tu lenguaje son diferentes si partes de una premisa o de otra)
  • Aborda el asunto con normalidad
  • Ten especificadas de antemano tus tarifas y honorarios. Puedes tener un apartado en tu web o algún folleto.
  • Cuando sea posible, ten diferentes opciones  de precio para cubrir a un mayor rango de clientes.
  • Desde el primer contacto informa a tu potencial cliente de tus honorarios  o pregúntale directamente cuál de tus tarifas se ajusta mejor a sus necesidades.

 ¿La voluntad?

Cuando ofreces un trabajo  personalizado a cambio de un donativo dejado a la voluntad del que lo ofrece bajo mi punto de vista pasan varias cosas:

  • Pierdes imagen de profesionalidad
  • Corres el riesgo de que los donativos no cubran tus necesidades lo que repercute al final en tu calidad de vida, lo cual repercute a su vez en tu trabajo. Poco a poco tu profesionalidad se resiente.
  • Perpetúas la creencia errónea de que ciertos trabajos no merecen ser pagados, sobre todo los de servicios, se mantiene la idea de que te hacen un favor, como si te dieran una limosna. Y tú no estás apelando a la “caridad cristiana” , estás pidiendo una remuneración justa por tu trabajo.

donativo o tarifa Existen sindicatos y medidas para garantizar un salario mínimo porque en muchas ocasiones, desgraciadamente, dejar el pago a “la buena voluntad” del que lo otorga ha demostrado que se suele pagar a la baja.   donativo Mi opinión es que este tipo de “soluciones” al hecho de querer cobrar por el trabajo pero en vez de establecer un precio, aceptar donativos, lo que enmascara es una relación de doble moral con el dinero, o miedo a no ser tenido en cuenta. Es cierto que cuando alguien ha estado dando un servicio de forma gratuita y empieza a cobrar hay un periodo de carencia. Hay que tener una gran confianza en el propio trabajo y en el propio valor para saber que, tras un periodo de adaptación y de reeducación del entorno, del nicho y del sector, el sentido común acaba imponiéndose.

Si eres un buen profesional, tu reputación se impondrá y tus clientes, los de verdad, apreciarán el valor tras tu precio.

Y si no es así, entonces hay que replantearse el trabajo o tu nicho.

no trabajo gratis

Entonces ¿nunca gratis?

Cada profesional debe decidir si quiere ofrecer algo gratis. Lo que he contado no va reñido con el sistema que se conoce como FreeMium, esto es, ofrecer algún servicio gratuíto y los extras con más valor añadido de pago.

En muchos casos esto puede ser una opción: ofrecer por ejemplo un tutorial gratuíto y cobrar por la asesoría personalizada. O un webinar de información general en abierto y un precio extra por un curso más amplio. ES una opción. Pero una opción que ha de salir del profesional, nunca impuesta desde fuera.

Muy importante:

YO DECIDO LOS LÍMITES DE MI SERVICIO GRATIS

Yo por ejemplo compagino un servido de atención gratuito limitado.  Fuera de ahí, mi tiempo  y mi trabajo tiene un precio fijo. Además tengo la opción de suscripción económica a un Club de miembros con algunos servicios incluidos en una cuota mensual baja y descuentos en el resto. De este modo no rebajo mis limites, no pierdo en calidad de vida, casi cualquier persona puede acceder a mi trabajo, y todo el mundo sabe lo que tiene que pagar en cada caso.

Como he comentado en alguna ocasión, solicitar el pago justo por tu trabajo es lo equitativo, lo que iguala la balanza y quita la carga de dependencia de tener que agradecer continuamente al otro, bien que te pague, bien que te atienda.

retribucion justa

Del voluntariado al negocio: mi relación con el dinero

Del voluntariado al negocio: mi relación con el dinero

He sido voluntaria durante décadas. Lo sigo siendo. Es parte de mi, parte de lo que soy.

Ahora soy empresaria.

Y fundé mi emprendimiento  aprovechando mucha de la experiencia que adquirí en el voluntariado. Como yo, hay todo un colectivo de mujeres, que tras su maternidad se replantean su vida profesional y laboral.

Ser madre es en muchos casos un punto de inflexión, un replanteamiento de prioridades, objetivos y metas.

Esperando una verdadera conciliación que no llega, nos toca a nosotras buscar alternativas para vivir, no como nos marcan desde fuera, sino como queremos y merecemos. No queremos renunciar a criar nosotras mismas a  nuestros hijos, ni perder calidad de vida por no tener un salario justo.

En este marco surgimos las nuevas emprendedoras.

Y como la propia definición del término implica, emprender es una labor no exenta de dificultades.

La primera : nosotras mismas y nuestros propios miedos, tabúes y prejuicios. Empezando por salir de la zona de confort que nos han inculcado desde niños, la idea de la seguridad del “sueldo fijo” y pasando por revisar nuestra relación con el dinero.  Una emprendedora tiene que tener claro que

cobrar por dar un servicio no solo no es vergonzoso, sino que dignifica.

 

Cuanto antes una emprendedora asiente estas bases, mejor le irá en su negocio. Esto redundará en su seguridad económica y en la de sus hijos.  Y estará inculcando en ellos cosas tan importantes como que el éxito está en vivir de lo que a uno le gusta y apasiona. ¿Y no es esa una buena meta en pos de la cual ir?

Yo cobro por asesorar a familias en todo lo relacionado con la maternidad.

  • ¿Que creo que es un trabajo importante? Claro.
  • ¿Que en  cierto modo es triste que para obtener apoyo en temas como la lactancia o el porteo haya que pagar? Pues no.
    Porque todos los trabajos relacionados con transmitir experiencia y conocimiento se pagan.

Quizás sería diferente si en vez de ser pagados por las familias, lo cubrieran los organismos oficiales. Pero como dije, si no lo financia el Estado que todos contribuimos a mantener, no lo vamos a financiar las propias asesoras.

Porque al final la cuestión es: o lo financias tú o te lo tengo que financiar yo. Y tú financiarías solo tu caso, del que además te beneficias directamente y  a mi me tocaría financiar a decenas, incluso a cientos. Porque en algún lugar hay que poner el tope, y el tope decidí ponerlo yo.

Si estás pensando en emprender no olvides tener claro qué opinas del dinero y de tu propio merecimiento.
Y sé generoso al pagar a otros por su trabajo, sea el que sea.  Si algo he comprobado es que quien paga bien, cobra bien.

 

 

¿Te cuesta cobrar por tu trabajo?

¿Te cuesta cobrar por tu trabajo?

Ayer participé en las Jornadas on Line: “Mujer y Dinero” organizadas por la Editorial ObStare.
Mi ponencia se tituló:

“Del voluntariado al negocio. Mi relación con el dinero”

Si ya a muchas mujeres les cuesta pedir la remuneración por su trabajo, si procedes del voluntariado, o si sencillamente nunca has trabajado por tu cuenta y ahora empiezas, la idea de “pedir dinero” es una de las primeras barreras  a franquear.

Lo primero es dejar de percibir esas palabras: “dinero” y “cobrar” como negativas. Porque la mayoría de las veces son negativas solo para nosotras.

Cualquiera que sea tu cliente, sea cual sea el sector en el que trabajes, todas ls personas que tratas usan dinero y todas pagan  por servicios y/o productos.
Así que no estás implementando nada nuevo.

Quizás lo nuevo sea que cobras. O la actividad por la que cobras. O la cantidad que cobras.

Da igual.

El caso es que ESO ES LO NORMAL

Si queremos que los demás vean normal el hecho de cobrar por nuestros servicios hemos de empezar por normalizarlo  nosotras.

Comprendo que al principio cuesta, así que suelo recomendar empezar usando otras fórmulas que no usen esos términos que nos molestan o nos resultan incómodos.

Puedes sustituir las palabras y conceptos relacionados con “dinero” y “cobrar”  por otras como “honorarios” , “tarifas”, “contratar” y similares que tienen el mismo significado pero no tienen en general la connotación negativa que le damos a las primeras.

De este modo en vez de decir:

“Yo cobro x por mi trabajo”

puedes decir:

“Mis honorarios son x”

Si alguien quiere pedirte opinión profesional  y no estás seguro si sabe que ese tiempo lo vas a cobrar puedes decir:

“Voy a mirar mi agenda a ver cuándo puedo darte una cita para una asesoría, mientras tanto te mando  información sobre mis servicios y tarifas” 

Para ello recomiendo tener una página web o un PDF preparado para reenviar por correo electrónico de forma inmediata. Eso da sensación de normalidad y sobre todo, de profesionalidad.

 

Son 2 tips muy sencillos pero muy efectivos para empezar a reeducarnos nosotras y reeducar al entorno.

Sobre todo recuerda:

tu trabajo tiene valor, tu tiempo tiene valor y tu experiencia tiene valor.

Tú lo sabes y tus clientes también.
Quienes no lo ven así no merecen que pierdas demasiado de tu valioso tiempo en explicárselo.

Pon en práctica estos consejos y cuéntame si te son útiles. Si crees que necesitas una sesión más personal para trabajar estos temas no dudes en pedirme una cita ;-).